La experiencia de recomposición del tejido social que tuvo lugar en Chile en el último tiempo y que ha dado lugar a un ciclo de politización de masas ha dejado en evidencia que la relación entre la calle y lo electoral no marchan por separado y que, en determinadas coyunturas, soltar una puede comprometer la otra.

Escriben para Jacobin América Latina

El domingo 19 de diciembre resultó electo presidente de Chile Gabriel Boric Font. En una elección con niveles inéditos de participación, el candidato de los partidos de la izquierda agrupada en la coalición Apruebo Dignidad se impuso por casi doce puntos de diferencia (56% sobre 44%) al candidato de la extrema derecha, José Antonio Kast, convirtiéndose, con 35 años, en el presidente más joven y también el más votado de la historia del país. En marzo de 2022, Sebastián Piñera tendrá que entregar el poder a la generación de las y los estudiantes que se movilizaron por la educación pública durante su primer mandato (2010-2014).

El ciclo electoral de la revuelta

La elección presidencial fue la penúltima de un abultado ciclo de elecciones que han tenido lugar en Chile desde que se inauguró el escenario abierto por las movilizaciones de estudiantes secundarios que estallaron en una revuelta. Desde el 18 de octubre de 2019 se ha llevado a cabo el plebiscito por una nueva Constitución, la elección de constituyentes y la renovación de todos los cargos de elección popular: alcaldías y concejalías, gobernaciones y consejos regionales, parlamentarias y la presidencia del país. Ahora solo resta, el próximo año, el plebiscito de salida para ratificar la nueva Carta Magna. En una avalancha electoral tal, resultaba ineludible la centralidad que iba a jugar esta forma de traducir la contienda social.

En la última década, una dimensión gravitante para comprender el comportamiento político local ha sido el alto nivel de abstencionismo electoral. Desde que en 2012 se implementara el sufragio voluntario, la abstención ha ido en un sostenido aumento, tendencia que por primera vez se revirtió en octubre de 2020, con ocasión del plebiscito por una nueva Constitución. La curva de la participación electoral no ha sido pareja desde entonces. Del 50,9% de participación para el plebiscito —en que el «Apruebo» se impuso al «Rechazo» por 79% contra 21%—, pasamos al 47% de participación en la primera vuelta presidencial, nivel de abstención muy similar a la última elección previa a la revuelta.

Todo indica que los sectores populares en tanto fuerza votante han sido selectivos en sus batallas. Esto ha provocado a momentos resultados electorales difíciles de descifrar, pero lo cierto es que la menor participación electoral ha sido proclive a las fuerzas conservadoras (el mejor ejemplo de ello fueron las elecciones parlamentarias) y que el pueblo eligió la segunda vuelta presidencial como una batalla propia, definiendo con ello su desenlace.

Las contiendas electorales, y particularmente la ampliación de la participación popular en ellas, han estado orientadas por las dos coordenadas fundantes de la revuelta que estalló en Chile y que están sin duda íntimamente ligadas: la impugnación al neoliberalismo y a quienes lo han administrado y la impugnación a la herencia dictatorial. Tanto el plebiscito por una Nueva Constitución como el reciente balotaje, que rápidamente adoptó una forma plebiscitaria, actualizaron ambos ejes. Si en 2019, por la vía de movilización de masas expresada luego en el desborde de la votación del plebiscito, se logró en pocas semanas lo que ninguno de los partidos de la transición democrática hizo en 30 años (poner fin a la Constitución de Pinochet), en la segunda vuelta presidencial se le cerró el paso a la candidatura que buscaba restaurar su legado, salvaguardando de paso con ello el espacio institucional desde el cual se aspira a desmontar su continuidad: la Convención Constitucional.

La experiencia de recomposición del tejido social, articulación y movilización sostenida (incluso a pesar de la interrupción por efecto de la pandemia), han dado lugar a un ciclo de politización de masas, en medio del cual amplios sectores han verificado que la relación entre la calle y lo electoral no marchan por separado y que, en determinadas coyunturas, soltar lo uno puede comprometer lo otro. En un contexto de marcado abstencionismo y a la vez de un sector de la izquierda que ha abrazado históricamente su alejamiento de la vía de disputa institucional, esto marca un viraje para la recomposición de las fuerzas transformadoras.

La primera vuelta presidencial

El 18 de julio tuvo lugar la primaria presidencial en virtud de la cual Chile Vamos y Apruebo Dignidad definieron por votación popular quién de entre sus correligionarios sería su candidato definitivo. En la ocasión, Gabriel Boric se impuso al candidato del Partido Comunista, Daniel Jadue, sumando ambos, en total, un millón setecientos mil votos. Por su parte, entre los candidatos de Chile Vamos se impuso el independiente con apoyo UDI, Sebastián Sichel, quien junto a los otros tres candidatos de su bloque llegaron a un millón trescientos mil votos. En suma, esta fue la primaria más votada de la historia, y Apruebo Dignidad tuvo una participación mayoritaria como conglomerado.
Cuatro meses más tarde, en la primera vuelta electoral del 21 de noviembre, Boric obtuvo un millón ochocientos mil votos, no logrando ampliarse por fuera de su sector más que en exiguos cien mil votos respecto de la primaria. Por cierto que esta vez se enfrentaba a numerosos candidatos de otros sectores; sin embargo, quedó por debajo del candidato de la extrema derecha, José Antonio Kast, quien no participó previamente en primarias y que pasó al balotaje en primera posición. La baja participación popular en esta elección, sumada a la dispersión en los proyectos, el esquivo rol del empresariado para con su candidato (Sebastián Sichel) y el escaso involucramiento de más amplios sectores dejó al abanderado de izquierda en una posición que solo podría revertirse a contrapelo de la tendencia electoral histórica.

Uno de los elementos más destacables de la primera vuelta presidencial es que las principales coaliciones políticas que gobernaron el Chile de la posdictadura (los autodenominados «centros» de izquierda y de derecha) perdieron su hegemonía histórica y quedaron fuera del reciente balotaje. Un segundo hecho es que pasaron por primera vez a segunda vuelta conglomerados, como Apruebo Dignidad y el Frente Social Cristiano, fundados en el marco de este mismo ciclo de disputa posrevuelta. Mientras el primero ya contaba con una bancada parlamentaria (con parlamentarias y parlamentarios del Frente Amplio y del Partido Comunista), el segundo es abiertamente expresivo del fenómeno internacional de emergencia de las llamadas derechas extremas.

Un tercer elemento destacable fue el «factor Parisi» y su «Partido de la Gente», que con casi un millón de votos se hizo del tercer lugar, irrumpiendo como el gran outsider de la primera vuelta con un relato que revive la promesa neoliberal del éxito a través del esfuerzo individual desde una pretendida posición antielitaria y antiabusos. El «fenómeno Parisi», que cuenta con un candidato que realizó su campaña íntegramente desde fuera del país, es interesante de analizar por ser expresivo del campo de disputa que constituye hoy el proceso de politización de masas en curso.

En efecto, Parisi interpreta una fibra sensible de esa conciencia que sigue anclada a la idea neoliberal del mérito propio, pero que brega por expulsar al mercado del campo de los derechos sociales. Este relato de interregno, que repone al individuo en el centro, que critica la corrupción de las élites pero que omite los derechos sociales choca con el horizonte instalado por las izquierdas y, especialmente, con el feminismo, que afirma el carácter social de la existencia y la responsabilidad de socializar los trabajos que la sostienen. A diferencia de los partidos de los históricos conglomerados de estos treinta años que se ordenaron con mayor o menor desdicha detrás de Boric y Kast, Parisi no se alineó inicialmente con ninguno, dejando abierta la disputa por ese millón de votos en un momento crucial.

Tras la primera vuelta, el Partido de la Gente fue encarnando más y más marcadamente un política de restitución patriarcal, que se expresó tanto en la campaña electoral como en la masculinización de su base votante y, muy concretamente, en su candidato quien mantiene una millonaria deuda de pensión alimenticia. De manera inédita este tema se politizó abriendo un debate público ineludible, donde tanto Boric como Kast tuvieron no solo que posicionarse, sino definir con ello la forma de interlocución con el voto de las mujeres. Mientras el primero apostó por el voto femenimo, el segundo relativizó la violencia económica y cerró filas con el papito corazón.

El balotaje y sus resultados

La segunda vuelta presidencial adoptó una forma (e incluso una épica) plebiscitaria. En menos de un año, Chile volvía a enfrentar una decisión que delineaba las condiciones de posibilidad para la continuidad de un ciclo de transformación en alza o la amenaza de su retroceso más radical. Esto quedó expresado no solo en la campaña sino también —y con una precisión espectral— en el resultado final, que repite los porcentajes de votación del plebiscito de 1988 cuando el país decidió si quería que continuara o no Pinochet en el poder. En ese entonces, el No se impuso con un 56% sobre 44% obtenido por el Sí. Como diría Mark Fisher, más de 30 años después nos enfrentamos a los fantasmas que asedian la democracia con la recomposición de sus clivajes históricos y correlación política.

Desde que existe el balotaje, la elección presidencial chilena siempre ha sido ganada por el candidato o candidata que pasa en primer lugar a la segunda vuelta. Esta vez ese comportamiento histórico se torció en virtud de un factor determinante: el 8% de los y las votantes que se abstuvieron en primera vuelta decidieron concurrir a las urnas, superando con ello todos los registros de participación electoral de nuestra historia reciente hasta alcanzar el 55,6%. Un millón doscientos mil votos más.

Este factor dio vuelta, literalmente, el escenario. Mientras en noviembre Kast aventajó a Boric en once de las dieciséis regiones del país, en diciembre Boric aventajó a Kast en once de las dieciséis regiones, obteniendo en cuatro de ellas sobre el 60% de los votos, incluyendo a la Región Metropolitana de Santiago, situada en el centro, a Atacama en el extremo norte, y a Magallanes, el extremo sur del país. ¿De dónde salieron ese millón doscientos mil nuevos votos y qué les movilizó a votar?

Las mujeres y el feminismo: el lugar de la iniciativa

Tras conocerse los resultados de la primera vuelta presidencial se encendió una señal de alarma. Siempre pareció probable que José Antonio Kast llegase a la segunda vuelta pero, tanto en el campo de las organizaciones populares como en Apruebo Dignidad, nadie parecía haber barajado la posibilidad de que pasara en el primer lugar. Si bien algunas encuestas proyectaban que esto acontecería, la credibilidad de estos instrumentos de medición está desde hace tiempo socavada y, además, dicha proyección resultaba desde muchos puntos de vista contraintuitiva. ¿Cómo podría ser que en el Chile de la revuelta pasara en primer lugar el candidato de la extrema derecha?

Mientras en las elecciones anteriores el pacto Apruebo Dignidad no hizo más que aumentar su rendimiento electoral, posicionándose como la alternativa más viable para enfrentar en las urnas la emergencia de Kast, contrastaba con ello el hecho de que, a nivel general, los movimientos sociales y organizaciones populares no apoyaron de manera pública ni hicieron campaña. Era evidente que muchos y muchas de quienes hacen parte de dichos movimientos iban a votar por Boric, pero el ejercicio de deliberación colectiva y toma de posición orgánica no se produjo.

El desconcierto que acompañó la noche del 21 de noviembre también dio paso a distintas formas de iniciativa, esa que no se había desplegado en la contienda previa, con posicionamientos colectivos e individuales llamando a levantar campaña desde fuera de Apruebo Dignidad. En pocas horas se expandió rápidamente un sentido de urgencia que, contrario a toda parálisis ante los resultados, trajo consigo las primeras respuestas de sectores organizados.

Esa misma noche, la Coordinadora Feminista 8M convocó una plenaria extraordinaria para discutir los resultados y las orientaciones a tomar. Se acordó allí una declaración pública bajo la consigna «Hoy y no Mañana» en apoyo a la candidatura de Gabriel Boric y el llamado abierto a una Asamblea Feminista Antifascista. A este, que fue el primero de los primeros hitos masivos realizados a tan solo tres días de la primera vuelta, llegaron cerca de dos mil asistentes, entre quienes participaron de forma presencial en la Universidad de Santiago de Chile (USACH) y de forma remota en la asamblea virtual que se realizó en paralelo. En la ocasión tomaron la palabra activistas de la Red Chilena Contra la Violencia Hacia Las Mujeres, Organización de Trans Diversidades, asociaciones de cuidadoras como Yo Cuido, el colectivo Autoras de Chile, la Red de Actrices de Chile, la Federación de Estudiantes de la USACH, la red de aborto Con Amigas y en la Casa, la Red de Profesionales por el Derecho a Decidir, Negrocéntricxs, Familia es Familia, Pedaleras Antipatriarcales y Bisidencias, la Cátedra Amanda Labarca, Anamuri, La Morada y asambleas territoriales como la del metro La Granja y las Mujeres Autoconvocadas de Macul. Todas y cada una de las organizaciones, muchas de las cuales nunca habían incursionado en procesos electorales ni optado por el camino de la participación institucional, se refirieron a la necesidad de dar un paso adelante en un llamado transversal y afirmativo no solo a votar por Gabriel Boric, sino a movilizar todo lo que fuera necesario para ampliar la votación en sectores que no se habían hecho parte hasta ahora.

Había una urgencia compartida por vencer el proyecto de restauración patriarcal, neoliberal y autoritario que veíamos tan próximo. En este contexto, la experiencia de las feministas en Brasil ocupó un lugar central en las intervenciones de la jornada: la clave de negación (Ele Não) no era suficiente para imponerse en las elecciones, la campaña que se librara por fuera de los partidos políticos debía ser desde un primer momento clara en comunicar su elección y llamado. Tal como dijeron las organizaciones de cuidadoras, estaba en juego mucho más que una elección como las anteriores: se trataba del cuidado de los derechos alcanzados y de la vida de mujeres, niñas y disidencias. Cada una de las presentes sabía que era necesario derrotar a Kast y que esta derrota tenía que ser aplastante. Así fue.

Mientras el Partido Republicano puso en cuestión el sufragio femenino, los derechos sexuales y reproductivos, discriminó abiertamente a madres solteras y tuvo que realizar una disculpa pública por su pretensión inicial de acabar con el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, el movimiento feminista y LGBTIQ+ dio un paso clave en afirmar su protagonismo. Y es que los mismos sectores que han dicho que nuestras vidas no son un problema político hicieron de nuestras vidas, deseos y derechos su centralidad programática. Un hito central en este llamado transversal y unitario desde el movimiento feminista fue el acto «Nuestra urgencia por vencer», realizado en los últimos días de campaña y donde participaron feministas de la generación de los ochenta, integrantes históricas de la agrupación Mujeres por la Vida, al igual que artistas, activistas y militantes de diversas organizaciones y también partidos de Apruebo Dignidad. La heterogeneidad y unidad de esta instancia marca un precedente indiscutible.

Afirmar un lugar en la campaña contra estos sectores significó también, necesariamente, afirmar la ternura y el cuidado sobre su insistencia en desplegar una comunicación basada en el odio y las noticias falsas. En lo más íntimo, muchas, muches y muchos decidieron por quién votar como parte de un gesto de cuidado con sí mismos y también con amistades, familiares y personas que sabían podían estar en riesgo. El voto devino a distintas escalas una expresión de cuidado. Este llamado, que no era un voto de confianza, sí requería del despliegue de una campaña abierta y sin medias tintas.

Con los días, cada vez fueron más los sectores organizados que hicieron público su llamado a votar por Gabriel Boric, unos en clave de voto antifascista, otros aludiendo a un programa de transformación que recogía las aspiraciones de las luchas históricas y, también, algunos en el reconocimiento de que su triunfo era condición de posibilidad para seguir construyendo y afirmando una alternativa política propia.

Junto a las organizaciones feministas, desde los movimientos sociales tomaron el lugar de la iniciativa organizaciones sindicales y gremiales: el Colegio de Profesoras y Porfesores, la Unión Portuaria de Chile, la Coordinadora Nacional de Trabajadores No+afp, la Asociación Nacional de Empleados y Empleadas Fiscales, las y los Trabajadores del Cobre; organizaciones socioambientales como el Movimiento por las Aguas y los Territorios (MAT) y el Movimiento de Defensa del Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente (MODATIMA); organizaciones de izquierda por fuera de Apruebo Dignidad como Solidaridad, Movimiento Anticapitalista, Convergencia 2 de Abril, Lista del pueblo; organizaciones de Iglesias Evangélicas; figuras insignes de la revuelta y víctimas del terrorimo de Estado, como la recién electa senadora Fabiola Campillai y Gustavo Gatica; activistas estudiantiles como Víctor Chanfreau.

A esto se sumó el transversal apoyo que recibió la candidatura Boric entre las y los constituyentes de los distintos sectores de independientes (Independientes No Neutrales, Pueblo Constituyente, Movimientos Sociales Constituyentes y ex Lista del Pueblo) y de Escaños Reservados de Pueblos Originarios. Todas estas organizaciones y actorías, que no habían tomado una posición pública ante la primera vuelta, hicieron declaraciones, actividades y campaña para la segunda vuelta.

Los bastiones de la segunda vuelta

La participación electoral creció en todos y cada uno de los rincones del territorio. El porcentaje más alto de crecimiento se verificó en la Región Metropolitana de Santiago (que concentra el 40% del padrón electoral), con un 11% más de votos en un promedio nacional de 8% de aumento. Esto vino principalmente de los barrios marginados y populares de la gran zona urbana. De las 52 comunas que componen la capital, fueron las más pobres, que registraban en muchos casos los mayores índices de abstención, las que salieron en masa a votar por Boric, quien obtuvo en lugares como La Pintana, Los Espejo, Cerro Navia, Puente Alto, La Granja, Renca, San Joaquín más del 70% de apoyo, muy por sobre el 55% nacional.
Todo ello tuvo lugar a pesar de la evidente obstaculización al funcionamiento del transporte público desplegado por el gobierno, que dificultó el acceso y el tiempo de votación, particularmente en las zonas más aisladas de las ciudades. Distancias que habitualmente se recorren en quince minutos tomaban dos horas de tiempo el día de la elección. El objetivo era, evidentemente, impactar la votación de las periferias.

Mención aparte merece la comuna rural de Paine, de la cual la familia Kast es oriunda y que constituye para ellos una especie de feudo. A diferencia de la primera vuelta, en Paine ganó Boric con un 54,6% de los votos, infligiéndole al «nazi» (como le llaman ahí) una derrota en su propia casa. En contraste, José Antonio Kast con contadas excepciones, solo superó el 70% de votación en las tres comunas del 1% más rico del país, las mismas únicas comunas en que ganó el Rechazo para el plebiscito por una Nueva Constitución.

Otro núcleo donde Boric superó el 70% de los votos fue en las zonas de devastación socioambiental que, marcadas por el extractivismo, han sido declaradas «zonas de sacrificio». Petorca, Puchuncaví, Huasco, Freirina, portadoras de largas batallas y resistencias ecologistas, salieron a cerrarle el paso al negacionismo de Kast ante la crisis climática.

Un tercer bastión protagónico fue la masividad del voto de mujeres por el candidato de Apruebo Dignidad. No contamos todavía con los datos desagregados por edad y sexo del Servicio Electoral, pero de acuerdo a la estimación de la plataforma Decide Chile, de la empresa de big data Unlhoster, «las mujeres menores de 50 años fueron el motor del triunfo de Boric», señalando que la participación se disparó en este segmento y dio su respaldo a Boric en cantidades superiores al promedio. Mientras en la primera vuelta participó el 53% de las mujeres menores de 30 años que pueden votar y el 58% de las mujeres entre 30 y 50 años, en la segunda vuelta la participación creció hasta alcanzar el 63% y el 67% respectivamente, convirtiendo a este sector en el «bastión indiscutido de la ventaja». Boric había obtenido el 65% de los votos de las mujeres menores de 30 años y el 61% de las mujeres entre 30 y 50 años.

Ese millón doscientos mil votos que determinó el triunfo de Boric provino de la autoorganización, la movilización y la decisión política de los barrios pobres, de las zonas de extractivismo, de la juventud popular y de las mujeres; es decir, de aquellos sectores que asumieron como propia la tarea de detener la amenaza cierta sobre sus propias vidas y derechos. La pregunta abierta que queda es: ¿sobre qué fuerzas se sostendrá y para quién gobernará Boric?

Sin ingenuidad

No podemos tener certeza del futuro, pero sí podemos reconstruir los pasos dados que nos han colocado en el escenario del presente. La mayoría de los sectores sociales que rompieron con la abstención electoral haciendo posible el triunfo de Boric se movilizaron primeramente desde la certeza de que era necesario derrotar a Kast en las urnas más que por una confianza íntima hacia el actual presidente electo. Numerosas organizaciones sociales desplegaron la campaña afirmando un lugar de independencia respecto de la coalición Apruebo Dignidad. Y es que el ineludible lugar que la memoria ocupa en la dinámica política no ha dejado de ponerse en juego en cada coyuntura; esa memoria del pasado que dicta «nunca más» a Pinochet, y esa memoria reciente que se ha ido forjando al calor de la revuelta.

Gabriel Boric firmó solo y de espaldas a sus bases partidarias el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución el 15 de noviembre de 2019, acuerdo que habilitó el proceso constituyente en unos términos que amplios sectores populares criticaron y que fue leída también como una capitulación a la exigencia multitudinaria de las calles de destituir a Sebastián Piñera por las violaciones sistemáticas a los derechos humanos. Esto provocó entonces un quiebre y fuga de militantes en la misma coalición de Boric, al tiempo que el público cuestionamiento de varios movimientos y sectores movilizados. Posteriormente, la decisión del mismo Boric como de varios de sus compañeros de bancada parlamentaria de aprobar en general el proyecto de ley que sanciona con graves penas diversas formas de protesta, en medio del contexto de la revuelta, es algo que gravita. Esos parlamentarios pidieron posteriormente disculpas por dicha decisión, pero las disculpas no tuvieron la fuerza de deshacer la desconfianza instalada.

No es casual que la centralidad que hoy ocupa la demanda por la libertad de las y los presos políticos se hiciera notar con fuerza la noche del 19 de diciembre cuando, tras el triunfo, Boric dirigió su primer discurso como presidente electo al país. Entre los y las más de cien mil asistentes que se congregaron en la Alameda irrumpió con fuerza el grito de «liberar a los presos por luchar», ante lo cual Boric interrumpió sus palabras diciendo «ya estamos hablando con sus familiares». Al día siguiente, la primera medida oficial anunciada por el próximo presidente fue la de retirar respecto de los y las presas políticas de la revuelta todas las querellas judiciales por Ley de Seguridad del Estado. Si bien esto tiene más de simbolismo que de efectos prácticos (en la medida que ni todas los y las presas están privadas de libertad por esta ley y que en el caso de quienes sí lo están, no es la única ley que se les está aplicando), sin dudas aparece como una señal correcta.

Tras el resultado de la primera vuelta presidencial, Apruebo Dignidad buscó rápidamente acercarse a los partidos de la ex Concertación, especialmente a la Democracia Cristiana (que definió apoyar en campaña para luego ser oposición), y al Partido Socialista (quienes desde un primer momento hicieron público su apoyo). Desde el comando, el esfuerzo inicial se concentró en capturar los votos del «centro». Sin embargo, con los días empezó a sentirse el despertar de la iniciativa popular que fue llenando los actos en ciudades y pueblos al paso del recorrido que por todo el país hizo el candidato presidencial. Miles de gestos de apoyo popular y de cariño a Boric se viralizaron en las redes sociales y en la prensa, dotando a la campaña de la épica creativa y autoconvocada que no tuvo previamente. En contraste, Kast no logró en ningún momento congregar multitudes y, temeroso de su electorado, se hizo visible más bien por repeler el contacto físico de quienes lo apoyaban.

Conforme esto se afirmaba, Apruebo Dignidad pareció reconocer que la clave para ganar la segunda vuelta no estaba en limitarse a sumar los votos de la ex Concertación, sino que era necesario acercarse a quienes no se habían sumado antes, y supo hacerlo. Pero lo hizo también reviviendo la figura de Michelle Bachelet, quien cuenta con amplio apoyo en la población y que arribó a Chile a manifestar su apoyo al candidato. Por un momento, el país, que castigó al exbloque gobernante en las urnas, volvió a teñirse de un bacheletismo que evocaba una continuidad ominosa. Con el paso de las primeras semanas se logró una articulación inédita, que convocó tanto a las principales figuras de los 30 años de posdictadura como a quienes nos habíamos erigido en sus principales críticas y críticos durante la revuelta.

Apruebo Dignidad ganó la elección presidencial portando un programa de reformas que recoge importantes y sentidas demandas populares, particularmente en ampliación de derechos sociales a grupos históricamente excluidos; sin embargo —con la excepción del Partido Comunista—, no es una coalición de composición predominantemente popular. Desde ahora, erigida en gobierno precisamente gracias a estos sectores que se movilizaron para hacerlo posible, tiene la grandiosa posibilidad de llegar a serlo. Si gobierna desde y sostenido sobre esa fuerza de los pueblos o si se limita a ofrecer la repetición amigable del mismo guion transicional es algo que está por verse. En esta pregunta abierta se juega la respuesta acerca del mayor o menor espacio que existirá en el período inmediato para la construcción de fuerzas políticas emergentes con horizontes anticapitalistas, a partir de la articulación de organizaciones populares que han asumido en este ciclo un camino de disputa institucional por fuera de los partidos tradicionales. Mientras Apruebo Dignidad no avance sobre hechos concretos, nos permitimos ejercer deliberadamente nuestros derecho a dudar.

El lugar de la oposición

Más allá de lo más o menos críticas que sean las posiciones desde las cuales diversos sectores populares dieron su apoyo Boric, lo cierto es que el lugar de la oposición en el periodo presidencial que se avecina lo ocupará eminentemente la extrema derecha. Se tratará además de un lugar de oposición bien distinto al que ha ocupado el pueblo en mandatos anteriores, pues contará con la maquinaria comunicacional hegemónica a su favor, que ya se ha puesto a disposición del desprestigio de la Convención Constitucional y del discurso «anticomunista» que despliega contra cualquier idea de reforma.
El día previo a la elección, la constituyente y militante del Partido Republicano, Teresa Marinovic, publicó una columna titulada «Kast ya ganó». Adelantándose a la derrota electoral de su sector, afirmaba: «Falta poco para la elección presidencial, pero los resultados de esta segunda vuelta ya los conocemos: ganó Kast. Ganó incluso aunque obtenga una votación inferior a la de Gabriel Boric, Kast ganó. Desarticuló la tesis de que su discurso era inviable, de que estaba condenado a representar a un nicho demasiado reducido». No deja de tener razón: Kast pasó de tener un 7,9% en las presidenciales de 2017 a consolidar un liderazgo que arrastró incluso a una derecha que se autodenomina liberal y pudo consolidar la conformación de una bancada propia.

Sin embargo, a diferencia de lo que ella afirma en esa misma columna, la distancia entre Trump, Bolsonaro y Kast no es un asunto de carácter. La extrema derecha en Chile se limitó a repetir un guion internacional, una fórmula, pero ni los Estados Unidos de 2016 ni el Brasil de 2018 eran el Chile de los horizontes políticos abiertos por la revuelta. En un escenario atravesado por la movilización y politización de masas, Kast no ha logrado desarrollar una fuerza de movilización propia y no supo tampoco proponer una sola cosa al país. Su campaña consistió en un esfuerzo por despolitizar el debate y por despojarlo de profundidad programática. Pensaba que podía hablarle al Chile de antes. Kast es bastante expresivo de una burguesía que toma su deseo por realidad y su deseo es que esta revuelta no hubiera acontecido nunca.

Hoy respiramos aliviadas de haber impedido que Kast y su programa antimujeres, antidisidencias sexuales y de género, antimigrantes y antipobres llegaran a ser gobierno; por haber asegurado el desarrollo del proceso constituyente; por haber constatado una vez más que cuando el pueblo hace suya una batalla la gana, pero sabemos bien que el combate al neofascismo no empieza ni termina en las urnas. Muy por el contrario, estamos recién comenzando. Sabemos también que han sido los partidos autodenominados de izquierda o de centroizquierda los que, con sus políticas de precarización, han allanado el camino a la emergencia de estas derechas extremas.

No será desde la subordinación a esos partidos, en nombre del mal menor o de la medida de lo posible, que podremos derrotar ya no solo electoral sino socialmente a esas derechas. Ante el actual vértice histórico, sigue estando a la orden del día la imprescindible tarea de afirmar desde los pueblos una alternativa propia, que emerja desde esa voz indelegable como ese deseo abierto por otra vida, esa que ya comenzamos a imaginar y escribir en multitudes.

Una tarea que desborda fronteras

Nos tomamos las palabras finales para transmitir un mensaje a compañeras, compañeres y compañeros de otras latitudes, especialmente de América Latina. Somos conscientes de la trascendencia internacional que tiene tanto este resultado electoral como el proceso constituyente en curso, librado en medio de un contexto de agudización de la crisis global del neoliberalismo depredador. Sabemos que este camino que han abierto los pueblos en revuelta compromete aspiraciones populares que atraviesan fronteras y que no basta con inscribirnos en la posición defensiva del «No pasarán», sino a la afirmación de una alternativa de transformación vital y urgente.

Queremos que sepan que, al menos desde un lugar del movimiento feminista en Chile, en cada paso dado nos han acompañado también las luchas y las lecciones —con sus aciertos y errores— de numerosos pueblos. Las luchas feministas en Polonia, España y Argentina que se alzaron en huelga, la lucha y resistencia a la extrema derecha negacionista del pueblo en Brasil, las protestas de Ecuador y Colombia, las revueltas de Hong Kong, El Líbano y Sudán. Es imposible enumerarlas todas. Y si hemos podido sumarnos aquí también a esta constelación de levantamientos, y si hemos podido derrotar en las urnas la alternativa neofascista, es porque hemos decidido deliberadamente dejarnos orientar y acompañar por esas experiencias. Nuestro deseo es que así como nosotras les seguimos mirando, hoy puedan acompañarnos para tomar lo que de esta experiencia colectiva sirva en este camino hacia esa vida que nos deben y que desafía las fronteras.

 

Este texto forma parte de la serie «Convención Constitucional 2022», una colaboración entre Jacobin América Latina y la Fundación Rosa Luxemburgo.

En Chile, un país golpeado tras décadas de neoliberalismo, hoy emerge un nuevo pueblo, que reclama el derecho a construir su destino con justicia y dignidad. Ese pueblo llegó para quedarse y para ser protagonista. Y esa es la mejor noticia que nos dejó la elección.

Escribe Pierina Ferretti en Jacobin América Latina

Un triunfo celebrado en Chile y en el mundo

La noche del domingo 19 de diciembre, ante cientos de miles de personas que desbordaban la principal arteria de Santiago y un país completo que seguía las noticias por la radio y la televisión, Gabriel Boric, el mismo joven que hace diez años había liderado las emblemáticas movilizaciones estudiantiles por la educación pública y gratuita, pronunciaba su discurso de victoria como presidente electo.

Esa noche, una verdadera fiesta popular se extendió por todo el Chile. Y no era para menos. Boric se convertía en el presidente más joven y más votado de la historia de la república y en el primer representante de una coalición de izquierdas en ganar las elecciones presidenciales desde que Salvador Allende lo hiciera en septiembre de 1970. Tras el shock que significó ver al ultraderechista José Antonio Kast con posibilidades de llegar a La Moneda, el contundente respaldo alcanzado por el candidato de Apruebo Dignidad en el balotaje se sintió como una bocanada de aire fresco tras semanas de tensión.

Pero las celebraciones traspasaron las fronteras nacionales. La elección de Gabriel Boric fue saludada por las izquierdas y los progresismos en todo el mundo como una victoria contra las regresiones conservadoras que se multiplican a lo largo y ancho de la geografía global. En un momento en que la resolución de la crisis capitalista se debate entre proyectos de recuperación democrática y reconstrucción de derechos sociales y alternativas de corte ultraconservador que intentan redisciplinar a la población atacando sobre todo a los movimientos que lideran las luchas emancipatorias, la victoria de Boric —y la de cualquier representante de fuerzas democráticas por sobre los grupos reaccionarios— adquiere relevancia estratégica.

En América Latina, además, el triunfo de la izquierda chilena refuerza la esperanza en el renacer un nuevo ciclo progresista tras la debacle de la «marea rosa» anterior. La elección de Boric, sumada a las de Andrés Manuel López Obrador en México (2018), Alberto Fernández en Argentina (2019), Luis Arce en Bolivia (2020), Pedro Castillo en Perú (2021) y Xiomara Castro en Honduras (2021), y a las posibles victorias de Gustavo Petro en Colombia y Lula da Silva en Brasil el próximo año, promete (con todos los límites de cada caso) una posible recomposición del progresismo continental.

La aparición de Boric en el escenario político latinoamericano ayudará a fortalecer el compromiso desde las izquierdas con la democracia, las libertades y los derechos humanos, preocupaciones que el nuevo presidente, heredero de la arraigada tradición del socialismo democrático chileno, ha sido enfático en marcar. En esta línea, debe recordarse que Boric, a diferencia de otros dirigentes de la izquierda chilena y regional, no ha vacilado en criticar abiertamente las derivas autoritarias de Daniel Ortega en Nicaragua y Nicolás Maduro en Venezuela o en apoyar las movilizaciones sucedidas en 2021 en Cuba, a pesar de la molestia que sus planteamientos han causado en sectores que se resisten a la crítica de estas experiencias.

La «generación 2011» llega a La Moneda

A nivel local, la victoria de Gabriel Boric es expresión de la maduración de fuerzas que se gestaron al calor de una de las luchas antineoliberales más relevantes de este periodo. El presidente electo, como parte de una camada de jóvenes líderes políticos (entre quienes destacan Giorgio Jackson y las militantes comunistas Camila Vallejo y Karol Cariola), se forjó en medio de la revuelta estudiantil del 2011, primera movilización con un contenido abiertamente antineoliberal que escaló nacionalmente y que logró fisurar la legitimidad del régimen. En ese entonces, la demanda por el derecho a una educación pública y gratuita, junto con la crítica al lucro de las empresas educativas, se convertía en un desafío explícito al núcleo del neoliberalismo: la mercantilización de aspectos centrales de la reproducción social y la ganancia empresarial subsidiada por el Estado.

Paralelamente, las élites políticas que habían administrado el modelo por décadas se desgastaban y una nueva generación comenzaba a emerger. La «generación 2011», como se la llama desde entonces, se fue constituyendo en oposición no solo a la derecha, sino también a la centroizquierda agrupada en la Concertación de Partidos por la Democracia, conglomerado que condujo el país tras la dictadura de Pinochet y que mantuvo una línea de continuidad y profundización de las políticas neoliberales, renunciando a los elementos básicos de cualquier programa socialdemócrata que se precie.

Los colectivos estudiantiles que protagonizaron las movilizaciones de ese periodo se fueron articulando en movimientos y agrupaciones que, con el paso de los años y atravesando numerosas dificultades, quiebres y reordenamientos, decantaron en la creación de nuevos partidos y del Frente Amplio como coalición. Estos grupos, en alianza con el Partido Comunista, que representa a la izquierda histórica, son la base de lo que hoy se conoce como Apruebo Dignidad, pacto que sostuvo la candidatura de Boric y que logró convertirse en una alternativa política independiente de la Concertación y desplazar a los partidos tradicionales en la conducción del Estado.

Las claves de la victoria

Gabriel Boric se impuso con un 55,9% de las preferencias, superando por casi un millón de votos a su contrincante. Una victoria contundente que, sin embargo, estuvo antecedida por el alarmante ascenso del ultraderechista José Antonio Kast, quien logró un inesperado crecimiento pasando al balotaje en primer lugar, y por el estancamiento del candidato de Apruebo Dignidad, quien tras meses de campaña y de liderar las encuestas obtuvo casi el mismo número de votos que los que su coalición había logrado movilizar en las primarias realizadas en julio.

Estos resultados golpearon a la izquierda, a los movimientos sociales y a todo el espectro de fuerzas democráticas. Parecía imposible que después de la revuelta popular, de la masiva emergencia feminista y en pleno proceso constituyente, un candidato de la derecha más extrema pudiera llegar a la presidencia de la república.

La gravedad del peligro produjo un intenso despliegue en las semanas que siguieron. En pocos días, todas las fuerzas democráticas del país se cuadraron detrás de la candidatura de Boric. Los partidos de la ex Concertación en pleno y algunos de sus líderes más representativos, como los expresidentes Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, expresaron su adhesión.

Al mismo tiempo, y desde el otro extremo del abanico, figuras emblemáticas del campo popular que emergieron en el proceso de la revuelta social y que se habían mostrado muy reticentes a vincularse con los partidos políticos, llamaron a votar por el candidato de la izquierda. Un hito clave en este sentido fue el respaldo que le entregaron la senadora electa Fabiola Campillai y el joven Gustavo Gatica, quienes son ampliamente respetados en el país por la dignidad con la que han llevado adelante su lucha por justicia y reparación tras haber quedado ciegos producto de la represión policial.

En esta misma línea, Boric recibió el respaldo de importantes líderes del movimiento indígena, como la machi Francisca Linconao, reconocida autoridad espiritual mapuche y actualmente convencional constituyente, y Elisa Loncón, dirigente mapuche y presidenta de la Convención Constitucional. También sumaron sus apoyos la inmensa mayoría de movimientos sociales, sindicatos, asociaciones gremiales y, en general, todos los sectores organizados de la sociedad. Al interior de estos movimientos debe destacarse el rol de las organizaciones feministas, que rápidamente desplegaron su poder de convocatoria y despliegue.

Sin embargo, lo más impresionante y crucial de las últimas semanas fue la activación autónoma e independiente de un sinnúmero de grupos autoconvocados de las más diversas composiciones: desde artistas a animalistas, de colectivos LGBTIQ+ a cristianos progresistas, asociaciones de vecinos, centros culturales, hinchas de fútbol y una lista interminable de grupos se autoorganizaron para hacer campaña. Cicletadas, conciertos, recitales poéticos, volanteos y puerta a puerta se multiplicaron por todo el país desbordando las acciones planificadas por el comando oficial de la candidatura.

Esta enorme movilización social mostró a un pueblo activo, comprometido con la defensa de los avances que ha alcanzado y dispuesto a hacer escuchar su voz. Ese pueblo, como lo mostró el despliegue autónomo de estas semanas, llegó para quedarse. Y en ello radica una de las mayores fuerzas de la sociedad chilena actual. La izquierda, o al menos una parte de ella, es consciente de que sin el apoyo activo de la sociedad es prácticamente imposible el avance del programa de reformas que se ha propuesto al país. Sabe que debe convocar a este pueblo que salió a protagonizar el proceso político. Una relación así entre política y sociedad, que Apruebo Dignidad hoy está llamada a ensayar, es la antítesis de la desmovilización que estratégicamente produjo la Concertación cuando tomó la conducción del Estado en 1990.

En términos de resultados electorales, la efectividad de la movilización social no deja espacio a la duda: la victoria de Gabriel Boric se sostuvo en un aumento significativo de la participación electoral en relación con la primera vuelta y en el voto de las mujeres menores de 50 años y de los barrios populares de la capital. Para el balotaje se pasó de un 43% de participación registrada en primera vuelta a un 55,6%, lo que equivale a 1,2 millones de votantes más. Boric pasó de obtener 1,8 millones de votos a 4,6, cifra ampliamente superior a la suma de todos los candidatos de centroizquierda e izquierda que, tras quedar en el camino, lo apoyaron en la segunda vuelta.

Asimismo, la información disponible muestra claramente que los incrementos más significativos en la participación electoral se dieron entre las mujeres y en las comunas populares de la capital del país, que un 68% de las mujeres menores de 30 años y un 56% de aquellas entre 30 y 50 dieron su voto a Gabriel Boric y que en los barrios populares de Santiago este candidato llegó a obtener un apoyo en algunos casos superior al 70%.

Las razones del aumento de la participación en estos segmentos pueden ser diversas, pero es posible esbozar algunas hipótesis. En el caso del contundente apoyo de las mujeres, es evidente el efecto político que ha provocado la emergencia feminista contemporánea en una porción muy amplia de la población. Las mujeres de Chile, más conscientes de sus derechos conquistados y más dispuestas a pelear por aquellos que todavía faltan, como el aborto libre, se activaron para evitar una regresión conservadora y fueron a votar masivamente.

Por otro lado, el amplio respaldo que la candidatura de Boric encontró en los barrios populares habla de la politización provocada por la revuelta social de octubre de 2019. Los barrios populares de la capital fueron protagonistas de la revuelta y sufrieron en carne propia la brutal represión policial: la inmensa mayoría de heridos y muertos pertenecen a los barrios populares de la región Metropolitana. Por lo tanto, no es arriesgado plantear que la experiencia politizadora de la revuelta y la memoria de la represión actuaron como un escudo ante el discurso de la derecha extrema, que no logró, en esta ocasión, concitar la adhesión masiva de estos sectores.

El desborde de las izquierdas

Con el triunfo de Boric, la izquierda chilena ha dado un paso fundamental en su consolidación como alternativa política, desplazando al duopolio Concertación-Derecha en la conducción del Estado. De eso no cabe duda. Sin embargo, en los diez años que han transcurrido desde las movilizaciones estudiantiles en las que esta generación se fraguó, nuevas luchas, nuevos actores y nuevas fuerzas han ido emergiendo en la sociedad chilena con altos niveles de autonomía en relación con la política existente, incluida la izquierda articulada en Apruebo Dignidad.

Entre estas fuerzas, la más potente ha sido el movimiento feminista. Desde el año 2018, con las protestas estudiantiles contra el acoso sexual en las universidades, ha crecido en su capacidad de convocatoria pero también —y esto es lo central— ha expandido una disposición de rebeldía y lucha en amplios sectores de la sociedad que van más allá de las mujeres y las disidencias sexuales. El feminismo en tanto movimiento organizado y en tanto sensibilidad o fuerza cultural ha sido uno de los factores determinantes de este ciclo de luchas, excediendo largamente a las izquierdas constituidas, pues una parte considerable del feminismo existe por fuera de la izquierda institucional (lo que no impide, por cierto, la articulación a distintos niveles, como se ha visto al interior de la Convención Constitucional y, sobre todo, como se pudo apreciar en la campaña de segunda vuelta, en la que el movimiento feminista apoyó sin vacilaciones al candidato de la izquierda y donde se realizaron significativos actos de unidad).

Las organizaciones socioambientales también han ido ganando terreno a nivel local y nacional con autonomía de las izquierdas. El peso del movimiento ambientalista al interior de la sociedad se puso de manifiesto en las elecciones de constituyentes, en las que un elevado número de dirigentes territoriales vinculados a las luchas contra el extractivismo y a la protección de los territorios llegó a la Convención, y, también, en la elección de Rodrigo Mundaca, líder de la lucha por el derecho humano al agua, como gobernador de la región de Valparaíso. Este movimiento, heterogéneo en sus organizaciones y escalas, ha logrado enraizarse en vastos territorios del país y constituye una fuerza en gran medida independiente de las izquierdas, si bien los vínculos y alianzas existen.

Por último, a partir de la revuelta popular, franjas del pueblo han comenzado a organizarse no solo por fuera de la izquierda política, sino también por fuera de los movimientos sociales más consolidados. La revuelta produjo un sinnúmero de experiencias colectivas, asambleas barriales y cabildos territoriales, y el proceso constituyente encontró a sectores del campo popular dispuestos a dar la disputa en forma autónoma y a levantar sus propios referentes en oposición a la política existente, incluida la izquierda. La mejor expresión de esa voluntad fue la Lista del Pueblo, que tuvo un tremendo éxito electoral en la Constituyente pero que fracasó en el objetivo de presentar una carta a la elección presidencial, para terminar quebrándose al poco tiempo. Otra experiencia de búsqueda de autonomía política y representación propia fue la candidatura senatorial de Fabiola Campillai, quien obtuvo una victoria arrasadora convirtiéndose en la senadora más votada del país.

Las fuerzas sociales en Chile se han complejizado. La izquierda agrupada en Apruebo Dignidad, si bien es la expresión más constituida políticamente, no hegemoniza al conjunto de sujetos que intervienen en el campo popular. Por lo mismo, tendrá que ensayar formas de vincularse, de dialogar e interlocutar con estos sectores sin buscar su subordinación.

Administrar o transformar

«No será fácil, no será rápido, pero nuestro compromiso es avanzar», señalaba Gabriel Boric hacia el final de su primer discurso como presidente electo, consciente de las dificultades que enfrentará para implementar su programa de gobierno. A las consecuencias económicas y sociales de la pandemia y a la reacción esperable de los poderes económicos que ven amenazados sus intereses, se añade un Congreso en el que la izquierda no tiene mayoría. Así las cosas, al próximo gobierno le costará lograr que sean aprobadas las reformas estructurales más emblemáticas de su programa, como la reforma tributaria, la reforma al sistema de pensiones y la reforma de salud. Esta situación, en un país que espera ver respuestas contundentes a problemáticas que llevan largas décadas arrastrándose, será un factor de inestabilidad. De hecho, no es descartable pensar que sea la presión popular sobre el Congreso el elemento que contribuya al avance de ciertos puntos críticos.

Por otro lado, Apruebo Dignidad tendrá el desafío de ser el gobierno de las transformaciones y no el de la administración de la crisis de la descompuesta política de la transición. Qué lugar tendrán cuadros de la ex Concertación en el gobierno, cuál será la relación con los movimientos sociales, qué tan amplias serán las posibilidades de participación social incidente son preguntas que quedan abiertas y que empezarán a responderse cuando el presidente electo nombre su primer gabinete.

Al interior de la coalición hay distintas posiciones, pero lo cierto es que Apruebo Dignidad necesitará ampliarse social y políticamente; y la dirección que tome esta ampliación será fundamental. Sin embargo, en lo que sí hay claridad es en la disposición favorable que tendrá el nuevo presidente hacia el trabajo de la Convención Constituyente. Gabriel Boric sabe que uno de los legados más importantes que puede dejar es que la nueva Constitución se apruebe durante su mandato y que su firma quede estampada en el texto que reemplazará aquel impuesto por la dictadura de Augusto Pinochet.

Por otro lado, la aprobación de una Constitución que se prevé tendrá una clara orientación antineoliberal le conviene directamente a su gobierno, pues será un impulso a las transformaciones estructurales propuestas en su programa y que encontrarán trabas en el Congreso. Una Constitución antineoliberal refrendada por el pueblo chileno y la posibilidad de que finalizado el proceso constituyente se realicen elecciones generales podría permitir, junto con una reelección de Boric, la conformación de un parlamento más favorable a las reformas. Pero estas hipótesis son solo posibilidades.

Más allá de las dificultades que le esperan al próximo gobierno, y más allá también de las tensiones y contradicciones que se observarán en la alianza que lo sostiene, en Chile celebramos que en esta segunda vuelta la sociedad haya dado una clara señal a favor de las transformaciones. Celebramos que las mujeres y los barrios populares le pusieron un freno a la ultraderecha. Celebramos que, después de cincuenta años, la izquierda vuelva a gobernar.

En un país golpeado tras décadas de neoliberalismo, hoy emerge un nuevo pueblo. Un pueblo que reclama el derecho a construir su destino con justicia y dignidad. Ese pueblo llegó para quedarse y para ser protagonista. Y esa es, a fin de cuentas, la mejor noticia que nos dejó esta elección.

 

Este texto forma parte de la serie «Convención Constitucional 2022», una colaboración entre Jacobin América Latina y la Fundación Rosa Luxemburgo.

Control y autogestión obrera desde La Comuna hasta el presente

Compilación y estudio de experiencias de control obrero a lo largo de todo el planeta. Debate teórico y experiencia práctica en defensa de una práctica obrera revolucionaria.

Desde los albores de la era industrial, la mejor y casi única arma de lxs trabajadorxs en la defensa de sus intereses ha sido la acción colectiva. Gracias a ella, a lo largo del último siglo y medio y en prácticamente toda la geografía del planeta se han repetido experiencias de ocupación de fábricas, constitución de consejos obreros y democratización de los centros de trabajo.

A lo largo de este volumen documentaremos algunas de esas experiencias. Expondremos primero el debate teórico que las ha acompañado para sumergirnos enseguida en luchas desarrolladas tanto en sociedades capitalistas como bajo formas de socialismo de Estado. Desde finales del siglo XIX hasta las primeras décadas del XXI recorreremos diferentes manifestaciones de un movimiento que hasta el momento no ha recibido la atención que merece. Nuestro objetivo está claro: ofrecer material para el debate entre lxs militantes sobre la potencialidad de las estrategias de no delegación y de gestión directa de los medios de producción. Porque en última instancia, creemos que sólo sobre esas bases podremos construir formas nuevas, inéditas, de democracia obrera.

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«Poder obrero trae la memoria –larga y corta– de experimentos de control obrero y gestión obrera, de democracia obrera, de base, directa; de formas de estructurar la autogestión y el autogobierno popular. Formas no mediatizadas, no delegativas, no centralizadas, no coercitivas, colectivistas, deliberativas; reacias a la hipóstasis y la fetichización. (…) Formas encarnadas, según las diferentes épocas y latitudes, en una panoplia de consejos (comunistas, de fábrica, obreros, de trabajadoras y trabajadores, campesinos, comunales, etc.), comités de base, repúblicas de consejos, cooperativas, empresas recuperadas por sus trabajadoras y trabajadores, asambleas, coordinadoras interfabriles, comandos comunales, cordones industriales, milicias populares, etcétera.

(…)

Los experimentos rescatados en Poder obrero reclaman ser juzgados con criterios diferentes a los del éxito/fracaso porque son experimentos que valen en sí mismos, más allá de sus consecuencias inmediatas. Valen como momentos de recuperación, por parte de nosotras y nosotros –el proletariado extenso–, del mundo que construimos y nos arrebatan. Momentos de recuperación de las fuerzas alienadas. Valen como espacios concretos de autoliberación política y económica. Valen como refutación práctica del poder y el deseo de las clases dominantes, como delimitación concreta del poder estatal. Allí radica su innegable ventaja. A pesar de sus limitaciones, estos experimentos son los únicos que ofrecen alternativas concretas a la explotación capitalista y a la dominación burguesa.

(…)

Una invitación a reconocer y valorar el sentido más recóndito de las contra-sociedades creadas por las clases subalternas y oprimidas.»

Del Prólogo de Miguel Mazzeo

Editado junto a Editorial El Colectivo

En los últimos años la economía popular ha incrementado su presencia social, institucional, intelectual y académica. Esta presencia se puede correlacionar con unos niveles de reconocimiento relativamente importantes. Esto presenta aspectos positivos y negativos. Los positivos se relacionan con la visibilidad (y proyección) social del universo de la economía popular. Los negativos se relacionan con los sistemas de reciprocidades asimétricas, con las lógicas que, desde el Estado o el mercado, tienden a la integración subordinada de la economía popular.

La economía popular remite a un universo prácticamente inabarcable compuesto de experiencias y dinámicas muy variadas. La heterogeneidad es uno de sus signos más característicos. La pregunta sobre la economía popular es una pregunta por lo realmente existente pero también por el poder ser y por el deber ser, por el acto y la potencia, por la presencia y la latencia. De esta manera, todo relato sobre la economía popular está obligado a las definiciones mínimas, a los esfuerzos por delimitar (analítica y políticamente) un campo. Como las definiciones y la delimitación crean sentido, el campo de la economía popular deviene un campo de disputa que, en última instancia, es política.

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En articulación con Diario Tiempo Argentino (Argentina), Semanario Brecha (Uruguay) y la Gráfica del Pueblo, saldrá a la luz en las dos orillas del Río de La Plata “La Maravillosa”; un cuento para las infancias libres inspirado en Rosa Luxemburgo. Como parte de la celebración del aniversario 150 de su nacimiento creamos este libro encantado, escrito con la pluma de Ana Iniesta e ilustrado con las tintas de Daniela Beracochea.
Además, presentamos este hermoso audiocuento pensado para les más chiquites, para quienes tienen más despierta la oreja que el ojo y para que su escuha acompañe juegos, dibujos, armado de torres o la escena que cada niñe quiera crear.

Texto y voz: Ana Iniesta

Música original y producción: Facundo Bainat

Tema final: La Luz, de Ana Iniesta

El informe recoge aportes de distintos sectores de la sociedad civil, militantes e integrantes de la academia que expresan los nudos, desafíos y avances en materia de derechos humanos. Se busca comunicar y difundir a través de una labor sostenida la efectiva materialización de los derechos humanos, a partir del monitoreo sobre el cumplimiento de las obligaciones que tiene el Estado al respecto. Realizado junto a Serpaj Uruguay. 

 

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MARCHA atrás es una publicación que realizamos junto a la Casa Bertolt Brecht, en el intento de visibilizar algunos de los principales retrocesos del Uruguay de hoy en término de derechos humanos.


Primera edición.

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Segunda edición.


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Tercera edición

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Cuarta edición

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Quinta edición

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Sexta edición

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Junto a la Casa Bertolt Brecht les presentamos una nueva propuesta, que toma el juego en el entorno virtual como medio para abordar temas en materia de derechos humanos.
Les invitamos a participar del ciclo de Trivias Virtuales, para poner en juego nuestro conocimiento acerca de diversos temas que tocan la realidad del Uruguay.

Todos los juegos se basan en artículos y publicaciones de la CBB.

En estas cuatro Trivias les invitamos a jugar con datos de la realidad vinculados al sistema penal adolescente:

Trivia #1

Trivia #2

Trivia #3

Trivia #4

 

Nos sumamos a la 26° Marcha del Silencio con estas tres Trivias que pretenden contribuir a la construcción de memoria:

Trivia #5

Trivia #6

Trivia #7

 

En el marco de la campaña de recolección de firmas para habilitar el referéndum de la Ley de Urgente Consideración, presentamos estas Trivias como aporte al debate:

Trivia #8

Trivia #9

Trivia #10

Trivia #11

 

En esta Trivia les invitamos a jugar con datos de la realidad vinculados a los recortes en Políticas Sociales.

Trivia #12

¿Cuánto sabés sobre el Presupuesto Nacional del actual período de Gobierno? Te invitamos a descubrirlo jugando esta Trivia:

Trivia #13

 

Cerramos el ciclo de Trivias 2021 preguntándonos ¿Quién lo dijo?

Trivia #14

¡A jugar!

Escribe: Camila Parodi
Fotos: Lucía Fernández

El domingo 19 de diciembre, en el marco del aniversario número 20 de la rebelión popular del 2001 en Argentina, organizaciones sociales, referentes y medios populares se reunieron en la Plaza de los dos Congresos bajo la consigna: “Seguimos en las calles”. En ese contexto, se realizaron conversatorios e intercambios entre diferentes experiencias de lucha y resistencia, intervenciones artístico-culturales, feria de libros y un festival.

Desde la Oficina Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo, acompañamos las Jornadas 19 y 20, un espacio colectivo para recuperar el significado histórico de la lucha popular de nuestro pueblo. El 2001 no fue solo crisis, hambre y saqueos: el 2001 representó también un despertar político y una escuela de lucha de masas que aún nutre nuestras trayectorias políticas.

 

 

En ese marco, participamos del conversatorio de Derechos Humanos “20 años de lucha frente a la continuidad represiva estatal” con una intervención sobre el proyecto de archivo e investigación Memoria en Territorio, un trabajo colectivo que hace de la memoria un proceso vivo y situado frente a los grandes relatos hegemónicos que narran los alcances del neoliberalismo y su consolidación.


Memoria en Territorio, es una propuesta que «construye el presente y alumbra el futuro» como explicó la coordinadora del proyecto, Ana María Vásquez Duplat, en el conversatorio.  A través de este trabajo de investigación, nos proponemos analizar los acontecimientos históricos y la producción de memoria “desde la trenza que une capitalismo, patriarcado, colonialismo, punitivismo y represión popular pensando en continuidades pero reconociendo los quiebres” explicó.

En esta ocasión, en representación del proyecto colectivo, Duplat se propuso hacer un repaso por los diferentes territorios que recorre la investigación y presentó el último capítulo “Bajen las armas” que pone la lupa en la rebelión del 2001 y, particularmente, en la ciudad de Rosario. Solo en la provincia de Santa Fe, las fuerzas represivas asesinaron a 9 personas.  Una de ellas fue Claudio “Pocho” Lepratti, militante y educador popular del barrio Ludueña, una historia de vida  de lucha y organización por una vida digna para el pueblo.

Para Duplat “el lugar de las luchas populares en Argentina alumbraron a otras luchas en el continente”. En ese sentido, explicó cómo impactó, por ejemplo, la experiencia de la lucha piquetera, el movimiento cooperativo, las experiencias de organización autogestivas y autónomas, los comedores populares y las ollas populares en otros procesos de latinoamérica. Y sostuvo que hacer memoria desde la propuesta de Memoria en Territorio “es  volver a esos orígenes de lucha (…) es volver a esos territorios y ver las huellas que dejaron en nuestros cuerpos.”

Conoce más del último capítulo “Bajen las armas” en el sitio Memoria en Territorio.

El sábado 11 de diciembre, en nuestra oficina en Buenos Aires, se llevó adelante el último encuentro del año del proyecto “Feminismo y sindicalismo”, a cargo de Jimena Frankel, Julia Campos y Mariana Campos, del Observatorio del Derecho Social de la CTAA; proyecto que se enmarca dentro de la línea de trabajo “Feminismo global” de la Fundación.

El objetivo del proyecto es visibilizar cuáles son los obstáculos que enfrentan las trabajadoras para participar en la vida gremial pero también las diferentes estrategias y acciones que despliegan para fomentar la participación de otras compañeras. Del resultado de 22 entrevistas a más de 40 dirigentes, delegadas y trabajadoras de distintos sindicatos tanto del ámbito público como del privado, se identificaron como principales obstáculos: el cupo/ingreso a determinados puestos y/o sectores de trabajo, la gestión de los cuidados y la violencia en el trabajo y en las propias organizaciones. Algunas de las acciones para contrarrestar estos impedimentos son: licencia por cuidados y por situaciones de violencias; protocolos, comisiones de mujeres; campañas de difusión; articulación con otras organizaciones; formaciones; créditos horarios; delegadas de géneros, etc.

A lo largo del segundo semestre se realizaron talleres para trabajar puntualmente sobre cada uno de los obstáculos y en este último encuentro se realizó una planificación colectiva sobre las acciones a desarrollar el año que viene. Así, quedó planteada la necesidad de volverse a encontrar de forma presencial para continuar con el intercambio sobre las distintas problemáticas de cada uno de los sectores, avanzar en la realización de campañas de sindicalización, además de la elaboración de una “caja de herramientas” que permita cristalizar todas las experiencias desarrolladas para fomentar la participación de las trabajadoras en los sindicatos.

El encuentro contó con la participación de más de treinta trabajadoras de los siguientes sectores: educación, poder judicial, energía eléctrica, administración pública, industria naval, energía atómica, casas particulares, guardavidas, industria aceitera, industria pastelera, y transporte de pasajeros. Varias de las compañeras que participaron pertenecen a organizaciones de la CTA Autónoma: ATE Nacional, ATE -ARS- (Astillero Río Santiago), ATE -CNEA- (Comisión Nacional de Energía Atómica), ATE Rosario, CONADU Histórica y los Sindicatos de Casas Particulares de Entre Ríos, Río Cuarto y San Juan.

La importancia de este encuentro, según Clarisa Gambera (titular del Departamento de Género de ATE Nacional) resulta de la posibilidad de “encontrarnos para compartir experiencias concretas en cada uno de los sindicatos, darnos cuenta que hay cosas que nos pasan en común y a partir de esto esbozar estrategias, respuestas posibles. Los feminismos populares tienen que ser con las trabajadoras y ellas son parte de las organizaciones sindicales, entonces las organizaciones sindicales que vienen con cierto retraso respecto de los debates que cuestionan el orden con el que fueron fundadas, un orden masculinizado, patriarcal, machista, deben revisarse porque esas mujeres, que venimos impulsando el movimiento de mujeres, el movimiento feminista, hoy somos parte de estas organziaciones y cada vez ocupamos lugares con mayor responsabilidad, no todavía los lugares de incidencia que nos merecemos por nuestros recorridos o por la cantidad que somos en cada uno de los sindicatos.”

Por su parte, Carolina Antognini, Delegada de sector y miembro de la Junta Interna de ATE Astillero Río Santiago sostuvo que “Estos espacios de intercambio de experiencias son necesarios ya que nos enriquecen, nos permiten conocer los avances, y si bien cada lugar es particular y tiene su propia dinámica, aprendemos de otras experiencias. Las mujeres venimos avanzando en el ámbito gremial, no sólo en ocupar lugares sino también en la toma de decisiones y la elaboración de propuestas que nos permitan avanzar en lo concreto al conjunto de las trabajadoras”.

Para las trabajadoras de casas particulares también resultó una experiencia significativa. Stella Maris Salazar, Secretaria General del Sindicato de Casas Particulares de San Juan (SINDECAF) indicó que “fue una convocatoria muy importante donde escuchamos y vimos que cada mujer en cada sindicato estamos abriendo puertas. Creo que hoy por hoy las mujeres no estamos solas, estamos unidas entre todas y así vamos a sacar este país adelante”. Irina Muñoz, Secretaria de Asuntos Laborales del Sindicato de Empleadas de Casa de Familia de Entre Ríos (SECFER) destacó la riqueza de la actividad para conocer otras experiencias, además explicitó que “fueron muy interesantes los ejes: el cuidado que fue uno de los temas que más hablamos, la necesidad de lugares de cuidados no sólo para poder seguir trabajando sino para poder militar, seguir formándonos. También estuvo presente el tema de la violencia laboral, cuestión que muchas veces naturalizamos y es necesario trabajar tanto hacia adentro como hacia afuera de los sindicatos para poder crear fuertes lazos y nuevas estrategias”. Sofía Navarro, Secretaria General de la Asociación Personal de Casas de Familia de Río Cuarto (APECAF) por su parte cuestionó frente a las experiencias que se fueron volcando, “¿cómo puede ser que todavía haya tantos lugares por ocupar, tantas peleas que dar, no? En el siglo XXI estamos peleando por cuestiones que parecen obvias, por lo menos para nosotras“.

María Virginia Moscarda, Delegada CIOT por ATE CNEA expresó que el espacio de intercambio permite también socializar estrategias que puedan implementarse o pensarse en otros sectores. En este sentido, expresó que, “Pudimos contar, entre otras cosas, la elaboración que realizamos desde los colectivos de mujeres de CNEA del protocolo de atención de situaciones violencia de género, como lo llevamos adelante, y cuáles son los desafíos actuales. También hablamos de las áreas feminizadas o masculinizadas de nuestro trabajo, del porqué y de las tareas de cuidado, que fue todo un desafío durante el período de la pandemia”.

La conclusión común refirió a que aún queda mucho camino por recorrer, muchas alianzas que construir. En palabras de Laura Kniznik, Directora de Géneros y Diversidad Sexual de CONADUH, “Hemos compartido cuán necesaria es la unidad, la articulación y este entramado poderoso que las mujeres, diversidades y mujeres sindicales hemos podido construir en los últimos años en Argentina. Pero a la vez es necesario dar una vuelta de tuerca para poder afianzarnos para poder tener más fuerza porque necesitamos disputar el poder para dar vuelta la correlación de fuerzas en el sindicalismo argentino». Por su parte, Lorena Almiron, Secretaria General de ATE Rosario sintetizó, “El encuentro fue muy interesante, es necesario replicarlo en otros lugares. Vemos que unidas, dejando de lado las diferencias, podemos articular colectivamente acciones que construyan espacios sin violencia. Es importante construir poder, lograr aumentar la participación y afiliación de más mujeres. No hay derechos de las mujeres y diversidades que se puedan garantizar sin sindicalismo y sin feminismo”.

“Salir de nuestro sector para poder hablar con otros”; (Irina), “Seguir luchando por más derechos, por más conquistas sociales”; (Stella), “Estas instancias nos fortalecen y nos llenan de la experiencia y el empuje necesario para seguir avanzando en unidad por este camino”, (Carolina);“Los sindicatos tienen que repensar la participación de las mujeres y por qué hay compañeras trabajadoras del colectivo disidente que no están, qué pasa que el trabajo informal no está, qué pasa que determinados trabajos no se ven, qué pasa que las compañeras con personas a cargo no pueden estar, por qué muchas trabajadoras eligen otros espacios de militancia, eso también es una pregunta a hacerse, para que los sindicatos puedan crecer. Si creemos en la herramienta para la clase hay que lograr una herramienta que pueda abrazar a la clase en su conjunto, y hoy la clase es con nosotras y nosotres” (Clarisa).

Accedé al informe completo de “Feminismos y sindicalismo”: https://rosalux-ba.org/2021/09/21/informe-estrategias-y-mecanismos-para-fomentar-la-participacion-gremial-de-las-trabajadoras/