En menos de un mes tendrá lugar en Chile el plebiscito que decidirá la suerte de la nueva Constitución redactada por la Convención Constitucional el último año. De ser aprobada, será una de las más progresistas del mundo.

Escribe: Pablo Abufom Silva

Este texto forma parte de la serie «Convención Constitucional 2022», una colaboración entre Jacobin América Latina y la Fundación Rosa Luxemburgo.

De ser aprobada, la nueva Constitución será un enorme avance no solo para Chile, sino para los movimientos populares del mundo, que contarán con un ejemplo del que nutrir sus luchas.

Es imposible comprender el proceso constituyente en Chile sin hacer referencia a la revuelta popular de octubre de 2019, el acontecimiento que marcó el comienzo de un nuevo momento en nuestra historia. Esa revuelta fue la explosiva y sostenida irrupción de las masas populares en el espacio público, algo que no tenía lugar desde las jornadas nacionales de protesta contra la dictadura en 1983.

Los antecedentes de esa explosión de rabia son las décadas de luchas contra la progresiva precarización de la vida en el Chile posdictatorial encarnadas por las luchas estudiantiles, sindicales, feministas, anticoloniales y por los derechos sociales, que se sucedieron y entrelazaron entre 1990 y 2019. También vino a rendir frutos la crítica sostenida a la Constitución Política de la República (redactada por un comité designado por la dictadura y refrendada en un plebiscito fraudulento en 1980) planteada desde la izquierda chilena, que supo conquistar un lugar permanente en el sentido común democrático y progresista.

Pero el trasfondo más profundo de la revuelta —y lo que explica su deriva en un proceso constituyente— es una extendida crisis en el modo de organizar la reproducción social en el Chile actual, caracterizado por una economía rentista desgastada y volátil, una estructura social excesivamente desigual y un sistema de democracia representativa vía partidos políticos que es incapaz de representar las nuevas subjetividades engendradas por la crisis económica, particularmente los nuevos sectores precarizados y excluidos.

Esta crisis del modo de organizar la reproducción social en Chile explica que en un lapso de tiempo relativamente corto se haya transitado desde una fase de demandas sectoriales al Estado hacia un programa de cambio estructural desde la Constitución hacia abajo. Esa síntesis de los fragmentos dispersos se anunciaba ya en el Programa contra la Precarización de la Vida que se levantó en el Encuentro Plurinacional de Las Que Luchan a fines de 2018, y que fue el programa de la Huelga General Feminista del 2019, la movilización más masiva de la posdictadura antes de la revuelta de octubre.

Aquellas jornadas lograron algo que la izquierda radical en Chile no había logrado en 30 años: articular en un mismo proceso democrático a todos los sectores que habían estado luchando durante décadas, con el fin de tejer por fin un programa general para la clase trabajadora plurinacional de Chile. La síntesis programática resultante es una clara demostración de la potencia del feminismo, que ha acompañado a procesos políticos muy significativos en los últimos años (en Argentina, en Brasil, en España, en Colombia y la lista podría seguir). Esta es la razón por la que el proceso constituyente es la expresión más alta de la revuelta popular de octubre de 2019, si se considera el estado organizativo y de conciencia política de los sectores populares en Chile. La crisis había forjado a la fuerza un programa general del que ya no había vuelta atrás.

El conjunto de partidos políticos intentaron canalizar la rabia de la revuelta hacia un proceso institucional restringido, a imagen y semejanza de la democracia tutelada de la Transición. Intentaron negar la revuelta, buscando excluir a los sectores populares del proceso constituyente. Pero no fue posible. La puerta hacia la democratización había sido abierta violentamente por la revuelta, lo que hizo posible la participación de movimientos sociales y pueblos originarios, en un esquema paritario y con escaños reservados.

La elección de constituyentes, en mayo de 2021, mostró que una mayoría del país reconocía la responsabilidad de la derecha y la centroizquierda en la crisis. Por lo mismo, confió en representantes de movimientos sociales, independientes y militantes de partidos políticos que manifestaron un explícito compromiso antineoliberal. Pero además de la composición del órgano constituyente, el mismo proceso deliberativo y el resultado del texto constitucional dan cuenta de que, en los hechos, la Convención Constitucional fue la negación de la negación que había intentado el partido del orden en noviembre de 2019, cuando diseñó el proceso constitucional restringido.

Las y los constituyentes de sectores populares fueron la voz de un conjunto amplio de iniciativas de base para construir desde abajo el contenido de la nueva Constitución. Las asambleas territoriales y los movimientos sociales acompañaron el proceso constituyente en un periodo inédito de movilización de un nuevo tipo: no irrumpiendo de manera masiva en las calles, sino haciendo una experiencia de deliberación política sobre los derechos, la democracia, las instituciones y los principios orientadores de la vida en sociedad.

Es cierto que esperábamos una movilización de masas en las calles, similar a lo que fueron los momentos álgidos de la revuelta en octubre. Pero es importante recordar que todo esto se hizo posible pese a un gobierno de derecha que violó sistemáticamente los derechos humanos y una pandemia que golpeó todos los ámbitos de la vida y que interrumpió violentamente la presencialidad, condición de posibilidad de una movilización callejera masiva. Desde ese punto de vista, la movilización y la politización de base que acompañaron al proceso constituyente fueron consistentes con el espíritu masivo y radical de la revuelta.

Principales conquistas

En la nueva Constitución podemos encontrar tres ámbitos muy significativos en los que se logra salir de los marcos establecidos por la Constitución del 80: principios, derechos e instituciones. En primer lugar, la nueva Constitución está atravesada por un enfoque progresivo en términos de género, medioambiente, reconocimiento de pueblos originarios y apertura democrática. Esto se hace evidente a lo largo de todo el articulado, desde la definición del Estado hasta el catálogo de derechos.

El Estado, por ejemplo, es definido como «social y democrático de derecho (…) plurinacional, intercultural, regional y ecológico» (Art. 1), cuyo propósito central es proteger y garantizar los derechos humanos individuales y colectivos. La transversalidad de sus principios también queda en evidencia en el reconocimiento de las desigualdades estructurales en términos de género y entre las distintas naciones que habitan Chile. Ese reconocimiento se traduce en la idea de que Chile es una «república solidaria» cuya democracia es «inclusiva y paritaria», y que debe establecer mecanismos concretos de integración paritaria de sus instituciones. Además, instituye un tipo de Estado Regional que no solo entrega herramientas para descentralizar la política nacional, sino que también se abre a corregir algunas de las injusticias históricas propias de un Estado colonial establecido a la fuerza en territorios indígenas (Art. 187).

Finalmente, también es patente una orientación ambientalista en el nuevo texto constitucional, partiendo por el reconocimiento de la crisis ecológica y la necesidad de enfrentarla de manera decidida (Arts. 127 a 129). Es tal la importancia de este principio que se logra establecer un ámbito de bienes comunes naturales que son inapropiables (Art. 134), lo que contrasta radicalmente con la Constitución de 1980, en la que se cristaliza el paradigma contrario: la integración de todos y cada uno de los ámbitos de la vida al dominio de la apropiación privada.

En segundo lugar, haciéndole justicia a la revuelta que la hizo posible, la nueva Constitución establece un amplio catálogo de derechos, que se presenta como una herramienta jurídica fundamental para hacerle frente a la crisis de precarización que seguiremos viviendo en los próximos años (Capítulo II). Además de una actualización de la Constitución para integrar los estándares internacionales en materia de derechos humanos, el texto avanza en materias de derechos políticos, sociales y culturales a una situación que simplemente era inconcebible en el marco de la Constitución de 1980.

Por un lado, el sujeto de los derechos ya no es solamente la persona en un sentido abstracto, sino la realidad efectiva de la subjetividad plurinacional: niñas, niños y adolescentes, hombres, mujeres y disidencias sexuales, personas en situación de discapacidad, personas privadas de libertad, personas mayores, individuos y colectivos de distintas naciones, animales no humanos y la naturaleza en general. Por otro lado, los derechos garantizados contemplan las demandas históricas en materias de educación, salud, pensiones, vivienda, sexualidad y trabajo. Estos derechos tienen un carácter universal y su enunciación viene acompañada de una tendencia marcada a la creación de sistemas públicos nacionales con financiamiento fiscal que permitan asegurar su ejercicio.

Un avance muy significativo lo encontramos en los derechos colectivos del trabajo, agrupados bajo la noción de libertad sindical: derecho a la sindicalización, a la negociación colectiva y a la huelga (Art. 47). De este modo, el texto rompe constitucionalmente con el Plan Laboral de la dictadura, habilitando la posibilidad de un nuevo marco de relaciones laborales, pero sobre todo de un nuevo terreno para la organización sindical, tan debilitada y restringida actualmente.

Asimismo, el reconocimiento de «los trabajos domésticos y de cuidados [como] trabajos socialmente necesarios e indispensables para la sostenibilidad de la vida y el desarrollo de la sociedad» (Art. 49) implica un ensanchamiento del concepto de trabajo que por primera vez integra a un sector históricamente excluido tanto de los derechos colectivos tanto como de las cuentas nacionales y el diseño de políticas públicas. Complementado con un Sistema Integral de Cuidados (Art. 50), se abre una tremenda oportunidad para que un amplio sector de la clase trabajadora, niñas, adolescentes y mujeres, se organice para disputar los contenidos precisos de este nuevo campo de derechos. Notable es la inclusión del derecho a «una interrupción voluntaria del embarazo» (Art. 61), consagrando constitucionalmente una lucha centenaria del movimiento feminista.

A nivel del sistema institucional, por otra parte, es destacable la modificación del Poder Legislativo (actualmente compuesto por una Cámara de Diputados y un Senado) para establecer un bicameralismo asimétrico, con una Cámara de Diputadas y Diputados de carácter nacional y una Cámara de las Regiones que busca una representación territorial de las entidades regionales del país (Capítulo VII).

Claro que esta modificación no es una garantía inmediata de una apertura democrática para los sectores populares; pero, combinada con las Iniciativas Populares para proponer o derogar leyes así como con los mandatos al Estado de garantizar una participación incidente o vinculante a nivel local, regional y nacional, es esperable que se abra un periodo renovado de disputa política en todos los niveles institucionales. Estos cambios se enlazan con una tendencia a la autorrepresentación política de sectores populares organizados, que desde las elecciones municipales y constituyentes del 2021 han apostado por abrirse un lugar en la lucha política con una voz propia y respaldada socialmente.

Finalmente, quisiera referirme brevemente a la dimensión económica en la nueva Constitución. Un cambio significativo con respecto a la Constitución actual es la participación del Estado en la economía, habilitada en el nuevo texto en términos más amplios y proactivos. Este es uno de los ámbitos en los cuales se abandona el principio subsidiario, según el cual el Estado solo puede intervenir en ámbitos en los cuales los privados no estén ya presentes, es decir, una iniciativa económica meramente residual.

La nueva Constitución reconoce la «iniciativa [del Estado] para desarrollar actividades económicas, mediante las formas diversas de propiedad, gestión y organización que autorice la ley», todo ello siguiendo los «objetivos económicos de solidaridad, pluralismo económico, diversificación productiva y economía social y solidaria» (Art. 182). Esta iniciativa se extiende además al poder local —representado por las comunas autónomas—, al que se le reconoce la facultad de crear empresas para poder cumplir sus funciones (Art. 214). Con respecto al Banco Central, se amplían los criterios que debe tomar en cuenta para «contribuir al bienestar de la población», incluyendo aspectos financieros, laborales, y medioambientales (Art. 358).

Todo lo anterior apunta a una rehabilitación del rol del Estado en la economía, en un sentido amplio y con criterios democráticos. ¿Será posible en este contexto ir más allá de la tradicional creación de empresas públicas con un gobierno corporativo capitalista hacia la planificación democrática del desarrollo a nivel local, regional y nacional? Los desafíos planteados por la crisis económica y ecológica global requieren, hoy más que nunca, que la economía se libere de las restricciones y mezquindades que le impone la obsesión capitalista con la ganancia y que los sectores populares adquieran más y más poder para definir qué, dónde, cómo y para qué se produce.

Significado político de un triunfo del Apruebo 

Naturalmente, todo lo anterior no es nada más que lo que ha quedado establecido en la propuesta de nueva Constitución. Nada más, pero tampoco nada menos. Ese texto no es solo un conjunto de frases, sino la cristalización de un proceso de disputa política en medio de la crisis más profunda de nuestra generación. Por lo mismo, se trata de un dispositivo que sienta las bases para las luchas políticas de las próximas décadas. El proceso es constituyente porque engendró una nueva Constitución, pero también porque en su seno se está constituyendo una nueva fuerza política que se va a proponer implementar y profundizar esa Constitución.

Dicho de otro modo, de aprobarse en el plebiscito del 4 de septiembre, la nueva Constitución se instalará como el programa mínimo de toda fuerza transformadora en Chile. Esto pone a la izquierda en un lugar inédito, en el que su relato se reorientará desde el «desmontaje» del neoliberalismo a la implementación de un programa democratizante y de derechos sociales. De allí que el plebiscito se presente como un hito estratégico en la larga historia de la lucha de clases en Chile: será el momento en el que comience la contraofensiva de la clase trabajadora, por fin capaz de salir del arrinconamiento en el que la mantuvo la doble derrota del golpe de 1973 y la transición neoliberal iniciada en 1988.

No será el triunfo de su contraofensiva, ni siquiera su batalla principal, sino tan solo el comienzo de la posibilidad de salir de la mera resistencia y la modernización de su propia precariedad, para pasar a una etapa en la que la lucha política tendrá como piso una Constitución en parte creada, defendida y aprobada por los pueblos.

No hay que confundirse: este no es un escenario ideal, porque a nivel mundial vivimos una de las peores crisis del capitalismo y no podemos descartar que ésta se resuelva en un nuevo autoritarismo conducido por la reemergente derecha nacionalista, conservadora y antipopular. Pero por ello mismo se abre un desafío muy concreto: que las fuerzas sociales y políticas que participaron en el proceso constituyente logren conformar una alternativa que convoque a los sectores populares a seguir profundizando el proceso de transformación estructural que inauguró la revuelta. Esa profundización tendrá que discurrir tanto por la vía de la movilización de masas que le otorgue sostén programático y fuerza viva, como por la vía de las disputas institucionales —electorales o no— que permitan la construcción de trincheras firmes contra la precarización de la vida y el avance callejero e institucional del fascismo, las principales amenazas del momento.

Aspectos pendientes

Desde el punto de vista de las posibilidades efectivas que se abrieron para un cambio constitucional, es sorprendente que hayamos llegado tan lejos. De ser aprobado, el texto que se nos propone representaría una de las constituciones más progresistas del mundo.

No solo pone a Chile a la altura de los estándares internacionales en términos de derechos humanos, sino que además establece algunos elementos inéditos en la experiencia comparada, como el reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidado que se propone avanzar hacia su socialización, el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo como un mínimo en términos de derechos sexuales, y un reconocimiento de la existencia de la crisis ecológica y los desafíos que conlleva. Sin duda que hay un quiebre con la trayectoria neoliberal chilena. Pero es un quiebre muy a la chilena, dentro de ciertos marcos institucionales y sin la intervención de una izquierda fuerte que vaya más allá del horizonte progresista antineoliberal o socialdemócrata.

Pese a lo enorme de los avances, existen en todo esto dos aspectos pendientes, en el sentido de que pueden formar parte de la siguiente fase de este mismo proceso constituyente. Uno es profundizar la desprivatización, algo que requiere, en primer lugar, la implementación legislativa de los artículos sobre bienes comunes inapropiables como el agua y, en segundo lugar, una ampliación de los servicios públicos y ámbitos productivos sobre los que el Estado debiese tener una prioridad en términos de propiedad y gestión.

Particularmente importante resulta aquí que la renta minera deje de estar a merced del sector privado, puesto que la posibilidad de financiar los derechos sociales requiere que esa renta esté al servicio de lo público. Esta no es una lucha meramente legislativa o constitucional, sino que es una batalla por el corazón del excedente nacional.

Otro aspecto que requiere mayor extensión y profundización es la socialización del poder político, en especial la creación de mayores ámbitos de democracia directa que permitan seguir abriéndole lugar a las masas que han sido excluidas de la política. Una reconfiguración de los criterios para la participación en cargos de elección popular dio muy buenos resultados en la Convención Constitucional: la paridad de género, los escaños para pueblos originarios y la apertura a listas de independientes debieran ser un mínimo democrático de ahora en adelante, dado que permiten una representación efectiva de la diversidad de los pueblos de Chile.

Pero no basta con los cargos en el Estado. La crisis política actual exige una reconfiguración del modo en que circula el poder en Chile, altamente concentrado en instituciones cerradas. En este largo periodo de politización que estamos viviendo, las instituciones deben volverse permeables a la creatividad de las masas, y la infraestructura pública debe ser puesta a disposición de la comunidad. Con esto no me refiero a consultas más sofisticadas o una incidencia limitada. Me refiero a instancias u organismos que permitan una planificación democrática de los recursos a nivel local, regional y nacional. La democracia que necesitamos es una que rompe la separación entre lo político y lo económico, poniendo en manos de los pueblos los presupuestos y planes para su propio desarrollo.

Finalmente, sigue pendiente en Chile la erradicación de la impunidad por las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, en la Transición y en el contexto de la revuelta. Esas capas superpuestas de impunidad solo fortalecen a los sectores más reaccionarios, que miran con gusto que las Fuerzas Armadas cuenten con vía libre para violentar al pueblo y para experimentar con nuevas tácticas en tiempos de crisis. El fin de la prisión política y de la impunidad en las fuerzas armadas tiene un carácter estratégico: la impunidad de hoy es garantía de repetición en el futuro.

¿Cómo explicar el ascenso del «Rechazo»?

El centro y la derecha, los gremios empresariales, los grupos conservadores y los grandes medios de comunicación (todos de derecha) siempre han estado en contra de un cambio constitucional. La Constitución de 1980 les acomoda, y lo han hecho saber. Le temen a las instituciones democráticas que incluyen la amplia diversidad del pueblo, y cuando se abren a reformas creen que deben estar en manos de «expertos», controlados o financiados por la élite.

Tuvieron que aceptar este proceso constituyente, pero han estado en contra desde el comienzo. Han hecho campaña en contra de la nueva Constitución incluso desde antes de que se redactara un solo artículo. Su campaña ha estado plagada de odio y mentiras, afirmando cosas como que la nueva Constitución solo traerá caos y pobreza. Incluso se oponen a que se distribuya el texto de la nueva Constitución… ¡Se oponen a que la gente lo lea!

El hecho es que nos llevan ventaja. Llevan más de un año haciendo campaña contra el proceso constituyente y ha surtido efecto en las encuestas. En medio de una crisis económica de alto impacto, han construido un mono de paja al que se atribuye el origen de todos los miedos. Sus mentiras han calado hondo: hay personas que realmente creen que con la nueva Constitución van a perder sus casas y sus pensiones, o que el aborto será legal hasta los nueve meses, o que las personas de pueblos indígenas tendrán «privilegios» por sobre el resto de los chilenos. Sin entrar en el detalle de los tropos antifeministas, racistas y antipopulares que han puesto en juego, son temores que tienen un sustento inmediato en la crisis, que amenaza a algunos sectores populares efectivamente con perder lo poco que tienen. Pero también tienen un sustento histórico más hondo.

En Chile, el único sector que ha traído caos y pobreza, además de masacres, ha sido la oligarquía, la misma que llevó a cabo una doble guerra de expansión a fines del siglo XIX hacia el Norte contra Perú y Bolivia y hacia el Sur contra los Mapuche; la misma que conspiró con la CIA para boicotear a la Unidad Popular y organizó un golpe de Estado y una dictadura de casi dos décadas; la misma que ha defendido con uñas y dientes el statu quo precarizador del neoliberalismo en Chile.

En cierto sentido, los temores profundos de los pueblos de Chile responden a la crueldad con la que la élite ha defendido siempre sus privilegios. Cuando anuncian que viene el caos y la pobreza, todos sabemos en lo más profundo del inconsciente intergeneracional que es la amenaza del patrón contra el subalterno rebelde. Claro que este no es un razonamiento enteramente consciente, pero sin dudas esa dimensión histórica profunda también entra en juego en la coyuntura actual.

Gabriel Boric y la nueva Constitución

Es evidente que la revuelta del 2019, el proceso constituyente y el gobierno de Boric forman parte de un mismo cuadro en el amplio proceso de cambio que experimentamos. La valoración que se tenga de cada uno y su relación mutua, probablemente sea lo que defina los matices de las distintas posiciones políticas en el Chile de hoy.

El gobierno de Boric está en una situación muy compleja porque una parte importante del programa de su coalición, Apruebo Dignidad, depende de una reforma tributaria progresiva (y agresiva) y de un empuje —como el de la nueva Constitución— que habilite un proceso de garantización gradual de los derechos sociales. Sin ese respaldo doble su programa se diluye, y se verá obligado esencialmente a administrar el ajuste (y con ello continuar la represión de quienes se resistan, algo que hasta ahora ha tenido que hacer).

Los primeros meses del gobierno fueron muy débiles en términos de abordar las necesidades más urgentes de la población, y la gran aprobación con la que llegó a La Moneda se desinfló rápidamente. Recién ahora, cinco meses más tarde, logra comenzar a recuperarse gracias a la implementación de medidas concretas con un impacto directo en la reproducción cotidiana de la clase trabajadora. Pero esta debilidad ha significado que la identificación entre gobierno y nueva Constitución sea riesgosa para ambos.

Boric necesita la nueva Constitución y el proceso constituyente necesita un gobierno comprometido con la difusión del texto y su implementación una vez aprobado. A la vez, el gobierno sabe que un triunfo del «Rechazo» sería un golpe a su iniciativa política durante un buen tiempo. Y, por su parte, al proceso constituyente no le conviene que su destino esté tan vinculado al gobierno de una coalición que representó posiciones de centro —y a ratos conservadoras— dentro de la discusión constitucional y que está tan expuesto a golpes tanto por izquierda como por derecha.

En pocas palabras, se trata de una situación de alta complejidad que ninguna posición unilateral puede resolver. Todo parece indicar que el avance del «Apruebo» vendrá de la mano del activismo que están llevando a cabo sectores de las coaliciones de gobierno, y sobre todo del despliegue territorial intensivo que están realizando los movimientos sociales a través de sus redes territoriales y el capital político de quienes fueran sus representantes en la Convención Constitucional.

Los sectores reaccionarios ya desplegaron su campaña de mentiras y temores, y no parecen tener otra táctica a mano. Por lo mismo, es esperable que una vez que la propuesta de nueva Constitución sea conocida y se reconozcan los avances que implica, el «Apruebo» gane terreno y triunfe en el plebiscito. De todos modos, no hay que confiarse. Es una votación que no se definirá sino hasta el último minuto, y cada paso dado por partidarios y opositores tendrá peso en los resultados.

La izquierda y el eterno problema de la alternativa política

No quisiera concluir este balance del momento constituyente en Chile sin referirme a las oportunidades y desafíos que se abren para la acción política de la clase trabajadora, que hoy pareciera enfrentarse a la posibilidad real de una acción unificada en torno a un programa constituyente e independiente de los sectores que han administrado el régimen.

El proceso constituyente nos ha permitido constatar que estamos viviendo una fase de superación de la fragmentación programática que había caracterizado al movimiento popular en el ciclo transicional entre 1990 y 2019. La nueva Constitución se presenta, sin duda, como el piso de unidad programático más firme que han tenido los sectores populares desde la Unidad Popular. La amplitud de demandas que logra integrar en un mismo momento político (que no es solo el texto constitucional, sino el proceso constituyente) habilita un periodo de unificación de la acción política de la clase trabajadora. Esta unificación no había sido posible bajo la política antineoliberal del Partido Comunista o el Frente Amplio, mucho menos bajo la política dispersa y mayormente sectaria del archipiélago de organizaciones militantes que conforma hasta ahora nuestra izquierda radical.

Pero la experiencia de lucha política inédita que abrió la revuelta ofrece un nuevo horizonte. La revuelta no tuvo como fin solamente el cumplimiento de una serie de demandas sectoriales, sino que convocó a los pueblos detrás de una transformación global más profunda. A esa experiencia se sumaron millones de personas en todo el país, que participaron en asambleas territoriales, levantaron candidaturas constituyentes y siguieron activamente los debates constitucionales.

La lucha por la libertad de los presos políticos, los espacios de resistencia cotidiana ante la pandemia y la crisis, la participación en las campañas políticas por el plebiscito de 2020, por la segunda vuelta presidencial de 2021 y el próximo plebiscito de este 2022 y la constante exposición a un debate sobre los principios, derechos e instituciones que deben estar contenidos en la nueva Constitución son todos momentos de una experiencia común que trasciende los límites de las luchas sociales que conocimos en el ciclo anterior. Esa experiencia, que no es otra que una incipiente participación en la lucha por el poder, se ve hoy ante la probabilidad de un triunfo en el plebiscito, lo que desencadenará sin duda la apertura de un nuevo ciclo político en Chile. Ese ciclo tendrá como punto de partida la experiencia de un pueblo que despertó, se ilusionó, luchó y ganó una batalla constituyente.

Pero esa probabilidad de triunfo estará acompañada por la necesidad de encabezar la implementación del cambio, de asegurarse que los términos en los cuales cobra vida el texto constitucional sean los del pueblo y no los de los partidos transicionales, que esperan ansiosos a retomar la iniciativa. Aquí es donde surge la principal dificultad del momento actual. Del mismo modo que la revuelta encontró a los sectores populares sin una fuerza organizada que pudiera cumplir los términos de su levantamiento (renuncia de Sebastián Piñera, Asamblea Constituyente sin la tutela que finalmente tuvo, libertad de los presos políticos y un retroceso de la política represiva y precarizadora del Estado), hoy nos enfrentamos a un eventual triunfo del Apruebo en una situación orgánica por debajo de las exigencias del momento.

Lo primero que podemos constatar es que la implementación de la nueva Constitución será un proceso de fuerte disputa política entre sectores que representan distintos grados de acuerdo con su contenido. Las derechas —el ultraderechista Partido Republicano y el conglomerado Chile Vamos— se han planteado abiertamente en contra y son las fuerzas que se movilizan tras el «Rechazo». La centroizquierda (por falta de un mejor nombre) representada por la Concertación y los sectores liberales del Frente Amplio cree que es necesario aprobar y hacer reformas inmediatas a la nueva Constitución.

La izquierda, encarnada por la mayoría de la coalición Apruebo Dignidad, así como por los movimientos sociales, pueblos originarios y el archipiélago de organizaciones militantes, es el sector que mayor compromiso expresa con la nueva Constitución y la necesidad de implementarla y profundizarla. Ahora bien, una parte de la izquierda se encuentra en el gobierno, y por lo tanto su independencia para defender la nueva Constitución se verá comprometida por ello, puesto que deberá negociar con el resto de las coaliciones gobernantes para mantener su posición.

Esto abre la posibilidad para la conformación de una alternativa política independiente al gobierno que asuma la tarea de defender, promover y eventualmente conducir la implementación de la nueva Constitución, que es un proceso que durará décadas. El problema es que esa alternativa todavía no existe.

A lo largo de este texto he ido elaborando la idea de que hay dos aspectos inéditos en la historia reciente de la clase trabajadora de Chile. Primero, que las múltiples demandas sectoriales han avanzado hacia una síntesis programática, primero en el Programa contra la Precarización de la Vida del movimiento feminista y luego en el proyecto de nueva Constitución. Segundo, que la experiencia de lucha política que abrió la revuelta y el proceso constituyente es el fundamento sobre el que se puede levantar una alternativa que no solo implemente una Constitución moderna, progresista y democrática, sino que además ofrezca un horizonte transformador desde una perspectiva anticapitalista, feminista, ecosocialista y plurinacional.

Pero esas novedades de nuestra historia reciente van acompañadas de una certeza que ha durado décadas: ese bloque que hoy son las fuerzas populares constituyentes siguen en un momento de doble debilidad organizativa y estratégica. Es una debilidad estratégica porque los debates sobre el desarrollo de la capacidad política de la clase trabajadora para hacer una transformación revolucionaria de la sociedad han quedado reducidas a discusiones bizantinas de núcleos militantes (que muchas veces parecen más clubes de historia que organizaciones de cuadros) o porque han sido relegados a segundo plano por un movimiento popular atravesado por la urgencia de la coyuntura. Esto ha implicado una desconexión entre el esfuerzo por alcanzar conquistas sociales y una mirada de largo plazo que vincule esas conquistas con una transformación global.

El proceso constituyente representa un primer atisbo de lo que significa plantearse un plan de lucha que no incluya solo una serie de tácticas y reivindicaciones, sino sobre todo una visión acerca de los sujetos, las herramientas y los caminos que deben transitarse para saltar de un ciclo histórico de derrota a uno de contraofensiva para asegurar una salida transformadora a la crisis actual. Pero las fuerzas populares constituyentes también se encuentran en una debilidad organizativa. Esto quiere decir que son fuerzas todavía dispersas, cada una pequeña en términos cuantitativos, y sin suficiente poder para lograr conquistas duraderas.

Y este problema no se resuelve encontrando objetivos compartidos de corto plazo, el diseño organizativo más adecuado o apelando a una voluntad de unidad por la unidad. Cierto es que el pueblo unido jamás será vencido. ¿Pero qué es lo que define a un «pueblo unido»? Me aventuro a cerrar este texto con una hipótesis para el momento actual.

Hoy la unidad tiene sus mejores oportunidades en la experiencia política reciente: desde la revuelta hasta la campaña por el Apruebo, pasando por la lucha por los derechos humanos y la resistencia comunitaria en pandemia, porque ha sido una experiencia común, compartida por diversos sectores de la clase trabajadora plurinacional de Chile, en un breve e intenso periodo de tiempo.

La conformación de un vocabulario y un repertorio táctico compartido en torno a la revuelta y el proceso constituyente hacen posible crear un espacio de encuentro para el debate político entre movimientos sociales, coordinadoras activistas, colectivos y asambleas, organizaciones militantes, y otros esfuerzos comunitarios que identifican la necesidad de un frente unido para el ciclo político que se abre el 5 de septiembre.

Junto a ello, la nueva Constitución se presenta como el piso programático común sobre el que se proyectan las próximas décadas, una especie de programa mínimo del ciclo. La revuelta y el proceso constituyente pusieron en primer plano a un conjunto de vocerías políticas, representantes de la amplia diversidad de la clase trabajadora en Chile, encarnada en dirigencias feministas, medioambientalistas, indígenas, sindicalistas, habitantes de todas las regiones, con y sin título universitario, con y sin militancia política. Algunas fueron elegidas convencionales, otras trabajaron en sus equipos para la Convención, otras se mantuvieron en el territorio agitando los procesos de autoorganización. Esas vocerías hoy son una voz popular reconocida masivamente, y deben cumplir un rol en los procesos de unidad.

Esa experiencia hecha codo a codo por los sectores populares constituyentes, ese programa común con la nueva Constitución como punto de partida y esa voz popular con llegada a las masas apuntan a la posibilidad de comenzar a construir hoy un frente político desde los movimientos sociales que recoja la experiencia reciente y se vuelque a organizar la politización en curso para enfrentar el ciclo que se abre.

Es evidente la necesidad de un espacio organizado común para que enfrentemos las disputas que vendrán con la mayor coordinación posible, a través de una construcción democrática de la orientación política de todo nuestro activismo y nuestra lucha. Será necesario sacar las lecciones de las alianzas políticas sin acuerdos programáticos y de la tendencia a abandonar los debates estratégicos de mediano y largo plazo para privilegiar las salidas tácticas coyunturales (electorales, sectoriales, territoriales), que son riesgos muy reales vividos por la izquierda chilena reciente.

Pero pareciera que hoy nos encontramos ante una ventana de posibilidad inédita para construir en el presente una alternativa política que no retroceda ante las contradicciones y las dificultades, y que siga profundizando desde abajo la potencia revolucionaria de la huelga general feminista, la revuelta popular y el proceso constituyente.

El PP se dispara, Más Madrid sorpasa al PSOE y Pablo Iglesias deja la política

05/05/2021
Andrés Gil
Publicado en Fundación Rosa Luxemburg Oficina de enlace Madrid

La Comunidad de Madrid siempre ha estado, desde el inicio de la pandemia, en el pódium de las regiones españolas con más cifras de fallecidos, de contagios, de incidencia del coronavirus, de saturación de UCI y de ancianos muertos en residencias. Eso sí, con los bares y restaurantes abiertos. Pero la Comunidad de Madrid, gobernada de Isabel Díaz Ayuso (EPP), ha sabido presentarse como la antagonista al Gobierno de coalición en España entre PSOE (S&D) y Unidas Podemos (The Left). “Comunismo o libertad”, ha sido su lema de campaña.

Las elecciones se celebran en Madrid de manera anticipada, dos años antes de lo establecido, por un juego de carambolas. El PSOE y Ciudadanos (Renew Europe) concluyen un día que es buena idea echar del Gobierno de la Región de Murcia al PP y presentan una moción de censura. La moción de censura no sólo sale mal, en tanto que el PP logra romper a Ciudadanos en Murcia para mantenerse en el Gobierno, sino que detona la convocatoria de Madrid por parte de Díaz Ayuso para defenderse ante una hipotética jugada contra ella y, también, para invitar a los madrileños a un plebiscito: “Comunismo o libertad”, entendida la libertad como la posibilidad de tomar cervezas –como si en las dictaduras no se sirvieran cañas–.

Pero aquello que en algún despacho de Ferraz –sede del PSOE– y Moncloa –sede de la presidencia del Gobierno de Pedro Sánchez– pudo parecer una buena idea para asaltar el Gobierno de Murcia, ha resultado en el triunfo del trumpismo en Madrid y, además, de la retirada de la política del principal líder de la izquierda alternativa en España, Pablo Iglesias, y uno de los más importantes en Europa.

Isabel Díaz Ayuso pertenece al PP, un partido miembro de la familia popular, democristiana en Europa, que, a diferencia de lo que hace la poderosa CDU/CSU de Angela Merkel, no tiene problemas en llegar a acuerdos con la extrema derecha para mantenerse en el poder, para gobernar. Si hace unos meses Merkel forzó la dimisión de un presidente-gobernador de Turingia porque había llegado al poder con el concurso de la extrema derecha de la AfD, Ayuso fue investida presidenta en 2019 con los votos de la extrema derecha española, Vox.

Y ahora seguirá en el cargo gracias a ella: ha logrado 65 escaños, a cuatro de la mayoría absoluta, que rebasará gracias a los13 de Vox, que le darían el gobierno con una mera abstención, en tanto que Ayuso supera la suma de las izquierdas –24 de Más Madrid (Greens/EFA; 24 de PSOE; 10 de Unidas Podemos–.

Las elecciones de Madrid han barrido al supuesto centro que representaba Ciudadanos, que se ha quedado sin representación parlamentaria, y han encumbrado al ala más trampista del Partido Popular, el encarnado por Isabel Díaz Ayuso, quien llegó hace dos años casi de forma inesperada al Gobierno de Madrid y se ha situado a cuatro escaños de la mayoría absoluta. Ayuso se ha caracterizado en estos años por defender bajadas de impuestos a quienes más tienen –impuestos de sucesiones, patrimonio–, en contra de lo defendido por la administración Biden, el FMI y la Comisión Europea; ir en contra del sentido común europeo sobre las restricciones ante la pandemia; y llegar a decir que “si te llaman fascista, es que estás en el lado bueno de la historia”. La gestión de Ayuso, fértil en despropósitos verbales, se ha saldado con casi el 45% de los votos en unas elecciones con participación récord.

Bien es verdad que el PP lleva 26 años seguidos gobernando Madrid, por lo que lo más fácil era esperar una nueva victoria del PP. Pero también es verdad que quien lo acaba de conseguir se dedicaba no hace tanto a llevar las redes sociales del perro imaginario de la anterior presidenta madrileña, Esperanza Aguirre.

Si bien el modelo de Ayuso no casa bien con el de la CDU o el de los Republicanos franceses, en cuanto al cordón sanitario de la extrema derecha, sí podría ser más afín al austriaco Sebastian Kurz, que no tuvo problemas en meter a la extrema derecha en su gobierno. Una extrema derecha española, la de Vox, hermanada con el partido gobernante polaco, PiS, y los neofascistas de Fratelli D’Italia.

El PP español en Madrid, que comparte familia política con Armin Laschet, gobierna gracias a los amigos de quienes persiguen a los colectivos LGTBI en Polonia o llaman a la deportación de un rival político sólo por ser negro e ir en las listas de Pablo Iglesias.

Abandono de Iglesias

Que Pablo Iglesias dejara la política es algo que venía barruntándose desde el verano pasado. Pero esta convocatoria electoral, junto con el hecho de que no prosperara el plan A de Unidas Podemos –que el líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón, se presentara– ha precipitado su abandono de la política en tanto que no ha podido cumplir el cometido por el que dejó la vicepresidencia segunda del Gobierno de España para ir a las elecciones madrileñas cual brigadista internacional: derrotar al fascismo.

El problema es que el fascismo no ha sido derrotado, y el trumpismo ha sido coronado.

Iglesias, acosado por procesos judiciales que, uno tras otro, no quedan en nada, por militantes de la extrema derecha que se han agolpado durante meses a la puerta de su casa; por medios de comunicación que repican noticias falsas sobre la financiación de su partido; por divisiones internas alentadas desde fuera; por supuestos periodistas que persiguen a sus hijos; llegó a la conclusión el verano pasado de que había llegado el momento de no volver a presentarse a las elecciones generales como candidato a presidente del Gobierno.

Pero faltaba diseñar su paso al lado. Y ese paso al lado vino dado por tomar el guante a Ayuso y dejar la vicepresidencia del Gobierno para ir a unas elecciones regionales en las que a Unidas Podemos le costó entrar en el parlamento autonómico –logró un 5,5%, cuando no se puede entrar por debajo del 5%–.

Iglesias era garantía de mantener el grupo parlamentario en la Asamblea de Madrid. Nadie dudaba que superaría el umbral del 5%. Iglesias, además, fue condición de posibilidad para que la izquierda pensara que se podrían acabar 26 años de hegemonía de la derecha en Madrid. Pero eso no ha pasado.

Sorpasso de Más Madrid

Y luego estaba la incógnita del desempeño de Más Madrid. Una escisión por la derecha de Unidas Podemos encabezada por Iñigo Errejón, anterior número dos de Podemos a escala estatal y por una mujer médica en el ámbito regional de Madrid, Mónica García.

Más Madrid, el partido fundado por Errejón y la anterior alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, quien llegó a la alcaldía gracias a Podemos e Izquierda Unida, ha sabido representar la alternativa al PP tanto en el Ayuntamiento –fue el partido más votado en las elecciones municipales de 2019, si bien el pacto entre PP y Ciudadanos, apoyado por Vox, le apartó del poder– como en la Comunidad, más aun al ser su portavoz médica.

Y esa capacidad para representar la alternativa al PP en un Ayuntamiento en el que no están Podemos ni IU tras la escisión de Carmena; y una Asamblea regional, en la que la pandemia ha facilitado el despegue del perfil de Mónica García, ha terminado por propiciar algo inédito en las elecciones de la Comunidad autónoma de Madrid: el sorpasso al PSOE por otra fuerza progresista, en este caso por Más Madrid.

Tanto uno como otro se quedan en 24 escaños, pero Mónica García adelanta al candidato socialista, Ángel Gabilondo, por un puñado de miles de votos.

Delicado mapa de la izquierda

Las elecciones madrileñas dejan varias claves.

Una de ellas es que el PSOE queda muy tocado: ha perdido 10 puntos porcentuales, después de haber sido el partido más votado en 2019. Y ha sido superado por Más Madrid. En el Ayuntamiento de Madrid ya fue superado por otra fuerza progresista, Ahora Madrid, en 2015; y luego por Más Madrid en 2019. En efecto, su situación en Madrid es calamitosa, aunque comande el Gobierno del Estado, con Pedro Sánchez.

La consolidación de Más Madrid configura un espacio progresista, afín a los Greens europeos, como pueda ser el caso de Compromís en Valencia, pero con escasa proyección estatal: en la actualidad disponen de dos diputados nacionales, Errejón e Inés Sabanés –Más País-Equo–. Pero lo cierto es que es un espacio madrileño que no parece pasajero y que puede tener incidencia en el diseño de un espacio estatal y en las alianzas que puedan darse.

Unidas Podemos pierde a su líder, Pablo Iglesias, uno de los referentes de la izquierda europea, y se enfrenta a varios retos: el liderazgo de Unidas Podemos, que es una candidatura electoral y que todo apunta que recaerá en la vicepresidenta tercera y ministra de Trabajo y militante del PCE, Yolanda Díaz. Pero que deja el espacio, en el que participan Podemos, IU, los comuns catalanes, en una fase de reflexión sobre cómo configurar el espacio de aquí a que haya elecciones en dos años: ¿hay que recomponer relaciones con Errejón y Más País/Más Madrid? ¿Hay que recomponer alianzas con otros integrantes del espacio que han ido despegándose, como el propio Compromís y ciertos miembros de los comuns, u otros sectores? ¿Hace falta algún tipo de desarrollo orgánico de Unidas Podemos, a la imagen del Frente Amplio, o todo lo contrario?

Por otro lado, las consecuencias del desplome de Ciudadanos son que el PP sólo encuentra alianzas a su derecha, y sólo con la extrema derecha al PP no le da para ganar llegar a Moncloa, porque ni nacionalistas vascos y republicanos catalanes serían cómplices de un pacto con Vox.

¿Qué pasará ahora?

El PP tiene asegurado gobernar, le basta con la abstención de Vox. Eso sí, Ayuso no sólo es la antagonista de Sánchez, ahora se ha convertido en una alternativa para el presidente del PP, Pablo Casado. A Ayuso le vale la abstención de Vox, pero tendrá que negociarla.

Mientras tanto, la derecha querrá leer este resultado como la excusa perfecta para erosionar al Gobierno: los miembros del Ejecutivo, PSOE y UP, han estado por debajo de las expectativas, ergo su posición como formaciones que están al frente del país será criticada duramente.

Lo que dudan las fuentes es que esto vaya a tener grandes consecuencias a escala estatal. En el sentido de que las derechas pueden atribuirse un triunfo, pero en el Congreso difícilmente un acuerdo PP-Vox vaya a tener más aliados, lo que cortocicuita su ilusión de llegar a Moncloa.

Mientras tanto, Ayuso revalidará por dos años –habrá otras elecciones en el verano de 2023, como marca el calendario–, pero por el camino la izquierda pierde a un líder de la talla de Pablo Iglesias.

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Investigadores y activistas políticos, Markus Wissen y Ulrich Brand escriben desde el corazón del capitalismo europeo. Desde allí ponen a disposición un marco conceptual que nos permite ubicar tendencias que la pandemia aceleró y puso en evidencia. En «Modo de vida imperial. Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo» indagan en los modos en que las normas de producción y consumo forjadas en el Norte global –pero extendidas desde mediados del siglo XX al resto del mundo– se sostienen a costa de la violencia, la destrucción ecológica y el sufrimiento humano, sobre todo –aunque no exclusivamente– en el Sur global. A modo de introducción para este libro, nos interesa poner a funcionar, a discutir estas ideas, y a tal fin invitamos a Gabriela Massuh, Bruno Fornillo y Camila Moreno a conversar con Brand.

Aquí compartimos un podcast audiovisual de la conversación que Brand tuvo con lxs investigadorxs Gabriela Massuh, Bruno Fornillo y Camila Moreno.

 

La sensación de colapso económico, ecológico y político que provocó la pandemia que golpea al mundo desde principios de 2020 fue declinando en la gestión de una crisis que se extiende y se consume en un incesante ruido mediático vuelto opinión pública, en la proliferación semiótica autocentrada y complaciente en redes sociales, en una agenda político-económica subordinada a una correlación de fuerzas global que obliga, en el mejor de los casos, a un juego de suma cero. Al mismo tiempo, la crisis es inobjetable y reclama tomar en serio discusiones que apuntan al centro de la reproducción social, a los modos en que se organizan la producción y el consumo, a las formas de “crecimiento” y desarrollo económico y social. ¿Cuáles son las discusiones de fondo que contribuyen a un análisis crítico sobre las causas de la presente crisis socioecológica global que pueden alimentar un nuevo imaginario y dar consistencia a una práctica política transformadora?

Investigadores y activistas políticos, Markus Wissen y Ulrich Brand escriben desde el corazón del capitalismo europeo. Desde allí ponen a disposición un marco conceptual que nos permite ubicar tendencias que la pandemia aceleró y puso en evidencia. En Modo de vida imperial. Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo indagan en los modos en que las normas de producción y consumo forjadas en el Norte global –pero extendidas desde mediados del siglo XX al resto del mundo– se sostienen a costa de la violencia, la destrucción ecológica y el sufrimiento humano, sobre todo –aunque no exclusivamente– en el Sur global. O, más concreto, analizan cómo el modo de vida imperial del Norte global oculta sistemáticamente las condiciones de producción –de la extracción de recursos naturales a las condiciones laborales de los trabajadores– que le permiten externalizar los impactos negativos de las operaciones del capital a regiones periféricas del mundo. A su vez, este modo vida imperial en el Norte global no es solo causa y factor de crisis en el Sur global, sino también mecanismo de estabilización económica y subjetiva en el mismo Norte, que camufla así su propia crisis.

Dicho esto, nos interesa poner a funcionar, a discutir estas ideas, y a tal fin invitamos a Gabriela Massuh,[1] Bruno Fornillo[2] y Camila Moreno[3] a conversar con Ulrich Brand sobre el libro. De la organización y coordinación de esta conversación también participaron Gerhard Dilger, director para el Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo, y Florencia Puente, coordinadora de proyectos de la misma institución.

El texto que sigue es el registro de esa conversación que, entre otros tópicos, va de la crisis ecosocial a la emergencia del “capitalismo verde” como oportunidad de negocios; de la decadencia de Europa y la pérdida de soberanía de los Estados nación a la disputa por los recursos estratégicos y la emergencia de potencias asiáticas como el Imperio chino. ¿Qué tensiones y nuevas contradicciones atraviesan los territorios, tanto del Sur como del Norte global? ¿Qué pueden hoy los movimientos sociales que a principios de siglo presentaban una clara alternativa a las fuerzas mercantilizadoras y destructoras del neoliberalismo?

Arte de tapa: ISTUBALZ (Franco Bifo Berardi). Diseño: Juan Pablo Fernández.

Modo de vida imperial (las resonancias de un concepto)

Gabriela Massuh: Debo decir que el título, Modo de vida imperial, a primera vista, me produjo extrañeza. Pensé: “Otro libro sobre imperialismo”. Pero, inmediatamente, la forma en que el libro plantea pensar estos modos de vida imperiales a partir de la insistencia en las “externalidades” me pareció absolutamente necesario e interesante. El Sur global aparece, en relación con el Norte global, o bien como depósito de basura, o bien como lugar de extracción de recursos. Al mismo tiempo, es inevitable pensar, también, ese Sur global que llega a Europa bajo la forma de migración; y cómo los gobiernos europeos se van cerrando y le van poniendo cada vez más vallas. Un ejemplo reciente que me llamó mucho la atención: Dinamarca lidia sin éxito desde hace cincuenta años con la existencia de sus guetos de migrantes. Una treintena de barrios, principalmente de las grandes ciudades, son señalados cada año en una suerte de lista negra. Hace pocos días, su gobierno socialdemócrata decidió reducir al 30 por ciento el ingreso de “no occidentales” a esos barrios. Es la primera vez que se hace una distinción de este tipo y es muy problemática. Por ejemplo, nosotros, ¿qué seríamos? ¿No occidentales? ¿Árabes? Como diría Rita Segato, algo “huele mal” en esta Europa cada vez más encerrada sobre sí misma. El “otro”, para Europa, o bien está en los museos, o bien está en los guetos. En ese sentido, y siguiendo a la misma Segato, se podría proponer un paralelismo entre este concepto de modo de vida imperial y el concepto de colonialidad del poder. Es decir, la complicidad de las colonias con el poder hegemónico. En ese sentido, me parece que tanto el libro como este concepto de modo de vida imperial explicitan muy bien las condiciones actuales de dominio colonial, patriarcal, racista y clasista.

Bruno Fornillo: Por mi parte, lo que rescataría como hecho singular del libro no es tanto lo que tiene que ver con la idea de imperio, sino más bien lo que tiene que ver con la idea de modo de vida. Me resulta realmente importante el subrayado que hace el libro de las dimensiones ideológicas. Creo que la tríada poder, prestigio y dinero remite a una dimensión ideológica fundamental que sostiene el tipo de acumulación capitalista. Y lo que está marcando muy bien el texto es la responsabilidad generalizada –no solamente de los sectores de la élite, sino también de gran parte de las clases medias europeas y ahora, también, de las nuevas potencias, sobre todo asiáticas– con esta tríada y este modo de acumulación. Es decir, me parece clave señalar la extensión de este modo de vida imperial a gran parte de la población y, consecuentemente, la extensión de la responsabilidad primera y el compromiso generalizado de estos modos de vida hiperproductivistas e hiperconsumistas respecto de la actual catástrofe ambiental global y la desigual distribución de recursos.

Hay otro punto que subraya el libro, y al que hay que prestarle absoluta atención, y es que Europa, y el mundo atlántico en general, está padeciendo una suerte de decadencia, al punto que es probable que tarde o temprano vuelva a ser una península asiática. Como contrapartida, lo que vemos es la reemergencia de megapotencias asiáticas, que sostienen también un modo de vida imperial. Porque China efectivamente es un nuevo imperio cuyo desarrollo capitalista, con su modo de extracción generalizado de recursos que impacta en el Sur global, entra en contradicción con el sostenimiento del planeta. En resumen, me resulta muy estimulante esa dimensión cultural o ideológica que aparece muy fuertemente en el texto.

Ulrich Brand: Como bien dice Bruno, en el libro nos interesa mostrar cómo el modo de vida imperial gana hasta en su propia muerte, hasta en su propia extinción, dada su capacidad de sobreexplotar el mundo tanto ecológica como socialmente. Este carácter hegemónico del modo de vida imperial, la aceptación amplia de una vida cotidiana no sustentable, queda evidenciado no tanto en su carácter imperial como en la extensión ilimitada de un modo de vida que, no obstante, requiere del afuera, de lo no presente; sobre todo del Sur global, pero también de regiones de Alemania o Austria en las que viven y trabajan –sea en la cosecha, sea en las fábricas de carne– infinidad de migrantes. Esta es la contradicción que nos interesa.

“El Sur global aparece, en relación con el Norte global, o bien como depósito de basura, o bien como lugar de extracción de recursos”. (Gabriela Massuh)

Tal como desarrollamos en el libro, la hegemonía de este modo de vida imperial se consolida en Europa, aunque también en Argentina, en el momento de posguerra, en la segunda mitad del siglo XX. Un modo de vida que hoy, con la pandemia, se revela como causa o factor de una crisis que es múltiple. Al mismo tiempo, y no menos importante, este modo de vida es, también, un factor de estabilización de las relaciones sociales. Europa no es ajena a la crisis, pero el acceso a los commodities, a productos baratos del mercado mundial, permite a una parte importante de su población mantener cierto nivel de vida, es decir, vivir una vida “normal”. Esta situación, sin embargo, no alcanza ninguna estabilización duradera, y a partir de este diagnóstico, en el libro decimos que son esperables cada vez más tensiones; tensiones que llamamos ecoimperiales y que se producen en los países emergentes del sur de América Latina y de África cada vez que no se aceptan y se ponen en discusión estos modos de vida sustentados en la extracción voraz de los recursos globales.

Hay una última cuestión que me parece importante destacar sobre este libro que hicimos con Markus y es que, sin intención, intervino en un intenso debate que se dio en Alemania, y al interior de la izquierda europea, a partir del movimiento de refugiados del año 2015. Y en particular con un sector de esta izquierda, a la que puede llamarse social-nacional. Una izquierda, en algunos casos, impulsada por sindicatos que suelen decir: “Tenemos que defender –en nuestras palabras– el modo de vida imperial, porque, si no, los trabajadores van a votar a la ultraderecha. Tenemos que mantener cierto Estado social, ciertos estándares para las masas, porque, si no, la derechización va a ser aún más fuerte”. Nosotros intervinimos en ese debate tensionando esta posición, poniendo en el centro de la discusión sobre la crisis múltiple y los modos de vida e incitando a un nuevo internacionalismo. Nos parece fundamental poner todo en discusión y reconocer los problemas, pero la respuesta de la izquierda no puede ser social-nacional, no puede partir de la defensa del modo de vida imperial.

Camila Moreno: Cuando escribí el prefacio a la versión en portugués del libro de Uli y Markus para Elefante Editora, hice unos comentarios sobre a qué estábamos refiriéndonos cuando hablábamos de “imperial”.[4] Porque hay un riesgo en la interpretación de este concepto, sobre todo por el modo en que están configuradas las izquierdas actuales, tendientes a absorber slogans y consignas de lucha más que a procesar las ideas. Entonces, es necesario ir un poco más allá del modo en que la izquierda –después de Marx, con Lenin y toda la tradición del siglo XX– ha pensado el imperialismo. Y sobre todo si nos ponemos en conversación con China.

Hago una breve digresión: un poco en broma, en ese prefacio contaba que, estando en China, hablaba y hablaba sobre el imperialismo, y la persona a la que le estoy hablando me mira, me interrumpe y me dice: “Pero China es un imperio, un buen imperio”. Entonces, “¿a qué le está haciendo críticas esta chica loca?”, me quiso decir. Y me acuerdo otro momento, en ese mismo viaje a China que hice con Uli en el año 2015 y que fue organizado por la oficina de Beijing de la Fundación Rosa Luxemburgo, que para explicar un poco la historia de América Latina hice una línea de tiempo, como solemos hacer para estos casos, y señalo en ella los ciclos (azúcar, oro, café), el desarrollismo, el neoliberalismo, el ajuste estructural, etc., distintas etapas de nuestra historia nacional, y en un momento me doy cuenta de que ellos me miran como diciendo “pobrecita”, más tarde alguien hace referencia a la Ruta de la Seda, a Gengis Kan y al imperio Mongol. Sus claves temporales son completamente otras; y obviamente es muy raro contarles esa historia a gente que se piensa y nos piensa tan distinto.

Y acá retomo con la idea de que el imperio antecede a la idea del imperialismo –tal como se discute en la izquierda– y a la del Estado-nación. Y en ese punto no es casualidad que las discusiones que Uli y Markus proponen en el libro hayan tenido tanta resonancia. Hay como una gran fantasmagoría como telón de fondo: vivimos un momento en el que se erosiona muy rápidamente la forma Estado nacional, que es una forma muy reciente. El sistema de Estados nacionales empieza con el Tratado de Westfalia, en 1648, y su difusión y consolidación en Europa y en la periferia es un proceso complejo y conflictivo. Y si pensamos el proceso de constitución del multilateralismo de las Naciones Unidas, la descolonización en África, por ejemplo, tiene lugar en la segunda mitad del siglo XX. Y son procesos lentos, que quizá parecen rápidos por la forma, pero cuyos cambios se dan muy despacio en términos de estructuras sociales profundas. Entonces, tanto la forma Estado-nación como, y sobre todo, la idea más reciente de Estado de Bienestar son –en la historia de la humanidad– experiencias muy cortas en el tiempo. Nosotros estamos obsesionados con su imagen, con su simbología, pero desde otros puntos de vista –por ejemplo, desde Asia, desde China, desde India– son formas de organización muy recientes y, tal vez, insuficientes como para hacer frente a los desafíos actuales.

Al mismo tiempo, el Estado nacional se ha metamorfoseado y es cada vez más un Estado empresarial, socio de las corporaciones. En lo concreto, muy pocos Estados nacionales van a tener soberanía real para diseñar políticas ambientales, o políticas vinculadas a la agricultura. Porque los Estados son cada vez más codependientes de asociaciones público-privadas y profundizan la lógica de la deuda con la de emisión de bonos (social bonds, green bonds). O sea, una financierización absurda de los Estados nacionales, con la consecuente entrega de la soberanía e hipoteca del futuro.

En suma, lo que parece venir más bien pronto es una reorganización del mundo sobre bases neoimperiales. Un nuevo colonialismo. Y es en ese marco en el que vemos crecer los programas vinculados a los Green Deal, que no son sino pactos que normalizan los supuestos del capitalismo verde –sea mediante programas impulsados por la Unión Europea, sea mediante programas impulsados por los Estados Unidos, sea, también, mediante ideas y proyectos formulados desde los movimientos sociales. Y me detengo en esto último, porque me parece que hay un déficit en el modo en que los movimientos sociales suelen comprender el capitalismo verde, cómo se ha hundido con el proceso de la transformación digital y cómo se estructura la exportación de las contradicciones del centro hacia las periferias en la actualidad.

“Hay un déficit en el modo en que los movimientos sociales suelen comprender el capitalismo verde, cómo se ha hundido con el proceso de la transformación digital y cómo se estructura la exportación de las contradicciones del centro hacia las periferias”. (Camila Moreno)

Una última cuestión que me parece muy importante traer, en línea con lo que decía Gabriela y retomaba Uli respecto de la colonialidad del poder: yo creo que al imperial mode of living corresponde un imperial mode of thinking, un modo de pensar imperial. Es decir, la colonialidad del saber. Hay toda una ciencia social que importamos que nos impone lentes y formas de leer nuestra realidad que son profundamente coloniales, incluso cuando vienen con la etiqueta de crítica. Y así es como los movimientos fueron incorporando todo un paquete de conceptos e imágenes que promueven un nuevo universalismo: bioeconomía, circularidad, net zero, carbono neutral, etc. En Brasil esto es muy complejo, al nivel que estamos importando esquemas teóricos para leer las cuestiones raciales, o esquemas importados para leer cuestiones vinculadas a las mujeres. Y esto, en mi opinión, está causando un cortocircuito total con nuestras formas de pensamiento. Es como si se abrieran franquicias, movimientos que son cada vez más marcas (brands) de lucha social antes que reflexiones reales sobre las diferencias constitutivas de nuestros países. Y me parece un problema grave no poder pensar desde nosotros y desde nuestras propias realidades, tradiciones intelectuales e intérpretes. En Brasil tenemos una expresión clásica: el complejo de “vira-lata” (perro callejero, mixturado), un trazo muy profundo de nuestra identidad. Retomando a José Carlos Mariátegui y a muchos otros autores, me parece fundamental, justamente, la clave del mestizaje para entender América Latina y la formación de sus pueblos. En Brasil, ese debate ha sido completamente aplastado por la intención de replicar la lectura de una sociedad y de tensiones raciales que sí existen –¡de ninguna forma diría que no hay racismo en Brasil!–, pero que son imposibles de entender si nuestro punto de partida son preguntas del tipo ¿cómo no tuvimos un Martin Luther King? Me parece que es un camino equivocado para leer nuestras historias, nuestras luchas, nuestras resistencias; pero también los acuerdos y fusiones que en Brasil se han logrado y que en los Estados Unidos nunca, jamás, han existido. En esta clave, para mí también hay que traer al debate cómo el fenómeno de la guerra híbrida, que actúa sobre el campo de batalla de los imaginarios, sometiendo los esquemas de pensamiento y de interpretación de la realidad, está haciendo muy difícil construir frentes de unidad en la lucha política.

“Me resulta realmente importante el subrayado que hace el libro de las dimensiones ideológicas. Creo que la tríada poder, prestigio y dinero remite a una dimensión ideológica fundamental que sostiene el tipo de acumulación capitalista”. (Bruno Fornillo)

Los proyectos de las élites globales (capitalismo verde y ecoimperialismo)

Bruno: La pandemia detonó una visibilización de la inclinación de las élites globales a propiciar y transformarse hacia una suerte de capitalismo verde. Un ejemplo muy claro –y que el libro trata muy específicamente– es el despegue inusitado que tuvo la electromovilidad en la pandemia hasta volverse el gran faro respecto de la transformación ecológica modernizante del capitalismo. Como dato particular, durante el año pasado, el valor de las acciones de Tesla creció un 700 por ciento. Esto muestra la inclinación de las élites globales hacia el capitalismo verde, pero también es la evidencia de que el cambio ambiental global es inevitable. Sin embargo, como muy bien fundamentan Uli y Markus, es verdaderamente imposible sostener esta suerte de último imaginario de las élites contemporáneas de que es factible reemplazar la flota de combustión fósil contemporánea por otra flota, de iguales dimensiones, pero en este caso eléctrica, para sostener el tipo de desarrollo descomunal que existe hoy en día.

En América Latina en particular, y en relación con la pandemia, quisiera señalar varias cosas. La primera es lo que el libro menciona como greenwashing: todo el marketing vinculado al lavado de imagen verde que hacen las empresas. En ese punto, me parece necesario poner la mirada sobre una élite en particular, que es la élite chilena; una élite de vanguardia en América Latina, con un capitalismo de punta particularmente modernizante, tal vez por su fuerte contacto con Estados Unidos. Esta élite chilena es tremendamente verde y propicia una transición energética de mercado como ningún otro país en América Latina. Un dato complementario es que esta élite chilena compra y acapara insaciablemente tierras en la Patagonia, un territorio “vacío” y muy holgado que se volvió estratégico por sus bienes comunes; es decir, porque guarda increíbles riquezas, como el aire puro y el agua. En suma, el capitalismo verde es hoy el capitalismo de las élites.

En el resto de América Latina, por primera vez los discursos nacional-populares están viendo la necesidad de “limpiarse” y empiezan a incorporar –por supuesto, de manera relativa– las variables ambientales, tratando siempre de sostener los patrones independentistas y los modelos económicos existentes, pensados a la manera del siglo XX. Para no excederme y hablar de la Argentina, nosotros no estamos vislumbrando en nada que el actual gobierno nacional-popular, si se lo quiere llamar así, o progresista si se prefiere –de izquierda definitivamente no–, pueda incorporar alguna trama de algún elemento emancipatorio. No lo vemos en lo más mínimo. Si pensamos en el litio, que es lo que nosotros venimos investigando, lo que se está afianzando es un modelo extractivo donde las provincias tienen el control y el dominio de los recursos, y no se crece en nada en el vector tecnológico. Por el contrario, lo que se hace es brindar una suerte de ilusión, un fetiche respecto de lo que sería una industrialización, pero con una empresa china. Entonces, por un lado, vamos a tener a la Argentina extrayendo toneladas incansables de litio –ni siquiera en grado batería–, con una captación de renta pésima, con grandes peligros ambientales y sociales y con un sistema político-jurídico del área minera execrable y, por otro lado, a una empresa china produciendo –eventualmente y en el mejor de los casos– autos eléctricos para vender en el mercado local. Lo cual es realmente patético como patrón de desarrollo.

Nuevamente, la gran novedad, y la gran incógnita, tiene que ver con Asia y la ambición de China de descarbonizar su economía para el 2060. A la manera china, es una apuesta gigantesca e implica una producción de energía renovable a grandísima escala: se trata de descarbonizar la economía más grande del planeta. A su vez, China tiene una visión más pulida –respecto a Estados Unidos, seguro– sobre algunos dilemas ambientales, vinculada a cierta idea que tienen, por ejemplo, sobre el destino común de la humanidad. Y, en ese sentido, hay bastante incertidumbre en las élites globales sobre el modo en que China va a llevar a cabo el capitalismo verde. Pero esta incógnita no parece tan difícil de develar si uno ve el modo en que hoy, en América Latina, se van instaurando formas de neodependencia, lo que el libro llama un ecoimperialismo. Muy concretamente: nosotros somos los proveedores de recursos para que los países centrales realicen sus transiciones socioecológicas.

Gabriela: En ese sentido, yo quería destacar algo que me parece importante del libro de Uli y Markus, y es la recuperación tanto de Gramsci como de Polanyi. Me parece fundamental traer en este momento el problema de la “gran transformación” y preguntarse dónde está ese debate hoy. Ahora bien, la pregunta concreta es esta: si tanto para Polanyi como para Gramsci la gran transformación requería de un sujeto político, ¿cómo hacemos hoy, cuando no hay sujeto político capaz de llevar adelante esa transformación? Quienes la desean son movimientos sociales, pero no sujetos políticos institucionales. Por el contrario, parece haber una especie de maridaje entre Estado y empresas que, juntos, sustituyen al sujeto político actual. Todo esto en el marco de lo que el libro, entiendo, llama posneoliberalismo.

Respecto de la pandemia y el cambio en las costumbres, debo decirles que me suena a cierta voluntad luterana. Es decir, creer que con la (buena) voluntad individual vamos a superar el tema. Yo me inclino más por el fortalecimiento de los movimientos sociales. Cuanto más universales sean, mucho mejor. Creo que el ecofeminismo vino dando una gran batalla con relación a la despenalización del aborto, y esta lucha se está traspasando a la tierra, digamos, a los problemas del territorio. De la violación del territorio femenino a la violación de los territorios: esta me parece la gran conjunción que podría evocar una voluntad de vanguardia. Es decir, salir por el eje del cambio climático y de la relación con la naturaleza.

“Creo que el ecofeminismo vino dando una gran batalla con relación a la despenalización del aborto, y esta lucha se está traspasando a la tierra”. (Massuh)

Ulrich: Respecto a la discusión sobre las élites en este contexto, yo veo por lo menos tres proyectos, al margen del proyecto emancipatorio. Un primer proyecto al que podríamos llamar “business as usual”, es decir, seguir con los negocios como de costumbre. Esta posición es cada vez más débil y está vinculada a las élites que no quieren ver los problemas socioecológicos que estamos planteando. Un segundo proyecto, sobre el que Bruno enfatizaba recién, es el de la modernización ecológica; o sea, el de las élites que sí entendieron los problemas ecosociales y, en consecuencia, abren todo otro campo de negocios vinculados a las green finance, al green job, a la producción verde, con todas las implicaciones que tiene este proceso en el modo de vida imperial. Pero veo, también, un tercer proyecto –acá sí articulado con la pandemia– vinculado a la puesta en funcionamiento de toda una serie de estrategias de control. Podemos hablar, incluso, de un ecoautoritarismo, que se distingue de la visión ecológica modernizante del capitalismo del segundo proyecto. Esta última asume una dinámica social que implica dar ciertos debates públicos, y la integración de los sindicatos y otros representantes de los subalternos. En cambio, el tercer proyecto hace un poco lo contrario, se cierra en una tendencia autoritaria al control, y este fue un proceso, o un proyecto, que se vio fortalecido durante la pandemia.

De todos modos, si nos centramos en los mecanismos de reproducción de las élites en su conjunto, podríamos decir que se despliegan bajo lo que Gramsci llamaría una “revolución pasiva”. Se están produciendo muchos cambios, pero bajo el control del capital, bajo el control de las élites. En los próximos tiempos tendremos que estar atentos a estos cambios, a estas transformaciones, para ver cómo se va articulando e implementado este ensayo de revolución pasiva del capital. Porque es sobre este terreno que las fuerzas emancipatorias tendrán que desplegar sus estrategias y proyectos.

Agrego una cuestión breve respecto de lo que dijo Gabriela sobre el sujeto y la gran transformación. Polanyi hablaba de “transformación” y de “gran transformación”. Y la transformación de Polanyi es la transición larga, evolutiva, del capitalismo agrario al capitalismo industrial. Pero cuando habla de “gran” transformación (que lo hace dos veces en su libro) –y en esto insiste mi colega Andreas Novy, en Viena, en sus trabajos–, refiere a la intervención consciente, estratégica de las élites liberales al final de los años 20 y a principios de los 30 hacia el fascismo. Esa es la gran transformación: primero en Italia, después en Alemania y en Austria –ha habido, claro, otras intervenciones de las élites, en Inglaterra y en Estados Unidos, hacia otras direcciones, o sea, hacia un New Deal–.

“Se están produciendo muchos cambios, pero bajo el control del capital, bajo el control de las élites”. (Ulrich Brand)

En ese punto, es fundamental vincular un diagnóstico del modo de vida imperial con las largas transformaciones evolutivas y, también, con intervenciones más puntuales y complejas, como en este caso, hacia un capitalismo verde centrado en la electro-automovilidad. Las élites de hoy, en el Norte global, hablan mucho de social ecological transformation. Yo lo llamo una “nueva ortodoxia crítica”. La palabra griega orthós significa “correcto” o “verdadero” y dóxa significa “creencia” u “opinión”. La crítica es que las élites entendieron los graves problemas, pero las respuestas quedan bajo su control, bajo sus reglas. Naturalmente, quedan excluidas perspectivas más críticas y radicales de una transformación, no solo de la base material y energética de la economía, sino de las formas sociales capitalistas. Esto forma parte de la lucha epistémica de la revolución pasiva.

Alcances y límites de la voluntad individual (cuando con la solidaridad no alcanza)

Ulrich: Quisiera puntualizar una cuestión en torno a la discusión sobre las buenas voluntades individuales. A nivel de la sociedad, a nivel de los discursos oficiales, hay referencias continuas a las buenas voluntades, a las buenas conciencias. Yo lo llamaría una tendencia a la individualización de la responsabilidad. Muchos de mis estudiantes, por ejemplo, sienten todo el peso del mundo sobre sus hombros. Y quieren cambiar el mundo, porque quieren vivir de manera cien por ciento ecológica, social y todo. Nosotros les insistimos en que lo central son las condiciones sociales, políticas y hasta infraestructurales que hacen hoy a la falta de alternativas para los individuos, para los sujetos. Por eso, muchas y muchos se sienten interpelados por las ideas del libro. Se sienten interpelados por la cuestión de la violencia, por la cuestión de la exclusión que está en la base del concepto de modo de vida imperial. Pero eso no significa que sea el sujeto el que debe cambiar, o no solamente, sino que necesitamos un cambio social mucho más estructural, cultural, político, etc.; mucho más vinculado, en suma, a las condiciones de vida. Lo ambiguo, o lo contradictorio, es que el modo de vida imperial permite un mayor acceso al mundo, ofrece más a nivel material, incluso, supuestamente, posibilita una vida mejor. Pero es evidente que también restringe, si tú quieres vivir de otra manera casi que no tienes alternativas: la sociedad te cerca permanentemente con los deseos e imágenes del modo de vida imperial.

Bruno: El libro se inscribe en una corriente alemana de pensamiento que tiene que ver con la tradición crítica de la cultura. En ese sentido, me parece atinado retomar la idea de Walter Benjamin de que todo documento de cultura es, a la vez, un documento de barbarie. El libro, en cierto sentido, es una especie de actualización contemporánea de esta premisa. Naturalmente, no podemos centrarnos solo en cuestiones actitudinales, individuales, sino que eso tiene que estar vinculado con elementos organizacionales y sistémicos más fuertes. Pero, en cierto punto, ambos son importantes y se deben retroalimentar positivamente. Es decir, tanto elementos organizacionales sistémicos como actividades cotidianas concretas. Porque el diablo está en los detalles, y la ideología funciona también en los detalles, en nuestras prácticas concretas.

Otro punto en el que quisiera detenerme es el de la práctica política. Yo no sé si en América Latina tenemos tanta dificultad respecto de los saberes, o de las elaboraciones teóricas, y su relación con modelos culturales clásicos, fundamentalmente europeos. Me parece que hay una literatura, una pluma muy activa que trabaja constantemente para diferenciarse y para crear una epistemología del Sur –podría nombrar innumerables contribuciones que van en ese sentido–. Retomando a Gramsci, creo que el problema en América Latina es de hegemonía, es decir, está vinculado a la práctica política. No tanto en la construcción de saberes, sino en la relación de esos saberes con el afuera. Tenemos un problema de trabajo ideológico o, diría Gramsci, el problema de cómo vincularse con el “buen sentido” de la ideología de la población. De ahí que podría decirse que tenemos un problema en la izquierda, en términos generales, en América Latina: se ha armado un hiato respecto de lo que son los nuevos discursos emancipadores y la práctica política concreta.

En cuanto a los movimientos sociales, si bien sobre el comienzo del siglo tuvieron una potencialidad muy fuerte, luego esa fuerza se fue inclinando hacia discursos de tipo nacional-popular, productivista, desplazando salidas más radicales, en particular en lo que respecta a las transiciones socioecológicas. Entonces, me parece que la pregunta que deberíamos hacernos es cómo afianzar unas izquierdas que tengan un impacto hegemónico con relación al debate público, una izquierda con capacidad de expansión dentro de la sociedad civil –para decirlo, por supuesto, en términos de Gramsci–, que es una deuda que tenemos en América Latina. En la Argentina está muy claro: esos atisbos de grandes movimientos sociales, territoriales, a la hora de traducirse dentro de la esfera política todavía guardan un déficit. Pero no solamente en la Argentina, en buena parte de América Latina. En países como Bolivia y Ecuador, pero también en Chile y Brasil, el discurso progresista está hegemonizado todavía por perspectivas desarrollistas. En este sentido, me parece que el punto central tiene que ver con la construcción política. No estoy diciendo ninguna novedad, pero me parece que yo descentraría el problema de la producción de saberes. Me preguntaría más por la efectividad de nuestra lucha ideológica en el terreno concreto de la práctica política, para decirlo con Althusser.

Camila: Hace más de una década que se viene desarrollando toda una narrativa climática que hoy se ha vuelto una forma contemporánea de las indulgencias medievales: es posible pecar, pero también es posible comprar la compensación por tus pecados. Eso ha interpelado, como contaba Uli, a una generación de jóvenes que no conocieron el mundo fuera de la clave de la emergencia climática. Y eso ha producido un nivel de angustia existencial muy fuerte en la estructura psicosocial. Entonces, aunque las poblaciones estén cada vez menos vinculadas a religiones históricas formales, aunque la Iglesia católica tenga cada vez menos fieles –y así vemos cómo la Iglesia hace esfuerzos por reinventarse y se asocia a cuestiones climáticas, como hizo el Papa con la encíclica Laudato si’ y, más recientemente, con el lanzamiento del Consejo para el Capitalismo Inclusivo con el Vaticano–, están sucediendo transformaciones muy profundas respecto del modo en que la gente percibe la espiritualidad. Pero toda la infraestructura de la culpa cristiana sigue ahí, entrañada en nuestra sociabilidad. Y el mercado es muy efectivo en capturar eso y ofrecer la redención a través del consumo. En Europa, por ejemplo, es impresionante como hay mercancías con leyendas de tipo: “Usted está comprando y ayudando a un grupo de mujeres en América Latina, esta mujer se llama X, es indígena, y es madre soltera, y aquí está su hijo, y vive en un bosque amenazado, etc.”. Es un nivel simbólico de sobreexplotación, porque necesitan del subalterno, necesitan de la gente que aún no está como ellos para que la gente compre y se sienta bien. Entonces, seguro que hay proyectos interesantes, pero la mayoría es puro greenwashing. Es un poco indignante ver todo el tiempo, en los paquetes de café, de chocolate, de azúcar, banana, etc., gente del sur. Yo me imagino que una intervención artística podría ser poner fotos de europeos en las cosas que compramos nosotros en el supermercado y textos creativos de cómo les estamos ayudando a salir de la pobreza y mejorar sus vidas.

En términos de pensar las contradicciones, como planteaba Uli, un punto que me parece central es la tendencia super prescriptiva respecto del cambio en las dietas globales, que es una agenda que creció mucho. Yo vengo investigándolo en su relación con la transformación de la industria de la carne y las dinámicas territoriales y ambientales que esta transformación produjo en Brasil. Como alternativa, hay un énfasis en la promoción de healthy diets, es decir, las dietas que se ofrecen como buenas para la salud personal y para la salud del planeta. Son las dietas veganas –“plant-based”–, en particular aquellas en las que se pueden hacer simulacros de carnes y lácteos a partir de la soja. Bien, los impactos de la expansión de la soja dispensan cualquier comentario. Todos sabemos también que hay miles de problemas en la industria de la carne y el agronegocio global. El punto es que la forma en la que se está desarrollando el debate internacional es muy moralizante, poniendo a la gente que come carne como los malos que aún no tienen conciencia de cómo dañan el clima; y que hay que hacer esa gran transición hacia las healthy diets poniendo barreras comerciales e impuestos al consumo de carne, así como se ponen impuestos especiales a las bebidas alcohólicas o al tabaco. Todo eso, además de ser muy cruel, políticamente me cae muy mal. En contraste con toda esta concepción de lo que es una dieta saludable para la población, habría que enfatizar en una lucha política más estructural que ponga en el centro de la discusión la soberanía alimentaria. En las periferias de Brasil, por ejemplo, la gente tiene cada vez menos acceso a comidas frescas y sanas, que hoy son cada vez más caras. Y lo que vemos es que están preparando toda clase de comidas para pobres: fake milanesas, fake chicken nuggets, etc. Entonces, detrás de las buenas intenciones y la publicidad con celebridades veganas, lo que vemos es que, impulsados por la FAO [Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura] y las corporaciones, ya se está diseñando cuál es la dieta a la que esa clase de subhumanos va a tener acceso. Y es muy cruel, porque sectores de la población cada vez más grandes nunca van a tener plata para comprar carne de verdad, aunque sea una carne sustentable.

“Están preparando toda clase de comidas para pobres: fake milanesas, fake chicken nuggets, etc. Detrás de las buenas intenciones y la publicidad con celebridades veganas, lo que vemos es que, impulsados por la FAO y las corporaciones, ya se está diseñando cuál es la dieta a la que esa clase de subhumanos va a tener acceso”. (Moreno)

Movimiento social y emancipación (las tensiones al interior del imperio)

Ulrich: En la segunda mitad del libro que escribimos con Markus, analizamos la historia del modo de vida imperial y, en una parte breve, las resistencias y alternativas al modelo de vida hegemónico que se abrieron en el oeste de Europa hacia finales de 1960 y principios de los 70. En ese momento, había una crisis económica, había huelgas “salvajes” (no controladas por los sindicatos), había movimientos sociales, de jóvenes, de feministas, ecológicos, de solidaridad internacional. En ese marco, se desarrolló una crítica radical al régimen disciplinario del fordismo. Y sabemos por Toni Negri, pero también por Luc Boltanski y Ève Chiapello, que este movimiento fue mayormente integrado por el neoliberalismo. En esa línea, diría que hoy en día no vemos resistencias significativas en contra del modo de vida imperial en el Norte global. Por supuesto que resistencias existen, de Black Lives Matter a los movimientos en contra de los refugiados en Europa, o en contra de la explotación del carbón para producir electricidad, etc. Existen, pero no son tan amplios ni tienen tanta fuerza.

Eso obviamente nos obliga a repensar qué significa emancipación hoy. En los 70, la emancipación se pensaba como una emancipación social, muchas veces bajo una idea de crecimiento económico. La premisa era “todos tienen que vivir como se vive en las sociedades industrializadas del Oeste europeo”, sin atender demasiado a los costos que paga la naturaleza por ese crecimiento. Pero, bajo las condiciones de una crisis climática, de una crisis ecológica, de una crisis múltiple y civilizatoria como la actual, ya no es posible plantear la emancipación de ese modo. Hay un desafío fundamental para el pensamiento crítico, que es repensar la emancipación bajo condiciones de una crisis múltiple, que tiene un nivel de “escasez”, en términos ecológicos, que es realmente un problema. Yo formo parte del movimiento de “decrecimiento”, e incluso he publicado un libro con Alberto Acosta acerca de este tema.[5] Pero decrecimiento no quiere decir “menos para la gente”, sino que significa que necesitamos otro modo de vida. Un modo de vida solidario que pueda deshacerse del imperativo de la acumulación capitalista.

Dicho de otro modo, bajo condiciones de modo de vida imperial, bajo condiciones de una crisis múltiple –lo que incluye una crisis climática y un desastre ambiental–, habría que repensar la idea de emancipación e ir más allá de la figura de un “proletariado liberado”. Es decir, poder pensar condiciones de una vida digna no al costo de la naturaleza, no al costo de la indignidad de otras vidas. Entonces, enfatizo en esta idea de cambiar las condiciones sociales de reproducción de la vida. Pero, por supuesto, cambiar condiciones significa lucha, significa conflicto. Tal vez no es el proletariado y sus organizaciones de masas –los sindicatos o partidos revolucionarios–, sino que son los conflictos múltiples acerca del transporte público, acerca del stay grounded (que es la lucha contra la expansión del transporte aéreo), en contra de la agricultura industrial, en contra de la industria automotriz. Estos conflictos múltiples, de algún modo, pueden articularse. En el horizonte está la discusión sobre qué serían condiciones de vida solidarias. Un modo de vida solidario que necesita sujetos, pero que no tiene más un sujeto central, sino que tiene una multiplicidad de conflictos emancipatorios.

“Decrecimiento no quiere decir “menos para la gente”, sino que significa que necesitamos otro modo de vida. Un modo de vida solidario que pueda deshacerse del imperativo de la acumulación capitalista”. (Brand)

En ese marco, gran parte de los movimientos sociales actuales se limitan a luchar por derechos sociales a nivel nacional, y con todo lo valiosos que son a ese nivel, no tienen una perspectiva internacionalista. En el mismo sentido, en el Norte global, hoy el Green New Deal es una propuesta de las izquierdas, pero tiene pocos momentos internacionalistas. Se piensa a nivel Estado nación, se piensa bajo condiciones de modo de vida imperial. Y por eso tenemos que reformularlo y repensar qué significa una idea de lo internacional que no quede implícitamente vinculada al imperialismo, al mercado global y el extractivismo, sino que interpele también los hábitos y las vidas cotidianas, tanto en el Sur como en el Norte global.

Por supuesto, movimientos e iniciativas sociales emancipatorios desde abajo y a partir de la auto-organización siguen siendo muy importantes. Pero también hay que ver cómo se traducen a iniciativas y conflictos más institucionales. Por ejemplo, hay una iniciativa de ley en Europa para que una empresa que importa algo sea responsable por las condiciones sociales y ecológicas bajo las cuales se produjo aquello que importó. Que es algo que podría hacer contrapeso al modo de vida imperial, si se quiere pensar así.

Gabriela: Yo quisiera agregar que hay un movimiento internacionalista que tiene mucha probabilidad de expandirse y que está nutrido de una ideología ecosocial muy importante que son los movimientos indígenas, que son las luchas indígenas por el Buen Vivir. Y tiene mucha posibilidad de expandirse transversalmente por todo el continente americano, porque la usurpación de los territorios –ya sea para soja, ya sea como criadero de carne, ya sea para la minería– es transversal desde América del Norte hasta América del Sur. Y algo similar sucede en África y en la India. Hay una posibilidad ahí de un nuevo internacionalismo, pero que tiene menos acceso a la política –en comparación al Green New Deal y a los movimientos del Norte global que mencionaba Uli–, porque se trata de una clase social sin prestigio ni poder.

Bruno: Una cosa que me parece importante destacar, y que está presente en el libro, es que los imperios ya no pueden externalizar sus propias tensiones. Es decir, a causa de las condiciones de aceleración de la producción, de la competencia imperial y de la escasez de recursos, las élites ya no pueden desplazar hacia fuera las tensiones que se generan en sus propios territorios, al interior de los modos de vida imperiales. Me parece que ahí se puede hacer un contrapunto en relación con lo que Eric Hobsbawm llama la “edad de oro” del capitalismo. Era el momento de masificación de posguerra, del Estado plan, del Estado de Bienestar, momento en el que se “universaliza” el modo de vida imperial y el Norte global tiene la capacidad de “externalizar” sus tensiones y de llevar ese gran consumo y esa gran productividad a buena parte del Sur global. Pero el libro indica muy bien que, en las condiciones actuales, esas tensiones no van a dejar de vivirse al interior del mismo imperio. Y por supuesto que se viven también en el Sur global.

Estas tensiones y resistencias al interior del Norte global se pueden ilustrar con el caso de Detroit, que muestra lo que se vive cuando entra en un ocaso definitivo una de las ciudades industriales, vinculada a la industria automotriz, más importantes de los Estados Unidos. Tensiones y resistencias, además, que no van a dejar de vivirse. ¿Por qué? Porque China decidió entrar a la industria más grande del mundo, que es la industria automotriz, por la vía de la electromovilidad. Y hoy produce el 46 por ciento de los autos eléctricos, tiene más innovaciones tecnológicas que Europa y que Estados Unidos y busca de manera determinante dominar ese mercado. Esta situación, naturalmente, trae tensiones muy fuertes en la misma Europa, que venía dominando hasta aquí la industria automotriz –esta industria, por ejemplo, en Alemania, representa el 15 por ciento de la mano de obra. De hecho, en una respuesta tardía que busca ponerse a tiro respecto de la industria de la electromovilidad, Volkswagen anunció ahora que va a montar una fábrica de baterías de litio en la propia Alemania. Creo que es un ejemplo bastante gráfico del modo en que se están viviendo estas tensiones interimperiales a causa de la competencia por patrones industriales de punta.

Camila: Yo tengo una visión algo distinta de los movimientos que vienen listos, con logotipos, slogans, etc. En especial, lo que me preocupa de estos movimientos, o más bien global brands, es su tendencia a hacer alianzas con actores empresariales, con el mundo corporativo (como las corporaciones del sistema B), a presentarse en el Foro de Davos (WEF), a hacerse eco de toda esa nueva onda del impact investment, de gobernanza ambiental y social (ESG). En esa línea, estoy investigando la financierización de las identidades y cómo, en vez de acrecentar las luchas y las demandas de cambios estructurales en el sistema, los movimientos incluyen en sus agendas los valores de las élites. En cierto punto, este es un tema tabú, está prohibido hacer críticas, como si estos movimientos estuvieran por encima del bien y del mal, como si fueran más puros justamente porque tienen causas globales –o porque la gran causa de ellos, tal vez, sea la globalización misma –. Hay una cultura muy compleja hoy día por la forma en cómo se manejan las redes sociales para callar el disenso o la provocación a pensar distinto. Pero me parece una responsabilidad intelectual básica enfrentar este tipo de cosas.

Para hablar de lo que está sucediendo en Brasil con el gobierno genocida de Bolsonaro: cuando se tensiona mucho a la derecha –que es una derecha alucinada, tal como es hoy en Brasil con Bolsonaro– también los extremos se mueven. Entonces, vemos a los pueblos indígenas en la Amazonia haciendo alianzas con empresas, bancos privados y grandes empresas de tecnología. Sí hay que buscar alternativas, pero hay de nuevo un cortocircuito con lo que está pasando en la comprensión de los procesos. Por ejemplo, proyectos de barrios populares en las favelas de Río de Janeiro que, a través de aplicaciones para teléfonos celulares, les permiten abrirse a los mercados financieros, como para que empresas y gente del Norte pueda “invertir” en el desarrollo de las comunidades. A mí me parece que este campo es arena movediza, como si se hubieran olvidado de qué es el mercado financiero y a qué intereses sirve. Y esto se da en el marco de lo que decía antes: es un momento en que los Estados están muy frágiles, bajo décadas de avance de la globalización y erosión de las culturas e identidades nacionales, y en muchos casos, incluso en proceso de disolución de sus soberanías e incorporación a nuevos imperios. Por eso, en este contexto, la lucha nacional popular sigue siendo fundamental.

Gerhard Dilger: Obviamente, hay muchas cosas para comentar. En principio, decir que desde la Fundación Rosa Luxemburgo nos encanta poder contribuir a esta conversación y a esta edición en español de Modo de vida imperial, el segundo libro de Ulrich Brand que impulsamos junto a Tinta Limón (el anterior fue Salidas del laberinto capitalista. Decrecimiento y postextractivismo, que Uli escribió junto con Alberto Acosta y al que se hizo referencia durante la conversación). Modo de vida imperial –cuya edición en alemán tuvo mucha repercusión, incluso llegó a estar en la lista de bestseller de Spiegel– es un libro pensado desde el Norte global, pero, como suele decir Uli, desde una perspectiva internacionalista. La gran importancia de estos libros radica en que facilitan un diálogo Norte-Sur y Sur-Norte, del cual se habla mucho, pero poco se hace.

Una cosa que me pareció interesante en esta conversación es la idea de Bruno de que el desafío de los movimientos sociales, aquí y allá, es el de tener incidencia política. O sea, hablar con la gente. Hablar con la gente en el lenguaje que entiendan. Es un poco lo que la izquierda en Alemania no está consiguiendo. Tenemos una crisis del sistema político múltiple, todo lo que sabemos. Y Die Linke, la izquierda en Alemania, sigue con su 8 o 10 por ciento de siempre. O sea, ¿qué está faltando para que la fuerza de los movimientos se traduzca en fuerza política? Creo que tiene que ver con nuestro lenguaje muchas veces, nuestra falta de conexión con lo que la gente en la calle entiende, piensa y siente.

Finalmente, creo que es muy importante hacer énfasis sobre el modo de vida solidario al que aspiran los autores. Quizá la pandemia que estamos transitando sea una ventana de oportunidad, en ese sentido, de transformaciones múltiples con actores múltiples. Y a un ritmo más rápido del que, tal vez, imaginábamos hasta ahora. Porque la irrupción de la pandemia hizo evidente la crisis global y su poder disruptivo de muchas lógicas que habíamos naturalizado. No sé si es ser demasiado optimista, pero en algún momento creo que podríamos avanzar en este camino hacia un buen vivir para todxs. Creo que ahora, en los próximos años, algo va a pasar: ese es mi optimismo de la voluntad.

Ulrich: Bueno, no entramos tanto al debate de las alternativas, pero yo quisiera hacer un comentario breve respecto de la cuestión del ingreso universal. Me parece una buena propuesta porque permite repensar la división social de trabajo: ¿qué significa trabajo y cómo se financia? Porque hay un ingreso universal bien neoliberal. Por ejemplo, el proyecto de renta básica universal que se experimentó, y en cierto punto fracasó, en Finlandia implicaba el desmantelamiento del Estado de Bienestar. Se decía: “Ok, tú tienes tu cuota, tú tienes tu plata”, pero a costa de desmantelar el Estado social que te asegura que, ante una situación de crisis en tu vida, hay a quien recurrir, algo que aún en muchos países de Europa sigue funcionando.

La otra cuestión que no hay que olvidar –y que es una lucha fuerte en Europa– es discutir qué significa el trabajo asalariado. Dentro de los sindicatos hay un concepto que se llama “buen trabajo”: ¿bajo qué condiciones se trabaja?, ¿con qué ingresos?, ¿con qué nivel de seguridad? Muchos de los que promueven la idea del ingreso universal suelen enfocarse solo en esta idea, como si fuera el principio fundamental a partir del que se puede cambiar la sociedad. Pero olvidan qué significa el Estado de Bienestar y olvidan el mundo del trabajo asalariado. Por supuesto, esto hay que vincularlo con el trabajo no-asalariado, el trabajo del cuidado, con la división social del trabajo patriarcal y racista.

Para terminar, Bruno mencionaba a Walter Benjamin. Él utilizaba metáforas vinculadas a la navegación para pensar el campo epistémico-conceptual. Y decía que a la hora de pensar e investigar, a la hora de producir conceptos, se trata de direccionar bien la vela a fin de poder capturar los vientos de la historia. Lo decisivo, decía, no es tanto disponer de velas, sino saber colocarlas. En ese mismo sentido, nuestro deseo es proponer el concepto de modo de vida imperial como un aporte para entender mejor el mundo y sus problemas, así como las dinámicas y alternativas sociales de emancipación. De este modo, esperamos que el libro que aquí estamos presentando en su edición en español ayude a orientar las velas y nos permita navegar juntos.

Tinta Limón
Flores, Buenos Aires, abril de 2021


[1] Gabriela Massuh nació en Tucumán, estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y se doctoró en Filología en la Universidad de Erlangen-Nürnberg. Es escritora, editora, traductora, docente y activa promotora cultural. Dirigió durante más de dos décadas el departamento de cultura del Instituto Goethe de Buenos Aires y fundó la editorial Mardulce. Entre sus libros publicados se encuentra el ensayo El robo de Buenos Aires. La trama de corrupción, ineficiencia y negocios que le arrebató la ciudad a sus habitantes (2014) y las novelas La omisión (2012), Desmonte (2015), La intemperie (2018) y Degüello (2019).

[2] Bruno Fornillo es Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y en Geopolítica por la Universidad de París 8; investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina e integra el Instituto de Estudios sobre América Latina y el Caribe de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Publicó Sudamérica Futuro. China global, transición energética y posdesarrollo (Clacso-El Colectivo, 2016) y coordinó la publicación de Litio en Sudamérica. Geopolítica, energía y territorios (Clacso-IEALC-El Colectivo, 2019).

[3] Camila Moreno estudió filosofía y derecho; es Doctora en Sociología por la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro (UFRRJ). Actualmente hace investigación de post-doctorado (2019-2024) en la Universidad Humboldt, Berlín. Es autora de Brasil made in China: para pensar as configurações do capitalismo contemporâneo (Fundação Rosa Luxemburgo, São Paulo, 2015) y La Métrica del Carbono: ¿el CO2 como medida de todas las cosas? (Fundación Heinrich Böll, México, 2016). Sigue desde 2008 las negociaciones internacionales sobre el clima.

[4] Ulrich Brand & Markus Wissen, Modo de vida imperial: sobre a exploração de seres humanos e da natureza no capitalismo global, San Pablo, Elefante Editora, 2021.

[5] Ulrich Brand y Alberto Acosta, Salidas del laberinto capitalista. Decrecimiento y postextractivismo. Buenos Aires, Tinta Limón y Fundación Rosa Luxemburgo, 2017.

 

 

 

El pasado jueves 18 de marzo, se llevó a cabo en la sede de la Oficina Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo en Buenos Aires la charla “La Comuna de París, vista desde el Sur”, en el marco del 150 aniversario de la misma.

Camila Parodi

De la actividad participó el sociólogo y ensayista Alejandro Horowicz en diálogo con la periodista Verónica Ocvirk y el director de la oficina Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo, Gerhard Dilger, con la moderación de la locutora Silvana Avellaneda. A su vez, esta propuesta contó con las reflexiones de la activista, educadora popular y luchadora de la Comuna de París Louise Michel a través de la lectura de la educadora francesa Frédérique Duchemin.

Ciertamente la Comuna de París representa uno de los acontecimientos populares y revolucionarios más importantes de la modernidad. Sin embargo, en lo que respecta a nuestra región, este hecho histórico muchas veces es desconocido. ¿Cuáles son los aportes de la Comuna de París a 150 años de su comienzo? ¿Qué implica esta experiencia popular en el siglo XXI? ¿Cómo podemos vincularla con los procesos populares y feministas de América Latina y el Caribe? Estos son algunos de los interrogantes que se abordaron a lo largo de la charla.

«Ninguno de los acontecimientos actuales pueden ser pensados sin el antecedente de la Revolución Rusa y de la Comuna de París, por ende del socialismo», afirmó el sociólogo Alejandro Horowicz, al comenzar el intercambio. Las experiencias de organización popular así como de asamblea y formación de la clase trabajadora llevadas a cabo a lo largo de los 71 días del proceso de Comuna evidencian el comienzo de un continuum de prácticas y proyectos emancipatorios frente a los procesos mercantilistas, capitalistas y coloniales llevados a cabo por la burguesía europea en el mundo.

«Nadie puede imaginar que esos conceptos de libertad, igualdad y fraternidad terminaron siendo la libertad mercantil»,  sostuvo el ensayista, al relacionar los principios de la Revolución Francesa encabezada por la burguesía francesa en el año 1789. «La Francia de la Revolución es también la Francia del colonialismo», y fue justamente contra ese proceso de desigualdad de clases que se rebeló la Comuna de París. En ese marco, Horowicz aseguró que con la Comuna de París «un grupo de patriotas populares decidió defender lo que la burguesía no defendía: la patria». Para él, se trata de una «conquista popular de autodeterminación del gobierno y por eso su relevancia en la actualidad».

La situación de las y los trabajadores y artesanos a mediados del siglo XIX para Horowicz era atroz, por eso la importancia de esta rebelión proletaria. «Las condiciones objetivas y de vida de los sectores populares eran hostiles, por lo que había muchas necesidades de una revolución como lo fue la Comuna de París», concluyó.

Si pensamos en la Comuna de París desde la actualidad, la perspectiva feminista a la hora de analizar los procesos históricos no puede faltar. Ciertamente la experiencia popular implementada en el año 1871 fue muy distinta a la imaginada desde este contexto. Sin embargo, el cambio de enfoque realizado desde la propuesta de la Comuna de París donde las oprimidas y oprimidos por el sistema capitalista y colonial asumieron un protagonismo social y político, representa una primera ruptura. «Para el patriarcado, una mujer nunca es otra cosa que una sometida, y el horizonte de la Comuna de París no era más que el cambio de los sometidos», afirmó Alejandro Horowicz. Por su parte, Gerhard Dilger, continuó: «las mujeres estuvieron muy presentes en la lucha, en las bases y en los consejos, si bien no había igualdad». En ese mismo sentido, aseguró que el papel de las mujeres y disidencias en el proceso popular de la Comuna de París muchas veces no es conocido por los límites propios de las disciplinas sociales hegemónicas que reproducen concepciones de desigualdad a favor de las burguesías como del patriarcado.

En ese marco, dar a conocer la figura de la educadora popular y escritora anarquista Louise Michel nos acerca a este dilema. Al respecto explicó Horowicz, «fue una mujer extremadamente preparada, era hija de aristócrata y de una mucama. Fue una educadora popular que se dedicó a abrir cabezas así como también a entender las propias limitaciones de la Comuna». Por eso, desde la perspectiva de Louise Michel, así como desde la Comuna de París, no se trataría de «tomar la maquinaria, sino de destruirla, al igual que el Estado».

Al respecto, la educadora Frédérique Duchemin, que participó de la charla de manera virtual desde Francia, se propuso compartir las reflexiones de Louise Michel. Aseguró que se trata de «una figura histórica muy popular en Francia, incluso admirada por quienes no comparten sus ideas, está presente en las calles, escuelas, plazas de todo el país». A continuación, compartió algunas reflexiones escritas en el libro «La Comuna de París: historia y recuerdos», del año 1886:

Francia despertaba, hoy es el mundo. Mientras el imperio se aferraba a todo, avanzando contra cualquier pueblo que quería ser libre, los ciudadanos tuvieron que elegir entre dos proyectos: por un lado, estaba la esclavitud, la asfixia de la justicia y la inteligencia, trabajar para los explotadores; por el otro, la reivindicación de los Derechos Humanos, el pueblo eligiendo su destino, la inteligencia castigando a la astucia y la estupidez (…) Si algún poder podría haber hecho algo en ese momento, habría sido la Comuna: compuesta por un pueblo inteligente, valiente y de una honestidad increíble (…) Tu triunfo será el triunfo de todos los pueblos, un mundo que se levanta de los escombros.

Sobre esta experiencia situada, explicó Alejandro Horowicz que «la Comuna de París es una invención de la sociedad francesa, situada en su historia» y añadió que «Marx reescribe el manifiesto porque lo hace la misma Comuna». En ese sentido, repensar a la Comuna desde el sur amerita una lectura contextualizada.

La periodista Verónica Ocvirk preguntó junto a las y los presentes cuál sería la experiencia de nuestra región más cercana a la Comuna. Por su parte, Gerhard Dilger sostuvo que la experiencia del pueblo chileno tiene prácticas similares a las descritas anteriormente. «La acción chilena no es concertada por partidos y nos permite entender que la acción popular no puede ser reemplazada. Sin acción popular no hay política», manifestó a continuación Alejandro Horowicz y reafirmó: «El capitalismo es una peste y nos va a llevar puestos si no le ponemos fin. En estas condiciones, el optimismo se tiene que centrar en la masividad popular y se tiene que enfocar en nuestras decisiones cotidianas».

Fotos: Lucía Fernández Ares

¡Atlas de las migraciones completo!

Compartimos las ocho entregas del Atlas de las migraciones, el resultado de una nueva cooperación entre la Fundación Rosa Luxemburgo y Le Monde diplomatique – Edición Cono Sur. Adaptado de la versión original alemana, y con el agregado de artículos locales para ampliar la perspectiva latinoamericana, el Atlas de las migraciones se propone contextualizar la agenda migrante nacional en el espacio global y en el tiempo histórico.

Millones de migrantes viven situaciones más dramáticas que nunca debido al impacto de la pandemia. Sin embargo, esta es también una época de solidaridad reforzada en todo el planeta. Es en este espíritu que les proponemos este nuevo material.

Contenido:

1- «Parte de nuestra historia»
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2 – «¿Por qué las personas deciden migrar?»
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3 –  «Supervivencias»

4 – “En busca de empleo”

5 –  “Mujeres y diversidades migrantes”

6 – «Las fallidas políticas migratorias europeas»

7 –  «Persecución, intolerancia y desigualdad»

8 – «Una cuestión de derechos»

Para descargar ingresa aquí.

Rosa Luxemburgo es uno de los íconos del movimiento socialista. Y una de las pocas mujeres, tal vez la única, cuyo papel esencial en el socialismo no se cuestiona. Autora brillante y teórica lúcida, oradora apasionada y política comprometida, camarada combativa y cronista de prosa lírica, su legado impresiona todavía hoy. Personifica una postura en la que la determinación en la lucha política y la “humanidad más altruista” van de la mano.

Luxemburgo no solo da nombre a nuestra fundación; también es la inspiración de esta revista. La forma en la que vivía la reciprocidad entre teoría y práctica, entre análisis y cambio, entre estrategia y acción efectiva es el fundamento del que surge la perspectiva de Luxemburgo y el proyecto de izquierda del que esta revista forma parte y para el que quiere ser un instrumento de debate.

A más de cien años de su asesinato, apenas queda nadie que no sepa quién fue Luxemburgo y que no conozca alguna de sus célebres citas. Sin embargo, en los contextos de izquierda no se suele profundizar en su obra, raramente hay círculos de lectura y su interpretación es a menudo superficial. Algunas de sus afirmaciones, como “la libertad de los que piensan diferente”, han pasado, expropiadas, al discurso político más convencional y se ha falseado su significado para atacar al socialismo.

En esta edición (con motivo de los cien años de su asesinato) queremos dar vida al pensamiento y la obra de Luxemburgo. ¿Cómo podemos usarlos para lidiar con los desafíos actuales, hacer frente a la amenaza de la derecha, a la profunda crisis de lo político y a la enorme debilidad de la izquierda? ¿Cómo entendía Luxemburgo la relación entre el partido y el movimiento? ¿Cuál era su opinión sobre el internacionalismo? ¿Era feminista? ¿O cómo podemos referirnos a ella desde el feminismo de izquierdas?

Tanto en el juego político como en las luchas más importantes, hoy en día mucha gente se pregunta qué hubiera dicho Luxemburgo al respecto. ¿Cómo se enfrentó a la contradicción entre reforma y revolución? ¿Y qué podemos aprender de ella sobre la organización como cuestión fundamental?

Luxemburgo es nuestro modelo a seguir; tanto en su firme convicción de que la sociedad puede y debe cambiar, como en su confianza, pese a las derrotas políticas, para creer en un futuro de emancipación radical: ¡Fui, soy y SERÉ!

 

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Por María Moreno para Página 12

 

A la memoria de Cartulina

 

En la cárcel de Poznan–Wronki, Polonia, escribe que se siente feliz porque, luego de mucho insistir, le han comprado una pequeña regadera y, aunque deba caminar hasta el estanque para llenarla al menos una docena de veces y así dejar regados en su totalidad los jacintos azules que le han permitido cultivar. Escribe también que ha logrado liberar de entre las rejas la que considera la primer avispa del verano “joven y delgada” cuando zumbaba aturdida contra los vidrios sin encontrar las hojas abiertas de la ventana de su celda. Y para escribir, amén de la única pluma y el papel restringido, Rosa Luxemburgo se las arregla con una silla y una madera empotrada en la pared. Al tiempo limitado del cautiverio suele oponerle la libertad del tiempo que hace : bajo la lluvia torrencial y sin paraguas (aclara como si obtenerlo fuera posible al igual que obtuvo la regadera), con su viejo sombrero y envuelta en la capa de la abuela Kautsky (la madre de Karl, dirigente de la Segunda Internacional) , escribe que vaga por el jardín seguida por un pequeño pájaro carbonero que seguramente se refugia bajo su silueta oscura de las gotas de agua y del viento (Con esa imagen Margaret Von Trotta elije comenzar su película Rosa Luxemburgo). Puede que no quiera preocupar a su amante y camarada Hans Diefenbach haciéndole un cuento de flores y de pájaros por correspondencia pero ese cuento que conserva, aún libre y en medio de los más arduos debates ideológicos y avatares políticos –cuando llegan a llamarla “perra rabiosa” o le adjudiquen chorros de veneno sin argumentos– hace pensar que la revolución no es incompatible con una voluntad de felicidad que sólo se encuentra en armonía con la naturaleza y sus criaturas. Para ella “sentirse bien” es casi una obligación militante. En cada prisión, ya sea por insultar al emperador, su militancia clandestina, la antimilitarista, o por ser considerada un peligro para la seguridad pública, prohibido el horizonte, la libertad le suele entrar por los oídos: En Poznan-Wronki, a través del sonido monótono del sacudir de una alfombra que alguna guardiacárceles soltera o tal vez viuda, desea mantener limpia en un cuarto que acostumbra ocupar poco. En Zwickau, es el cuac cuac de los patos que le recuerdan el origen de algún mundo. En Alexanderplatz, donde la noche comienza a las cinco y treinta, es el trepidar de los trenes de cercanías que le impiden dormir hasta que los acalla con su propia voz cantando una área de Las bodas de Figaro, más tarde el grito de alguien que ordena recogerse en la casa a una niña que canta y baila escapándose –puede imaginarla– hasta que sus protestas se apagan hasta el día siguiente. Y lo más conmovedor: en Barnimstrabe, las luces se apagan a las nueve de la noche; a esa hora o unos minutos después un bebé rompe a llorar con esa clásica progresión de vagido in crescendo que, bajo el propio estímulo, suele conducir al aullido vivo. A las diez en punto se oye la voz impaciente de la madre , unos golpecitos no muy fuertes , al mismo tiempo de castigo y de consuelo, y se hace el silencio. “Creeme, Hänschen –le escribe Rosa a Hans Diefenbach–, ese anticuado método para resolver los problemas de la existencia también hizo maravillas en mi alma a través de las palmaditas en el trasero del bebé. Mis nervios se relajaron inmediatamente junto con los del niño y me dormí cada vez simultáneamente con él”.

Estas imágenes poderosas, de radiante vitalidad en medio de toda tiniebla pertenecen al libro Dime cuando vienes, cartas de amor, 1893-1917 de Rosa Luxemburgo que publicó la editorial Banda Propia con prólogo de Diamela Eltit y traducción y selección de Angelo Narváez León. Los corresponsales son Leo Jogiches, Kostja Zetkin, Paul Levi y Hans Diefenbach, amantes, camaradas, “cuadros”, aunque la retórica amorosa los condene a los diminutivos “Niuniu”, ”Bub”, ”Bobus”, “Bub”, “Kukuchna”, ”Ciucia”, “Dziodzio”. Sólo las cartas escritas en prisión deben reprimir esas jocosidades retóricas privadas. Allí, en ausencia de la gata Mimi, especie de compañía y proyección de sí misma (“Ayer por la tarde hizo esto; la estaba buscando por las habitaciones, pero no la encontraba en ninguna parte. Comencé a preocuparme y luego la descubrí en mi cama. Acostada de tal modo que la cubierta quedaba bien colocada justo debajo de su mentón, con la cabeza sobre la almohada de la misma manera en que yo me acuesto”), presencia tan asidua en las cartas como la de un Karl Kauski o una Clara Zetkin, es preciso desdoblarse en lo que la imaginación provee a la lucha que no cesa.

Bolche y felina

Con esa compañía peluda, suele compartir efusiones. “Te beso. Y Mimi también lo hace” y depositar en ella la nostalgia: ”Mimi te buscó en el pasillo y en la habitación, luego me miró inquisitivamente con un prrr”. Y cuando cuenta “Mimi es una sinvergüenza. Saltó hacia mí desde el suelo e intentó morderme. “Parece estar refiriéndose a su propia oscuridad, fácilmente mutable en una violencia que sería necesario deponer». Y, luego de separarse del joven Kostja Zetkin, le escribe , al parecer sin humor pero también sin rencor que se lo comunicará a Mimi: ”Le diré a la pequeña Mimi que ahora estamos solas y la besaré”.

Cuando describe a la gata revolcándose en la alfombra, olisqueando las flores frescas del florero, o bebiendo en dos patas el agua de la canilla, parece retratar su propia voluptuosidad ante lo que la vida ofrece sin la forma de la mercancía. Será por eso que al leer en Mimi, suele hacerlo despojándola de su naturaleza y entonces escribe como al pasar ”Mimi estuvo aullando por dos días y noches seguidas, lo que me puso muy nerviosa. También se puso débil y delgada, pero ahora ya está mejor, hoy incluso jugó un poco conmigo. Pobre querida Mimi”. Hubiera sido sencillo reconocer en ese malestar pasajero pero insistente, el cíclico celo.

Lucía F. Ares

El dos de abril de 1911, Vladimir Ilich Uliánov visita e Rosa Luxemburgo en su habitación de Berlín: ”Hace calor aquí, incluso está algo templado ya por completo primaveral ¡Pobre Mimi, siempre haciendo prrr! Impresionó tremendamente a Lenin, que dijo que solo en Siberia había visto una criatura tan magnífica, dijo que ella era una gata majestuosa. Ella también coqueteó con él, rodó sobre su espalda y se comportó seductoramente, pero cuando intentó acercarse a ella, lo golpeó con una pata y gruñó como un tigre”.

Claro que la gata no había tomando ningún partido. Ignoraba que ese hombre se había embelesado tempranamente con La cabaña del tío Tom, novelón paternalista sobre la esclavitud a través del sometimiento bonachón como valor, mientras que su Humana , formaba parte de un grupo que lleva el nombre del quien levantó en arma a los esclavos romanos. Aunque la escena podría llamarse como una de las obras de la víctima: Un paso adelante, dos pasos atrás. Es que una gata no es nunca una afiliada. Tampoco sabe de “centralismo” salvo de sí misma. Su internacional está dada y consta de una suma de individuos sin alianzas más que el turno en el callejón o el incremento de la temperatura por contacto y cuya lengua es única aunque etiólogos positivistas han pretendido encontrar en los maullidos de cada país, resonancias de las lenguas humanas que se hablan en el mismo. Si Mimi levantó la cola, mostró el ano recién límpio y se refregó ronroneando en esa camisa abotonada hasta el cuello es porque buscaba marcarla con sus feromonas y no demostrar cariño a su portador.

En una de las últimas cartas dirigidas a Hans Diefenbach Rosa Luxemburgo parece aludir a una metáfora adonde, como siempre, no puede faltar Mimi: “Mi residencia en Sudende , como sabes, es como una linterna expuesta al sol en todas las direcciones, que por las horas de la mañana adquiere forma de una manera muy encantadora. Después del desayuno solía tomar el prisma de cristal que dejaba sobre el escritorio como pisapapeles y con sus innumerables ángulos y facetas, lo ponía a la luz del sol para que los rayos se dispersaran de inmediato sobre el piso y las paredes en cientos de pequeñas salpicaduras de luz arco iris. Mimi mantenía fascinada la vista en este juego, especialmente cuando movía el prisma y lograba que los brillantes colores se lanzaran bailando de aquí para allá . Al principio corría y saltaba alto para atraparlos, pero pronto deducía que no había nada ahí, que eran solo una ilusión óptica y luego seguía mirando el baile con sus pequeños ojos alegres sin agitarse“. Era una ilusión que se conduce mediante la voluntad, bajo un principio científico, un movimiento que es el de bailar y que tiene el color del arco iris… como una revolución.

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Mira aquí la presentación del libro en vivo:

Compartimos la octava y última entrega del Atlas de las migraciones, el resultado de una nueva cooperación entre la Fundación Rosa Luxemburgo y el Dipló. Adaptado de la versión original alemana, y con el agregado de artículos locales para ampliar la perspectiva latinoamericana, el Atlas de las migraciones se propone contextualizar la agenda migrante nacional en el espacio global y en el tiempo histórico.

Millones de migrantes viven situaciones más dramáticas que nunca debido al impacto de la pandemia. Sin embargo, esta es también una época de solidaridad reforzada en todo el planeta. Es en este espíritu que les proponemos este nuevo material.

Descargue aquí el suplemento número 8 del “Atlas de las migraciones”: Una cuestión de derechos.

AFP

Por Hugo Dufrechou para Brecha

La Ley de Urgente Consideración tenía entre sus artículos los mecanismos para echar a andar una reforma de la seguridad social, que en términos más específicos será una modificación del sistema previsional. El proceso comenzará con la conformación de una comisión de expertos que discutirá las diferentes opciones para realizar la reforma y será presidida por el exdirector del Banco de Previsión Social (BPS) Rodolfo Saldain.

La presión por llevar a cabo una reforma en el aparato institucional previsional no es tanto por la situación presente del sistema como por la de su mediano plazo, y está vinculada a la posibilidad de ser sostenible financieramente (esto es, que los ingresos financieros igualen o tengan una relación muy cercana a los gastos). Las formas que pueden adoptar las reformas previsionales son dos: modificando algunos parámetros dentro de la misma estructura, como las edades mínimas que se precisan para el retiro o los años de trabajo registrados necesarios para jubilarse (llamada reforma paramétrica), o modificando la estructura del sistema, por ejemplo, creando nuevos esquemas jubilatorios que sustituyan los viejos (llamada reforma estructural).

Ante esta situación, existen varias propuestas sobre las que merece la pena comentar, pero comenzaremos discutiendo una desarrollada ampliamente por Saldain,1 dada la importancia que tendrá en la nueva comisión. Su propuesta consiste en la generación de un sistema con cinco pilares. Uno que sea para las pensiones no contributivas a la vejez; el segundo, una versión modificada del actual sistema de reparto del BPS; el tercero, un potenciado esquema de capitalización individual, como el régimen de las Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional (AFAP); el cuarto, un particular mecanismo de ahorro voluntario a través de regímenes de capitalización individual o colectiva vinculada a las profesiones, y el quinto, una opción para generar mecanismos de renta diferentes, como puede ser a través de hipotecas para personas retiradas.

Similar a la que proponen Holzmann, Hinz y Dorfman para un informe del Banco Mundial en 2008,2 la iniciativa de Saldain, en el pilar de reparto, sugiere: aumentar la edad mínima de jubilación; aumentar los años de cómputo para el cálculo del salario básico jubilatorio (SBJ), que al día de hoy se define como los últimos diez años o el promedio de los mejores 20; bajar las tasas de reemplazo (o trasladar las actuales para 60 años de edad, a efectos de que sean las mismas cuando se cumplan 65); reducir el régimen de bonificaciones en las jubilaciones y modificar las tasas de reemplazo en el régimen de jubilación por discapacidad, del que, como se plantea en un documento de la representación empresarial al BPS, «se debería reestudiar el decreto que establece la asignación de baremo a la luz de la realidad actual, dado que la farmacología permite minimizar el impacto de determinadas patologías frente a la real imposibilidad de trabajar».3

Las consecuencias de estas modificaciones implican que el trabajador o la trabajadora deba trabajar formalmente mayor cantidad de años para acceder al derecho a la jubilación común. Suponiendo que se eleve la edad mínima para jubilarse a 65 años, y que se trasladen las tasas de reemplazo en el tiempo, es previsible que las edades de retiro promedio superen los 65 años (hoy la edad mínima para jubilarse son 60 años, pero la edad promedio a la que se jubilan las personas es 62,7 años).4

Por otro lado, si se aumentan los años de cómputo para el cálculo del SBJ, y al mismo tiempo se persigue el objetivo de reducir los incentivos a la subdeclaración de salarios al BPS durante una parte de la vida laboral (reduciendo así los ingresos financieros del sistema), se genera un efecto negativo que disminuye el SBJ y con él las jubilaciones.

En el pilar de capitalización se propone bajar el tope de ingresos para el aporte obligatorio a las AFAP y, además, generar un nuevo fondo de acumulación destinado al ahorro de los trabajadores más jóvenes, que pueda invertirse en instrumentos financieros más riesgosos. Por lo tanto, esta modificación amplía el régimen de capitalización individual a costa de una reducción en el régimen de reparto. Por otro lado, buscando mayores retornos en las inversiones de los ahorros previsionales, expone a una parte de la cartera a mayor riesgo. La experiencia internacional5 recomienda ser muy cautos con esto, dado que en situaciones de crisis financieras (como en 2008) el resultado de tal exposición resultó en bajas rentabilidades y rentas vitalicias muy reducidas.

«Ante este panorama, es necesario generar las condiciones para un real debate social hacia una reforma que consiga la sostenibilidad del sistema previsional, pero no a costa de las personas que tiene que proteger.»

El cuarto pilar de la propuesta supone que, por default, el trabajador o la trabajadora ahorren «voluntariamente», lo que se asemejaría a un aumento en la tasa de cotización personal, de no mediar un trámite para que el monto de lo ahorrado no vaya a ese fondo. En los sistemas previsionales liberales son comunes los regímenes de capitalización colectiva vinculados a profesiones o lugares de trabajo. En esos regímenes, a diferencia de la capitalización individual, los ahorros de las personas se juntan y al momento del retiro no sólo se tienen en cuenta las rentabilidades de las inversiones, sino también parámetros actuariales que viabilicen la continuidad del fondo.

Pero este tipo de esquemas reviste algunas particularidades que generan consecuencias muy importantes, dado que hace más difusa la división entre clases sociales y transforma a trabajadores en capitalistas. Como sus ingresos futuros serán determinados por la rentabilidad de las inversiones de sus ahorros previsionales, los trabajadores tienen todos los incentivos para intentar maximizar sus ganancias, asumiendo las contradicciones que eso supone, como favorecer la explotación de otros trabajadores o trabajadoras.

Como ejemplo de esto viene al caso la privatización de servicios públicos y bienes comunes en Chile, donde las tres empresas más grandes de agua tienen como inversionista mayoritario a la administradora de fondos de pensiones de los profesores de Ontario (Canadá). En otras palabras, la privatización de bienes comunes, la pérdida de soberanía y sus consecuencias ambientales son funcionales a la rentabilidad de las jubilaciones en Canadá. Por lo tanto, este mecanismo no está lejos de instalar en el movimiento de trabajadores contradicciones realmente muy fuertes que atenten contra las posibilidades de elaborar respuestas solidarias a problemas comunes.

Como puede inferirse del análisis anterior, estas propuestas están destinadas a endurecer las condiciones para acceder a una jubilación y a restringir la generosidad del sistema. Este tipo de orientación de reforma históricamente ha significado bajas en otra de las dimensiones importantes del sistema: la cobertura y la suficiencia de las prestaciones,6 elementos imprescindibles para contar con un bajo nivel de pobreza entre la población adulta mayor.

Ante este panorama, es necesario generar las condiciones para un real debate social hacia una reforma que consiga la sostenibilidad del sistema previsional, pero no a costa de las personas a las que tiene que proteger.

 

Hugo Dufrechou es Economista, integrante de Cooperativa Comuna.

1.  Saldain, Rodolfo (2020). La era de los nuevos viejos. Longevidad, trabajo y jubilación en el siglo XXI.

2. Holzmann, Robert; Hinz Paul, Richard,  y Dorfman, Mark (2008). Pension Systems and Reform Conceptual Framework.Banco Mundial, Discussion Paper 0824.

3. Saldain, Rodolfo (coord.) (2019). El futuro del trabajo y el impacto en la seguridad social.Representación empresarial, Banco de Previsión Social, pág. 188.

4. Centro de Estudios Fiscales (2018). Tasas de reemplazo del Sistema Previsional Mixto.

5. Organización Internacional del Trabajo (2019). La reversión de la privatización de las pensiones: Reconstruyendo los sistemas públicos de pensiones en los países de Europa Oriental y América Latina (2000-2018).Extensión de la Seguridad Social-Documento de trabajo número 63.

6. Arenas de Mesa, Alberto (2019). Los sistemas de pensiones en la encrucijada. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Libros de la CEPAL, número 159.

La izquierda diario Uruguay

Entrevista publicada en La izquierda diario Uruguay

LID: Estamos con Gustavo González, Secretario General de la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM). Antes que nada queremos preguntar porque el 24 de mayo fue el 50 aniversario de la Federación. ¿Qué es lo que representa FUCVAM en todos estos 50 años?

GG: FUCVAM es una organización nacida en el movimiento obrero y por lo tanto sus 50 años han sido de propuesta, de protesta y de lucha.

El problema de la vivienda en el sistema capitalista es un problema sin solución, es un problema estructural, donde en los distintos períodos transitados a lo largo de 50 años siempre ha tenido distintas luchas.

Podemos colocar algunos ejes fundamentales: uno es la lucha por la tierra urbana, el otro es los préstamos para las cooperativas; y lo otro es al querer resolver el problema de la vivienda, no se puede resolver sin la financiación estatal, entonces en ese marco siempre estamos en lucha con la voluntad política o no, que tengan los gobiernos para otorgar los préstamos De allí que fueron 50 años de lucha ininterrumpidos.

Vivimos todo lo que han vivido las organizaciones populares en el período de la dictadura, que ya se sabe. Y en los períodos democráticos también hemos dado la lucha absolutamente con todos los gobiernos.

Porque el problema de la vivienda siempre tiende a polarizar la lucha de clases, en el sentido que hay una fuerte intervención de capital, sobre todo el capital de la construcción, que no le servimos nosotros, obviamente; y bueno, esas contradicciones se agravan en tanto y cuanto no nos otorgan préstamos, o hay problemas con el suelo, etcétera etc.

Entonces una forma de hacer síntesis sobre los 50 años es que es una organización ya consolidada, estamos hablando de que por ejemplo hoy un tercio de la población de la ciudad de Mercedes vive en cooperativas de vivienda. Es decir que para una población para la nuestra, le calculamos que en el modelo hoy habitan más de 150.000 personas, es mucha gente. Y a lo largo y ancho de todo el país, esta es otra característica de FUCVAM, que es un movimiento realmente que ha permeado a todos los departamentos del país, en más menos obviamente que donde hay concentración obrera, siempre se desarrolla más, por lo tanto el desarrollo mayor ha sido en Paysandú, después de Montevideo, en algunos tiempos en Salto, Juan Lacaze, la concentración obrera suma a la organización para la lucha por vivienda de los trabajadores, y por tanto es un movimiento que ha permeado a toda la sociedad.

Hoy a 50 años hemos expandido el modelo, FUCVAM en su declaración de principios se declara internacionalista, y hoy estamos en: Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Sri Lanka, Filipinas, Zambia, Malawi; es decir que hemos expandido nuestro modelo (con las características de cada país, con la cultura y la idiosincrasia de cada pueblo). Pero bueno, es el modelo nacido en Uruguay el que se está expandiendo.

LID: Esta semana hubo una movilización por el 2%, queremos que nos comentes que es ese famoso 2% que aparece pintado en todos lados, y por qué la protesta en el Ministerio de Vivienda (MVOT).

GG: El 2% tiene que ver con lo siguiente: nosotros desde que nacimos con la Ley Nacional de Vivienda, todas las cooperativas hemos amortizado al 2% de interés.

El legislador de la época entendió que no se podía lucrar con intereses y que el interés que se cobraba era mínimo (a los efectos de los costos financieros y administrativos del Estado). Estos sucesivos gobiernos lo han querido aumentar, siempre dimos la pelea, y en el 2008, la reglamentación que da lugar a los préstamos de las cooperativas aumentó el préstamo del 2% al 5,25%.

Entonces nosotros planteamos estar en contra, una Asamblea Nacional a principios del año 2019, que decretó tomar la medida de la huelga de pago unilateral por el 2%, es decir, nuestras cooperativas que están afectadas con la reglamentación 2008, estamos haciendo en forma autogestionaria los subsidios y demás de cada compañero y la cuota al 2%, eso lo llevamos a la Agencia Nacional de Vivienda, cuando estaba el gobierno del Frente Amplio no aceptaron el dinero planteando de que tenía que ser toda la cuota, y ahí labramos un acta con escribano y vamos a los juzgados de paz a hacer lo que se llama la anulación, es decir: pagamos en los juzgados de paz, depositamos a cuenta de la cooperativa a la cuenta que el juzgado de paz te marca una cuenta en el Banco República, y ahí la cooperativa lo deposita hasta que se levante el conflicto; cuando se va a levantar el conflicto, se levanta cuando nos den el 2%.

Ahora en los últimos días la Ministra de Vivienda -Irene Moreira- ha planteado que no es el 2% pero sería algo más, pero fuimos contundentes. Esto es un planteo de justicia, porque las nuevas generaciones cooperativistas han hecho la misma ayuda mutua que han hecho las cooperativas del 70, del 80 y del 90, no hay ninguna razón por la cual aumentar los intereses del préstamo; y por otro lado es que aumenta la cuota, por lo tanto nosotros seguimos manteniendo el 2%.

Y mañana la movilización el particular es otra movilización más que realizaremos por el 2% y los préstamos para las cooperativas de vivienda que esperan se les concedan el préstamo. Nosotros teníamos 16 cooperativos que ya tenían todos los deberes hechos, todo lo que pide el Estado ya estaba hecho, y le otorgaron solamente a 4 de FUCVAM, y por lo tanto las 12 quedaron ancladas.

Esa es la pelea de esa movilización, por el 2% y porque se le otorguen los préstamos a las cooperativas de vivienda.

LID: Una pregunta sobre la Ley de Presupuesto: ¿Qué es lo que plantea la ley respecto la vivienda?

GG: Bueno, acá estamos frente a una privatización de la vivienda, es decir toda esta historieta de armar un fideicomiso, es un gran negocio para las empresas constructoras, empresas constructoras que además tienen exoneraciones de todo tipo desde la mal llamada vivienda de interés social que ahora se llama ley de vivienda promovida. Y eso habilita que el capital de la construcción no pague absolutamente ningún impuesto, y quién paga en realidad es la gente, porque el Estado se prohíbe que entre mucho dinero por concepto de impuestos. Entonces se pregunta ¿por qué a la Cámara de la Construcción se le exonera esto? Se le exonera porque el gobierno es el capital, en definitiva.

La ley de presupuesto tiene recortes, un nuevo recorte, porque todos los ministerios tuvieron con el decreto 2020 de Arbeleche -Ministra de Economía y Finanzas- un recorte de 15%, ahora con el presupuesto viene más – menos un 17%, 17 y 15 es 32% y a eso tenés que sumar los puntos de inflación. Por lo tanto el problema de la vivienda no ha sido priorizado ni mucho menos, ya la propia ministra está declarando de que fue bastante infeliz en su declaración cuando dijo de que sí, que había hablado en las elecciones de construir 50.000 viviendas, pero fue una cifra nada más. Y que hoy se da cuenta que no va a poder cumplir con eso.

Entonces estamos frente a la restauración de un modelo neoliberal que prioriza a la empresa frente a la vivienda verdaderamente de interés social.

Para que ustedes tengan una idea, los cálculos que hicimos nosotros en el año 2019 eran ya de 1.170 millones de dólares exonerados al capital de la construcción ¡1.170 millones de dólares! para construir viviendas de 130.000 a 140.000 dólares a la cual ningún trabajador puede acceder; por lo tanto acá hay un traspaso del Estado burgués al capital, ese es el tema.

LID: ¿Respecto a la política de vivienda que está teniendo este gobierno, o por lo menos la que ustedes avizoran que se viene?

GG: En realidad es lo que decía, lo que está planteado acá es que el mercado y las empresas sean los que construyan. La vivienda de interés social real en todos los términos ya se está viendo recortada.

Este es un planteo que viene del Consenso de Washington, desde hace muchos años el Consenso de Washington planteó que el Estado debería desembarazarse del problema de la vivienda, y por lo tanto el mercado es el que debe regular a la vivienda en el país.

Entonces en ese marco el que queda desvalido es el trabajador y la trabajadora, es decir: ¿Quién puede tener hoy 130.000 dólares para comprar un vivienda?, no son los trabajadores precisamente.

Entonces en realidad no hay política de vivienda. Si uno tuviera que caracterizar y al decir que no hay, hay ¡al decir que no hay, hay!

LID: ¿Cómo sería esa jugarreta?

GG:
Hay una política de favorecería la industria de la construcción, bajo el verso de que la industria de la construcción es una palanca multiplicadora de fuentes de trabajo, etcétera; bueno pero este es el verso que han manifestado históricamente.

Fíjense, desde el Consenso de Washington han liquidado prácticamente a todos los bancos estatales de vivienda, y el déficit habitacional en Latinoamérica aumentó un 40%, quiere decir que es una estrategia de derrota para los trabajadores este tipo de política.

Después se habla de nuevas tecnologías, como si hubieran descubierto el agua tibia, nadie se opone a nuevas tecnologías, el problema es siempre los costos.
Y el otro tema que hay, yo les voy a dar un dato que les va a llamar la atención, fíjense: en 4.500 hectáreas hay 90 barrios privados, y en 2.600 hectáreas están todos los asentamientos de Montevideo. Es decir que el suelo (que es un bien inelástico, porque no son bananas que las comés y después crecen en el banano nuevamente) la tierra es la que hay, pero colinda siempre con el dinero. Entonces Montevideo, como todas las ciudades del sistema capitalista tienen un suelo segregado: si ustedes pueden ver, por ejemplo Avenida Italia hacia el mar, es un Montevideo, de Avenida Italia hacia otro lado es otro Montevideo. Entonces este discurso de que Montevideo es democrático, es mentira. Si el suelo no se democratiza es mentira: tenemos un campo de golf donde (no sé cuántos socios tiene) pongámosle que tenga 500 socios para jugar a la pelotita tienen el mejor suelo con vista al mar de Montevideo, o el Lawn Tennis de Carrasco que es municipal esta tierra también para jugar a la pelotita.

Entonces esta es la realidad, después si se quiere pintar de otra manera, bueno entonces de allí qué le queda a los pobres, a los pobres les queda la periferia. Y el sistema capitalista tiene tantas falacias que por ejemplo si vos agarrás un diario ves que te venden un apartamento con vista al mar, como si tuvieron la escritura del mar ¡y eso es lo come la gente y lo compra!

Entonces esto tiene que ver con todas las falacias de un sistema de en decadencia que ha demostrado que millones y millones de seres humanos se siguen muriendo de hambre y sin embargo se erigen en el modelo ideal. O por ejemplo con un Trump que llama a un golpe de Estado, pero no interviene la OEA, puede intervenir en Bolivia, en Uruguay (si un presidente de la república convocara a eso) pero a EEUU no.

Entonces esas son las reglas de juego del sistema y en el suelo es dónde se ve con mayor nitidez. Si ustedes ven las condiciones de la gente que viven en los asentamientos, viven en la periferia, es decir dónde te queda todo lejos, dónde hay menos ómnibus y además el ómnibus viene re lleno y le importa un carajo a las empresas de trasporte el pandemia, ponete el tapaboca y subite a un ómnibus, así vengan en un 103 apiñado de la Curva de Maroñas hasta el Centro.

Bueno, esta es la realidad y este es gran tema de cuánto debemos avanzar todavía para clarificar sobre las falacias de este sistema. Por ejemplo: la pandemia, estamos en plena pandemia, la industria de la construcción le dijo a Lacalle: pibe, tenemos que abrir las obras, y Lacalle hizo los mandados, abrió todas las obras y 50.000 trabajadores fueron a la construcción, nadie dijo nada. Los hacendados tienen que mostrar las vacas y los toros que tienen, abrieron el Prado y pueden entrar 15.000 personas, pero al Partido Comunista le meten una multa de 200.000 por alguien que no tenía un tapaboca en un acto. Esa es la realidad, todo lo demás es el Gran Hermano, es un Gran Hermano.

LID: Respecto a los más pobres, a los más oprimidos por este sistema cuál es la respuesta que se avizora, teniendo en cuenta de que en el gobierno de derecha son expertos en construir propuestas precarias y clientelismo político.

GG: El mundo está en una crisis, algunos analistas hablan de crisis civilizatoria también, yo no sé si es una crisis civilizatoria, lo que es claro que el sistema capitalista desde el 2008 no se recicla, no sale de su crisis. Por lo tanto es un sistema en descomposición, esto es lo que hay que ver. Entonces todos estos defensores de este sistema están defendiendo las bombas, las guerras, el hambre de África, de Asia, de centro América; es eso lo que se está defendiendo, todo lo demás es una falacia. Fíjense, el parlamento nacional está discutiendo la ley de presupuesto, pero hay un artículo en la ley de presupuesto que se aprobó que dice que el Poder Ejecutivo se arroga el derecho de que vote lo que vote el Poder Legislativo, se puede recortar; es decir, es un circo, un circo democrático con K: todos discuten, no sé qué, el presupuesto, bla bla, se aprobó; pero Arbeleche puede decir: mirá aprobaste 100 pesos pero te voy a dar 40 ¿por qué? Porque no llegué a las metas. Abarbeche es consciente que no va a llegar a las metas ¿en una crisis estructural del capitalismo cómo van a llegar a las metas? Ahora vienen por la Reforma Jubilatoria, pero no tocan la Caja Militar.

Entonces es tan grande el tema, pero bueno, hoy tienen los medios masivos de comunicación, la caja boba que está todo el día dando mensajes directo y algunos subliminales que alienan a la gente; entonces ves el bailando 2020, Tinelli, es la Tinellización de la sociedad el sistema, eso es el sistema. La gente compra, lamentablemente, por eso hay que dar mucho la lucha para esto.

Lo otro, el Ministro del Interior -Jorge Larrañaga- que dijo que iba a parar la violencia ciudadana, ¡es un delirio! La violencia ciudadana es funcional a un sistema injusto, yo viví 15 años en Centroamérica, metieron el Ejército en las calles 3 millones de veces, ha sido peor; la mano dura no resuelve el problema no lo resolvió ningún país del mundo y no lo van a resolver, por más que uno se diga que es guapo o no guapo, no es un problema de guapeza esto, es un problema estructural. El pibe que nace en un asentamiento, y se caga de hambre, y nace resentido porque no ve que puede vivir como otros niños, bueno después tenemos lo que tenemos. Entonces la violencia ciudadana es funcional al sistema y este ministerio no la va a terminar, no pudieron los gringos.

Fíjese una cosa, uno va a Nueva York, no podés entrar al Bronx, esto es muy interesante, al Bronx no podés entrar, ni la Policía entra al Bronx. Y es un paseo turístico, te llevan en un bus cerrado para ver cómo la gente está hecha mierda en el Bronx ¡ese es EEUU!; ese es el modelo, el mismo que mató a Floyd, que sigue siendo racista. ¿Cuál es la salida? Y bueno, la salida es cambiar este sistema, nadie tiene la varita mágica obviamente; si le ponés a esto que ha fracasado el socialismo real por la burocratización, bueno hoy el mundo está en un problema grande, muy grande, tiene que buscar salidas a esto, y se va a encontrar.

LID: Una pregunta en materia internacional, nosotros estuvimos cubriendo bastante la ocupación en Guernica, en Argentina. Ocurrió un operativo represivo y un desalojo totalmente bestial, queremos saber, teniendo en cuenta que FUCVAM emitió un comunicado sobre dicha represión: ¿Qué valoración personal se tiene? Además teniendo en cuenta que esta lucha por la vivienda digna y contra el poder del capital pasa frontera y también con un operativo que luego de dedicaron a estigmatizar y demonizar a los movimientos sociales y organizaciones que estaban acompañando a los compañeros de allá en Guernica.

GG: Nosotros nos solidarizamos, no solamente con Guernica sino con todo tema que tiene que ver con el derecho al suelo. Y ese tema lo tenemos en Uruguay también, andá a Santa Catalina, en Santa Catalina han hecho eso o peor ¿Por qué? Porque el sistema defiende a la propiedad privada frente al derecho a la necesidad.

Vos antes de ser uruguayo sós terrícola, antes de ser guatemalteco sós terrícola, algún pedazo te corresponde del planeta. Pero no, no te corresponde. Solo te dan la tierra para morir ¿cierto? Vos te morís… te entierran. Pero para vivir no, para vivir está primero el derecho a la propiedad, que al vivir. Además los compañeros de Santa Catalina no están pidiendo una estancia, ¿qué están pidiendo? Están pidiendo un pedazo de tierra donde vivir. Recuerden aquel cuento del sin techo que se había quedado sin techo, el tipo va caminando un día de lluvia con la mujer y los hijos, y pasa por el Cementerio del Norte y ve un tubular, abierto. Y entonces se meten con la familia, se ponen a descansar en el tubular, y él le dice a ella “que bien que viven los muertos”.

Así vive la gente y por eso la solidaridad con Guernica y con todos, que además todo el aparato represivo del Estado está al servicio de la propiedad privada. Todo, en todos los términos. Fíjense ahora la LUC, ¿a quién defiende? Al carnero. Una huelga obrera, hay una asamblea obrera, definimos ir a la huelga con ocupación, herramienta fundamental de lucha que no hay que tener miedo a decirle. Una ocupación de una fábrica es cuando los trabajadores dirimen quienes son los dueños, quienes son los que producen, entonces por eso el capital no quiere.

Si dejáramos a los capitalistas solos se mueren, son peor que un bebe recién nacido si lo dejamos en el medio de la calle, son zánganos de la sociedad. Entonces fíjense el presidente de la República dice que la palanca del desarrollo es la empresa, bueno para mí la palanca del desarrollo es el trabajo, que es el que produce la riqueza.

Bueno como decía Galeano el mundo está patas para arriba, entonces en ese marco el tema de Guernica, de Santa Catalina tiene que contar con toda la solidaridad de la gente. Nosotros hemos logrado llevar la propuesta a Santa Catalina, tenemos cuatro cooperativas, cuatro núcleos de cooperativas de vivienda que se armaron. Es decir si a la gente se le dan los instrumentos, la gente busca una salida ¿qué es lo terrible que está pidiendo Santa Catalina? Después fíjense una cosa, que “había narcos” que no sé qué, esto siempre es igual. Ahora resulta que los únicos narcos que cayeron en cana vivían en Punta del Este. Entonces ¿Por qué no hacen una operación de esas que hacen en Marconi, por qué no la van a hacer en Punta del Este? Había un italiano que no sé hace cuantos años vivía acá, la hija iba a un colegio privado, el otro mexicano también cayó, y el otro que se fue por la puerta de San José y Yi… Yo que estuve en cana también en San José y Yi, ¡es difícil salir de San José y Yi! ¿No? Cuando nos llevaron allá a cárcel central me acuerdo cuando la lucha contra la dictadura. Si salís es porque metiste mucha guita si te vas caminando, y bueno, pero los narcos grandes están ahí. ¿Ustedes creen que va a ocupar un terreno en Santa Catalina un narco? ¿Pero a quién se le ocurre? ¿Cierto? Pero bueno, esto es parte de la gran propaganda en defensa de la propiedad privada, ese es el eje.

LIDUY: Acerca de la LUC: ¿cómo la caracterizas? y ¿qué plantea la urgente ley de los ricos respecto a la vivienda?

GG: Bueno la LUC es una necesidad indispensable para poder timonear la crisis por parte del capital. La LUC tiene en su columna vertebral la liquidación de derechos. Y ha cometido una cantidad de cosas que hay que colocar. Lo primero, en plena pandemia se pone una Ley de Urgente Consideración de creo que quinientos y pico de artículos, donde nadie la puede discutir. Segundo hubo una mentira electoral, que nadie la dice acá, la Coalición Multicolor dijo que iba a haber una Ley de Urgente Consideración, punto. No dijo que iba a tener, lo dijo en enero y después la remó más y lo dijo en febrero. O sea que la gente lo que votó, que puede tener derecho a votar, bueno el gobierno va a meter una Ley de Urgente Consideración. Ahora resulta que después la ley no tiene ningún artículo de urgente consideración. Es una ley que tiene grandes visos de inconstitucionalidad, que exige al parlamento nacional en plena pandemia un tiempo, y hay que votarla y si no la votás queda votada. Hicieron una romería, yo me acuerdo una vez que estuve en Galicia, era una romería gallega aquello. Quince minutos te daban para poder explicar que opinabas sobre seiscientos artículos acerca de las organizaciones sociales. Un ridículo, y además con el whats app en la mano… cero bola te daban la mayoría. Entonces la LUC es una necesidad y tiene, en vivienda por ejemplo han desarticulado todo el amparo legal que tenía el inquilino, fíjate que la LUC plantea que ahora el propietario de una vivienda puede colocar la moneda con la cual tú vas a pagar el alquiler.

Fijate si te la pone en dólares. Lo segundo, en cinco días estás echado, estás de patitas en la calle, hay desalojos exprés. No habla del cooperativismo de vivienda, porque miren, no porque nosotros seamos cooperativistas de vivienda, pero en vivienda en este país y bueno por lo menos una línea tenés que poner sobre el cooperativismo de vivienda, una línea. No existe el cooperativismo de vivienda en la LUC. Existe un invento, que ya quiso poner el padre del actual presidente, que se llama llevar al MEVIR a zonas urbanas que es para desdibujar al movimiento cooperativo, es la cortina… Entonces, la ley en su conjunto es para el capital, represiva y regresiva. Cuando yo decía hoy que en la LUC se ampara al carnero, quiero terminar esa expresión. O sea, una asamblea vota ir a la huelga pero tenemos que autorizar y dejar entrar al que no va a la huelga, o sea el que se caga en la democracia obrera hay que ampararlo. Porque además yo a los carneros los respetaría si y solo sí, cuando hay una conquista no la cobran, pero en mi vida no conocí ninguno. Vamos a la huelga por un aumento de salarios, hay un carnero y viene el aumento, no deja el porcentaje que ganamos y le dice al patrón “no yo no lo quiero”, siempre lo cobra. Bueno, entonces se dan cuenta que sobre la base de un planteo no democrático, sobre la base de “defender el trabajo” ¡mentira! Lo que quieren es defender es la empresa, no al desgraciado que no votó la huelga. No, ese es el gancho, el anzuelo que se usa para colocar lo que quieren. Entonces la LUC es toda, primero no tiene nada de urgente, y segundo es toda una necesidad del capital, por lo tanto hay que derogarla. Tenemos el mecanismo de democracia directa que es el referéndum y por ende hay que ir contra esta ley.

LIDUY: Sobre el No a la LUC FUCVAM emitió un duro comunicado en el que menciona la postura de decir NO A TODA LA LUC frente a propuestas parciales y que el Frente Amplio propone ir solamente contra una parte de los artículos que no votó en el parlamento: ¿Por qué la Federación plantea ir contra toda la ley y no solo algunos artículos?

GG: Bueno, por eso yo te decía que la LUC es un cuerpo jurídico y político,… todo, no se puede desmembrar, toda la concepción.

Lo segundo es que deja un antecedente antidemocrático brutal en el país; cualquier gobierno cuando triunfa tiene lo que se llama la primavera; si ganaste es porque tuviste la mayoría de votos… bueno supuestamente, porque también tendríamos que analizar la ley de lemas, que es otro desastre.

Pero bueno, supongamos que ganaste; a vos te habilita a meter bajo el verso de una Ley de Urgente Consideración, un programa de gobierno, eso es lo que lo que es la LUC, un programa de gobierno, privatizador, del capital y antirepresivo; por eso hay que ir contra toda la LUC.

Además a nosotros nos parece muy difícil explicarle a toda la gente, algunos artículos y otros no.

Cuando se lanza una campaña uno tiene que ser lo más pedagógico posible, acá se ha escuchado cosas como que acá la gente está de acuerdo con que se reprima al robo, a la violencia; y en realidad ya la están reprimiendo, toda la vida la reprimieron; pero igual, supongamos que la gente piensa eso; ¿ nosotros estamos de acuerdo con que a vos te lleven en cana 4 horas como habilita la LUC, a una seccional sin motivo alguno? pero la gente está de acuerdo te dicen…. la gente puede querer suicidarse, pero por eso nosotros nos vamos a suicidar, uno tiene, como decía el Che, frente a toda injusticia rebelarse, no tiene que pensar hay 8 que me apoyan, 10 que no… yo tengo que enfrentarme a la injusticia.

Y esta ley deja un pésimo antecedente democrático, que te meten lo de los chorizos con el tema de lesionar los derechos de huelga; nosotros si decimos que no a LUC.

Obviamente el 29 va a haber un debate muy difícil porque en la intersocial se decide por consenso no por votación. A mí lo que diga el FA, la UP, el PT, el partido que sea… nosotros respetamos el derecho que tienen de tener posición, pero nosotros respetamos la independencia política de las organizaciones de base, no podemos ser furgón de ningún partido político.

La intersocial es un espacio del movimiento popular, y hay que defender su independencia política, obviamente si después que decide la intersocial hay partidos políticos que quieran apoyar el referéndum, bienvenido. Yo estoy convencido que toda la militancia que se dice de izquierda va a salir a juntar firmas, y están convencidos que es a toda la LUC.

Porque además hay que tomar 6 o 7 ideas fuerzas para la campaña, porque nadie va a venir a preguntarte por el artículo 322 o por el 333; la gente va a estar a favor o en contra.

Supongamos… este es otro argumento, eso que el gobierno tiene popularidad en las encuestas, bueno, pero eso en todo caso lo vemos en noviembre del año que viene. Porque esto recién comienza, porque ya se están viendo los problemas, sino fíjense: Uruguay estaba blindado con el coronavirus y ahora, no está blindado; dicen tiene gran popularidad por cómo se está combatiendo el coronavirus; el coronavirus se está combatiendo medianamente bien por dos o tres cuestiones, Uruguay es un país muy particular en América Latina, hay una educación de nuestro pueblo, muy importante, a lo largo de varios años, debido a las luchas.

Segundo, hay un servicio de salud muy superior a otros países de Latinoamérica; pero de ahí a decir que podemos controlar la pandemia… no la vamos a controlar, nos vamos a tener que acostumbrar a vivir con esto; pero yo digo también que en 1918 hubo una pandemia de la gripe gallega, murieron 4500 uruguayos; eso paso, en el mundo lamentablemente hubo pestes, uno no se puede alegrar por eso, pero este virus ha matado hasta el momento mucha menos gente en Uruguay que la gripe el año pasado; el año pasado creo que fueron 1800 muertos de gripe.

Entonces, esto está sirviendo de telón para que pase el vagón de todas las medidas que están queriendo poner; entonces, por lo tanto también algo que yo quiero recalcar es que la Intersocial no nació para pelear contra la LUC, la Intersocial nació para crear un frente social para oponerse a la ofensiva del capital, por eso la LUC es un tema, muy importante, pero nosotros lo que como Fucvam queremos es que no se quiebre la Intersocial y creo que si seguimos presionando con voluntades que nada tienen que ver con los colectivos sociales, puede haber un intento de quiebre, lo cual no vamos a permitir.

El 29 se llega a un consenso o no se llega, no sé, nosotros no vamos a cambiar nuestra posición, nosotros fuimos muy claros con las organizaciones sociales, porque se comenta que hay artículos que se han mejorado; nosotros decimos; si se mejoró un artículo que a vos te afectaba vení y decilo yo no tengo ningún problema en sacar ese artículo, pero vení y decilo.

Lo que tenemos hasta ahora registrado, son 3 organizaciones que hasta ahora se presentaron y que se mejoraron 16. Ahora si habilitar eso me permite mantener la unidad de la Intersocial, macanudo.

Pero otra cosa es que me impongan, porque acá el debate está mal, es el de los artículos. Lo que está dividiendo es lo de los artículos, si acá no se hubiera instalado el tema de los artículos, ya estábamos juntando firmas. Esto es lo que tienen que reflexionar. Dicen que la fuerza de izquierda, el Frente Amplio, una fuerza progresista mejor dicho, se está haciendo una autocrítica.

Bueno, supongamos que soy parlamentario del Frente Amplio, me vino la LUC, consideré que había que mejorarla, pero no estaba el referéndum, ahora vino el referéndum el propio Frente Amplio dice que la ley es del capital, regresiva y represiva. Bueno, señores, yo voté algunos artículos porque pensé que había que mejorarlos, pero ahora el pueblo está pidiendo la derogación de toda la LUC. Eso es lo que tendrían que decir los parlamentarios; no empezar con si tal artículo o tal otro, nos lleva ya 60 días discutiendo esta pelotudez

LID- da para pensar esta resistencia…

GG: Pero fíjense una cosa, me dicen que el FA no votó creo que 200 y pico de artículos, pero ahora quiere derogar solo 120, y los otros 100? Porque sino los votó es porque no eran buenos, entonces ¿los van a poner?

¿Me entienden? Hay un cúmulo de contradicciones, pero nosotros el 29 vamos a pelear como Fucvam por la unidad de la intersocial. Ojalá podamos discutir hasta la hora que sea, hasta llegar al mejor acuerdo, nosotros jamás vamos a tener una propuesta divisionista. Lo que acuerde la Intersocial nosotros lo llevaremos, pero nosotros vamos a defender nuestra posición.

LID: para tener más información, me decías que el FA no votó 200 pero propone muchos menos; el PIT-CNT va por la derogación parcial a pesar que hay una minoría que propone ir contra toda la LUC. A lo que voy es si hay un planteo concreto de la cantidad de artículos y cuáles son los artículos

GG: Nosotros lo que sabemos es que el PIT-CNT ha sumado 5 artículos de los que fueron votados por el FA, esa es la única propuesta que hay hoy. De acá al domingo se puede tomar el Palacio de Invierno, en política 3 días es mucho. Hay discusiones, hay debates que son muy interesantes, yo estoy muy feliz con esto, ¿cómo no voy a estar feliz cuando hay una intersocial que reúne noventa colectivos? Entonces a mí me parece fantástico desde el punto de vista político, social… Que es una nueva instrumentación política del movimiento popular, política y social. La intersocial que yo estaba en la época de la lucha contra la dictadura era FUCVAM, PIT-CNT, ASCEEP y SERPAJ, ahora hay múltiples colectivos porque el movimiento popular ha cambiado.

Entonces entender que no nos podemos atropellar ni el colectivo chico al grande, ni el grande al chico, es el arte de la unidad. Bueno eso cuesta, pero tenemos que hacer ese esfuerzo. Lo peor que puede pasar acá es que se parta la intersocial ¡Y asumirán el costo quienes la partan! asumirán el costo político, se verá el 29.

LID: ¿Cuál será la postura de FUCVAM en la Intersocial respecto al Plebiscito contra la LUC? Especialmente cuando hay una minoría bastante activa en la Convención, la FEUU y varios colectivos que participan de la Intersocial que proponen realizar un referéndum contra la totalidad de la ley.

GG: Si bueno, los sindicatos, yo soy orgánico, digamos hay sindicatos que se han pronunciado como FUCVAM contra toda la LUC, pero bueno en la Mesa Representativa quedaron en minoría. Por lo tanto, la posición del PIT-CNT va a ser la que tienen hoy en día, la que aprobaron. Ojalá hubiera sido otra la posición del PIT-CNT, yo lo desearía pero no es y yo la respeto. Esto me parece que es importante.

Otra cosa es que yo la comparta, no la compartimos. Porque además insisto, hemos por ejemplo un argumento que se ha dicho, “muchas organizaciones sociales plantearon que se cambiara… “¿pero dónde están, cuáles son esas organizaciones sociales? Por ejemplo la educación, ¡todo el capítulo hay que derogar! ¡No podés desmembrar eso! Entonces para nosotros consideramos que va a ser mucho más fácil la recolección de firmas y la votación que vendrá después si le explicamos a la gente que encierra la LUC como un todo.

Vos te imaginas que te invitan a un panel y vos tengas que decir “si, yo estos doscientos artículos los quiero derogar, estos trescientos no…” bueno, te van a preguntar ¿y por qué? ¿Por qué esos trescientos? entonces vos… Acá el Frente Amplio, lean la resolución de la Mesa Política, ¡hay que leer! “es una ley a favor del capital, regresiva, represiva y anti popular”. Bueno, ¡ya está! ¿Que otro apellido le vamos a poner? Ya está, para nosotros es claro este tema. Bueno y además es la primera vez que se da este debate, entendámoslo, es la primera vez que se da este debate. Y bueno ¿qué dicen las bases de todo el progresismo? yo creo que muchísima gente va a acompañar.

Después otro tema que hay que colocar es si se pierde o se gana. Miren ese es un planteo de derrota, uno nunca tiene que salir a la lucha pensando que va a perder, tiene que salir pensando que va a triunfar. Luego si se pierde evaluaremos, ahora esto es como en el fútbol, una cosa es si perdés uno a cero y otra cosa es si perdés por goleada. Yo creo que por goleada acá no gana nadie, entonces en ese marco hay que salir convencidos de que vamos a triunfar. Fíjense, Gandini ya salió a decir en el Semanario Búsqueda que él va a ir puerta por puerta a defender la LUC ¡Me alegro! Porque le va a explicar por primera vez a la gente que mierda tiene la LUC ¡yo me alegro! Eso es lo que hay que hacer ¡abrir el debate! Explicarle a la gente lo que se votó, ya con eso es un triunfo político, Gandini ya le dio el triunfo al referéndum, esto es muy importante. A pesar de que está en contra de derogarla, ya hizo lo que tendría que haber hecho en la campaña electoral, que no lo hizo, no explicó lo que era la LUC, entonces ya estamos ganando, ya estamos ganando. Que se sepa lo que van a hacer. Dijeron que no iban a privatizar ANCAP y hoy hay un debate que en el aeropuerto se quita el monopolio de ANCAP, entonces ¿se dan cuenta? es un tema muy delicado, muy delicado. Y por otra parte, que acá no nos podemos olvidar, acá los genocidas siguen libres, ¡libres! Asesino, torturadores, mi nieta va a la playa y capaz alguno de estos está tomando mate al lado de ella… un asesino y le dan una LUC, acá si se hubiera desmantelado el aparato represivo… ah bueno, pero acá Gavazzo en este momento está tomando mate en su casa ¡Gavazzo! Pero entonces la LUC va a reforzar a la reacción, va a reforzar a la reacción. La LUC hay que derogarla por eso mismo.

Y otra cosa, la LUC hay que derogarla inmersa en un plan de movilizaciones, porque sino la recolección de firmas se puede transformar en un saludo a la bandera, hay que tener cuidado con eso. Tiene que ser dentro de un marco de movilizaciones generales del conjunto del movimiento popular.

Ahora se está discutiendo la reforma jubilatoria, si tiene que ser paulatina… la reforma jubilatoria va a llevar a que los obreros y las obreras tengan que trabajar más años. Yo lucho para que la gente trabaje menos, no que trabaje más. Yo lucho para que la gente pueda escuchar música, pueda leer, pueda pintar, pueda disfrutar de la vida. Y la tecnología, el desarrollo tecnológico que ha logrado el mundo ya ampararía que se pueda trabajar cuatro horas por día nada más ¡ya ampararía, no lo hace! La tecnología se utiliza para quitar puestos de trabajo y darle más producción al capital. Nosotros tenemos que luchar por otra cosa, para que la gente disfrute de la vida. Y con esto, si vos hoy te podés jubilar a los 60 años, te vas a jubilar a los 70 o no sé qué edad le van a poner. Vas a ir con tu cajón al lado y seguís laburando. No hay cosa más bella que ser abuelo, ¡y el abuelo tiene que disfrutar! con los nietos, con las nietas, tiene que tener el día para salir a caminar, después de cuarenta años de laburo, ¿qué más le podemos pedir a un trabajador? un obrero de la construcción que se rompió el alma en andamios… Ahora fíjense, los trabajadores del ejército de reserva de la policía, se pueden jubilar a los cuarenta años… pero el de la construcción a los sesenta, o el peón de campo a los sesenta.

Entonces claro, porque ellos saben que tienen que tener siempre un aparato represivo para poder existir y por eso los tienen bien ¿Cuál es el costo de la caja militar para el pueblo? ¡Impresionante! ¿Para pelear contra quién? Uruguay no puede tener una guerra ni contra diez picaflores ¿contra quién vamos a tener una guerra nosotros? Pero están preocupados, compraron no sé cuántos tanques, toda una historia… eso es para reprimir a la gente. La única guerra que tuvimos fue para masacrar a Paraguay, en la Triple Alianza de alcahuetes del imperio inglés.

LID: Para cerrar una pregunta fundamental en estos momentos ¿Cuáles son los próximos caminos de lucha a seguir en esta coyuntura, más allá del referéndum (total o parcial)?

GG: Como encarar las luchas futuras. Bueno. Esa es una tarea fundamental de la intersocial, tratar de unificar las luchas en un plan conjunto de movilizaciones.

Tenemos una plataforma en la intersocial que a esta altura habría que revisarla, que no dieron un solo punto ¡un solo punto no nos dio el poder Ejecutivo de la plataforma de la intersocial! Pero como estamos en este debate de si los artículos y no los artículos, la plataforma ya quedó atrás, o sea hay que retomar ese camino.

Acá se vienen tiempos difíciles, ya lo dijimos, y por lo tanto hay que preparar al movimiento popular para estas peleas que se vienen. Después estamos en un contexto, fíjense Guatemala, en Guatemala hay una movilización terrible contra una ley de presupuesto. Eso los tiene preocupadísimos ¡preocupadísimos! Las revueltas populares los tienen muy preocupados, ya están hablando, ya están aterrorizando a la gente que en Uruguay puede venir una revuelta como la chilena.

LID: Hasta en los mismos grupos frenteamplistas. Recuerdo que Rafael Michelini planteó que “yo quiero que la juventud esté juntando firmas antes que estar tirándoles piedras a la policía”.

GG: Sí, yo creo que fue muy desgraciada esa declaración, a mi me parece que lo primero que tenemos que tener es un gran respeto a la lucha de los pueblos y la lucha que se dan los pueblos. Obviamente que a uno no le gusta y ojalá nunca más tuviéramos mártires, ni muertos, pero eso es una ilusión, lamentablemente el aparato represivo va a estar y va a operar cuando la gente se rebele. Y después no hay nada que no haya ganado el movimiento obrero que no haya sido sin lucha, ¡no hay nada! desde las ocho horas hasta… ¡o nos olvidamos de los mártires de Chicago! No. Por eso hay que respetar la lucha de los pueblos, Uruguay va a estar en el marco de estas convulsiones que se van a venir nuevamente. Obviamente yo creo en las convulsiones cuando hay conducción política, cuando se acuerdan cosas, cuando se va con un rumbo estratégico determinado. Eso va a llevar tiempo, hay que discutirlo, pero bueno es la gran tarea de la etapa.