En este último episodio, contamos con la presencia de la Dra. Melisa Argento, quién nos cuenta acerca de los conflictos eco-territoriales y las luchas frente al avance de la minería del litio.

Invitamos a la Dra. Andrea Izquierdo para contarnos la riqueza biológica de los humedales altoandinos; a la gestora ambiental Evelyn Vallejos, quién nos relata los impactos que ha tenido la actividad litifera en Catamarca; y a la Dra. Andrea Calderón para abordar los debates en el ámbito científico-tecnológico.

Además, contamos con la participación de Beto Galeano, de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), Ramón Moralez Balcázar, del Observatorio Plurinacional de Salares Andinos en Chile, y Verónica Chávez y Clemente Flores, integrantes de las comunidades que habitan las cuencas de los salares en Jujuy, quienes vienen consolidando una fuerte articulación en sus luchas, demandas y denuncias.

¡Pueden encontrar el #Podcast en Spotify (Radio Rosa) y Youtube!


Por: Grupo de Geopolítica y Bienes Comunes (GYBC)

El debate sobre el litio condensa de manera paradigmática la disputa de sentidos en torno a la transición energética. Se trata de un material muy abundante en los salares de Sudamérica y fundamental para los dispositivos de almacenamiento de energía que hacen posible el aprovechamiento de energías renovables y la electromovilidad, cuya creciente demanda se multiplicará exponencialmente en los próximos años, ligada principalmente a las necesidades energéticas del norte global. En este contexto, si no cuestionamos las lógicas neodependentistas de la extracción de litio en nuestros salares, la insustentabilidad de esta minería a gran escala y los procesos de vulneración territorial que ella genera, más aún, si no cuestionamos las formas de consumo energético, su concentración económica y mercantilización, el riesgo es que las poblaciones que habitan en estas regiones paguen con sus vidas los bienes de consumo ecológico (para pocos) del futuro.

¿Cómo imaginar el futuro y reponer utopías colectivas en un mundo en inminente colapso? ¿Qué estrategias y propuestas tenemos y venimos construyendo quienes somos invisibilizades por las dinámicas que impone la transición corporativa? Existen múltiples experiencias y propuestas en América Latina, y en Argentina en particular, que articulan elementos ligados a lo que concebimos como una transición energética popular. Es preciso, y es urgente, religar prácticas y debates que, desde el movimiento popular, socioambiental, feminista, y el activismo intelectual y académico, desmantelan las falsas soluciones que propone el capitalismo verde en torno a las transiciones, y contraproponen alternativas concebidas desde proyectos civilizatorios antagónicos al productivismo capitalista.

La pregunta que no debemos perder de vista es ¿quiénes se benefician con la transición energética? ¿Pueden los pueblos construir alternativas basadas en la justicia social y ambiental desde lo público y comunitario?

De los territorios sacrificados a las resistencias populares

En los territorios extractivos en general, y en los que involucran la explotación del litio en particular, pueblos y comunidades resisten a diversas formas de dominación territorial empresarial ligadas a las “tecnologías de transición”. Entre ellas se combinan formas eminentemente asistencialistas, filantrópicas o de la responsabilidad social empresarial (mínimas transferencias de recursos, como pagos por permisos de servidumbre u obras de caridad, entrega de equipamiento a salas de salud) con nuevas formas de intervención empresarial ligadas al “valor compartido”. Esto expresa una reacción frente a la conflictividad territorial, promueve una institucionalidad “temprana” que en el fondo busca negar el conflicto y construir un territorio donde ya no sea posible rechazar la presencia de las empresas mineras. Estas lógicas impactan en los territorios, oponiendo a la población entre sí, erosionando y fragilizando el lazo social. 

Frente a esta situación, los pueblos y comunidades que habitan las cuencas de los salares en Argentina y Chile vienen consolidando una estrecha articulación en sus luchas, demandas, exigencias y denuncias. Es en la articulación de sus propuestas, y con las que emanan de un conjunto de otros movimientos socioambientales, campesinos, sectores populares urbanos, feminismos, ecofeminismos y militancias juveniles, que se encuentran las claves para una transición socio ecológica justa y popular. 

Se trata de comunidades indígeno-campesinas kollas, atacamas- licanantay, que exigen el respeto a la autodeterminación territorial como lógica democrática de reconocimiento por ser quienes habitan estos territorios de manera ancestral. Rechazan las lógicas de “participacionismo débil” y bregan por formas autodeterminación, co-gestión, control de los salares, control de los impactos sobre las cuencas hídricas, monitoreo comunitario, líneas de base no impuestas por las empresas. Al mismo tiempo, exigen estudios integrales sobre los impactos totales en el uso de salares, agua y territorio y rechazan los estudios financiados por las propias empresas. Demandan garantía estatal para la contratación de profesionales autónomos -independientes de los intereses político-corporativos- escogidos por las propias comunidades. Años y años de estudios que, en nombre de la ciencia, niegan sistemáticamente los conocimientos locales, las formas de uso y gestión colectiva de los salares y territorios, han redundado en una profunda y legítima desconfianza en la ciencia ligada al capital. Las comunidades exigen en cambio una ecología de saberes, una ciencia que reconozca, estudie y avale los saberes y conocimientos locales. 

La ciencia y la tecnología son necesarias e imprescindibles para pensar en transiciones justas que estén al servicio de los territorios. Apostar por una ciencia digna y desmercantilizadora -no desde la interdisciplina o la interculturalidad vacía, sino a partir de un diálogo honesto y fraterno entre espacios asimétricos en términos de poder- es un debate que está muy fuerte en Argentina y tiende puentes con Chile. 

En lo que respecta al litio, existen un conjunto de instituciones, equipos e institutos que estudian diversas alternativas frente al neoextractivismo actual. Algunas de estas líneas de trabajo se congregan en el Foro de Especialistas de Litio, conformado por casi la totalidad de las investigaciones relacionadas a la temática litífera en la Argentina. El Foro se constituye como un espacio de encuentro y discusión interdisciplinario y federal, surgido desde los propios grupos de investigación abocados a estudiar el litio. El principal objetivo es poner en diálogo los saberes para contribuir en el diseño de una política nacional, estratégica e integral que articule a las diferentes escalas de gobierno y actores políticos, así como también a las distintas carteras e instituciones públicas ya abocadas a la temática litio, como CONICET, CIN, INTI, CNEA, INVAP, YTEC, IEASA, Fabricaciones Militares, Astilleros Río Santiago, de donde provienen la mayoría de sus integrantes. 

La atomización que actualmente existe entre gran parte del sistema científico nacional no solamente es contraproducente para desarrollar las tecnologías de la transición, sino que también es un signo de dominación, ya que prima un sistema de competencia en lugar de fomentarse el trabajo colaborativo y se obtura la posibilidad de crear conocimiento para dar respuesta a las grandes problemáticas de la sociedad. Por esto, desde el Foro se propone la creación de una red de trabajo federal, que permita articular estas investigaciones y propiciar el trabajo interdisciplinario para diseñar soluciones a los múltiples problemas actuales relacionados con el litio en nuestro país con una visión respetuosa con los derechos humanos y el ambiente, y la consulta libre, previa e informada a las comunidades. Al mismo tiempo, demanda al Estado la creación de una Comisión Nacional del Litio que aglutine todxs los actores vinculados a la temática (comunidades, cientificxs, empresas nacionales, etc), la creación de una Agencia Nacional de Energías Renovables y la declaración legislativa del litio como recurso estratégico, para poder tener una estrategia política soberana integral para con el mineral.

 

Resulta fundamental articular conocimiento científico tecnológico a cadenas de valor popular, que disputen las cadenas de valor hegemónicas al servicio del capital. En estas, son laboratorios ajenos a toda realidad social los que deciden el destino de las personas, mientras la participación comunitaria se propone subalternizada y pasiva para trabajadores precarizados. Catering, hotelería, gastronomía y otras microempresas tercerizadas se presentan en los territorios como una “panacea del trabajo”, escondiendo la obscena desigualdad entre las ganancias empresariales y el nimio ingreso económico local, pasando por las escasas rentas provinciales (3% de boca de mina) en Argentina.

Otros sectores también en resistencia (sindicatos y organizaciones populares) bregan por interrumpir las cadenas de valor transnacionalizadas de la producción del litio, promoviendo procesos de industrialización que no estén regidos por lógicas mercantiles sino sociales. La Campaña Savio, se propone retomar el proceso de industrialización de tradición soberana impulsado por Savio, donde la consigna “volver a Savio” retoma la senda por “tener un Estado que se comprometa en la industrialización, dejar de esperar que las soluciones, o supuestas inversiones vengan del exterior, es hacernos cargo de nuestra historia. En este marco el litio brinda la oportunidad de industrializar en origen, sirve forzar el fin de un sistema minero-extractivo que ha dejado mucha destrucción y pocas regalías y además los estados tienen que asociarse no competir, primero nación con provincias en Argentina, y luego con los países hermanos de Sudamérica”. Por esta vía, se trata de afianzar un nuevo marco legal que desestructure el código de minería, la ley de inversiones mineras, la lógica de provincialización de los recursos (una falsa federalización), y logre reafirmar el carácter público social de la transición energética popular. En la Argentina existe todo un abanico de iniciativas públicas, que van desde las cooperativas de distribución eléctrica o de producción de calefones solares que impulsan diferentes organizaciones sociales, las firmas de alta tecnología como Invap o Ytec, espacios de amplio recorrido industrial como Fabricaciones Militares o la nacionalizada IMPSA, que son pasibles de reforzar y potenciar.

El cuidado es uno de los ejes que articulan la resistencia a la expansión incesante de la acumulación del capital. Cuidar permite hablar de salares, humedales altoandinos, agua y territorios como hacen las poblaciones, y no del litio como “recurso estrella”. Desde la Asamblea de Pueblos Catamarqueños en Resistencia (PUCARA), organizaciones socioambientales, la Mesa de las 33 comunidades de la cuenca de Salinas Grandes y laguna Guayatayoc, colectivo Apacheta, comunidades de Consejo de Pueblos Atacameños, Observatorio Plurinacional de Salares en Chile y Argentina proponen la defensa de las cuencas de agua y de los salares y humedales altoandinos, como también de la tierra o pachamama. Proponen una relación holística (integral) entre la vida humana y la no humana, el respeto a los ciclos vitales, el cuidado de los seres vivos, tierra, salar, agua, cerro, religar la noción del tiempo contra la celeridad hegemónica de la acumulación. En sus prácticas trazan re existencias identitarias, culturales, enfrentando al colonialismo estatal la plurinacionalidad y las trayectorias de lucha frente al despojo del Estado Nación. Lo comunal- comunitario no refiere sólo a ser comunidades indígenas sino a revalorizar lo “común” elegir, crear y ser comunidades. 

La defensa del territorio del agua expresa una comprensión integral de las cuencas con sus salmueras, lagunas, vegas y bofedales. Algunas de estas fuentes que sostienen la vida en ecosistemas tan frágiles son también humedales altoandinos, lugar y espacio donde la fuerza vital de la naturaleza se expresa en su total complejidad y belleza. Estos humedales son reserva de conocimientos y saberes sobre la supervivencia de las especies y la vida humana en condiciones extremas, reguladores hídricos conformados por ciclos lentos y naturales, sumideros de carbono y por tanto urgentes de preservar. Así, en su defensa se ligan las luchas socioambientales que exigen la sanción de la #Ley de Humedales Ya! en nuestro país, o la protección y valorización de los mismos en Chile, así como se denuncian las dilaciones, incumplimientos y/o vacíos de reglamentaciones en la Ley de Tierras, la Ley de Glaciares y/o la Ley General del Ambiente, normativas y herramientas forzadas en el calor de las luchas de los movimientos sociales y/o pueblos y nacionalidades indígenas. Muchas de estas pugnas por “volver real” los ficcionales marcos de regulación y las herramientas para la defensa territorial se articulan hoy en torno a la exigencia por una Ley de cupo socioambiental en Argentina, alternativa que abrazaría un amplio espectro de demandas emanadas desde los cuerpos en resistencias sin por ello dejar de fortalecer las acciones cotidianas. Cuidar los reservorios de la esperanza en las luchas y los reservorios de la vida en el agua, salares y humedales se tornan las claves territoriales en la crítica radical por una transición socio-ecológica justa. Desmercantilizar y cuidar son entonces dos de las claves centrales de la transición popular en nuestra región. 

En estas experiencias, sin lugar a dudas, el rol de las mujeres es medular puesto que son quienes de manera general perciben el impacto de la pobreza, gestionan los alimentos, los recursos y las tareas no pagas del trabajo de la reproducción de la vida. El extractivismo, coloniza cuerpos y territorios, extrae “recursos naturales” pero también energía vida, esto lo saben las mujeres con doble, triple, cuádruple jornadas de trabajo, para alimentar sus familias, cuidar los animales o preparar la olla del comedor popular, organizarse para los turnos de búsqueda de agua apta para consumo, ahorrar energía, etc. Todas estas tareas son trabajos no pagos que, sin embargo, son esenciales para la continuidad del trabajo de otres. Revalorizar el cuidado concebido como un derecho, en todos los órdenes y dimensiones de la vida, nos reconecta con la sensibilidad de la eco interdependencia (la dependencia a la naturaleza más el trabajo tiempo cuidado de otres que necesitamos como humanos).

No hay transición socio ecológica popular posible con más extractivismo. Esto lo saben las asambleas socioambientales que desde el primer quinquenio del siglo XXI se expandieron por toda la Argentina. Sus luchas han tenido que reinventarse sistemáticamente frente a los sucesivos intentos de expandir la minería. Han ganado leyes que regulan la minería o prohíben el uso de sustancias tóxicas, sin embargo, a inicios de la segunda década del siglo, se enfrentan a los procesos de “zonificación” que crean ahora “territorios permitidos” para la minería mientras propone una idea vacía de “cuidado” que en rigor es un conservacionismo paisajista. 

Todas estas alternativas se enlazan en un profundo cuestionamiento al individualismo (a la “libertad” de los modernos), al paradigma científico occidental y la estructurante relación de exterioridad (y superioridad) que cosifica los cuerpos y la naturaleza, a la desconexión tiempo / producción y reproducción de la vida, la concentración de la tierra, la acumulacion incesante del capital en base a un metabolismo social cada vez más ampliado, la voracidad del consumo energívoramente desigual. Frente a esta realidad responden haciendo y siendo viralidad del cuidado.

 

En esta oportunidad, contamos con la presencia del economista Ariel Slipak, quién nos cuenta acerca del marco legal que opera la explotación del #litio en Argentina y las consecuencias que esto conlleva en la captación de renta, el encadenamiento productivo y la sostenibilidad ambiental.

Invitamos a la doctora Maristella Svampa para debatir las visiones economicistas y eldoradistas que plantean un falso dilema entre ‘ambiente’ y ‘desarrollo’, y a la gestora ambiental Evelyn Vallejos, quién nos relata los impactos que ha tenido la actividad litifera en Catamarca.

 

Grabación y edición de audio: @alejandrodemasi y Ariel Issaharof
Conducción: Diego Skliar @diegoskliar

 

Episodio completo en YouTube:

 También pueden encontrar el #Podcast en Spotify (como Radio Rosa) o en tu plataforma de podcast favorita. 

La configuración empresarial y el marco legal que opera la explotación del #litio consolida un escenario de presión extractivista y especulación que despoja territorios y vulnera derechos de las comunidades que los habitan.

Obtura las posibilidades de eslabonamiento productivo y participación local en la cadena de valor, reforzando un clásico esquema de dependencia y ecoimperialismo.


Música: https://www.instagram.com/kaleema_/
Imágenes: https://www.instagram.com/calmacine/

 

«El fin del litio» es una iniciativa de la Fundación Rosa Luxemburgo, el colectivo audiovisual VacaBonsai, el grupo de Geopolítica y Bienes Comunes (GYBC) y SEDi Asociación Civil.

Por: Grupo de Geopolítica y Bienes Comunes (GYBC)

En los últimos meses asistimos a un debate centrado en la relación entre ambiente y economía. Existe una visión para la cual la economía es prioritaria y está desligada del ambiente, sobre el cual a lo sumo genera impactos de mayor o menor escala. El argumento para (des)jerarquizar las dimensiones culturales, ambientales, sociales es sencillo: el problema de la restricción externa en Argentina es prioritario, es decir, el país necesita dólares. De aquí se desprende una supuesta dicotomía entre ambiente y desarrollo. Sin embargo, hoy los conflictos ecosociales y la economía están indisolublemente ligados y las divisas igualmente se fugan sin mayor restricción.

¿Cómo se plasma la disputa sobre el desarrollo en relación al litio? Los altos precios de este elemento químico (que como tal puede perfectamente quedar eximido de la regulación netamente minera), han generado un imaginario en el cual las provincias del Noroeste argentino estarían destinadas a experimentar un sendero inequívoco de desarrollo económico, básicamente por estar “sentadas sobre la riqueza natural”, por concentrar las mismas más de un 21% de los recursos mundiales. A esta idea que le atribuye propiedades mágicas a la posesión del recurso, nosotrxs contraponemos: ¿cuál es una “noción de desarrollo” que deberíamos considerar deseable si al litio nos referimos? Pues bien, desde nuestra óptica, el litio es relevante si permite simultáneamente ser extraído sin violar los derechos que tienen las comunidades originarias a la consulta previa libre e informada y al mismo tiempo con técnicas que no generan stress hídrico ni daños irreversibles en el ambiente. Desde ese punto de partida y premisa, que no debe ser mutuamente excluyente con lo económico, debe habilitarse: una genuina captura de renta por parte de sectores amplios de la población, generación de empleo de calidad, ascenso en la cadena de valor y romper con los esquemas de dependencia tecnológica de los países centrales e incluso contribuir a superar los problemas de la restricción externa.

En este artículo vamos a explorar por qué motivos jurídicos y económicos pensamos que existen dos grandes elementos que atentan contra el éxito de Argentina en todas esas dimensiones sobre el desarrollo. Los mismos son la configuración de la cadena global de valor de las baterías de litio y el marco regulatorio al cual el mismo está sujeto desde la década de 1990. Las políticas actuales del Ministerio de Desarrollo Productivo, podrían ser consideradas un tercer elemento.

 

Rentas

Veamos más de cerca lo que sucede con el litio. Bajo el objetivo de hacerse del elemento químico en la Argentina hay dos proyectos en operación, uno próximo a ponerse plenamente en marcha y más de 50 otras iniciativas de empresas extranjeras en diferentes estadíos previos. A todo ello se le suma que cada rincón de todos los salares está pedimentado. Es decir que, si una compañía con participación estatal como es YPF quisiera participar, hoy no tiene espacio ya que todas las áreas circundantes a los salares están concesionadas (o más bien capturadas). El récord mundial de cantidad de proyectos litíferos que tristemente ostenta la Argentina se debe a que ningún país ofrece tantas facilidades y beneficios a las empresas extractivas. ¿Cuáles son, en resumidas cuentas? Las empresas mineras se llevan uno de los recursos estratégicos más codiciados del mundo, casi sin costo: pagan magras regalías a las provincias, siendo las mismas corporaciones las que determinan en sus propias declaraciones juradas el equivalente al 3% del valor en boca de mina. Este último surge de la cotización del mineral extraído, menos los costos de ello que declaran las propias empresas. Del mismo modo, por la Ley de Inversiones Mineras ostentan estabilidad fiscal por 30 años y gozan de un abanico de beneficios fiscales, deducciones, exenciones sin parangón en otras actividades. También son beneficiadas por reintegros de exportación, que tienen porcentajes superiores a los que terminan erogando como regalías a las provincias. El Código de Minería, redactado a principios del siglo pasado y reformado durante la década de 1990, es el marco legal que habilita que los pedimentos puedan ser comercializables, en cuanto son algo concesible.

Tampoco existen condicionamientos sobre las únicas dos operadoras que extraen el mineral de los salares ni sobre el modo en que éste se exporta. A mayor grado de pureza, mayor valor, pero el país permite que se exporte casi agua, con porcentajes menor del recurso. El litio tiene distintas etapas de procesado, de manera tal que Livent, desde Catamarca, lo exporta en forma de cloruro de litio para que pueda ser procesado hasta obtener litio metálico o butil litio en China, EUA, Londres o India o como carbonato de litio para la obtención de hidróxido de litio en los dos primeros países. Y estamos hablando solo de química primaria. Este esquema donde la operadora se vende a sí misma, será replicado pronto también por Orocobre desde la provincia de Jujuy, donde la tendencia es exportar carbonato de litio menos procesado para abastecer una planta propia de hidróxido de litio en Japón. Es así que la agregación de valor se lleva adelante en las filiales centrales de las compañías del Norte global, configurando un escenario de control tan marcado que, finalmente, terminan vendiéndose el producto a sí mismas lo más barato posible. Esto deriva en que, cuando en el mercado mundial se pactaban precios incluso superiores a los 10 mil dólares por tonelada, el precio de exportación promedio de la Argentina fuera la mitad. Es esta configuración y articulación entre el marco jurídico de explotación de la Argentina y funcionamiento de la cadena global de valor lo que obtura incluso que el litio sea una fuente de divisas para afrontar la restricción externa, e incluso recaudación fiscal para la Nación y en especial para las propias provincias desde las cuales se extrae.

En suma, la minería de litio no representa un ingreso significativo de renta en el país, sino que las empresas tienen todas las condiciones garantizadas para poner en marcha los más convenientes esquemas de negocios para sus intereses en desmedro de la situación ambiental y social de los territorios. Todo esto sin incorporar en nuestro análisis otros proyectos extractivistas de megaminería a cielo abierto que, en algunos casos, resultan linderos a los de litio. Las condiciones en las que se propone avanzar sobre los salares, obturan el ascenso en la cadena de valor, y también provocan el retroceso. Lo que venimos explicando sobre el retroceso de la Argentina hasta en el procesamiento de la materia prima ha llegado al extremo en 2020, con el inicio de operaciones en pequeña escala de un Proyecto en el Salar de Diablillos, Salta que inició la exportación del agua de los humedales altoandinos: con litio en solución al 35% (122 toneladas a China que podrían pasar a ser unas 8000 en 2021).

 

Técnicas de extracción

La situación no termina aquí, ya que la técnica de extracción y obtención de litio más extendida -que las eligen según su modelo de negocio- utiliza una cantidad de agua que hace peligrar la vida del lugar y sus ecosistemas y genera toneladas de residuos. Quienes realizan el estudio de impacto ambiental son contratados por las mismas empresas; no reportan problemas serios, pero prohíben la entrada de investigadores independientes en sus áreas de concesión. Las comunidades del lugar no gozan de ninguna posibilidad de decisión o participación y los empleos asociados a la actividad son mínimos y, en su mayoría, de escasa especialización. Asimismo, existe otro punto central vinculado a las supuestas potencialidades de desarrollo: Las firmas extractivas no tienen obligación de agregar valor a nivel local, ni utilizar tecnología local ni transferir tecnología, y aquellas exiguas rentas litíferas no fomentan ninguna financiación al sistema científico argentino, imprescindible para el desarrollo de tecnologías y formación de recursos humanos que permitan crecer en la cadena de valor. De hecho, al personal de institutos del sistema de CyT de Argentina le resulta casi imposible obtener salmuera o sales para sus propias investigaciones. En definitiva, la lista podría extenderse, pero evidentemente no hay mucho para discutir, y demasiado para cambiar.

Corset jurídico-político

Ahora bien, una pregunta razonable sería pensar por qué es posible diagnosticar un panorama tan sombrío. En primer lugar, la respuesta reside en que se mantiene intacto el armazón jurídico político neoliberal expresado en el Código de Minería, la Ley de Inversiones Mineras, y la Constitución de 1994, que le otorga el dominio de los recursos a las provincias. Estas reformas fueron propiciadas por los organismos multilaterales de gobernanza económica como el Banco Mundial y vehiculizadas por las fuerzas neoliberales locales. Este marco no beneficia a amplios sectores populares en las Provincias dónde se radican los proyectos, sino a grupos reducidos, que son quienes hoy se muestran más resistentes a un cambio legislativo. Las mismas no están dispuestas a perder estas prerrogativas, pero además son ellas las que tienen las pertenencias esparcidas por las provincias a la espera de que grandes capitales las compren o inviertan, de modo que defienden este esquema como propio, porque en definitiva les es propio. Participan, a su vez, de todo un entramado gris de circulación de dinero a partir de los beneficios que ofrecen para la explotación de los recursos.

El traslado de la gobernanza general de los recursos a las provincias ha tenido por efecto exitoso crear una escala intermedia de élite, atada a la lógica de subordinación nacional y valorización global. Siendo así, ¿por qué el gobierno nacional no reafirma la soberanía sobre los recursos? Sucede que hay una alianza entre un sector de la coalición gobernante a nivel nacional con los poderes provinciales que inhibe la posibilidad de transformaciones de peso, a riesgo de fragilizar la coalición de poder. En este sentido, se prefiere apostar de manera conservadora a una supuesta estabilidad que obliga a un equilibrio inestable permanente, a llevar adelante una acción de más fuerza que verdaderamente se encamine a resolver los problemas estructurales.

Ausencia de política, falta de creatividad

Paralelamente, el predominio de la mirada economicista que conlleva una atención sesgada y reduccionista de las variables económicas lleva a priorizar estabilidades fiscales, los designios de las grandes empresas, y pensamientos arcaicos y perimidos acerca de lo que es un proyecto de país. En este sentido, no se posee el pulso y el valor político para enfrentarse a los sectores dominantes para así encontrar soluciones de fondo a los problemas centrales. Cuando hablamos de extractivismos, nos referimos precisamente a esto, una metodología de intervención de los territorios donde no solo prevalece el reduccionismo y el enfoque economicista garantizando el daño irreversible del ambiente, sino también una red de marcos jurídico-legales que facilitan y promueven la maximización del beneficio para grupos concentrados de poder. Dentro de esa propuesta, no hay lugar para discutir aspectos tales como la propiedad de la tierra, los consumos de agua por parte de las industrias, la violencia institucional ante comunidades, los procederes racistas, el reforzamiento de roles de género opresivos y la especulación en la concesión y compra/venta de los pedimentos mineros. Es decir, la ausencia de discusión de las causas de fondo de los conflictos ambientales es premeditada y provoca en consecuencia, una falta de creatividad acerca de políticas públicas transformadoras posibles que se vuelve cada vez más preocupante.

El modelo extractivista y el entramado de poder que lo sostiene son la causa de la restricción externa, la causa de un modelo de exclusión que sume en la pobreza a las mayorías, y la causa por la cual la Argentina no tiene ningún proyecto de posdesarrollo a tono con la realidad del siglo XXI. El litio debe ser parte de una estrategia de gran porte para que la Argentina se adentre en el control público de la transición energética (el Foro de Especialistas de Litio de la Argentina planteó la necesidad de crear una Agencia Nacional de Energías Renovables, por ejemplo). No solo no estamos emplazando un patrón de pos-desarrollo que se asiente en la economía ecológica y popular que vendrá, ni siquiera hace pie el desarrollismo productivista del siglo pasado que con tanto esmero defienden. Sin una política de transformación en sentido fuerte, triunfarán solo las corporaciones globales y así se consolida la neodependencia del siglo XXI.

 

 

En esta oportunidad, Bruno Fornillo y Martina Gamba, investigadores de CONICET, reflexionan en torno a la idea de “fin”, en su dimensión de conclusión y también de proyecto. Nos introducen a las características generales del #litio. Qué es, para qué sirve, cuál es la situación extractiva, tecnológica, política y ambiental. Junto a Pablo Bertinat del Taller Ecologista (@tallerecologista), piensan cómo debería encararse una transición energética justa.

 

Conducción: Diego Skliar

Grabación y edición: Alejandro Demasi y Ariel Issaharoff

 

Pueden escucharlo en Spotify o verlo en Youtube.

 

 

 

En una época signada por las imprevisibles consecuencias desatadas por el #CalentamientoGlobal y el agotamiento de los combustibles fósiles, la transición energética se posiciona en el centro del escenario geopolítico.

Materias primas estratégicas como el litio se envuelven en una confrontación interimperial entre el Asia en ascenso y las potencias occidentales, consolidando un modelo de acumulación por desfosilización que despoja territorios, poblaciones y bienes comunes en el sur global.

Música: @kaleema_
Diseño: @elfantasmadeheredia

 

Por: Grupo de Geopolítica y Bienes Comunes (GYBC)

 

Oasis fósil

Los últimos trescientos años vivimos un oasis energético en el que quemamos la energía solar acumulada en materia orgánica a lo largo de millones de años, mediante la utilización de combustibles fósiles. Incluso, durante este período los cambios de matriz energética de un combustible a otro (del carbón al petróleo y hoy al gas) no fueron “transiciones” sino más bien  “adiciones”, puesto que actualmente consumimos mucho más carbón que la Inglaterra del siglo XIX que vio nacer nuestro modo de organización socio-económico. Este oasis es, también, un espejismo.

Actualmente, la pulsión energívora es responsable del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero, y por lo tanto es la principal causa del cambio ambiental global, verdadera locomotora que nos condena a una potencial extinción autoinfligida en el futuro cercano.

Incluso, todo indica que por el momento las renovables no serán la energía de un mundo plagado de aviones, barcos y automóviles: no podrían serlo considerando el “peak all” -la cúspide y el agotamiento generalizado de la utilización de recursos- y limitaciones técnicas. La sociedad compleja sostenida en la sangre fósil no podrá seguir manteniendo estos niveles de consumo, de modo que inevitablemente nos dirigimos hacia una merma de la energía mundial: ¿Qué significa esto para nuestro futuro próximo?

 

Los combustibles fósiles están sufriendo lo que en términos económicos se llama la “ley de rendimientos decrecientes”: la extracción convencional no aumenta desde el año 2005, no se descubre más de lo que se consume, los nuevos yacimientos “extremos” -sea el fracking o el pre-sal brasileño- son menos productivos, con mayores peligros socioecológicos, más impredecibles, más caros y requieren cada vez más energía para obtener la energía que dan (amén de que el petroleo, más que el gas y el carbón, es tan dúctil y sirve para tantas cosas que sostiene al resto y a la complejidad social toda). Casi en cualquiera de los escenarios por venir o ya pasamos el pico del petroleo o estamos en la cima de la montaña rusa, prestos a lanzarnos, de ahí que suela hablarse de que vivimos la época de la gran aceleración. Si valiese la analogía, así como estamos cerca de alcanzar la suba de 2 grados que desata la imprevisibilidad climática de certeza peligrosa, nos adentramos en los “2 grados fósiles”. En el siguiente gráfico, en cualquier de los escenarios, sea más austero o mas ambicioso, la quema de hidrocarburos comienza su declinación caótica:

Lo que se tornó visible hoy es la vacuidad de ese productivismo asentado en la sabia petrolera que no es otra cosa que el sostén de nuestra sociedad compleja y el soporte de la acumulación privada, de la rueda maquínica y el entramado comercial petroadictivo que sostiene al mundo girando como un trompo humeante. Dentro de la tragedia pandémica, resulta agradable constatar que si la gente solo se ocupa razonablemente de sus medios de subsistencia, este mundo se desploma en días, porque el cúmulo de la fuerza humana, de la energía fósil, y de la capacidad productiva está dispuesta para sostener un sistema de valorización y una clase encumbrada, responsable central del sobreconsumo. El libro Leviatán climático fue bastante premonitorio de nuestra coyuntura: o sobreviene cierto caos de las “fuerzas destructivas” que continúan desordenando las condiciones ambientales, o un súper estado férreo orienta el rumbo -y piensa que solo China es capaz de algo así-, o la sociedad civil organizada y popular activa formas novedosas de resistencia y de hacer la vida verdaderamente sustentable y posible. Se abren, por tanto, las luchas por el sostenimiento de la vida en contexto pos-fósil.

 

Transición energética corporativa y acumulación por desfocilización

            Es este ocaso de la sociedad fósil el que estimula a las mega empresas energéticas a volcarse ahora hacia las ganancias que ofrecen las energías renovables, en búsqueda del “excedente futuro”. La acumulación por desfosilización es precisamente la desinversión en materia fósil dirigida hacia el nuevo paradigma energético como espacio renovado de obtención de rentas, bajo el mismo predominio mercantil.

En efecto, hoy se ha vuelto dominante el “Capitalismo verde”, que monetiza toda “oportunidad verde” y se vuelca sobre los bienes comunes: ya el aire que se respira no es gratis porque es la razón de las cosechas eólicas, ya el sol no sale para todxs porque se valoriza de manera privada en las millones de granjas solares repletas de paneles. Se emplaza entonces una transición energética corporativa: la apropiación de las críticas sobre el mundo fósil asumidas ahora por el capital, que vira sus negocios. Como siempre, el capital no tiene ideas, es parasitario de las innovaciones sociales, asume las necesidades de combatir el cambio ambiental pero la traduce en valorización mercantil, pero de este modo continúa acelerando las mismas condiciones que agudizan los peligros del cambio climático.

Ante este escenario, las grandes empresas transnacionales se lanzan a asegurarse las reservas de litio, ya que son centrales para la electromovilidad, para los reservorios y estabilización de la energía eléctrica renovable, para hacerse de los insumos que requiere el nuevo paradigma tecno-energético. Así, el “modo de vida imperial” se asienta en la expoliación del sur global: litio, cobre, cobalto, níquel, manganeso, se extraen aquí. China presentó su XIV Plan Quinquenal (2021-2025) centrado en la transición energética y con el epígrafe “nuevo programa de civilización ecológica” fijando como objetivo para 2050 una potencia instalada de energía eólica de 1000 GW, lo que equivaldría a reemplazar toda la infraestructura eléctrica de Estados Unidos. El mundo atlántico, Estados Unidos y Europa, diseñan sus propios planes de transición.

El nuevo eco-imperialismo supone mantener el intercambio desigual pero ahora ofreciendo los recursos básicos que posibilitan que el norte global lleve adelante sus transiciones, y en escenario de colapso energético los costos también se reparten de manera desigual.

 

La transición del futuro o el futuro de la transición

            Nuestra situación contemporánea encuentra a Sudamérica, y particularmente al área del altiplano que comparten Argentina, Bolivia y Chile, con el 68% de las reservas de litio en salares, la de más fácil y rentable extracción. La existencia de la materia prima ha despertado la avidez de las grandes corporaciones globales dedicadas a la minería, a la industria automotriz, al comercio químico, a las tecnologías de frontera, para lograr una presencia decisiva en el control y el acceso a las reservas litíferas.

Nuestra región se convierte así en la zona de sacrificio que garantiza la transición del centro global, que externaliza hacia la periferia los costos ambientales y estructura una neodependencia en el patrón tecnológico naciente. El “boom del litio” significa para la Argentina que hay dos proyectos hoy en operación pero 50 empresas extranjeras en diferentes estadios, desde la exploración a la puesta en operaciones.

En términos de disputa política, la puja por controlar el “excedente futuro” que ofrece el nuevo armazón de la energía no-fósil en la región será central: o bien quedará fuera de nuestra órbita o bien podrán tallar las fuerzas público-sociales locales de producción y gestión de la nueva tecnología renovable. O bien se democratizará, descentralizará y desconcentrará y despratriarcalizará el sistema energético, promoviendo la generación pública, comunitaria y social de la energía, o bien se emplazará un nuevo formato de acumulación neoconcentrado en la estela de la debacle de la combustión fósil. Pero hay más, Sudamérica puede participar en las cadenas de valor ofreciendo las materias primas para una transición socio-energética llevada adelante a nivel global por los países centrales o apostar por potenciar sus propias capacidades científico-técnicas para crear una industria verde a partir de “fronteras tecnológicas locales”. Y por último, nuestros territorios continuarán siendo zonas de sacrificio de un nuevo colonialismo verde o se considerará de manera firme los modos de participación, gestión y decisión de las comunidades y poblaciones con recursos, cualquiera de ellos, sea litio, sol, cobalto, viento o silicio. Por esta vía, en términos de la vital creación de una narrativa emancipatoria del sur,

la transición energética popular es un concepto operativo capaz de disponer en un suelo proyectivo común la necesidad de abandonar el perfil extractivista de nuestra región, junto con la paralela necesidad de crear bases industriales, tecnológicas y sociales de un nuevo tipo de desarrollo, sumado a la exigencia de desmercantilizar la economía, los lazos sociales y la biosfera.

Se abre entonces una oportunidad, quizás incluso ya está sucediendo, no tanto para ver si en términos economicistas, gracias a potenciales rentas, es conveniente dedicarse a exprimir el poco petróleo que queda, sino para potenciar lo público, cambiar las bases sobre las que se sustenta nuestro modelo político-cultural de desarrollo, porque también está a la hora del día pensar la escala de prioridades y los sentidos de lo que hacemos en común. Obviamente sobreviene una crisis económica que será difícil transitar, pero ¿es preciso seguir alimentando una hiperproductividad que sustenta la concentración económica y nos desvía del porvenir? ¿No compartió el neoliberalismo y el progresismo, aun con sus mejores razones e intenciones, que las soluciones venían por el lado de la “necesidad económica”? ¿No debemos brindar respuestas políticas potenciando la sensatez pública y la fuerza de la sociedad civil mancomunada? ¿No es hora de eliminar todo consumo superfluo para aunar justicia ambiental y justicia social y así lograr el bienestar de todxs? Es que ciertamente, Benjamin decía que se trataba menos de subirse a la locomotora de la historia que de accionar su freno de emergencia, y todo parece indicar que el nuestro siglo ya comenzó, o acaso comenzará, cuando eso suceda.