Entre la autonomía y la precariedad

Cuentapropistas e informales

Entre la autonomía y la precariedad

Durante los últimos años se viene experimentando un crecimiento sostenido del trabajo “no asalariado”. Es decir, por fuera del sistema de contrato formal de relación de dependencia. Según el informe interanual del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) el último trimestre de 2019 el trabajo no registrado creció un 2,5% en relación al año anterior, mientras que los puestos de trabajo no asalariados se incrementaron un 7,6%. La suma de ambas categorías ya superaba los 10 millones de puestos de trabajo a finales del año pasado antes de la pandemia. Diversas tareas, desde repartidores, ilustradores, peluqueros/as, artistas, vendedores ambulantes, editores o periodistas por mencionar sólo algunas, se vieron afectadas de manera drástica por la cuarentena, mermando fuertemente sus ingresos, que en muchos casos directamente pasaron a ser nulos. En muchos de estos casos se dio la imposibilidad de poder acceder al Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) por distintas situaciones que contrastaban con alguno de los requisitos.

Ramiro Gigante para ANRED

Desde que comenzó el aislamiento social, preventivo y obligatorio decretado por el presidente Alberto Fernández por medio del Decreto 297/2020 – como medida para frenar la expansión del coronavirus (Covid-19) en Argentina – muchos trabajadores y trabajadoras cuentapropistas se quedaron sin su fuente de ingreso, o vieron drásticamente mermada su actividad. En el último trimestre de 2019 los y las trabajadoras no registradas y cuentapropistas crecieron y cayó el trabajo registrado. En diciembre de 2019, según el INDEC**, los trabajadores sin aportes jubilatorios llegaron al 35,9 % y los independientes al 22,6 %.  Mientras el trabajo no registrado creció un 7,6% y el no asalariado un 2,5%, el trabajo registrado asalariado cayó un 0,9%.

Pero la pandemia no solo afectó a quienes ya venían atravesando situaciones de crisis y cuya situación empeoró, sino que también afectó a quienes, a pesar de tener algún tipo de precariedad por falta de garantías sociales, venían generando ingresos con sus trabajos y se sentían conformes con su situación. Trabajos que de un día para el otro pasaron, de generar ingresos aceptables para quien los percibía, a ser prácticamente nulos.

Cuando todo venía bien…

Fernando Angelozzi vive en Morón y trabaja como peluquero en Ituzaingó. Antes había pasado por distintos tipos de empleos: “trabajé de todo, desde técnico en fotocopiadoras, lustrador de muebles, carpintero, vendedor de libros en la calle, y también trabajé en la construcción”, comenta, recordando algunos de los trabajos que había tenido antes de ser peluquero. “Este trabajo está bueno porque te acerca a la gente”, asegura. Desde hace un tiempo Fernando trabaja con este oficio, en una  barbería para niños junto a los propietarios de la peluquería,  con quienes dice tener desde siempre una buena relación. “Se labura cómodo, tranquilo” afirma.

“Esto me liquidó, al igual que a varios colegas. Nos liquidó financieramente. El ingreso es cero desde que se decretó la cuarentena. No agarré un peso”, cuenta el peluquero Fernando Angelozzi.

Su situación laboral, por la tarea que realiza, atraviesa esa situación de “cuentapropista”, si trabaja en una peluquería que no es de él. No tiene un salario sino que cobra por cada corte de pelo realizado. “Nosotros trabajamos como monotributistas A y cobramos comisión por cada corte. Las máquinas, las tijeras, los peines, son todos nuestros, los ponemos nosotros, la peluqueria se encarga de los insumos”, relata Fernando, quien comenta que hasta antes de la cuarentena tenía mucho trabajo: “abundante, se laburaba bastante. Ahora no tengo nada de trabajo, desde que se decretó la cuarentena no estoy trabajando, solo me corto el pelo yo y le corto a mi hijo”. De tener mucho trabajo y buenos ingresos Fernando se quedó repentinamente sin trabajo ni ingresos: “a mí, particularmente, esto me liquidó, al igual que a varios colegas. Nos liquidó financieramente. El ingreso es cero desde que se decretó la cuarentena. No agarré un peso: ni las diez lucas que prometieron, que seguramente hubo gente que la cobró, ni nada”.

Fernando no puede acceder al Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) por su situación conyugal: “no me lo dieron porque yo estoy casado y mi mujer trabaja en relación de dependencia, y creo que ese era uno de los puntos por los cuales no lo cobrabas”. Ante la consulta sobre si recibió algún otro tipo de ayuda, contó que solo su pareja recibió la ayuda escolar anual por su trabajo en blanco. Angelozzi no tiene ninguna ayuda externa de ningún tipo. Al ser consultado sobre si está pendiente de posibles ayudas y novedades, el respondió que sí, pero que hay mucha desinformación: “estoy pendiente de las noticias todo el tiempo a ver si hay algo. El tema también es que hay desinformación. Tiran muchas cosas. Yo creo que hay gente de poder que quiere que las cosas se levanten más rápido de lo que es”.

A pesar de este momento difícil, Fernando no se opone a las medidas de cuarentena, considerando la gravedad de la pandemia, lo que sí espera es alguna medida que le permita poder retomar su trabajo. “Por ahí tomando las medidas de prevención que nos dice el gobierno, como atender una persona por vez y guardar distancias, creo que podría volver a trabajar. El tema de la economía es importante, más para la gente que trabaja en negro o no está registrado”, señala, sobre con quienes se siente identificado en su situación de monotributista. “Somos todos informales. Hay una cantidad de trabajo informal, como en mi caso, que soy monotributista. Es difícil, porque el gobierno tampoco sabe muy bien cuanto sacás vos”, remarca.

En relación al anuncio de créditos para monotributistas, Angelozzi también se siente pesimista desde su situación particular: “tampoco sé si lo voy a cobrar, porque te ponen condiciones que yo creo que también hay un montón de gente que no las reúne, y  los van a dejar sin un mango también. Esto no tiene precedentes”.

Fernando espera ansiosamente recuperar su trabajo, para contactarlo en caso de necesitar un peluquero, su email es: [email protected]

La venta itinerante

Eduardo Malach es editor en Milena Cacerola, una editorial de libros autogestiva. “Lo que yo hago, básicamente, es agarrar un texto digital, leerlo, hacerle correcciones de forma, estilo, contenido y demás, y sobre una serie de pasos, convertirlo de matriz digital de interiores en una matriz digital de tapa, que se envía a la imprenta, que sigue una serie de pasos para transformarlo en un libro físico”. Eduardo también trabaja en la presentación y venta de esos libros, que es lo que le permite tener un ingreso. La cuarentena y todo lo relacionado a la pandemia por el Covid-19 afectó directamente la etapa final de su trabajo. “Yo tenía dos libros para presentar: uno el viernes 13 y otro el sábado 14 de marzo, y solo pudimos presentar el del viernes 13. El del sábado 14 no lo pudimos presentar porque ya cerraron todos los lugares. Nos quedamos con los libros, sin poder venderlos y sin poder pagar la plata de la imprenta. En total debo estar debiendo aproximadamente 70 mil pesos por este tema”.

Eduardo Malach posa con dos de los libros editados por la editorial autogestiva Milena Cacerola, donde trabaja.

En relación a uno de los anuncios del gobierno como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), Malach no puede pedirlo porque recibe una pensión no contributiva por discapacidad, de la cual se le retiene gran parte por el pago de un crédito. “Con eso me las arreglo para pagar las cuentas y nada más”, comenta. En estos momentos sobrevive con lo que recaudó con la venta de un puñado de libros los días previos al confinamiento: “pudimos vender algunos libros puerta a puerta antes de que empiece todo y con eso sobreviví hasta el día de hoy. Me queda plata para vivir mañana. Estoy repartiendo libros, pero no quiero tocar esa plata para ir devolviendo cosas”. En relación a sus deudas ironizó: “soy el hommo endeudadus, como nos pasa a todos en mayor o menor medida”.

La prolongación de la cuarentena preocupa a Eduardo: “hay trabajo para hacer pero las imprentas están cerradas. Hoy por hoy es vivir un día a día”. La imposibilidad de realizar presentaciones o de tener mayor circulación complica la difusión y promoción de los libros. “Estamos en un limbo”, concluyó.

Eduardo también se tomó un momento para recordar su trabajo anterior, muy afectado por esta pandemia. Durante tres años trabajó vendiendo biromes en los colectivos: “tuve la suerte de tener una seguidilla de libros y un dinero que me prestaron que me permitió salir de los colectivos y tener este trabajo”. A pesar del momento difícil que atraviesa actualmente, se siente afortunado de que la pandemia no lo encontró con su trabajo anterior. “Pienso en todos los compañeros que conocí trabajando de esto, vendiendo cada uno lo suyo. Hay una solidaridad en los bondis… Cada uno tiene su territorio: el que tiene su parada y vos llegás. El pasa primero, como si vos estás, y llega otro, vas vos primero. Y te saludás y hablás dos minutos sobre cómo está la venta. Siempre la frase para terminar una conversación es ‘buena venta’, que sería algo así como buena suerte, que es una frase que siempre gusta a uno escucharla y a los demás recibirla”, recuerda.

El panorama para ese sector resulta más desolador incluso una vez finalizada la cuarentena. “Una semana antes de la cuarentena ya se había desactivado toda posibilidad de venta ambulante. Los colectivos están blindados, vacíos. Yo creo que, incluso después de esto, va a costar que una persona se pueda subir a vender y que otra persona siquiera agarre el producto. La verdad que me cuesta pensar cómo puede seguir la venta ambulante. Si es que sigue, después de esto. Me da mucha angustia por esa gente que solo tenía eso para vivir.”

Para pedidos y consultas sobre libros, se le puede preguntar por mail a [email protected] 

La organización como respuesta

Desde enero existe un espacio llamado “Monotributistas Organizadxs”, que nuclea a trabajadores y trabajadoras de distintos sectores que comparten esta situación de ser monotributistas. Es decir, cobrar sus tareas facturando con el monotributo. Desde hace años es conocido un uso patronal de dicha característica que es contratar mediante esta figura legal para evitar contratos que respeten lo establecido en los respectivos convenios y así no pagar vacaciones, cargas sociales, o aguinaldos, entre otras conquistas laborales. También son contratos que permiten el trabajo temporario, por lo que en muchos casos se disfraza un trabajo con relación de dependencia de autónomo y de esa forma las patronales se desligan de compromisos y obligaciones. En otros casos, el monotributo cumple la función de tributar a trabajadores y trabajadoras autónomas de distintos ingresos, siendo las categorías a y b las de menor facturación y tributo. También existe el monotributo social y los eventuales. El monotributista muchas veces realiza tareas en donde no es considerado “informal”, pero si “precarizado”, por quedar afuera de las garantías de seguridad social en el mundo del trabajo mientras, a su vez, paga impuestos (aún teniendo ingresos por debajo de la canasta básica).

En este contexto, y luego de diversas experiencias aisladas, surge este espacio. “Surge a comienzos de enero, cuando se decreta el aumento del 51% del monotributo. Ahí fuimos unos pocos trabajadores que nos nucleamos de diferentes espacios. Por ejemplo, prestadores precarizados, ATR que representa a repartidores organizados, personas que trabajan de manera independiente en audiovisuales, o ilustración, edición, periodistas, y también había personas de tránsito del Gobierno de la Ciudad y Músicos Organizados. Venimos de rubros muy diferentes, en donde lo que nos nuclea es que estamos todos en la misma condición de monotributista. En este universo hay dos sectores: quienes están contratados con contratos precarios que se renuevan según la bondad de quien te contrata, que en muchos casos es el Estado, y, por otro lado, las personas independientes que estamos sin contrato alguno y vamos trabajando para diferentes clientes, sea del sector público o privado. Lo que venga. Y que tenemos la obligación de facturar para poder trabajar. En ese marco nos reunimos y nos manifestamos frente al Ministerio de Trabajo y la AFIP tres veces entre enero y febrero, y logramos que nos den una reunión con funcionarios del Ministerio de Trabajo. En dicha reunión nuestras demandas fueron escuchadas pero sin tener una respuesta, más allá de una mesa de trabajo que nunca tuvo fecha”, comentó una trabajadora monotributista integrante de este espacio, que prefirió no dar a conocer su nombre para no poner en riesgo su trabajo.

En el pliego de demandas presentadas, además del rechazo al incremento del 51% del monotributo, exigían derechos laborales básicos para la totalidad de las y los trabajadores, o al menos quienes están contratados: una obra social, días por enfermedad, vacaciones, que no se descuentes horas y una obra social digna. “Vimos que uno de los principales problemas es que la mitad del monotributo que pagamos es para una obra social que siempre tiene algún motivo para no atenderte: tengas un centavo de deuda, no tengas nada, siempre tiene algún motivo”, agregó la entrevistada.

Nunca se desarrolló la mesa de negociación prometida en aquella reunión. A mediados de marzo comenzó la cuarentena. “Todas y todos los monotributistas vimos mermados nuestros ingresos porque en su mayoría no nos podemos asegurar que nuestro trabajo pase a ser digital. En muchos casos, directamente, no es posible. Como cuando se trata de trabajadores de higiene y seguridad, o es posible de manera parcial, cuando se trata de acompañantes terapéuticos y derivados de trabajadores de la salud. Hay muchas cosas que, incluso siendo posible hacer de manera virtual, los trabajos se caen, como una edición para un video para una publicidad, o una ilustración. Los trabajadores independientes están cada uno a su suerte y, por otro lado, los contratados están bajo la decisión individual del patrón porque no hay ninguna normativa a nivel nacional que pueda regular esa situación. Justamente, el monotributo se trata de verte imposibilitado de acceder a los derechos laborales básicos”, contestó la entrevistada, cuando le preguntamos sobre cómo afectó al sector la cuarentena. También mencionó la situación de músicos y otros trabajadores en torno a los espectáculos que de repente dejaron de desarrollarse, y esos ingresos ya no están.

Por su parte, Rodolfo Fucile, ilustrador y también integrante de “Monotributistas Organizadxs”, agregó: “esta crisis pone al descubierto la situación de vulnerabilidad y precariedad laboral en la que estamos las y los trabajadores independientes, que carecemos de derechos y, al no tener un ingreso asegurado, somos las personas más afectadas laboralmente por las restricciones y la recesión”.

En relación a su situación particular, Rodolfo comentó que “en el caso de la ilustración, suele ser una actividad muy fluctuante, en las que pasás tiempo sin trabajar (y además tenés que soportar grandes demoras en los pagos). Desde que empezó la cuarentena esto se agravó. Si bien es un trabajo que se hace a distancia, el parate general repercutió en todos los rubros, como editoriales, medios y publicidad. O sea que no se trata sólo de las restricciones, que sí me afectaron. Por ejemplo, en la participación de eventos, ferias de arte y libros, dictado de talleres. Ahora estoy compensando un poco con mi taller virtual. También la falta de laburo se debe a la recesión general que impacta en todas las áreas, donde se cortó la cadena de pagos y se paralizaron proyectos. Alguna gente cree que si laburás desde tu casa tenés resuelto el tema. Pero eso del ‘home office’ sólo es una solución para un asalariado o para que quien tiene una continuidad de laburo asegurada. Para un ‘freelance’ no significa nada. Si los clientes o empresas no te llaman, no tenés ingresos. Así de simple”.

Monotributistas Organizadxs, en una de las movilizaciones frente al Ministerio de Trabajo, un poco antes de que se declarara el aislamiento social, preventivo y obligatorio por la expansión del Covid-19.

Así como Fernando Agenlozzi había comentado que por su situación conyugal no pudo acceder al IFE, desde Monostributistas Organizadxs sostienen: “hay muchas personas que están inscriptas en la AFIP como casadas o casados, y que quizás se divorciaron hace dos tres o cuatro años, y todavía figuran como casados porque eso no fue modificado en la base de datos. También hubo casos de ‘falsos positivos’, por así decir, como una persona a la que les salió que estaba empleada por alguna dependencia del Estado, y no era así, sino que estaba desempleada hace por lo menos dos años“, comentaron desde la organización. “Estamos obligados a pagar para trabajar. Aún cuando no tenemos trabajo o nuestros ingresos han caído por la baja actividad, estamos obligados a pagarle al Estado. Si no lo hacemos, no sólo no nos asisten sino que además nos convierten en deudores”, agregó Rodolfo Fucile.

Este espacio está estrechamente vinculado al de “Musicxs Organizados”, cuyos integrantes en su mayoría, son monotributistas y forman parte de ambas organizaciones. El pasado domingo 19 de abril realizaron un festival online para denunciar su situación ante la cuarentena. 

El espacio tuvo un crecimiento a partir de la pandemia, que puso en mayor evidencia la precariedad laboral. Apenas iniciada la cuarentena, este espacio publicó un primer comunicado que se trataba de un petitorio que pedía, entre otras cosas, un salario de emergencia de 30.000 pesos y que fue firmado por más de 130.000 trabajadores y trabajadoras. El espacio tiene sitio tanto en Facebook como en Instagram.

Entre coincidencias y diferencias: algunas conclusiones

Con distintas situaciones coyunturales previas a la pandemia, en distintos sectores, sea el  público o el privado, con tareas tan diversas e incluso distintos niveles de autonomía, un elemento común agrupa a este diverso conjunto de trabajadores: la precariedad frente a esta situación. Desde un peluquero que trabaja en el sector privado, conforme con su situación previa a la cuarentena, hasta quienes venían denunciando y luchando por modificar su situación. “En mi caso, si no tengo monotributo no puedo trabajar”, comentaba Fernando  desde su empleo en el sector privado en el rubro Pymes, donde resulta más difícil una contratación con salario fijo sujeto a convenios laborales, no sólo por la incertidumbre en la recaudación sino por las cargas e impuestos pertinentes. Sin embargo, la forma del monotributo excedió su carácter original siendo incluso un recurso utilizado por el mismo Estado para contratar trabajadores y trabajadoras que realizan tareas en relación de dependencia, pero negando derechos laborales, mientras a su vez deben pagar impuestos ,como fue explicado por integrantes de “Monotributistas Organizadxs”. Lo mismo sucede en grandes empresas que, mediante la forma de monotributo, precarizan a parte de su mano de obra mientras por maniobras de elusión evitan el pago de impuestos que sí recae sobre monotributistas.

Quedaron excluidos de esta nota trabajadores y trabajadoras en negro de distintos sectores que han sido duramente golpeados por la crisis en relación a la pandemia, como en los rubros, hotelero, gastronómico, u otros vinculados al turismo. También sectores informales mencionados en notas anteriores como las y los trabajadores rurales golondrina.

Ya sea por la sobre explotación, lucro cesante o una combinación de ambos factores, la crisis actual vuelve a caer sobre los hombros de las y los trabajadores, entre quienes se encuentran las personas indagadas en esta nota.

 


* Para esta nota fueron consultados los datos relevados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos durante el último trimestre del año 2019: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/cgi_04_20A63E2A1C14.pdf