Este 13 de junio, la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (ANAMURI) celebra sus 25 años. Para rendirles homenaje, hemos tenido el privilegio de conversar con tres de sus fundadoras: Francisca Rodríguez, Alicia Muñoz y Mafalda Gadames. A través de sus relatos, nos adentramos en la historia de ANAMURI, la cual representa una parte fundamental de la historia de Chile, de la lucha de las mujeres y de las luchas campesinas en el continente.


Por: Patricia Lizarraga – Coordinadora Fundación Rosa Luxemburgo
Fotos: ANAMURI

El día de tu cumpleaños
y habría que embanderar
desde Arica a Magallanes
con banderas colorá’s.
Que viva tu nacimiento,
bello botón de rosal.
Por la voluntad del cielo,
¡que vivas cien años más!

       Violeta Parra.

Nacimos en rebeldía”

Todo comenzó con una semilla. Cuando alguna mujer decidió guardar una semilla de algún fruto silvestre y plantarla más cerca de su hogar. Y la semilla se reprodujo y cambió el mundo. Tal como las semillas de ANAMURI que multiplicaron luchas y resistencias en el continente. Semillas que encontramos mucho más atrás de hace un cuarto de siglo, que hoy celebramos; fueron sembradas en las organizaciones surgidas al calor de la Reforma Agraria del gobierno de la Unidad Popular, en el levantamiento de la Comisión Nacional Campesina en tiempos de dictadura, en la resistencia a la persecución y tortura en el terrible proceso de la contra-reforma agraria, en la búsqueda de los familiares detenidos-desaparecidos y en la creación y sostenimiento de las Oficinas Regionales de Atención a la Mujer Rural en plena dictadura. 

Finalizando los años 90, ANAMURI se organiza en un contexto de fuerte profundización de un proceso de industrialización en el campo, claramente diseñado por un sistema capitalista-extractivista y patriarcal para terminar con la agricultura campesina: «Nacimos en rebeldía, nos rebelamos» nos rebelamos, a todas las limitaciones que la cultura machista imponía al desarrollo de las mujeres en las organizaciones, a la desvalorización no solo del trabajo en el campo, sino a nuestras ideas y pensamiento, nos atrevimos a dar un paso al lado» (FR).

Soberanía Alimentaria con identidad de género

Desde sus primeros años, la organización convocó a las mujeres a organizarse en sus territorios, convencidas de que debían ser una organización legitimada desde las bases, y salieron a recorrer cada rincón del país para consolidar una organización con identidad, que perdurara en el tiempo, que construyera su propia propuesta y que levantara su sueño. ANAMURI nació incluida en la lucha campesina de América Latina y del mundo a través de la CLOC y la Vía Campesina, de las cuales fueron impulsoras de su creación. ANAMURI fue concebida como una organización con un programa político, lo que significaba que abrazaban la lucha por la Soberanía Alimentaria con identidad de género como eje principal.

Y así llegan a su primer Congreso programático en el 2007, en un acampe masivo en la Estación Mapocho, lugar emblemático que representaba lo que fue el ferrocarril para el campesinado. Debían ver si la propuesta fundamental que emanaba de la CLOC y de la Vía Campesina realmente era una propuesta de todas las mujeres y cómo esa propuesta la «trasladábamos a una lucha organizada y la convertimos en principio político de nuestro accionar».

Para el segundo Congreso en 2014, ya se evidenciaba la organización y politización de las mujeres, y el crecimiento que había tenido el movimiento. Por aquellos años, el rol de las mujeres fue tomando notoriedad: «resistir para seguir existiendo». En esa lucha por la existencia de la agricultura ancestral, de los pueblos, de las identidades, de los recursos, el empoderamiento de las mujeres fue conformando un nuevo marco político que se enlazó perfectamente con el de la soberanía alimentaria: el feminismo campesino y popular. Un feminismo sobre todo, con identidad de clase como estructurador de sus luchas.

También la formación política fue un eje transversal que surgió desde los inicios de la creación de ANAMURI y ha sido un proceso constante y de continuo desarrollo. En esa dirección se consolidó el proyecto del Instituto de Agroecología-Sembradoras de Esperanzas».

El IALA es parte del sueño de crear un espacio de formación para las mujeres rurales, respondiendo a uno de los elementos centrales de la Soberanía Alimentaria: la agroecología. Un espacio para recuperar la tierra, la cultura e identidad de las mujeres del campo, un espacio de formación de profesionales que el campo necesita para seguir produciendo los alimentos que el pueblo requiere.

De los Tribunales Éticos a la organización sindical de las mujeres del campo y del mar

Algunos sucesos son hitos porque llevan a un salto cualitativo como resultado de  un determinado proceso. Este es el caso del camino recorrido de los Tribunales Éticos, los cuales fueron la forma que ANAMURI creó  para llevar adelante la Campaña “No más violencia en el Campo”. Sin embargo, los tribunales dejaron ver las innumerables violaciones a los derechos de las trabajadoras del campo  y del mar, y  frente a un vacío sobre las demandas de este sector había que crear un espacio que diera lugar a estas denuncias y acompañase el reclamo de las trabajadoras.  El 10 de septiembre el 2019, días antes de la revuelta del pueblo chileno, la organización dio un paso histórico para el movimiento sindical del país, con la creación del “Sindicato Nacional de Trabajadoras Eventuales de la Agro exportación y del Mar”, para representar a las trabajadoras invisibilizadas en los rubros de la agro exportación de temporada, pesqueras y recolectoras de orilla de mar. 

Sin miedo, con convicción y esperanza, convertiremos nuestros sueños en acción. Hacia el 3er Congreso

El Tercer Congreso que buscará  la construcción de su programa político para los próximos años, se realizará en octubre en Valparaíso. Empezó a gestarse en medio del Proceso Constituyente, en el cual ANAMURI tuvo un rol significativo y lo tomaron como estructurador de su lucha en los últimos años, porque reformar la Constitución había sido ya una demanda ya en el 2007 en su primer Congreso:

“Logramos entender que el querer una nueva constitución no es solamente reclamar, porque esa fue una decisión del Primer Congreso, pero en el Segundo Congreso vimos que una constitución se debe crear desde el pueblo, por lo tanto abrazamos la bandera de la Asamblea Constituyente y nos declaramos en Asamblea Constituyente permanente, y trabajamos para que se entienda qué es una asamblea constituyente. Y cuando la asamblea constituyente se la piensa dentro de la rebelión del pueblo, se convierte en una bandera de lucha, y nosotras estábamos ahí, porque habíamos trabajado tenazmente por una asamblea constituyente”. Pese al resultado el pasado 4 de septiembre de 2022 en el que se rechazó la Carta Magna propuesta, lograron instalar en Chile de que sin Soberanía Alimentaria el pueblo nunca sería del todo libre. 

La historia de ANAMURI se trama en hitos que fueron marcando el devenir y la definición de la esencia de la organizaciòn:

Desde la soberania alimentaria, de definir que las semillas son un patrimonio de nuestro pueblo, hasta lucha contra la opresiòn y la violencia contra las mujeres, a la que es la lucha por el derecho a un salario digno, a un salario como corresponde, al reconocimiento de lo que significa ser una asalariada, o la identidad que emerge de las trabajadoras del mar, la necesidad de formar nuestras propias profesionales para poder sostener una agricultura que responda a las necesidades del pueblo”

Sin dudas ANAMURI, un cuarto de siglo después, representa la diversidad y heterogeneidad del mundo rural de hoy y del feminismo campesino y popular en el continente. Hace 25 años, varias de las mujeres que hoy son nuestro ejemplo de lucha y coherencia,  necesitaban una organización de las mujeres del campo amplia y diversa, donde puedan pensar, actuar y soñar. Eso es Anamuri, un grito de rebeldía que todavía se mantiene. 

“Estamos celebrando estos 25 años de ANAMURI. El haber sido capaz caminar un cuarto de siglo con las banderas en alto, no solamente por la lucha por los derechos y la igualdad de las mujeres, sino por lo que significa el poder defender la tierra, defender nuestra cultura, defender la agricultura campesina, defender el futuro de nuestros hijos, abrir ruta para que cada dia puedan más jóvenes quedarse en el campo, ingresar a la organizaciòn, y mirar con esperanza el futuro”.

¿Por qué es importante la siembra de agua en las casas de semillas?

En este proyecto, convocadxs por la Red de Agricultura Orgánica de Misiones RAOM y en el marco de trabajo de la Red de Casas de Semillas durante los días 29 y 30 de abril, en la Chacra Flores del Cielo «Yvaga Poty» de las 2000 has de Puerto Yguazú, diversas organizaciones e instituciones trabajamos juntas para implementar esta propuesta innovadora para así alcanzar el propósito de la conservación y producción de semillas nativas y criollas en las casas de semilla de RAOM.

Agradecemos a los integrantes de las distintas Casas de la provincia por su participación, colaboración y apoyo en esta iniciativa.

 

Compartimos aquí videos con testimonios.

Responde ??????? ????????? de la Chacra Agroecológica Flores del Cielo – Iguazú: “La semilla es el principio de la vida, lo que se multiplica, lo que genera, lo que transforma y sin el agua no hay semilla, no hay vida”.

Responde ???? ?????? ????? «???» de la Reserva La Espiral – Cerro Corá: “Al tener agua en nuestros territorios tenemos abundancia, tenemos autonomía y tenemos la posibilidad de tener semillas y al tener semillas tenemos alimentos”.

Responde ??????? ??????? técnica en agroecología de RAOM: “Nos permite seguir generando vida, sosteniendo la vida, también generando y produciendo alimentos sanos”.

Responde ?????? ???????? de la Casa de Semillas, El Soberbio: “El agua significa vida, arraigo, posibilidades porque sin agua no hay nada de todo eso».

Responde ???? ??????? agricultora del grupo Teoka Pora de Certificación Participativa Iguazú: “En la medida que uno tiene el agua no valoriza, pero despues cuando vas viviendo esta sequía que hemos vivido, realmente valorizamos que es la vida, la semilla y el agua ”

Texto: Fundación Rosa Luxemburgo
Fotos: Felipe Torres Cea

La Fundación Rosa Luxemburgo – oficinas de Buenos Aires y Sao Paulo – presentó el Atlas de los Sistemas Alimentarios del Cono Sur el jueves 13 de abril de 2023 en la Huerta Urbana Agroecológica Anita Broccoli, ubicada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Junto a referentes de organizaciones y movimientos sociales del Cono Sur, se realizó esta presentación en un espacio de debate y reflexión sobre la situación del acceso a los alimentos en la región sur de América. Además, se distribuyeron copias del Atlas para que los presentes puedan llevárselo a sus lugares de trabajo o militancia.

 

 

El Atlas se trata de un material construido con la participación activa de los movimientos populares y campesinos del Cono Sur, en el que presentamos no sólo un diagnóstico de la crisis alimentaria en la región y la radiografía del modelo del agronegocio que enferma, envenena (a las personas y los alimentos) y destruye territorios, sino también alternativas para superarla en manos de los movimientos populares. Estrategias de producción y abastecimiento de alimentos que, desde la semilla al plato, intentan sobre todo producir un alimento sano, soberano y a un precio justo.

La jornada tuvo dos mesas de diálogo. Comenzó el encuentro con la presentación del director de la Oficina Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo, Torge Loeding, quien comentó el valor de la propuesta. “La lucha por la soberanía alimentaria es la lucha por la autodeterminación de los territorios y de los cuerpos”, aclaró. 

 

 

En la primera mesa, titulada “Hambre y organización popular: las respuestas desde abajo contra la inseguridad alimentaria” participaron Marcos Filardi, Cátedras Soberanía Alimentaria. UBA @calisanutricionuba, Dina Sánchez, Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular (@utep_oficial), Ana Paula Perles, Movimiento de Trabajadores sin Techo (mtstbrasil). Brasil, y Patricio Vértiz, FCAyF-UNLP. Instituto Tri-Continental. @tricontinental_ar. Moderó Sarah Zevaco, @baseisparaguay.

 

 

Comenzó el diálogo Patricio, preguntando: “Las grandes multinacionales tienen la capacidad brutal de imponer cómo se produce en los distintos países. ¿Cómo estas dinámicas impactan en Argentina? ¿Por qué suben los precios? Hay aspectos coyunturales y razones estructurales”. El investigador de FCAyF – UNLP y miembro del Instituto Tri Continental sumó datos para ensayar una respuesta: “Argentina en lo que es la distribución de alimentos tiene enormes gastos de logística. Hay un exceso de agentes intermediarios que no necesariamente agregan valor pero sí aumentan el precio”. Luego tomó la palabra Dina Sanchez, quien forma parte de la UTEP. Dina resaltó el rol clave que ocupa la organización en la vida del pueblo: “Si no fuera por los comedores o merenderos populares muchas familias no tendrían qué comer” contó. Y sumó su impresión e indignación: “¡En un país como Argentina, productor de alimentos, no se puede pasar hambre!”. Desde Brasil compartió la mesa Ana Paula Perles, miembro del Movimiento de Trabajadores sin Techo, quienes vienen construyendo el proyecto de Cocinas Comunitarias en varios estados de Brasil, y se encuentran frente al desafío de la transformación de esta iniciativa en política pública. “Se va a tratar el proyecto de ley para la construcción de 10.000 cocinas comunitarias”. Ana cerró planteando la necesidad de aprovechar estos cuatro años de Lula «para que el fascismo como el de Bolsonaro no vuelva, cuatro años para terminar con el hambre en Brasil”. Por su parte, Marcos Filardi, quién sintetizó la idea de la multicausalidad de la crisis alimentaria por la que atraviesa toda la región,  aclaró que “necesitamos otros modos de ser y de habitar nuestros territorios, que vayan de la mano con la agricultura familiar campesina e indigena”.  Marcos, miembro de la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la UBA, aseveró: “La salida es la lucha y la lucha es la soberanía alimentaria”.

La segunda mesa se llamó “El desafío de la soberanía alimentaria en el Cono Sur”. Participaron Anderson Amaro, Movimiento de los Pequeños Agricultores (@mpa.brasil) / Vía Campesina Brasil – Cloc. Brasil, Camila Montecinos, Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas @anamuriag. Chile, Salete Carollo. Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (@movimentosemterra). Brasil y Diego Montón, Movimiento Nacional Campesino Indígena – Somos Tierra @mnci.somostierra. Argentina. Moderó Matías Carámbula, UdelaR. Uruguay.

 

 

Anderson del MPA resaltó el Atlas como herramienta para los movimientos campesinos, cuya potencia es no solo la de dar un diagnóstico del modelo agroalimentario, contener infografías que facilitan el análisis en los espacios de formación de los sectores populares, además consideró que es un Atlas de las alternativas para la construcción de sistemas alimentarios más justos y soberanos que ya están sucediendo. Y uno de los mayores desafíos  al que nos enfrentamos, es lograr que el pueblo acceda en cantidad y calidad a esa alimentación que se produce desde los sectores campesinos. La agroecología no puede ser solo para los sectores de la clase media, mientras los sectores más empobrecidos se quedan con lo que la agroindustria ofrece, productos que enferman. Hay que romper el cerco y llegar con alimentos sanos y precios más justos para todos y todas. 

 

 

“La agricultura indígena, campesina y artesanal debería estar en el centro como garante de la alimentación del pueblo chileno” comenzó diciendo Camila Montecinos, miembro de ANAMURI. Pero, aclaró: “sabemos que la lucha es larga. Necesitamos un sujeto colectivo organizado.” Además, sumó una definición clave en los tiempos que corren: “La lucha por la soberanía alimentaria es una lucha por la democracia”. Luego, desde el MNCI – Somos Tierra, Diego Montón agregó:  en la disputa por el modelo agroalimentario  “tiene que haber una normativa específica para la agricultura familiar campesina” ya que “no puede cobrarse el mismo impuesto que paga un gran empresario que un pequeño productor”. 

Salete Corollo, de la dirección nacional del MST, trayendo la experiencia de Periferia Viva, resaltada en el Atlas, defendió la necesidad de ir más allá de las cocinas comunitarias, hacia la transformación de esos espacios como lugares de formación política y organización popular. Esos espacios y los proyectos de los movimientos campesinos para producir alimentos, deben articularse en una disputa por un proyecto de sociedad.

Una sociedad en la que todos y todas coman, todos los días, alimentos sanos y soberanos. 

En esta hermosa jornada de lucha y reflexión acompañaron  @casaelefantee y @grafica_lavozdelamujer estampando telas y remeras. 

Compartimos videos de las presentaciones registrados por CALISA y publicados en su canal de YouTube. 

«Juntas rompemos el silencio» es una serie de audiovisuales que recuperan los testimonios de nuestras compañeras en los territorios, como parte del proyecto «Fortaleciendo la Autonomía Económica de las Mujeres Campesinas» realizado por UST – Campesina y Territorial con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo Oficina Cono Sur.

 

Artículos y contribuciones de Argentina, Brasil, Camboya, India, Italia, Filipinas, España, Estados Unidos y Zimbabue.

Los autores y las autoras de esta publicación presentan alternativas para los sistemas alimentarios y agropecuarios pos-COVID-19 desde una perspectiva política de izquierdas. Debaten las consecuencias de la pandemia prestando especial atención a los pequeños productores de alimentos, de cuyo trabajo depende la alimentación de la mayor parte de la población mundial, y a los trabajadores agrícolas invisibilizados que cultivan, cosechan y empaquetan la comida que se vende en supermercados y otros puntos de venta de alimentos. A través del registro de las repercusiones de la pandemia de COVID-19 en nuestros sistemas alimentarios en diferentes regiones del mundo, esta publicación se propone explicar de manera global las características de los sistemas alimentarios y sus efectos, así como reflexionar sobre las experiencias y las perspectivas de las comunidades que han sido más duramente golpeadas en entornos rurales y urbanos.

La publicación es el resultado de la iniciativa colaborativa del Grupo de Trabajo sobre Políticas Agrarias de la Fundación Rosa Luxemburgo (FRL). El contenido de esta publicación conjunta proviene de varias oficinas regionales de la FRL y de autores y autoras de diversos países, como Argentina, Brasil, Camboya, Alemania, India, Italia, México, Filipinas, Sudáfrica, Estados Unidos y Zimbabue.

El enfoque y el alcance son dobles. La COVID-19 dejó aún más al descubierto la inequidad y la gran concentración que caracterizan a los sectores de distribución y comercialización de alimentos. Por eso, los artículos que se presentan en esta publicación, en primer lugar, analizan las consecuencias de la pandemia de COVID-19 para el acceso a los alimentos y, en segundo lugar, examinan los modos en que la pandemia dejó al desnudo las profundas contradicciones de las cadenas agroalimentarias desde perspectivas múltiples. Los artículos observan las consecuencias socioeconómicas, los ataques a los trabajadores agropecuarios, las violaciones del derecho a la alimentación, la agresiva apropiación del sistema de producción y comercialización de alimentos por parte de las grandes corporaciones, los niveles de concentración en los sistemas alimentarios, la inequidad en la fijación de los precios de los alimentos, la incoherencia en las políticas alimentarias, y el papel del Estado y de las organizaciones sociales que producen y distribuyen alimentos. Cabe destacar que las experiencias de los movimientos sociales y las organizaciones campesinas durante la pandemia muestran que es necesario y posible crear sistemas alimentarios diferentes. En medio del desastre y la angustia que provocó la pandemia de COVID-19, surge un rayo de esperanza cuando se advierte que, para sostener la vida, las nociones de comunidad, cuidado y reciprocidad son esenciales. Los artículos ofrecen vistazos a los posibles sistemas alimentarios y agropecuarios pos-COVID-19 a través de la indagación de los pasos y estrategias que serían necesarios para promover este cambio. Además, los autores y las autoras revelan los riesgos y los peligros de la dominación corporativa en el ámbito de nuestros sistemas alimentarios.

Descarga aquí.

Saberes campesinos, alimentos industriales y con uso de agrotóxicos, crítica al sistema de certificación de alimentos orgánicos, el academicismo, la microbiología de la tierra, la agroecología, diversidad y producción al ritmo de la naturaleza. Son algunos de los temas presentes en el libro «La agricultura orgánica en píldoras».

 

La agricultura orgánica en píldoras

 

Ilustraciones : Carlos Julio Sanchez. Textos: Jairo Restrepo

Por Nahuel Lag

 

Jairo Restrepo, el ingeniero agrónomo colombiano referente de la agricultura orgánica regional, habla de cómo fertilizar los suelos con elementos orgánicos que podría pasar como desechos en un encuentro con campesinos y campesinas en Las Rosas, Córdoba. Entre los asistentes está Carlos Julio Sánchez, docente del Movimiento Campesino de Córdoba, ilustrador, sociólogo. Escucha las ideas de Restrepo sobre el círculo virtuoso entre suelos sanos, alimentos sanos y cagar sano para volver al suelo, los dibuja y lo sintetiza en una viñeta. Carlos y Jairo están en el mismo salón por impulso de Eduardo Belelli, del Movimiento Campesino de Córdoba (MCC) y coordinador del reciente libro escrito por Restrepo e ilustrado por Sánchez: La agricultura orgánica en píldoras.

Desde aquel primer encuentro en Las Rosas, Jairo llama “el dibujante” a Carlos. En el año de la pandemia del Covid-19 —síntesis de cómo el ser humano invade y agota la naturaleza— los dos junto a Belelli intercambiaron decenas de correos en los que llegaron adjuntas unas 80 páginas de ideas y reflexiones en las que Restrepo repasó la filosofía orgánica que difunde en sus talleres, en sus 40 trabajos de divulgación como El ABC de la agricultura orgánica, fosfitos y panes de piedra o desde la web de su nave insignia: La Mierda de Vaca.

En manos de Sánchez y Belelli quedó la tarea de masticar y seleccionar los saberes que llegaban desde Cali, Colombia, para lograr 52 frases finales, que se transformaron en 52 viñetas en las que las máximas de Restrepo se traducen en dibujos coloridos y de impacto a cargo de Carlos. “Pensamos que podíamos hacer un material que no fuera el manual de agricultura orgánica de Jairo, que ya está hecho, sino algo de lectura sencilla, con textos provocativos e imágenes que impacten. El objetivo es que movilice, que haga pensar y genere debate”, explica Sánchez en diálogo con Tierra Viva.

¿Por qué 52? ¿Por qué “píldoras”? Belelli explica que la idea surgió de una ida y vuelta con Sánchez en el que pensaron cómo ir dosificando los saberes de la agricultura orgánica, de una idea por día o con más tiempo incluso: una idea por semana, o sea, 52 en el año. El formato podía ir desde una caja de tarjetas hasta un almanaque, pero finalmente se condensó en un libro con el respaldo de la Fundación Rosa Luxemburgo, la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) y el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI-Somos Tierra).

“La agricultura industrial quema el suelo, mata la vida, produce uniformidad. La agricultura orgánica alimenta el suelo, promueve la vida, produce variedad”, resume Restrepo en una de las 52 píldoras. Agricultura orgánica, saberes campesinos, alimentos industriales, alimentos envenenados con agroquímicos, crítica al sistema de certificación, crítica al academicismo, microbiología de la tierra, diversidad y producción al ritmo de la naturaleza. Ese podría ser un repaso de los temas que aborda el libro.

La amplitud de temas parece difícil de abarcar, pero el libro propone desde la leyenda de su título no apresurarse, como los tiempos de la naturaleza: “No se las trague enteras, mastíquelas con paciencia”, invita. “Hay píldoras que son de denuncia, que a quien está en tema le puede parecer algo ya visto, pero aún hay gente que no lo conoce. Como que se utilizan como herbicidas los mismos químicos que se usaron para las guerras. Otras píldoras contienen los saberes campesinos que no han sido olvidados, que se han construido por 10.000 años, y están disponibles para volver a la tierra. Una vez que tomás la píldora de la conciencia, no hay vuelta atrás. Te va a convenir saber qué estás comiendo”, sostiene Belelli.

La agricultura orgánica en píldoras
Ilustraciones : Carlos Julio Sanchez. Textos: Jairo Restrepo

 

Píldoras orgánicas y ¿agroecológicas?

“La agricultura orgánica certificada aumenta la exclusión de los más pobres e impide el acceso a una alimentación sana”, advierte Restrepo en una de las píldoras. La oposición a la certificación es uno de las batallas del referente colombiano por ser parte de un sistema de captura de los alimentos por parte de las multinacionales y la industria alimentaria y, en el mismo debate, a nivel regional están las palabras “orgánica” o “agroecología”. El libro desde su título propone la mirada de Restrepo a favor de recuperar el concepto de lo “orgánico”.

“Uno de los ejes de nuestra escuela campesina en el Movimiento Campesino de Córdoba es la agroecología, pero Jairo me dijo que no usaba ‘agroecología’ porque lo usan las multinacionales, la industria alimentaria, lo usan los enemigos, se lo apropiaron. Aunque orgánica también es una palabra que está muy manoseada”, expone Sánchez en el ida y vuelta teórico, y Belelli agrega: “Jairo plantea que hablar de ‘agroecología’ es hacer una ciencia de agricultura y ecología, que genera más academia. Más investigación, más congresos que no transforman la realidad en el territorio”.

Sin embargo, al repasar las viñetas el debate va quedando saldado ya que el valor de lo local, del conocimiento campesino, la preservación de la biodiversidad son el espíritu de estas prácticas más allá del término utilizado. “La agricultura orgánica es la agricultura del lugar. El campesino del lugar es el que tiene el conocimiento básico para un desarrollo agrícola exitoso”, condensa la idea de la última píldora del libro.

Lo que queda expuesto es el rechazo a la homogenización propuesta por el modelo industrial con la certificación como una de sus expresiones: “No hace falta que un organismo certifique nada porque la agricultura campesina se sostiene por sí misma, los que debería justificarse son los otros, que inventaron la certificación para cercenar derechos, circulación de alimentos y semillas; para cercenar la agricultura orgánica, en definitiva”, señala Sánchez.

“La certificación encarece los precios de los alimentos, cuando la agricultura campesina es orgánica per se. Volver a hablar de ‘agricultura orgánica’ es recuperar el término que se habían quedado las multinacionales y certificadoras”, agrega Belelli.

Píldoras orgánicas, píldoras de esperanzas

El formato libro de las 52 píldoras es una eventualidad para los integrantes del Movimiento Campesino de Córdoba que tienen como mayor expectativa que las ideas de Restrepo puede comenzar a girar de cualquier manera, que las viñetas de Sánchez se transformen en fotocopias, pósters, afiches, powerpoints o píldoras digitales.

“Las píldoras vienen a debatir, a poner propuestas sobre la mesa. Los textos contienen mucha esperanza y los dibujos de Carlos son esperanzadores. Está el conocimiento, está el cómo y desde los movimientos campesinos se está haciendo, solo hay que darle fuerza”, se esperanza Belelli y abre dos preguntas para las que el libro aporta respuestas: ¿Quién alimenta al mundo? ¿Qué estamos comiendo? ¿Cómo recuperar la memoria campesina-indígena y producir comida?

“Quizá mucha gente no vaya a leer el manual gordo de Jairo. Quizá sea gente que no lee artículos largos, pero si lee una frase contundente y le gusta un dibujo bonito: a lo mejor se hace alguna pregunta o se interesa por profundizar en el tema”, comparte sus expectativas “el dibujante” y confía en que el interés que se pueda despertar con las píldoras permita “sumar gente, sumar conciencias, llegar a corazones y voluntades”, en particular, de aquellas personas que viven en las ciudades alejadas de la realidad de los campos donde se producen los alimentos: “La alimentación es algo que va más allá de lo urbano o lo rural o de si tenés una huerta o tenés un campo, la alimentación es un problema de todos”.

 

Presentamos una serie de cuadernos que pueden ser herramientas para ayudarnos a entender el papel de las semillas en nuestra sociedad mundial, en el tejido nacional de cada país, pero sobre todo en la vida cotidiana de larguísimo plazo de la gente que vive de su relación con la Naturaleza escuchando a la tierra. Cuadernos que nos ayuden a entender por qué hay ese empeño por establecer una propiedad intelectual, una privatización de las semillas mediante pactos, convenios, acuerdos, leyes, estándares, normas, registros y certificaciones. Por qué se invierte tanto esfuerzo en arrinconar lo que ha sido el quehacer fundamental de la humanidad durante miles de años.

 

Presentamos cinco cuadernos

 

1. Un primer cuaderno introductorio donde se explican causas y razones para este control cada vez más pleno de restricciones ( ver aquí)

2. Un segundo cuaderno que nos describe el llamado Convenio de Diversidad Biológica y el Protocolo de Nagoya ( ver aquí)

3. Un tercer cuaderno que da cuenta del llamado Tratado de las Semillas (o Tratado Internacional de los Recursos Fitogenéticos para la Agricultura y la Alimentación-TIRFAA), más una caracterización de las leyes que buscan el registro y certificación de las semillas ( ver aquí)

4. Un cuarto cuaderno que establece las diferencias entre las semillas campesinas y las semillas certificadas y de registro ( ver aquí)

5. El quinto cuaderno se titula «El gran robo de semillas» ( ver aquí)

                  

 

Ocurre como en la más atroz ciencia-ficción: por todo el mundo leyes y tratados de libre comercio tornan ilegal la práctica milenaria de guardar e intercambiar libremente las semillas de las comunidades porque las grandes compañías (una suerte de consorcio entre agroindustria, tecno-ciencia, finanzas, comercio, organismos reguladores internacionales, aparatos jurídicos y cuerpos legislativos) han buscado afanosos desde dónde hacer un ataque directo, total, para erradicar la agricultura campesina, privatizarla, y sustituirla con producción agrícola industrial.

 

Quieren diluir el potencial del talismán que le ha permitido a sembradoras y sembradores seguir libres: la semilla.

 

Ésta es la llave de las redes alimentarias, de la independencia real del campesinado ante los modos invasores y corruptores de terratenientes, hacenderos, narcotraficantes, farmacéuticas, agroquímicas, procesadores de alimentos, supermercados y gobiernos.

 

Los investigadores de las grandes empresas suponen que sus versiones restringidas y débiles (homogéneas dirán) de la infinita variedad de las semillas sustituyen el potencial genético infinito de los cultivos y aseguran el futuro de la producción agrícola. Pero se equivocan por completo.

 

Un poco de historia

 

En la década de 1980 era fácil que la gente creyera que cada país establecía sus propias políticas públicas en los ámbitos y relaciones de la vida nacional. Pese a intromisiones, invasiones o bloqueos generalizados (como el cubano a cargo de Estados Unidos) había la sensación de que se buscaba cierto balance en los lazos internacionales según algunos principios básicos frente a otras naciones.

 

Se suponía que cada país era soberano económica y socialmente: ejercía su producción nacional, sostenía su comercio nacional e internacional, su política laboral, de ciencia y tecnología, la protección del ambiente y otras muchas cuestiones.

 

Se insistía en que cada país tenía sus derechos sociales y libertades civiles (aunque hubiera injerencias abiertas o encubiertas).

 

Con sus constituciones, leyes, normas y reglamentos cada país decía proteger su industria nacional y las ideas utilizadas en productos o servicios cruciales estableciendo impuestos y aranceles especiales para su importación.

 

Pero a partir de 1989 algunos organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial junto con Estados Unidos impusieron “reformas estructurales” y comenzaron a exigir que los países emparejaran sus modos de proceder, inaugurando la llamada “globalización”. De un modo un tanto coercitivo, exigieron que los países abandonaran sus regulaciones y adoptaran otras “equivalentes para todos”.

 

Con el pretexto de “facilitar el intercambio comercial”, se dijo que su buscarían regulaciones, criterios y normas parecidas.

 

Se implantaron los intereses de los países “desarrollados”, los intereses de las grandes empresas allí establecidas.

 

Argumentando “libre comercio”, en realidad se impusieron reformas que afectaron toda la vida pues abrieron margen de maniobra a las corporaciones, les quitaron restricciones, muy poco se vigiló su utilidad y los nocivos efectos de sus actividades.

 

Los gobiernos, sus instituciones jurídicas y el Derecho comenzaron a desgastarse. Los intereses de la ganancia buscaron doblegar a la justicia. Han llegado al punto de exigir que las corporaciones puedan demandar de igual a igual, en tribunales especiales, a los Estados que incumplen las reformas impuestas.

 

Las grandes empresas y sus gobiernos “asociados” comenzaron a controlar el comercio de mercancías y servicios, la importancia puesta en la producción, la alimentación, la salud, el desarrollo de la ciencia, los recursos naturales, el trabajo, las capacidades individuales y colectivas y hoy controlan muchísimos aspectos de la vida.

 

Nos cayeron los tratados de libre comercio: instrumentos ideados para servir de candados a todas las reformas arriba señaladas. Acuerdos de “comercio”, “inversión” y “asistencia técnica”, que comprometen a los países firmantes (no dominantes, entre ellos los de América Latina), a cumplir con lo exigido por los países que fijan las reglas de tales acuerdos junto con los organismos internacionales, aunque en teoría se hayan pactado “libremente” por los países.

 

Como elemento de esta oleada de control internacional por parte de Estados y corporaciones, los gobiernos, según ellos, decidieron “proteger” las semillas para la alimentación y la biodiversidad silvestre: las variedades de plantas, animales y seres que crecen en bosques, praderas y desiertos.

 

En realidad, ahora lo entendemos, comenzaba una disputa. Las corporaciones buscaron controlar las llaves de la reproducción de la vida: las semillas y los materiales vegetativos (“esquejes”, codos y otros) que permitieran producir alimentos a nivel industrial y en gran cantidad. Buscaron acabar con la agricultura independiente. Quisieron controlar igualmente los materiales vegetales para producir medicamentos, fragancias, combustibles y otros derivados.

 

También se establecieron convenios sobre los saberes tradicionales, los objetos del diario vivir y hasta los símbolos culturales que distinguen a cada pueblo originario o población local.

 

Los cuadernos que presentamos buscan detallar todos los convenios y pactos internacionales fabricados para someter la riqueza de la biodiversidad y sus saberes, e impedir que los pueblos mantengan sus ancestrales cuidados, su producción propia y su autonomía y territorios.

 

Son éstos apenas una primera mirada a la que seguirán otros que nos hablen del Convenio de la Unión Internacional para la Protección de Obtenciones Vegetales (UPOV), el problema de la propiedad intelectual y las acciones de resistencia contra estos intentos de privatización nocivos para la humanidad y la vida en su conjunto.

 

– Para descargar los cuadernos (PDF), haga clic en los siguientes enlaces:

Cuaderno de Biodiversidad #1 – Pactos internacionales que someten los bienes comunes de la biodiversidad

Cuaderno de Biodiversidad #2 – Convenio de Diversidad Biológica y Protocolo de Nagoya

Cuaderno de Biodiversidad #3 – Un espejismo contra las semillas campesinas

Cuaderno de Biodiversidad #4 – ¿Semillas registradas y certificadas o semillas campesinas, nativas y criollas?

Cuaderno de Biodiversidad #5 – UPOV: el gran robo de las semillas

 

 

Colectivo de Semillas de América Latina y Alianza Biodiversidad 

La mayor parte de las Leyes de Semillas que se intentan imponer en el mundo se basan en un Convenio llamado UPOV (Unión Internacional para la Protección de Obtenciones Vegetales) que para la mayor parte de las personas y organizaciones es desconocido o muy difícil de comprender en sus contenidos y en las implicaciones que tiene para nuestras semillas.

 

Para ayudar a entender UPOV les presentamos esta breve animación que busca explicar de manera sencilla por qué UPOV es un acuerdo que intenta apropiarse y privatizar las semillas desarrolladas durante miles de años por los pueblos del mundo y por qué debemos resistirlo y exigir su desmantelamiento.

Esperamos que la animación sea una herramienta más para la defensa de las semillas criollas y nativas y los invitamos a compartirlo, multiplicarlo y utilizarlo en instancias de capacitación. También los invitamos a hacernos llegar sus opiniones y consultas.

Porque las semillas son el corazón de la soberanía alimentaria

¡Digamosle NO A UPOV!

Fuente: GRAIN

«Semillas ¿Bien común o propiedad corporativa? es un documental donde las protagonistas son las semillas criollas, nativas, nuestras, en manos de las comunidades campesinas y los pueblos indígenas y donde a partir del relato de quienes defienden las semillas criollas y nativas en América Latina desde Ecuador, Brasil, Costa Rica, México, Honduras, Argentina, Colombia y Guatemala podremos compartir sus experiencias y luchas.»

Colectivo de Semillas de América Latina presenta: Semillas ¿Bien común o propiedad corporativa?

Lanzamiento simultáneo internacional 15 de junio de 2017
 
ANAFAE de Honduras, Redsag de Guatemala, Red de Biodiversidad de Costa Rica, Grupo Semillas de Colombia, Acción Ecológica de Ecuador, Articulación Nacional de Agroecología de Brasil, Acción por la Biodiversidad de Argentina y GRAIN desde México y Argentina tienen el gusto de presentar y lanzar en forma simultánea el Documental Semillas ¿Bien común o propiedad corporativa? que han producido en forma conjunta y contó con la edición final de Radio Mundo Real de Uruguay.

 Semillas ¿Bien común o propiedad corporativa? es un documental donde las protagonistas son las semillas criollas, nativas, nuestras, en manos de las comunidades campesinas y los pueblos indígenas y donde a partir del relato de quienes defienden las semillas criollas y nativas en América Latina desde Ecuador, Brasil, Costa Rica, México, Honduras, Argentina, Colombia y Guatemala podremos compartir sus experiencias y luchas.

Así tendremos un recorrido por la defensa de las semillas nativas como parte integral de la defensa del territorio, la vida y la autonomía como pueblos, la relación entre las mujeres indígenas y las semillas nativas, los flujos de semilla en las comunidades, la historia del origen del maíz, las ceremonias mayas sobre la importancia de las semillas, el agradecimiento y bendición de semillas, ferias e intercambios de semillas, experiencias locales de recuperación y manejo de semillas criollas.

También están presentes las luchas contra las leyes de semillas y contra UPOV 91, contra la imposición de semillas transgénicas, la denuncia de la devastación que implican los transgénicos y la resistencia a las fumigaciones y al avance del agronegocio.

Todo en el marco de la defensa de las semillas como patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad en el camino de la Soberanía Alimentaria.

Colectivo de Semillas de América Latina

SEMILLAS, bien común o propiedad corporativa from GRAIN on Vimeo.

El trabajo “Cuerpo-Territorio” da cuenta de diez problemas ambientales de Argentina y Sudamérica y sus impactos en la salud. Agronegocio, incendios, feedlots, megaminería, explotaciones forestales y fracking, entre otras actividades, y sus consecuencias sanitarias.

10 problemáticas socio ambientales en Argentina y Sudamérica y sus graves consecuencias en la salud

Por Lucía Guadagno*

María del Carmen Seveso nació en Maciel (Santa Fe). Estudió medicina en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y en 1977 se mudó al Chaco. Trabajó en hospitales y clínicas de Resistencia y Roque Sáenz Peña. Sus especialidades son la Toxicología y la Terapia Intensiva, entre otras. “Siempre me interesaron las enfermedades de los que trabajan, me parece algo muy injusto que se enfermen trabajando”, dice.

Cargada de esa sensibilidad, en el Chaco dedicó su vida a denunciar los efectos de los agrotóxicos en la salud de la población. Explica que en esa provincia la red de centros de salud tiene una buena distribución geográfica. Pero que los servicios no lo son tanto. Entonces, apenas un caso se complica, lo mandan a Resistencia o Roque Sáenz Peña, donde ella trabajó durante décadas. De ese modo, pudo conocer de qué se enferma la población de casi toda la provincia.

Desde hace años, junto a otros médicos e integrantes de la Red de Salud Popular Ramón Carrillo, visitan pueblos y campos, relevan casos, hacen investigaciones y denuncian el efecto del modelo de producción agroindustrial basado en transgénicos y fumigaciones con agrotóxicos: cáncer, malformaciones, problemas respiratorios, en el sistema nervioso y en el sistema endocrino, entre muchos otros.

Su tarea fue siempre a contracorriente en una provincia donde tanto funcionarios públicos como buena parte del sistema de salud mira hacia otro lado, calla y oculta. “Nos da mucha bronca”, afirma. “En general, los servicios de salud no profundizan, no tocan al paciente, no le preguntan nada (menos aún visitan los lugares donde viven). Entonces las personas vuelven a su lugar de origen sin haber resuelto su problema.”

Lo que ocurre en el Chaco ocurre en todo el país. Los problemas de salud vinculados a la contaminación y a las actividades industriales o extractivas no son detectados, menos aún denunciados, por la mayor parte de los profesionales y trabajadores de la salud.

Cuerpo-Territorio

La relación extractivismo-salud es el eje del último trabajo realizado por el grupo Iconoclasistas junto al Instituto de Salud Socioambiental (Inssa) de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario. Se trata de un póster “Cuerpo-Territorio”, en el que se representan diez problemáticas socioambientales en la Argentina y Sudamérica y sus consecuencias para la salud. Las actividades seleccionadas son la agroindustrial, feedlots, incendios, megaminería, explotaciones forestales, fracking, salmoneras, hidroeléctricas y extracción de hidrocarburos. También se incluye la violencia armada, a través de un caso colombiano.

La ilustración (que puede descargarse desde el sitio web de la Fundación Rosa Luxemburgo) es el resultado de relevamientos e investigaciones bibliográficas realizados por los participantes del curso “Introducción al análisis de los procesos de salud en contextos de extractivismos”, dictado en forma virtual por el Inssa durante 2020. Participaron trabajadores de la salud e integrantes de organizaciones sociales de Argentina, Colombia, Ecuador y Chile, entre otros países.

El mapa cuerpo-territorio muestra, por ejemplo, cómo la contaminación producida por la cría intensiva de ganado en feedlots puede generar inflamación en la piel, problemas respiratorios o enfermedades zoonóticas, entre otras. O que la extracción de hidrocarburos mediante la técnica de fractura hidráulica (fracking) puede causar distintos tipos de cáncer. Cada caso corresponde a un área geográfica determinada, que está representada en el póster.

“El curso estaba pensado para trabajadores de salud. A raíz de que participaron personas del campo de salud pero también de organizaciones sociales y otros sectores, queríamos tener un material que nos permitiera tener llegada específicamente al sector sanitario”, explicó Gabriel Keppl, médico y docente de la UNR.

Keppl advierte que la medicina tradicional o hegemónica no suele vincular los problemas ambientales con los problemas de salud. “Con este póster buscamos mostrar esa vinculación que muchas veces permanece invisibilizada o que ni siquiera surge como pregunta o como posibilidad”, sostiene. “Por el momento es sólo el póster. Lo que estamos haciendo ahora en una segunda etapa es planificar talleres o actividades específicas para poder trabajarlo.”

La formación de los médicos

¿Por qué se necesita sensibilizar a los profesionales de la salud? ¿No es evidente la realidad como para que médicos y trabajadores de salud puedan notarlo?

“A los médicos y médicas que ingresan a trabajar en el sistema de salud, sea el sistema público o privado, en realidad lo que se les exige es otra cosa”, sostiene Keppl. “Si lo único que les van a exigir es resolver problemas de salud individuales difícilmente estas cuestiones vinculadas a la salud socioambiental sean una preocupación o tengan herramientas para trabajarlas”, explica. Y aporta un ejemplo: “Muchas veces se reconoce el aumento de casos de una determinada enfermedad vinculada a alguna fuente de contaminación, pero cuando llega la hora de la acción concreta se quedan en la prescripción individual de algún tratamiento o de algún diagnóstico”.

Señala que lo que falta es articular esa parte de los procesos biológicos individuales con procesos más generales como pueden ser estas cuestiones socioambientales.

¿Por qué ocurre esto? “Está todo muy cooptado por el discurso médico hegemónico sostenido por la industria farmacéutica. Entonces, lo más probable es que un congreso de psiquiatría organizado por un laboratorio para mostrar los últimos desarrollos farmacológicos tenga los cupos llenos. Y cuando proponés una actividad vinculada a los temas socioambientales, hay menos gente, cuesta un poco más. Pero en el último tiempo es está cambiando”, señala Keppl.

Una sola salud

Carolina Cazaux es médica, estudió en Buenos Aires y vive en Lago Puelo, Chubut, una región azotada por los últimos incendios forestales y por la amenaza de la megaminería. Participó del taller virtual del Inssa y considera fundamental cambiar la formación de los trabajadores de la salud para generar un pensamiento crítico. “Es necesario poder entender que los procesos de cómo se enferma una población necesariamente tienen que ver con las actividades que se realizan, con los hábitos culturales, con los vínculos. Si pensamos en la salud como un tejido social que tiene que estar sano, fortalecido, necesitamos que haya gente capacitada para trabajar desde esa perspectiva”, afirma.

Señala que la formación que predomina en las facultades de medicina es la contraria. “Es una cerrera mercantilista, fragmentada, que disocia. Se enseña a diagnosticar enfermedades y prescribir tratamientos.” Considera que para los trabajadores de la salud, lo más cómodo es seguir esa línea, no cuestionar. “Poner en duda esa formación, ese sistema de creencias, genera conflicto”.

Así lo vivieron más de una vez en la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR los integrantes del Instituto de Salud Socioambiental. Uno de los casos más graves ocurrió en 2016, cuando autoridades de la Universidad de Rosario clausuraron con cadenas la oficina donde se guardaban las encuestas y resultados de los campamentos sanitarios realizados por estudiantes de medicina en pueblos fumigados.

Damián Verzeñassi -médico y docente, director del Inssa y quien estuvo a cargo de los campamentos sanitarios hasta 2019- explica por qué es importante incorporar la salud socioambiental en la formación. “Si asumimos que la salud de los seres humanos no puede ser entendida en forma descontextualizada o como un elemento ajeno a la salud de los territorios, la formación de los trabajadores tiene que ayudar a comprender esa relación, porque es clave para entender los procesos de salud y enfermedad”, señala.

Detalla que la salud socioambiental pone la mirada en la intersección entre la salud colectiva y la ecología política latinoamericana. “Para nosotros es muy importante porque brinda herramientas no sólo teóricas, sino también metodológicas. Y es fundamental porque nos permite recuperar algo que las facultades se encargan de hacernos perder, que es la capacidad de relacionar, de mirar integralmente y de comprender que la vida es gracias a los procesos y que los procesos son gracias a las relaciones”, destaca. Por eso, sostiene, los conceptos de la salud de los ecosistemas y la salud socioambiental son clave para entender lo que sucede con las poblaciones.

El silencio es complicidad

Desde el Chaco, María del Carmen Seveso reconoce que parte del problema es el paradigma hegemónico de la medicina. “La mayoría de los profesionales de la salud están esquematizados. Si empiezan a denunciar casos como las enfermedades por agrotóxicos pierden la estabilidad, se les desordena lo que aprendieron”, señala. “Pero tienen mucha responsabilidad, cuánto se podría haber evitado si más médicos denunciaran los casos.”

Reconoce, asimismo, que denunciar es comprometedor y en algunos casos, genera problemas laborales. “En los pueblos los intendentes son los dueños de los campos de soja. Y hasta a veces son médicos también”, advierte. “Hubo casos de pediatras de hospitales públicos que recibieron amenazas por denunciar que los chicos estaban afectados por las fumigaciones.”

Jubilada pero activa, Seveso publicó el año pasado el libro “Resistiendo al modelo agrobiotecnológico. Para evitar la complicidad de las víctimas”, en el que sistematiza datos y casos relevados durante sus años de trabajo. Se entusiasma con la difusión de estos temas e insiste en la necesidad de dar herramientas para que “la gente se pueda defender”.

 

Agencia Tierra Viva

* Publicada junto al Periódico Cooperativo Pausa de Santa Fe

 

 

Descarga libre del poster #CuerpoTerritorio aquí.