El Grupo de Trabajo Internacional sobre Políticas Agrarias de la Fundación Rosa Luxemburgo le invita a un Taller de Formación sobre la Ley Alemana de Obligaciones Corporativas de Diligencia Debida en las Cadenas de Suministro, que tendrá lugar el 30 de noviembre de 2023 a las 10h00 (hora de Buenos Aires). Este taller tratará temas relacionados con el trabajo rural, pero abordará la ley en su conjunto.

La Ley de Cadenas de Suministro alemana entró en vigor en enero de 2023 y regula la responsabilidad de las empresas alemanas con respecto a los derechos humanos en las cadenas de suministro globales.

Conscientes de que no aportará soluciones rápidas, consideramos que, al tratarse de un nuevo mecanismo legal en defensa de los derechos humanos, es importante informar a las organizaciones sindicales y de derechos laborales, especialmente del Sur Global, sobre los mecanismos de denuncia que ofrece la ley. Por lo tanto, el público objetivo del taller son los sindicatos de trabajadores rurales, las organizaciones de defensa de los derechos de los campesinos y las organizaciones de defensa de los derechos laborales agrícolas.

Servicio

Expertos invitados:

Sina Marx – trabaja para Femnet, una ONG alemana que defiende los derechos de los trabajadores de la confección en el sur y el sudeste asiático.

Steffen Vogel – consultor para cadenas de suministro globales y derechos humanos en el sector agrícola con Oxfam Alemania.

Día: 30 de noviembre de 2023

Hora: de 10.00 a 12.00

Formato: virtual, con inscripción previa

Idioma: el taller será en inglés, con traducción al portugués, español y al bahasa

Inscríbase previamente al taller en https://us06web.zoom.us/meeting/register/tZcpcOmoqTMrGtAv5hx9ialzxZCs_bUCYZKM

Tras inscribirse, recibirá un correo electrónico de confirmación con información sobre cómo asistir a la reunión.

Alimentación agroecológica y transición justa ecosocial para mitigar la crisis climática

Texto y fotos: Camila Parodi

La oficina Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo estuvo presente en el “VII Congreso de Salud Socioambiental” y el “IV Encuentro Intercontinental Madre Tierra, una sola salud” en la Ciudad de Rosario. En ese marco, los organizadores del congreso convocaron a la fundación para coordinar dos grupos de investigación para pensar dos temáticas centrales en el actual contexto de crisis climática: los sistemas alimentarios y la transición energética. 

Acompañados por las coordinadoras de proyectos de la Fundación Rosa Luxemburgo, Patricia Lizarraga y Florencia Puente, se realizaron los grupos de trabajo «Producción de alimentos en las ciudades» y «La transición energética en Argentina. De falsas soluciones a la crisis climática a la construcción de políticas y experiencias para la vida» que trabajaron de manera colectiva durante la semana del congreso.

Los principales nudos, reflexiones y posibles alternativas fueron abordadas durante el congreso el pasado jueves 15 de junio en las mesas «Sistemas alimentarios para recuperar la salud de los territorios» y «Transición energética» que se realizaron en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa.

Los grupos de trabajo integrados por investigadores, activistas y defensores de los territorios analizaron la situación de crisis alimentaría y energética que atraviesa la región. Como síntesis de los esfuerzos e intercambios realizados concluyeron que efectivamente, el futuro llegó y que es imprescindible el reconocimiento de las prácticas y experiencias existentes que nos muestran que nuevos caminos son posibles y en ese sentido llamaron a la acción.

Además, aseguraron que estas dos problemáticas no pueden ser relegadas únicamente a las empresas, academia y/o gobiernos sino que deben ser problematizadas y apropiadas desde los sectores del campo popular así como aquellos trabajadores del Estado y grupos de investigación que se reconocen parte de los pueblos y sus luchas.

En esa línea desde la mesa de sistemas alimentarios destacaron la importancia de abordar cómo se producen los alimentos en la región y señalaron que esta problemática tiene que ser un debate central frente al cambio climático. Por ese motivo, aseguraron que un futuro digno e igualitario sólo podrá ser a través de la agroecología como modelo y aseguraron que, luego de conocer diferentes experiencias situadas, el futuro será agroecológico o no será.

Por su parte, desde la mesa de transición energética también afirmaron que otras realidades son posibles y que hay que demostrarlas porque son los pueblos los que pagan cualquier tipo de extractivismo y que ahora también lo harán con la transición energética y concluyeron: “a más extractivismo, menos democracia”.

Agriculturalizar nuestras ciudades y pueblos

La pandemia por COVID 19 y la guerra entre Rusia y Ucrania enmarcados en el actual modelo de agricultura industrial tecnocrática evidencian una bisagra para los debates sobre la alimentación mundial. En ese sentido, desde el grupo de trabajo de «Producción de alimentos en las ciudades» destacaron la necesidad de construir nuevos caminos para la agricultura que permita producir alimentos vitales al servicio de toda la humanidad. 

La mesa estuvo integrada por el ingeniero Fernando Frank, Eduardo Cerdá de la Dirección Nacional de Agroecología, Tomasa Ramos del Parque Huerta El Bosque, Leomancio Araujo del Movimiento de Pequeños Agricultores de Brasil y fue coordinada por Patricia Lizarraga de la Fundación Rosa Luxemburgo.

Las experiencias concretas de que otro sistema alimentario posible están a la vista, por eso señalaron la importancia de pasar de la denuncia a la acción para poder responder a las necesidades del mundo y de la tierra. En esa línea, explicaron que realizaron un espacio interdisciplinario y plural para debatir y pensar políticas públicas sobre agricultura urbana, derecho a la alimentación y soberanía alimentaria como una respuesta eficiente y necesaria para mitigar el cambio climático en las ciudades.

Desde esta perspectiva, explicaron que si bien el actual modelo alimentario enferma y saquea los bienes comunes, al comprenderlo como un sistema complejo es posible integrar, también, las resistencias campesinas que producen otro tipo de sistemas alimentarios. 

En esa línea, para el ingeniero Fernando Frank “la agroecología con base campesina es una respuesta concreta al sistema alimentario actual”. Por ese motivo, para Frank es importante reconocer que “no puede haber cuerpos sanos en territorios enfermos” por eso la importancia de llamar a la acción en los espacios de reflexión e intercambio de saberes: “Es necesario recuperar los territorios para cuidar nuestra salud”. 

Eduardo Cerdá es director de la Dirección Nacional de Agroecología, desde su experiencia aseguró que nos encontramos en un momento muy complejo de crisis civilizatoria. En ese contexto, señaló la importancia de “discutir la alimentación desde todos los sectores y reapropiarnos de los sistemas alimentarios”. Para Cerdá es “un mito que no podemos comer comida sin agrotóxicos” por eso recordó que la agroecología hoy es reconocida por el Estado argentino y que es necesario apropiarse de esos avances para garantizar derechos.

Tomasa Ramos es huertera del Parque Huerta El Bosque, una experiencia de política pública municipal que impulsa estrategias participativas y solidarias de producción, transformación, comercialización y consumo de alimentos sanos. Su experiencia en la producción de alimentos desde hace más de 20 años evidencia el potencial de esta propuesta: “Hacer nuestro propio alimento es un ejercicio que se va aprendiendo pero es, sobre todo, una forma de sanar”, explicó.

Por su parte, Leomancio Araujo del Movimiento de Pequeños Agricultores de Brasil, presentó la situación de su territorio: mientras que el campesinado posee tan sólo el 24% de las tierras es quien alimenta a los pueblos frente al agronegocio que posee el 76% para hambrear y envenenar. En ese marco compartió su visión: “Para nosotros la agroecología incluye el cuidado, la defensa de la vida y la producción de alimentos pero también conciencia política y organizacional. El agronegocio jamás contribuirá en la soberanía alimentaria ya que hace lo contrario”, aseguró.

Energía para la vida, no para la mercantilización

La centralidad que tiene el discurso de la transición energética en la actualidad no se puede discutir. El avance de los proyectos extractivistas en los diferentes territorios es un hecho y obliga a la pregunta urgente: ¿Energía para qué y para quiénes? 

En la segunda mesa realizada por la Fundación Rosa Luxemburgo en el marco del VI Congreso de Salud Socioambiental, el grupo de trabajo “La transición energética en Argentina. De falsas soluciones a la crisis climática a la construcción de políticas y experiencias para la vida» compartió sus reflexiones colectivas para pensar las posibles salidas y alternativas en el marco de la crisis climática.

La mesa estuvo integrada por Melisa Argento investigadora CONICET /UNR e integrante del Grupo de Investigación de Geopolítica y Bienes comunes, Pablo Rullo también investigador UNR/CONICET y por la investigadora y escritora, Maristella Svampa. La misma estuvo coordinada por Florencia Puente de la Fundación Rosa Luxemburgo.

Melisa Argento destacó que el grupo de trabajo convocado en el marco del congreso sostuvo como acuerdo que “la energía tiene que ser un derecho social y un bien común. Debe ser energía para la vida, no para la mercantilización”. En esa línea explicó que la  actual matriz energética profundiza las desigualdades y que la transición energética que proponen las corporaciones “genera nichos para salvar al capital de sus propias fallas”. Por ese motivo, para Argento “la explotación del litio no se puede definir de otra manera que no sea saqueo» ya que es “atroz lo que están haciendo en nuestros salares, en las lagunas altoandinas: Esta minería del agua pone en riesgo la vida de toda una biodiversidad en lugares que son humedales de regulación climática», explicó.

Por su parte, Pablo Rullo acercó las conclusiones arrojadas en el documento presentado por el grupo de trabajo. En ese marco, aseguró que tanto investigadores como activistas y defensores de los territorios:  «Queremos romper con la lógica que dice que sólo los ingenieros pueden hablar y definir las políticas energéticas”. En ese sentido desafió a las personas presentes: “Tenemos que apropiarnos de esas políticas y sus debates. Para nosotros es necesario acercar el futuro y repasar las experiencias existentes que son posibles y tenemos que demostrarlas”.

Para finalizar, Maristella Svampa agregó que desde los colectivos organizados, grupos de investigación y comunidades “queremos disputar y apostar a una propuesta de transición justa y ecosocial desde el sur global”. Y destacó que frente a la policrisis actual “la transición de los pueblos no es sólo energética, es alimentaria, civilizatoria y también urbana”. Svampa sostuvo que la mal llamada “transición energética” sólo propone un cambio de fuentes pero que no contempla un cambio del sistema energético: “Es corporativa y no es sustentable entonces no hay planeta que aguante ni litio que alcance si no cambiamos el consumo energético”. 

Este 13 de junio, la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (ANAMURI) celebra sus 25 años. Para rendirles homenaje, hemos tenido el privilegio de conversar con tres de sus fundadoras: Francisca Rodríguez, Alicia Muñoz y Mafalda Gadames. A través de sus relatos, nos adentramos en la historia de ANAMURI, la cual representa una parte fundamental de la historia de Chile, de la lucha de las mujeres y de las luchas campesinas en el continente.


Por: Patricia Lizarraga – Coordinadora Fundación Rosa Luxemburgo
Fotos: ANAMURI

El día de tu cumpleaños
y habría que embanderar
desde Arica a Magallanes
con banderas colorá’s.
Que viva tu nacimiento,
bello botón de rosal.
Por la voluntad del cielo,
¡que vivas cien años más!

       Violeta Parra.

Nacimos en rebeldía”

Todo comenzó con una semilla. Cuando alguna mujer decidió guardar una semilla de algún fruto silvestre y plantarla más cerca de su hogar. Y la semilla se reprodujo y cambió el mundo. Tal como las semillas de ANAMURI que multiplicaron luchas y resistencias en el continente. Semillas que encontramos mucho más atrás de hace un cuarto de siglo, que hoy celebramos; fueron sembradas en las organizaciones surgidas al calor de la Reforma Agraria del gobierno de la Unidad Popular, en el levantamiento de la Comisión Nacional Campesina en tiempos de dictadura, en la resistencia a la persecución y tortura en el terrible proceso de la contra-reforma agraria, en la búsqueda de los familiares detenidos-desaparecidos y en la creación y sostenimiento de las Oficinas Regionales de Atención a la Mujer Rural en plena dictadura. 

Finalizando los años 90, ANAMURI se organiza en un contexto de fuerte profundización de un proceso de industrialización en el campo, claramente diseñado por un sistema capitalista-extractivista y patriarcal para terminar con la agricultura campesina: «Nacimos en rebeldía, nos rebelamos» nos rebelamos, a todas las limitaciones que la cultura machista imponía al desarrollo de las mujeres en las organizaciones, a la desvalorización no solo del trabajo en el campo, sino a nuestras ideas y pensamiento, nos atrevimos a dar un paso al lado» (FR).

Soberanía Alimentaria con identidad de género

Desde sus primeros años, la organización convocó a las mujeres a organizarse en sus territorios, convencidas de que debían ser una organización legitimada desde las bases, y salieron a recorrer cada rincón del país para consolidar una organización con identidad, que perdurara en el tiempo, que construyera su propia propuesta y que levantara su sueño. ANAMURI nació incluida en la lucha campesina de América Latina y del mundo a través de la CLOC y la Vía Campesina, de las cuales fueron impulsoras de su creación. ANAMURI fue concebida como una organización con un programa político, lo que significaba que abrazaban la lucha por la Soberanía Alimentaria con identidad de género como eje principal.

Y así llegan a su primer Congreso programático en el 2007, en un acampe masivo en la Estación Mapocho, lugar emblemático que representaba lo que fue el ferrocarril para el campesinado. Debían ver si la propuesta fundamental que emanaba de la CLOC y de la Vía Campesina realmente era una propuesta de todas las mujeres y cómo esa propuesta la «trasladábamos a una lucha organizada y la convertimos en principio político de nuestro accionar».

Para el segundo Congreso en 2014, ya se evidenciaba la organización y politización de las mujeres, y el crecimiento que había tenido el movimiento. Por aquellos años, el rol de las mujeres fue tomando notoriedad: «resistir para seguir existiendo». En esa lucha por la existencia de la agricultura ancestral, de los pueblos, de las identidades, de los recursos, el empoderamiento de las mujeres fue conformando un nuevo marco político que se enlazó perfectamente con el de la soberanía alimentaria: el feminismo campesino y popular. Un feminismo sobre todo, con identidad de clase como estructurador de sus luchas.

También la formación política fue un eje transversal que surgió desde los inicios de la creación de ANAMURI y ha sido un proceso constante y de continuo desarrollo. En esa dirección se consolidó el proyecto del Instituto de Agroecología-Sembradoras de Esperanzas».

El IALA es parte del sueño de crear un espacio de formación para las mujeres rurales, respondiendo a uno de los elementos centrales de la Soberanía Alimentaria: la agroecología. Un espacio para recuperar la tierra, la cultura e identidad de las mujeres del campo, un espacio de formación de profesionales que el campo necesita para seguir produciendo los alimentos que el pueblo requiere.

De los Tribunales Éticos a la organización sindical de las mujeres del campo y del mar

Algunos sucesos son hitos porque llevan a un salto cualitativo como resultado de  un determinado proceso. Este es el caso del camino recorrido de los Tribunales Éticos, los cuales fueron la forma que ANAMURI creó  para llevar adelante la Campaña “No más violencia en el Campo”. Sin embargo, los tribunales dejaron ver las innumerables violaciones a los derechos de las trabajadoras del campo  y del mar, y  frente a un vacío sobre las demandas de este sector había que crear un espacio que diera lugar a estas denuncias y acompañase el reclamo de las trabajadoras.  El 10 de septiembre el 2019, días antes de la revuelta del pueblo chileno, la organización dio un paso histórico para el movimiento sindical del país, con la creación del “Sindicato Nacional de Trabajadoras Eventuales de la Agro exportación y del Mar”, para representar a las trabajadoras invisibilizadas en los rubros de la agro exportación de temporada, pesqueras y recolectoras de orilla de mar. 

Sin miedo, con convicción y esperanza, convertiremos nuestros sueños en acción. Hacia el 3er Congreso

El Tercer Congreso que buscará  la construcción de su programa político para los próximos años, se realizará en octubre en Valparaíso. Empezó a gestarse en medio del Proceso Constituyente, en el cual ANAMURI tuvo un rol significativo y lo tomaron como estructurador de su lucha en los últimos años, porque reformar la Constitución había sido ya una demanda ya en el 2007 en su primer Congreso:

“Logramos entender que el querer una nueva constitución no es solamente reclamar, porque esa fue una decisión del Primer Congreso, pero en el Segundo Congreso vimos que una constitución se debe crear desde el pueblo, por lo tanto abrazamos la bandera de la Asamblea Constituyente y nos declaramos en Asamblea Constituyente permanente, y trabajamos para que se entienda qué es una asamblea constituyente. Y cuando la asamblea constituyente se la piensa dentro de la rebelión del pueblo, se convierte en una bandera de lucha, y nosotras estábamos ahí, porque habíamos trabajado tenazmente por una asamblea constituyente”. Pese al resultado el pasado 4 de septiembre de 2022 en el que se rechazó la Carta Magna propuesta, lograron instalar en Chile de que sin Soberanía Alimentaria el pueblo nunca sería del todo libre. 

La historia de ANAMURI se trama en hitos que fueron marcando el devenir y la definición de la esencia de la organizaciòn:

Desde la soberania alimentaria, de definir que las semillas son un patrimonio de nuestro pueblo, hasta lucha contra la opresiòn y la violencia contra las mujeres, a la que es la lucha por el derecho a un salario digno, a un salario como corresponde, al reconocimiento de lo que significa ser una asalariada, o la identidad que emerge de las trabajadoras del mar, la necesidad de formar nuestras propias profesionales para poder sostener una agricultura que responda a las necesidades del pueblo”

Sin dudas ANAMURI, un cuarto de siglo después, representa la diversidad y heterogeneidad del mundo rural de hoy y del feminismo campesino y popular en el continente. Hace 25 años, varias de las mujeres que hoy son nuestro ejemplo de lucha y coherencia,  necesitaban una organización de las mujeres del campo amplia y diversa, donde puedan pensar, actuar y soñar. Eso es Anamuri, un grito de rebeldía que todavía se mantiene. 

“Estamos celebrando estos 25 años de ANAMURI. El haber sido capaz caminar un cuarto de siglo con las banderas en alto, no solamente por la lucha por los derechos y la igualdad de las mujeres, sino por lo que significa el poder defender la tierra, defender nuestra cultura, defender la agricultura campesina, defender el futuro de nuestros hijos, abrir ruta para que cada dia puedan más jóvenes quedarse en el campo, ingresar a la organizaciòn, y mirar con esperanza el futuro”.

¿Por qué es importante la siembra de agua en las casas de semillas?

En este proyecto, convocadxs por la Red de Agricultura Orgánica de Misiones RAOM y en el marco de trabajo de la Red de Casas de Semillas durante los días 29 y 30 de abril, en la Chacra Flores del Cielo «Yvaga Poty» de las 2000 has de Puerto Yguazú, diversas organizaciones e instituciones trabajamos juntas para implementar esta propuesta innovadora para así alcanzar el propósito de la conservación y producción de semillas nativas y criollas en las casas de semilla de RAOM.

Agradecemos a los integrantes de las distintas Casas de la provincia por su participación, colaboración y apoyo en esta iniciativa.

 

Compartimos aquí videos con testimonios.

Responde ??????? ????????? de la Chacra Agroecológica Flores del Cielo – Iguazú: “La semilla es el principio de la vida, lo que se multiplica, lo que genera, lo que transforma y sin el agua no hay semilla, no hay vida”.

Responde ???? ?????? ????? «???» de la Reserva La Espiral – Cerro Corá: “Al tener agua en nuestros territorios tenemos abundancia, tenemos autonomía y tenemos la posibilidad de tener semillas y al tener semillas tenemos alimentos”.

Responde ??????? ??????? técnica en agroecología de RAOM: “Nos permite seguir generando vida, sosteniendo la vida, también generando y produciendo alimentos sanos”.

Responde ?????? ???????? de la Casa de Semillas, El Soberbio: “El agua significa vida, arraigo, posibilidades porque sin agua no hay nada de todo eso».

Responde ???? ??????? agricultora del grupo Teoka Pora de Certificación Participativa Iguazú: “En la medida que uno tiene el agua no valoriza, pero despues cuando vas viviendo esta sequía que hemos vivido, realmente valorizamos que es la vida, la semilla y el agua ”

Jorge Pereira Filho

Patricia Lizarraga

 

En el año en que completa 30 años de la realización de su primer Congreso en la ciudad de Mons, Bélgica, la Via Campesina enfrenta una realidad cada vez más desafiante: a la vez que el comercio internacional de commodities continuó avanzando globalmente año tras año, los precios de los alimentos alcanzaron su máximo histórico en el año 2022.  En este mes de abril, la organización que reúne a 182 movimientos campesinos en 81 países realiza acciones en todo el planeta para denunciar esta situación y defender la Soberanía Alimentaria. Concepto que fue incorporado por la Via Campesina como principal bandera de lucha en abril de 1996 cuando realizaba su segunda conferencia en México. En ese mismo momento, en el sur del continente, Brasil, ocurría la masacre de Eldorado de Carajás. Policías militares asesinaron a sangre fría a 21 campesinos sin tierra que se manifestaban a favor de la Reforma Agraria.  Esta fecha fue definida como el “Día Internacional de la Lucha Campesina”, y en este año, 2023, las acciones de la Via Campesina son marcadas por el lema “Frente a las crisis mundiales, ¡construimos Soberanía Alimentaria para asegurar un futuro a la humanidad!”

 

 

 

Jaime Amorim, de la coordinación política de la Via Campesina e integrante de la Dirección Nacional del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), plantea que el desafío de los movimientos campesinos hoy, va mas allá de lo que se imaginaban hace tres décadas. Y que enfrentar las diversas crisis que vivimos, desde la explosión del hambre hasta el cambio climático, pasando por la creciente desigualdad social, necesariamente requiere transformar el modelo de producción em el campo. 

 

A lo largo de 2022, varios organismos de la ONU han alertado sobre el agravamiento del problema del hambre en el mundo. ¿Cómo analiza La Vía Campesina este escenario? 

 

La Vía Campesina lleva trabajando sobre la posibilidad de que se produzca una crisis alimentaria en todo el mundo desde 2020. Durante la pandemia, asumimos que era esencial, como campesinos, seguir produciendo alimentos. Teníamos una condición diferente a la de los que viven en la ciudad. Podíamos aislarnos y producir alimentos, y así demostrar en la práctica el papel que tenemos ante la sociedad. Hemos cumplido esta tarea, incluso promoviendo la transición hacia una agricultura comprometida con la producción de alimentos más sanos. Sabemos que tenemos un problema en el mundo con una población cada vez más frágil, en situación de baja inmunidad, y esto tiene que ver con nuestro modelo alimentario. También es consecuencia de un modelo capitalista que impone una estandarización de los alimentos en todo el mundo. Si te dedicas a la producción de alimentos, naturalmente vas a dar prioridad a la cultura alimentaria local. Y la Soberanía Alimentaria no es más que un país que recurre a la producción para garantizar que su población no pase hambre. Esto refuerza la cultura local porque sólo producirías lo que las condiciones climáticas, geográficas y tradicionales hacen posible. A lo largo de este mes de abril queremos mantener este debate, para poner de relieve que la soberanía alimentaria es una cuestión fundamental en todo el mundo. El hambre es una consecuencia de este modelo, de la codicia, en el que se suman varias crisis: la crisis medioambiental, la crisis económica, la crisis ideológica. En la periferia del mundo aumenta la pobreza. En 2016, unos 50 millones estaban por debajo del umbral de la pobreza en Brasil, por ejemplo; hoy son 62,5 millones. Y alrededor de 33 millones de personas pasan hambre. Lo mismo ha ocurrido en los países de América Latina, África y Asia.

 

 

¿Cómo combatir este modelo en la práctica?

 

En primer lugar, la Reforma Agraria Popular es decisiva si queremos cambiar este modelo. Cabe en cualquier parte del mundo, incluso donde ya ha habido un proceso de distribución de la tierra, porque es necesario resolver el problema del modelo de desarrollo agrícola. Y de eso se trata la Reforma Agraria Popular: garantizar la asistencia técnica, las semillas orgánicas, la producción de insumos orgánicos, es necesario cambiar toda la economía. Hoy la economía agrícola está orientada a la producción a gran escala, al monocultivo, con uso extensivo de venenos, insumos químicos y transgénicos. La producción de alimentos sanos requiere un nuevo proceso de aprendizaje y dominio de la producción ecológica.

 

Un paso importante en esta dirección fue la aprobación de la Declaración sobre los Derechos de los Campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales (UNDROP)…

 

Esta declaración contribuye a este objetivo más amplio de La Vía Campesina y tenemos el reto de aplicarla en la práctica. Su aprobación fue un momento histórico en 2018. Reconoce a los campesinos como sujetos de derecho, incluidos a pescadores y pueblos indígenas. Pero no basta con tener la ley si no se lleva a la práctica. El primer reto tras la aprobación de la declaración es darla a conocer a las organizaciones campesinas de todo el mundo. Y luego viene un periodo de estudio, comprensión y puesta en común para que entiendan cuáles son las consecuencias de esta declaración, qué implica. Y luego el reto es conseguir que los países reconozcan estos derechos recogidos en la declaración, como ha hecho Bolivia. Dependerá no sólo de las acciones de la ONU, sino también de nuestra capacidad para presionar a los parlamentos nacionales, muchos de los cuales están dominados por los conservadores. Ahora tenemos una carta que nos da unidad a escala nacional e internacional, que nos reconoce como campesinos, y, de todos modos, en última instancia, en los casos más graves de violaciones, tenemos un respaldo jurídico para apelar a los organismos internacionales. Es un instrumento de articulación fantástico. Es un instrumento jurídico, pero es un instrumento de lucha.

 

 

¿Es éste uno de los principales logros de La Vía Campesina en estos treinta años? 

 

Bueno, este año celebraremos nuestra octava conferencia. Cuando nació La Vía, el avance del monocultivo agroexportador era nuestro gran problema, que se convirtió en el modelo del agronegocio transnacional. El mundo se estaba organizando en bloques económicos. Existía la amenaza del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y la Organización Mundial del Comercio (OMC) se hizo cargo del proceso de negociación alimentaria. Se desarrolla un mercado mundial de alimentos, que se convierte en una mercancía negociada en la Bolsa, en mercados de futuros, sin ningún control sobre los agricultores que producen los alimentos. Y ante el avance del neoliberalismo, surge nuestra primera consigna. En lugar de globalizar la economía, globalicemos la lucha. «Globalizar la esperanza», la defensa de que los alimentos no pueden ser una mercancía, el derecho de los países a definir la soberanía alimentaria local. Lo primero que conseguimos, como Vía Campesina, fue mostrar al mundo que hay una contraposición a este proceso. 

 

Otra cuestión que destaco es el cuestionamiento del concepto de seguridad alimentaria, utilizado por la ONU y que fue importante después de la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, todas las personas tienen derecho a la alimentación. Pero La Vía Campesina empezó a cuestionar: ¿a qué tipo de alimentos se tiene acceso? La seguridad alimentaria no discute el tipo de alimentos, ni las condiciones en las que se producen los productos alimentarios, a menudo a costa de la explotación del trabajo infantil; del trabajo esclavo; de la destrucción del medio ambiente, de la expulsión de las familias campesinas de sus tierras. La soberanía alimentaria debate la idea de que no basta con que los alimentos lleguen a las personas. Provoca que discutamos qué tipo de alimentos, cuáles son las condiciones de producción, cuál es la relación entre esos alimentos y el proceso de producción, con el trabajo, con el medio ambiente y con las comunidades locales y originarias. Y tenemos la crisis medioambiental. Hace 30 años no imaginábamos las dimensiones de la crisis que vivimos hoy. Hoy la soberanía alimentaria es importante no sólo para salvar a los campesinos, es crucial para salvar el planeta. Así que me parece que es una tarea que hemos asumido. Significa plantar árboles, defender las zonas de reserva, recuperar las riberas de los ríos, presionar a cada país para que tenga leyes que prohíban la deforestación y las quemas. Ya tenemos tierra suficiente para alimentar al mundo. El problema es quién produce en esa tierra, qué se produce y cuáles son los intereses de quienes producen.

 

 

La Vía Campesina ha publicado recientemente una nota en la que señala los riesgos medioambientales del tratado de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur…

 

El tratado sería un desastre total para los países del Mercosur. Significaría profundizar la reprimarización de la economía. En un primer momento, el acuerdo puede ampliar nuestras exportaciones, pero nos hará cada vez más rehenes de las industrias europeas. Eso sin hablar del reguero de destrucción medioambiental que hemos acumulado aquí con la sobreexplotación de materias primas y minerales. Además, en la medida en que se crea un mercado común, todos los procesos de compra pública se abren también a las empresas europeas. El resultado podría ser la destrucción total de las organizaciones y estructuras locales de comercialización. Las políticas públicas que son cruciales para promover la agricultura campesina, la agricultura familiar, que produce alimentos para las mesas de la gente, se volverán inviables. Es un proceso que excluirá a las cooperativas de pequeños agricultores y asentamientos. En lugar de seguir este camino, Brasil debería ampliar sus relaciones comerciales para no depender de Estados Unidos o Europa. Esto es lo que el país hizo antes del golpe contra Dilma Rousseff en 2016, y debería continuar en esta dirección. 

 

Para concluir, si la Vía Campesina surge con las disputas de bloques comerciales y hoy es la guerra en Europa la que centra la atención internacional. 

 

Sobre esta cuestión, la Vía Campesina de Europa tiene una visión ligeramente diferente de la Vía Campesina Internacional. Mientras los europeos tratan el asunto como si se tratara sólo de una maniobra rusa para dominar Ucrania, La Vía Internacional entiende que se trata de una guerra entre intereses capitalistas, una disputa por la hegemonía internacional. Sabemos que este conflicto tiene un claro impacto en la economía agrícola internacional. Rusia y Ucrania son grandes productores de alimentos, con cerca de un tercio de la producción mundial de trigo. Ucrania sigue teniendo una elevada producción de maíz, y Rusia de fertilizantes e insumos agrícolas. Todo ello ha repercutido en el coste de la producción de alimentos en todo el mundo. Al mismo tiempo, es una gran oportunidad para demostrar que los insumos químicos pueden ser superados por los orgánicos. Y a medida que avance la guerra, esta situación será cada vez más acuciante, porque los precios de los alimentos seguirán presionados. Vemos este escenario con preocupación, considerando que Estados Unidos y China avanzan cada vez más en la disputa por la hegemonía en el mundo, y esto no nos ayuda a defender a los países soberanos desde el punto de vista alimentario. El hecho es que la guerra no le interesa a nadie, no les interesa a los pueblos de Ucrania, de Europa, de Rusia ni de ninguna parte del mundo. Por eso La Vía Campesina también asume cada vez más este debate de estar en contra de la guerra, a favor de la paz y por un nuevo modelo de desarrollo a escala internacional.

 

Texto: Fundación Rosa Luxemburgo
Fotos: Felipe Torres Cea

La Fundación Rosa Luxemburgo – oficinas de Buenos Aires y Sao Paulo – presentó el Atlas de los Sistemas Alimentarios del Cono Sur el jueves 13 de abril de 2023 en la Huerta Urbana Agroecológica Anita Broccoli, ubicada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Junto a referentes de organizaciones y movimientos sociales del Cono Sur, se realizó esta presentación en un espacio de debate y reflexión sobre la situación del acceso a los alimentos en la región sur de América. Además, se distribuyeron copias del Atlas para que los presentes puedan llevárselo a sus lugares de trabajo o militancia.

 

 

El Atlas se trata de un material construido con la participación activa de los movimientos populares y campesinos del Cono Sur, en el que presentamos no sólo un diagnóstico de la crisis alimentaria en la región y la radiografía del modelo del agronegocio que enferma, envenena (a las personas y los alimentos) y destruye territorios, sino también alternativas para superarla en manos de los movimientos populares. Estrategias de producción y abastecimiento de alimentos que, desde la semilla al plato, intentan sobre todo producir un alimento sano, soberano y a un precio justo.

La jornada tuvo dos mesas de diálogo. Comenzó el encuentro con la presentación del director de la Oficina Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo, Torge Loeding, quien comentó el valor de la propuesta. “La lucha por la soberanía alimentaria es la lucha por la autodeterminación de los territorios y de los cuerpos”, aclaró. 

 

 

En la primera mesa, titulada “Hambre y organización popular: las respuestas desde abajo contra la inseguridad alimentaria” participaron Marcos Filardi, Cátedras Soberanía Alimentaria. UBA @calisanutricionuba, Dina Sánchez, Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular (@utep_oficial), Ana Paula Perles, Movimiento de Trabajadores sin Techo (mtstbrasil). Brasil, y Patricio Vértiz, FCAyF-UNLP. Instituto Tri-Continental. @tricontinental_ar. Moderó Sarah Zevaco, @baseisparaguay.

 

 

Comenzó el diálogo Patricio, preguntando: “Las grandes multinacionales tienen la capacidad brutal de imponer cómo se produce en los distintos países. ¿Cómo estas dinámicas impactan en Argentina? ¿Por qué suben los precios? Hay aspectos coyunturales y razones estructurales”. El investigador de FCAyF – UNLP y miembro del Instituto Tri Continental sumó datos para ensayar una respuesta: “Argentina en lo que es la distribución de alimentos tiene enormes gastos de logística. Hay un exceso de agentes intermediarios que no necesariamente agregan valor pero sí aumentan el precio”. Luego tomó la palabra Dina Sanchez, quien forma parte de la UTEP. Dina resaltó el rol clave que ocupa la organización en la vida del pueblo: “Si no fuera por los comedores o merenderos populares muchas familias no tendrían qué comer” contó. Y sumó su impresión e indignación: “¡En un país como Argentina, productor de alimentos, no se puede pasar hambre!”. Desde Brasil compartió la mesa Ana Paula Perles, miembro del Movimiento de Trabajadores sin Techo, quienes vienen construyendo el proyecto de Cocinas Comunitarias en varios estados de Brasil, y se encuentran frente al desafío de la transformación de esta iniciativa en política pública. “Se va a tratar el proyecto de ley para la construcción de 10.000 cocinas comunitarias”. Ana cerró planteando la necesidad de aprovechar estos cuatro años de Lula «para que el fascismo como el de Bolsonaro no vuelva, cuatro años para terminar con el hambre en Brasil”. Por su parte, Marcos Filardi, quién sintetizó la idea de la multicausalidad de la crisis alimentaria por la que atraviesa toda la región,  aclaró que “necesitamos otros modos de ser y de habitar nuestros territorios, que vayan de la mano con la agricultura familiar campesina e indigena”.  Marcos, miembro de la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la UBA, aseveró: “La salida es la lucha y la lucha es la soberanía alimentaria”.

La segunda mesa se llamó “El desafío de la soberanía alimentaria en el Cono Sur”. Participaron Anderson Amaro, Movimiento de los Pequeños Agricultores (@mpa.brasil) / Vía Campesina Brasil – Cloc. Brasil, Camila Montecinos, Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas @anamuriag. Chile, Salete Carollo. Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (@movimentosemterra). Brasil y Diego Montón, Movimiento Nacional Campesino Indígena – Somos Tierra @mnci.somostierra. Argentina. Moderó Matías Carámbula, UdelaR. Uruguay.

 

 

Anderson del MPA resaltó el Atlas como herramienta para los movimientos campesinos, cuya potencia es no solo la de dar un diagnóstico del modelo agroalimentario, contener infografías que facilitan el análisis en los espacios de formación de los sectores populares, además consideró que es un Atlas de las alternativas para la construcción de sistemas alimentarios más justos y soberanos que ya están sucediendo. Y uno de los mayores desafíos  al que nos enfrentamos, es lograr que el pueblo acceda en cantidad y calidad a esa alimentación que se produce desde los sectores campesinos. La agroecología no puede ser solo para los sectores de la clase media, mientras los sectores más empobrecidos se quedan con lo que la agroindustria ofrece, productos que enferman. Hay que romper el cerco y llegar con alimentos sanos y precios más justos para todos y todas. 

 

 

“La agricultura indígena, campesina y artesanal debería estar en el centro como garante de la alimentación del pueblo chileno” comenzó diciendo Camila Montecinos, miembro de ANAMURI. Pero, aclaró: “sabemos que la lucha es larga. Necesitamos un sujeto colectivo organizado.” Además, sumó una definición clave en los tiempos que corren: “La lucha por la soberanía alimentaria es una lucha por la democracia”. Luego, desde el MNCI – Somos Tierra, Diego Montón agregó:  en la disputa por el modelo agroalimentario  “tiene que haber una normativa específica para la agricultura familiar campesina” ya que “no puede cobrarse el mismo impuesto que paga un gran empresario que un pequeño productor”. 

Salete Corollo, de la dirección nacional del MST, trayendo la experiencia de Periferia Viva, resaltada en el Atlas, defendió la necesidad de ir más allá de las cocinas comunitarias, hacia la transformación de esos espacios como lugares de formación política y organización popular. Esos espacios y los proyectos de los movimientos campesinos para producir alimentos, deben articularse en una disputa por un proyecto de sociedad.

Una sociedad en la que todos y todas coman, todos los días, alimentos sanos y soberanos. 

En esta hermosa jornada de lucha y reflexión acompañaron  @casaelefantee y @grafica_lavozdelamujer estampando telas y remeras. 

Compartimos videos de las presentaciones registrados por CALISA y publicados en su canal de YouTube. 

La Fundación Rosa Luxemburgo – oficinas de Buenos Aires y Sao Paulo elaboraron el Atlas de los Sistemas Alimentarios del Cono Sur. El material, se construyó a partir de la escucha activa de los movimientos populares y campesinos del Cono Sur. El documento presenta no sólo un diagnóstico de la crisis alimentaria en la región, sino también alternativas para superarla en manos de los movimientos populares.

 

 

¿Cuál es el desafío de los movimientos campesinos (en su país) en contexto de la crisis alimentaria?

Durante los días 28 y 29 de julio de 2022, en la ciudad de Eldorado, Misiones, se llevó adelante la «Escuela de Defensorxs Territoriales: Gestión comunitaria de los bienes comunes para la construcción de horizontes ecosociales» junto a referentes e integrantes de organizaciones sociales, campesinas e indígenas de Argentina, Brasil, Chile y Paraguay para poner en común la situación de los conflictos territoriales y sus experiencias de resistencia en torno a la defensa de la vida.

 

Este encuentro fue una iniciativa de la Fundación Rosa Luxemburgo en articulación de la Red de Agricultura Orgánica de Misiones (RAOM), en el que guardianxs de los montes, del agua y de las semillas, se encontraron para analizar y denunciar la hiperfinanciarización de la naturaleza y la concentración de los bienes comunes en manos de las corporaciones, y a la vez, mostrar y compartir las experiencias de defensa como el uso de las tecnologías populares y comunitarias para la conservación del agua, las luchas por la defensa de la tierra y de los montes, las prácticas agroecológicas promovidas por los movimientos campesinos y los espacios de gestión y resguardo de nuestras semillas nativas y criollas.

 

El cierre de la Escuela se dio en el marco de la celebración del 25 aniversario de la Feria Provincial de Semillas en la localidad de Capiovi.

 

En el siguiente cuadernillo compartimos entrevistas realizadas aEnso Ortt, de RAOM – Argentina, Roberta Coimbra, del MST – Brasil, Gilberto Schneider, de MPA – Brasil, Cony Oviedo, de Conamuri – Paraguay, Lucio Cuenca, de OLCA – Chile. 

 

Las entrevistas fueron realizadas por Camila Parodi, Bettina Kirchhofer, Juan Errico, Mati Ames, Hernán Navarrete, Iñaki Echeverría, Laura Vanesa Reyes.

 

Diseño de cuadernillo por Lucía Fernández Ares.

 

 

Descarga aquí.

 

Compartimos la cartilla informativa «Mercado de Carbono»  utilizada para la discusión y puesta en común en la Escuela de Defensorxs Territoriales «Gestión comunitatia de los bienes comunes para la construcción de horizontes ecosociales» llevada a cabo en El Dorado, Misiones, en julio de 2022.

 

 

Descarga aquí.

La Fundación Rosa Luxemburgo – oficinas de Buenos Aires y Sao Paulo, y Anamuri lanzan el Atlas de los Sistemas Alimentarios del Cono Sur.

El Atlas se construyó a partir de la escucha activa de los movimientos populares y campesinos del Cono Sur. El documento presenta no sólo un diagnóstico de la crisis alimentaria en la región, sino también alternativas para superarla en manos de los movimientos populares.

 

Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay comparten una realidad contradictoria: aunque tienen condiciones favorables para la producción campesina, no pueden alimentar a sus poblaciones de forma adecuada y saludable.

El punto de partida de este trabajo son las experiencias históricas de resistencia y las diversas prácticas de solidaridad fortalecidas durante la pandemia.

 

Es un conjunto de iniciativas que apuntan a otro modelo de organización social, garantizando la soberanía alimentaria de los pueblos de la región.

 

 

 

Pueden descargar el Atlas aquí.