La lucha contra las violencias por razones de género en Alemania

Por Marta Dillon

Si al principio fueron los ecos de la marea feminista que agitaba territorios lejanos para la ciudad de Leipzig los que empezaron a empujar la idea de que era necesario poner en la agenda pública la violencia por razones de género, terminó siendo un femicidio muy cercano lo que movilizó las voluntades para que keinemehr se convirtiera en una consigna común y en un plan de acción para hacer visible lo que, evidentemente, no se puede ocultar.

La traducción literal de keinemehr es Ni Una Más, el modo en que el idioma alemán permitió apropiarse de la consigna Ni Una Menos. En Berlín como en Leipzig, grupos con ese nombre venían organizándose para, en principio, recuperar datos sobre femicidios de los registros policiales desde el año 2011, ya que recién desde esa fecha se comienzan a separar los homicidios según la relación entre la víctima y el delincuente. Pero cuando Myriam fue asesinada, en un parque público y frente a su hijo en 2020, keinemehr dejó de ser la traducción de otra experiencia para convertirse en pintada y grito común en Leipzig, una ciudad industrial al este de Alemania de 600 mil habitantes.

“Somos un grupo, pero queremos convertirnos en un movimiento”, dice Merle Dyroff, feminista y una de les aproximadamente 40 mil estudiantes universitaries de Leipzig. “Desde 2017 venimos conectándonos con el movimiento que comenzó en Argentina y también con feministas de México donde la lucha contra la violencia contra las mujeres es fuerte. Nosotras no sabíamos nada sobre la palabra femicidio o feminicidio, no estaba en el lenguaje y tampoco la problematizábamos. Pero a partir de la recopilación de datos de pronto te das cuenta de que cada tres días una mujer es asesinada en Alemania a manos de una pareja o ex pareja. Y todos los días un hombre intenta matar a su mujer. Esos son los números que tenemos.”

La imagen de la marea, capaz de agitar cuerpos que casi no se tocan, como la luna agita las aguas de los océanos, es prácticamente literal en el recorrido de Merle Dyroff. “Yo estuve en Italia en 2017 y tomé contacto con compañeras de Non Una di Meno, que a la vez estaban conectadas con Argentina y el movimiento Ni Una Menos. Me impresionó la organización de las italianas, la calidad del trabajo juntas para elaborar propuestas y la construcción de un movimiento. Porque aquí en Alemania la violencia por razones de género no era un tema, como si aquí no la hubiera. Lo que notaba en mi país es que hay mucha segregación en el movimiento feminista. La primera pregunta era cómo saldar las disputas entre nosotras o al menos cómo trabajar juntas a pesar de esas disputas, entender que no somos enemigas y que sí hay enemigos como las fuerzas conservadoras y los femicidas. Parecía simple en Italia”.

Merle tomó contacto con keinemehr en Berlín, “sentí que eran muy poquitas, pero a la vez estaba la iniciativa de juntar más gente y también de contactar a las trabajadoras de refugios, por ejemplo. Aquí en Leipzig tenemos tres refugios. Keinemehr asume la tarea de recopilar información y de conectar a distintas actoras. Entonces pensamos en empezar algo así en nuestra ciudad, construir una voluntad común para poder actuar, convertirnos en sujeto. Hay muy poca conciencia del problema y esa es nuestra meta, crear conciencia y empezar la lucha para convertirnos en movimiento. Y lo cierto es que el movimiento y el tema de la violencia en sí está creciendo.”

Una interpelación directa

El femicidio de Myriam fue como un golpe en la cara para Merle y el grupo que empezaba a juntarse. Y no sólo porque la mujer fue golpeada en público y con su hijito de testigo, también porque el perpetrador era un hombre de izquierda que frecuentaba los centros de ayuda para migrantes y colaboraba en tareas comunitarias como el reparto de comida. Aun cuando se sabe que la violencia machista no es ejecutada por tipos distintos de los propios compañeros de trabajo, de estudio, de militancia, esa evidencia de lo siniestro, de lo que no se había podido evitar aun teniéndolo tan cerca fue shockeante para Merle y su grupo. Entonces, la intención de formar un grupo y ligarse a través del nombre con el movimiento internacional se transformó en reuniones, en escritos colectivos enviados a la prensa para evitar la culpabilización sobre la víctima y el morbo con el que fue tratado el femicidio en los medios. Merle lo evalúa esa declaración pública como un triunfo. No sólo porque los diarios locales se vieron en la obligación de hacer lugar al requerimiento sino porque también empezaron a usar la palabra “femicidio” que nunca antes habían usado.

“Para nosotras fue importante aportar una voz colectiva y que los medios se retracten de su tratamiento. Pero lo mejor fue accionar. Se organizó una manifestación en la que participamos más de cien personas, que es un número importante para esta ciudad. Y construimos un memorial en el mismo lugar en que Myriam fue asesinada, donde escribimos también una declaración colectiva. El lugar ya había sido intervenido con velas y flores y en algunas paredes aledañas hubo pintadas con la leyenda keinemehr y no las habíamos hecho nosotras. Esto nos da la pauta de lo importante que es conectarnos a través de una consigna común, incluso internacionalmente”, dice Merle.

Ese primer memorial fue destruido. Merle Dyroff no sabe por quienes, aunque puede suponer que son movimientos de la derecha. “Yo crecí en Bavaria, al sur del país, una zona muy conservadora donde tampoco hay tradición de feminismos, no tenemos vínculos con personas que hayan militado antes en el feminismo. Aquí en Leipzig es distinto porque la tradición socialista sí los incluía y se puede dar un diálogo intergeneracional. En las marchas que hicimos no hubo enfrentamientos con hombres de derecha, sin embargo ¿quiénes más podrían ser? De cualquier modo, lo reconstruimos”.

 

Memorial de keinemehr: «Conmemoramos a Myriam Z., que fue asesinada por su ex pareja en el bosque de Leipzig el 08.04.2020. Eso se llama femicidio». Foto: keinemehr Leipzig

 

Desde keinemehr Leipzig también acompañaron algunas jornadas del juicio contra el agresor, aunque la familia de Myriam rechazaba el discurso feminista. “Aquí no tenemos abogadas que puedan acompañar la causa, pero en otros lugares, como en Berlín, sí hay grupos que están cuestionando la manera en que se juzga a los agresores. Porque en la Justicia se les suele bajar la pena considerando que actuaron bajo emoción violenta, negando la estructura social de este tipo de hechos. Por otra parte, hay bastante racismo cuando se aborda la problemática en poblaciones migrantes. Se sigue hablando de crímenes de honor y estos crímenes, aunque siguen figurando en nuestro Código Penal, se los atribuyen solo a los musulmanes, lo que es problemático porque queda la impronta de que la violencia por razones de género no es asunto de personas blancas. Por eso para nosotres es fundamental hacer vínculos con los grupos de activistas migrantes que de hecho marcharon con nosotres en Leipzig”.

Aborto: ni del todo legal, ni del todo libre

“En Alemania no es legal abortar, pero tampoco es ilegal”, dice Merle Dyroff para poner sobre la mesa otro de los temas de la agenda feminista de keinemehr. ¿Y de qué se trata este trabalenguas? “Sigue existiendo un párrafo en el Código Penal que condena el aborto, un párrafo de los años ’30, pero a la vez hay un agregado que dice que no se puede penar a quien se realice un aborto. Por lo tanto, es ilegal pero no te pueden penar”.

–¿Es sencillo para cualquiera, con esta contradicción, realizarse un aborto?

–Bueno, es posible acceder, aunque hay que pagar. Además, cuando decidís practicarte un aborto, aun antes de ver a un médico o médica, hay que pasar por una consulta previa con el servicio social de donde te atiendas y contestar algunas preguntas sobre las razones de ese aborto y si estás segura o no. Pasados dos días de esa consulta y si no cambiaste de opinión, te dan un papel para que puedas pedir la cita médica y más tarde comprar las pastillas.

–¿Son costosos los medicamentos para abortar?

–Y sí, son caros. Entre 300 y 500 euros según dónde vivas. Muchas mujeres viajan desde Europa del Este para practicarse abortos aquí por las restricciones que tienen en sus países, especialmente en Polonia. Para esas mujeres se suele hacer colectas desde grupos feministas porque hay que sumar al costo de las pastillas también el viaje y termina siendo mucho dinero.

–¿Los médicos o médicas pueden hacer estas prácticas en cualquier institución, no hay objetores de conciencia?

–No, no lo hacen en todos lados y el problema más grave es que no podés saber quiénes sí y quienes no practican abortos hasta no llegar a la consulta porque les profesionales no pueden anunciarlo. Hemos tenido una médica criminalizada por poner en un aviso, entre las prácticas que realiza, que también atendía interrupciones voluntarias del embarazo. Con lo cual se cumple con la contradicción legal también en la práctica. Tanto por la consulta previa que puede ser culpabilizante o no según donde toca como por la desinformación.

–Garantizar el acceso al aborto puede ser un buen punto de encuentro entre grupos feministas, para activar juntes.

–Sí, el problema que tenemos, y creo que no es sólo en Leipzig es que el movimiento feminista está atravesado por muchas diferencias irreconciliables: entre quienes no consideran a las personas trans como parte del movimiento y quienes sí las consideramos, por ejemplo. Pero también tenemos un feminismo bastante blanco y homogéneo dentro de las universidades al que le cuesta entender las asociaciones necesarias con otros movimientos. Y por otro lado, también, una falta de percepción de que la violencia por razones de género no ha terminado para nadie. Es posible que acá no tengamos la percepción del miedo al volver a la noche tarde a casa, como lo describían las mexicanas, pero todavía tenemos más cargas de tareas de cuidado no remuneradas que no se perciben como un problema tampoco. Cuando quisimos sumarnos a la huelga feminista del 8 de marzo hubo un largo silencio cuando quisimos enumerar las razones por las cuales parar. Nuestra tarea principal ahora, además de recopilar datos, es generar conciencia entre nosotres. Porque los problemas están y también la voluntad de construir un movimiento.

Ponemos a disposición del debate público la investigación Orígenes socioeconómicos y trayectorias políticas en la Convención Constitucional chilena, realizada por la Fundación Nodo XXI con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo – Oficina Cono Sur.

El estudio desarrollado por Sebastián Caviedes y Fernando Carvallo, investigadores de nuestra Fundación, tiene por objeto contribuir a una mejor comprensión de las y los actores que integran la Convención Constitucional y los intereses sociales que estos representan. Para ello, se realizó una exhaustiva caracterización de las y los convencionales en términos de su ubicación en la estructura socioeconómica y de sus trayectorias políticas.

A lo largo de tres capítulos, la investigación muestra que, a diferencia de otros poderes del Estado y del panorama que ha predominado en los últimos 30 años en la política tradicional, la Convención Constitucional tiene una composición social muy similar a la realidad del país. Un 75% de sus integrantes posee un patrimonio personal bajo o declara no poseer bienes, un 50% proviene de sectores populares y un 37% de sectores medios.

Además, el estudio revela que, si bien la mayoría de las y los convencionales participa por primera vez en política institucional, casi dos tercios provienen de las luchas sociales contra la privatización y la mercantilización neoliberal que han emergido con fuerza en el Chile contemporáneo. La mayoría de las y los representantes son personas politizadas y movilizadas, en muchos casos con larga experiencia en la lucha social desde diversas trincheras (socioambiental, educacional, sanitaria, feminista, gremial, ideológica, entre otras), por lo que se puede afirmar que la Convención Constitucional está compuesta mayoritariamente por luchadoras y luchadores sociales que representan las causas y conflictos fundamentales de la sociedad chilena.

El estudio concluye con la hipótesis de que la Convención Constitucional puede ser el laboratorio de formación de una nueva cultura política, que supere el carácter elitario y excluyente de la política de la transición, y de articulación de un nuevo bloque histórico, compuesto por diversas fuerzas sociales y políticas que, en su heterogeneidad irreductible, puedan empujar las profundas transformaciones que demandan los pueblos de Chile.

Pueden descargarlo aquí. 

La Fundación Rosa Luxemburgo y el Instituto Superior de Tiempo Libre y Recreación se encontraron para conmemorar su obra a 100 años de su nacimiento, produciendo una serie de podcasts para reflexionar sobre la dimensión de su obra en las luchas y experiencias en el país.

En esta serie de 5 episodios recuperamos el legado de Paulo Freire, a partir de relatos y experiencias de educación y comunicación popular, principalmente en el campo; para reconstruir la historia de la militancia, las luchas rurales y la agroecología como horizonte de transformación, que se extienden desde los años 60 hasta nuestros días.

¿Cómo puede el pensamiento de Paulo Freire ayudarnos a reflexionar sobre los retos del mundo actual? ¿Qué hay de Freire en los lugares que no se habla de él? ¿Qué hay de Freire en nuestras luchas? Es una producción de la Fundación Rosa Luxemburgo y el Instituto de Tiempo Libre y Recreación.

Todos los episodios se pueden encontrar en Anchor FM, SpotifyYouTube

 


EP:01 “Educadores y educadoras del campo”

Las Ligas campesinas, el Movimiento Agrario de Misiones, las escuelas de radio, la campaña de alfabetización CREAR en la provincia de La Rioja, o el trabajo de INCUPO en el norte argentino, son algunas de las experiencias que surgieron en Latinoamérica a partir de la teología de la liberación, y que se profundizaron en las décadas del 70′ y 80′ , tras la publicación del libro de Paulo Freire: Pedagogía del oprimido. Obra que acompañó, desde la educación, a los procesos emancipatorios, a los movimientos políticos anti colonialistas y a las luchas anticapitalistas del continente. La pedagogía de Freire sin dudas revolucionó la forma de pensar y construir la educación, y en este primer encuentro, Claudia Korol, Ricardo Antoniow y Azucena de la Fuente entrelazan sus voces y dialogan sobre este tema.

Entrevistas, guión y realización:
Agustina Gallo
Laura Martín
Leandro Matías Rauschmayr
María Luján Olmedo

Ilustraciones:
Johanna Adamo


EP:02 “La dimensión pedagógica y comunitaria de la agroecología”

La Agroecología es una ciencia, práctica y movimiento social, y a la vez, es una estrategia política de transformación de las formas de producir y consumir. En este episodio, Delina Puma, Raúl Aramendy, Gerardo Segovia y Marcela Bobatto nos acercarán al mundo que concibe la producción de alimentos de otra forma y los espacios en los que la educación popular y la agroecología se encuentran, y se retroalimentan.

Entrevistas, guión y realización:
Agustina Gallo
Laura Martín
Leandro Matías Rauschmayr
María Luján Olmedo

Ilustraciones:
Johanna Adamo


EP:03 “Escuelas de Ciudadanía y Formación de dirigentes”

Las Escuelas de Ciudadanía se constituyeron como espacios de formación de formadores, con el fin de generar herramientas, fortalecer los debates democráticos y generar espacios de reflexión y acción participativa. Tienen un pasado, un presente y ¿por qué no? un futuro por delante. En este episodio, María Luz Presa, Nestor Borri y Claudia Korol, reflexionan sobre estas y otras experiencias de educación popular y nos acercan a la pedagogía de la resistencia.

Entrevistas, guión y realización:
Agustina Gallo
Laura Martín
Leandro Matías Rauschmayr
María Luján Olmedo

Ilustraciones:
Johanna Adamo


EP:04 “El movimiento como sujeto educativo en la lucha por la tierra”
La lucha por el acceso a la tierra visibiliza su concentración en manos de unos pocos y  reclama que la tierra le pertenece a quienes la trabajan y producen en ella. Pero, ¿cómo se da esta disputa? ¿Qué efectos tienen los procesos de formación en la conquista de derechos? ¿Cuáles son las experiencias que permiten pensar un futuro diferente? En este episodio escucharemos los relatos de Marca Greco, Delina Puma y Wilmar Vaz para reflexionar acerca de cuál es el lugar que ocupa la educación popular, en las luchas por la liberación y la dignidad humana.


EP:05 “Comunicadoras y comunicadores del campo”

En Latinoamérica, las radios populares surgieron a partir de la necesidad de alfabetizar a las poblaciones más pobres de la región, pero también, a lo largo de su desarrollo acompañaron procesos revolucionarios, como el de Cuba, y fueron el espacio para voces críticas en épocas de clandestinidad en diferentes países de la región. La teología de la liberación, la pedagogía freiriana y la teoría de la dependencia impactaron en diferentes ámbitos de la vida, y la comunicación no quedó fuera de este proceso. En este último episodio Diego Jaimes, Shirley Rousiot y Esther Migueles alzan sus voces para compartirnos reflexiones sobre la comunicación popular y comunitaria.

 

En las últimas décadas se consolidó en Argentina un modelo económico basado en el extractivismo. En paralelo, se fueron gestando resistencias populares que le dicen no al sacrificio de la vida y el entorno para que los beneficios se los lleven unos pocos. ¿Y el periodismo? Pautas publicitarias millonarias, compromisos políticos y desprecio por las voces de los territorios confluyen para que los conflictos socioambientales queden tapados o relegados a segundo plano.

En ese contexto, tanto la ética de trabajadores y trabajadoras de prensa de medios públicos y privados como la labor esforzada de comunicadores y comunicadoras de medios populares, permiten echar luz sobre una agenda urgente que se replica de norte a sur y de este a oeste de la Argentina.

En este ciclo de podcast sobre extractivismo, resistencias populares y el rol del periodismo damos cuenta de los conflictos socioambientales que explican el presente y permiten anticipar el futuro argentino.

 

 

EP:01 La lucha de Andalgalá contra la megaminería y los medios

Primer episodio de este podcast sobre extractivismo, resistencias populares y el rol del periodismo para dar cuenta de los conflictos socioambientales que explican el presente y permiten anticipar el futuro argentino. Una coproducción entre la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (Fatpren), Fundación Rosa Luxemburgo y Revista Cítrica.

 


EP:02 Todo fuego es político

Los incendios de Córdoba: dónde, cómo y por qué se producen. La estrategia discursiva de los medios dominantes: romantización de la catástrofe y las coberturas superficiales. El triple lobby que bloquea la ley de humedales. La Comarca Andina, entre el fuego y la persecución.


EP:03 El agronegocio

Hace 25 años se instaló el modelo de agrotóxicos en la Argentina, con consecuencias letales para la salud de la población. La respuesta social fue organización para visibilizar el daño. Esa agenda es recogida por periodistas comprometidos y tapada por medios cómplices del modelo.

 

Crónica de un jueves de remolinos y reencuentros

Por Camila Parodi
Fotos: Lucía Fernández Ares

¡Y Rosa nos volvió a encontrar! El pasado jueves 14 de octubre, después de muchos meses de aislamiento y encuentros virtuales, se presentó en el Museo del Libro y de la Lengua de la Ciudad de Buenos Aires el libro “Vivo más feliz en la tormenta. Cartas a amigas y compañeras» de Rosa Luxemburgo compilado y traducido por Lisa Buhl y Sofía Ruíz y editado por Rara Avis junto a la Oficina Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo.

Se acercaba la hora de la cita y, como no podía ser de otra manera, el viento comenzó a remolinar la ciudad. No era una brisa cotidiana, se trataba de un ventarrón difícil de ignorar. “Vivo más feliz en la tormenta” se repetían como mantra las personas que llegaban al punto de encuentro entre alergias y estornudos. Si bien la presentación se realizaría en la plaza lindera al Museo, rápidamente la tormenta impulsó el cambio de lugar. El nuevo escenario quedó enmarcado en la muestra “Mareadas en la marea: diario de una revolución feminista”. La marea feminista y la tormenta de Rosa como síntesis de experiencias y trayectorias colectivas se volvían a encontrar así, en la turbulencia, en sus contradicciones, en la agitación y en las resistencias.

El último encuentro presencial realizado durante el mes de marzo por la Oficina Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo en el Teatro Sívori también tuvo a la activista y pensadora en el centro. ¡Son 150 años del nacimiento de Rosa Luxemburgo y hay que celebrar! La selección, compilación e impresión de las cartas a sus amigas y compañeras realizada junto a la Editorial Rara Avis es, también, otra manera de seguir festejando su vida.  

“En este libro nos encontramos con una Rosa que no es la más conocida -destacaban sus autoras antes de la presentación del libro-, una Rosa que se sostiene en un entramado de vínculos entre mujeres. En su lucha contra las distintas formas de opresión, el territorio que sueña, que quiere habitar, es un territorio sin fronteras de estados nacionales, donde se defiende la vida en todas sus expresiones”. Cabe destacar que la mayor parte de la correspondencia a sus amigas y compañeras de militancia no había sido traducida hasta el momento. Esta edición cuenta con más de doscientas cartas que se posan sobre el límite entre lo privado y lo público, que muestran en el tejido cotidiano (una vez más) que lo personal es político.

La presentación contó con una mesa de diálogo sobre el libro, esta fue integrada por las autoras-traductoras, la editorial y la prologuista del libro. La pasión de Rosa por la vida, la naturaleza y sus amigas como vínculos subjetivos a la vez que políticos fueron el hilo que unieron todas las intervenciones. Al respecto, reflexionaba Julieta Massacese de la editorial: «Apostamos por un catálogo que contenga traducciones. Es una forma de devolver a la vida a Rosa y sus reflexiones». Por su parte, la Dra. en Filosofía, escritora feminista y prologuista del libro, Esther Díaz, nos acercó su conclusión sobre el libro: «no es solamente un libro de cartas, forma parte del cuerpo teórico de Rosa Luxemburgo. No se puede separar». A su vez, acompañaron con su arte la campaña gráfica “Vivas nos queremos” y la música de “Carmela y Ambrosía”.

Lisa Buhl, una de las compiladoras y traductoras de las cartas, nos compartió sus sensaciones tras la presentación del libro: “Estamos muy felices de ver que nuestro trabajo esté en formato físico y que este proceso tan largo haya culminado finalmente en una publicación. Este proyecto también tuvo algunos encuentros muy fortuitos y decisiones muy acertadas, como por ejemplo que nos hayamos encontrado con Sofía y hayamos decidido hacer este trabajo juntas, ya que contábamos con trayectorias y experiencias muy distintas. El encuentro con Rara Avis como editorial que apoyó el proyecto desde el inicio, abrazando las decisiones y definiciones que ya habíamos tomado como por ejemplo traducir al rioplatense, la organización cronológica y la división en capítulos. Que la Fundación Rosa Luxemburgo haya acompañado y cuidado del proyecto también ha sido muy importante. Ahora empieza otra etapa, el libro va a circular y esperamos las miradas de las personas que lo lean y ojalá pueda aportar a algunos debates y reflexiones.”

“Vivo más felíz en la tormenta” no sólo era el nombre del libro que se iba a presentar, también funcionó como un código entre las personas presentes, como una forma de consolidar el reencuentro. Una afirmación que materializó la complicidad de quienes eligen vivir sin imposiciones, de las que sonríen cuando se nombra el amor de Rosa hacia su gata, de las que deciden vivir con pasión sus amistades, de las que conviven con sus contradicciones y se desafían por inventar nuevos vínculos. Vivir en la tormenta como una decisión subjetiva, política y ética. Vivir en el conflicto, en las tensiones y permanentes problematizaciones como un desafío teórico pero también cotidiano y afectivo, sin disociaciones. Ser feliz en la tormenta como praxis que escudriña y asume la contradicción, la tensión de lo público y lo privado, de lo político y lo personal, para romper binarismos y paternalismos. Asumir la tormenta para agitar lo establecido y construir nuevos mundos como Rosa nos enseñó.

Esta serie reconstruye algunos de los debates que organizaciones y movimientos populares en América Latina están impulsando en torno a una transición socioecológica justa desde América Latina. El extractivismo, las políticas del capitalismo verde, las implicaciones de la transición energética corporativa para los territorios del Sur Global, contrastan con las experiencias populares de gestión comunitaria de bienes comunes, de los feminismos como herramienta para imaginar otras posibilidades de vida, producción y consumo alejadas del lucro y la violencia.

Las posibilidades de imaginarse una transición socioecológica desde los territorios latinoamericanos pasa por comprender la manera en la que la estructura de acumulación capitalista se ha afianzado en esta región. Así como también es relevante abordar los dilemas a los que nos enfrentamos al plantear esquemas sustentables, democráticos y populares para abastecer las necesidades de grandes poblaciones que históricamente han sido excluidas de la toma de decisiones y de derechos básicos como la alimentación, la salud, la autodeterminación, entre otros.

Por último, pensamos que estos temas tienen que formar parte de una discusión pública, por lo que esperamos que la información compartida en esta serie pueda servir de apoyo para la formación y debates que desde las izquierdas plurales convocan cada vez más a una salida desde el Sur Global a la crisis civilizatoria y ecológica que enfrentamos.


EP: 01 “Chile como prisma para el análisis del modelo energético-extractivo”

La coyuntura política que detonó el estallido popular en octubre de 2019 en Chile derivó, plebiscito mediante, en la conformación de una Convención Constituyente para ponerle fin a la Constitución impuesta por la última dictadura y darle paso a la elaboración de una nueva Carta Magna. 

Este proceso abrió paso, entre otras cosas, a alternativas y cambios necesarios para la construcción de escenarios post fósiles que promuevan la desmercantilización de los bienes comunes y su posibilidad de comprenderlos desde una perspectiva feminista y anticapitalista.

Junto a Francisca Fernández Droguett, integrante del Movimiento por el Agua y los Territorios y Lucio Cuenca, director de OLCA, Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales, en este primer episodio analizaremos los avances del extractivismo minero energético en Chile, su relación con la propuesta de transición energética y la defensa de los territorios.

Puedes escucharlo en Spotify y Anchor FM.

Producción: Carla Vázquez Mendieta y Elisangela Soldateli Paim
Locución: Flavia Medici
Guión y realización: María Eugenia Waldhüter

Este primer episodio retoma los debates abordados en el último encuentro de la Red Energía y Poder Popular en América Latina. Este espacio fue impulsado por organizaciones de Argentina, Chile y Uruguay que luchan por la soberanía energética desde perspectivas de izquierda y que desde 2018 se reúne para pensar las claves de una transición energética popular. En el encuentro de 2021 se amplió la convocatoria a organizaciones del resto de los países de América Latina.


EP: 02 “Transiciones socioecológicas: dilemas y debates”

Sandra Rátiva Gaona es doctorante en sociología de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y forma parte de la Cooperativa Onergía en México. Bruno Fornillo es investigador y docente de la Universidad de Buenos Aires e integra el Grupo Geopolítica y Bienes Comunes en Argentina.

Sandra y Bruno nos aportarán en este episodio las claves para comprender de qué hablamos cuando hablamos de transición socioecológica en y desde América Latina. Desde allí también reflexionan sobre el modelo energético, sus límites y necesidades de cambiar el actual sistema de producción y consumo impuestos por el capitalismo.

Producción: Carla Vázquez Mendieta y Elisangela Soldateli Paim 
Locución: Flavia Medici
Guión y realización: María Eugenia Waldhüter 

 

La serie de podcasts “Energía y Poder Popular en América Latina” cuenta con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo.


EP:03 «Hidrógeno verde, mercancía energética y falsas soluciones»

Debido a su versatilidad de fuentes y utilidades para el consumo el Hidrógeno es promocionado por el lobby energético como la promesa de energía limpia y el camino hacia la descarbonización. Por sus cualidades el Hidrógeno se puede reconvertir en electricidad o combustible, tal es el caso del Hidrógeno Verde, una de las variantes de producción más difundidas actualmente por el mercado energético.

¿Pero es tan verde y limpio como se lo promociona? En este contexto, ¿la descarbonización es posible o se trata de una fantasía?

 

 

Periodistas de todo el país, organizados sindicalmente, analizan las estrategias informativas de los medios de comunicación, el avance del extractivismo y de las grandes empresas sobre la soberanía de los bienes comunes.

Para la Federación de Trabajadores y Trabajadoras de Prensa (Fatpren) este material es parte de un trabajo conjunto entre la Fundación Rosa Luxemburgo y quince periodistas afiliades a ocho sindicatos de prensa de diferentes regiones del país (Comodoro Rivadavia, Esquel, Neuquén, La Pampa, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Salta). El dossier es una novedad y un valor en sí mismo. Constituye un salto cualitativo en nuestro foco de interés, porque los debates e intercambios entre trabajadores y trabajadoras de prensa sindicalizados, las instancias de coordinación y articulación, en general se limitan a lo estrictamente gremial: las paritarias o a la vida institucional de cada organización. Con la pandemia y la virtualidad, los cursos de capacitación federales permitieron nuevos intercambios de carácter profesional. La defensa de la libertad de expresión y la lucha por democratizar el acceso a la información también son cuestiones que para nuestra actividad tienen una importancia no sólo en lo relativo a la disputa profesional sino además político-sindical, en la que muchos sindicatos de prensa intervienen cotidianamente.

Esperamos que el conjunto de estos materiales sea un pequeño aporte para disparar nuevos debates y estrategias en pos de la defensa de la libertad de expresión como valor colectivo y de un periodismo libre de presiones políticas, económicas y junto a las luchas de nuestro pueblo.


Descarga aquí.

El gobierno argentino llega alineado con el agronegocio a la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de Naciones Unidas. Aunque la convocatoria diplomática internacional propone, en lo discursivo, “introducir cambios” en el modelo agropecuario, la Cancillería y el Ministerio de Agricultura adoptaron las propuestas del sector empresario con nula participación de pequeños productores, campesinos e indígenas. Los cambios de Gabinete no modifican la posición.

 

Foto: MNCI-Somos Tierra

Por Nahuel Lag | Agencia Tierra Viva

“Fortalecer los Sistemas Alimentarios para el Desarrollo Sostenible”. Con ese título, la Cancillería, encabezada por el ex canciller Felipe Solá, convocó en mayo pasado a tres jornadas de “diálogos” preparativos para la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios que ocurrirá este jueves 23 de septiembre. El 14 de septiembre, en su último llamado a la acción, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, habló de “introducir cambios en nuestra manera de producir, procesar y consumir los alimentos” y destacó el “notable proceso de participación” del encuentro que ocurrirá en paralelo a la Asamblea General. Las conclusiones de los diálogos ocurridos en la Argentina no se hicieron públicas ni tampoco se conocieron las organizaciones invitadas. A través de un pedido de información pública, Agencia Tierra Viva accedió a los lineamientos surgidos de esos encuentros, que guiarán el debate de la Argentina en la Cumbre: intensificar el modelo agroindustrial con biotecnología y “agtech”; cuestionar el impacto de la ganadería intensiva en la crisis climática y ausencia de las propuestas de los movimientos campesinos e indígenas y de las organizaciones de la sociedad civil que promueven una transición a la agroecología.

A pesar del énfasis puesto en la comunicación oficial de la ONU para señalar a la Cumbre como “culminación de un proceso global inclusivo”, las denuncias sobre la exclusión del debate y falta de transparencia hechas por los movimientos campesinos, indígenas y de la sociedad civil fueron una constante a lo largo del proceso “participativo” iniciado a fin de 2020. La Vía Campesina y el Relator sobre el Derecho a la Alimentación de la ONU, Michael Fakhri, lo hicieron desde un inicio, poco después de que la convocatoria surgiera como parte de un denunciado acuerdo con el Foro Económico Mundial. La otra voz que se alzó contra la organización de la cumbre y decidió desistir de participar de los encuentros oficiales, que se desarrollarán exclusivamente de forma virtual, fue el Mecanismo de la Sociedad Civil y Pueblos Indígenas —que integra la estructura del Comité de Seguridad Alimentaria de la FAO—. En julio pasado, cuando se dio la PreCumbre, lanzó la campaña “Sistemas Alimentarios para los Pueblos”, con un duro posicionamiento. En estos días se continuarán desarrollando actividades en oposición a la cumbre.

La posición de la Argentina —conducida por el ex canciller Felipe Solá hasta el fin de semana pasado— no desentonó con las denuncias globales sobre la cooptación de los actores corporativos del agronegocio. Los “diálogos” convocados en mayo como parte de la organización de la Cumbre fueron anunciados, pero no así las organizaciones que participaron ni las conclusiones alcanzadas como parte de los ejes que el país llevará a la cumbre. Esta Agencia solicitó varias veces esa información a la Cancillería, pero solo tuvo respuesta a través de un pedido de información pública.

El resultado de los diálogos son 13 páginas de apuntes sueltos de las jornadas realizadas los días 18, 19 y 21 de mayo, pero en los que se nota la fuerte impronta del sector del agronegocio en los tres ejes propuestos por la Cancillería, a tono con el “greenwashing” (lavado de imagen) que denuncian quienes han decidido no participar de la cumbre:  «El futuro del sistema agroalimentario argentino: oportunidades y desafios», «Prácticas y experiencias de producción sostenible para compartir con el mundo» y «Sistemas alimentarios sostenibles para dietas saludables».

La lista de invitados para los diálogos se trató de medio centenar de cámaras empresarias del sector agroalimentario —como la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal), la Cámara Argentina de Feedlot, y asociaciones y cámaras de cítricos, yerba y vino, entre otros. También participaron representantes de la Mesa de Enlace —como la Sociedad Rural Argentina (SRA) y la Confederaciones Rurales Argentinas (CRA)—  y asociaciones referentes del actual modelo del agronegocio, como la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), la Asociación de la Cadena de Soja Argentina (Acsoja) y Maizar. El sector cooperativo solo estuvo representado por la Asociación Cooperativas Argentinas (ACA). En la lista de convocados al “diálogo” es total la ausencia de los movimientos campesinos e indígenas, las organizaciones sociales y académicas que impulsan la agroecología.

Los objetivos del mismo desarrollo

 

Según la convocatoria del Secretario General de la ONU, la cumbre debería brindar las soluciones para un cambio en los sistemas alimentarios que permitieran avanzar en la concreción de los Objetivos de Desarrollo 2030 y saltar la crisis alimentaria profundizada por la pandemia de Covid-19. Abordar el hambre, el cambio climático, la pobreza y la desigualdad está en la esencia de los objetivos mencionados. La FAO, en su documento de cara a la Cumbre, reconoció que “el número de personas que padecen hambre ha aumentado en los últimos cinco años y actualmente asciende a 811 millones de personas”.

Sin embargo, y a pesar de emitir un reciente documento para impulsar legislaciones que favorezcan la agroecología en América Latina, la FAO es denunciada por su vínculo con corporaciones como Google, Amazon y Microsoft para acaparar la incorporación de las tecnologías en el agro. “Tecnología, innovación, datos y ‘complementos’”, es la propuesta de la FAP para la Cumbre.

El documento surgido de los “diálogos” en la Cancillería argentina se manifiesta a tono con la defensa del actual modelo y su profundización a través de la incorporación de tecnología. Entre las líneas de acción hacia la cumbre se pueden leer varios fragmentos que rechazan cualquier salida del agronegocio. “El camino que plantea la Cumbre ya lo venimos recorriendo. El proceso empezó en la Argentina a mediados de los años 80, a partir del interés por mejorar los suelos y un progreso importante fue la introducción de la siembra directa (SD) y luego con la sustitución de agroquímicos a través de semillas mejoradas. Hoy, el 90 por ciento de la producción se realiza con SD y un gran porcentaje de la producción con semillas que permiten reducir el uso de agroquímicos”, señala el documento de Argentina.

El análisis sin cuestionamiento al actual modelo planta bandera en el documento surgido de los “diálogos”, a pesar de ser contradictorio con los datos reales sobre sustentabilidad de los suelos, el incremento de uso de agroquímicos y la innovación en semillas como el trigo transgénico HB4, que trae aparejado el uso de agrotóxicos más potentes, como el glufosinato de amonio.

Además el documento plantea una mirada crítica respecto de las posiciones que pueden traer los países europeos, donde se avanza en las prohibiciones del modelo atado al paquete químico, y se pone como objetivo: “Contrarrestar una visión en exceso europea en el marco de la Cumbre y reforzar una visión desde otros contextos geográficos como el que nosotros representamos”.

¿Y cómo sería esa visión? Un modelo agroexportador de commodities que se refleja en apuntes como “consensos públicos-privados que permitan un mejor acceso a los mercados internacionales” y reivindicar las alianzas con países productores de soja como Estados Unidos y Brasil. En este sentido, el documento expone el tono de los diálogos y la defensa del modelo agroexportador por encima del objetivo de paliar el hambre con alimentos saludables.

“El enfoque de Naciones Unidas, en particular de la Cumbre, parece estar orientado a modificar las dietas alimentarias en el mundo. Se considera, en cambio, que la Cumbre debería priorizar el acceso a los alimentos en calidad y cantidad, es decir priorizar la ‘seguridad alimentaria’. Para ello se deben fomentar modos de producción que atiendan la sostenibilidad en los tres pilares: social, económico y ambiental, así como modos de comercialización donde el comercio internacional juega un rol central”, sostiene.

“Nuestra economía necesita dólares. Nuestra producción necesita ser sustentable (siembra directa y producción de bajo impacto)”, insisten en el diálogo del sector del agronegocio, entre otras reflexiones, respecto de un modelo cuestionado sobre su posible sostenibilidad, pero que se defiende sin ocultamientos en el documento: “Se deben eliminar algunos prejuicios sin bases científicas que limitan el desarrollo. Las regulaciones se deben basar en el conocimiento científico y no en cuestiones ideológicas o en intereses sectoriales”.

Y se deja en claro el camino que respaldan las cámaras empresarias para continuar profundizando el actual sistema alimentario: “Incrementar la eficiencia productiva de todo el sistema agroalimentario tanto en lo productivo como en el comercio. Hay que destacar los avances en materia de edición genética y defender el uso de la biotecnología ante los mercados que la cuestionan”. Agricultura digital, con tecnologías blockchain (software para el manejo del campo), para la aplicación de agroquímicos y fertilizantes. Ese es el modelo a futuro que surge de los representantes del agronegocio convocados a los diálogos de la Cancillería de cara la Cumbre.

El ex ministro de Agricultura Luis Basterra sostuvo la postura del agronegocio – Foto: Telam

Una posición oficial previsible a favor del actual sistema alimentario

 

La crisis política generada por el resultado de las elecciones de las PASO decantó en cambios en el Gabinete que inciden en el debate sobre el futuro de los sistemas alimentarios. La Cancillería y el Ministerio de Agricultura son las carteras claves involucradas en estos debates. Felipe Solá fue reemplazado por Santiago Cafiero, tras su salida como jefe de Gabinete; mientras que en Agricultura el nuevo ministro es Julián Domínguez —quien ya ocupó ese rol entre 2009 y 2011— en reemplazo de Luis Basterra. En su primera intervención pública Domínguez anunció “Necesitamos incrementar la producción y calidad con menor huella ambiental, sanidad e inocuidad”.

El objetivo de incrementar la producción fue cifrado en 70 millones de toneladas de soja. El flamante Ministro eligió para su primera aparición pública un conversatorio de la  Asociación de la Cadena de Soja Argentina (Acsoja) —organización presente en los “diálogos” organizados por la Cancillería—. El modelo atado al paquete agroquímico y las semillas transgénicas persiste y Domínguez se encargó ayer de reafirmarlo: «Esta agricultura moderna nos permite mostrar resultados frente al dilema de la seguridad alimentaria, y de atención de múltiples mercados y demandas». La elección de la palabra «seguridad alimentaria» y no «soberanía alimentaría» marca la continuidad de la política agropecuaria.

El Gobierno dejó un camino de pistas sobre su posición. Antes de la Cumbre hubo dos debates claves dentro del sistema ONU. Se trató de la aprobación de las Directrices Voluntarias sobre los Sistemas de Alimentación y Nutrición, un debate de cuatro años en el que la Argentina actuó en bloque con los países agroexportadores para bloquear cualquier posibilidad de cambio. En ese debate, la posición oficial fue solicitar ajustar los parámetros de “inocuidad alimentaria” al sistema de comercio internacional —permisivo con los residuos de agrotóxicos— y minimizar el rol de los mercados de producción local para la agricultura familiar.

El otro debate fue el de las “Recomendaciones políticas sobre enfoques agroecológicos y otros enfoques innovadores”. Allí la oposición de la Argentina también fue en bloque con el resto de los países agroexportadores y se notó desde el título de un documento que debía debatir sobre “agroecología” y se forzó a poner “otros enfoques innovadores”, para poder incorporar allí el mercado de las Agtech (nuevas tecnologías del agronegocio). En mayo pasado, pocos días antes de que la Cancillería convocara a los “diálogos” preparativos para la cumbre, una carta firmada por 2600 organizaciones solicitó a Solá y Basterra un cambio de posición.

Basterra tuvo su último participación en torno a la cumbre en julio pasado, cuando viajó a Roma para la PreCumbre organizada por la ONU. Allí la posición del Ministerio de Agricultura fue otra vez actuar en bloque con los países agroexportadores para mantener el diseño del actual sistema alimentario. La posición se consolidó en una presentación conjunta a través del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). El documento conjunto resalta que en materia de “estrategias de producción y asuntos ambientales” se debe avanzar en el “aprovechamiento de las innovaciones en ciencia y tecnología, la digitalización y la bioeconomía, entre otros aspectos”.

Todas estas negociaciones estuvieron comandadas por el subsecretario de Coordinación Política, Ariel Martínez, y por el embajador argentino ante la FAO, Carlos Cherniak, quienes hasta el momento continúan en sus cargos. Martínez acompañó el viernes pasado a Basterra en su último acto oficial como funcionario. Fue en la cumbre de Ministerio de Agricultura del G20 en Florencia, Italia. En su intervención, el subsecretario de Coordinación Política resumió la posición del Gobierno: «En Argentina, estamos convencidos que nuestros sistemas son parte de la solución, no del problema, aun cuando haya cosas por mejorar.»

Protesta frente a la cancilleria.
Manifestación frente a la Cancillería por sus políticas a favor del agroneogcio – Foto: Subcoop

 

Sin voz para otro modelo

 

Mientras 2600 organizaciones decían presente en una carta pública para pedir al Gobierno un giro hacia la agroecología, la Cancillería no registraba la existencia de esas organizaciones en sus “diálogos” para la Cumbre. En la lista de convocados a las que accedió Agencia Tierra Viva solo se registran dos excepciones a la amplia convocatoria centrada en el actual modelo del agronegocio.

Una es la del Mercado Central de Buenos Aires (MCBA), presidido desde marzo de 2020 por el coordinador nacional de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), Nahuel Levaggi, que impulsa un modelo de producción agroecológico, con acceso a la tierra para los pequeños productores y la creación de mercados de cercanía con alimentos sanos y a precio justo del productor al consumidor. Sin embargo, desde la UTT confirmaron que -a pesar de figurar en la lista- no existió participación en esas jornadas de “diálogo”.

La otra excepción de la lista es la del Movimiento de Productores Orgánicos (MAPO), lo que explica que en solo un párrafo de 13 páginas de conclusiones figure la palabra “Agricultura regenerativa”. La palabra “agroecología” está ausente en todo el documento, a pesar de que el Gobierno creó bajo la órbita del Ministerio de Agricultura, la Dirección de Agroecología.

Entre las pocas concesiones a otros modelos de producción presentes en el documento figura en algunos apuntes como “transición hacia la sostenibilidad en los sistemas productivos”, sobre los que se marca “deben ser graduales” y ponen en el plano de “alternativo” el fomento a las cadenas cortas de comercialización, aunque se reconoce “los aspectos positivos en las dimensiones ambiental, social y económica”.

Al hablar de “dietas saludables”, la impronta marcada por los sectores del agronegocio en el documento otorga esas tareas a la educación y las iniciativas individuales, disociadas de un modelo productivo integral. “Se indicó la importancia de generar huertas en las familias y la capacitación en las escuelas para lograr hábitos saludables para, en alguna medida, complementar la nutrición y la seguridad alimentaria”, concede el documento elaborado por la Cancillería.

Y tampoco se escapa de un debate demorado y transversal a los sistemas alimentarios. “Se remarcó la relevancia de avanzar en un sistema de rotulado frontal en favor de una alimentación saludable”, se reconoce en el documento, donde también se olfatea la presencia de la Copal en aclaraciones cómo “informe adecuadamente sobre las características de los alimentos sin demonizarlos”, frase usado por el lobby de la industria alimenticia que aún resiste la aprobación de la Ley de Etiquetado en el Congreso.

¿Qué Cambió Climático?

 

En otra de sus expresiones al convocar la Cumbre, António Guterres señaló la necesidad de modificar los sistemas alimentarios por tratarse de «una de las principales razones por las que no nos mantenemos dentro de los límites ecológicos de nuestro planeta». Las razones fueron claramente expuestas en el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y enumeradas por Guterres: emiten alrededor de un tercio de los gases de efecto invernadero; causan la deforestación y provocan alrededor del 80 por ciento de la pérdida de biodiversidad. El principal gas de efecto invernadero emitido por los sistemas alimentarios está en la ganadería, en particular, la ganadería intensiva: se trata del metano.

Los representantes del agronegocio argentino convocados por la Cancillería rozan el negacionismo. Los documentos preparativos para la Cumbre cuentan con reflexiones como: “Hay que propugnar en ámbitos internacionales, como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climatico (IPCC), por el uso de sistemas de medición de capturas de carbono y no solo de emisiones, lo que contribuiría a limitar la hostilidad contra el comercio y consumo de carnes. Que el metano no se considere como equivalente a dióxido de carbono”.

La idea de “huella de carbono” y “huella hídrica” propuesta por los representantes del agronegocio ponen como ejemplo a la industria forestal que busca sistemas de compensación, pero no de reducción de emisiones. La política es conocida como el “cero neto” y es una estrategia impulsada por la industria petrolera. Según el último inventario de emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs) local, en la Argentina un 37 por ciento de las emisiones provienen de la agricultura, ganadería, silvicultura y otros usos de la tierra, mientras que el 53 por ciento proviene del sector energético.

“Es necesario que se modifiquen los sistemas de medición en ganadería, que solo consideran emisiones de GEIs y no el secuestro de carbono. En ese caso, el balance sería positivo. Se debe considerar el ecosistema en su conjunto y no solo a la producción animal”, insisten los representantes del agronegocio en el documento de la Cancillería y agregan en otro apartado: “Tenemos muchas demostraciones de que la Argentina tiene muchos servicios ecosistémicos. Lo importante es quién y cómo los miden”.

La misma posición se sostiene en torno a los impactos del modelo de agricultura intensiva atada al paquete agroquímico. “Es necesario revertir una imagen negativa que no tiene fundamentos sólidos, evitando la difusión de falacias o verdades a medias”, señalan. E incluso proponen como objetivo de debate en la Cumbre “armonizar criterios en lo que se considere ‘positivo para la naturaleza’”.

La preocupación por demostrar “sostenibilidad” tuvo un bloque de debate especial a lo largo de las tres jornadas convocadas y se denominó «Prácticas y experiencias de producción sostenible para compartir con el mundo». ¿Qué experiencia se destacaron? La Red de Buenas Prácticas Agropecuarias (PBA), la Plataforma Agroideal y el Acuerdo entre las estatales INTA y Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA) con las asociaciones Aapresid y la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea). Aapresid y Aacrea —pilares del actual modelo de paquete químico— figuran como “referencia” en el documento en los segmentos en los que se puntean las conclusiones respecto de la “producción sostenible para compartir con el mundo”.

Otra referencia particular es una dirección web creada por la ONG estadounidense The Nature Conservancy, que participó de los “diálogos”. La web ofrece datos digitalizados sobre los biomas de la Amazonía y del Chaco argentino para la producción de soja y ganadería. En los últimos 20 años, la Argentina perdió 6,5 millones de hectáreas de bosques nativos por el avance de la frontera sojera y ganadera. El 87 por ciento en la Región Chaqueño, el segundo foco de desmonte más grande de Sudamérica (luego del Amazonas).

El 23 de septiembre será el momento de la cita en la ONU. La promesa es una “cumbre popular y cumbre de soluciones, que ha reconocido que todos, en todas partes, deben actuar y trabajar juntos para transformar la forma en que el mundo produce, consume y piensa sobre los alimentos”. La Argentina no muestra señales para ir hacia ese camino.

 

 

 

* Este artículo forma parte de la serie «Recuperando la narrativa de los sistemas alimentarios», que cuenta con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo.

Dentro de nuestro eje de trabajo “Sindicalismo y mundo del trabajo” impulsamos en conjunto con investigadoras del Observatorio de Derecho Social de la Central de Trabajadorxs Argentinos Autónoma (CTA-A) la realización de una serie de talleres con participación de dirigentes y activistas de diferentes sectores de actividad y de diversas estructuras gremiales. 

En este proyecto, las compañeras Jimena Frankel, Julia Campos y Mariana Campos buscaron explicitar las estrategias que diferentes colectivos llevan adelante para fomentar la participación equitativa en las estructuras gremiales. Al mismo tiempo, y complementariamente, detectar qué herramientas se necesitan para mejorar las intervenciones y rescatar las prácticas organizativas y de lucha que se vienen llevando adelante. Buscamos fortalecer espacios de debate y reflexión colectiva; poder socializar, en espacios intersindicales, las estrategias que llevan adelante diferentes activistas y colectivos gremiales. 

A continuación, presentamos un primer informe en el cual se describen los principales obstáculos que tienen las trabajadoras, en el trabajo, fuera de él, y en sus estructuras organizativas, para organizarse gremialmente. Se trata de un texto que comparte algunas de las múltiples acciones que despliega el sindicalismo feminista en los lugares de trabajo y en las estructuras gremiales para sortear o morigerar las opresiones y desigualdades que viven las trabajadoras, y fomentar su participación.  Para su elaboración se entrevistó a más de 40 dirigentes/delegadas/trabajadoras de distintas actividades, tanto el ámbito público como del privado.

Este trabajo es un puntapié inicial para socializar las herramientas disponibles para la organización gremial de las trabajadoras. Invitamos a todes a leerlo, compartirlo y aportar sus experiencias.

 

Pueden descargar el informe aquí.

La pandemia expuso las debilidades del actual sistema alimentario, que la Cumbre convocada por la ONU promete profundizar junto con las empresas. Especialistas y activistas de la agroecología y la soberanía alimentaria desarman la situación actual y muestran las estrategias que ya están en marcha desde abajo para modificar el modelo en la postpandemia.

Por Nahuel Lag | Agencia Tierra Viva

En su último informe sobre la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, Naciones Unidas (ONU) reconoció que durante la pandemia 811 millones de personas no accedieron a alimentos suficientes y dio por hecho que el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2030 sobre “Hambre Cero” quedará incumplido. A pesar de este reconocimiento, el 23 de septiembre, el organismo internacional promoverá una Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios con la que promete avanzar en aquellos objetivos profundizando el actual sistema alimentario, atado a las políticas corporativas de la “Revolución Verde” promocionada desde los años 60. El libro Barreras de choque para los sistemas alimentarios y agrícolas en el post Covid-19, ofrece una mirada global sobre las presiones de esa política corporativa alrededor del mundo y las estrategias surgidas desde el campesinado y los movimientos de la sociedad civil para enfrentar la pandemia del hambre. Una voz que no será escuchada en la Cumbre.“Necesitamos que se apoye el movimiento sin tierra para que se puedan producir alimentos y comidas saludables. Necesitamos este cambio, cambiar la matriz de producción”, sostuvo Matheus Gringo de Assunção —economista, militante del Movimiento Sin Tierra (MST) e investigador del Instituto Tricontinental de Investigaciones Sociales— durante la presentación del libro en el ciclo de charlas  “Nuestra comida, nuestra historia: recuperando las narrativas de los sistemas alimentarios”, organizadas por la Fundación Rosa Luxemburgo para respaldar a las organizaciones campesina, indígenas y movimientos sociales que ya se pronunciaron (contra la Cumbre de la ONU) bajo el lema “Sistema Alimentarios para los Pueblos”.

“Si lo que se plantea en la Cumbre va en contra de los derechos de las personas: no será justo. No va a parar el hambre y no va a respaldarnos como sociedad”, sentenció Qiana Mickie, fundadora y activista en organizaciones de economía solidaria en Nueva York, Estados Unidos, e integrante del Mecanismo de la Sociedad Civil y Pueblos Indígenas (MSC) ante el Comité de Naciones Unidas sobre la Seguridad Alimentaria Mundial (CSA), una de las principales plataformas desde donde se denuncia lo que ocurrirá en la Cumbre de fin de mes. “No se trata tanto de lo que hablen en la Cumbre si no lo que realmente hace falta. Si los recursos de los Estados siguen yendo a las transnacionales y los privados solo veremos efectos devastadores para el ambiente, la salud y la marginalización de nuestra sociedad”, completó.

El libro Barreras de choque para los sistemas alimentarios y agrícolas en el post Covid-19, editado por la Fundación Rosa Luxemburgo, utiliza la pandemia como catalizador de la crisis de los sistemas alimentarios al señalar cómo puso “al desnudo la fragilidad y las profundas contradicciones del modelo dominante de agricultura y alimentación” —las violaciones del derecho a la alimentación, los niveles de concentración en los sistemas alimentarios, la fijación de precios injustos de los alimentos, las políticas alimentarias incoherentes—. Temas que no aparecerán con la voces de los territorios en la Cumbre convocada por la ONU en alianza con el Foro Económico Mundial y las empresas tecnológicas.

Pero la publicación no se queda en la denuncia sino que reconoce cómo la pandemia potenció las respuestas en defensa de la soberanía alimentaria: “También ha creado el ímpetu para solidaridad entre diferentes clases de personas en todo el Sur y el Norte global”, se destaca en el libro sobre las experiencias de los movimientos sociales y las organizaciones campesinas que sirven como guía hacia otros sistemas alimentarios.

Asegurar el derecho a la alimentación, cuenta pendiente del actual sistema alimentario 

El libro está dividido en tres grandes ejes —“El empuje hacia una opresión. Futuro sombrío y respuestas desde abajo”; “Las políticas deben estar al servicio de las personas: la lucha por los derechos a la tierra y la alimentación” y “Respuestas desde abajo: reimaginando redes entre lo urbano y lo rural”— que permiten hacer un repaso de lo global a lo local sobre las luchas campesinas, indígenas y de la sociedad civil por otro sistema alimentario frente a una política global corporizada, que la Cumbre de los Sistemas Alimentarios propone profundizar.

Las miradas críticas y propositivas de los artículos del libro provienen de los trabajadores de la tierra, de especialistas en agroecología, de movimientos de la sociedad civil de Asia (India, Filipinas y Camboya) y de América (Argentina, Brasil y Estados Unidos).  “Muchos de los actuales sistemas alimentarios y agrícolas del mundo necesitan ser transformados en favor de las personas, el medio ambiente y el clima”, afirmó Patricia Lizarraga, coordinadora de proyectos de Rosa Luxemburgo en Buenos Aires, en la apertura del webinario virtual.

“El Covid-19 puso de manifiesto, además, que la distribución y comercialización de alimentos está muy concentrada y es poco equitativa”, sentenció Lizarraga, quien también es autora de uno de los capítulo del libro “Solidaridad de clase en la lucha contra el hambre”, junto a Matheus Gringo de Assunção.

En ese capítulo repasan lo que en las conclusiones señalan como “los increíbles ejemplos de solidaridad en la brecha urbana y rural que aseguraron el acceso a los alimentos nutritivos para millones de personas” durante la pandemia de coronavirus. Las experiencias relatadas en ese capítulo son las de “Periferia Viva” —una red solidaria creada entre movimientos sociales de Brasil para garantizar el acceso a alimentos durante la crisis generada por el Covid-19— y la Red de Comedores para una Alimentación Soberana, impulsada por la  Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) y que unió a 200 organizaciones populares para abastecer de alimentos agroecológicos a los comedores populares.

“La pandemia fue un problema extra a la crisis económica, social y medioambiental que se incrementó en los últimos años. Las medidas de cuidado que se pusieron en práctica eran necesarias para proteger la salud, pero profundizó la crisis en América Latina. En Argentina y Brasil los números son similares, el 40 por ciento vive en pobreza o extrema pobreza”, analizó Gringo de Assunção sobre la urgente crisis alimentaria.

El militante del MST indicó que en Brasil las redes solidarias fueron imprescindibles frente al desmantelamiento de los programas de alimentación por parte del presidente Jair Bolsonaro, a diferencia de la Argentina donde se relanzaron políticas de asistencia alimentaria, pero marcó otro problema que afecta a ambos países: “La industria agroalimentaria está en manos de las multinacionales y eso convierte a los alimentos en objeto de los inversores y tiene un efecto en los precios”.

La otra experiencia relatada en el libro muestra cómo la pandemia de Covid-19 amenazó la seguridad alimentaria también en Nueva York, en el corazón financiero de la potencia económica y agrícola. En los barrios pobres del Bronx, Qiana Mickie —fundadora de QJM Multiprise e integrante de organizaciones de economía solidaria como Farmers Market Coalition, South Bronx Farmers Market— fue parte de las redes tejidas entre los pequeños agricultores y las comunidades relegadas, que formaron largas filas día tras día para recibir una ración de comida en medio de las políticas de encierro, el incremento de los precios de los alimentos y la pérdida de puestos de trabajo. Un espejo de lo ocurrido a nivel mundial.

“En Harlem vemos cómo las personas mayores y niños en edad escolar están en una situación de inseguridad alimentaria. Entre los niños, alcanza a uno de cada cuatro. El impacto es mayor en ellos, en las personas mayores y en los pueblos indígenas”, describe Mickie y advierte que no es solo un fenómeno urbano ver a filas de personas haciendo colas bajo la lluvia para llevarse un bolsón de alimentos sino que “en las áreas rurales también sucede”.

“Lo que tenemos que buscar son soluciones de largo plazo, modificar el sistema alimentario, potenciar los sistemas de pequeños agricultores y cooperativas. No es posible superar el hambre con obras de caridad”, sentenció la activista e integrante del comité de coordinación del Mecanismo de la Sociedad Civil y Pueblos Indígenas (MSC) ante el Comité de Naciones Unidas sobre la Seguridad Alimentaria (CSA).

Políticas públicas a favor de las corporaciones o sistemas alimentarios más justos

Las redes solidarias de pequeños productores con la sociedad civil organizada en las ciudades son la respuesta a un problema de base y de escala global, pero para poder asegurar alimentos sanos para la población los pequeños productores campesinos e indígenas deben tener asegurado el acceso a la tierra o la posesión de sus tierras ancestrales. El libro expone esta problemática global a partir del capítulo  “El papel del Estado en Garantía del Derecho a la Alimentación”, escrito por el especialista indio PS Vijayshankar, experto en agricultura sostenible y cofundador y director de investigación de Samaj Pragati Sahayog (SPS).

Vijayshankar escribe sobre la producción de alimentos en la India en un momento crítico. Las políticas neoliberales del gobierno de Narendra Modi le abren las puertas a las empresas multinacionales para el control de la producción, comercialización y fijación de precios de los alimentos, alejando el rol histórico que mantuvo el Estado indio en la regulación de las compras, almacenamiento y distribución de los alimentos producidos por los pequeños productores. Lo que generó movilizaciones históricas para frenar las políticas a favor de las corporaciones de la industria alimenticias y respaldadas por la Organización Mundial del Comercio (OMC) para eliminar las subvenciones estatales.

Durante la pandemia el Estado se ha retirado de muchas actividades y la protección legal de los pequeños productores es cada vez peor. Muchas multinacionales están interviniendo directamente en la producción con el arrendamiento de tierras”, resaltó Vijayshankar sobre el avance corporativa en la India y agregó que también alcanza a la regulación de precios y el sistema de financiamiento: “Las grandes corporaciones están fijando los precios, con objetivos de explotación para los pequeños productores, que poseen pequeñas parcelas y, en muchos casos, deben tomar préstamos de las propias corporaciones para seguir produciendo”.

El especialista y docente sostiene que el rol del Estado para proteger a los pequeños productores y la producción de alimentos para la sociedad se hizo evidente y confió en que la lucha social continuará: “La seguridad alimentaria se ha conseguido mediante la presión popular y no queremos se dé marcha atrás”.

Vijayshankar resaltó además la importancia de que los pequeños productores avancen hacia formas de cooperativismo para “tener una posición más fuerte de los pequeños agricultores frente al mercado”. “Desde los años 60 se busca imponer una agricultura a gran escala e intensiva —la llamada “Revolución verde”—. Eso es lo que hay que poner en discusión y reformar”, sostuvo el especialista indio y docente universitario.

El modelo para hacer frente al actual modelo hegemónico impuesto por las corporaciones, la OMC y los Estados es con acceso a la tierra y fomento a la agroecología, plantea Vijayshankar. “La reforma agraria, la tenencia de la tierra es fundamental para cualquier cambio, poder tener los títulos de los agricultores que las tienen de forma ancestral”, asegura y agrega que un modelo que frene la sobreexplotación de los suelos y el agotamiento de las aguas debe estar asociado a la agroecología y a los modelos locales ancestrales.

Las estrategias, la resistencia, otro modelo alimentario 

El libro Barreras de choque para los sistemas alimentarios y agrícolas en el post Covid-19, permite abrir ventanas al mundo, observar cómo las peleas por otro modelo de producción enfrentan las mismas políticas corporativas, y regresar a la realidad regional. “Las personas que producen los alimentos que terminan en los platos de la población brasileña se ven atacados, perseguidos por los empresarios del agronegocio y por el gobierno de Bolsonaro, que suspendió cualquier proceso que lleve a la reforma agraria. Y legalizó el acaparamiento de tierras”, denunció Gringo de Assunção.

Brasil sintetiza la crudeza del actual sistema alimentario. El nivel de deforestación del Amazonas avanzó hasta un 40 por ciento de su superficie total para ampliar la frontera de los cultivos de soja que van a alimentar la producción ganadera y la exportación de commodities. Los que sufren el avance de esa frontera agropecuaria de forma inmediata y violenta son las comunidades indígenas y campesinas, pero el impacto de la deforestación del Amazonas genera consecuencias globales, entre ellas, las sequías y bajantes de los ríos, como ocurre en el Río Paraná.

En paralelo, Bolsonaro eliminó los programas de alimentación denominados “Hambre cero” —uno de los objetivos propuestos por la ONU y que admitió que incumplirá— que no solo ofrecían asistencia alimentaria si no que eran una política destinada a los pequeños productores a partir de la compra pública para abastecer organismos estatales y hospitales públicas con alimentos agroecológicos. “Desde 2016 esos programas quedaron desfinanciados. Habíamos llegado a cubrir el 30 por ciento de las escuelas del país con alimentos sanos provenientes de la agricultura familiar”, destacó el integrante del MST.

“Bolsonaro frenó cualquier tipo de reforma agraria y nos llevó a una situación en la que no hay acceso a la tierra, pero tenemos un movimiento de resistencia activo, somos el primer frente contra las políticas neoliberales que propone”, reivindicó Gringo de Assunção y convocó a que los movimientos sociales mantengan una actitud de “solidaridad no pasiva”, o sea, promover acciones que combatan el hambre al mismo tiempo que se le reclama y recuerda al Estado que “no está cumpliendo con su deber de garantizar derechos”. Y aseguró que esas acciones deben comprometer a las comunidades para que “sean los protagonistas en las políticas públicas”.

Desde Nueva York, allí donde los representantes de los estados miembro de la ONU se reunirán para proponer un supuesto cambio en la Cumbre de los Sistemas Alimentarios, la integrante del MSC y activista por la soberanía alimentaria comparte la necesidad de renovar la forma en las que se definen las políticas públicas: “Necesitamos un enfoque para edificar un sistema resiliente de cara al futuro, que penetre en el sistema alimentario y en el sistema político, ampliando los actores y tomadores de decisiones”.

En ese sentido, Mickie insistió con que “la financiación del gobierno para el sistema de bienestar no debe ser sólo para la asistencia sino para generar soluciones”. ¿Cómo generamos un control democrático sobre la explotación de los recursos? ¿Cómo generamos alternativas para incluir a las comunidades locales? ¿Cómo mejoramos la logística para conectar a los productores regionales con las ciudades? ¿Cómo redistribuimos la tierra de forma equilibrada? ¿Cómo creamos en lo urbano espacios con prácticas agroecológicas? La activista neoyorkina dejó desafíos flotando. “Tenemos que hablar de modelos que hay que transformar no solo trabajar en la supervivencia sino trabajar en un modelo que genere resiliencia y perdure en el tiempo”, sentenció.

—¿Se puede esperar alguna línea de acción que surja de la Cumbre de Sistemas Alimentarios de la ONU que modifique los problemas de producción, comercialización y acceso a la alimentación sana que describen?— preguntó Tierra Viva a Qiana Mickie   

—En la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios se va a hacer un greenwashing de los conceptos que no funcionan. Lo que necesitamos es movilizarnos, hacer escuchar las voces de las poblaciones, necesitamos menos cooptación de las corporaciones, necesitamos fomentar lo que sabemos que sí funciona y necesitamos el respaldo de las organizaciones y de la sociedad civil. Si lo que se plantea en la Cumbre va en contra de los derechos de las personas no es justo, no va a parar el hambre y no va respaldarnos como sociedad. Tenemos que crear presión sobre la cumbre para que escuchen la voz del pueblo y los retos presentes, necesitamos desarmar el poder. No se trata tanto de lo que hablen en la cumbre si no lo que realmente hace falta y necesitamos, en la práctica, los fondos para que se lleven a la práctica los modelos que sabemos que funcionan.

—¿Qué soluciones se podría proponer en materia de comercialización y distribución de alimentos a partir de las respuestas que dio la economía solidaria en el marco de la pandemia?

—Se trata de desmantelar el capitalismo dentro del sistema alimentario. Pasar de una política agroglobal a una de nivel local. Apoyar modelos y soluciones que se basen en la solidaridad y de soporte directo a los pequeños productores. Construir políticas públicas para asegurar la seguridad alimentaria, que está relacionado a las comunidades locales y a través de la agricultura regenerativa. Necesitamos un cambio en la relación de poder, porque si los recursos del Estado siguen yendo a  las transnacionales y los privados, solo vemos efectos devastadores para el ambiente, la salud y la marginalización de nuestra sociedad. Hay que apoyar a estos modelos que son viables, aumentar las investigaciones, apoyar a los pequeños productores y hacerlo de manera conjunta. Tenemos los líderes, tenemos las estrategias, necesitamos más solidaridad para quitar poder a los grupos concentrados. Ya sabemos lo que hay que hacer, solo tenemos que insistir y encontrar los recursos.

 

Descargá el libro en su versión en inglés:https://rosalux-ba.org/wp-content/uploads/2021/09/Crash-Barriers_Brochure_web_20210824.pdf