Feminismos de (en la) frontera

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Feminismos de (en la) frontera

El pasado miércoles en el Edificio Sergio Karakachoff, se realizó el encuentro Feminismos de/en la frontera organizado por el Grupo de Investigación “Al Borde. Construcción de Pensamiento Indisciplinado” del Centro de Investigaciones Geográficas (IdIHCS – UNLP), el grupo de trabajo de CLACSO “Cuerpos, territorios y feminismos”, la Fundación Rosa Luxemburgo y la Cátedra Libre Virginia Bolten.

El encuentro, con modalidad de conversatorio, contó con la presencia de diferentes experiencias de resistencias de los feminismos en territorios de frontera en sentido amplio. El objetivo fue el de compartir experiencias provenientes de diferentes lugares y  geografías para discutir en relación a los logros, los avances, las tensiones y los desafíos de las luchas anticapitalistas, antirracistas y transfeministas, así como las modalidades de articulación posibles y deseables para la transformación social y la reproducción de las vidas en esas claves. La propuesta estuvo atravesada por las voces de quienes habitan esas experiencias para pensar situadamente las formas de resistencias colectivas, disidentes, feministas y populares ante las lógicas de avance capitalista sobre los múltiples territorios y fronteras de América Latina y el mundo.

Entre les múltiples participantes, Patricia Laterra, integrante del Espacio de Economía Feminista, habló desde la perspectiva de la sostenibilidad de la vida: “si la vida es vulnerable, tiene que ser cuidada y si somos interdependientes todos y todas dependemos de las otras y de los otros, y eso también tiene que ver con una perspectiva que fundamentalmente busca una discusión crítica ante el avance del individualismo y ante el avance de los fascismos y de los fundamentalismos que venimos experienciando en el último tiempo”. En sintonía con ello, Gladys Flores, educadora popular feminista afroguaraní, recuperó la idea de que “lo cotidiano tiene un gran dimensión política y debemos desde ahí también plantear y discutir porque es lo que nos atraviesa”. En este punto, resonó la pregunta sobre la mirada: ¿qué miramos y cómo miramos? “el mirar también es ideológico (…) porque decimos que lo que no se dice, no existe; si vos no me nombrás, no me ves, no existo; pero acá estoy, acá estuvimos, acá estaremos”.

Al respecto de otras formas de feminismos, Maura Febles Dominguez, del grupo de investigación GALFISA en La Habana, habló en relación al proceso revolucionario como un momento clave de la incorporación de las mujeres y como la expresión de una revolución dentro de otra revolución. Sin embargo, mencionó tres desafíos de los feminismos desde Cuba: “la necesidad de crear y fortalecer la conciencia crítica revolucionaria contra la cultura machista; la necesidad urgente de sistematizar las etapas de este movimiento de mujeres en Cuba; y la necesidad de conectar dos generaciones (…) romper la cosa esa de que hay una generación activa contra una generación pasiva heredera de todo eso]”. Por último, instó a que el movimiento feminista en Cuba debe fortalecer su activismo: “hoy el movimiento feminista en Cuba es académico, no hay un debate generalizado, popular, masivo (…) hay una necesidad de incorporar prácticas activistas”.

Sobre las fronteras que ha impuesto la heteronormatividad y binarismo de géneros, circularon diversas experiencias. Una de ellas, venida desde Colombia, fue la que trajo Camilo Losada, activista transmasculino, integrante de “Hombres en Desorden” de Bogotá: “la masculinidad suele pensarse desde una única subjetividad”. Al respecto de la militarización obligatoria en Colombia, Camilo recupera la pregunta “¿quién es hombre en este espacio?” en tanto cuestionamiento que la institución correctiva de la libreta militar -tal como él la describe- impone para clasificar binariamente a las personas: “bajo esa pregunta se clasifica a la sociedad colombiana desde esta mirada dicotómica; el hecho de que sea inconcebible la existencia de personas transmasculinas y de ese caos que se genera en el encuentro con los militares y los policías; pues hay una serie de violencias correctivas que, en primer lugar, pasan por verificar el género que tiene la persona”.

Hacia el sur del continente, desde tierras mapuches, Valeria Silva, activista intersex inicia su intervención en mapuzungun y luego mira a cada participante: “vengo a este espacio para llevarme más preguntas que certezas, porque tanto estos espacios como otros entre iguales allá en el sur son los que me posibilitan a mi a preguntarme y seguir cuestionando y seguir buscando herramientas y conocimiento”. Comparte su experiencia como cuerpo disidente y cuestiona “cómo se nos ha intervenido con la frontera del binarismo y cómo los cuerpos intersexuales somos atravesados por esas fronteras y cómo se nos obliga a habitar espacios solamente de hombres y mujeres y no podemos ser otra corporalidad”.

Recuperando las resistencias de las mujeres en territorios vulnerados, Luz Asalde Hernández del Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional, compartió su experiencia como mujer migrante y militante en las fronteras que se plantean en los barrios de sectores populares en relación a otras formas de economías. “La palabra feminismo no se escucha en el diario, pero sí [existe] desde el rol que las mujeres tienen ya sea en la comunidad, en la organización…prácticamente somos las mujeres las que lideramos las diferentes actividades en las que trabajamos por lograr nuestros derechos”. Luz recuperó esas otras formas de resistencia como parte de los feminismos de la cotidianidad de quienes habitan las periferias: “y es más también hay una resistencia más local. En este momento estamos resistiendo en un centro cultural [Olga Vázquez] para que no deje de ser un centro cultural y que no sea parte de un negocio con ganancias para pocos; que siga siendo un espacio de encuentro, de compartir, de enseñanza, de juego”.

Las voces de Ana y Andrea, llegaron desde la línea equinoccial, desde la asamblea de ecuatorianxs autoconvocadxs y las Longas Fieras Subversivas, para incomodar: “venimos a incomodar, partiendo de que nos incomodamos a nosotras porque es necesario, porque estamos tan acostumbradas a la comodidad que es necesario un golpecito de reacción». Comparten la necesidad de “reconocernos como sujetas políticas migrantes en este país en el que se valora mucho más al migrante europeo blanco que al migrante de frontera vecina” y exigen su visibilización: “que en los feminismos estemos presentes las periferias, otras realidades que también existimos: nosotras las indígenas, las migrantes, que nos dejen de exotizar”.

Con la sentencia de que “sur y sur se entienden”, Melike Yasar, representante del movimiento de mujeres de Kurdistán para América Latina, sonríe y aclara: “mi presencia en América Latina no es solo dar a conocer la lucha de las mujeres kurdas, si no también [pensar] cómo podemos crear un puente entre las mujeres kurdas y las mujeres de América Latina”. Para las kurdas, la lucha es por una vida y mediante la autonomía: “hoy decimos como mujeres kurdas [que] sin la organización autónoma que tenemos, no podemos cambiar esto; y nuestra gran arma no es el fusil, si no que es la organización autónoma”. En pos de fortalecer las áreas de vacancia en la resistencia, por las cuales el sistema se introduce para dividir, Melike insta a ocupar el espacio de la ciencia y la academia: “hay que fortalecer la jineology: [la] ciencia de las mujeres o de la vida [en kurdo]. Crear una ciencia de las mujeres que sea no una teoría que se propone a la sociedad, si no las experiencias que tuvieron las mujeres de todo el mundo y construir una mirada, un conocimiento en común”.

En una de las fronteras geográficas más próximas, se acerca la experiencia de Sofía y de Agustina, integrantes de la Colectiva Feminista Minervas de Montevideo, quienes recuperan la necesidad de valorizar la dimensión emocional: “nosotras creemos que el cultivo de vínculos político-afectivos es fundamental; porque no hay sistema que se sustente sin vínculos, sin lógicas interpersonales que lo avalen”. En relación a eso comparten: “valorizar la emoción y entender que dentro de la propia vivencia hay un relato político [que] nos permite espejar con otras y entender la estructuralidad del problema y poder juntas construir un discurso político que nos corresponda a nosotras mismas”.

La idea de «Feminismos de (en la) frontera» nos invita a pensar en clave de alianzas, estrategias, resistencias y luchas compartidas frente a las múltiples formas de dominación y opresión que han sufrido y sufren los pueblos de Nuestramérica y el mundo. He aquí algunas de las voces y corporalidades que habitan estas experiencias de construcción transfeminista y que aportan a la posibilidad de pensar estrategias situadas frente al avance del capital.