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¿Qué significa el internacionalismo hoy? Diálogos sobre la memoria y el futuro de la solidaridad internacional en Uruguay

El panel público “Solidaridad e internacionalismo ante la guerra global. Estrategias colectivas para enfrentar la barbarie”, impulsado por la Fundación Rosa Luxemburgo junto al sindicato AUTE, el Servicio de Paz y Justicia de Uruguay (SERPAJ-UY), la Casa Bertolt Brecht y el semanario Brecha, se realizó el viernes 29 de mayo.

La actividad abrió una nueva edición de la Escuela de Formación Política Rosa Luxemburgo y propuso un espacio de intercambio y reflexión sobre el escenario internacional actual, atravesado por guerras, desplazamientos, violencia estatal y el avance de proyectos autoritarios.

Jhonny Saldivia, presidente del sindicato AUTE, y Florencia Puente, coordinadora de proyectos de la Fundación Rosa Luxemburgo, estuvieron a cargo de la apertura. Saldivia celebró la realización del encuentro en la sede sindical y destacó la urgencia del contexto actual, marcado por el extractivismo y el avance sobre los territorios. Desde la experiencia sindical vinculada al sector energético, señaló que la disputa por los bienes comunes y la energía se ha vuelto una dimensión central de los conflictos contemporáneos. Ante este escenario, planteó la necesidad de articular organizaciones, compartir diagnósticos y construir estrategias comunes. 

Por su parte, Florencia Puente presentó la propuesta de la Escuela en Uruguay y subrayó la importancia de sostener espacios colectivos de reflexión política en un contexto de creciente fragmentación. Pensar cómo se articula hoy la solidaridad internacional frente a las múltiples crisis del presente es, señaló, una tarea impostergable, que exige profundizar los intercambios entre experiencias y organizaciones.

Con la moderación de la periodista Maite Sarasola, el panel reunió distintas trayectorias militantes y miradas sobre el presente en torno a una pregunta común: cómo construir solidaridad internacionalista en un mundo donde la guerra, el extractivismo, la desigualdad y la ofensiva conservadora se revelan como síntomas de una misma crisis global.

Internacionalismo, guerra y totalidad

Al presentar la Escuela de Formación Política Rosa Luxemburgo, Hernán Ouviña, coordinador pedagógico, compartió el recorrido de esta experiencia de formación que la Fundación impulsa desde hace varios años de manera itinerante en Uruguay, Chile y Argentina.

Señaló que uno de sus propósitos centrales es generar espacios de reflexión colectiva para pensar el momento histórico actual. Para eso retomó una idea de Rosa Luxemburgo en torno a la dicotomía “socialismo o barbarie”: si algo caracteriza a la barbarie es la ausencia de sentido. Ante ese escenario, comprender en qué mundo estamos viviendo es necesario, pero no suficiente. Lo urgente es saber cómo intervenir activamente en él. 

Destacó que la apuesta de la Escuela no se limita al diagnóstico, sino que busca construir alternativas concretas frente a la ofensiva imperial sobre los territorios y los pueblos. Esa comprensión, subrayó, solo cobra sentido si se traduce en acción colectiva.

Por eso remarcó la importancia de construir unidad en la acción para enfrentar la avanzada imperial y extractivista, y también unidad en la formación: la elaboración política colectiva y las herramientas comunes son parte fundamental de cualquier proyecto emancipador.

Desde esa perspectiva situó el debate del panel y propuso recuperar una mirada de totalidad, en el sentido planteado por Rosa Luxemburgo: entender los conflictos actuales no como hechos aislados o lejanos, sino como parte de una dinámica global que conecta a los países centrales con las periferias y atraviesa directamente la vida de millones de personas. En ese marco, insistió en que la indiferencia también es una forma de hacer política y que, ante el avance de la violencia y el militarismo, tomar partido y poner el cuerpo se vuelve ineludible.

Uruguay y su historia de solidaridad internacional

Adriana Vaselli, del Servicio de Paz y Justicia de Uruguay (SERPAJ-UY), planteó que recordar no implica únicamente reconstruir el dolor de la represión, el exilio o la prisión, sino también recuperar las razones por las que tantas personas lucharon por transformar la realidad. Desde allí destacó la tradición antiimperialista de las luchas populares y la importancia de sostener la memoria como práctica política activa, capaz de conectar esas experiencias históricas con los conflictos del presente. 

En relación con Palestina, señaló que, aunque muchos gobiernos no han respondido a la altura de la gravedad del momento, los pueblos sí se están movilizando. Mencionó acciones desarrolladas en distintos países y sostuvo que esas expresiones dan cuenta de que la solidaridad internacionalista sigue siendo una fuerza viva.

Al cerrar su intervención, vinculó la resistencia palestina con la defensa de la memoria y de la identidad colectiva, señalando que allí también se juega una dimensión profundamente política.

Comunicación, responsabilidad política y disputa del sentido

Francisco Claramunt, del semanario Brecha, centró su intervención en el papel de los medios de comunicación y en el compromiso político y ético del periodismo frente a la guerra. Partió de una idea clara: toda práctica periodística implica algún tipo de compromiso. La pregunta de fondo, planteó, no es si existe o no, sino con quiénes y para qué.

Desde esa perspectiva sostuvo que el periodismo nunca es neutral, y que esa discusión se vuelve especialmente urgente en contextos de guerra. Durante mucho tiempo, señaló, los conflictos bélicos aparecían como hechos excepcionales que requerían justificación política y moral. Hoy, en cambio, empieza a consolidarse otro discurso que naturaliza la guerra como condición inevitable de la vida social y política.

Esa naturalización opera, explicó, cuando desde los medios se instalan lecturas que equiparan responsabilidades y borran las relaciones de poder en juego. Como ejemplo mencionó las narrativas que colocan en el mismo plano al agresor y al pueblo que resiste, o que reducen conflictos profundamente desiguales a una disputa entre actores equivalentes. Ese tipo de mirada despolitiza los conflictos y vuelve invisibles las condiciones concretas de la opresión.

Frente a eso defendió la necesidad de sostener una práctica periodística comprometida con la verdad, la investigación y la denuncia de las violencias concretas. No es lo mismo quien agrede que quien resiste, ni quien ocupa que quien se defiende, remarcó, y reconocer esas diferencias también forma parte de comunicar con responsabilidad. Al cerrar, insistió en que quienes trabajan en comunicación tienen una responsabilidad concreta en la disputa por el sentido: informar, aportar contexto y construir herramientas para comprender críticamente el presente es, también, una forma de intervención política y de solidaridad.

Palestina, resistencia y resiliencia

La intervención de Daniela Lopes estuvo centrada en la experiencia reciente del Movimiento Global Sumud y en las acciones internacionales de solidaridad concreta con Palestina.

Explicó que sumud (resistencia y resiliencia) articula iniciativas por tierra y por mar para intentar ingresar ayuda humanitaria a Gaza y acompañar al pueblo palestino desde distintos lugares del mundo. Compartió en ese marco la experiencia del convoy terrestre y de la flotilla internacional, integrados por delegaciones de decenas de países.

Uno de los momentos más conmovedores fue el relato sobre Matías, joven uruguayo integrante del convoy, que permanecía incomunicado tras haber sido detenido en territorio libio junto con otros activistas internacionales.

Entre los principales ejes de su exposición se destacaron la organización de las misiones internacionales hacia Gaza; la participación de médicos, docentes y brigadistas que trasladan ayuda humanitaria; las detenciones y ataques sufridos durante esas acciones; y la importancia de sostener la visibilización y la solidaridad con quienes permanecen retenidos.

A partir de una pregunta del público, profundizó en acciones concretas que pueden impulsarse desde distintos espacios de organización: la decisión de estudiantes y funcionarios universitarios de no colaborar con instituciones vinculadas al Estado de Israel, la revisión de convenios académicos y distintas acciones sindicales desarrolladas en varios países.

Remarcó que la solidaridad puede construirse desde muchos lugares: sindicatos, espacios estudiantiles, colectivos ambientales, organizaciones sociales, trabajadores de la salud, ámbitos educativos y comunitarios.

Su intervención dejó planteada una pregunta central para el conjunto de la jornada: cómo transformar la solidaridad política en acción concreta desde el lugar que cada quien ocupa.

Frente a la guerra: solidaridad, organización e internacionalismo

El cierre del panel dejó una convicción compartida: en un escenario global atravesado por guerras, militarización y el avance de proyectos autoritarios, el internacionalismo sigue siendo una herramienta política imprescindible.

A lo largo del intercambio fue tomando forma una pregunta que atravesó toda la jornada: cómo pensar la guerra no como un fenómeno lejano o excepcional, sino como una lógica que organiza el presente global. En ese marco, Hernán retomó a Rosa Luxemburgo para señalar la continuidad entre los argumentos con que las potencias imperiales justificaron históricamente sus intervenciones y los que hoy sostienen nuevas guerras. Palestina, los bombardeos sobre Irán y distintos territorios periféricos fueron nombrados como expresiones concretas de esa lógica.

La conversación giró también en torno a cómo enfrentar la guerra sin reproducir la deshumanización que ella misma impone. Allí apareció una de las preguntas más difíciles del panel: cómo desertar de la guerra de manera activa, no desde la retirada sino desde prácticas concretas de boicot, organización y resistencia. Sobre el final volvió con fuerza la figura de la deshumanización como uno de los núcleos de los conflictos contemporáneos. Retomando a Frantz Fanon, se señaló que el orden actual produce territorios y poblaciones consideradas sacrificables; Palestina apareció como el ejemplo más urgente y brutal de esa lógica.

El intercambio cerró con una idea que reunió a todas las voces del panel: comunicar también es una tarea colectiva. Informar, denunciar, difundir y construir redes de solidaridad fueron señaladas como formas concretas de intervenir frente a la guerra. La invitación quedó abierta para continuar la conversación en los talleres del día siguiente.