El largo verano de la migración

El drama de lxs refugiadxs en Europa

El largo verano de la migración

“Estamos aquí porque han destruido nuestros países” – Desafíos para otra política de migración en la Unión Europea
 Por Angela Isphording, FRL
Thousands of people march through the streets of central London in support of refugees on 12 September, 2015.
Desde la “primavera árabe” en 2011 aumentó el número de hombres, mujeres y niños que trataron de cruzar las fronteras europeas en búsqueda de paz, libertad, trabajo y un futuro para sus familias. A ellos se sumaron los refugiados de la guerra en Siria, de los conflictos post-guerra en Irak y Afganistán, y cientos de miles de personas de África, que por la destrucción de sus territorios y el saqueo de sus países ya no encontraron de qué vivir.
La mayoría de ellos trató de cruzar el mediterráneo, que rápidamente se convirtió en una zona de muerte militarizada.  Nomás en los últimos tres años un total de 12.200 personas ahogaron en el trayecto. Estas son las cifras oficiales. En realidad no se sabe cuánta gente ha muerto en los accidentes con balsas frágiles navegados por “coyotes” corruptos.
Los estados europeos han reaccionado desde hace años militarizando las fronteras con su agencia fronteriza “Frontex”, usando barcos militares, cámeras infrarrojos, muros con alambre espinoso y hasta armas de fuego.
Al interior de la UE hay conflictos: Por el reglamento fronterizo, las y los refugiados tienen que tramitar su asilo en el país de llegada, así que la carga cae sobre todo a Italia, Grecia, y por menor grado a Malta y España. A pesar de su pedido de ayuda, hay pocos países europeos que aceptan recibir a refugiados arribados en los países mediterráneos. (Ojo: en Europa la discusión política se está dando sobre todo al respecto de la figura jurídica del “refugiado”. Aquí hay “buenos refugiados”, que principalmente es la gente que huye de conflictos armados o persecución por razones políticas – aquí entran también perseguidos por identidad sexual, religión, etnia – y los “malos refugiados” quienes son los que huyen de la pobreza. Se les llama también “refugiados económicos”).
Después de los terribles accidentes frente a la isla italiana Lampedusa, donde se ahogaron en octubre del 2013 más de 300 personas y en abril del 2015 más de 700 cuando se volcaron sus barcos, hay cada vez más voces del centro de Europa exigiendo una política fronteriza más humana.
La marcha de la esperanza
Pero no fueron los muertos que hicieron colapsar el orden fronterizo, ni las múltiples protestas de las y los refugiados organizados en Europa, sino la presión ejercida por cientos de miles de personas que se organizaron fuera de Europa para cruzar las fronteras. En el verano del 2015 hombres, mujeres, niñas y niños cruzaron el mar y escalaron muros (en Marruecos), ignorando calor, lluvia, frió, hambre, sed y … las fronteras. Como nunca antes, el cruce de frontera se convirtió en un acto colectivo en contra de una política inhumana, racista e imperial. Cuando decenas de miles se quedaron atrapados en Hungría bajo condiciones terribles y las imágenes de niños sin zapatos, mujeres sin fuerza y hombres llorando llenaron las primeras páginas de los periódicos, el 5 de septiembre del 2015 Alemania y Austria abrieron sus fronteras a pesar de no ser países fronterizos y sin tramitar a las personas que entraron.

El verano más frío – Tres historias reales de refugiados (pdf)

Fue un momento histórico en el que las y los refugiados salieron de la sombra de la irregularidad y emergieron como sujeto de sus destinos. Este “verano de migración” o la “marcha de la esperanza” cambió Europa para siempre. Hasta cierto punto fue una revolución, o más bien fue la continuación, la consecuencia de la primavera árabe y las luchas de refugiados en Europa, que en este verano llegó como movimiento político y social al corazón de Europa.
El “sí podemos” de Angela Merkel convirtió a esta regente conservadora en la “mujer del año 2015”, casi candidata para el premio Nobel de Paz. No sabemos si actuó también por compasión, pero sí sabemos que hizo lo que se debía hacer frente a la presión por cientos de miles de personas atrapadas en la estación de tren Keleti en Hungría. Sea como sea, la reacción fue tardía. Desde la primavera árabe, la guerra en Siria y los conflictos post-guerra de Irak y Afganistán, la Unión Europea tendría que haber tomado medidas para organizar la migración de los afectados a países europeos y a la vez apoyar financieramente a los organismos internacionales en apoyar a la gente en los campos de refugio. No se hizo absolutamente nada.
En total llegaron 890.000 personas en aquél año a una Alemania no preparada. No había ni infraestructura ni institucionalidad para recibirlos. Al no haber sido por la reacción solidaria del pueblo alemán – se formaron redes solidarias y organizaron comida, ropa, lugares para dormir, apoyo en trámites migratorios, cursos de alemán, cuidado de niños – hubiera pasado una catástrofe humana. En poco tiempo la llamada “cultura de bienvenida” se volvió “mainstream”. Medios y celebridades llamaron por más solidaridad, comités ciudadanos se formaron para tareas de apoyo, el logo “refugees welcome” apareció en bolsas y camisetas, se organizaron eventos de recaudación de fondos y biografías de refugiados llenaron los medios de comunicación.
Pero frente al número de gente que seguían llegando, la derecha política en Alemania (y otros países europeos) ganó fuerza. El partido antieuropeo y antiislamista AfD (“Alternativa para Alemania”) entró en varios parlamentos regionales. Como reacción, el gobierno de Angela Merkel se movió hacia la derecha, endureciendo nuevamente los leyes y condiciones para personas refugiadas y jugó un papel importante para que pase lo mismo a nivel europeo: La Unión Europea hizo acuerdos muy cuestionables con Turquía y muchos países africanos y asiáticos para que impidan el paso de migrantes hacia Europa.
Pero no nada más en la política hubo un auge de la derecha. También en la población alemana discursos y actos racistas son cada vez más comunes. El movimiento derechista yantiislámico Pegida es el movimiento racista más grande desde la Segunda Guerra Mundial. La policía alemana contó nomás en el año 2016 casi 1000 ataques a refugios de migrantes (5 veces más que en el 2014) y más de 3500 ataques a personas refugiadas. Estas son las cifras oficiales.
Dos sucesos echaron leña al fuego anti-refugiado y sobre todo anti-islámico: en la Nochevieja de 2015 hubo un acoso masivo a mujeres por hombres, muchos de ellos migrantes/refugiados. Se desató una discusión sobre los valores libertarios que había que defender. Otro suceso, o más bien sucesos, han sido los ataques terroristas de Paris, Bruselas y Berlín.
Desafortunadamente el partido DIE LINKE, La Izquierda, no ha logrado aprovecharse de la “cultura de la bienvenida” o de la masa de ciudadanos que se han organizado alrededor del apoyo a refugiados. Más bien hubo discusiones adversas entre la corriente de Sahra Wagenknecht que –en el afán de no perder votos a la derecha –tomó posturas anti-refugiados, y la corriente del socialismo democrático que defendió el derecho del refugio, lo que les costó muchos votos en las elecciones de Sachsen-Anhalt.
Reflexiones

  1. Hay que reconocer que, en nuestro orden global complejo, las migraciones ya son un hecho y las fronteras nacionales que se abren para bienes, deberían abrirse también para personas. Por ejemplo en Alemania, ya la quinta parte de la población tiene una historia de migración, muchos de ellos ya en la segunda o tercera generación. Ya estamos viviendo en sociedades “post-migratorias”.
  2. “Estamos aquí porque destruyen nuestros países”. Este slogan del grupo de refugiados “The Voice”, con sede en Alemania, pone el dedo en la llaga. Mientras que los países del norte global sigan explotando recursos y personas del sur global; mientras que sus industrias sigan contaminando el medio ambiente causando inundaciones y sequías en el Sur; mientras que los países del Norte sigan exportando armas y apoyando guerras y/o dictadores como por ejemplo las de Siria, Afganistán, Sudan, Yemen, Libia… los pueblos del Sur arriesgarán sus vidas para llegar el Norte huyendo del hambre, de la miseria y de la represión y buscando un futuro para ellos y sus familias. Ahora no se trata de pagar unos cuantos millones de euros a gobiernos poco democráticos, sino de redistribuir las riquezas y acabar con el modo de vida imperial del Norte a costo de cientos de millones de personas.
  3. Hay que reconocer que la migración es un elemento estructural del sistema capitalista mundial y que por ende debe haber una lucha común entre la clase trabajadora de los países de llegada y de los migrantes en contra del capitalismo. En este sentido hay que transnacionalizar las luchas de trabajadores en el Sur y el Norte.
  4. La ola de solidaridad alemana hacia los refugiados ha sido dominada por un discurso humanitario que estigmatiza a los hombres, mujeres y niños de “víctimas” sin reconocer que son personas con derechos. En un campo de refugiados apareció el eslogan “necesitamos abogados, no comida”. Sin negar el gran compromiso y trabajo realizado por los movimientos solidarios, hay que ir más allá, hay que penetrar el ámbito político con demandas en pro del derecho global a migrar y a asentarse en cualquier país del mundo.
  5. Dentro de la izquierda alemana rige muchas veces todavía un discurso paternalista, donde la política se hace por los alemanes con raíces alemanes, mientras que a los migrantes y refugiados se les trata como víctimas. Aquí es imprescindible crear un nuevo discurso de izquierdas en el cual la migración se considera un paradigma sin el que una política progresista no será posible. Esto no significa idealizar a los migrantes y refugiados como nuevos sujetos revolucionarios, sino más bien ver sus luchas como una dinámica de transformación social que reta a la vez nacionalismos y fronteras, como actitudes y estructuras racistas.

 
Demandas de la Fundación Rosa Luxemburgo
Por ende la FRL exige la libertad de movimiento global para todas y todos, es decir no se puede reducir a ciertos grupos que por su pasaporte tienen un status privilegiado. Tiene que ser global, es decir no debe reducirse a algunos países y regiones solamente, y tiene que incluir el derecho a no migrar, es decir crear las condiciones para que todas las personas puedan gozar plenamente sus derechos sociales, económicos, políticos y culturales: educación, vivienda, salud, trabajo digno.
 

  • Imagén: Anistia Internacional