Ilustración: Emitxin

Por Luciana Peker

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Vilma Reis es feminista, defensora de los derechos humanos, socióloga, máster del Doctorado en Sociología de las Relaciones Raciales y pertenece a la Organización de Mujeres Negras por los Derechos Humanos e ingresó en el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, en el 2007. 

Ella fue Presidenta del Consejo Estatal para el desarrollo de la comunidad negra. Fue elegida, dos veces, Defensora del Pueblo por organizaciones de la sociedad civil. Fue reconocida con la Medalla «Zumbi dos Palmares» por su lucha contra el racismo, el genocidio de la juventud negra y la defensa de la comunidad LGBTTQ. Uno de sus lemas es: “Entender las soluciones es más fácil cuando convivimos con los problemas la vida entera”. 

Nació en 1969, en Salvador, capital del Estado de Bahía, en el nordeste brasileño. Creció en el Recôncavo de Bahía (el área metropolitana) en donde el 90% son mujeres negras. Su papá fue un sindicalista ferroviario y su mamá una feriante que vendía verduras y frutas en la calle. 

A los 15 años comenzó a participar en el movimiento estudiantil. Hace 37 años que milita en la secundaria, la universidad, los feminismos, el movimiento de mujeres negras y la política. “Soy una mujer negra, feminista, anticapitalista, de izquierda”, se define. “Soy socióloga, profesora, educadora” relata. “Estoy en el espacio de la universidad y en los movimientos populares”, describe.

“Es importantísimo que la izquierda tradicional tenga una discusión horizontal con las mujeres negras, con las indígenas, los yanomamis, los guarayos, los pataxó, etc. No son los capitalistas los que están decididos a elegir a Lula. Somos nosotras”, define sobre las elecciones en Brasil. 

¿Qué cambios son centrales en Brasil? “Es fundamental hacer una reforma agraria, la legalización de las quilombolas, los territorios tradicionales indígenas y la pesca artesanal. También es central discutir las políticas de drogas en Brasil y el encarcelamiento de los jóvenes. Hay 830.000 jóvenes negros en la prisión. En el sistema de justicia de Brasil tenemos 2,1 millones de personas negras implicadas en la justicia criminal”. 

 

– ¿La guerra contra la droga trae como consecuencia la criminalización de los jóvenes negros?

-La guerra contra las drogas es la guerra contra los negros y empobrecidos de este país. El 72% del país vive con un salario mínimo o, como mucho, dos. 

– ¿Por qué nombra, en sus investigaciones, al estado como viciado en vez de a los consumidores como viciosos?

– Cuando estuve en la Defensoría Pública del Estado de Bahía mi trabajo fue sobre la política de seguridad pública y la guerra de las drogas y el título fue “Viciado por el Estado”.  El tema es que los jefes de la seguridad pública ejercieron movimientos de control en los barrios negros de Salvador.

– ¿Cómo empezó su participación en el feminismo?

– En 1997 organizamos el XII Encuentro Nacional Feminista, con la participación de 722 mujeres y delegaciones de 25 países, y fue la primera vez que tuvimos una comisión con la mayoría constituida por mujeres negras. Desde esa época continuó el movimiento de las mujeres negras. 

– ¿Cómo se enlaza con la lucha anti racista?

– Con un grupo de la universidad federal iniciamos una escuela de formación para enfrentar el racismo, cambiar la escuela y discutir sobre la diáspora de África. Después fui profesora de la universidad, en Chapada Diamantina, el centro de Bahía y promovimos un trabajo con 21 comunidades quilombolas donde trabajé por diez años, al mismo tiempo que en la escuela y la universidad. 

-En Salvador tiene mayoría de mujeres negras y apenas hay dos mujeres negras representantes en la legislatura municipal. ¿Cómo se produce esta disociación entre población y representación?

-En el municipio hay 43 legisladores y solo 7 mujeres y, entre las 7, solo 2 mujeres negras. 

– ¿Por qué lanzó una precandidatura para ser alcaldesa de Salvador y fue un objetivo tan difícil?

-Fue como la guerra. Los hombres nos decían: “No, no es posible” y nosotras sostuvimos el debate. Y ahora tenemos la pre candidatura para ser diputada federal en el Congreso Nacional.

– ¿Qué le piden las mujeres negras a Lula?

-Paridad racial y de género.

– ¿Qué se necesita para construir esa paridad?

-Es necesario repartir el fondo electoral con justicia. Los candidatos blancos tienen mucha, mucha, mucha plata. Y las mujeres negras e indígenas casi nada de plata. Nosotras trabajamos toda la semana para viajar sábado y domingo. No tenemos plata para sustentar la estructura de la pre campaña. 

– ¿Cómo se puede modificar esa desigualdad de poder para llegar al poder?

-En el 2020 Benedicta Da Silva (ex Gobernadora de Río de Janeiro y actual diputada federal) hizo una propuesta al Tribunal Superior Electoral, que coordina elecciones (la instancia máxima jurídica electoral en Brasil), para que las mujeres tengamos fondos para hacer campaña. Es muy importante que los dirigentes de los partidos políticos tengan conciencia de esa necesidad. 

– ¿Qué le piden a Lula si es elegido presidente?

-Nosotras estamos hablando con Lula que, después de la elección, las mujeres negras e indígenas podamos estar en espacios estratégicos del gobierno, no solamente en la secretaría de la igualdad racial, no solamente en el ministerio de las mujeres. Nosotras queremos representación en las decisiones financieras, en la salud, la justicia, el urbanismo, la ciencia, la tecnología y el agro. Es muy importante porque dentro de la izquierda tradicional siempre la posición es: “Nosotros los blancos, los intelectuales, los hombres, pensamos muchísimo en ustedes. Estamos haciendo la política para los negros”. No queremos que la política sea así. Nosotras pensamos como dice Erica Malunguinho (diputada trans de San Pablo): “Quien anda en el bus tiene que pensar cómo hacer el bus, quien anda en el ómnibus tiene que planificar los ómnibus”.

Imagen: @emitxin

Por Luciana Peker
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Ya no se trata de casarse para toda la vida con una sola propuesta electoral, sino de construir nuevos romances para romper con la representación tradicional, para transformar y multiplicar el poder.

En un mundo en colapso las mujeres construyen propuestas: juntarse en aquelarre feminista, ir de cañas, multiplicar los mandatos colectivos y diversos, alternar lxs oradores en las asambleas, idear mandatos rotativos, exigirse menos, hacer palanca para establecer una agenda de género, convertir a las protestas sociales en alternativas electorales, ser quilomberas en resistencia. 

En muchos lugares, la salida de la primera fase del efecto pandémico trajo una revuelta de la derecha extrema, desenfadada, que toma la incorrección política como una bandera que les permite legitimar el racismo, el machismo y el liberalismo sin tapujos. Las diferencias estructurales entre países periféricos y centrales no sólo subsisten, sino que se profundizan. La desigualdad subió y las diferencias de género, identidad, pobreza y raza se acrecientan.  

El efecto de la pandemia es decepcionante y, por lo tanto, genera decepción. La depresión masiva se vuelve depresión política. El problema es que mostrar un horizonte más apocalíptico no enciende la organización, la furia o la rebelión, sino el escapismo, la indiferencia o la negación. 

Pero no todo son malas noticias. Por otra parte, surgen algunos movimientos y liderazgos de izquierda o revueltas populares que logran encausarse en un camino electoral exitoso. Como en Chile o, -todavía con resultado incierto-, en Brasil o Colombia. Pero no se trata de tomar el calor de la política solo por la fiebre electoral. El desafío es generar nuevas formas de estructuras institucionales más allá de la ciclotimia del éxito o el fracaso electoral para armar proyectos de participación política a largo plazo. Proyectos que no sean para toda la vida, pero tampoco para un match de Tinder en donde un proyecto innovador logra llegar a la legislatura y la euforia de la noche electoral se deshace con el día a día. 

No es casualidad que en estos procesos estén presentes lxs feministas y mujeres negras. Aunque, en muchos casos, el feminismo se burocratizó en la institucionalización o quedó deglutido por el machismo de izquierda y de derechas, sigue siendo un movimiento innovador no solo en su agenda, sino en su construcción. Hay experiencias de América Latina que podrían revitalizar formas de organización más alegres, innovadoras y resistentes en el “primer mundo”. Y hay formas en Europa de impulsar la llegada de las mujeres o de revisar qué fracasó para que los cargos públicos sean apenas un mal paso que las expulsó.  

Es cierto, las diferencias estructurales entre América Latina y Europa no solo permanecen, sino que se profundizan. Igual que se profundizan las diferencias entre las mujeres blancas de clases acomodadas y las negras, trans, lesbianas, indígenas, migrantes y empobrecidas. Las desigualdades no se pueden soslayar, pero tampoco pueden impedir impulsar aprendizajes mutuos.

En un mundo no solo globalizado, sino cruzado por las migraciones y por las cepas que se dispersan de Asia a América y de África a Europa en menos de una semana, las soluciones no se pueden trasladar como el café en cadena. Pero, ellas, sí pueden aplicarse como una vacuna para la anti política o la atomización de los sueños de la política en modo motor de cambio (justo ahora que ya nos quedamos sin energía) y debemos ver cómo renovamos el aire. 

Los mandatos colectivos

Del mismo Brasil que ha producido un Bolsonarismo como proyecto autoritario y violento, surge un formato político innovador y posible de inspirar muchos moldes parecidos (o diferentes) en diversos lugares del mundo: los mandatos colectivos, en los cuales varias personas comparten una bancada aunque solamente una persona del grupo está electa legalmente. La idea de colectividad, que va en contra de la vieja política individualista, trae un sentido de participación política y diversidad en espacios que siguen siendo mayoritariamente blancos, misóginos y sexistas. Algunos se definen como “mandatos quilombos” en referencia a las comunidades que la población negra esclavizada construyó durante el período colonial en Brasil como espacios de resistencia, protección y sociabilidad para las personas que huían de la condición de esclavos. La población quilombola es la descendiente de estos espacios.

No se trata sólo de oponerse a la desigualdad, sino también de cómo oponerse. No alcanza con el QUÉ, sino que es importante el CÓMO. No es sólo proponer otras políticas, sino construir otra forma de hacer política. 

“Los mandatos colectivos emergen como una alternativa democrática de representación y participación política que se escapa del viejo sistema político donde el poder se concentra en manos de una sola persona, generalmente, de una posición económica alta y privilegiada”, contraponen las Mandata Juntas, un grupo de co-diputadas estatales, la primera mandata colectiva feminista, antirracista, de Pernambuco, Brasil. 

El surgimiento de los mandatos colectivos se produjo a partir de las protestas de junio del 2013, con manifestaciones que mostraron la insatisfacción con la política de Brasil; la crisis de la representación y la poca diversidad de género, raza, color y territorios periféricos entre los diputados/as de las cámaras legislativas municipales, estatales y federales. La mandata Juntas nació en la campaña electoral de 2018 en donde cinco mujeres con un horizonte en común se agruparon para hacer de la política un puente hacia las demandas de la gente. El objetivo es construir proyectos más transparentes, incluyentes, populares y antirracistas.

El mandato colectivo no es una plataforma política, sino una forma de construir –y garantizar- que se lleve adelante una plataforma política desde las legislaturas locales o nacionales. Es importante que se realicen asambleas con movimientos sociales como parte fundamental del motor para que los mandatos colectivos estén en marcha. En la experiencia brasileña (que puede inspirar sin repetir el formato y con otras agendas, necesidades y demandas) son especialmente escuchadas las mujeres, los gays, las lesbianas, las personas trans, lxs negrxs, lxs vendedores ambulantes, lxs sin techo, las personas en situación de calle y las personas privadas de libertad. Las propuestas de la campaña electoral se eligen en asambleas y la ejecución de los cargos electivos se ejerce colectivamente. Es importante que la plataforma sea legitimada por los grupos de lucha (feministas, movimiento negro, sin techo, sin tierra, comerciantes informales, LGBTQ+, estudiantes, etc.) que conocen a fondo los temas que militan. El objetivo es fortalecer la participación popular en la gestión. No se trata solo de que haya más personas que ocupen el cargo, sino que los cargos no sean unipersonales. El cambio de reglas de juego se basa en que lleguen a los cargos institucionales personas que vienen de barrios, deseos, familias, clases, colores, identidades y necesidades que eran expulsadas de la formalidad política y que buscan formas de inclusión a través de las herramientas disponibles en democracia para abrir la puerta –y no cerrarla- a muchas otras personas.  

Hacer palanca

Además de fortalecer la democracia, los procesos colectivos también suponen un alivio para los individuos y, de este modo, refuerzan su sostenibilidad. De eso nos cuenta la experiencia de AKAFEM, un aquelarre feminista surgido en España.

“AKAFEM nació cuando terminó nuestro mandato [en gobiernos de varias ciudades en partidos municipalistas o partidos de cambio] y fuimos expulsadas. Nos encontramos reflexionando entre compañeras en pequeños comités. Queríamos devolver al feminismo esa reflexión porque es el movimiento que nos eligió como representantes. Además, para promover la continuidad del feminismo como herramienta en el municipalismo”, explica la ex concejala Rocío Fraga Sáenz. En este sentido el grupo realizó una investigación sobre los aprendizajes de estos mandatos. “El dato más importante es que de las 54 mujeres, 22 se fueron de las instituciones y de las organizaciones porque las expulsaron, porque se auto-expulsaron o porque las organizaciones se disolvieron”, subraya.

La expulsión se produjo por una multiplicidad de factores. Pero ella resalta uno que puede revisarse en la singularidad personal y en los mandatos, presiones o deberes. “Hay un exceso de exigencia en la militancia”, diagnostica.

¿Pueden servir las herramientas de Brasil? “Es verdad que los contextos entre España y Brasil, son muy diferentes, pero la situación no tiene tanto que ver con un gobierno concreto sino con una vuelta a tiempos violentos para los países que vivimos dictaduras y donde hay un nuevo auge de las extremas derechas en democracia”, analiza la ex concejala Rocío Fraga Sáenz, de AKAFEM. 

Es importante ver que los puentes entre Europa y América Latina -sin aplanar las condiciones, dificultades y diferencias- son mucho más practicables de lo que nos quieren hacer creer. Podemos aprender mutuamente, podemos repetir experiencias, recalcular rutas que no funcionaron y potenciar estrategias que re enamoren con la política. Podemos salir de la resignación con la energía de quienes, por primera vez en la historia, podemos protagonizar el futuro. 

Entre las estrategias de empoderamiento, pensadas por AKAFEM, proponen medidas de cuidado para quienes están expuestas en primera línea; buscar elementos de cohesión ante las diferencias en las posturas de los movimientos feministas; construir argumentos para sacar las políticas feministas de las interpretaciones centradas en la individualidad: “esto lo quieres porque te va venir bien a ti” y proliferación de actividades políticas con menos exigencia de presencialidad. También se impulsa fomentar la rotación en los liderazgos, como garantía de aprendizaje de la militancia y de mantenimiento de la frescura en la organización. Los mandatos rotativos se suman a los mandatos colectivos como formas conjuntas de dinamizar la política. El otro punto en común con la nueva estrategia latinoamericana es fomentar que las bases tengan incidencia real en la toma de decisiones. 

La función del feminismo no es ser complaciente ni destructivas con la institucionalidad, sino que el feminismo debe hacer palanca para marcar una agenda feminista. Para eso, hay que coordinar esfuerzos entre quienes ocupan cargos públicos y quienes pertenecen al movimiento e instalar nuevos debates. 

Violencia política contra la transformación social

Sin embargo, el exceso de exigencia no es lo único que expulsa a las mujeres progresistas de las instituciones, por lo menos en Brasil. “¿Si no podemos asegurar la vida de las mujeres para qué vamos a entrar a la política?”, pregunta Anielle Franco, en una conversación organizada por la Fundación Rosa Luxemburgo sobre “Perspectivas feministas y antirracistas hacia las instituciones”. No se puede avanzar si no se garantiza la vida y se combate la violencia política.

“¿Quién quiere ser candidata?”, pregunta Anielle. Dar la vida no es una opción. Para ella también es una interpelación personal. Habla del filo de la muerte después de dar la teta a su bebé de 1 año (Eloah) y de sostener a su otra hija de 5 años. No es ella sola la que se juega cuando juega políticamente y deja de jugar con sus hijxs. Sus padres le dicen que no se meta en política. Temen por ella. 

Hasta hace un tiempo parecía que la solución para frenar la violencia contra las mujeres era que se empoderen. Y, para que lleguen al poder, la llave era que sean más fuertes. Ahora, está claro, que el poder no se abría a mujeres con poder, sino que les cobra revancha: si al fin lograron pasar las trabas, se las abre para que se vayan.  

“Es urgente que reconozcamos que la violencia política es la herramienta más eficaz para impedir que las mujeres negras, trans, indígenas y quilomberas lleven adelante sus mandatos. Se trata de un proyecto con el claro objetivo de impedir que las demandas que ellas representan se conviertan en políticas institucionales”, resalta Anielle.

Es la hermana de Marielle Franco. La ex concejala, feminista, lesbiana y negra, de la favela de Río de Janeiro, que fue acribillada el 14 de marzo del 2018. “El asesinato de Marielle representa la vulnerabilidad de las mujeres que sufren amenazas, o de su entorno, cuando llegan a lugares de poder”, contextualiza. El femicidio político busca disciplinar el desaliento. Y si no lo consigue por el ejemplo, intenta conseguirlo amedrentando directamente. 

El cuerpo de Marielle se libró como una amenaza que estallara en los ojos de las otras, para que la distancia entre la amenaza y el miedo se acorte, se acostumbre, pero se vuelva sombra. La lucha ilumina su memoria y también las luciérnagas políticas que no dejan que el cielo se cierre para las que no estaban destinadas a ser alumbradas. La asesora legislativa Luana Mayer –de la diputada Taliria Peltrone- resalta: “Somos luces que iluminamos la esperanza”.

El Instituto Marielle Franco investigó (en el 2020 y 2021) la violencia política contra las parlamentarias y defensoras de derechos humanos negras cisgénero, transgénero y travestis. “El 96% de las candidatas contó haber sufrido al menos un tipo de violencia. De todas las formas de violencia, la más frecuente fue la virtual, en un 80% de los casos que se expresó en comentarios racistas, machistas y sexistas”.

El diagnóstico es claro: o se frena la violencia política o se frena el avance de las mujeres cis y trans negras. Pero también tiene una luz a contrasombra: las quieren frenar por todo lo que avanzaron. 

¿Qué se puede hacer? La ex candidata a concejala por San Pablo (en el 2020) y asesora legislativa Ana Mielke cree que la clave de la defensa es sumar con diversidad y enfatiza: “Lo mejor que podemos hacer es trabajar para que puedan ser elegidas más personas con perfiles no heteronormativos, ni blanconormativos. Porque ser cada vez más es lo que va a hacer que de a poco se naturalice y se visibilice que esos cuerpos llegaron para habitar los espacios políticos”. Todavía falta. En Brasil el 27% de las mujeres se auto-declaran negras (14% de toda la población), pero son solo el 3% de las que ocupan alcaldías, el 5% de las elegidas para asambleas legislativas municipales, el 2% de Congreso Nacional y 1% en la Cámara de Diputados Federal, según datos del 2020.

Hilos de sentido

La relación entre países no solo enriquece, también advierte. Un mundo que mira con lupa microscópica los fenómenos locales pero que pierde de vista los fenómenos globales unidos por hilos de sentido, pero perdidos entre la sobre información y los puntos que resaltan más que los murales que pintan el cuadro entero. 

No es cuestión de lamentos, sino de acción, también a nivel internacional. Durante las dictaduras militares la desaparición, tortura y muerte fueron una amenaza y una práctica. Entonces, la solidaridad de las izquierdas europeas también salvó vidas, cuándo exigieron respuestas, cobijaron exilios y permitieron juicios. Hoy se la precisa otra vez.

Cultivamos experiencias feministas y antirracistas en la política. Abrimos intersticios en las instituciones, las cuestionamos, las leemos a contrapelo, nos unimos y entramos a disputar y transformarlas. Somos una y somos todas. Somos unx y somos todxs. Internacionalistas e incansables. Combatimos y resistimos los machismos y los fascismos, pero siempre buscando construir nuevos horizontes colectivos. Somos Semillas de resistencia. Ningún terreno nos es ajeno, llegamos para quedarnos, llegamos para cambiar todo. 

El perfil Semillas de Resistencia surge del proyecto “Perspectivas feministas hacia las instituciones” de la Fundación Rosa Luxemburgo. El proyecto, desde hace más de dos años, impulsa un espacio de articulación entre activistas y organizaciones feministas que extienden su intervención política hacia las instituciones, buscando acceder, permanecer en ellas, pero también cambiar sus reglas de juego. En diferentes países existen experiencias de combate a la política patriarcal o “despatriarcalización” de la política impulsadas por mujeres y disidencias que debaten y accionan para democratizar instituciones, e inventar nuevas formas de hacer política que correspondan con nuestras realidades. En este contexto, es hora de juntar e intensificar los debates aislados sobre el acceso de las mujeres a las instituciones y las miradas feministas sobre la política institucional. Esto significa, en primer lugar, trabajar juntas en cuestiones fundamentales y guardar los resultados: ¿Qué constituye un enfoque feminista de las instituciones? ¿Cómo es el poder que queremos construir? ¿Cómo lo hacemos?

Desde la Fundación Rosa Luxemburgo, a pesar de haber iniciado el proyecto en pandemia, realizamos una serie de encuentros virtuales entre activistas de diferentes países, donde logramos pensar conjuntamente las dificultades para el acceso y permanencia en las instituciones del estado para mujeres y disidencias. 

En ese marco, reconocimos y relevamos aquellos ataques sistemáticos de sectores concentrados, patriarcales, misóginos y racistas hacia quienes dan estas batallas. En consonancia, escribimos y difundimos una Alerta feminista y antirracista contra la violencia y por una política que ponga la vida en el centro para dar cuenta de la necesidad de acuerpamiento y solidaridad internacional feminista contra estos ataques. Este llamamiento pone el acento sobre las violencias machistas, su función, su efecto y nuestras ideas y demandas a las organizaciones de la izquierda para enfrentarlas. Retomando la idea que la violencia política contra mujeres progresistas se vive en diferentes formas en diferentes partes del mundo, pero que es una amenaza internacional y necesita una respuesta internacionalista. 

Además, durante este tiempo pudimos también compartir iniciativas, protocolos y políticas con mirada feminista y antirracista, puestas en acción en diferentes regiones, pensando en colocar las vidas de las mayorías en el centro. 

Entre el 27 y 29 de abril realizamos en Salvador de Bahía, Brasil, el Encuentro Internacional “Sementes de Resistência- Perspectivas feministas y antirracistas hacia las instituciones”. El mismo reunió a más de 40 activistas, políticas y legisladoras de diferentes países y regiones: Brasil, Chile, Estado Español, País Vasco, Cataluña, Alemania, Portugal y Argentina. El objetivo principal fue articular iniciativas de participación política institucional con perspectiva feminista en distintas partes del mundo. El territorio elegido, Bahía, tuvo que ver con visibilizar la lucha de las mujeres negras en la política y expresar la solidaridad internacional ante hechos de violencia política y el racismo estructural que vive el pueblo brasilero. De esta forma, gracias a una traducción simultánea en los diferentes idiomas durante los tres días, construimos un espacio de confianza para el intercambio entre mujeres y disidencias que participan en la política institucional como parte de su apuesta colectiva feminista. Compartimos experiencias, iniciativas políticas, solidaridades. Avanzamos sobre la importancia de transcender la política de cupos y las iniciativas solo circunscriptas a agendas de géneros, para pensar la transversalización feminista y antirracista de todas las políticas y del trabajo adentro y fuera de las instituciones.  

Estamos convencides de que el trabajo con mujeres y disidencias comprometidas con esas consignas feministas, populares y antirracistas es el camino para crear otras narrativas que permitan vincular los movimientos sociales con el poder institucional. 

Como corolario de todo este trabajo, el perfil de Instagram “Semillas de Resistencia” recopila y difunde estas experiencias, personas y colectivas para amplificar y articular, con la esperanza puesta en la construcción de redes de trabajo y de apoyo internacionales para transformar la sociedad.

 Conoce el perfil Semillas de Resistencia aquí.

 


El poliamor llegó a la política | Por Luciana Peker

Ya no se trata de casarse para toda la vida con una sola propuesta electoral, sino de construir nuevos romances para romper con la representación tradicional, para transformar y multiplicar el poder.

Nota completa aquí.

 

 

 

 


Vilma Reis: “No son los capitalistas los que van a decidir la elección en Brasil, somos nosotras” | Por Luciana Peker

Vilma Reis es feminista, defensora de los derechos humanos, socióloga, máster del Doctorado en Sociología de las Relaciones Raciales y pertenece a la Organización de Mujeres Negras por los Derechos Humanos e ingresó en el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, en el 2007.

Nota completa aquí.

 

 

 


“Desarmar el binarismo entre lo institucional y lo movimental”

Javiera Manzi e Irune Martínez, integrantes de la Coordinadora 8M de Chile hablan sobre la participación de las feministas en el reciente proceso constituyente.

Este texto fue elaborado en base a entrevista realizada en mayo de 2022 por la Fundación Rosa Luxemburgo.

«Memorias invertidas ¿Qué pasó con les desaparecides LGBTIQ+?» es el resultado -provisorio, contingente, siempre abierto-, de un trabajo colectivo, de diálogos cruzados y de una polifonía de materiales que pretende sexualizar esos relatos del pasado reciente, de la última dictadura cívico, eclesiástica, empresarial y militar en Argentina, darles otra impronta y habitar la complejidad para dejar de repetir la historia binaria y cis-heterosexual.

A 46 años, más que preguntarnos, hoy afirmamos que la memoria no es un privilegio cis-heterosexual: 30.400 compañerxs, ¡Presentes!

 

 

 

O puedes descargarlo aquí.

 

«A la hora de realizar la tapa de Memorias Invertidas se me presenta un primer problema: ¿a quienes ilustrar para hablar de los y las homosexuales en la última dictadura militar? ¿Cómo ilustrar esas vidas silenciadas por la historia oficial, y que sin embargo estuvieron ahí y vivieron el terror y la persecución? Lxs tres personajes que están en la tapa finalmente no son nadie en particular pero son todes elles. Dos maricas en quienes traté de ilustrar la homosexualidad pública (ya que están en la calle) como algo sutil. Una postura, un gesto. Y una lesbiana cuya imagen está basada en Ruth Mary Kelly, torta y trabajadora sexual que desde los 70 ya militaba ambas causas, grafiteando, repartiendo panfletos con el FLH y peleándose con las feministas organizadas de la época. Lxs tres personajes miran con desconfianza y en guardia a una patrulla de la policía Federal que pasa en un Ford Falcon con un arma en la mano. Esta escena está acompañada por otros recuadros: papeles de la DIPBA con archivos f ichados para recordar que también ahí hubieron homosexuales catalogados como amorales e investigados; un documento llamado «hechos que definen al gobierno militar que asumió el gobierno de la Argentina el 24 de marzo de 1976″, adjuntado por Héctor Anabitarte en sus cartas a Armand de Fluvia; y finalmente la mirada de Carlos Jáuregui, quien nos consiguió la cifra de lxs 30.400 allá por los ’80. Esa búsqueda de la memoria de nuestra comunidad, de recuperar a esxs 400 que quedaron afuera del Nunca Más, se refleja en la contratapa, donde lxs tres personajes de la tapa siguen presentes aunque hallan desaparecido en su contexto, y luego también en la historia oficial.»
@dibujamecuir

«Juntas rompemos el silencio» es una serie de audiovisuales que recuperan los testimonios de nuestras compañeras en los territorios, como parte del proyecto «Fortaleciendo la Autonomía Económica de las Mujeres Campesinas» realizado por UST – Campesina y Territorial con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo Oficina Cono Sur.

 

En el marco del #8M (Día Internacional de la Mujer Trabajadora) y para festejar el cumple de nuestra querida Rosa, el sábado 5 de marzo presentamos nuevamente el libro de cartas de #RosaLuxemburgo a sus amigas y compañeras editado junto a Rara Avis Editorial en 2021.

El encuentro se desarrolló en el Espacio Cultural “La Bemba” en el evento “Mes de las mujeres y disidencias. La escritura y el arte desde una perspectiva de género”, organizado por Arkhé Libros.

Te dejamos unas imágenes de esta juntada y parte de la intervención de Sofía Ruiz y Lisa Buhl, traductoras de “Vivo más feliz en la tormenta. Cartas a amigas y compañeras”.

¿Qué escribía Rosa Luxemburgo en sus cartas? Aquí pueden leer un pequeño adelanto de los intercambios epistolares entre Rosa y Clara Zetkin, dirigente comunista alemana y defensora de los derechos de las mujeres.

Fotos: Lucía Fernández Ares

 

Hacia una política comunal

En todo el mundo y de diferentes formas, la pandemia del coronavirus dejó en evidencia la contradicción inherente entre, por un lado, una forma de producción basada en las ganancias y, por otro lado, la reproducción social, es decir, el conflicto capital-vida (cf. XXF/SOF). La desfinanciación de los sistemas públicos de salud y la progresiva privatización de la infraestructura social son muestras de este afán de lucro en todos los ámbitos de la vida y, en muchos lugares, son causa de muertes masivas. La pandemia y su manejo político expusieron con mayor claridad el conflicto capital-vida como constitutivo del sistema capitalista.

Al mismo tiempo, la pandemia nos recordó una vez más cuáles son los trabajos sociales que son estrictamente relevantes para el sistema. Además de la atención sanitaria, se trata sobre todo de trabajos de cuidado, crianza, educación, alimentación y limpieza; es decir, todos los trabajos que tradicionalmente realizan las mujeres, mayormente en el hogar privado y muchas veces a costa de su independencia (económica) y sus posibilidades de desarrollo personal. Es así que esta división de trabajo en función del género produce una división binaria y, por consiguiente, se establece como base fundamental de la jerarquía de géneros.

Hay quienes pueden tapar los agujeros de la infraestructura pública comprando servicios de cuidado en el mercado, pero los aumentos de precios y la creciente precarización y pobreza afectan cada vez a más personas que, en consecuencia, necesitan recurrir a sus familias o redes sociales para este tipo de trabajos. Tanto los costos económicos como los emocionales se terminan privatizando.

Estos problemas solo se podrán resolver realmente si los trabajos de cuidado se socializan y se organizan democráticamente. Para lograrlo, hay que luchar a nivel local, allí donde las personas cuidan y reciben cuidados. De hecho, en muchos lugares ya existen movimientos que buscan organizar los trabajos de cuidado de forma situada, democrática y orientada a sus necesidades.

¿Cómo sería una ciudad que pusiera en el centro las necesidades de sus habitantes, sobre todo de quienes hoy suelen ser olvidadxs? ¿Cómo podríamos llevar a la práctica esta visión? ¿Qué medidas serían necesarias en los diferentes niveles de gobierno (nacional, regional, comunal)? ¿Cómo nos imaginamos la cogestión popular?

Barcelona

Algunos ejemplos interesantes para pensar una “Ciudad del Cuidado” se pueden ver en los movimientos municipalistas en el Estado español. En 2017, el gobierno municipal de izquierda de Barcelona en Comú presentó un “paquete de medidas para democratizar los cuidados en la ciudad de Barcelona” como eje fundamental de su “gobierno rebelde”.

Para lograr un verdadero cambio de paradigma en relación a las formas de administración, la alcaldesa Ada Colau no situó la elaboración de las medidas en el área del feminismo, sino que se la encomendó al departamento de “Economía Comunitaria, Social y Solidaria” que cooperó estrechamente con el área de “Economía y Trabajo”. Las medidas de políticas económicas van más allá de asuntos empresariales y laborales, y se extienden hacia el sector del cuidado entero (también del cuidado no pago) privilegiando los enfoques de la economía solidaria, la autogestión y las cooperativas. El objetivo es, con la participación de todos los demás departamentos implicados, sentar un “precedente para las políticas públicas de cuidado” (Ezquerra/Keller 2022, 4) donde se repartan los trabajos de cuidado de una nueva manera entre los diferentes actores, es decir, entre estado, mercado, hogares privados y estructuras de la economía comunitaria. Se trata principalmente de unir mejoras concretas en la vida cotidiana con el fin de alcanzar a largo plazo una economía de cuidado con perspectiva de género.

La mayoría de los proyectos del plan que comprendía 68 medidas específicas apuntan a una “socialización de los trabajos de cuidado” (Ídem, 16) y buscan crear nuevas infraestructuras públicas -como centros de familias y guarderías-, consolidar las ya existentes y ampliar el acceso para grupos vulnerables. La nueva “tarjeta cuidadora” alivia la carga de personas con responsabilidades especiales de cuidado doméstico ofreciendo acceso privilegiado a las infraestructuras municipales de cuidados y servicios sociales. Por último, se busca influir en las instituciones privadas, especialmente del área de cuidado de mayores, mediante la adecuación de los lineamientos de las concesiones para mejorar la calidad del cuidado y las condiciones laborales. Para iniciar concretamente estos cambios y acompañarlos a través de un trabajo de relaciones públicas, se creó un puesto de referente para la economía de cuidado en cada distrito.

 

Madrid

Otros gobiernos municipalistas en el Estado español adoptaron enfoques similares. El gobierno de izquierda liderado por la asociación de partidos Ahora Madrid impulsó un plan de acción parecido durante su período de gobierno (2015 a 2019), llamado “Ciudad del Cuidado 2015”. Con la finalidad de reforzar la equidad de género, apostó a un fortalecimiento de la responsabilidad social y comunal por los trabajos de cuidado. Además de una redistribución de los trabajos de cuidado y la mejora de los servicios, el plan se enfocó especialmente en la participación democrática y, en ese sentido, también en el apoyo de la autogestión local. Las prácticas e iniciativas sociales ya existentes para el trabajo de cuidado compartido recibieron ayuda práctica para seguir desarrollando su trabajo. De esta manera, se buscó consolidar el tejido social entero, partiendo de la convicción de que los procesos democráticos de base y la planificación participativa de necesidades son instancias de una “Ciudad del Cuidado” que necesitan un entramado social fuerte.

El plan de acción madrileño comprendió, además, diferentes proyectos e iniciativas de urbanismo feminista. Un diseño de la ciudad sensible a cuestiones de género y de cuidados transforma el uso del espacio público y eso, a su vez, abre la posibilidad de cambios en la vida cotidiana de la gente y en sus relaciones sociales, como, por ejemplo, que les madres y padres se puedan conocer en el parque infantil. Si ese parque no queda escondido en algún rincón apartado, sino que forma parte integral de una plaza, o propone ofertas para otras generaciones y grupos, les madres y padres entran en contacto también con vecinxs y personas mayores. Caminos anchos e iluminados con espacios verdes abiertos mejoran la sensación de seguridad, sobre todo de mujeres y personas cuir, y dan así más libertad de movimiento. De esta forma, se construyen otras relaciones sociales que, a su vez, pueden generar la base tanto para el trabajo de cuidado compartido más allá de la infraestructura pública como para la cogestión y planificación popular.

 

América Latina

También en América Latina, como consecuencia de las crecientes movilizaciones feministas, se debate cada vez más sobre las relaciones de cuidado y las condiciones de la reproducción social – últimamente, también bajo el término de “Ciudad del Cuidado”-. Estos debates se reflejan en parte en políticas comunales, en parte en políticas nacionales. En Valparaíso y otras ciudades de Chile, por ejemplo, la autogestión de lxs vecinxs junto a las municipalidades de izquierda posibilitó la creación de farmacias donde se venden medicamentos importantes muy por debajo del precio de mercado.[1] En una articulación parecida entre iniciativas desde abajo y política institucional de izquierda, en Rosario, Argentina, se está transformando un asentamiento anteriormente informal y bajo amenaza de desalojo en un barrio completamente integrado con agua corriente, canalización, internet e infraestructura social (como escuelas, parques y un campo de deportes). La financiación proviene de un impuesto nacional único que el nuevo gobierno de centro-izquierda cobró a las grandes fortunas. Sin embargo, el diseño, la planificación y el acompañamiento se organizan entre lxs habitantes, en cooperación con el partido explícitamente feminista Ciudad Futura que tiene representantes a nivel municipal y provincial.

En muchos lugares, se trata de una interacción entre empoderamiento, organización, cogestión e infraestructuras, por un lado, y programas estatales que apoyan y financian las iniciativas, por otro. El objetivo es redistribuir recursos en vez de iniciar, como ocurre tantas veces, proyectos autogestionados solo para compensar falencias o baches del estado mediante alternativas más económicas. Así también se pueden incluir otros aspectos de las políticas estatales, como son las iniciativas para reducir las jornadas laborales pagas o las prestaciones de transferencia o jubilación que influyen de diferentes maneras sobre las posibilidades de realizar trabajos de cuidado.

En países como Uruguay o Argentina, los gobiernos de centro-izquierda han elaborado también a nivel nacional “Sistemas Integrales de Cuidado”. Se trabaja en la mejora y la integración de los servicios ya existentes. Considerando el rol del trabajo de cuidado no pago, se pueden, por un lado, diseñar servicios más adecuados y, por otro lado, compensar los déficits. En este contexto, para empezar a crear consciencia sobre la importancia del trabajo de cuidado para la sociedad y la poca valoración que recibe en tanto se lo entiende como “trabajo de mujeres”, en Uruguay se encomendó un estudio sobre el uso de tiempo que incluye los trabajos domésticos de cuidado, se inició una campaña sobre la división de trabajo en función del género y se integró el trabajo de cuidado no pago en el cálculo de un producto bruto interno ampliado. En ambos países, los planes estatales surgieron en estrecha cooperación con actores locales y con las respectivas averiguaciones de sus necesidades.

 

Bremen

Estos ejemplos de diferentes partes del mundo son inspiración para los debates feministas y de políticas urbanas en Alemania. Más concretamente, se trata de convertir a Bremen en una “Ciudad del Cuidado”. La ciudad de Bremen, con aproximadamente 700.000 habitantes, es, además, la provincia más pequeña de Alemania. El partido socialista DIE LINKE (La Izquierda) forma parte del gobierno provincial desde 2019 y constituye, en este sentido, una alianza importante para los movimientos sociales. Estas iniciativas -para convertir Bremen en una Ciudad de Cuidado- no llegan a un territorio inexplorado. Desde hace varios años, las protestas y la autogestión alrededor del cuidado han venido creciendo: desde huelgas gremiales en los servicios de cuidado, sociales y de crianza hasta las alianzas de acción por mejores condiciones en los cuidados de mayores, pasando por las “Medi-Oficinas” que consiguen acceso a la atención médica para personas ilegalizadas, las policlínicas que consideran asimismo los factores sociales de la salud y el paro feminista que también incluye a los hogares privados. Muchas de estas iniciativas ya se habían reunido durante el 2014 en la conferencia de acción Care Revolution, donde se fundó una red en la que confluyen acciones locales y se impulsan campañas nacionales.[2] Muchos de estos enfoques e ideas podrían converger en el proyecto de una “Ciudad del Cuidado” que abarca medidas de corto y largo plazo para impulsar cambios sociales. Entre ellas, se encuentran, como “proyectos de entrada”, las demandas de una recomunalización de los servicios privados de cuidados de mayores y de la reducción de la jornada laboral de tiempo completo a seis horas en los servicios de cuidado, como punto de partida para una definición de la jornada a través del convenio colectivo. Otras peticiones son la ampliación de los centros de salud y los centros vecinales que ofrecen servicios para personas mayores y espacios de recreación para niñxs y jóvenes, así como lugares para compartir los trabajos de cuidado en grupos de xadres o para cocinas comunitarias. Además, se necesitan medidas que vuelvan accesible la ciudad para todxs, como, por ejemplo, un sistema de transporte público gratuito o un carnet sanitario que garantice el acceso a los servicios sanitarios también para personas indocumentadas. Se busca, asimismo, una ciudad en la que todxs se puedan sentir cómodxs, con espacios verdes y caminos anchos, iluminación nocturna y otras medidas contra el acoso sexual en el espacio público, así como la prohibición de controles policiales sin motivo. Esto incluye la necesidad de reestructurar la administración de tal manera que la equidad de género y las relaciones de cuidado garantizadas se vuelvan criterios centrales de su accionar y que se evalúe continuamente que los servicios públicos sean accesibles para todxs.

Qué ideas serán las más importantes para cada “Ciudad del Cuidado” es una pregunta que se tendrá que debatir y decidir localmente.

En Bremen, la perspectiva podría ser la fundación de un concejo de cuidado que garantice la identificación conjunta de necesidades y la negociación de intereses de forma permanente. Éste tendría que influir organizadamente sobre las decisiones políticas, por lo que también debería generar una mediación democrática entre movimientos y parlamento.

 

Por un internacionalismo desde abajo

Estos y muchos otros ejemplos muestran cómo en diferentes lugares la gente encuentra estrategias parecidas contra la crisis de la reproducción social, es decir, el conflicto capital-vida. Se necesitan una recomunalización, la ampliación y el acceso a la infraestructura pública y la cogestión popular. Es imperioso romper de esta manera las relaciones de propiedad capitalistas y superar la división de trabajo en función del género.

Si bien estos proyectos necesariamente se construyen localmente y desde abajo, pueden ganar mucho en el intercambio. ¿Qué tal si hubiera una red internacional de “Ciudades del Cuidado”?

 

[1]   https://www.latercera.com/nacional/noticia/valparaiso-se-convierte-la-primera-comuna-chile-constituir-una-red-farmacias-populares/744238/
https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3821885

[2]   https://care-revolution.org/tag/platz-fuer-sorge/

Escribe: Camila Parodi

A días de un nuevo 8M, dirigentes, activistas e investigadoras sindicalistas y feministas realizaron un segundo encuentro intersindical y trasnacional para organizar las principales reivindicaciones de cara al Paro Feminista. En ese marco, hablamos con dirigentas sindicales de Chile, Uruguay, Rosario y Buenos Aires (Argentina) sobre los desafíos y estrategias para esta nueva manifestación.

Si bien la acción de frenar la producción del sistema capitalista hace parte de una experiencia colectiva e histórica del pueblo trabajador, la irrupción del primer paro feminista durante 2016 en la Argentina funcionó como una visagra en la concepción de la huelga. Esto se debe a la necesidad de visibilizar todas las opresiones. Si bien, la radicalidad y potencia feminista profundizó la experiencia,  hablar de huelga o paro feminista hoy, necesariamente, implica también asumir una mirada de clase en torno a los debates feministas.

Tras la primer huelga internacional de mujeres, lesbianas, travestis, trans y personas no binaries en 2017, la relación entre trabajo y las tareas feminizadas, la visibilización de los trabajos productivos-reproductivos, el endeudamiento y el reconocimiento de los trabajos del cuidado ocuparon un lugar central en los debates y reflexiones colectivas de los feminismos. Nosotras movemos el mundo ¿Qué pasa cuando lo paramos? ¿Quién asume nuestras tareas cuando no las hacemos? ¿Cómo impacta en el mundo la huelga feminista? Sobre esto, las dirigentas y activistas feministas con experiencias sindicales tienen mucho para decir…

“Hacemos huelga para visibilizar la importancia de las tareas que llevamos a cabo. Paramos, y al hacerlo, se para el mundo. Hoy vamos más allá y decimos que la huelga va por la vida que nos deben” sostuvo al respecto Liliana Leyes de Ate Rosario. Desde esta perspectiva,  Clarisa Gambera, integrante de la CTA Autónoma (CABA) explica que cada 8M “expone la crisis económica, al sistema neoliberal que no resuelve la posibilidad de una vida digna para nadie y menos para las mujeres”.

El 8M  hace parte de la genealogía feminista pero también de la clase trabajadora, explica la Secretaria General de ATE-Rosario, Lorena Almirón: “Venimos de la lucha de las mujeres obreras textiles de Nueva York, que fueron asesinadas. Nos parece importante hacer un paralelo entre las luchas de aquellas mujeres y las de hoy: indígenas, lesbianas, trans, travestis, trabajadoras formales e informales, de los barrios, de los lugares donde nos precarizan. Por eso, es necesario definir un paro internacional y plurinacional para visibilizar todas nuestras luchas y en defensa de nuestras vidas, de nuestros derechos”.

Hoy, el paro feminista nos impulsa a reflexionar en clave de interseccionalidad, multidimensional y complejidad. No es posible entender las violencias y las formas de opresión sin asumir esa mirada: “Ya no hay manera de explicar las violencias sin relacionarlas con el sistema que las genera, las produce y las reproduce de manera permanente” sostiene al respecto  la dirigenta de la CTA-A, Clarisa Gambera. 

Gabriela Segovia es Delegada e integrante de la Comisión de Género y Equidad del Sindicato de la Administración Nacional de Usinas y Trasmisiones Eléctricas (AUTE). Un espacio de trabajo masculinizado donde las mujeres asumen únicamente las tareas administrativas o de comercialización. Desde esa experiencia explica que, para las sindicalistas, el 8M “es un día de lucha y reivindicación. Es el día del año para reivindicar nuestra lucha cotidiana por la equidad, por el igual acceso a las oportunidades”.

Por su parte, Pamela Valenzuela, vocera sindical de la Coordinadora 8M de Chile, recuerda que aquello que comenzó como una discusión en torno a la pensión de las trabajadoras concluyó en una huelga plurinacional. Así, su primer encuentro plurinacional llevó las demandas en clave de evidenciar la lucha unificada: “Luchar por un trabajo digno; erradicar las violencias y el acoso de los espacios laborales y sindicales; construir feminismo en los espacios de trabajo; levantarnos en huelga en el marco del 8M”

Para Gambera, el encuentro de las luchas sindicalistas con las feministas no sólo potencia la transformación social y la lucha contra las desigualdades, sino que también “al enlazarse todas estas dimensiones nos permite avanzar en la construcción de un feminismo que es popular, de las trabajadoras”. Esta experiencia pone de manifiesto “la necesidad de anclarnos en unidad de acción en esta idea de que trabajadoras somos todas. Y que ese trabajo reproductivo, también es productivo en términos de que genera riqueza”. En ese marco, sostuvo que una de las enormes ganancias del 8M es “volver a reconciliar la idea de los sindicatos como organizaciones de la clase trabajadora y los  feminismos”.

A días de un nuevo 8M, diferentes ciudades se preparan para volver a las calles luego de dos años de pandemia por COVID 19. Se esperan manifestaciones masivas que pongan de manifiesto la organización feminista y el sostenimiento de la vida por parte de las mujeres y disidencias a través de los trabajos del cuidado. En Rosario, la organización del nuevo 8M ya está en marcha: “Las asambleas son en las plazas.  Nos parece primordial después del encierro, volver a las calles. Cada lunes se llena de mujeres y disidencias. El lunes pasado fuimos más de 300 mujeres y disidencias alrededor de la ronda debatiendo, más allá de las diferencias políticas, un solo objetivo que es el que nos mueve cada 8M”.

En la ciudad de Buenos Aires las asambleas y espacios organizativos también van comenzando a definir las principales demandas en una marcha masiva. Al respecto, Gambera, agrega que “se va a abrir la agenda política de este año con fuerza, vamos a tener más músculo para enfrentarnos en esta coyuntura. Por supuesto que el eje es la deuda, las condiciones de endeudamiento y lo que significa la impunidad de que los que se fugaron esa plata no la estén pagando y la estemos pagando el pueblo, nosotras”. Y sostuvo: “Hay que recuperar esa experiencia de encabezar la resistencia como hicimos durante el macrismo, porque estamos ante una etapa de nueva avanzada”.

En Uruguay, este 8M no será igual a los anteriores. Se trata de la primera manifestación masiva y feminista durante el gobierno de derecha de Lacalle Pou y está marcado, particularmente, por la avanzada anti derechos: “La salida masiva a las calles será clave para nosotras, estamos atravesando una coyuntura muy trascendental para nuestra clase trabajadora y también para nosotras como mujeres, porque en este mes el 27 de marzo se vota un referéndum con la intención de derogar 135 artículos por la “Ley urgente consideración” votada en plena pandemia. Una ley que incide negativamente en los derechos de las mujeres, en los derechos conquistados y, sobre todo, en temas de violencia de género” , argumenta Segovia. 

En lo que corresponde a su organización, desde la Comisión de Género realizó una proclama estableciendo la necesidad de que “el paro del 8M sea solo de mujeres y disidencias y que los hombres ese día acompañen en las tareas. Porque nuestra consigna sigue siendo que si paramos las mujeres para el mundo, entonces ese día tenemos que demostrar que si nosotras no estamos se nota y la forma de demostrarlo en el ámbito del trabajo es que paremos solo nosotras”. En ese sentido, para la delegada, este 8M tiene un doble desafío: “salir masivamente a las calles de todas las ciudades y además conquistar también nuestro nuestro derecho como mujeres sindicalistas” explica.

El pueblo chileno también atravesará un 8M distinto, esta vez, a días de la asunción del gobierno progresista de Gabriel Boric. Un gobierno que, en sus primeras acciones tuvo gestos con el movimiento feminista. Sin embargo, para la vocera de la Coordinadora 8M resulta imprescindible la salida masiva a las calles y la demostración de fuerza por parte del movimiento feminista: “Nos declaramos en autonomía de nuestras decisiones con respecto a los gobiernos, partidos, espacios laborales y así seguimos teniendo fuerza porque nuestros derechos no siempre están adquiridos siempre pueden perderse entonces la lucha sigue aunque el gobierno nuevo diga que será garante de nuestros derechos. Los derechos que ganamos no los tenemos, tenemos que sostenerlos en la calle. La autonomía y la calle no se pueden perder nunca” , apuntó.

Esta vez, las trabajadoras feministas llegan al 8M con un proceso colectivo previo. A pesar de las diferencias, las experiencias y obstáculos comunes las acercan a procesos de unidad. Luego de debates y construcción de consensos durante el II Encuentro de Feminismo y Sindicalismo en Rosario, desde los activismos sindicales se consolida un nuevo desafío: construir redes internacionales y feminismos populares que resistan y luchen por la vida digna de los pueblos.

 

Dejamos para descargar el documento de síntesis del encuentro:

Una casa trans desde donde construir una comunidad

Por Marta Dillon

 

En el corazón del barrio de Kreuzberg, en Berlín, ahí donde los olores de la comida típica de lugares distantes de Alemania se mezclan con el de las frutas que se venden en jugo y las cervezas derramadas la noche anterior, hay un espacio donde el silencio es una invitación. No a callar, sino a la escucha.

Hay que quitarse los zapatos para entrar a esta casa cuyo nombre está escrito en español y mandarín -Casa Kua, o casa trans- a donde se llega porque su existencia circula de boca en boca entre personas trans, intersex, trabajadoras sexuales, migrantes, que buscan en este espacio un refugio de las violencias que circulan a diario en donde intercambiar saberes, encontrar contención y acceso a la salud integral.

A pesar del silencio, en el taller del fondo de esta casa en planta baja, la habitación que sigue a la Biblioteca Lohana Berkins -la querida traviarca argentina fallecida en 2016-, un grupo de cinco aprende sobre instalaciones de electricidad que se brinda para personas trans y bipoc -negras, indígenas y personas de color, según la sigla en inglés (black, indigenous and people of color)- como parte de las múltiples y diversas actividades de Casa Kua, un centro comunitario y de salud trans* inter* queer antirracista. Una casa abierta única en su especie en Alemania y en Europa, aunque sus coordinadorxs reconocen alguna familiaridad con una casa en Amsterdam que abrieron trabajadoras sexuales trans y otra en Londres, pero de características diferentes.

Tzoa, Naikee y Alex son quienes coordinan el sueño palpable de este espacio refugio y de salud para les últimxs en la ciudad de Berlín, personas trans, sin papeles, negras, indígenas, migrantes, de color. Y lo que ofrecen es inusual. Atención psicológica, acupuntura, depilación láser, partería queer, medicina china; además de grupos de reflexión y debate.

Bajo los plátanos de Mariannenplatz, a dos cuadras de Casa Kua, en una ronda sobre el césped, les coordinadores que llegaron de diferentes ciudades a Berlín, se desmarcan de la palabra “activismo”. Y es que están cansades de la ocupación de ciertos términos por parte de la corrección política que oculta el racismo y el cis-sexismo.

Tzoa: Prefiero no usar esa palabra, aunque probablemente me corresponda por lo que hago a diario. Pero es como una cuota que tranquiliza a muchas personas, de izquierda y de derecha pero que deja afuera a muchas otras. Tendría que pensar más tranquilamente una palabra alternativa a activismo para definir mi trabajo cotidiano.

Naikee: No sé si me considero activista, pero de todos modos creo que ser trans y estar expuesta todo el día es una forma de activismo. También es cierto que a veces es cansador que ser trans y ser activista sean el mismo acto.

¿Cómo es el marco legal de reconocimiento de las personas trans en Berlín?

Alex: El marco legal está cambiando, y al mismo tiempo no es del todo claro porque hay algunas leyes que están en revisión en la Corte Suprema. Para una persona trans siempre depende si sos blanca, depende en qué área de Berlín te muevas, depende de cuán visible seas. En Berlín hay muchas áreas donde hay neonazis… depende de si tenés trabajo, de cuál es tu estatus… la violencia que recibimos las personas trans y sus familias está atravesada por muchos aspectos.

Tzoa: Ahora hay un certificado que se emite para personas intersex, lo cual claramente no es para todes. Pero, además, para ser reconocido en tu identidad te exigen revisiones médicas, consultas psicológicas, todo un dispositivo de control médico por el que muches no estamos dispuestes a pasar. Así no se reconoce nuestro derecho a la identidad. Para nosotres es una demanda contar con un documento, pero no en estos términos.

¿Ese certificado se requiere también para acceder a tratamientos hormonales o a cirugías que permitan expresar la identidad de género?

Naikee: Sí, también. Por eso en Casa Kua también facilitamos el acceso a hormonas por fuera del sistema médico. Sea porque a alguien le sobró de su propio tratamiento o porque hay profesionales que las donan.

Tzoa usa pronombres masculinos, Naikee femeninos y Alex ambos, él o ella le funcionan del mismo. Tzoa y Naikee llegaron a vivir en Berlín desde otras ciudades de Europa, Alex en cambio, llegó a Berlín desde Argentina, aunque nació en España porque su papá y su mamá fueron refugiados políticos en los 70. Les tres son personas racializadas y en su tarea construyen comunidad trans, pero son críticxs también en relación a la existencia misma de tal comunidad en Berlín.

Naikee: Es difícil pensar en una comunidad, mucho más si lo que imaginamos es una comunidad homogénea. Sucede que si vos sos visible, y más si sos trans femenina -que somos las que más violencia sufrimos cotidianamente-, otra gente se refiere a vos para que ayudes a alguien que está haciendo su transición. Y aun cuando pudiéramos hacerlo, los procesos son distintos, a veces muy intensos, y puede ser un disparador para las cosas que te están pasando personalmente. Creo que sería bueno que no sólo las personas trans seamos responsables de crear o sostener esa comunidad, porque es realmente agotador.

Alex: Es cierto que hay distintos grupos que se conectan o no. Para mí es difícil pensar en una comunidad sobre todo por la diversidad de intereses y las diferencias que hay entre personas blancas y racializadas. En mi caso, hay muchas cosas que no comparto con otras personas u organizaciones trans. Por ejemplo, algunos años atrás hubo una gran discusión sobre un oficial de policía trans que estaba en el área de investigaciones de la policía y algunos grupos creían que era bueno incluirlo en eventos de la comunidad. Y la verdad que no es lo que yo quiero discutir y esa es una decisión para mí, yo lo que quisiera es directamente desmantelar la policía. No me interesa hablar de policías que ya están incluidos sino de las personas que no tienen papeles, ni acceso a la salud u otros derechos. Creo que hay muchas maneras de hacer comunidad y por eso nosotres estamos haciendo Casa Kua. Pero no quiero estar en un movimiento que lucha por la inclusión en la policía.

Tzoa: Hay también muchos grupos que tienen estructura y acceso a financiación, y también sabemos que en esos grupos mucha gente ha experimentado racismo. Ser trans no alcanza para hacer comunidad. Por eso prefiero hablar de comunidades antes que pensar en singular. Porque entre los grupos trans también hay quienes defienden al gobierno alemán en la guerra contra Irak, por ejemplo. Y aunque a veces se pueda converger en una marcha, nosotres elegimos siempre marchar por zonas como Sonnenallee porque ahí hay más migrantes, turcos, musulmanes, árabes… y no hay tantos neonazis…

Alex: …que de verdad dan mucho miedo.

El nacimiento de Casa Kua, hace un año y en medio de la primera ola de pandemia por el Covid 19 ¿tuvo que ver con esta emergencia?

Tzoa: Tuvo que ver sobre todo con la necesidad de tener un espacio para personas trans que al mismo tiempo hayan experimentado el racismo. Esto no existía ni en Berlín ni en Alemania, tampoco en el resto de Europa; salvo en Amsterdam donde hay una clínica que llevan adelante trabajadoras sexuales trans.

Naikee: Nuestro intento es poder ofrecer apoyo y recursos para gente que no lo tiene. Por ejemplo, tenemos una depiladora láser que muchas chicas trans vienen a usar. También tenemos médicxs para casos de emergencia y otros profesionales y practicantes de la salud a quienes de otro modo no podrían acceder, como psicólogxs, acupunturistas, parteras…

Alex: Y también son importantes los grupos de escucha y de reflexión, los talleres. En este tiempo se hicieron muchos y los temas son muy variados. Desde las cosas prácticas hasta pensar juntes como convivimos con la muerte, y cómo acompañamos los procesos de enfermedad. También estamos arrancando grupos de consumos problemáticos de alcohol y otras sustancias.

Tzoa: Otra de nuestras metas es, justamente, hacer converger algunos aspectos de hacer comunidad en el mismo espacio. Tener un espacio donde la gente trans y racializada pueda venir, compartir saberes y experiencias y que podamos construir algo a partir de eso. La gente trae sus propias ideas de lo que se podría hacer en el espacio y eso de alguna manera lo hace crecer y sí, crea comunidad.

¿Y cómo se entera la gente de la existencia de Casa Kua?

Alex: Mayormente por las redes sociales, especialmente a raíz de las restricciones a la circulación debidas al Covid.

Naikee: Pero también llegan por el boca a boca, nos llegan muchos mensajes de personas que escucharon hablar o que alguien les dio una referencia.

¿Cómo sostienen económicamente el espacio y a los profesionales que dan servicios allí?

Tzoa: Tenemos un crowdfunding -el link se puede encontrar en la cuenta de Instagram, @casakua- que ha funcionado muy bien para montar la casa y también algunas de las personas que dan servicios pagan algo del alquiler. Pero nuestra idea es poder seguir ofreciendo servicios accesibles, con una escala de precios que varía según los privilegios de cada quien, empezando desde muy bajos precios. Crear esta escala y esta dinámica va a llevar más tiempo.

¿Siempre fue la idea crear un centro de atención a la salud?

Tzoa: Sí, con un sentido muy claro de que salud no es lo mismo que no tener síntomas, sino que es un equilibrio entre muy diversos aspectos que incluyen también el entorno, la violencia a la que se puede estar expuesto, la posibilidad de compartir con otros y otras. Desde esa perspectiva nos pensamos como un espacio de salud. Por supuesto que muchas veces recibimos pedidos de ayuda más urgentes, como alguien que está sin casa, por ejemplo. Y aunque no podemos dar respuestas inmediatas tratamos de hacer red con otros espacios para migrantes. Yo soy médico chino y también practico la acupuntura y la verdad es que en Europa es muy elitista el acceso a medicinas alternativas a la alópata, eso también fue un punto de partida para Casa Kua.

El lugar donde están es un centro feminista, ¿verdad?

Tzoa: Sí, es un centro de mujeres, más bien, que está cumpliendo ahora su 40 aniversario. Fue una casa tomada, pero en algún momento de estas décadas las mujeres pudieron comprar el edificio al Estado en tanto cooperativa. Al mismo tiempo que estamos felices con la posibilidad de tener el espacio y que, en comparación al resto de los precios de los alquileres el que pagamos es accesible también es cierto que es un espacio de mujeres cis blancas para quienes somos un cupo necesario. Pero ya hay molestias porque no entienden que haya transmasculinidades ni tantas personas trans y BIPOC en general. Y sí, ya tuvimos varias discusiones en torno al racismo.

Alex: Algunas de las integrantes de la cooperativa ya manifestaron que quieren que nos vayamos, es un poco inexplicable porque muchas viven ahí con sus maridos varones cis. Confiamos en que de todos modos vamos a poder seguir sosteniendo el espacio.

¿Por qué decidieron ponerle el nombre de Lohana Berkins a la biblioteca común?

Alex: Lohana fue mi amiga durante 20 años y aprendí muchísimo de ella. Murió hace pocos años y poner su nombre a la biblioteca es muy emocionante para mí. Porque creo que honrar a los ancestros es necesario y definitivamente ella es una de mis ancestras. También para honrar su forma de lucha, su compromiso emocional. En Argentina el movimiento trans es un movimiento en parte gracias a Lohana. De alguna manera también su memoria es como un punto de llegada para construir esa comunidad que queremos.

 

El pasado viernes presentamos el libro “¿Quién le debe a Quién?: Ensayos transnacionales de desobediencia finenciera» compilado por Silvia Federici, Veronica Gago  y Lucia Cavallero junto a la periodista feminista y editora de Las12 Marta Dillon; la Subsecretaría de Políticas de Género y Diversidad Sexual, Lucia Portos; y la economista feminista y coordinadora de Economia Feminita, Candelaria Botto. Una instancia para reflexionar sobre cómo los feminismos discuten las deudas y la importancia de comprenderlas en clave transnacional.

Para Lucía Cavallero, una de sus compiladoras, este libro “reúne experiencias de organización política y confrontación de la deuda tanto de la deuda de los estados, la deuda pública como de la deuda privada, del endeudamiento doméstico”. En ese marco, la reciente presentación se presentó como “excusa para seguir debatiendo las hipótesis planteadas en esta investigación pero también de la coyuntura”

Por su parte, Lucía Portos manifestó: «este libro nos permite ver que en los entramados cotidianos también hay relaciones de poder: hay personas y corporaciones usufructuando nuestras vidas y nuestro trabajo de una manera coordinada y violenta». En ese marco, la Subsecretaria sostuvo que «con esta compilación vemos que es posible hacer una red que funcione como resistencia al capitalismo financiero internacional”

A continuación, Candelaria Botto explicó: “es una compilación para entender no sólo la deuda externa sino su relación con las deudas domésticas e históricas como con las desigualdades que tenemos en nuestra sociedad”. Para la economista, el material presentado aporta a la lectura del actual contexto y agregó que es “necesario volver a construir nuevos horizontes porque somos las mujeres, lesbianas, travestis y trans las que pagamos el costo de ese programa de ajuste que se viene”

Finalmente, Marta Dillon expresó que con este libro “vemos sobre qué cuerpos pesa la deuda: está ligada directamente a la violencia machista porque estamos atadas a un sistema de obediencia”. En ese sentido, para la periodista feminista es necesario aclarar y dar a conocer “cuáles son los cuerpos que sostienen este sistema de obediencia que condiciona nuestras elecciones”.

¡No te pierdas la presentación completa en nuestro canal de youtube!

Puedes descargar el libro en PDF en el micrositio #ViolenciaEconómica.