El referéndum nos dejó una ley rechazada por casi el 49% de los votos válidos porque implica un claro retroceso en el ejercicio de los derechos humanos, porque debilita el carácter público de la educación, por lo tanto precariza las infancias y las adolescencias; porque quita espacios de representación a los y las trabajadores, porque limita la libre expresión y el acceso a la información, porque crea delitos aumentando la criminalización, da más potestades a la policía. Una ley discrecional, que jerarquiza el derecho a la propiedad sobre el derecho a la vida, y la vida digna.

Este resultado nos deja también instalado el desafío de profundizar el trabajo en la protección de las adolescencias, en denunciar la  acentuación de la injusticia. Nos dejó una vez más en contacto con una red de colectivos sociales de diferentes puntos del país, como Rivera, Rocha, Lavalleja, Paysandú, Maldonado, Colonia y otros. Nos mostró la potencia de las  memorias de resistencia del movimiento social  organizado capaz de sostener redes de contención a las consecuencias de la pandemia y la negligencia estatal – ésa que en 2020 afirmaba que las víctimas por violencia basada en género eran “un daño colateral” de las medidas adoptadas por el gobierno-.

Este resultado nos interpela a seguir construyendo puentes de diálogo para pensar cómo convivir con quienes no se nos parecen. Los resultados del referéndum y su proceso nos reafirman que cambiar el mundo sigue  siendo una necesidad colectiva.

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Realizado por la Casa Bertolt Brecht.

El paro feminista a escala global abarca el trabajo remunerado y no remunerado de mujeres y personas queer y pone en debate en qué medida ambos tipos de trabajo son interdependientes. En el paro feminista se unen así dos ámbitos que se suelen pensar y organizar por separado. Por eso mismo, hacer un paro feminista encierra un enorme potencial, pero también tensiones. ¿Qué diferencias existen en los abordajes, las lógicas y las culturas de movimientos y sindicatos? ¿Cómo pueden desarrollarse las alianzas para lxs activistas? Una experiencia concreta en Alemania aporta algunas pistas.

En 2019, impulsado por el proceso de organización de la primera huelga feminista hace 25 años en el país, sindicalistas, trabajadorxs y feministas autónomos confluyeron en el paro de la Clínica Universitaria de Jena, una ciudad de 100.000 habitantes en el Este de Alemania. Documentamos aquí sus aprendizajes respectivos a través de entrevistas para reflexionar sobre los logros y las tensiones que supone el diálogo entre los feminismos y el mundo del trabajo organizado a la hora de organizar la huelga.

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