«MARCHA atrás» es una publicación que realizamos junto a la Casa Berltolt Brecht de Uruguay en el intento de visibilizar algunos de los principales retrocesos de dicho país en términos de derechos humanos.

En esta primera edición hablamos sobre la política en materia económica.

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La activista climática celebra la sanción positiva en Diputados de las leyes Yolanda y de Manejo del fuego, pero advierte que no solucionan las cuestiones de fondo. «Yo vivo en la Ciudad de Buenos Aires y no hay fracking, no hay minería, pero hay tierra pública que se vende a costa de no tener espacios verdes» se queja.

 

22 de noviembre de 2020

 

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(Foto: Gentileza Sebastián Gil Miranda)

 

Nicole Becker –19 años, estudiante de Derecho, cofundadora de Jóvenes por el Clima Argentina, apenas Nicki para los que la conocen o siguen en redes sociales– dice que lo peor es la desinformación. “Si hay desconocimiento –justifica– también hay indiferencia. Creo que el movimiento juvenil del año pasado instaló una nueva narrativa, porque el reclamo no era nuevo, lo que llevó a que cada vez haya más personas involucradas en la problemática ambiental. Cuando yo digo que la militancia funciona quiero decir que la Ley Yolanda no se hubiera votado sí un montón de personas no hubieran estado tanto el año pasado como este en las calles. Y lo mismo pasó con la Ley de Manejo del Fuego, con el Acuerdo de Escazú, con la Ley de Cambio Climático. El problema es que en la dirigencia política hay mucha desinformación ambiental”.

– ¿Qué te generó que tanto la Ley Yolanda como la Ley de Manejo del Fuego tuvieran una sanción favorable en Diputados?

– Son el inicio de muchas cosas que faltan. La Ley Yolanda es fundamental porque no podemos esperar diez años para que las personas que hoy estamos dando la lucha climática accedamos a un puesto de toma de decisiones. Es una obligación hasta moral que los funcionarios de los tres poderes empiecen a capacitarse y que las medidas que tomen tengan perspectiva ambiental. Sobre la Ley de Manejo del Fuego su sanción fue positiva, pero hay que entender que no soluciona la cuestión de fondo. Esta modificación de la ley no va a garantizar que no haya más incendios o que estemos mejor preparados. De hecho, en el presupuesto que se aprobó se le está dando la misma plata que el año pasado a pesar de toda la inflación que hubo. Creo que lo más interesante de la ley es lo que propone con el uso de los suelos porque gran parte de los incendios están relacionados a proyectos inmobiliarios. Pero insisto que no soluciona la cuestión de fondo, no reemplaza a la Ley de Humedales que ni siquiera tiene dictamen porque tiene mucho más lobby detrás. El mismo día se votó el impuesto a las grandes fortunas, que es algo muy necesario, pero un 25% de lo recaudado va a ir a la exploración y explotación de combustibles fósiles. Por eso digo que no veo cambios sustanciales

Sin verde

En febrero de 2019, Nicki descubrió que chicos de la edad de ella marchaban por las calles de las principales ciudades de Europa exigiendo a los adultos del poder que tomaran medidas contra el cambio climático. “Me indigné –recuerda ahora–, no solo por la cuestión ambiental, sino porque había jóvenes que, por vivir en otro lado del mundo, accedían a información que yo no tenía”. Lo demás es historia conocida: con un grupo de amigos convocó a una movilización replicando las consignas que juntó, contra todo pronóstico, cinco mil personas frente al Congreso. La mecha se había encendido y Nicki, sin saberlo, empezaba su carrera de militante activista climática.

“Yo vivo en la Ciudad de Buenos Aires y no hay fracking, no hay minería, pero hay tierra pública que se vende a costa de no tener espacios verdes que son fundamentales para la adaptación al cambio climático. Y no es solo el caso de Costa Salguero, en los últimos años se vendieron 473 hectáreas, un espacio que representa 263 veces la Plaza de Mayo. Con la pandemia quedó demostrado, que los runners no tenían donde ir a correr porque no hay muchas plazas”, se lamenta Nicki y agrega un dato más: “Más del 90% de la población de Argentina vive en ciudades. Así es muy difícil que nos importen las temáticas ambientales cuando ni siquiera tenemos contacto con la naturaleza”.

“Volaron cosas, bajamos escaleras. Seguimos a la multitud. Lloramos, vimos llorar. Vimos el hongo en el cielo. Vimos el cielo amarillo marrón. Las calles llenas de cosas y las casas abiertas como domingo de sol. Pero no era domingo. Era viernes. Nuestra generación recuerda todos los detalles”.

El 3 de noviembre de 1995, la ciudad cordobesa de Río Tercero fue literalmente bombardeada con más de 25 mil proyectiles. Murieron siete personas, 300 quedaron heridas y 15 mil se autoevacuaron. Hubo una incontable cantidad de daños, todavía innombrados, centenares de casas derrumbadas, esquirlas y bombas desparramadas por toda la ciudad. La onda expansiva arrasó con las 30 manzanas que rodeaban los polvorines.

El 24 de noviembre de ese mismo año volvieron a explotar las bombas en Río Tercero. Según las explicaciones oficiales, por negligencia de Gendarmería, que estaba encargada de detonar los proyectiles todavía existentes. A once días de la primera explosión, la memoria demasiado fresca del horror duplicó el pánico.

Recién 19 años más tarde, en 2014, el Tribunal Oral Federal N° 2 determinó que las explosiones fueron intencionales y planificadas, para ocultar el faltante de armas vendidas ilegalmente a Croacia y Ecuador. El expresidente Carlos Menem y Martín Balza, entonces titular del Ejército, fueron desvinculados por falta de mérito. Hasta que hace pocos días atrás, tras numerosos intentos de cerrar la causa, el riojano recibió la noticia de que irá a juicio en febrero de 2021. La acusación: estrago doloso agravado.

Visibilizar el atentado

En tantos años de dolor y heridas, la búsqueda constante de hacer memoria al andar y analizar los hechos de un pasado no tan remoto dio origen a Onda Expansiva, un proyecto periodístico que busca visibilizar el atentado, convertido en hito de la impunidad y la corrupción promovidas desde el Estado durante el neoliberalismo.

“Lo que pasó en Río Tercero es un punto de partida para pensar los años noventa. No fue un hecho aislado, se sitúa en una serie de acontecimientos que ocurrieron en la década menemista y que vinieron a reforzar el paradigma de la impunidad, la injusticia y el terror del modelo neoliberal en América Latina”, apunta Débora Cerutti, integrante del colectivo.

Onda Expansiva revuelve la memoria de esos días a partir de reflexiones sobre las infancias en los ’90. El registro de esta propuesta documental es un delicado cruce entre periodismo y literatura, una presentación sensible, plástica, de un momento que refleja un proceso histórico. El viaje va desde los diarios de época, la descripción de olores y sensaciones hasta la reconstrucción de mapas que permiten visualizar la magnitud de este atentado provocado por el Estado argentino. Contar y documentar para resistir al olvido.

El martes 3 de noviembre se realizó una charla online en el canal de facebook de la Fundación Rosa Luxemburgo Cono Sur con distintas personas que realizaron trabajos vinculados a la memoria en torno al atentado. En el sitio web de Onda Expansiva sobresale una crónica literaria que vertebra hechos, recuerdos, sueños y cifras. De todo eso está compuesto Río Tercero. Las voces de distintos protagonistas que habitaban y habitan la ciudad, se vuelven vivencia y la búsqueda de respuestas a las preguntas que atraviesan a la comunidad: qué pasó, qué se sintió, cómo se vive después de un bombardeo.

“Realizar este trabajo –acota Cerutti– implicó remover nuestras infancias en Río Tercero. Darnos cuenta de que nuestra generación treintañera, que en aquel entonces tenía nueve o diez años, recuerda todos los detalles de ese día. El desafío era poner ese relato en una memoria colectiva que se actualiza ante la exigencia de verdad y justicia”.

Fotografías de archivo, narrativas vinculadas a diarios de la época, videos y un registro cartográfico para desentramar las experiencias de impunidad. Onda Expansiva se convierte en el primer relato de una serie que será producida a lo largo de 2021, en conjunto con la Fundación Rosa Luxemburgo, apuntando a reconstruir la memoria de los ’90 en el Cono Sur y las narrativas de sus pueblos respecto de los atropellos del neoliberalismo.

Para acceder al sitio: https://www.memoriaenterritorio.com.ar/ondaexpansiva

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