Chile: “La gente ya no se siente representada”

ECOFEMINISTAS A LA CONSTITUYENTE

Chile: “La gente ya no se siente representada”

Los movimientos sociales interpelan a la política institucional: el 15 y el 16 de mayo se escogerán a lxs nuevxs constituyentes en Chile. Hablamos con Camila Zárate, candidata constituyente para la Lista del Pueblo Distrito 7 de Valparaíso y miembra de la Plataforma Feministas Constituyentes. Es especialista en Derecho Ambiental y Derecho Animal, y ha coordinado el Glosario Eco-Constituyente de OLCA.

Entrevista por Gerhard Dilger y Vanessa Dourado

Camila Zárate Zárate.

¿De dónde vienes y por qué ahora eres candidata a la Constituyente por Valparaíso?

Camila Zárate: Yo comencé a enfocarme en la temática socioambiental en el colegio. Vengo movilizándome desde la Revolución Pingüina en el año 2006. Fui alumna del emblemático Liceo 7, de Valparaíso, luego de pasar la prueba de ingreso. Fui parte del centro de alumnas y pasé a dedicarme a la temática ambiental en términos de activismo, al tema del reciclaje.

Luego, ya en la en la Universidad de Chile, fui parte del centro de estudiantes y de la movilización en 2011 y empecé a involucrarme en procesos en Valparaíso, aunque estudiaba todavía en Santiago. Terminé la carrera de Derecho en la Universidad de Chile, y desde allí seguí super enfocada en la temática ambiental. Fui delegada de la Federación de Estudiantes donde levantamos una comisión de medio ambiente y un comité de sustentabilidad.

En 2012, año en que yo hice un diplomado sobre sustentabilidad en la USACH (Universidad de Santiago de Chile), empieza a formarse el MAT (Movimiento por el Agua y los Territorios), que articula a distintas organizaciones territoriales, de estudiantes, de apoyo y feministas que les interesaba la temática ambiental. Vinculamos demandas comunes y conflictos macro relacionados con la derogación del Código de Agua, una Asamblea Constituyente o la protección de los glaciares, los humedales, los bosques nativos.

Fuimos forjando un gran movimiento donde marchamos el 22 de marzo – el Día del Agua,  y el 22 de abril – el Día de la Tierra. Después fui parte de una organización que se llama Red por la Defensa de la Precordillera, en Santiago, y en el 2017 formé parte también de la EcoAgrupación Estero Cabritería, porque ya también me estaba quedando más a vivir en Valparaíso. Desde allí también formo parte como Red y soy co-vocera del MAT. Hemos levantado el MAT en Valparaíso.

Vino la necesidad que fuéramos los movimientos sociales quienes redactáramos la nueva constitución y por eso me lancé como candidata a constituyente. En algo influyen los conocimientos jurídicos que una tiene, pero sobre todo esto tiene que ver netamente con el movimiento social y con la importancia que los territorios se sientan representados con sus grandes demandas y reivindicaciones la constitución. Vengo a ser más portavoz de las demandas y reivindicaciones que a llevar mis propias propuestas. Siempre hemos estado al servicio de los territorios y las comunidades, las asambleas, los cabildos, los encuentros. Desde hace más de diez años hemos estado deliberando, ahora ya estamos en una etapa que queremos que estas grandes cosas que hemos construido puedan reflejarse en la constitución.

Eres una candidata joven, ¿hay un límite de edad para ser constituyente?  

Hay una edad mínima que es los 18 años, lo cual fue criticado porque acá la revolución social de octubre (de 2019) viene principalmente porque los estudiantes se saltaron los torniquetes en el metro. La consigna “no son 30 pesos, son 30 años” – fue una alza en el precio de los transportes que hizo que los estudiantes empezaran a evadir. Entonces dijimos: si somos los estudiantes quienes nos saltamos los torniquetes, ¿por qué no vamos a ser también quienes vamos a tener la oportunidad de redactar la nueva constitución? Sin embargo, esto no se logró, quienes tienen menos de 18 años no pueden participar del proceso.

¿Cómo y cuándo las luchas feministas pasan a tener más espacio en el escenario político chileno?

No había feminismo en Chile hace cinco años en términos de masas. Siempre hubo organizaciones feministas, articuladas y trabajando, pero de alguna manera se gana fuerza alrededor del año 2018 en el ámbito estudiantil cuando las estudiantes se atreven a denunciar profesores en el espacio universitario. Desde ahí se empieza, sobre todo, a recalcar la labor de los cuidados.

En este momento se forma la Coordinadora Feminista 8 de marzo (que hoy lleva cuatro candidatas a la constituyente), que es una coordinación de organizaciones articuladas en función de la marcha del 8-M en nuestro país. Este ha sido un espacio de encuentro, pero que también logra converger distintas plataformas y organizaciones feministas que antes de eso no estaban trabajando articuladas, como la articulación en función de la despenalización del aborto y la de no más violencia contra las mujeres. Al mismo tiempo hay un espacio mucho más grande que se llama Plataforma Feministas Constituyentes, donde también somos compañeras.

¿Cuáles son las propuestas para pensar una nueva constitución en clave feminista?

En esta Plataforma Feministas Constituyentes buscamos conformar un programa común para acabar con la penalización de la vida de las mujeres, las niñas y las disidencias. Al mismo tiempo somos puras mujeres independientes de partidos políticos. Queremos construir una agenda feminista a través de una constitución que sea transversal en el ámbito de la disputa de temáticas que son importantes para nuestro movimiento y nuestra organización. Y entender también que no solamente nos interesa que estén las grandes demandas por parte del movimiento socioambiental feminista, sino también la participación que tengamos las mujeres, las niñas y las disidencias al momento de redactar la constitución.

Hasta ahora, las constituciones han sido redactadas antidemocráticamente y además, siempre por varones. Este proceso paritario que estamos habitando también va a dar una perspectiva muy distinta. Una perspectiva que esperamos que sea no solo de género sino feminista en la construcción de una nueva sociedad.

Una de las propuestas que hemos vinculado es eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres, las niñas y las disidencias, lo que tiene que ver con sus derechos sexuales – no solamente decidir sobre nuestras propias cuerpas, si queremos o no embarazarnos, sino también cómo queremos vernos, es decir, qué forma física queremos tener. Porque la sociedad también decide respecto a eso.

Ustedes también se han convertido en referentas del ecofeminismo, inclusive a nivel de Latinoamérica. ¿Cuál es el vínculo entre feminismo y posextractivismo?

Las que nos reconocemos como ecofeministas también nos interesan las demandas en torno al fin del extractivismo, queremos eliminar toda la explotación de cuerpos y territorios. En el momento en que existe una depredación territorial, quienes somos más afectadas somos las mujeres. En las zonas de sacrificio, cuando a una comunidad se le despoja de sus economías locales, donde se obliga a los varones a ser parte de las mismas empresas que les están contaminando, finalmente ¿quiénes tienen que hacerse cargo de la movilización, de la defensa del territorio, de los niños y niñas que han sido intoxicados, los enfermos, incluso los mismos maridos, que terminan enfermos de cáncer? Somos nosotras. Entonces, estas empresas terminan afectando a las mujeres el triple de lo que afecta a los varones.

En el campo, las temporeras que están viviendo bajo una forma de contratación sumamente precarizada y eso tiene que ver directamente con una agroindustria que discrimina no solamente por género, sino también de manera netamente colonial y racista en nuestro país.

Y cómo no mencionar a la minería, donde no solamente se está destruyendo el territorio, pero también se despoja, se contamina las cuencas de agua, se destruyen las economías locales. Al mismo tiempo las mujeres cumplen un rol relacionado con la minería desde la cosificación de nuestros cuerpos y territorios. Al momento de insertarse la minería, también se genera una economía masculinizada, en que las mujeres terminamos sosteniendo un rol desde el punto de vista de la prostitución en estos espacios muy masculinizados.

Esos son elementos concretos de cómo el extractivismo, además de depredar los territorios, depreda los cuerpos sobre todo de las niñas, mujeres y disidencias. Entonces, para nosotras las demandas antiextractivista y por desprivatizar el agua y las semillas, para tener una alimentación que pueda nutrir nuestros cuerpos de manera sana, tiene que ver con una demanda profundamente feminista.

Entendemos que el feminismo no es solamente una cuestión relacionada con la temática de las mujeres, sino más bien la perspectiva feminista transciende a todas las temáticas de la precarización de la vida en el ámbito laboral, de la salud y en otros espacios donde las mujeres somos protagonistas y estamos organizadas políticamente para cambiar las reglas de juego.

¿Cómo funciona la colaboración en este proceso constituyente? Por ejemplo, ¿cómo trabajan ustedes con los distintos grupos indí? 

Es una pregunta tremenda porque primero hay que considerar las diferencias políticas. Hay una estrategia que es generar un Estado Plurinacional que contemple distintos pueblos-naciones; sin embargo, también hay otra tendencia igual de válida, que es pensar no solamente desde un mirada del Estado, sino justamente cómo generamos autonomía territorial desde el control y la autodeterminación, independientemente de lo que pase o no con el Estado. Ambas estrategias tienen que estar presentes.

El proceso constituyente no solo se construye por esta coyuntura que estamos viviendo, que se da con la revuelta social sino es un espacio más amplio de deliberación de territorios y comunidades, desde el año 2016 donde ya estábamos creando un proceso de cabildos, de encuentros, o incluso antes.

La verdad es que todos los movimientos ancestrales tienen algo que decir. Tienen su propia estrategia y están dando un proceso constituyente de por sí porque están sustituyendo lo que había y constituyendo algo nuevo. Desde este punto de vista, hemos sido bien respetuosos de los movimientos en los territorios que plantean la perspectiva plurinacional no solamente hacia el Estado, pensando una articulación de políticas, haceres y saberes desde los distintos pueblos-naciones. Entendemos y respetamos las distintas estrategias.

O sea, ¿el proceso también impulsaría el debate plurinacional?

Sí. En concreto, nos gustaría que la constitución estableciera un reconocimiento no solamente a las autonomías y la autodeterminación sino también a las distintas formas de hacer economía, hacer política y hacer incluso sus propias estructuras jurídicas por parte de las comunidades ancestrales.

En Chile hay una deuda histórica que no solo tiene que ver con una represión brutal de un país donde constantemente los gobiernos han declarado guerra a los pueblos-naciones ancestrales, sino también una deuda vinculada con el despojo territorial del agua y de la tierra. Tiene que haber una forma de reparación que incluya la indemnización que se le debe por parte al Estado a los pueblos ancestrales. No basta un reconocimiento de papel en la constitución: se debe poner en la práctica una autodeterminación real y una plurinacionalidad.

Se estableció, a partir de la movilización social, que habría escaños reservados para pueblos originarios. Sin embargo, se estableció que no fue suficiente en números y hay distintas teorías en cuanto a esto: hay muchas personas que militan en partidos políticos a la vez que le están apostando directamente a hacer una lista independiente y tener una representación como cualquier chilena o chileno. Será interesante saber quiénes saldrán electas y electos y en esa perspectiva y qué tipo de estrategia será llevada adelante en el debate constitucional, si es más autonomía titorial o si es desde el Estado.

¿Hay feministas en los pueblos originarios, en los movimientos originarios ancestrales?

Se están construyendo procesos que no son fáciles. Para cierta tendencia dentro de los pueblos ancestrales, está la idea que el feminismo es una práctica colonial que se viene a imponer a las comunidades. Por eso también la reivindicación de otras formas de feminismos también es interesante: no es lo mismo un feminismo posmoderno que un feminismo de los pueblos y de los territorios. Entonces también hay elaboraciones donde la misma comunidad es quien genera ese proceso de construcción feminista, pero desde sus propias prácticas y saberes y no como las otras chilenas lo estamos habitando.

Pero con esto hay que ser justas y justos, sabemos también que hay todavía prácticas patriarcales en los pueblos ancestrales. Hay noticias que nos impactaron desde Rapa Nui, donde se legitimaba la posibilidad de violar a mujeres, es justo decir que la lucha feminista allí es un proceso de construcción. Eso lo digo incluso siendo animalista, entiendo que hay procesos que se dan de forma lenta en cada lugar, que se están habitando desde diferentes espacios en las comunidades. Por supuesto entran en juego tensiones, no son fáciles, no esperamos que lo sean tampoco.

¿Estos procesos de diálogos entre feministas y pueblos originarios se dan en pie de igualdad? ¿Dificulta la carga académica un lenguaje común?

Por esto la importancia de respetar los procesos. Si desde la academia se intenta buscar un “cómo debiera ser un feminismo para los pueblos ancestrales y las comunidades” termina siendo una imposición igual. No hay una igualdad entre lo que podemos saber de feminismo desde la academia, o a través de los conocimientos a nivel mundial, frente al feminismo que se puede dar en las comunidades o territorios organizados; por eso siempre hay que tener ojo con esto, porque no hay una situación de igualdad frente a estos procesos de conocimiento. Son procesos más largos.

¿Cuál es la diferencia entre los movimientos socioambientales y feministas frente a las fuerzas feministas y ecologistas en los partidos tradicionales?

Hay muchas. La primera diferencia sustancial es que lo que sucede hoy es una crisis política e institucional y en esta crisis todos los partidos están involucrados, casi sin excepción. Solo podríamos excluir a los partidos que se quedaron afuera del llamado acuerdo de paz de noviembre 2019 – un acuerdo que fue firmado en cuatro paredes para ponerle fin a la revuelta social y calmar lo que estaba sucediendo en Chile, este despertar.

La mayoría de partidos pactaron dentro de la lógica: hasta aquí llegamos, o va a venir el alzamiento militar. Hicieron ese pacto desde el pensar: tenemos que hacer algo, hacer que las instituciones funcionen y legitimar lo que existe para seguir en el poder. De alguna manera eso también sirvió como una camisa de fuerza para Sebastián Piñera, que todos pedíamos su destitución, quien logra un respaldo del Congreso, que también estaba cuestionado por la ciudadanía, y podía salir arrastrado en esta crisis de legitimidad de poder. Entonces, por lo mismo, finalmente terminan todos siendo parte de esta complicidad y es por eso que finalmente existe una deslegitimación total.

En ese sentir, decía que algunos partidos quedan afuera, pero de todas maneras la gente ya no se siente representada por los partidos políticos, ya los ve como un espacio de poder donde el ciudadano común, que no milita en nada, no se siente parte. Hoy la ciudadanía no siente que puede tomar decisiones, ya que la democracia está totalmente restringida. Aquí no existen plebiscitos vinculantes, la única vía de plebiscito es muy restringida: aparece en la constitución y tiene que ver con que el Presidente de la República quiera insistir con algún proyecto de ley que no haya logrado aprobar en el parlamento. Acá tampoco existe la posibilidad de mandatos revocables. Ni siquiera con Sebastián Piñera, quien tiene una aceptación muy baja. Como no hay herramientas, continúa en el poder.

Tampoco hay iniciativas populares de ley: nosotras podríamos iniciar un proyecto precioso desde los cabildos que lideraran la campaña contra las Administradoras de Fondos de Pensiones de Chile (AFP), y eso quedó como letra muerta porque no tiene cabida. Así como tampoco hay un instrumento institucional que haga que esto llegue a buen puerto.

Finalmente, ¿cómo es su relación con la izquierda tradicional?

Hay un descontento total de la ciudadanía: porque no existe la cabida y tampoco viene la solución en la discusión, porque la clase política no solo se protege a sí misma sino que, además, protege al empresariado – un actor que genera pobreza, pero que siempre va a tener el respaldo de los partidos políticos de nuestro país. Dijimos que no vamos a ser parte de eso, y nos vamos a proyectar como siempre lo hemos hecho: desde los movimientos sociales con autonomía y en paralelo con lo que pase con los partidos políticos.

Quisimos hacerlo desde una lista independiente con todo lo que significó, es decir: juntándonos en Navidad, Año Nuevo, pero a última hora nos bajaron. Lo bueno es que las redes sociales nos acompañaron y pudimos hacerlo. Yo llegué a la candidatura con más de cuatro mil respaldos del distrito 7 que incluye Valparaíso-Costa. Eso se logró porque la gente se concientizó y votará  independiente en la papeleta. Y claro, en términos programáticos y de contenido también nos diferenciamos bastante, por ejemplo: en la agenda ecologista hay una diferencia fundamental y es que no apostamos a un capitalismo verde o a una versión más amigable del capitalismo, sino proponemos empezar a transitar a economías posextractivistas.



Fundación Rosa Luxemburgo