En este estudio encontramos claves para analizar las políticas públicas para las trabajadoras de casas particulares desde una perspectiva feminista y clasista. Además de los datos cuantitativos y cualitativos sobre la situación en Argentina que presentan las autoras Jimena Frankel y Daniela Angelone, aquí están presentes las voces de las trabajadoras, sus demandas y reivindicaciones. ‎ ‎ 

Este material apunta a sistematizar el marco legal en Argentina, pero también a ser útil como herramienta para impulsar debates sobre el sostenimiento de los cuidados, los derechos laborales y la organización de las trabajadoras. ‎ ‎ ‎ 

Coordinado por Juliana Díaz Lozano

Pueden descargar el informe aquí.

La nueva Constitución se ha instalado como un referente para las luchas feministas más allá de las fronteras, tanto por haber sido redactada por el primer órgano constituyente paritario de la humanidad, como por el contenido en el que el feminismo es una orientación transversal que permea todo el texto y no solo un capítulo. En el marco de la campaña por el #AprueboFeminista, este 12, 13 y 14 de agosto levantaremos el Encuentro Feminista Transfronterizo: Ahora es Cuando. Esta instancia busca ser un espacio de debate político entre feministas de distintas latitudes reunidas para analizar y proyectar juntas los aprendizajes y desafíos que abre el proceso constituyente en Chile. A solo semanas de la elección en que la población del país definirá el destino de la nueva Constitución, convocamos un espacio de diálogo abierto e internacionalista donde poner en común las contribuciones, apuestas, tensiones y límites del proceso constituyente para el movimiento feminista internacional. 

Para esto contaremos con la participación de Àurea Carolina (Brasil), Ailynn Torres (Cuba), Dora Saldarriaga (Colombia), Vicenta Moreno (Colombia) y Clara Serra (España) para vincular la experiencia local con la de compañeras y compañeres que han debido enfrentar desde cada país el giro autoritario y la amenaza de las extremas derechas, revueltas, alzamientos y disputas institucionales de sectores populares protagonizadas por mujeres y disidencias.  

Como Coordinadora Feminista 8M levantamos este encuentro que busca instalar en el debate público los desafíos que tenemos por delante para la implementación de las herramientas que habilita la nueva Constitución, a la vez que socializar las contribuciones y el proceso de aprendizaje con compañeras de otros países. Una instancia de encuentro e intercambio que fortalecerá el debate y las alianzas transfronterizas, una tarea central para la proyección del movimiento feminista en este ciclo político en crisis que se abre. 

 

Programa Encuentro feminista transfronterizo: AHORA ES CUANDO

Viernes 12 de Agosto
Casa Central Universidad de Chile, Av. Libertador Bernardo O’Higgins 105, Santiago 

19:00 – 21:00 / Balance del ciclo feminista internacional 

Lugar: Casa Central Universidad de Chile, Av. Libertador Bernardo O’Higgins 105, Santiago
Moderan: Karina Nohales (Coordinadora Feminista 8M) y Alex Wischnewski
Participan: Clara Serra, Àurea Carolina, Ailynn Torres, Dora Saldarriaga y Vicenta Moreno

¿Cómo se ha desplegado la movilización feminista de los últimos años en cada país? Como Coordinadora Feminsita 8M hemos caracterizado este como ciclo de movilizaciones feministas de masas a nivel internacional ¿Concuerdas con esta caracterización? ¿Cómo se presenta esta experiencia en sus propios países? ¿Cuál ha sido su devenir en la actualidad?  ¿Cuál sería el balance que hacen de este ciclo a nivel local e internacional (avances, aprendizajes, límites, tensiones y retrocesos)?  

 

Sábado 13 de Agosto

Sede Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF). Avenida Libertador Bernardo O’Higgins 1603, Santiago 

11:30 – 14:00 / Nueva Constitución en Chile y horizontes feministas
Modera: Javiera Manzi A. (Coordinadora Feminista 8M)
Participan: Alondra Carrillo, Barbara Sepúlveda y Constanza Schonhaut

¿Cómo se desplegó la política feminista dentro de la Convención Constitucional? ¿Qué debates y nudos feministas tuvieron lugar a lo largo del proceso constituyente?  ¿Qué horizontes y desafíos abre para el movimiento feminista la Nueva Constitución? 

15:30 – 17:30 / Giro autoritario y rol del feminismo
Modera: Mia Dragnic (Coordinadora Feminista 8M)
Participan: Ailynn Torres, Àurea Carolina y Pierina Ferreti 

¿Qué entendemos por giro autoritario? ¿Cómo caracterizamos este giro dentro de la región? ¿El giro autoritario es exclusivo de los proyectos las extremas derechas o más bien con una tendencia ineludible del capital en este periodo? ¿Qué lugar ocupa la política sexual y de género en este escenario de disputa?  ¿Cuáles son las dimensiones estratégicas de un horizonte feminista que se presente como una alternativa a este giro? 

17:30 – 19:00 / Violencias: punitivismo, agendas de derecha y perspectivas feministas
Modera: Andrea Salazar (Coordinadora Feminista 8M)
Participan: Clara Serra, Vicenta Moreno e  Irune Martínez  

¿Cuál es el lugar que han ocupado las violencias en el ciclo de movilizaciones feministas globales? ¿Qué lecturas feministas emergen y entran en tensión sobre las formas en que entendemos y enfrentamos la violencia como un problema? ¿Cómo se explica la deriva punitivista en la agenda y horizonte de la lucha feminista? ¿Cómo se vincula esto con el giro autoritario y la inercia neoliberal al interior del movimiento? 

 

Domingo 14 de Agosto

15:00 – 17:00/ Feminismo y disputa institucional
Lugar: Casa del Maestro, Colegio de Profesoras y Profesores
Moderan: Javiera Vallejo y Florencia Puente
Participan: Dora Saldarriaga, Emilia Schneider y Ana Albornoz

¿Con qué objetivos asumir la disputa institucional feminista? ¿Cómo abordar un despliegue y disputa efectiva dentro y fuera de la institucionalidad? ¿Qué tipos y qué niveles de la disputa institucional habilita este ciclo de movilizaciones feministas? ¿Qué se juega en cada uno de estos niveles? ¿Qué desafíos tiene la lucha feminista institucional para este momento político? ¿Cuál es el rol que han ocupado el movimiento y la esfera institucional en el avance de las demandas feministas?

15:00 – 17:00/ Feminismo y disputa institucional
Moderan: Javiera Vallejo (Coordinadora Feminista 8M)  y Florencia Puente
Participan: Dora Saldarriaga, Emilia Schneider y Ana Albornoz

¿Con qué objetivos asumir la disputa institucional feminista? ¿Cómo abordar un despliegue y disputa efectiva dentro y fuera de la institucionalidad? ¿Qué tipos y qué niveles de la disputa institucional habilita este ciclo de movilizaciones feministas? ¿Qué se juega en cada uno de estos niveles? ¿Qué desafíos tiene la lucha feminista institucional para este momento político? ¿Cuál es el rol que han ocupado el movimiento y la esfera institucional en el avance de las demandas feministas?

18:00 – 19:30 / Encuentro territorial en La Florida
Lugar: Jardín Alto con Gerónimo de Alderete, La Florida
Participan: Alondra Carrillo, Dora Saldarriaga, Vicenta Moreno y Clara Serra 

 

Descarga el programa aquí. 

Javiera Manzi e Irune Martínez, integrantes de la Coordinadora 8M de Chile hablan sobre la participación de las feministas en el reciente proceso constituyente. 

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Ilustración: Emitxin

¿De qué manera deciden participar en la Asamblea Constituyente como organización? 

Lo que caracteriza la coordinadora es que hemos, deliberadamente, buscado desarmar este binarismo entre lo institucional y lo movimental. O, aquella idea de que hay una política institucional y una política autonómica. Y, eso, para mí, una clave muy importante ahí es la pregunta por la posibilidad instituyente, que viene a ser la posibilidad de transformar las condiciones de esa política institucional. Y, nosotras vimos esa vía, justamente, en el proceso constituyente. Viniendo de un proceso de movilización de masas, de una articulación que había construido un programa colectivo. Y los encuentros plurinacionales de la mujer y disidencias que luchas, que habían producido todo un relato compartido. 

Vimos, también, en el marco de una revuelta popular y en el marco de lo que abre esta posibilidad constituyente una tarea y una posibilidad que nos llamamos también a hacernos parte. Y esto fue una discusión muy larga en la Coordinadora, porque nosotras fuimos muy críticas, lo seguimos siendo, de los términos en los que se forjó el acuerdo por la paz y la nueva constitución. Que son los términos en los que se resuelve esta salida institucional a la revuelta, de parte de algunos partidos oficialistas y de oposición. 

Y tomó un buen tiempo que nosotras viéramos, junto con impugnar esa política de un acuerdo por arriba, también asumir una tarea política de disputar ese proceso. Y eso lo hicimos en sucesivas asambleas que fuimos deliberando y discutiendo hasta llegar a una resolución, que fue la de decir, bueno, vamos a levantar un proceso tomando una táctica a la que llamamos una simultaneidad táctica. 

¿Qué significaba esto? Significaba que íbamos a desplegarnos en tres vías, una por la vía constitucional, llamábamos, que era levantar candidaturas constituyentes, en listas del movimiento social, por fuera de los partidos políticos y que íbamos a librar ese proceso organizándonos con feminista a lo largo de todo el país, para llegar a la convención constitucional. En segundo lugar, íbamos a librar un proceso constituyente por fuera de la institucionalidad, que significaba generar espacios de deliberación constituyente, popular, que estuviesen por fuera de lo institucional. Y, en tercer lugar, que iba a haber una centralidad en nuestra lucha respecto a la impunidad y a la liberación de las y los presos políticos de la revuelta. 

Y que esta simultaneidad táctica suponía qué compañera que podían decidir asumir cualquiera de estos espacios de despliegue. Porque había compañeras que no querían participar o sumarse tan directamente en el proceso institucional, pero otras que sí, pero en general todas compartíamos la centralidad de llevar, de alguna manera, estas tres tareas. 

Yo diría que eso fue muy relevante para nosotras, ese momento, porque supuso un ejercicio bastante de imaginación política ante un disenso interno, vamos o no vamos, y si vamos vamos juntas y cómo lo hacemos para que esto no termine cooptando toda nuestra actividad en torno a lo institucional. 

Y eso sigue siendo una tensión interna y una pregunta muy grande cuando, por supuesto, que hay un desgaste muy fuerte en lo que supone llevar un proceso, por ejemplo, de campaña electoral, etcétera, sin dejar de sostener otras tareas y otras actividades de levantar movilización, de levantar… Otras formas de activación. 

Entonces, creo que eso fue un ejercicio que nos permitió, además, una revisión bastante profunda respecto a cómo hacíamos política juntas. 

Lo que también pudimos hacer, que me parece muy importante, es que logramos sistematizar todo lo que habíamos construido hasta ese momento y llevarlo hacia un proceso constituyente. ¿Qué quiero decir? Nosotras hemos levantado siempre la idea de que el feminismo construye un programa, y ese es un programa contra la precarización de la vida que habla de todo. Ese programa fue nuestra hoja de ruta para qué es lo que íbamos a ir a disputar a la convención. Entonces no teníamos que crear nada de cero, acumulábamos y construíamos en torno a lo que ya habíamos hecho en todos estos años. Y decidimos juntas en votaciones, o sea, reunidas, a quiénes íbamos a llevar de candidatas, en qué territorios lo íbamos a hacer, cómo nos vamos a articular. Decidimos, por ejemplo, llevar listas que articularan con otros movimientos sociales, pero que íbamos a producir una articulación programática. Por ejemplo, definimos que no íbamos a hacer lista con nadie que tuviese antecedentes de agresión, ni tampoco de deudas de pensión alimenticia, ni tampoco de acoso laboral, ni de denuncias de ningún tipo de estas características. Y eso fue muy relevante porque no solamente nos decidimos a llevar a cabo este proceso, sino también lideramos, de alguna manera, las condiciones en las que se desplegó, no solo para nosotras, sino para otros movimientos. 

Y, luego, con eso, significó que a lo largo de todo el país logramos participar de la construcción de listas independientes del movimiento social; conformamos una plataforma, que es la plataforma feminista constituyente, de la que participan compañeras muy diversas, que levantaron candidaturas feministas por afuera de los partidos. De este amplio y muy diverso grupo entran varias compañeras a la convención y… Que nos permitía decir, bueno, entramos juntas, entra una y entramos todas. 

Y, ya adentro, ha sido como un ejercicio también de cómo se sostiene esto que llamamos un gabinete, nosotras decimos equipa constituyente, que, en lo más concreto, también ha sido un ejercicio bastante de aprender mucho de cómo trasladar esto de aprendizajes previos, o estos modos de hacer juntas que teníamos en el proceso de una coordinadora callejera a un espacio institucional. Sin ceder del todo lo que nosotras somos. Por ejemplo, rebelarnos a la idea de que somos asesoras, nosotras no somos asesoras, somos compañeras, y eso es muy relevante para nosotras, esa diferencia. Somos compañeras políticas que estamos en este proceso, que una de nuestras voceras es la convencional, pero que todas participamos continuamente de la deliberación, de la discusión política. Sin desconocer que también tenemos distintas como… Como una división de roles que, quizás, Irene puede explicar más, que ha sido bastante interesante entre compañeras que, no sé, que pueden aportar con un conocimiento técnico pero que profundamente político, en la concreta tarea de escribir las normas.

Nuestras abogadas han tenido un saber técnico muy relevante, pero a la vez dispuesto en esta clave muy política. Otras compañeras son las que se encargan de la articulación política, o de la dimensión comunicacional, de redes sociales, de prensa, de las gráficas. Y otra compañera que hace algo que es muy relevante como lugar, que, no es solo que toma las tareas administrativas, pero también nosotras decimos, como, de sostener la vida adentro. También repartimos hasta esas tareas. Entonces, bueno, eso ha sido todo un proceso de trabajo que hoy día, yo diría, que la Alondra tiene uno de los hijos más grandes de toda la convención. Eso es muy interesante también. Pero es porque nos hemos decidido a repartirnos entre muchas las tareas, y yo creo que eso ha tenido la capacidad de que hemos logrado experimentar este proceso de a tantas que significa que vamos a salir muchas fortalecidas y con un aprendizaje político que se socializó también. Y eso creo que es muy significativo, porque también nos permite que no quede solamente entre algunas pocas las que vivieron este proceso.

 

¿Qué tensiones aparecen con esta participación al interior del movimiento?

Es una discusión muy abierta aún, porque el proceso constituyente, de alguna manera, trajo algo muy novedoso en relación a esto que nosotras nombramos como una tradición de una izquierda identitaria, sectaria y testimonial, y que la tensionó, y que el feminismo y su potencia, y este arrojo a desbordar todo, a disputar todo, a no ceder y no delegar en nadie nuestra voz, así lo dijimos, no vamos a delegar en otros nuestra tarea histórica. Entra en esta tensión. Y, no es casual, que muchas de las personas que en un minuto se mostraron muy contrarias a participar del proceso, a ingresar a la convención o a tomar parte en este debate, hoy, muchos meses después, sí, hoy día, participan, de distintas maneras. Entonces, yo creo, que no estamos ajenas a eso que está sucediendo no solo dentro de la coordinadora sino por fuera de ella también. Entonces principalmente, yo creo que hay una cuestión que yo creo que también nos remite a algo así como a un trauma histórico pero tal vez sí, un poco, que es la idea de que los términos en los que se procesó la transición pactada en Chile, se asienta sobre una política de total impunidad; en la que la lucha por los derechos humanos, los derechos contra la impunidad, la lucha por la liberación de las y los presos políticos, la lucha contra, en el fondo, esto que aparecía como una democracia, por arriba, que buscó instalarse sobre muchas políticas de olvido y de impunidad. Aparecía como una suerte de re edición de eso. Y era muy complejo porque empieza a escindirse la disputa institucional respecto de la lucha contra la impunidad, o la lucha contra la prisión política. Entonces nuestra tarea es cómo evitar que eso se siga separando.

Este texto fue elaborado en base a entrevista realizada en mayo de 2022 por la Fundación Rosa Luxemburgo.

Ilustración: Emitxin

Por Luciana Peker

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Vilma Reis es feminista, defensora de los derechos humanos, socióloga, máster del Doctorado en Sociología de las Relaciones Raciales y pertenece a la Organización de Mujeres Negras por los Derechos Humanos e ingresó en el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, en el 2007. 

Ella fue Presidenta del Consejo Estatal para el desarrollo de la comunidad negra. Fue elegida, dos veces, Defensora del Pueblo por organizaciones de la sociedad civil. Fue reconocida con la Medalla «Zumbi dos Palmares» por su lucha contra el racismo, el genocidio de la juventud negra y la defensa de la comunidad LGBTTQ. Uno de sus lemas es: “Entender las soluciones es más fácil cuando convivimos con los problemas la vida entera”. 

Nació en 1969, en Salvador, capital del Estado de Bahía, en el nordeste brasileño. Creció en el Recôncavo de Bahía (el área metropolitana) en donde el 90% son mujeres negras. Su papá fue un sindicalista ferroviario y su mamá una feriante que vendía verduras y frutas en la calle. 

A los 15 años comenzó a participar en el movimiento estudiantil. Hace 37 años que milita en la secundaria, la universidad, los feminismos, el movimiento de mujeres negras y la política. “Soy una mujer negra, feminista, anticapitalista, de izquierda”, se define. “Soy socióloga, profesora, educadora” relata. “Estoy en el espacio de la universidad y en los movimientos populares”, describe.

“Es importantísimo que la izquierda tradicional tenga una discusión horizontal con las mujeres negras, con las indígenas, los yanomamis, los guarayos, los pataxó, etc. No son los capitalistas los que están decididos a elegir a Lula. Somos nosotras”, define sobre las elecciones en Brasil. 

¿Qué cambios son centrales en Brasil? “Es fundamental hacer una reforma agraria, la legalización de las quilombolas, los territorios tradicionales indígenas y la pesca artesanal. También es central discutir las políticas de drogas en Brasil y el encarcelamiento de los jóvenes. Hay 830.000 jóvenes negros en la prisión. En el sistema de justicia de Brasil tenemos 2,1 millones de personas negras implicadas en la justicia criminal”. 

 

– ¿La guerra contra la droga trae como consecuencia la criminalización de los jóvenes negros?

-La guerra contra las drogas es la guerra contra los negros y empobrecidos de este país. El 72% del país vive con un salario mínimo o, como mucho, dos. 

– ¿Por qué nombra, en sus investigaciones, al estado como viciado en vez de a los consumidores como viciosos?

– Cuando estuve en la Defensoría Pública del Estado de Bahía mi trabajo fue sobre la política de seguridad pública y la guerra de las drogas y el título fue “Viciado por el Estado”.  El tema es que los jefes de la seguridad pública ejercieron movimientos de control en los barrios negros de Salvador.

– ¿Cómo empezó su participación en el feminismo?

– En 1997 organizamos el XII Encuentro Nacional Feminista, con la participación de 722 mujeres y delegaciones de 25 países, y fue la primera vez que tuvimos una comisión con la mayoría constituida por mujeres negras. Desde esa época continuó el movimiento de las mujeres negras. 

– ¿Cómo se enlaza con la lucha anti racista?

– Con un grupo de la universidad federal iniciamos una escuela de formación para enfrentar el racismo, cambiar la escuela y discutir sobre la diáspora de África. Después fui profesora de la universidad, en Chapada Diamantina, el centro de Bahía y promovimos un trabajo con 21 comunidades quilombolas donde trabajé por diez años, al mismo tiempo que en la escuela y la universidad. 

-En Salvador tiene mayoría de mujeres negras y apenas hay dos mujeres negras representantes en la legislatura municipal. ¿Cómo se produce esta disociación entre población y representación?

-En el municipio hay 43 legisladores y solo 7 mujeres y, entre las 7, solo 2 mujeres negras. 

– ¿Por qué lanzó una precandidatura para ser alcaldesa de Salvador y fue un objetivo tan difícil?

-Fue como la guerra. Los hombres nos decían: “No, no es posible” y nosotras sostuvimos el debate. Y ahora tenemos la pre candidatura para ser diputada federal en el Congreso Nacional.

– ¿Qué le piden las mujeres negras a Lula?

-Paridad racial y de género.

– ¿Qué se necesita para construir esa paridad?

-Es necesario repartir el fondo electoral con justicia. Los candidatos blancos tienen mucha, mucha, mucha plata. Y las mujeres negras e indígenas casi nada de plata. Nosotras trabajamos toda la semana para viajar sábado y domingo. No tenemos plata para sustentar la estructura de la pre campaña. 

– ¿Cómo se puede modificar esa desigualdad de poder para llegar al poder?

-En el 2020 Benedicta Da Silva (ex Gobernadora de Río de Janeiro y actual diputada federal) hizo una propuesta al Tribunal Superior Electoral, que coordina elecciones (la instancia máxima jurídica electoral en Brasil), para que las mujeres tengamos fondos para hacer campaña. Es muy importante que los dirigentes de los partidos políticos tengan conciencia de esa necesidad. 

– ¿Qué le piden a Lula si es elegido presidente?

-Nosotras estamos hablando con Lula que, después de la elección, las mujeres negras e indígenas podamos estar en espacios estratégicos del gobierno, no solamente en la secretaría de la igualdad racial, no solamente en el ministerio de las mujeres. Nosotras queremos representación en las decisiones financieras, en la salud, la justicia, el urbanismo, la ciencia, la tecnología y el agro. Es muy importante porque dentro de la izquierda tradicional siempre la posición es: “Nosotros los blancos, los intelectuales, los hombres, pensamos muchísimo en ustedes. Estamos haciendo la política para los negros”. No queremos que la política sea así. Nosotras pensamos como dice Erica Malunguinho (diputada trans de San Pablo): “Quien anda en el bus tiene que pensar cómo hacer el bus, quien anda en el ómnibus tiene que planificar los ómnibus”.

Imagen: @emitxin

Por Luciana Peker
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Ya no se trata de casarse para toda la vida con una sola propuesta electoral, sino de construir nuevos romances para romper con la representación tradicional, para transformar y multiplicar el poder.

En un mundo en colapso las mujeres construyen propuestas: juntarse en aquelarre feminista, ir de cañas, multiplicar los mandatos colectivos y diversos, alternar lxs oradores en las asambleas, idear mandatos rotativos, exigirse menos, hacer palanca para establecer una agenda de género, convertir a las protestas sociales en alternativas electorales, ser quilomberas en resistencia. 

En muchos lugares, la salida de la primera fase del efecto pandémico trajo una revuelta de la derecha extrema, desenfadada, que toma la incorrección política como una bandera que les permite legitimar el racismo, el machismo y el liberalismo sin tapujos. Las diferencias estructurales entre países periféricos y centrales no sólo subsisten, sino que se profundizan. La desigualdad subió y las diferencias de género, identidad, pobreza y raza se acrecientan.  

El efecto de la pandemia es decepcionante y, por lo tanto, genera decepción. La depresión masiva se vuelve depresión política. El problema es que mostrar un horizonte más apocalíptico no enciende la organización, la furia o la rebelión, sino el escapismo, la indiferencia o la negación. 

Pero no todo son malas noticias. Por otra parte, surgen algunos movimientos y liderazgos de izquierda o revueltas populares que logran encausarse en un camino electoral exitoso. Como en Chile o, -todavía con resultado incierto-, en Brasil o Colombia. Pero no se trata de tomar el calor de la política solo por la fiebre electoral. El desafío es generar nuevas formas de estructuras institucionales más allá de la ciclotimia del éxito o el fracaso electoral para armar proyectos de participación política a largo plazo. Proyectos que no sean para toda la vida, pero tampoco para un match de Tinder en donde un proyecto innovador logra llegar a la legislatura y la euforia de la noche electoral se deshace con el día a día. 

No es casualidad que en estos procesos estén presentes lxs feministas y mujeres negras. Aunque, en muchos casos, el feminismo se burocratizó en la institucionalización o quedó deglutido por el machismo de izquierda y de derechas, sigue siendo un movimiento innovador no solo en su agenda, sino en su construcción. Hay experiencias de América Latina que podrían revitalizar formas de organización más alegres, innovadoras y resistentes en el “primer mundo”. Y hay formas en Europa de impulsar la llegada de las mujeres o de revisar qué fracasó para que los cargos públicos sean apenas un mal paso que las expulsó.  

Es cierto, las diferencias estructurales entre América Latina y Europa no solo permanecen, sino que se profundizan. Igual que se profundizan las diferencias entre las mujeres blancas de clases acomodadas y las negras, trans, lesbianas, indígenas, migrantes y empobrecidas. Las desigualdades no se pueden soslayar, pero tampoco pueden impedir impulsar aprendizajes mutuos.

En un mundo no solo globalizado, sino cruzado por las migraciones y por las cepas que se dispersan de Asia a América y de África a Europa en menos de una semana, las soluciones no se pueden trasladar como el café en cadena. Pero, ellas, sí pueden aplicarse como una vacuna para la anti política o la atomización de los sueños de la política en modo motor de cambio (justo ahora que ya nos quedamos sin energía) y debemos ver cómo renovamos el aire. 

Los mandatos colectivos

Del mismo Brasil que ha producido un Bolsonarismo como proyecto autoritario y violento, surge un formato político innovador y posible de inspirar muchos moldes parecidos (o diferentes) en diversos lugares del mundo: los mandatos colectivos, en los cuales varias personas comparten una bancada aunque solamente una persona del grupo está electa legalmente. La idea de colectividad, que va en contra de la vieja política individualista, trae un sentido de participación política y diversidad en espacios que siguen siendo mayoritariamente blancos, misóginos y sexistas. Algunos se definen como “mandatos quilombos” en referencia a las comunidades que la población negra esclavizada construyó durante el período colonial en Brasil como espacios de resistencia, protección y sociabilidad para las personas que huían de la condición de esclavos. La población quilombola es la descendiente de estos espacios.

No se trata sólo de oponerse a la desigualdad, sino también de cómo oponerse. No alcanza con el QUÉ, sino que es importante el CÓMO. No es sólo proponer otras políticas, sino construir otra forma de hacer política. 

“Los mandatos colectivos emergen como una alternativa democrática de representación y participación política que se escapa del viejo sistema político donde el poder se concentra en manos de una sola persona, generalmente, de una posición económica alta y privilegiada”, contraponen las Mandata Juntas, un grupo de co-diputadas estatales, la primera mandata colectiva feminista, antirracista, de Pernambuco, Brasil. 

El surgimiento de los mandatos colectivos se produjo a partir de las protestas de junio del 2013, con manifestaciones que mostraron la insatisfacción con la política de Brasil; la crisis de la representación y la poca diversidad de género, raza, color y territorios periféricos entre los diputados/as de las cámaras legislativas municipales, estatales y federales. La mandata Juntas nació en la campaña electoral de 2018 en donde cinco mujeres con un horizonte en común se agruparon para hacer de la política un puente hacia las demandas de la gente. El objetivo es construir proyectos más transparentes, incluyentes, populares y antirracistas.

El mandato colectivo no es una plataforma política, sino una forma de construir –y garantizar- que se lleve adelante una plataforma política desde las legislaturas locales o nacionales. Es importante que se realicen asambleas con movimientos sociales como parte fundamental del motor para que los mandatos colectivos estén en marcha. En la experiencia brasileña (que puede inspirar sin repetir el formato y con otras agendas, necesidades y demandas) son especialmente escuchadas las mujeres, los gays, las lesbianas, las personas trans, lxs negrxs, lxs vendedores ambulantes, lxs sin techo, las personas en situación de calle y las personas privadas de libertad. Las propuestas de la campaña electoral se eligen en asambleas y la ejecución de los cargos electivos se ejerce colectivamente. Es importante que la plataforma sea legitimada por los grupos de lucha (feministas, movimiento negro, sin techo, sin tierra, comerciantes informales, LGBTQ+, estudiantes, etc.) que conocen a fondo los temas que militan. El objetivo es fortalecer la participación popular en la gestión. No se trata solo de que haya más personas que ocupen el cargo, sino que los cargos no sean unipersonales. El cambio de reglas de juego se basa en que lleguen a los cargos institucionales personas que vienen de barrios, deseos, familias, clases, colores, identidades y necesidades que eran expulsadas de la formalidad política y que buscan formas de inclusión a través de las herramientas disponibles en democracia para abrir la puerta –y no cerrarla- a muchas otras personas.  

Hacer palanca

Además de fortalecer la democracia, los procesos colectivos también suponen un alivio para los individuos y, de este modo, refuerzan su sostenibilidad. De eso nos cuenta la experiencia de AKAFEM, un aquelarre feminista surgido en España.

“AKAFEM nació cuando terminó nuestro mandato [en gobiernos de varias ciudades en partidos municipalistas o partidos de cambio] y fuimos expulsadas. Nos encontramos reflexionando entre compañeras en pequeños comités. Queríamos devolver al feminismo esa reflexión porque es el movimiento que nos eligió como representantes. Además, para promover la continuidad del feminismo como herramienta en el municipalismo”, explica la ex concejala Rocío Fraga Sáenz. En este sentido el grupo realizó una investigación sobre los aprendizajes de estos mandatos. “El dato más importante es que de las 54 mujeres, 22 se fueron de las instituciones y de las organizaciones porque las expulsaron, porque se auto-expulsaron o porque las organizaciones se disolvieron”, subraya.

La expulsión se produjo por una multiplicidad de factores. Pero ella resalta uno que puede revisarse en la singularidad personal y en los mandatos, presiones o deberes. “Hay un exceso de exigencia en la militancia”, diagnostica.

¿Pueden servir las herramientas de Brasil? “Es verdad que los contextos entre España y Brasil, son muy diferentes, pero la situación no tiene tanto que ver con un gobierno concreto sino con una vuelta a tiempos violentos para los países que vivimos dictaduras y donde hay un nuevo auge de las extremas derechas en democracia”, analiza la ex concejala Rocío Fraga Sáenz, de AKAFEM. 

Es importante ver que los puentes entre Europa y América Latina -sin aplanar las condiciones, dificultades y diferencias- son mucho más practicables de lo que nos quieren hacer creer. Podemos aprender mutuamente, podemos repetir experiencias, recalcular rutas que no funcionaron y potenciar estrategias que re enamoren con la política. Podemos salir de la resignación con la energía de quienes, por primera vez en la historia, podemos protagonizar el futuro. 

Entre las estrategias de empoderamiento, pensadas por AKAFEM, proponen medidas de cuidado para quienes están expuestas en primera línea; buscar elementos de cohesión ante las diferencias en las posturas de los movimientos feministas; construir argumentos para sacar las políticas feministas de las interpretaciones centradas en la individualidad: “esto lo quieres porque te va venir bien a ti” y proliferación de actividades políticas con menos exigencia de presencialidad. También se impulsa fomentar la rotación en los liderazgos, como garantía de aprendizaje de la militancia y de mantenimiento de la frescura en la organización. Los mandatos rotativos se suman a los mandatos colectivos como formas conjuntas de dinamizar la política. El otro punto en común con la nueva estrategia latinoamericana es fomentar que las bases tengan incidencia real en la toma de decisiones. 

La función del feminismo no es ser complaciente ni destructivas con la institucionalidad, sino que el feminismo debe hacer palanca para marcar una agenda feminista. Para eso, hay que coordinar esfuerzos entre quienes ocupan cargos públicos y quienes pertenecen al movimiento e instalar nuevos debates. 

Violencia política contra la transformación social

Sin embargo, el exceso de exigencia no es lo único que expulsa a las mujeres progresistas de las instituciones, por lo menos en Brasil. “¿Si no podemos asegurar la vida de las mujeres para qué vamos a entrar a la política?”, pregunta Anielle Franco, en una conversación organizada por la Fundación Rosa Luxemburgo sobre “Perspectivas feministas y antirracistas hacia las instituciones”. No se puede avanzar si no se garantiza la vida y se combate la violencia política.

“¿Quién quiere ser candidata?”, pregunta Anielle. Dar la vida no es una opción. Para ella también es una interpelación personal. Habla del filo de la muerte después de dar la teta a su bebé de 1 año (Eloah) y de sostener a su otra hija de 5 años. No es ella sola la que se juega cuando juega políticamente y deja de jugar con sus hijxs. Sus padres le dicen que no se meta en política. Temen por ella. 

Hasta hace un tiempo parecía que la solución para frenar la violencia contra las mujeres era que se empoderen. Y, para que lleguen al poder, la llave era que sean más fuertes. Ahora, está claro, que el poder no se abría a mujeres con poder, sino que les cobra revancha: si al fin lograron pasar las trabas, se las abre para que se vayan.  

“Es urgente que reconozcamos que la violencia política es la herramienta más eficaz para impedir que las mujeres negras, trans, indígenas y quilomberas lleven adelante sus mandatos. Se trata de un proyecto con el claro objetivo de impedir que las demandas que ellas representan se conviertan en políticas institucionales”, resalta Anielle.

Es la hermana de Marielle Franco. La ex concejala, feminista, lesbiana y negra, de la favela de Río de Janeiro, que fue acribillada el 14 de marzo del 2018. “El asesinato de Marielle representa la vulnerabilidad de las mujeres que sufren amenazas, o de su entorno, cuando llegan a lugares de poder”, contextualiza. El femicidio político busca disciplinar el desaliento. Y si no lo consigue por el ejemplo, intenta conseguirlo amedrentando directamente. 

El cuerpo de Marielle se libró como una amenaza que estallara en los ojos de las otras, para que la distancia entre la amenaza y el miedo se acorte, se acostumbre, pero se vuelva sombra. La lucha ilumina su memoria y también las luciérnagas políticas que no dejan que el cielo se cierre para las que no estaban destinadas a ser alumbradas. La asesora legislativa Luana Mayer –de la diputada Taliria Peltrone- resalta: “Somos luces que iluminamos la esperanza”.

El Instituto Marielle Franco investigó (en el 2020 y 2021) la violencia política contra las parlamentarias y defensoras de derechos humanos negras cisgénero, transgénero y travestis. “El 96% de las candidatas contó haber sufrido al menos un tipo de violencia. De todas las formas de violencia, la más frecuente fue la virtual, en un 80% de los casos que se expresó en comentarios racistas, machistas y sexistas”.

El diagnóstico es claro: o se frena la violencia política o se frena el avance de las mujeres cis y trans negras. Pero también tiene una luz a contrasombra: las quieren frenar por todo lo que avanzaron. 

¿Qué se puede hacer? La ex candidata a concejala por San Pablo (en el 2020) y asesora legislativa Ana Mielke cree que la clave de la defensa es sumar con diversidad y enfatiza: “Lo mejor que podemos hacer es trabajar para que puedan ser elegidas más personas con perfiles no heteronormativos, ni blanconormativos. Porque ser cada vez más es lo que va a hacer que de a poco se naturalice y se visibilice que esos cuerpos llegaron para habitar los espacios políticos”. Todavía falta. En Brasil el 27% de las mujeres se auto-declaran negras (14% de toda la población), pero son solo el 3% de las que ocupan alcaldías, el 5% de las elegidas para asambleas legislativas municipales, el 2% de Congreso Nacional y 1% en la Cámara de Diputados Federal, según datos del 2020.

Hilos de sentido

La relación entre países no solo enriquece, también advierte. Un mundo que mira con lupa microscópica los fenómenos locales pero que pierde de vista los fenómenos globales unidos por hilos de sentido, pero perdidos entre la sobre información y los puntos que resaltan más que los murales que pintan el cuadro entero. 

No es cuestión de lamentos, sino de acción, también a nivel internacional. Durante las dictaduras militares la desaparición, tortura y muerte fueron una amenaza y una práctica. Entonces, la solidaridad de las izquierdas europeas también salvó vidas, cuándo exigieron respuestas, cobijaron exilios y permitieron juicios. Hoy se la precisa otra vez.

Cultivamos experiencias feministas y antirracistas en la política. Abrimos intersticios en las instituciones, las cuestionamos, las leemos a contrapelo, nos unimos y entramos a disputar y transformarlas. Somos una y somos todas. Somos unx y somos todxs. Internacionalistas e incansables. Combatimos y resistimos los machismos y los fascismos, pero siempre buscando construir nuevos horizontes colectivos. Somos Semillas de resistencia. Ningún terreno nos es ajeno, llegamos para quedarnos, llegamos para cambiar todo. 

El perfil Semillas de Resistencia surge del proyecto “Perspectivas feministas hacia las instituciones” de la Fundación Rosa Luxemburgo. El proyecto, desde hace más de dos años, impulsa un espacio de articulación entre activistas y organizaciones feministas que extienden su intervención política hacia las instituciones, buscando acceder, permanecer en ellas, pero también cambiar sus reglas de juego. En diferentes países existen experiencias de combate a la política patriarcal o “despatriarcalización” de la política impulsadas por mujeres y disidencias que debaten y accionan para democratizar instituciones, e inventar nuevas formas de hacer política que correspondan con nuestras realidades. En este contexto, es hora de juntar e intensificar los debates aislados sobre el acceso de las mujeres a las instituciones y las miradas feministas sobre la política institucional. Esto significa, en primer lugar, trabajar juntas en cuestiones fundamentales y guardar los resultados: ¿Qué constituye un enfoque feminista de las instituciones? ¿Cómo es el poder que queremos construir? ¿Cómo lo hacemos?

Desde la Fundación Rosa Luxemburgo, a pesar de haber iniciado el proyecto en pandemia, realizamos una serie de encuentros virtuales entre activistas de diferentes países, donde logramos pensar conjuntamente las dificultades para el acceso y permanencia en las instituciones del estado para mujeres y disidencias. 

En ese marco, reconocimos y relevamos aquellos ataques sistemáticos de sectores concentrados, patriarcales, misóginos y racistas hacia quienes dan estas batallas. En consonancia, escribimos y difundimos una Alerta feminista y antirracista contra la violencia y por una política que ponga la vida en el centro para dar cuenta de la necesidad de acuerpamiento y solidaridad internacional feminista contra estos ataques. Este llamamiento pone el acento sobre las violencias machistas, su función, su efecto y nuestras ideas y demandas a las organizaciones de la izquierda para enfrentarlas. Retomando la idea que la violencia política contra mujeres progresistas se vive en diferentes formas en diferentes partes del mundo, pero que es una amenaza internacional y necesita una respuesta internacionalista. 

Además, durante este tiempo pudimos también compartir iniciativas, protocolos y políticas con mirada feminista y antirracista, puestas en acción en diferentes regiones, pensando en colocar las vidas de las mayorías en el centro. 

Entre el 27 y 29 de abril realizamos en Salvador de Bahía, Brasil, el Encuentro Internacional “Sementes de Resistência- Perspectivas feministas y antirracistas hacia las instituciones”. El mismo reunió a más de 40 activistas, políticas y legisladoras de diferentes países y regiones: Brasil, Chile, Estado Español, País Vasco, Cataluña, Alemania, Portugal y Argentina. El objetivo principal fue articular iniciativas de participación política institucional con perspectiva feminista en distintas partes del mundo. El territorio elegido, Bahía, tuvo que ver con visibilizar la lucha de las mujeres negras en la política y expresar la solidaridad internacional ante hechos de violencia política y el racismo estructural que vive el pueblo brasilero. De esta forma, gracias a una traducción simultánea en los diferentes idiomas durante los tres días, construimos un espacio de confianza para el intercambio entre mujeres y disidencias que participan en la política institucional como parte de su apuesta colectiva feminista. Compartimos experiencias, iniciativas políticas, solidaridades. Avanzamos sobre la importancia de transcender la política de cupos y las iniciativas solo circunscriptas a agendas de géneros, para pensar la transversalización feminista y antirracista de todas las políticas y del trabajo adentro y fuera de las instituciones.  

Estamos convencides de que el trabajo con mujeres y disidencias comprometidas con esas consignas feministas, populares y antirracistas es el camino para crear otras narrativas que permitan vincular los movimientos sociales con el poder institucional. 

Como corolario de todo este trabajo, el perfil de Instagram “Semillas de Resistencia” recopila y difunde estas experiencias, personas y colectivas para amplificar y articular, con la esperanza puesta en la construcción de redes de trabajo y de apoyo internacionales para transformar la sociedad.

 Conoce el perfil Semillas de Resistencia aquí.

 


El poliamor llegó a la política | Por Luciana Peker

Ya no se trata de casarse para toda la vida con una sola propuesta electoral, sino de construir nuevos romances para romper con la representación tradicional, para transformar y multiplicar el poder.

Nota completa aquí.

 

 

 

 


Vilma Reis: “No son los capitalistas los que van a decidir la elección en Brasil, somos nosotras” | Por Luciana Peker

Vilma Reis es feminista, defensora de los derechos humanos, socióloga, máster del Doctorado en Sociología de las Relaciones Raciales y pertenece a la Organización de Mujeres Negras por los Derechos Humanos e ingresó en el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, en el 2007.

Nota completa aquí.

 

 

 


“Desarmar el binarismo entre lo institucional y lo movimental”

Javiera Manzi e Irune Martínez, integrantes de la Coordinadora 8M de Chile hablan sobre la participación de las feministas en el reciente proceso constituyente.

Este texto fue elaborado en base a entrevista realizada en mayo de 2022 por la Fundación Rosa Luxemburgo.

La Fundación Rosa Luxemburgo – oficinas de Buenos Aires y Sao Paulo, y Anamuri lanzan el Atlas de los Sistemas Alimentarios del Cono Sur.

El Atlas se construyó a partir de la escucha activa de los movimientos populares y campesinos del Cono Sur. El documento presenta no sólo un diagnóstico de la crisis alimentaria en la región, sino también alternativas para superarla en manos de los movimientos populares.

 

Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay comparten una realidad contradictoria: aunque tienen condiciones favorables para la producción campesina, no pueden alimentar a sus poblaciones de forma adecuada y saludable.

El punto de partida de este trabajo son las experiencias históricas de resistencia y las diversas prácticas de solidaridad fortalecidas durante la pandemia.

 

Es un conjunto de iniciativas que apuntan a otro modelo de organización social, garantizando la soberanía alimentaria de los pueblos de la región.

 

 

 

Pueden descargar el Atlas aquí. 

La Fundación Rosa Luxemburgo – oficinas de Buenos Aires y Sao Paulo, y Anamuri lanzan el 22/07 el Atlas de los Sistemas Alimentarios del Cono Sur. El acto se celebrará a las 10.00 horas en el Museo de la Educación Gabriela Mistral, Compañía de Jesús 3150, en Santiago de Chile.

El Atlas se construyó a partir de la escucha activa de los movimientos populares y campesinos del Cono Sur. El documento presenta no sólo un diagnóstico de la crisis alimentaria en la región, sino también alternativas para superarla en manos de los movimientos populares.

Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay comparten una realidad contradictoria: aunque tienen condiciones favorables para la producción campesina, no pueden alimentar a sus poblaciones de forma adecuada y saludable.

El punto de partida de este trabajo son las experiencias históricas de resistencia y las diversas prácticas de solidaridad fortalecidas durante la pandemia.

Es un conjunto de iniciativas que apuntan a otro modelo de organización social, garantizando la soberanía alimentaria de los pueblos de la región.

El Atlas se presentará en un espacio de debate y reflexión sobre la situación del acceso a los alimentos en la región más austral de América. En esta ocasión, se distribuirán copias del documento para que los presentes puedan llevárselo a sus lugares de trabajo o a su militancia.

Participar en la presentación:

Alicia Muñoz (Anamuri)
Francisca Rodríguez (Anamuri)
Camila Montecinos (Anamuri)
Anderson Amaro (Movimiento de Pequeños Agricultores / Vía Campesina Brasil – Cloc)
Severino Ramos (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra – MST)
Sarah Zevaco (Base-Is Paraguay)
Diego Montón (Movimiento Nacional Campesino Indígena – Somos Tierra de Argentina)
Matías Carámbula (Universidad de la República de Uruguay)
Patricia Lizarraga (FRL Argentina) y Jorge Pereira Filho (FRL Brasil)

 

Si te interesa participar inscribite en el siguiente link:
Link: https://forms.gle/3F2nzWASEgkc3Y5y6

 

 

Pueden descargar el Atlas aquí.

El 13 de marzo de 2022 Gabriel Boric asumió como presidente de Chile luego de una ardua disputa electoral que puso a la extrema derecha demasiado cerca de La Moneda. El triunfo no hubiera sido posible sin la capacidad de acción y organización de un pueblo activo que emergió del corazón del estallido social de 2019 y que se mostró decidido a no retroceder y avanzar en el camino hacia el fin del neoliberalismo. Las deudas son históricas y los desafíos son grandes: uno de ellos será la aprobación de la nueva Constitución. Las tensiones por resguardar el espíritu de la autonomía que impugnó el régimen neoliberal en Chile no son pocas. Buena parte de este nuevo pueblo se organizó también por fuera de los partidos de izquierda o los movimientos sociales conocidos. Ollas comunes, asambleas, cabildos barriales y diferentes organizaciones colectivas instalaron el ejercicio de una democracia directa en las calles.

En este episodio dialogamos con Pierina Ferretti, Sophia Bodenberg y Loreto Contreras para profundizar en el proceso chileno y sus desafíos.

Escúchalo en Anchor FM o Spotify

Guión y diseño sonoro: María Eugenia Waldhüter

Una producción de la Fundación Rosa Luxemburgo.

«Hacemos periodismo –desde abajo y del lado del corazón– sin detentar privilegios. Y lo hacemos como resultado de definiciones políticas populares y de una construcción colectiva necesaria, la que nos legó el feminismo que no calla porque el silencio no es nuestro idioma. Reivindicamos un oficio, el periodismo, y disputamos con nuestras identidades su ejercicio. Para eso es este Manual. Para dejar constancia de que nos animamos a ocupar una agenda dentro de una genealogía que por momentos parece grande pero que, por otros, nos regala la posibilidad de contar, con ojos mojados, las luchas por la liberación de todas y todes.

Porque al multiplicar nuestras experiencias es nuestra visión del mundo la que se amplía. La de las luchadoras que no descansarán hasta que todas seamos libres. Porque a la par de que relatamos nuestras historias de vida y nos visibilizamos protagonistas, es también el periodismo el que se tensiona y modifica.

Porque al extender nuestras estrategias colectivas y poner a circular nuestras herramientas, somos más las que elegimos dar una disputa constante por lo simbólico, por las palabras, contra la sujeción del heteropatriarcado capitalista en el periodismo.

Porque, en definitiva, somos lo que hacemos: periodismo popular feminista.»

Camila Parodi, Laura Salomé Canteros, Nadia Fink y Julieta LP
Descarga el manual aquí.