La economista feminista Patricia Laterra analiza el impacto de los tratados de libre comercio en la región: ¿una herramienta para el bienestar general o de fortalecimiento del poder corporativo? Un adelanto del libro que acaba de publicar la Plataforma América Latina Mejor Sin TLC.

 

Redacción Canal Abierto

 

Patricia Laterra combina su activismo feminista y contra los tratados de libre comercio con sus estudios posdoctorales como becaria en CIEPP-CONICET. Además, es docente en economía en la UBA y en cursos de grado y posgrado sobre economía y género en otras universidades como la UNLP y la UNSAM). Integra la Plataforma América Latina Mejor Sin Tratados de Libre Comercio, que reúne a organizaciones y movimientos sociales de la región que luchan contra los abusos del poder corporativo. Desde allí, junto a Luciana Ghiotto e investigadores diferentes países, acaba de lanzar un libro que repasa críticamente los impactos negativos que los TLC dejaron en nuestras economías y territorios en dos décadas y media de vigencia. Canal Abierto habló con ella para conocer los ejes de este trabajo que se propone abrir un debate con la política, la academia y el activismo social en la región.

En el libro se hace referencia a las «promesas inclumplidas» de los TLC y TBI ¿En qué aspectos dirías que esos acuerdos incumplieron lo que prometían sus impulsores?

– Estos acuerdos prometían desarrollo y empleo bajo el argumento que, sin trabas para el comercio, el crecimiento de nuestras economías tendría el impulso que necesitaban. Pero pasaron 25 años desde que se firmó el primer tratado de libre comercio en América Latina y la evidencia, apoyada en datos empíricos y fehacientes, demuestra lo contrario. Especialmente para los países del Sur Global, como los latinoamericanos, donde se concentra la mayor desigualdad mundial entre ricos y pobres. Hoy, después de años de investigaciones, podemos decir con certeza que el mayor crecimiento económico medido en PBI no redunda en más empleo, ni en mejores condiciones laborales y bienestar, que es un área especial de estudio para la economía feminista.

A las luces y sombras de la pandemia que estamos viviendo es necesario discutir los modos de desarrollo en los que estamos insertos e insertas, vivimos en un mundo muy precario en el que las transferencias de ingresos al poder corporativo concentrado son determinantes en la producción de desigualdad. El 1% más rico concentra la misma riqueza que el restante 99% de la población. Eso no sería posible sin los tratados de libre comercio (TLC) y los tratados bilaterales de inversión (TBI) que configuran arquitecturas jurídicas globales que sobrepasan los Estados, regulan temas más allá del comercio y tienen innumerables impactos sobre la vida cotidiana de las personas. Todas estas respuestas tienen que ver con lo que se entreteje en la letra chica de estos acuerdos.

¿En qué medida ves relación con la pandemia del COVID-19?

– Bueno, veamos lo que sucede con las plataformas de comercio electrónico. Hoy estas plataformas, amparadas por los tratados, no realizan una contribución equitativa de impuestos en relación con cualquier negocio de cercanía. Por las características de la pandemia, las personas realizan compras desde sus casas vía estas plataformas, que devinieron en el sector más dinámico comercialmente y que está apropiando niveles de riqueza descomunales: Marcos Galperín, dueño de Mercado Libre, recientemente radicado en Uruguay, elevó su fortuna en lo que va de la pandemia de 2.000 a 4.500 millones de dólares.

Otro tema que plantea la crisis del coronavirus es el acceso a medicamentos y vacunas, ¿cómo influyen los TLC y TBI en esto?

– Como resalté, estos tratados son mucho más que acuerdos comerciales y de inversión. Son tratados que modifican las estructuras jurídicas de los Estados. Los tratados ya firmados (y los acuerdos de inversión por firmar) tienen potestad sobre los derechos de propiedad intelectual y las patentes, por ejemplo, de los medicamentos ¿a qué precio se distribuirá la vacuna frente al covid-19 si está patentada? ¿será posible que la población en general pueda acceder a dicha vacuna si el precio es costoso?

Estamos discutiendo la deuda que tomó el anterior gobierno pero ¿a cuánto ascenderá la deuda que deberá contraer Argentina frente a las farmacéuticas para acceder a la vacuna y los medicamentos para enfrentar la pandemia y garantizar el derecho a la salud? Las patentes de alguna manera impiden democratizar los derechos al acceso a la salud porque la propiedad intelectual las convierten en un “derecho negativo”, ya que otorgan a su titular la potestad de impedir que otra persona física o jurídica produzca, comercialice, distribuya, o importe la invención patentada.

Al enmarcar el derecho a la salud en un acuerdo comercial, se modifica su condición de bienes sociales para transformar este derecho en una mercancía. En tiempos de pandemia debemos revisar más de 30 años de historia de patentes en el área de los medicamentos para tratar el VIH, que lejos de encontrar la cura hacen a las personas dependientes de los medicamentos y convierten el derecho a la salud en un negocio. Recomiendo a leer y escuchar los aportes de Grupo Efecto positivo o las y los incontables activistas por la cura del VIH, otra de las pandemias que nos han azotado en los últimos 40 años.

Hay un capítulo del libro dedicado a los impactos sobre las mujeres, ¿cómo relacionás  estos instrumentos internacionales a los temas de género?

– Un forma de acercarnos a lo que sucede en las mujeres es analizando el tema del crecimiento económico. Los nuevos tratados de libre comercio incorporan a las mujeres como factor de crecimiento económico, por considerarlas más productivas. Como su productividad en los ámbitos de trabajo es más alta, y el PBI es un indicador que mide productividad en el área monetizada de la economía, dan por hecho que si se incorporan mujeres al mercado de trabajo el crecimiento se dará de hecho.

Los estudios en las maquilas (industrias ensambladoras) de Centroamérica, por ejemplo, dan por tierra estos argumentos. En efecto, en algunas ocasiones el empleo aumenta relativamente pero con costos muy altos en el bienestar de las mujeres porque las condiciones de trabajo son precarias, informales, con una gran intensidad en las jornadas de trabajo y baja sindicalización, lo que hace que no puedan procurar mecanismos para defender sus condiciones laborales. Asimismo, no se habla del trabajo no remunerado. Largas jornadas laborales a muy bajo ingreso hace que estalle la conciliación entre el inevitable trabajo de cuidado no remunerado cotidiano y el trabajo remunerado.

Entonces el aumento de la actividad económica, en los términos de los TLC, ¿precariza la vida de las mujeres?

– Los acuerdos de libre comercio pueden aumentar -aunque no es concluyente- la actividad económica para quienes instalan empresas y pueden importar y exportar a través de las distintas facilidades comerciales. Ahora bien, este tipo de medidas hace que se reduzca la contribución vía fiscal que hacen estas empresas. Esto acota el espacio fiscal para realizar políticas públicas.

O sea, podés estar aumentando el trabajo remunerado de las mujeres (en porciones relativamente pequeñas de población), pero en muy precarias condiciones y sin espacio para generar políticas públicas que sostengan responsabilidad social del cuidado y el bienestar. Este es uno de los miles de efectos posibles. En ese sentido, volvemos a desmitificar que un aumento en el crecimiento económico redunde directamente en el bienestar social.

En el caso de las personas LGBT no hay estudios que contribuyan a analizar la situación en relación al mercado de trabajo. Si es claro que, al ser una población más vulnerable en términos de condiciones de vida y acceso a ingresos económicos, el  impacto por la vía fiscal desde una perspectiva de género son concretos. Si se reduce el espacio fiscal no hay recursos monetarios para poder hacer políticas de reconocimiento y redistribución. Es un impacto indirecto. ¿Cómo vamos a garantizar vivienda para las personas trans? ¿cómo se garantizan los tratamientos hormonales si las cuentas fiscales no cierran? ¿Es posible garantizar plena inclusión laboral sin recursos? ¿cómo vamos a garantizar educación sexual integral? Estamos hablando de quienes se apropian de masas de dinero que pueden traducirse en derechos sociales, económicos y culturales.

Visto de ese modo, los TLC deterioran las capacidades estatales para implementar políticas de género…

– Existen diferentes vías en las que los TLC y TBI pueden afectar a las mujeres. En el estudio que hacemos en el libro identificamos tres vías de acuerdo a los modos de desarrollo en los que los países latinoamericanos están insertos: la vía del comercio, la fiscal y la vía de la desregulación. Con respecto a la vía del comercio más arriba hablábamos del crecimiento económico y la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo en condiciones de extrema precariedad. Asimismo, hay que considerar la carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que pesa sobre las mujeres. Los TLC pueden ser una herramienta para la reducción de costos laborales, pero no se habla de que las largas jornadas laborales a muy bajo ingreso y sin protección social, que  hace estallar la conciliación entre el inevitable trabajo de cuidado no remunerado cotidiano y el trabajo remunerado.

En cuanto a la eliminación de las trabas al comercio aplicadas como parte de los procesos de liberalización comercial, éstas implicaron un cambio en la inserción de América Latina en la economía mundial, a través de diferentes formas de extractivismo. En Argentina son exponentes la megaminería y el agronegocio. Hoy nos asustamos con la sola idea de los criaderos de chanchos para la exportación a China, la zoonosis que pueden causar en la población, el maltrato animal. El impacto diferencial sobre las mujeres se da a través de diferentes vías como hacerse cargo de los conflictos ambientales asociados por el deterioro de salud, el incremento de enfermedades y de cuidado de su entorno, el acceso a agua segura, el cambio en el uso de la tierra, los desplazamientos forzados, entre otras tantas dinámicas.

Otro problema que señala la publicación es el privilegio de los inversores para demandar a los Estados cuando toman medidas a favor de la población que afectan sus ganancias, ¿cómo se ubican los países de América Latina frente a esto en relación al resto del mundo?

– Las demandas de empresas contra los Estados han generado grandes debates internacionales, ya que muestran justamente la desigualdad entre los derechos de ambas partes. Las empresas pueden demandar a los Estados en los tribunales de arbitraje internacional, mientras que los Estados sólo pueden llevar a una empresa por violación de derechos humanos o medioambientales a los propios tribunales nacionales, que luego son acusados de parciales y poco objetivos.

América Latina está en una situación de gran desigualdad en este sentido, es uno de los continentes más demandados. Un caso paradigmático fue Suez vs. Argentina. El acceso al agua es un derecho humano, lo vemos muy claramente en la situación de pandemia. Sin embargo, la empresa Suez venía inclumpliendo la provisión de servicios y ampliación de la red de agua potable. Cuando se desandó el contrato con Argentina, Suez acudió a los tribunales internacionales del CIADI y ganó la demanda. Tanto como la deuda externa, estos juicios generan caudales de recursos hacia las empresas que limitan el ingreso disponible de los Estados para poder hacer políticas públicas. Esta historia se repite a lo largo y ancho de Latinoamérica con demandas millonarias  de las casas matrices que se asientan en los países desarrollados.

¿Qué acciones deberían tomar los Estados si se trazaran una hoja de ruta para escapar del callejón sin salida que plantean los tratados? 

Los TLC y TBI producen desregulaciones que impactan en amplias actividades económicas cómo el mercado laboral,  el sistema fiscal, la provisión de los servicios sociales y en los precios que se pagan por esos servicios. Es decir, impactan sobre la accesibilidad en servicios públicos y por ende tiene efectos concretos en la mayor carga global de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados que asumen todos los días las mujeres en sus hogares. Una hoja de ruta mínima debiera contemplar estudios de impacto específicos antes de que se aprueben tales acuerdos, para saber contemplar qué efectos generan estas dinámicas en la población. Un poco más allá deberíamos discutir una integración regional orientada a la sostenibilidad de la vida, esto implica discutir el modelo económico de producción y reproducción que estamos sosteniendo. Esperamos con los análisis publicados contribuir a la discusión de este momento bisagra del mundo.

Por Nicolás G. Recoaro@ngrecoaro| 12 de septiembre de 2020

La Unión, La Lucha, San Martín y 20 de Julio. Así se llaman las barriadas que improvisaron las 2500 familias que ingresaron al predio. Sus historias desnudan el drama del déficit habitacional.
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El viento furioso que sopla del sur golpea las casillas forjadas con nylon, madera, alambre, cartón y, con suerte, alguna chapa. Se levantan sobre el descampado, en los márgenes olvidados de Guernica. Las casitas y carpas llegan hasta un bosque, el horizonte y mucho más allá. El ventarrón mañanero las zamarrea, las castiga, las maltrata. Pero no las puede doblegar. Tampoco a los vecinos que las construyeron.

“Pasamos lluvia, piedra, helada, la policía apretando… y mire, no se fue nadie. Estamos acá por necesidad, por nuestro derecho a tener un pedacito de tierra”, dice Leandro con la frente alta, desde su lote en la manzana 8. El joven de 28 años cuenta que está en pareja y tiene dos pibes. Hasta marzo pasado, cuando la peste llegó al país, se ganaba el mango como albañil. El jornal en negro alcanzaba raspando para pagar la pieza en el barrio de al lado, en Numancia. No mucho más: “Entonces llegó la cuarentena y me quedé sin laburo. Traté de inventarme changas, sacaba poco y nada. Ya debía cuatro meses de alquiler. La mayoría estamos en la misma. Changarines, vendedores ambulantes, buscas, trabajadores precarizados, todos afuera del sistema. Yo no quiero que mis hijos vivan abajo de un puente. Entrar acá fue la salida que encontramos.”

(Foto: Edgardo Gómez)

(Foto: Edgardo Gómez)

El dilema

Gente sin tierra, tierra sin gente. Hace casi dos meses, empujadas por la crisis habitacional y la eterna falta de techo, unas 2500 familias ingresaron al predio abandonado de casi un centenar de hectáreas en el municipio de Presidente Perón, en el último sudoeste del Conurbano. El deseo era construir un barrio donde vivir. Ya en el asentamiento se organizaron en asamblea, eligieron delegados y lotearon. Terminaron conformando cuatro barriadas: La Unión, La Lucha, San Martín y el 20 de Julio, en memoria del tórrido lunes invernal en el que se encendió la toma.

“La mayoría es gente de Presidente Perón. Vivían hacinados en casas de familiares o tuvieron que dejar el alquiler por las deudas. Es bravísima la situación en pandemia. El dilema es comer o pagar la pieza. Muchos ya estaban a la intemperie”, asegura Lorena, docente y militante activa del MULCS (Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social), una de las tantas organizaciones que dan una mano en los barrios para capear la malaria, como el MTR Votamos Luchar, el FOL, la OLP Resistir y Luchar, el Polo Obrero, Víctor Choque, Barrios de Pie-Libres del Sur y el Frente Darío Santillán Corriente Nacional. La historia de Guernica, explica la maestra, está atravesada por las tomas: “Así creció esta parte del Conurbano en particular, y la Argentina postergada en general. Los asentamientos son la única forma que tienen los pobres para acceder a un techo”.

Esquivando charcos y barro, Lorena dice que después de 45 días de toma, las respuestas del municipio y la gobernación de Buenos Aires han consistido en la judicialización, el hostigamiento y la represión. “La parte del 20 de Julio está floja de papeles, hasta ahora en la causa nadie presentó documentos –detalla–. Supuestamente, hay solo algunos papeles de posesión y también denuncias por la venta fraudulenta que hizo el anterior intendente. Está ayudando la Gremial de Abogados, y el barrio sigue organizándose”.

Hace unas semanas, los funcionarios engañaron a las familias con un falso censo. Tomaron datos y 533 vecinos quedaron imputados: “En el medio hubo una mesa de diálogo con la intendenta Blanca Cantero, representantes de la provincia y los delegados del barrio. No se avanzó en nada. Ahora está la orden de desalojo. Hay mucho miedo”.

El pasado fin de semana, antesala a la protesta con sirenas y patrulleros, la brava Bonaerense intentó anticipar el peor final: se llevaron detenidos a nueve vecinos. ¿El delito? Traer agua y maderas a la barriada.

“La policía nos verduguea, nos cagaron a palos. Es difícil la lucha”, dice Alejandro, al tiempo que hunde sin descanso la pala en la tierra. El muchacho está armando una huerta en su terrenito: “Mañana le meto semillas, es buena tierra, bien negrita”. Para el verano promete cosechar generosos morrones, zapallos y mucha verdurita: “Para que coman los pibes en el comedor del barrio. De acá no nos vamos”.

(Foto: Edgardo Gómez)

(Foto: Edgardo Gómez)

La olla y el martillo

Carolina camina diez cuadras todas las mañanas para conseguir un poco de agua que les brinda una vecina del Numancia: «Ella es muy buena. Hay otros que se aprovechan, empezaron a cobrar, hasta 100 pesos por bidón”, tira la bronca la cocinera y se acomoda el barbijo casero que la protege del virus. No deja de revolver con un palo el guiso de la olla popular. Pollo, cebolla y algo de calabaza: “Cada vecino pone lo que puede, todos ayudamos. A la tarde hacemos mate cocido y tortas fritas para los chicos”.

Cuenta Carolina que es migrante paraguaya, oriunda de las rojas tierras de Encarnación. Se vino con su mamá cuando tenía diez años. Ahora anda por los 26. Fue empleada doméstica y vendedora de ropa. Está sin una moneda. Sola cría a su hija Safira, que corretea un barrilete cerca de la casilla: “No pudimos con el alquiler, con lo puesto nos vinimos al terreno. Dormimos en una hamaca, cuando llueve nos gotea el nylon del techo. Nada tenemos. Si nos sacan de acá, ¿a dónde vamos a ir?”.

Alejandro sabe que hay que ser preciso con el martillo. Bajo el sol tibio del mediodía ayuda a sus vecinos a armar el esqueleto de una casilla. “El Pela”, como lo apodan sus compañeros, hace un alto en la faena con los clavos. Reflexiona usando la palabra con precisión, como cuando trabaja la madera: “Los políticos y los medios demonizan la recuperación de tierras. Cuando ellos miran este predio, seguro piensan en hacer un country, un negocio inmobiliario. Para nosotros, es la posibilidad de tener un futuro”.

Yamila llegó al predio el 23 de julio con sus hermanos. La morocha estudia trabajo social y milita en el FOL (Frente de Organizaciones en Lucha). Sabe que para lograr la ansiada urbanización, la clave está en el trabajo colectivo: “La pelea es de todos los vecinos y vecinas. Si no nos hubiéramos organizado, ya nos habrían sacado. Por algo le pusimos La Unión”. A veces, cuando lee en el teléfono las noticias sobre su barrio, Yamila se agarra flor de bronca: “Muchos medios corren el eje y solo lo reducen a la toma de tierras, nos llaman usurpadores. El tema es mucho más complejo. ¿Y las necesidades de las familias? ¿Y la falta de oportunidades? La gente acá no está por gusto. En la pandemia nos quedamos sin trabajo, con deudas, sin casa, era imposible seguir así”.

(Foto: Edgardo Gómez)

(Foto: Edgardo Gómez)

Dónde caerme muerto

Desde el lote de Juan puede verse el camión de la infantería, que vigila con recelo el acceso al barrio: “A veces ni agua dejan entrar. Es algo esencial, tengo cuatro criaturas. Dígame, ¿cómo les hago un té?”. Juan tiene 23 años y es cartonero. La calle en cuarentena, asegura el muchacho, ya canoso, está cada vez más brava. Últimamente no saca ni para los pañales: “Está re dura. Mucha gente se metió en el cartón, hasta oficiales albañiles hay cartoneando”. Después, agradece las manos solidarias que le tienden sus compañeros: “Estoy acá porque no puedo pagar un alquiler. Usted nos ve: pasamos frío, no tenemos baño, aguantamos como podemos, esta es nuestra realidad. La de todos los que necesitamos un pedazo de tierra, para hacernos una casita y dejarles a nuestros hijos. Para de una buena vez, tener algo el día de mañana”.

A don Francisco se lo encuentra tomando unos mates frente al ranchito que armó con cuatro chapones en la zona de La Lucha. Ahí guarda un colchón, un par de frazadas y su dignidad infinita. Estoico albañil desocupado, con 60 años sobre el lomo. Seis meses sin trabajar, nada de nada, le comieron los ahorros: “Como Dios me trajo al mundo. Abandonado y olvidado, así me siento”. Sin embargo, dice, no se va a rendir. Menos ahora que consiguió un terrenito: “La vamos a pelear con los compañeros. Hay que aguantar, es duro, pero hay que aguantar. Ahora tengo dónde caerme muerto. No tenga dudas, esta es nuestra tierra”.

 

Nota publicada en el micrositio #HábitatyPandemia realizado junto con Tiempo Argentino.

Conocelo: https://www.tiempoar.com.ar/habitat-y-pandemia

Desde el año 2017, la Fundación Rosa Luxemburgo inició una alianza de trabajo con Tiempo Argentino, un medio cooperativo gestionado por sus trabajadoras y trabajadores, para visibilizar y analizar críticamente temas de agenda como lo fueron en esos años la reunión de la OMC en el país, o la reunión del G20 durante el 2018. Este año nos propusimos continuar construyendo esta alianza, pero en un contexto que nos puso en un mayor desafío: una pandemia global que sumergió al mundo en una crisis socio-sanitaria y económica, cuyas consecuencias más graves aún no podemos preveer. Una crisis que, sobre todo, profundiza condiciones estructurales de desigualdad ya existentes.

Entre ellas, las consecuencias del modelo extractivo de desarrollo sobre los territorios y cuerpos es un tema que tanto desde la Fundación Rosa Luxemburgo como desde Tiempo Argentino se vienen abordando y denunciando desde hace un tiempo, sin embargo, este año, el micrositio de Ambiente llega en un momento más que oportuno: cuando la discusión sobre el modelo extractivista y las políticas ambientales y agropecuarias es especialmente urgente (por los acuerdos comerciales con gigantes como China, programas de desarrollo agrícola que re-versionan la Revolución Verde, pero con el matiz de una agricultura 4.0 (AgTech); multinacionales disfrazadas de un discurso verde que toman a la soberanía alimentaria y la agro ecología como bandera de sus acciones de depredación del ambiente; incendios en humedales, en cerros; la discusión sobre el Derecho a la Alimentación y sobre quienes nos alimentan realmente).

En un contexto de emergencia económica en las que la industria alimentaria oligopólica no cesó de especular sobre el precio de los alimentos, lo que podemos afirmar es que las actividades extractivas no cumplieron con la cuarentena: se siguió fumigando, desmontando, incendiando.

Conocé el micrositio en: https://www.tiempoar.com.ar/activo-ambiental

Quédate en casa, lávate las manos con frecuencia y mantené metro y medio de distancia social; han sido las tres consignas más fuertes entre las directrices sanitarias para evitar la propagación del Covid-19. Todas ellas pensadas para la clase media urbana y de allí para arriba. Las preguntas y reclamos que algunos sectores vienen planteando desde hace décadas respecto de las desigualdades sociales y las injusticias espaciales en las ciudades han quedado al descubierto frente a los ojos de todxs. Cómo se quedan en casa quienes no tienen, cómo lavarse si no hay agua potable; que metro y medio de distancia posible entre pasillos de menos que eso y el hacinamiento como moneda de cambio en los barrios populares.

Hablar de Pandemia y Hábitat, es oportuno pero especialmente urgente. Problematizar el modelo de planificación de la ciudad neoliberal es hoy un eje central para la acción política porque estas tres consignas que parecen tan sencillas resultan impracticables para muchas personas. Es por ello que nace este micrositio con el propósito de buscar, mostrar y analizar al fondo de la cuestión; no solamente a través de la noticia del caso concreto que con tanta vehemencia muestra el drama del déficit y la informalidad habitacional; sino mediante un periodismo analítico e investigativo que se nutre de miradas y conversaciones con expertxs, para aportar al debate y a la necesidad de sacar a luz las raíces de estas problemáticas del hábitat en las grandes ciudades que han quedado expuestas en su magnitud con esta pandemia que llegó, pero que quedarán profundamente agravadas cuando se vaya.

Conocé el micrositio #HábitatyPandemia: https://www.tiempoar.com.ar/micrositio/habitat/