*Por Juliana Díaz Lozano

¿Por qué la lucha de las trabajadoras del hogar remuneradas no suele confluir con las luchas feministas amplias? ¿Por qué las acciones y debates conjuntos generalmente están centrados en fechas específicas o ejes puntuales de demanda? En este artículo buscamos comprender de qué están hechas las tensiones y disyuntivas entre estos movimientos, a pesar de que en ambos casos el acento primordial está puesto en la organización de los cuidados y los derechos para todas. Nos enfocamos fundamentalmente en América Latina, pero también, en aquellas experiencias de trabajadoras del hogar nacidas allí, que debido a las cadenas globales de cuidados viven en el norte global, y por consiguiente adicionan a su situación laboral, la condición migratoria y racializada. Además de buscar entender las tensiones, vamos a recuperar algunas experiencias de articulación entre la lucha de las trabajadoras domésticas y los feminismos, en distintos países y desde las voces de sus protagonistas, para pensar en qué casos y con qué aprendizajes se ha logrado unificar las luchas.

En América Latina y el Caribe, entre 11,5 y 18,6 millones de personas se dedican al trabajo del hogar remunerado, de las cuales el 93% son mujeres. Este trabajo supone en promedio entre el 10,5% y 14,3% del empleo de las mujeres en la región, lo que significa que una parte importante de la población activa, especialmente feminizada, lo hace en condiciones precarias y sin acceso a la protección social. Al mismo tiempo, en cuanto al peso de las personas migrantes dentro del sector de trabajo del hogar, las estimaciones de la OIT señalan que un 17,2% de las personas ocupadas como trabajadoras domésticas son migrantes, siendo un 73,4% de ellas mujeres (ONU-OIT-CEPAL, 2020).

Estas cifras dan cuenta de la importancia cuantitativa del sector dentro del empleo femenino, feminizado y racializado. Si bien, entonces, la relevancia numérica del sector es indudable, esto no se ha traducido en mejoras sustantivas en la adquisición masiva de derechos. Aunque el Convenio 189 de la OIT ha sido un logro en términos del reconocimiento global de derechos para el sector, -jornadas laborales razonables, condiciones de empleo y coberturas sociales básicas-, no todos los países lo han ratificado, y aún en los casos en los que lo han hecho, no siempre eso ha redundado en mejoras concretas para las trabajadoras. En la práctica, en el mundo, el 90 por ciento de las trabajadoras no tiene prestaciones de seguridad social, el 50 por ciento no llega al salario mínimo, y otro 50 por ciento se encuentra sin protección contra la extensión de la jornada laboral. En América Latina las trabajadoras domésticas remuneradas perciben ingresos inferiores a las mujeres ocupadas en otras categorías laborales (Torres, 2023).

Por otra parte, y más allá del subregistro que padece la actividad, la OIT reconoce que el aporte de este trabajo al producto bruto de los países de América Latina ronda entre el 15% al 24%. La importancia del sector para la economía y para el sostén social, no redunda, sin embargo, en la visibilización de estas trabajadoras en la sociedad, lo que las perjudica a la hora de dar sus luchas. Esto también se verifica dentro de los sindicatos y otros movimientos sociales más amplios, donde padecen una segregación de sus demandas y sus capacidades políticas (Martínez Prado, 2014). Esto se conjuga con la particular naturaleza de este trabajo que ocurre en ámbitos privados y aislados, con diversos empleadores, con regímenes muy variantes y escasa disposición para tiempos propios de las trabajadoras, ya sea para la educación, para ocuparse de la salud y la de sus familiares y para organizarse colectivamente.

Además de tener una posición lateral dentro de los sindicatos y movimientos sociales y populares en muchos países latinoamericanos, algo similar ocurre con el movimiento de mujeres y feminista, incluso en los llamados feminismos anticapitalistas. Si bien durante los años ´70 estas perspectivas dentro de los feminismos pusieron en escena la importancia de los trabajos del hogar remunerados (Pérez, 2015), estos han perdido centralidad en las preocupaciones actuales feministas. En lo que va del siglo, la economía feminista, junto con otras disciplinas y bajo el impulso de los aprendizajes de la lucha cotidiana, logró posicionar conocimientos y demandas en relación a los cuidados, fundamentar la necesidad de las huelgas internacionales de los 8M, redefinir la propia noción de trabajos, ampliándola. Al mismo tiempo, se desplazó la división entre trabajo reproductivo y productivo, cuestionando la noción neoclásica de que la producción de mercancías movía el mundo y posicionando que las labores que sostienen la reproducción social son poco reconocidas, permanentes, no están pagas y están mal repartidas. Se demostró que la gestión, la desigual distribución clasista, racista y patriarcal de los cuidados sostiene otras desigualdades estructurales (Pérez Orozco, 2014).

A pesar de este énfasis que ponen los feminismos sobre los cuidados no reconocidos que sostienen el mundo, solo en notables excepciones (algunas nombraremos más adelante) posicionan con la misma centralidad las demandas de las trabajadoras del hogar asalariadas dentro de las demandas generales feministas. Además, salvo en fechas o casos puntuales, las organizaciones feministas y las de trabajadoras del hogar funcionan como dos sujetos separados, que enfocan el tema cuidados desde ópticas diferentes y fragmentadas. Esta distancia refuerza, a su vez, la debilidad del sector de asalariadas del hogar dentro de las organizaciones sindicales y en general perjudica las posibilidades de imponer demandas hacia el estado y empleadorxs.

Ahora bien, ¿a qué se debe este desencuentro bastante generalizado? Según la investigadora Martínez Prado (2014), una de las dificultades en la articulación entre feministas y trabajadoras domésticas deviene de la ambigua relación que el feminismo ha tenido con la “valoración” del trabajo del hogar. Esto se debe, según la autora a la contradicción no resuelta entre la valoración del trabajo del hogar en general, y la búsqueda de su abolición. Para Martínez Prado, la disyuntiva para las feministas es la siguiente: si se acompaña a las trabajadoras del hogar en la lucha por mejores condiciones laborales, dejando intactas las relaciones de género sobre las que descansa la asignación de este trabajo a las mujeres, no se cuestiona la dominación masculina que dispone la distribución de dicho trabajo entre mujeres. Pero, por otra parte, si se ataca al trabajo del hogar por las relaciones de opresión que origina, se termina atacando la fuente laboral femenina más importante de Latinoamérica. Y agregamos aquí, también como consecuencia, puede debilitarse la lucha por múltiples derechos de los miles de mujeres migrantes fuera del continente. Muchas de ellas, tienen como destino obligado el trabajo del hogar y desde allí se posicionan en el país de destino para sobrevivir y luchar por otros derechos como la regularización y el acceso a salud y educación.

A su vez, desde algunos sectores de los feminismos, se afirma que el trabajo del hogar remunerado es el que garantiza privilegios de unas mujeres -quienes pueden pagar los cuidados-, sobre otras, las que cuidan y al decir de Nancy Fraser (en Gimeno, 2019) no tienen quién las cuide. Este dilema es inseparable de la imbricación de las relaciones de género con las de clase y raza (Falquet, 2022). Efectivamente las que cuidan son en su mayoría mujeres y feminidades racializadas, pobres, del sur global. Y, en gran medida, aunque con diferencias en cada lugar, son los hogares con mejores condiciones las que se benefician de los cuidados mal pagos. En este marco, algunas autoras sostienen que el trabajo del hogar remunerado, lejos de liberar a las mujeres empleadoras de sus quehaceres, resuelve los cuidados abandonados por los varones en las familias y comunidades (ídem, 2019). En cualquier caso, este trabajo desvalorizado y mal pago, permite la compatibilización de tareas en la familia, y permite también a mujeres empleadoras disponer de tiempo fuera de las casas para trabajar, autocuidarse, y por qué no, organizarse social y políticamente. Según Beatriz Gimeno, el feminismo liberal del norte, tradicionalmente defendía que, desde el punto de vista feminista, “poder contratar a alguien para que realice el trabajo del hogar permite a muchas mujeres liberarse de la doble jornada que les impide competir con los hombres en el ámbito público; planteaba entonces que para las mujeres que están en el ámbito público poder tener asistenta es casi una necesidad”. En cambio, afirma, en los últimos años, en España, al menos, casi todas las corrientes feministas opinan que lo que hay que hacer con el trabajo del hogar remunerado es revalorizarlo social y económicamente (Gimeno, 2013).

En esta línea, Edith Espínola advierte que hay que plantear el tema de los privilegios, porque tal y como está planteada la división del trabajo actualmente “ser cuidado o cuidada es un privilegio”. Espíndola es integrante de la Asociación Servicio Doméstico Activo –SEDOAC de España, y asegura que “Como feministas hay que hacer esta reflexión y cuestionar las consecuencias que esos privilegios tienen sobre otras mujeres (…) a veces, el feminismo trabaja para romper el techo de cristal, pero somos nosotras las que recogemos los cristales rotos y nos cortamos. Si yo tengo privilegios, tengo que revisarlo y ayudar a quien no los tiene. Hay mucho trabajo que hacer y tenemos que extender la mano” (Ameco Press, 2020).

Según este análisis, el trabajo de cuidados así distribuido entre las mujeres según clivajes de clase y raza, puede liberar de su carga a algunas mujeres con algunos privilegios, o al menos, permitir la armonización familiar, mientras que se descargan las tareas sobre mujeres pobres con dobles y triples jornadas laborales. Esto implica para las trabajadoras del hogar, la jornada del trabajo asalariado, aquella que realizan en sus propios hogares y el trabajo que implica la organización sindical y/o comunitaria para mejorar sus condiciones de vida. Y esta división del trabajo intragénero podría condicionar las posiciones de una parte de los feminismos en relación con el trabajo del hogar asalariado.

Si bien esta disyuntiva aparece planteada desde testimonios y escritos recientes de numerosas autoras y activistas, todos fueron producidos en un contexto previo a los procesos de huelgas feministas comenzadas a nivel global en 2017. Aunque no encontramos reflexiones sobre esta tensión posteriores a estos grandes sismas feministas, podemos hipotetizar que las huelgas como procesos de articulación de organizaciones feministas y de trabajadoras pueda haber acercado posiciones entre los feminismos y las trabajadoras del hogar en relación con la ampliación de la idea de trabajos y la preocupación por la sostenibilidad de la vida. Justamente, en los últimos años, pueden reconocerse algunas experiencias de articulación no sólo de luchas concretas, sino también de elaboraciones conceptuales. En forma recurrente, la huelga feminista global surge como referencia clave de esta articulación.

Por ejemplo, en muchos países, los procesos de convocatoria a huelgas feministas para el 8 de marzo con el eje central de visibilizar y parar los múltiples trabajos de cuidados, ha tenido el protagonismo de las organizaciones y sindicatos de Trabajadoras del Hogar. En Chile, por ejemplo, los llamados a huelga feminista en el año 2019 incluyeron como protagonistas a las trabajadoras del hogar, quienes, como parte de un comité de trabajadoras y sindicalistas dentro de la Coordinadora Feminista 8M, generaron formas creativas de manifestarse, colgando delantales en la puerta de su lugar de trabajo cuando no podían parar (AAVV, 2021). En Argentina, en diversas provincias, las trabajadoras del hogar han formado parte de espacios multisectoriales para organizar la huelga, independientemente de la posibilidad práctica de no ir a trabajar ese día y movilizar masivamente. Algo similar ha ocurrido con algunas propuestas feministas para la reorganización social de los cuidados, donde el trabajo del hogar y cuidados remunerado aparece junto al no remunerado como espacios interrelacionados económica y socialmente. Justamente, en juntar las luchas reivindicativas con lo político parece estar un camino fructífero para la unidad.

La configuración de espacios multisectoriales convocando a la huelga permite volcar reivindicaciones a corto plazo, pero también encontrar horizontes comunes que unen en la proyección de la sociedad deseada. Esto se suma a la construcción de interlocutores/adversarios comunes: los recortes del estado, los poderosos, los varones y el patriarcado. A su vez, el proceso de masificación de los feminismos del que la huelga es parte, rompe fronteras identitarias, en el avance de las luchas se horadan las fronteras entre ser trabajadora, ser feminista y ser migrante, y las relaciones sociales se muestran como son, imbricadas.

Rafaela Pimentel, referenta de Territorio Doméstico, una organización madrileña de trabajadoras del hogar en su mayoría migrantes latinoamericanas, da cuenta de esta imbricación, no hay frontera entre ser trabajadora doméstica, migrante, racializada y feminista. Para Rafaela, la lucha del sector por derechos no puede desvincularse del proyecto de una reorganización general de los cuidados. En sus palabras:

“No solamente luchamos por los derechos laborales de las trabajadoras de hogar, sino que queremos una reorganización social de los cuidados. Queremos un sistema comunitario del cuidado. No queremos que a este sistema lo sigamos sosteniendo las trabajadoras de hogar pobres, migrantes y específicamente las mujeres, que somos las que estamos haciendo el cuidado de manera remunerada o gratuita en las casas” (Capire, 2022).

Además de ser parte activa en la organización de las huelgas feministas en Madrid, las trabajadoras del hogar lograron, según la referenta, instalar la lucha por la ratificación del convenio 189 de la OIT en España como parte de las demandas centrales feministas y de sectores migrantes latinoamericanos, lo que según ella permitió alcanzar el logro a mediados de 2022. En esta experiencia, las propias trabajadoras del hogar se definen como referentas feministas, y ese rol también es asignado por el resto de las activistas feministas, que las eligen como voceras en diversas luchas, no sólo en las del sector del hogar. En este caso específico, se enuncia la articulación de demandas de corto plazo vinculadas a derechos y de largo plazo como cambiar la organización y distribución capitalista, patriarcal y racista de los cuidados como estrategia para unificar al sujeto de lucha. En otras experiencias como la ya citada, del Comité de Trabajadoras y Sindicalistas 8 de Marzo en Chile, que agrupa trabajadoras del hogar y feministas, y la Red de Trabajadoras Domésticas de Honduras, también aparece el esfuerzo de hilar demandas a corto y largo plazo[1], cuestionando la distribución de los cuidados. En este material producido entre diferentes organizaciones de trabajadoras del hogar latinoamericanas puede apreciarse el llamado a la huelga para el 8 de marzo de 2023. Esta politización de las luchas por derechos y su articulación con un horizonte de organización de cuidados anticapitalista y feminista se muestra imprescindible para romper la fragmentación.

Recapitulando, ¿por qué es clave desde los feminismos abordar el trabajo del hogar remunerado? Por una parte, porque constituye uno de los empleos mayoritarios para las mujeres y feminidades en el mundo y el más importante en Latinoamérica. Por otra parte, porque luchar por los derechos de las trabajadoras del hogar nos permite cuestionar la desvalorización del trabajo del hogar y de cuidados y visibilizar su aporte económico a las sociedades. Al mismo tiempo, desde los feminismos es importante cuestionar la distribución racista y patriarcal de los cuidados ya sea remunerados o no remunerados, y pensar estrategias para su socialización y reorganización no sólo por género, sino su injusta distribución en el globo. En un marco donde las propuestas en torno al sector se emparentan con el sistema de Vouchers y otras formas de subsidio a empleadorxs, que poco tienen que ver con la mejora en las condiciones de vida de las trabajadoras, una mirada feminista es imprescindible para que no sea el mercado quien defina quiénes pueden cuidar y quiénes recibir cuidados y bajo qué condiciones. Propuestas como la de la Municipalización del trabajo del hogar remunerado, o la exigencia de sistemas integrales de cuidados feministas, pueden ser claves para unir la lucha por derechos con la organización de ciudades con la vida en el centro.

Por último, un feminismo anticapitalista y antirracista solo es posible si incorpora en un lugar central la lucha de todas las trabajadoras, y entre ellas de las más precarias. Luchar juntas puede fortalecer también a las trabajadoras del hogar en sus posiciones dentro de sindicatos y movimientos mixtos, al tiempo que se construyen feminismos de izquierda donde todas y todes sean protagonistas. Afortunadamente, en los últimos años, al calor de la huelga, el movimiento ha construido aciertos importantes para este acercamiento. Por un lado, la construcción de espacios multisectoriales, donde el diálogo y la formación política permite construir sujetxs de lucha integrales. En segundo lugar, y como consecuencia de esta articulación, se pueden generar miradas estratégicas, que articulen las demandas concretas por derechos laborales con la necesaria reorganización de los cuidados en clave feminista. Y en todos los niveles, desde lo local a lo global, se impone la necesidad de construir proyectos para la revalorización, socialización, y redistribución de los cuidados. Para que estos lleguen a quienes los necesitan, pero poniendo en un lugar central la transformación de las vidas de las trabajadoras que los garantizan.

 

Referencias bibliográficas:

AAVV (2021) La huelga general feminista Va! Historias de un proceso en curso, Buenos Aires: Tiempo robado editoras.

https://www.rosalux.de/en/beyond_c189

Ameco Press, redacción (2020) “Es importante visibilizar desde una perspectiva feminista el trabajo que realizan las trabajadoras del hogar. Disponible en https://amecopress.net/Es-importante-visibilizar-desde-una-perspectiva-feminista-el-trabajo-que-realizan-las-empleadas-de-hogar

Capire (2022) https://capiremov.org/es/entrevista-es/rafaela-pimentel-las-trabajadoras-de-hogar-estamos-articuladas-en-una-de-las-luchas-mas-potentes-en-espana/

Falquet, Jules (2022) Imbricación. Más allá de la interseccionalidad. Mujeres, raza y clase en los movimientos sociales. Buenos Aires: Madreselva.

Gimeno, Beatriz (2019) “¿Es compatible ser feminista y tener empleada doméstica?” en Diario Femenino. Disponible en https://diariofemenino.com.ar/df/es-compatible-ser-feminista-y-tener-empleada-domestica/

John, Maya (2023) “Beyond Private Power of Employers and Precarity. Why municipalizing paid domestic work will benefit everyone”. Policy Paper. Disponible en https://www.rosalux.de/en/publication/id/49798/beyond-private-power-of-employers-and-precarity?fbclid=IwAR1wJ63RrXrKGidRCbgwlu4RaOcxGPkS__5mFvO3Xk7Hr5_xhmMFiF5I4i0 y en español: https://rosalux-ba.org/2023/03/29/propuesta-para-organizacion-del-trabajo-del-hogar-remunerado/

Martínez Prado (2014) Discursos Feministas sobre las Trabajadoras del Hogar. (Des) Articulaciones Políticas. publicada en Latin American Policy, Issue 5, n° 2, Pp.303-318. URL: http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/lamp.12042/abstract

ONU-OIT-CEPAL (2020) Trabajadoras remuneradas del hogar en América Latina y el Caribe frente a la crisis del Covid-19, disponible en https://oig.cepal.org/sites/default/files/trabajadoras_remuneradas_del_hogar_v11.06.20_1.pdf

Pérez, Inés (2015) “Un ´régimen especial´ para el servicio doméstico. Tensiones entre lo laboral y lo familiar en la regulación del servicio doméstico en la Argentina, 1926-1956”, en El trabajo doméstico: entre regulaciones formales e informales. Miradas desde la historia y la sociología. Buenos Aires: Cuadernos del Ides. Disponible en https://static.ides.org.ar/archivo/www/2012/03/Cuadernos-del-IDES-N%C2%BA-30-Octubre-2015.pdf

Pérez Orozco, Amaia (2014) Subversión feminista de la economía. Madrid: Traficantes de sueños.

Torres, Aylin (2023) “Bordes, movilidades y ciudadanías. Notas sobre trabajo de cuidados y migraciones en América Latina”, en Torres Santana, Martínez y Muggenthaler (comp.) Y aquí estamos. Migraciones populares, trabajo y economías. Quito: Fundación Rosa Luxemburgo.

[1] Estas experiencias nombradas, junto a otras de Paraguay, Argentina, Alemania confluyen en un proyecto actualmente en curso para el fortalecimiento del sector en vínculo con los activismos feministas, desarrollado por el Programa de Feminismos Internacionalistas de la Fundación Rosa Luxemburgo.

Imagen: Red de Trabajadoras Domésticas Remuneradas de Honduras.

Eva von Redecker es una teórica crítica y filósofa feminista alemana, investigadora en el centro de investigación PoliTeSse de la Universidad de Verona y miembro del comité del International Consortium of Critical Theory Programs (ICCTP), una red internacional de investigación sobre teoría crítica.

Revolución por la vida (Revolution für das Leben, Fischer Verlag, 2020) fue su primer libro para el público en general, publicado en 2020. Fue aclamado por la crítica como “la nueva biblia de la resistencia intelectual” y fue traducido al francés, coreano, griego, croata, checo y español. En este trabajo, la filósofa explora una filosofía de vida basada en movimientos de protesta, en la que los gestos de salvar, regenerar, compartir y cuidar posibilitan una relación con un mundo nuevo y diferente. En español, fue publicado por Ubu Ediciones y aquí se presenta un extracto a modo de introducción a esta obra fundamental.

 

¿Cómo organizar el trabajo del hogar remunerado para que sea digno y distribuido con equidad? ¿Cómo se controla a empleadores individuales cuando la relación laboral se da adentro de sus casas? ¿Se puede romper el aislamiento entre las trabajadoras?

Maya John, historiadora del trabajo y coordinadora de Gharelu Kamgar Union (sindicato de trabajadoras del hogar) de la India, realiza una propuesta integral para municipalizar el trabajo del hogar remunerado y así horadar el poder unívoco de los patrones. Incluye aquí el papel de sindicatos y las formas de organización de las trabajadoras.

Compartimos el artículo completo en español, para impulsar los debates en nuestra región y transformaciones necesarias.

Imagen: Ariana Jenik.

 

Las trabajadoras del hogar tenemos nuestro día internacional desde 1988. Esta fecha nos sirve para recordar a las compañeras que lucharon, nuestros logros y todo lo que falta para que nuestras vidas sean dignas y la sociedad justa.

Es una fecha internacional, porque más allá de las diferencias regionales, que son muchas y profundas, hay una realidad generalizada: somos trabajadoras con pocos derechos, muchas somos migrantes y en condición irregular, hacemos un trabajo que sostiene la sociedad, pero apenas podemos sostenernos nosotras. Generalmente no tenemos derecho a pensiones, a cuidados de la salud, a vacaciones pagas. Somos marginalizadas, a veces también en los sindicatos, algunas veces en el movimiento de mujeres. Pero seguimos de pie. Logramos leyes, convenios -como el 189 y el 190 de la OIT- y articulaciones.

Aprendimos con los feminismos anticapitalistas que el trabajo de cuidados pago y no pago es el que garantiza que las personas podamos reproducir nuestra fuerza laboral, pero también nuestras vidas, familias y comunidades. También advertimos que es un trabajo invisible, poco reconocido, y no entra en ningún análisis económico. Pero justamente desde este trabajo nos paramos para exigir derechos y organizarnos con otras para cambiar la sociedad para todas y todes. Por eso afirmamos:

 No es ayuda, es trabajo.

Reivindicamos nuestra historia de lucha para hacer visible lo invisible. Nos organizamos, en los sindicatos, en los feminismos, por una sociedad con los cuidados en el centro.

Invitamos a todas las trabajadoras del hogar a romper el aislamiento y organizarse.

Ni muchachas ni sirvientas. Somos trabajadoras del hogar con derechos

 

Red de Trabajadoras Domésticas- Honduras; Territorio Doméstico- España; SINDUCAP-Sindicato Nacional Unitario Inter empresa Trabajadoras y Trabajadores de Casa Particular-  Chile; CACEH Nacional- Centro Nacional para la Capacitación Profesional y Liderazgo de las Empleadas del Hogar A.C.- México; «Respect Berlin» agrupación política de mujeres; Casa Fem- Paraguay; AMUMRA-Asociación Mujeres Unidas, Migrantes, y Refugiadas en Argentina; SINDECAF- Sindicato de Empleadas de Casas de Familia de San Juan- Argentina; APECAF- Asociación Personal de Casas de Familia- Córdoba –Argentina; SECFER- Sindicato de Empleadas en Casas de Familia de Entre Ríos- Argentina; ASTCP- Asociación sindical de trabajadoras de casas particulares de San Luis- Argentina; Frente Popular Darío Santillán Corriente Plurinacional; Observatorio del Derecho social- CTA/ Feminismo Sindical- Argentina; Fundación Rosa Luxemburgo.

En 2019 organizamos «Feminismos críticos para el Chile actual» en conjunto con la Fundación Nodo XXI, con el propósito de contribuir a la consolidación de un feminismo de izquierdas, anclado en las condiciones de vida que enfrentan las mujeres en el Chile neoliberal, sus contradicciones y posibilidades de transformación.

Compartimos los videos de las sesiones de esta escuela cuyos contenidos siguen vigentes para pensar los desafíos del feminismo en el presente.

 Sesión 1: Feminismo y política. Desafíos y dilemas.
Sesión 2: Trabajo y Endeudamiento en Chile. Desafíos para el feminismo.
Sesión 3: Violencias Estructurales. ¿Cómo las enfrentamos desde el feminismo?

Este 8M volvimos a construir una huelga multisectorial, multitudinaria y feminista. Marchamos con nuestras organizaciones y nuestras compañeras demostrando una vez más que somos muchas, que damos pelea.

A continuación compartimos algunos testimonios que explicitan la importancia de articular la lucha sectorial con la movilización y organización general. Pueden también encontrarlos en nuestro canal de YouTube.

#huelga y movilización internacional transfeminista

#feminismo sindical

Realización de los videos: Flavia Medici y Maru Waldhüter

Clarisa Gambera, directora del departamento de Géneros y diversidades de ATE Nacional, Secretaria de géneros y diversidades de CTAA

Leonor Cruz, Secretaria de géneros y diversidades de CTAA Nacional, referente de FENAT Nacional

María Belén Mariani. ATE. Área de prevención del delito

 

Soledad Casals, secretaria de Género de la Unión Obrera Ladrillera de la República Argentina.

Yamile Socolovsky, Secretaria de géneros y diversidades de CTAT Nacional

Entrevista a Clarisa Gambera

A pocos días de un nuevo 8 de marzo, entrevistamos a Clarisa Gambera, Directora del Departamento de Género de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) Nacional. Conversamos acerca del carácter que asume en Argentina la irrupción del sindicalismo feminista en el marco del auge de los feminismos, del rol de los paros de mujeres y la herramienta de huelga frente a la crisis de cuidados.

Signado por la creciente fragmentación del campo popular en un año electoral en Argentina, el sindicalismo feminista apuesta nuevamente por la construcción de unidad como única salida para hacer frente a la profunda crisis socioeconómica y al avance de las derechas. 

Fragmento de la entrevista realizada por Florencia Puente.
Entrevista completa disponible para descargar al final del documento.
Fotos por Lucía Fernández Ares.

 

Desde tu perspectiva, ¿De qué tradiciones se nutre el feminismo sindical y qué desafíos principales tiene? 

Nosotras somos una generación que se va formando al calor de los Encuentros Nacionales de Mujeres (1). Si bien en los sindicatos hubo siempre reivindicaciones y agenda de equidad de géneros, siempre fue muy marginal y no se auto percibía feminista. Y no podíamos decir que éramos feministas en el sindicato porque era una palabra que no pertenecía a ese campo de acción. 

Hoy, ya habiendo pasado la “marea verde sindical”, esa fuerza que nos impregna con el primer paro de mujeres de 2016 y después, pensamos la huelga como una herramienta que nos permite confluir fuertemente en el movimiento feminista. Ahora sí abiertamente, nos construimos como compañeras feministas en los sindicatos. Esa construcción en los Encuentros Nacionales de Mujeres, lo primero que hizo fue sacarnos de la cajita chiquita que teníamos cada una, de nuestro gremio: por ejemplo, en el espacio de las mujeres, la secretaría de igualdad de oportunidades. Y nos puso en contacto con una inmensidad de organizaciones de mujeres y feminismos de otras tradiciones. Y que ese conocernos, ese tejernos en red nos fue, primero, abriendo la mirada, interseccionando la mirada, y después relacionando, construyendo una forma de poder que es esa que ahora ya tenemos con mucha más agilidad. Esa red de un montón de compañeras que entendemos que en soledad y dentro de nuestras organizaciones estamos muy debilitadas, pero que cuando logramos establecer esa alianza estratégica que yo creo que irrumpió fuertemente con Ni Una Menos. Y después en un hito muy significativo, que es el primer paro de mujeres, fue agarrar la huelga como una herramienta típica del movimiento obrero, de los trabajadores y las trabajadoras, pero para hablar de violencia. Eso fue una novedad.

 

¿Qué balance pueden hacer desde los espacios de feminismo sindical de las huelgas feministas? 

La posibilidad de la huelga feminista es muy potente porque enriqueció al movimiento sindical en su conjunto. Otro hito importante es lo que nos aportó la economía feminista, porque durante mucho tiempo al movimiento sindical feminista nos costaba hablar el mismo idioma que el resto en el sindicato. Entonces, cuando nos traen esto de “Igual salario por igual tarea”, “Hay una brecha histórica en la Argentina entre el salario de los varones y las mujeres”, cuando nos abren a mirar que tiene que ver con el cuidado esta brecha, nosotras pudimos empezar a hablar de cosas que nos pasaban a nosotras, pero hablando de salario. Y pudimos empezar a gestar una agenda de corte bien sindical: licencias, que es el idioma que conoce todo el mundo, ¿no? pero pensando en una reivindicación feminista. Eso nos dio como una herramienta, así como las compañeras que trajeron la idea del endeudamiento de las economías domésticas nos permitieron bajar a tierra la deuda, con las que había en nuestra experiencia cotidiana. 

Me parece que ahí hubo dos aportes, que hicieron posible que las reivindicaciones concretas de las mujeres y diversidades en relación que nuestra experiencia vital de cada día se pudiera traducir en el lenguaje del sindicato. Entonces son aportes muy enriquecedores, ya que visibilizan que con nuestras demandas estamos debatiendo salario: cuando debatimos tiempo debatimos salario; cuando debatimos licencias, cuando debatimos jardines, lugares de trabajo para garantizar el cuidado, estamos debatiendo salarios.

Y después todo el proceso de pensar la violencia. Los femicidios fueron lo que irrumpe masivamente, el Ni Una Menos y la primera huelga de mujeres por un femicidio generó asambleas en los espacios de trabajo alrededor de esta temática. Asambleas que a nosotras nos desbordaron en términos de estructura sindical. Se juntaban asambleas de mujeres, más allá del gremio, también las que no estaban afiliadas a ningún gremio, por el hecho de ser mujeres conmovidas, por ejemplo, con el asesinato de Lucía Pérez. Y eso fue muy rico para hablar de violencia ya que, por supuesto, arrancás con los femicidios y luego hablas de violencias en plural y empezás a ver la violencia laboral, violencia política. 

 

Y en el ida y vuelta ¿qué te parece que los feminismos populares toman de la experiencia sindical?

Mira, hablando de tradiciones de las que se nutre y de procesos organizativos, me parece que el otro es el de las piqueteras, el 2001, y las asambleas, y cómo ese proceso de tener que salir de casa porque se acabó el laburo, porque hay que construir una olla comunitaria colectiva fue generando politización. Ahí hay otro hervidero o sembradío de semillas feministas para que las compañeras arranquen poniéndose al hombro el cuidado de la organización comunitaria, por una cuestión de subsistencia, pero que empiecen a construir la pregunta sobre ¿qué lugares ocupamos?, ¿por qué ocupamos estos lugares? 

Yo integro la Central de Trabajadorxs CTA autónoma; la CTA es una central de nuevo tipo, que arranca pudiendo decir que la clase trabajadora no depende de tu patrón, de que seas un asalariado de tal rama, sino que, quien vive de su trabajo, o de su no trabajo y tiene que generárselo, inventárselo, como pasó en Argentina, es parte de la clase trabajadora. Nosotros somos una central que alojamos desocupados en su momento. Ese proceso que me parece que fue muy potente: central de nuevo tipo, que abre, después va tomando caminos. La central continúa siendo un camino posible, pero claro, esos desocupados se fueron construyendo experiencias organizativas de construcción de trabajo. Y hoy más claramente se autodefinen trabajadores y trabajadoras. Esas compañeras que son trabajadoras, claro, son trabajadoras en otras condiciones —sin salario concreto, sin derechos laborales conquistados. Nosotrxs y la clase trabajadora en general no puede ya dejar de ver primero, que somos una clase en extinción, lxs asalariadxs formales. Con lo cual, si vos querés transformar la realidad política de Argentina, no organizar un sector que es mayoritario en términos de clase es no viable. El proceso de la intersindical debatió y alojó a las compañeras de la economía popular. Y fue un salto cualitativo. Y eso fue a partir de esta idea de que trabajadoras somos todas, que es una de nuestras consignas organizadoras. Entonces, no solo trabajadoras somos todas en relación al trabajo doméstico, de cuidados y no remunerados, sino trabajadoras somos todas independientemente de la rama o de ser quienes estamos generando nuestro propio trabajo. 

 

¿Qué prioridades políticas tendrán los feminismos sindicales en este año de profundización de la crisis socioeconómica y contexto electoral de Argentina?

Este es un año de elecciones, es un año en el que, dada la crisis económica y el proceso de endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional, hay un alto escepticismo y desilusión en relación con lo que esperábamos que sucediera en el marco de este gobierno. Nosotras somos parte de un campo popular que logró construir unidades de acción en el marco de mucha fragmentación y atomización, el primer paro a Macri se lo hicimos las mujeres en unidad de acción. Y siempre nos enorgullecemos de decir que les mostramos un poco el camino a los compañeros, para decirles hay que juntarse porque vienen por nosotros, por nosotras, por nosotres.

Y en ese esquema se construyó un proceso de frente electoral, un espacio amplio que pudiera, primero, unirse por el espanto, y segundo unirse por una inteligencia de supervivencia básica: vienen por nosotrxs. Hay que poder sacar a la derecha de la Argentina. Ese frente electoral es complejo porque tiene dentro muchas vertientes, corrientes. Creemos que fue muy positivo porque sí frenó un proceso que venía a instalar una derecha para que se quedara. Y lo frenó con la resistencia popular y lo frenó también en la calle, con los feminismos, con la resistencia a la reforma previsional. Acá hay un movimiento obrero muy fuerte y hay conquistas que no va a ser fácil desinstalar, vamos a estar en la calle dando batalla con relación a eso.

La crisis económica que se instaló es enorme. Y ahora ¿qué pasa? Ahora, de hecho, estamos construyendo nuevamente el 8 de marzo. La estamos construyendo las compañeras que somos parte del Frente de Todos, también con el bloque intersindical, y nosotras vamos a defender que la derecha no avance. Queremos defender una experiencia frentista de campo popular. Creemos que tienen que tener más peso las reivindicaciones históricas. Este es un gobierno peronista, tiene que redistribuir la riqueza. Nosotros necesitamos que el salario, que los ingresos sean una disputa, la economía en Argentina crece y los salarios decrecen; o sea, de la porción de la torta cada vez tenemos menos quienes somos trabajadores en Argentina, ¿quiénes se están enriqueciendo, qué sectores son los que se enriquecen?

En un momento de mucha crisis en términos de extractivismo, la sensación es que, o ponemos un freno o se llevan todo, si algo de eso no sucede va a ser muy complejo. Dentro del campo popular que está pensando en esta idea frentista para frenar a la derecha existen las corrientes que defienden la soberanía, la distribución del ingreso. Nosotros queremos fortalecer ahí. La realidad es que, como siempre, el desencanto social es muy bien aprovechado por la derecha. Entonces, como en el resto de los países de la región, y acá en particular, crece una idea de escepticismo, de desvirtuar la política como herramienta, que cierra siempre por derecha. Entonces el panorama es preocupante en ese sentido. 

 

¿Crees que los feminismos pueden hoy nuevamente impulsar un proceso de unidad y articulación de fuerzas populares en Argentina?

En las primeras reuniones para construir el 8 de marzo aparece el balance y la preocupación por la merma en la participación por el desencanto. Aparece también la memoria viva, fresca, de lo que significó el movimiento feminista en términos de revitalizar la política. Y empiezan a aparecer voces críticas a cómo nos fuimos encerrando, a lo largo de estos años. También, con algo que tendremos que ir debatiendo y entendiendo un poquito ahora: ¿qué le pasa al feminismo cuando se institucionaliza? 

Pero también apareció que volvemos a poder estar en unidad, y mirá que estamos bastante peleadas, es un momento de mucha crisis y mucha tensión de miradas. No hay duda de que tenemos que estar en unidad. Nos está llevando un montón más de reuniones que antes, pero ninguna se baja de que la unidad de las compañeras es por donde hay que ir. 

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(1)  El Encuentro Nacional de Mujeres (ENM), hoy encuentro Plurinacional de Mujeres y disidencias, es un encuentro que se realiza anualmente en Argentina desde 1986 convocando a cientos de miles de mujeres y diversidades. Estos encuentros se caracterizan por ser autónomos, auto-convocados, democráticos, pluralistas, autogestionados, federales y horizontales. Se llevan a cabo en distintas ciudades del país cada año. Se trata de una experiencia inédita en el mundo en el que mujeres se reúnen durante tres días para formarse, intercambiar ideas, participar de talleres y debatir.

 

Entrevista completa disponible para descargar aquí.

Desde la Fundación Rosa Luxemburgo pensamos que varios años después de la primera huelga es interesante preguntarse sobre la continuidad de los vínculos internacionalistas, los aprendizajes históricos y desafíos actuales.

Vivimos en un contexto diferente al de la primera huelga feminista del 8 de marzo de 2017. Ese año la adhesión al paro fue de 57 países. El año siguiente fueron más de 100. En 2019 la alianza internacional para llamar a huelga llegó a 150 países, siendo el punto más alto, justo antes de la pandemia.

En los últimos años, el dinamismo y masividad del movimiento en diversas regiones y países ha decaído, han cambiado demandas, por logros conseguidos, pero también por retrocesos que obligan a luchas más defensivas. Más allá de que el 8 de marzo continúa teniendo una fuerte impronta internacional como la fecha más importante para los feminismos, las posibilidades de organizar y promover una huelga de trabajos de las mujeres y disidencias de carácter masivo depende hoy de las diferentes realidades.

En estos videos sintetizamos las intervenciones de compañeras feministas organizadas de Argentina, Chile, Estado Español, Italia y Alemania en un encuentro virtual donde participaron más de 60 integrantes de organizaciones de diferentes países y regiones.

El primer video aborda qué ocurrió con el proceso de huelga feminista luego de la pandemia; el segundo, reflexiona en torno a qué elementos positivos y aprendizajes nos deja el proceso; y el último, se centra en las dificultades y desafíos de la huelga para el futuro. Lejos de pretender agotar el balance y la reflexión que será colectiva y siempre inacabada, esperamos que el material sirve para impulsar nuevos debates en las organizaciones y el activismo para renovar las consignas, las articulaciones y la potencia de la huelga feminista de los 8M.

Expositoras: Luci Cavallero, Camilla De Ambroggi, Karina Nohales, Kristin Ideler, Patricia Aranguren.
Guión: Juliana Díaz Lozano.
Edición: Lucía Fernández Ares.

 

Voces desde el movimiento EP:01 ¿Qué ocurrió con el proceso de huelga feminista luego de la pandemia?

Voces desde el movimiento EP:02 ¿Qué elementos positivos y aprendizajes nos deja el proceso de la huelga feminista en los últimos 6 años?

 

Voces desde el movimiento EP:03 ¿Qué dificultades y desafíos tiene la huelga para el futuro?

Este material fue realizado a partir de talleres entre trabajadoras del hogar y feministas de Argentina, Chile, Paraguay, Honduras, México, España y Alemania para plantear sus demandas para el 8 de marzo. Las trabajadoras del hogar, que están cada día en la primera línea de los cuidados, estarán también en la primera línea de las luchas por el Día internacional de las mujeres trabajadoras.

Ilustraciones y animación: Ximena Astudillo Delgado
Diseño sonoro: María Eugenia Waldhüter

Foto: Ciudad Futura

Por qué el movimiento municipalista tiene que ser internacionalista

Quienes reflexionan sobre las grandes cuestiones de la política mundial rara vez las sitúan en el ámbito municipal. Esto es un error, porque los problemas y retos mundiales se reflejan en la vida cotidiana de las ciudades. Por ejemplo, la especulación transnacional con el suelo urbano y la propiedad inmobiliaria, la amenaza a la sostenibilidad económica y ecológica por parte de las empresas multinacionales o el aumento de refugiados debido al hambre, la guerra o la catástrofe climática. El municipalismo -como política urbana de izquierdas y rebelde- está, por tanto, estrechamente vinculado a una perspectiva internacionalista: sólo un movimiento fuerte y en red transnacional puede aportar respuestas en este ámbito.

Ciudades sin Miedo es una red internacional de activistas, organizaciones, concejales y alcaldes que trabajan por la radicalización de la democracia, la feminización de la política y la transición hacia una economía que cuide de las personas y el medio ambiente.

En octubre de 2022, la red -con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo- se reunió en Rosario, la ciudad más peligrosa de Argentina. El avance del narcotráfico ha llevado a que Rosario multiplique por cuatro la media nacional de homicidios. Al mismo tiempo, la ciudad está constantemente cubierta por nubes de humo que dificultan la respiración. Ese es el resultado de incendios no autorizados e incontrolados provocados para aumentar los beneficios de la agricultura o la especulación del suelo. Un lugar, pues, en el que parece difícil imaginar un futuro diferente.

Sobre eso preguntamos a Rocío Novello, coordinadora de la sección internacionalista de Ciudad Futura, un partido-movimiento de Rosario que acogió el encuentro de la red Ciudades sin Miedo.

Rocío, ¿ustedes no tienen miedo?

Hoy estamos frente a un momento histórico excepcional, donde el aumento de la desigualdad y de la exclusión, la pérdida de derechos, las disputas geopolíticas, el cambio climático y la constante depredación del ambiente generan mucho temor. Y claro, si uno mira todo ese escenario y lo ve y vive de forma individual, obviamente es abrumador el miedo. La clave está en entender que se pueda abordarlo de forma colectiva, ahí está la transición. Por eso es la red de ciudades, la alianza, que es “sin miedo”. Juntas decidimos enfrentar al avance de la extrema derecha, de la xenofobia y el racismo.

Por eso, Barcelona En Comú impulsó una red internacional en el 2017 en el marco de un proceso caracterizado por la irrupción de los “municipios del cambio” en el contexto europeo, principalmente. Desde entonces, se organizaron eventos regionales, de manera descentralizada, y de forma virtual, en pandemia. El 2022 nos presentó la posibilidad de volver a encontrarnos de forma presencial y esta vez, asumiendo nuevos desafíos para la región latinoamericana.

¿A qué desafíos te referís?

En 2017, nos encontramos tres experiencias latinoamericanas en Barcelona: Valparaíso de la mano de su alcalde Jorge Sharp, Belo Horizonte de la mano de las compañeras de MUITAS del PSOL y Rosario a través del partido de movimiento Ciudad Futura. A partir de ese momento, entendimos que nuestro desafío estaba en poder conectar los movimientos sociales y las experiencias políticas de nuevo tipo de nuestra región con los debates municipalistas en Europa, para multiplicar la esperanza, pero también como estrategia para enfrentar los límites con los que se encontraron los proyectos progresistas en América Latina de principios de siglo desde una lógica fuertemente centrada en el Estado-nación y en la redistribución del ingreso. Aunque el aumento del poder adquisitivo significó una inclusión de sectores anteriormente excluidos, se trató de una inclusión fuertemente mercantilizada y por lo tanto no terminó cambiar el sistema político. Necesitamos recuperar las democracias, desde las ciudades, y redistribuyendo el poder.

Latinoamérica es el continente más desigual del planeta – pero también es territorio de resistencia, de lucha y de solidaridad en la construcción de modos de vida comunitarios, cooperativos, autogestivos y alternativos. Es acá donde más hace falta combatir el miedo y cultivar la esperanza, y desde donde decidimos instaurar un nuevo grito por un mundo más justo.

Por eso en 2022 nos propusimos el desafío de que Rosario se convirtiera, durante tres días, en un gran laboratorio a cielo abierto que aloje experiencias de todo el mundo que vienen buscando soluciones reales y concretas a los grandes problemas de nuestro tiempo. Una guía para la acción, para darnos fuerza, para articular todas las prácticas desde abajo en un proyecto global de futuro. Salimos a buscar a organizaciones, movimientos y partidos que estén trabajando para transformar sus territorios e invitarlos a dar el debate. La respuesta que recibimos superó todas las expectativas: más de 1000 asistentes viajaron desde 17 países diferentes. Incluso desde Berlín recibimos un saludo por video de Katalin Gennburg.

¿Cuáles fueron los ejes centrales de los debates?

Dos grandes debates abrieron el encuentro. Primero, la necesidad de animarse a construir otra política para poder construir otro mundo, otro horizonte común, mientras materializamos aquí y ahora la sociedad que queremos. Una política donde el protagonismo de los movimientos sociales, ambientalistas y feministas, de lxs pobres, de las mujeres, de las juventudes y de lxs campesinos esté en el centro de la discusión política. Necesitamos una política que esté pensada por y para la gente común.

Se trata de reinventar la democracia desde donde la democracia nació, desde la ciudad. Es desde lo próximo, lo cercano, lo real y lo concreto, desde donde podemos construir una nueva forma de hacer las cosas, un nuevo modo de gobernar. Porque la manera en que todo esto se viene haciendo es la que nos trajo hasta esta crisis múltiple.

El otro gran eje se centró en la necesidad de pensar el momento actual de América Latina en el contexto de crisis del horizonte neoliberal. Pero también sobre los escenarios abiertos y las alternativas posibles: el rol de los municipalismos y las experiencias de nuevo tipo en la reinvención de las formas de lucha, en la construcción de la unidad política de un continente y un mundo donde quepan muchos mundos. En este sentido, el movimiento feminista y disidente en Sudamérica es, sin dudas, uno de los ejemplos más transformadores de nuestro tiempo. De manera similar, podemos pensar en las formas de organización y sindicalización de lxs trabajadores excluidxs. Discutimos qué tiene la experiencia política latinoamericana plebeya para compartirle al mundo.

Esos son temas bastante amplios.

Claro, pero también nos propusimos discutir nuestras agendas cotidianas, cruzar miradas y compartir experiencias en territorio. De hecho, los talleres constituyen el corazón de cada encuentro de ciudades sin miedo. Entre los ejes de los talleres sobresalieron los procesos de urbanización – es decir la conexión de los barrios informales, que hoy no tienen conexión con las infraestructuras -urbanas e integración de sectores populares; lxs activistas de Medellín (Colombia), Monterrey (México) y Argentina -con la creación del Registro Nacional de Barrios Populares impulsada por los movimientos sociales- pudieron aprender directamente unxs de otrxs. Charlamos sobre el eje de seguridad vinculado a las luchas contra las violencias y el narcotráfico, y escuchamos de la lucha por justicia de las compañeras de Marielle Franco en el Brasil de Bolsonaro. Y nos dimos el debate sobre cómo construir una democracia protagónica, con sociedades en movimiento e Innovación Política (dentro de las instituciones). En Rosario transformamos el concejo municipal de Rosario con la creación de la Comisión de Feminismos y Disidencias, inspirada en el trabajo de Barcelona.

Además, se desarrollaron tres asambleas de la militancia, espacios abiertos a la ciudadanía en su conjunto, para que todxs puedan tomar la palabra y, que nos permitieron, no solo debatir y compartir experiencias, sino también, marcar el rumbo de lo que sigue, construir una hoja de ruta. Cada una se centró en una lucha crucial de nuestra región: por ciudades feministas y diversas, por la justicia ambiental y por la defensa de los Derechos Humanos.

Hablando de la hoja de ruta: ¿Cuál es la perspectiva hacia el futuro?

El producto final del Encuentro era la Carta Rosario “4-3-3” –  en la ciudad de Lionel Messi, también hay que incluir el fútbol, jaja. Esta carta incluye cuatro principios que orientan el sentido del movimiento, tres objetivos que marcan los resultados deseados y tres misiones con acciones concretas.

Los cuatro principios son: primero, la democratización de la democracia, lo que significa activar la participación, el empoderamiento y la apropiación de infraestructuras para ampliar y consolidar la organización popular hacia ciudades más igualitarias y sostenibles. Segundo, la feminización de la política, es decir, el desarrollo de maneras feministas de hacer política y superar las inercias patriarcales en el trabajo interno de las organizaciones. Tercero, el desarrollo de la gestión colectiva de los bienes comunes -como el espacio público, el transporte, la alimentación, la vivienda, los servicios recreativos- y de modelos de transición hacia una economía plural. Y cuarto, seguir profundizando la internacionalización del municipalismo.

En este marco acordamos tres objetivos: Expandir y fortalecer el movimiento municipalista en todo el mundo, construir y desarrollar poder en las personas, comunidades y barrios y desarrollar un ecosistema de políticas e instrumentos municipalistas. Hago hincapié en el último, porque en la actualidad existe un conjunto de experiencias, prácticas, políticas, acciones a lo largo y ancho del mundo; pero que se presentan aisladas, focalizadas a veces, cuyos efectos acumulativos de las miles de victorias pequeñas (o no tanto) no logran coordinarse ni generar musculatura global. Si ampliamos la mirada podemos ver que la creación de farmacias populares en Chile o las escuelas de gestión social en los barrios periféricos de Rosario, junto con el referéndum para la expropiación de grandes inmobiliarias en Berlín o la lucha contra las plataformas de alquiler temporario en Barcelona, nos están hablando de una comunidad de prácticas que está mirando al futuro. Esto es lo que necesitamos potenciar.

Los aprendizajes colectivos y las experiencias movilizadoras necesitan sistematizarse y ponerse al servicio de la inteligencia colectiva del movimiento municipalista. Queremos integrar y coordinar esfuerzos, sin abandonar la riqueza de la diversidad y la heterogeneidad de los procesos, conocer en detalle las herramientas y modalidades de intervención tanto como las estrategias para su adecuada gestión.

Para lograr estos objetivos pensamos tres misiones que trabajamos en grupos de trabajo que asumen la tarea, y la impulsan hacia adelante. Se trata de una Escuela Municipalista y sistema de intercambios pedagógicos y concurrencias de prácticas, una Plataforma municipalista colaborativa de herramientas y dispositivos de gestión estatal y social y una estrategia de comunicación colectiva.

La prioridad para este 2023 está centrada en poner en marcha estas tres misiones. Estamos convencidxs que poder caminar colectivamente estas misiones nos va a permitir crecer y consolidar la red para que el año que viene el futuro encuentro nos encuentre con una agenda de trabajo común más fuerte.

 

Ver más: https://ciudadessinmiedo.ciudadfutura.com.ar/