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¿Cuál es el vínculo entre economía y violencias desde la perspectiva de los feminismos del sur global? Este escrito constituye un aporte para pensar que la producción de violencias no es un hecho aislado, sino un fenómeno global, anclado territorialmente en el marco de la alianza entre capitalismo, patriarcado y colonialidad.
Este análisis se vuelve urgente en el marco de una crisis social y sanitaria que incrementó el extractivismo, la concentración de la riqueza, la precarización de la vida y el control digital y militar de la población. En el marco de la pandemia y de las medidas adoptadas en su respuesta se agravaron las violencias en todos los ámbitos: institucional, laboral, política, mediática, digital, ambiental; y en diferentes expresiones: física, económica, simbólica, sexual, psicológica, padecidas fundamentalmente por las mujeres, ninxs y personas LGTBIQ+.
En este escenario, son claves los aportes teóricos y políticos que posibilitan jerarquizar la gestión popular de la crisis y la potencia de los feminismos anticapitalistas para construir otros mundos posibles.

 

Presentación internacional del libro: “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”. Una mirada feminista sobre la violencia económica

Autoras: Alejandra Santillana Ortíz, Florencia Partenio y Corina Rodríguez Enríquez.

Miércoles 17 de noviembre, 7:30 PM Sri Lanka- India/ 3 PM Alemania / 11 AM Argentina-Chile.
Duración: 1:30hs.

Se puede ver en inglés aquí: https://youtu.be/_LpT0jA3kAk

En el marco del mes de la lucha internacional por la eliminación de la violencia machista, les invitamos a la presentación de un libro clave para entender la base estructural y económica que la sustenta, y pensar alternativas feministas.

Conversamos con las autoras y además con dos invitadas:
Kumudini Samuel integrante del Comité Ejecutivo de DAWN, ella es de Sri Lanka, co-autora del reciente libro La economía política de los conflictos y la violencia contra las mujeres
Javiera Manzi A. Socióloga y activista feminista, integrante de la Coordinadora Feminista 8M

Organizan: Programa de Feminismos Global- Fundación Rosa Luxemburgo y DAWN- Development Alternatives with Women for a New Era

Libro disponible online:

Portugués: https://rosalux-ba.org/pt-br/2021/10/20/se-nossas-vidas-nao-valem-entao-produzam-sem-nos/
Inglés: https://rosalux-ba.org/en/2021/06/25/if-our-lives-dont-matter-produce-without-us/
Alemán: https://rosalux-ba.org/de/2021/05/19/oekonomische-gewalt/

La presentación completa puede verse aquí: https://fb.watch/9K5DD_ttCF/

Escrito por: (Colectivo Minervas)

Publicado en ZUR

Apelamos a la memoria larga y cantamos en las calles “somos la nietas de todas las brujas que no pudieron quemar” y en ese grito trajimos a nosotras toda la fuerza de aquellas mujeres que lucharon antes. Entre esas brujas, llegó Rosa.


A Mariana y su hija Matilda, para celebrar la vida nueva

Las luchas pasadas le regalan al presente pistas para la transformación, la memoria colectiva se activa entra en conversación y reescribe la historia. La rebelión feminista de estos últimos seis años en el Río de la Plata trajo consigo bellas palabras e imágenes del pasado. Buceamos lejos en el tiempo ávidas de palabras que nos ayudaran a nombrar nuestra experiencia, nos fuimos enlazando con tradiciones de luchas diversas. Mezclamos todo porque no nos creemos que de lo Uno, lo homogéneo, nazca la fuerza. Apelamos a la memoria larga y cantamos en las calles “somos la nietas de todas las brujas que no pudieron quemar” y en ese grito trajimos a nosotras toda la fuerza de aquellas mujeres que lucharon antes, incluso antes que el capitalismo se consolide como el sistema de muerte que conocemos.

Entre esas brujas, llegó Rosa. Sus textos circularon entre nosotras en distintos momentos. También leímos sus cartas personales y vibramos con sus deseos, miedos y preocupaciones. Han sido sobre todo los desafíos que abrió el paro del 8M del 2017 lo que nos llevó a releer sus reflexiones sobre la huelga, y en general nuestra búsqueda de entrar en conversación con las mujeres que lucharon antes a retomar otras aristas de su pensamiento. Rosa ha sido siempre un nombre icónico para las que venimos de las experiencias de izquierda pero ahora podíamos revistarla con nuevas preguntas.

La larga pollera de Rosa

Una amiga y compañera de Minervas, Mariana, me dijo que cuando pensaba en Rosa siempre le venia a la cabeza su larga pollera. ¡Es cierto! Al inicio de nuestra experiencia feminista siempre nos impactaba mucho su cuerpo de mujer en medio de la política masculino-patriarcal de izquierda. Tengo grabada la imagen de su pollera en medio de un acto, tomando la palabra rodeada de varones. Pero las imágenes, como las palabras, pueden ser fuente de fuerza y sentido o piedras que aplastan la imperiosa necesidad de significar cada experiencia de lucha a partir de sí y en diálogo con el pasado. Dicho de otro modo, a veces la imágenes se cristalizan y se constituyen en modelos a seguir, en referencias idealizadas siempre frustrantes que nos hacen sentir que nunca estaremos a la supuesta altura de los acontecimientos. Y el nombre de Rosa lo han usado muchas veces en nuestra contra para achacarnos su grandeza y escupirnos impotencia.

Pero por suerte muchas veces las imágenes se vuelven inspiradoras[1], se componen con otras y dejan pasar a través de sí nuevos deseos de revolucionarizar. Entonces en lugar de modelo a seguir nos  fuimos haciendo amigas de Rosa, leímos sus cartas de amor, supimos de su gusto por las plantas, los pájaros y la lectura[2]. Nos emocionamos con su deseos de una vida tranquila y tal vez hijxs. Nos regocijamos con su testimonio de que su yo íntimo se parecía más a los gorriones que a sus camaradas. Todos esos gestos vitalistas que la alejan del bronce y la acercan a la sensibilidad de una mujer que vibra con la vida y la lucha, y no las separa. Pienso en Audre Lorde (2003), quien afirmaba que no pensaba renunciar a ninguna de las dimensiones de su experiencia, y evocar a Rosa implica retomar toda la polifonía de su existencia y creatividad. Pensarla como militante revolucionaria y como teórica, y también como mujer y como judía. Todos sus desacatos y sus pasiones por lo vivo los guardamos como un tesoro. En palabras de otra amiga “ella nos cuida y nos ronda”, algo así como un paganismo feminista.

Cada fragmento de su vida y su pensamiento, como el de otras tantas luchadoras, tienen para nosotras un valor incalculable porque ha sido un arduo trabajo retejer memorias a contrapelo de las narrativas dominantes en el campo de las luchas. Porque la memoria es un terreno de disputas, y si la historia oficial siempre olvida a los vencidos, al decir de Benjamin, al interior de los vencidxs se dan injusticias similares[3]. Los relatos suelen estar centrados en protagonismos masculinos y blancos o blanquizados y en el terreno del conflicto capital-trabajo asalariado. Retomar otros  hilos de memoria, tomarse en serio el pensamiento político elaborado por mujeres teóricas y militantes y alumbrar otros terrenos de lucha, como por ejemplo las luchas reproductivas, son modos de despatriarcalizar[4] la memoria. Pero no solo se trata de señalar la producción de olvido y desarmar las genealogías patriarcales – y coloniales- sino de “habilitar un retejido de memoria que recupere a las mujeres y sus horizontes políticos, que permita inscribirse en linajes feministas (…) pensar la memoria desde una clave reapropiatoria, en tanto despatriarcalizar supone establecer estrategias contra el despojo y la expropiación” (Sosa, Menéndez & Castro: 2020).

El ejercicio de inscribimos en linajes feministas, abiertos y plurales, como plantea nuestra compañera Noel Sosa (2020) es un proceso para desplazarnos de la orfandad en la que han querido instalarnos; a contra pelo de la separación creada entre nosotras por el pacto entre varones nos disponemos a retejer diálogos con las mujeres que lucharon antes sin mediaciones patriarcales (Gutierréz, Sosa & Reyes, 2018). En este sentido, son conocidos los debates interminables entre feminismos e izquierdas, y el tal “matrimonio mal avenido”[5], aquí en nuestro país se habla también de un amor no correspondido. En cualquiera de los dos casos mas vale huir, y desordenar para armar otras constelaciones posibles. La relectura y los diálogos con la obra de Rosa en medio del tiempo de rebelión feminista es parte de estas nuevas constelaciones.

Conversaciones con Rosa

Para nosotras ha sido una conversación plural y a dos tiempos, porque leíamos a Rosa a la vez que íbamos encontrando los debates que diversas mujeres en los años 60’ y 70’ mantenían entre sí respecto a Rosa. Por ejemplo el filoso libro de Raya Dunayevskaya, “La liberación femenina y la filosofía marxista de la Revolución” (1981), donde la autora en el segundo capítulo retoma el pensamiento de Rosa y de Marx en diálogo con la lucha por la liberación femenina y negra. Raya afirma que el movimiento de liberación femenina de su época no se pareció en nada al anterior, porque implicó la novedad de proceder de la propia izquierda y a la vez dirigió duras críticas contra ella. En los 70’ esos conflictos y fricciones incluían la figura de Rosa, y las consideraciones acerca de su posicionamiento feminista y su rol en la lucha de las mujeres respecto a la política partidista. Desde los feminismos negros Doris Wrigth plantea: “Dejen de hablarnos, ni aún con las voces de las mujeres (de la antigua izquierda), de lo grande que fue el Movimiento de Mujeres Socialistas Alemanas. Ya sabemos cuántos grupos de trabajadoras organizó Clara Zetkin (…) Y también sabemos que ninguna de ellas, había expuesto el chauvinismo masculino en el partido (…) Ahora les preguntamos ¿es accidental que los dirigentes varones del SPD se lanzaran tan fácilmente a aquellas malolientes observaciones chauvinistas masculinas cuando Rosa Luxemburgo rompió con Kaustky y Bebel?”[6]. Gestos como este generaba tirria entre las feministas ya que implicaban la utilización por parte de los varones de izquierda del nombre de Rosa para menospreciar la lucha feminista y silenciar las criticas en nombre de la disciplina partidaria.

Dunayevskaya (1981) por su parte crítica las posiciones feministas que no retoman el pensamiento político de Rosa aduciendo que no tenía nada que decir sobre la política feminista, porque ve en ello una gran pérdida para lucha por la liberación de las mujeres. Es más, la autora afirma que no se puede leer la relación entre Rosa y Clara sin comprender su profunda amistad política y alianza, y esto incluye su trabajo mancomunado en el movimiento de mujeres. Además sabemos que Rosa elaboró varios artículos sobre la lucha de las mujeres en el periódico alemán “Igualdad” dirigido por Zetkin y en otras publicaciones. Por ejemplo, en 1902 escribe: “(…) con la emancipación política de las mujeres, un fresco y poderoso viento habrá de entrar en la vida política e intelectual (de la socialdemocracia) disipando la atmósfera sofocante de la actual vida familiar filistea que tan confundiblemente pesa sobre los miembros de nuestro partido, tanto en los obreros como en los dirigentes” (Luxemburgo citada por R. Dunayevskaya). Recordemos que algunos años después, en medio de la revolución rusa se abre el debate sobre el matrimonio y la familia, el amor libre y el llamado matrimonio proletario en palabras de Lenin[7].

La huelga, su pensamiento y sus metáforas

Entre 1906 y 1909 se suceden una serie de huelgas en Rusia y en su tierra natal Polonia, un terreno fermental para el pensamiento de Rosa quien saco importantes conclusiones teóricas y político-organizativas a partir de dichos acontecimientos revolucionarios.  En ese periodo escribe dos textos claves, ahora muy conocidos, “Huelga de masas, partido y sindicatos” y “La revolución rusa”. No es casualidad el revuelo y las estrategias de borramiento que provocaron ambos, tanto en Alemania como en Rusia. En el primero Rosa proponía, interviniendo en un debate crispado entre anarquistas y marxistas, la huelga de masas como elemento central de la estrategia revolucionaria. Afirma que la organización no precede a la acción, y plantea repensar la relación entre “dirección consciente” y espontaneidad, “Si el elemento espontáneo desempeña un papel tan importante en las huelgas de masas en Rusia, no es porque el proletariado ruso sea «insuficientemente educado», sino porque las revoluciones no se aprenden en la escuela” (Luxemburgo, 2015: 66).

Más que enseñar en los tiempos extraordinarios de rebelión/revolución se trata de aprender. Su modo de acercarse a las huelgas nos muestra una práctica de pensamiento que teoriza a partir del despliegue concreto y situado de la lucha[8]. Donde teorizar no es una abstracción desentendida de los procesos y acontecimientos sociales, sino una elaboración permanente que es capaz de dar cuenta de los movimientos, de los desplazamientos. Donde se parte de una experiencia subjetiva antagonista, que integra procesos vividos en primera persona, para crear un conocimiento localizado[9] valiosísimo. Un modo en sintonía con la acepción de teoría como aquella “visión o perspectiva alcanzada tras un viaje corporal, cognitivo y espiritual” (Brown, 2019: 95).

Para Rosa cada huelga elabora su propio pensamiento político, en sus palabras no puede ser “ejecutada con prudencia y según un plan decidido por las instancias supremas de los sindicatos, vemos un fragmento de vida real hecho de carne y de sangre que no se puede separar del medio revolucionario en su totalidad” (Luxemburgo, 2015: 57). Y para describir ese cuerpo vivo hecha mano a bellas metáforas acuáticas, para dar cuenta del movimiento permanente y lo interconectado dice  “(…) todas esas formas de lucha se entrecruzan o se rozan, se atraviesan o desbordan una sobre la otra; es un océano de fenómenos eternamente nuevos y fluctuantes” (Luxemburgo, 2015: 58).

En sus ideas y metáforas resuenan nuestras huelgas feminista (8 de marzo, 2017-2020), en la posibilidad de construir un cartografía concreta y situada de las potencias y los límites de la lucha. Porque como dice Rosa la huelga no es un acontecimiento único sino un proceso, de él surgen renovadas estrategias y formas de antagonismo – en nuestro caso antipatriarcales, pero no sólo-. No hay proyección y plan fijo posible, allí donde aparece un límite inamovible acontece un desplazamiento capaz de remover profundamente lo que pensábamos. La huelga feminista, tal como se desplegó en el Río de la Plata, Uruguay y Argentina, no sólo habilitó procesos de auto organización, sino que permitió un nuevo desborde de la lucha feminista (Menéndez, 2019). Porque si bien el catalizador central de las acciones masivas en las calles fue la impugnación a la violencia feminicida, la herramienta de huelga recreada por la política feminista permitió señalar la relación orgánica entre violencia y acumulación capitalista (Gago, 2019), o como afirma Cristina Vega (2019) enlazó el problema de la violencia machista con el de la explotación. Es más, transformo de forma honda los debates sobre las posibilidades de transformación social en  nuestra región, visibilizando y dándole carácter político al trabajo de reproducción y sostenimiento de la vida. Trabajo central para seguir con vida, ganar terreno en nuestra posibilidades de autodeterminación y mantener abierta la lucha, o como dice Silvia Federici  “la zona cero de la revolución”. Nuestra huelga posee su propio pensamiento, y Rosa lo ha nutrido como las abuelas amorosas nutren a sus nietas.


[1] Un debate similar sobre las imágenes de cambio es trabajado por Amador Fernández-Savater en su libro Habitar y gobernar. Inspiraciones para una nueva concepción política.

[2] Ver de Pierina Ferreti, (2020) “Rosa, la última lectora” 

[3]Se puede consultar para este debate: Diego Castro (2019) Autodeterminación y composición política en Uruguay. Una mirada a contrapelo de dos luchas pasadas que produjeron mandatos. Tesis para obtener el grado de Doctor en Sociología. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

[4]La propuesta de despatriarcalización  es trabajada por Mujeres Creando (Bolivia) y por una de sus fundadoras María Galindo en No se puede Descolonizar sin Despatriarcalizar, 2013.

[5]Título del articulo clásico de Heidi Hartmann, “Un matrimonio mal avenido: hacia una unión más progresiva entre marxismo y feminismo”.

[6]Doris Wright, “A Black Woman Writes” (1971) citada por Raya Dunayevskaya en Rosa Luxemburgo. La liberación femenina y la filosofía marxista de la revolución.

[7]Se puede consultar Wendy Goldman (2010). El Estado, la mujer y la revolución. Buenos Aires: Ediciones IPS.

[8]Raquel Gutiérrez desarrolla este debate en Los ritmos del Pachakuti: movilización y levantamiento indígena-popular en Bolivia, 2009.

[9]La idea de localización es una propuesta de la feminista Adrianne Rich en su texto “Apuntes para una política de la ubicación”, 1984.

Referencias

Brown, Wendy ( 2019). Estados de agravio. Poder y libertad en la modernidad tardía. Madrid: Lengua de trapo.

Dunayevskaya, Raya (2005). Rosa Luxemburgo. La liberación femenina y la filosofía marxista de la revolución. México: Fondo de Cultura Económica.

Gago, Verónica (2019). La potencia feminista. O el deseo de cambiarlo todo. Buenos Aires: Tinta Limón.

Federici, Silvia (2010). Reencantar el mundo. El feminismo y la política de los comunes. Buenos Aires: Tinta Limón.

Lorde, Audre (2003). La hermana, la extranjera. Madrid: Horas y horas.

Luxemburgo, Rosa (2012). Cartas de amor. Montevideo: Casa Bertolt Brecht – FRL.

Luxemburgo, Rosa (2015). Huelga de masas, partido y sindicatos. Madrid: Siglo XXI.

Luxemburgo, Rosa (2017). La revolución rusa. Madrid: Akal.

Menéndez, Mariana (2019). “Entre mujeres: nuestro deseo de cambiarlo todo. Apuntes sobre el reemerger feminista en el Río de la Plata”. En Producir lo común. Entramados comunitarios y lucha por la vida, VV. AA. Madrid: Traficantes de sueños.

Sosa, Maria Noel (2020) De la orfandad al linaje. Hacia una genealogía de las luchas feministas en el Uruguay post dictadura. Tesis para optar por el título de Doctora en Sociología, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Sosa, María Noel, Menéndez, Mariana y Castro Diego (2021). “Despatriarcalizar y desestatalizar la memoria de las luchas sociales” (en prensa).

Vega, Cristina (2018). Rutas de la reproducción y el cuidado por América Latina. Apropiación, valorización colectiva y política. En Comunalidad, tramas comunitarias y producción de los común. Gutierrez, Raquel (coord). México: Editorial Pez en el árbol.

Compartimos dos reflexiones que nos traen las compañeras de Minervas – Colectivo feminista, antipatriarcal y anticapitalista.

Serie de podcast realizados por la articulación «Tejido Feminista 8M» de Montevideo, donde diferentes compañeras reflexionan sobre la salud, educación, cuidados y la autonomía desde una perspectiva feminista, para problematizar la precarización y el control de la vida de las mujeres y disidencias en el nuevo escenario político y socioeconómico de Uruguay.

Escuchalo aquí.

Este es un relato coral editado por las compañeras de la Coordinadora Feminista 8M y la editorial Tiempo Robado, de Chile, con el acompañamiento de la Fundación Rosa Luxemburgo. Se trata de una compilación de voces, documentos y testimonios sobre la organización y preparativos de las jornadas de la Huelga General Feminista durante los años 2019 y 2020. En sus páginas reúne entrevistas y artículos elaborados especialmente para el libro, así como también declaraciones, afiches y fotografías producidas durante ese periodo.

Del prólogo de Ni una menos, Argentina:

«Estas páginas son pura memoria feminista fresca de una revuelta en marcha. En los dos años que aquí se cuentan –desde los inicios de 2018 para preparar la huelga del 8M al 2020– vemos construirse, texto a texto, acción por acción, encuentro tras encuentro, una enorme fuerza de organización, una inédita capacidad de movilización y un intenso deseo de transformarlo todo.

La reunión de estos documentos, narrar cronológicamente su escritura y ordenar su secuencia, las coyunturas que los demandaron, los encuentros de los que surgen o las convocatorias que lanzan nos permite entender lo rápido y a la vez lo cuidadosamente trabajado que ha sido el proceso político impulsado por la Coordinadora Feminista 8M.»

Prólogo completo aquí.

Del prefacio del Equipo editorial:

«Este es un libro llamamiento, un libro hoguera, un libro tejido por las memorias y las experiencias que resuenan a genealogías de lucha y futuros en revuelta. Un libro que es ante todo instrumento para la acción en el presente. Un libro que no es una ruta, pero sí una caja de herramientas para los trazados que seguimos abriendo a muchas manos en medio de una crisis pandémica global, de una extrema derecha que se rearma en todo el mundo y de levantamientos desde abajo que no han dejado de expandirse.

Sus páginas contienen la trayectoria colectiva y múltiple de la Huelga General Feminista desde la perspectiva de su proceso de preparación, irrupción y despliegue de luchas que siguen en curso. Un libro que es también para leernos entre nosotras, entre las de cerca y las de lejos que nos acompañan desde el otro lado de la cordillera, desde más al norte y desde más al sur también. La tarea de la escritura y la publicación la hemos asumido como la continuidad de una política que se toma la palabra y las letras y que es también una tarea de este internacionalismo feminista que ha irrumpido con la solidaridad entre mujeres y disidencias de distintos rincones del planeta. Esperamos que resuene en más recuerdos, más encuentros y más debates cargados de memoria y de futuro.

(…)Esperamos que este sea un libro resonante que se llene de marcas, de apuntes, de líneas subrayadas, de páginas dobladas por el uso, por la lectura personal y la compartida. No es un libro que se lea linealmente, sino más bien uno de esos que se recorren a saltos, con desvíos y repeticiones, un libro que será una experiencia diferente para cada persona que lo tenga en sus manos. Esperamos, sobre todo, que sea uno libro que nos recuerde nuestra potencia, la confianza en lo que podemos hacer juntas, la urgencia de lo que nos queda pendiente, y los deseos que nos acompañan siempre lo en este proceso abierto que es la Huelga General Feminista por una vida que valga la pena vivir. »

Prefacio completo aquí.

 

 

«Si las mujeres continuamos por el camino que vamos, llegaremos a cambiar la historia». Una conversación con Rita Segato por el Día Internacional de la Mujer.

Entrevista por Maricel Drazer, Deutsche Welle

Es considerada una de las principales feministas de la actualidad. Es antropóloga, escritora y activista. Es, entre muchos otros títulos, profesora emérita de la Universidad de Brasilia. Y es quien ha inspirado la letra del «himno feminista” del momento, creado por el colectivo LasTesis de Chile. Y así, es también una mujer que hoy admite sentirse sorprendida, y hasta superada, por las demandas de los medios de comunicación de todo el mundo. Ella, que solo quiere tiempo para seguir escribiendo.

Sin embargo, se presta al diálogo de manera sencilla, afable, desde la habitación de un hotel en la provincia argentina de Mendoza, cuya Universidad la ha honrado con el doctorado honoris causa. De catástrofes y nuevas eras por venir, de feminismos, capitalismo apocalíptico, de pandemia, de mujeres, hombres y de mucho más habló Rita Segato.

 

¿En qué punto se encuentra hoy el movimiento de mujeres en Latinoamérica?

Rita Segato: Es un gran momento, porque realmente estamos ante un deterioro considerable de lo que entendemos por política, -política de Estado, política de partidos, la política masculina, en el sentido de una tradición masculina de cómo se hace la política-, estamos ante el fracaso de esa política, que puede dar paso a momentos de nuevo autoritarismo y barbarie.

Las mujeres, sobre todo de forma muy notable en Argentina, pero también en los otros países, en Chile por ejemplo, hemos hecho una política de mancomunamiento muy fuerte, de toma del espacio público de otra manera, y eso lentamente nos está mostrando la fuerza que tenemos, la fuerza de cohesión que tiene el movimiento, y muestra cómo es diferente la forma en que las mujeres tomamos el espacio público, y lo que decimos en él, respecto a lo que han venido haciendo los movimientos que pertenecen a la historia de los hombres -el sindicato, el partido político, los diversos movimientos sociales tradicionales-. Nosotras hemos mostrado nuestra diferencia. Ahora viene un largo momento de reflexión.

Porque yo separo entre dos aspectos, el aspecto discursivo, por un lado, en el que nosotras, las mujeres, nos hemos hecho presentes en todas partes. No hay discurso político, ni mediático, ni literario, en el que los temas que hemos levantado las mujeres no se encuentren hoy presentes de alguna manera. En el campo discursivo nuestra victoria es notable.

Pero, por otro lado, no hemos conseguido victorias importantes en la contención de la violencia contra las mujeres. Y no solo no hemos conseguido frenar el avance de la violencia contra las mujeres en América Latina, sino que tampoco hemos conseguido una meseta, que los números permanezcan iguales.

Hay grandes victorias, por un lado, y por el otro, no diría una derrota, pero no hemos llegado a destino. Quizás porque cuando lleguemos a destino en este segundo aspecto, que es el de la violencia, ahí, toda la sociedad cambia, cambia la historia.

Es un contraste muy grande, y necesitamos reflexionar por qué.

¿Podría pensarse que primero tiene lugar un aspecto y luego el otro?

Si trabajamos bien en las victorias que tenemos en el lado de la presencia en el discurso, si lo reflexionamos en profundidad, es posible que consigamos identificar en qué punto y de qué manera se traba el progreso hacia el bienestar de la paz de género, hacia una paz social general, que necesita que no haya más violencia de género. Porque la violencia contra las mujeres, no es un problema de las mujeres, es un problema de toda la sociedad.

Yo creo en el pensamiento, en la teoría. Si no hay un pie en el campo teórico, en la reflexión, se empieza a caminar en círculos, se da una repetición, de clichés, programas y formas de comprensión. El activismo sin reflexión da vueltas en el mismo lugar.

De manera que nos falta todavía profundizar nuestra reflexión para entender por qué no hay una incidencia de las victorias en el campo discursivo, en el campo de la contención de la violencia.

¿Puede ser que muchos no tengan intenciones reales de cambio?

Claro, a veces solamente se trata de demostrar que se conoce el tema, un «hacer de cuenta” de que se está actuando. Existen las dos cosas, a veces hay una tematización en profundidad, y a veces, es simplemente porque el tema parece estar de moda.

¿Y dónde anidan las causas de esta violencia?

Este estallido de violencia masculina tiene que ver con la fase económica que atravesamos.

Muchas veces una forma de explicarlo es «como las mujeres han avanzado mucho, entonces los hombres reaccionan con violencia”. En parte, puede ser. Por ejemplo, en una relación conyugal, donde la mujer va creciendo y se modifica la relación de poder, de salario, por ejemplo, entre el marido y la mujer, es posible que haya una reacción violenta. Hay relatos de esto. Algunos hombres pueden sentirse, como llamamos en la antropología, emasculados, o sea, disminuidos en su masculinidad, porque la mujer tiene un éxito mayor en su carrera.

Pero también existen muchos feminicidios, y sobre todo muchas violaciones de calle, que no son del espacio doméstico, no son de personas que tienen una relación de parentesco o de intimidad.

Yo creo que hay un problema con la masculinidad, y este no se debe, por lo menos en primer lugar, a ese desbalance. Porque, además, las mujeres no hemos avanzado tanto, todavía las mujeres ganamos menos por igual trabajo. O sea, no existe eso de que «los hombres hoy son los siervos de las mujeres”. Las mujeres trabajamos igual o más, y ganamos menos. La media salarial de las mujeres en el mundo es mucho menor que la de los hombres.

Por otro lado, estamos mucho menos presentes que los hombres en los altos cargos, en cargos de dirección en las empresas, en las universidades.

Entonces, es una lectura problemática y equivocada la de la revancha.

Yo creo que el problema es la emasculación masculina. O sea, en un mundo marcado por la dueñidad, -porque hoy hablar de «desigualdad” es poco, hoy debemos hablar de dueñidad, «lordship” en inglés, señorío-, hay como una gran refeudalización del mundo, porque los dueños del planeta y los dueños de la riqueza, son muchísimos menos en proporción. Nunca la concentración tuvo el ritmo que tiene en el presente. Entonces, es un momento de dueñidad, y la dueñidad de algunos hombres, lleva al desadueñamiento de otros hombres. O sea, los hombres están desadueñados. Y «masculinidad” y «adueñamiento”, son casi sinónimos.

El patriarcado es un orden de dueños y de soberanía sobre los cuerpos y sobre los territorios. Y las mayorías masculinas han perdido esa soberanía, por la propia fase del capital que atravesamos. A esa mayoría masculina le queda solo la violencia como recurso para el adueñamiento de un mundo, como digo, adueñado por pocos, un mundo con pocos patrones. A muchos hombres solo les queda la violencia como recurso de proclamación de su posición masculina.

Es un problema del contexto histórico y económico por el que atravesamos, que yo llamo «fase apocalíptica del capital”, porque lleva a formas de violencia tan extremas, y a un desprecio por la vida tan grande, que vemos la muerte llegar como consigna, como sucedió en los años 40 del siglo pasado. Estamos al borde de una catástrofe. Tanto ambiental como social.

¿Estamos al borde de una catástrofe?

Yo lo veo así. Mi lectura de la violencia de género, es que es un síntoma que permite diagnosticar una situación que es social y general. O sea, la idea de que se trata de un problema de las mujeres es falsa. Como también es falsa la idea de que las mujeres somos una minoría. Lo que les pasa a las mujeres, le pasa a la sociedad. ¿Cómo se ha separado eso? ¿Qué error cognitivo se ha promovido -y los feminismos lo han aceptado-, para pensar que hay problemas que son de las mujeres? Los problemas de las mujeres, son problemas de la sociedad entera. Es un drama social general.

Entonces, yo veo la violencia contra las mujeres como una señal que nos da la posibilidad de hacer el diagnóstico de una época, de un contexto mucho más amplio.

¿Y cuáles son las características de esa catástrofe social a la que iríamos?

Es ir hacia la situación que vemos en algunos países latinoamericanos, y también en Europa, en que grupos numéricamente crecientes creen en políticas autoritarias de corte fascista.

Es una cosa impresionante, imposible, después de toda la pedagogía antibélica, toda la pedagogía antifascista, en Alemania misma, toda la educación que ha intentado mostrar a los niños que el nazismo fue una dictadura, también para los alemanes, y, sin embargo, la tentación fascista ha reaparecido en el mundo, y es muy difícil entender por qué.

Yo tengo mi forma de entenderlo, que lo comprende como una «política del enemigo», que es una política fácil, de seducción hacia un activismo fácil, que llega a grandes sectores de la sociedad que nunca se sintieron realmente representados por la política del Estado.

Allí asoma un rencor. Lo que hay que entender es el origen de ese rencor, y ver si hay tiempo todavía para tratarlo.

Pero, según su análisis, ¿podría ser que el movimiento de mujeres logre una suerte de cambio de era y vayamos hacia algo mejor, y no necesariamente hacia esa catástrofe?

Exactamente. Analizando los hechos, yo pienso que el movimiento feminista está al borde de atravesar la frontera de lo que he llamado en mi libro «Las estructuras fundamentales de la violencia”, la prehistoria patriarcal de la humanidad.

Solo eso consigue explicar la velocidad y la impaciencia con la que se ha plantado la reacción de las iglesias fundamentalistas en toda América Latina. Ese no es un proceso espontáneo de la gente. Porque una cosa son las personas que buscan en las iglesias de todos los tipos lenguajes para su espiritualidad: eso es legítimo. Pero otra cosa son los sectores empresariales de las iglesias nuevas, fundamentalistas, literalistas, de ultraderecha, maniobrando para frenar la transformación del mundo por el avance del pensamiento y del activismo feminista.

En términos históricos, tuvimos un momento, después de la caída del muro de Berlín, en que apareció otra forma de la política, el multiculturalismo, que irradia desde los Estados Unidos y es un movimiento de distribución, o sea, se divide el mundo entre minorías e identidades políticas, y se reparten recursos y derechos. Y todo estaba bien, porque el multiculturalismo en ningún momento tocaba la usina de la acumulación-concentración. No tocaba los grandes principios del capital, de la competitividad, la productividad, el cálculo de costo-beneficio, y la acumulación-concentración. Simplemente distribuía, y entonces aparecía una elite negra, una elite de mujeres, una elite de LGBTQI+, una elite indígena amerindia, etc.

Eso fue todo post Guerra Fría, y tras la política insurgente de mi generación, con su crítica marxista antisistémica, entra el gran silencio post Muro, la gran perplejidad. Allí, en ese silencio, se instala el multiculturalismo, que propone repartir entre las minorías. Lo que he llamado una crítica Barbie: una Barbie negra, una Barbie blanca, una Barbie gitana, una Barbie asiática, pero los huesitos son iguales, las medidas del cuerpo son idénticas, solo cambia la cosmética fenotípica. El multiculturalismo fue eso.

Pero ahora, algo pasa. De repente, una alarma cunde ante la posibilidad de lo que yo describo como el fin de la prehistoria patriarcal, el fin del orden político primordial y antiquísimo, que es el orden patriarcal.

Y el desmonte del mandato de masculinidad amenaza el mundo de los dueños, coloca el dedo en la llaga en el lugar de reproducción del mundo de la dueñidad, del señorío.

Y entonces vemos, por ejemplo, que el obispo Macedo, que es el fundador de una de estas grandes seudoiglesias, que es la Iglesia Universal del Reino de Dios, los otros días dio un discurso diciendo que él a sus hijas no les permite ir a la universidad, porque «qué pasaría en un hogar donde una mujer fuera más educada que el marido”. Me impresionó mucho. Nunca el credo cristiano, y mucho menos el credo evangélico de las grandes iglesias protestantes clásicas, habló de que las mujeres no podían educarse. Han tomado elementos de algo que nos habían enseñado a despreciar, que es el discurso fundamentalista islámico, y de repente, ese discurso que tiene uno de sus puntales en un tipo de poder extremo sobre la mujer está dentro del cristianismo. El extremismo patriarcal está de este lado del mundo. ¿No es curioso?

Son señales muy raras. Y es que yo creo que ese movimiento se origina en lo que se conoce como think tanks, que identifican que el poder se asienta fuertemente en su primera forma de poder, que es el poder de los hombres sobre las mujeres. Si se toca ahí, se desequilibra el orden de todos los poderes. Es como en el número circense de la pirámide invertida: si se saca al de abajo, se cae todo. Y el orden sobre el cual se asientan todos los otros órdenes desiguales, es el orden patriarcal, es la desigualdad entre hombres y mujeres, entre la posición masculina y la posición femenina.

¿Hay muchos malentendidos en torno al feminismo, verdad?

Hay malentendidos, y hay también errores dentro del propio feminismo. Mi posición es la de un feminismo plural, diverso, donde no haya una vanguardia que se coloca en una plataforma de superioridad moral, y pugna por controlar lo que es y no es el feminismo, que quiere medir el mundo con una vara moral. Ese no es mi feminismo. La vara moral siempre fue del patriarcado. Nosotras tenemos que inventar otra forma de transformar el mundo.

Pensaba en malentendidos como, por ejemplo, el hecho de interpretar el feminismo como una lucha de mujeres contra hombres…

Sí, claro, el feminismo no es una guerra entre hombres y mujeres, o entre mujeres y hombres. El feminismo es una lucha contra el orden político patriarcal. Y luchan contra ese orden político las mujeres que no son patriarcales, porque hay mujeres que son muy patriarcales, como, por ejemplo, Margaret Thatcher: yo diría que muy diferente de Merkel en su estilo de gobierno.

Es que para que una mujer sea feminista necesita hacer un trabajo de conciencia, de reflexión política y de transformación de su intimidad en todos los niveles. No es fácil, es una transformación profunda, que exige el cultivo de una sensibilidad especial.

Y hay mujeres que no luchan contra el patriarcado, al contrario, lo apoyan, y lo reproducen, quién sabe, sin darse cuenta, porque el orden patriarcal es hegemónico, es el aire que respiramos, somos como pececitos en el mismo acuario, es todo lo que hemos aprendido, y desde ahí hemos ido dando grandes pasos de consciencia hacia el presente. Pero es una lucha contra un sistema político, el más arcaico de todos, el más duradero de todos, mucho más que la historia de las mentalidades, y que acompaña a la especie desde el final del neolítico probablemente, o antes inclusive. Entonces, ese orden político es el sistema que estamos intentando descomponer, desconfigurar y desmontar.

También lo hacen muchos hombres, que lentamente se van desmarcando, que van desobedeciendo, y van entendiendo que es un «mal negocio” la obediencia al mandato de masculinidad.

¿Los hombres también son víctimas?

Son víctimas. No quisiera ser hombre ni por un minuto de mi vida realmente, debe ser absolutamente espantoso.

Pero yo siento que hay un cambio. Hay una infinidad de hombres que me agradecen por la calle, que me escriben. La desobediencia al mandato de masculinidad que estamos proponiendo es liberadora para los hombres, y muchos comienzan a entenderlo.

¿Por qué les «conviene” a los hombres liberarse del mandato de masculinidad?

Porque las exigencias sobre un niño -que tendrá que ser hombre- son tremendas y dolorosísimas. Todo lo tendrá que demostrar. El hombre vive dando examen, para obtener, y después no perder, el título de masculinidad.

¿Cómo se siente con la masificación de sus tesis, con el hecho de haber inspirado con sus análisis esa suerte de himno feminista actual «El violador eres tú” creado por Lastesis, de Chile?

En un primer momento, sorprendida. En un segundo momento, halagada. Y en un tercer momento, he aprendido algo grande de Lastesis: ellas se mantuvieron con un bajo perfil durante mucho tiempo, es admirable. Ahora sacaron un libro, pero en realidad, han hecho esa performance que se propagó, y no vi en ellas ninguna señal de vedetismo: una gran lección.

En cuanto a la letra, ellas sacaron de mis textos que el violador es la figura moral por excelencia, que es el más moral de todos los sujetos, que actúa moralizando a la mujer violada. Eso se ve en el caso de las violaciones de los pacos, los carabineros, o de la policía mexicana. La violación como una manera de disciplinar, no es «indisciplina”, es una manera de moralizar. Y eso Lastesis lo entendieron muy bien, y es lo que llevaron a la canción.

¿Y por qué cree que esta canción se ha popularizado de esta manera?

Hay que entender que las mujeres del mundo tenemos metas de felicidad muy diversas, comprensiones de qué es lo femenino y lo masculino muy diversas, pero todas tenemos el problema de la violencia. Porque la desigualdad es violencia, y género es desigualdad.

Ahora, cuidado, porque las formas de violencia que enfrentamos son distintas también. Hay pueblos violadores, como por ejemplo, los Estados Unidos. La violación está muy asociada al consumo, Estados Unidos es la sociedad con la mayor incidencia de violación del mundo a lo largo del siglo XX. Otras sociedades, que son tremendamente patriarcales y también violentas, por ejemplo, el islam, no son sociedades de violación.

Es decir, en la lucha contra la violencia nos encontramos todos los feminismos del mundo, -blancos, negros y amarillos-, pero las violencias son distintas.

En todos los campos se ve la participación de la mujer: ¿cuáles son los logros de las mujeres en el campo económico y empresarial?

Sí, también hay mujeres que están en el ejército. Ese es justamente un tema que pienso tratar en mi Cátedra Aníbal Quijano del Museo Reina Sofía, en una conferencia que voy a dar en noviembre. Yo me pregunto si es posible un pensamiento feminista con una episteme patriarcal, o sea, que en donde entremos, en la política, en los negocios, no lo hagamos con las mismas metas, estilos de actuación y prácticas con que entran los hombres. Que en el espacio que entremos, hagamos una diferencia.

¿Cuál cree que es la relevancia de la aprobación del aborto legal en Argentina?

Es una gran victoria. Ahora, a hacerlo cumplir, porque está el problema de la objeción de conciencia. Yo acepto que algunos médicos realmente tienen una fe religiosa y una idea sobre la vida, que los lleva a la objeción de conciencia, pero la cantidad de médicos, a mí me hace sospechar. La clase médica va masivamente hacia la objeción de conciencia. Lo que pasa es que ser «abortero” es una caída en el prestigio, y para quienes han entrado a la carrera médica en busca de una posición de prestigio en la sociedad (lo que hoy ya es muy relativo), «caer” de médico a «abortero”, es dar marcha atrás en la ambición de la vida de una pobre gente que buscaba meramente un ascenso social. Conozco algunos casos que me han hecho dudar de que la «objeción” en muchos casos no es tanto de consciencia como de interés.

¿Qué ha implicado la pandemia para las mujeres?

Para las mujeres, y para la sociedad como un todo, implica que podemos observar lo que nos hacía falta y lo que no nos hacía falta. Podemos detectar algunas cosas que no nos hacían falta y, sin embargo, pensábamos importantes, por ejemplo, cierto consumo, que cae. Y podemos también detectar algo que pensábamos que no nos hacía falta, por ejemplo, el cuerpo en la comunicación, y sí nos hace falta.

¿Está escribiendo nuevas tesis?

Estoy escribiendo un ensayo sobre el arraigo, sobre el arraigo en el paisaje, sobre los lugares que no son intercambiables, sobre lugares que son únicos, que no tienen equivalente, no porque sean mejores o peores, sino simplemente porque no tienen equivalente.

Y este ensayo será bien aforismático, por falta de tiempo. Porque tengo mucha dificultad para pensar y escribir en este momento, estoy «acribillada” por las demandas de los medios y demás.

Piense que yo fui una profesora durante 35 años, luego me jubilé, y ahora, de repente, mis textos académicos pasaron a las calles. Me es muy difícil manejarlo.

¿Cómo quiere cerrar esta entrevista?

Diciendo que, si continuamos por el camino que vamos, llegaremos no solamente a lo que se cree, o sea, a leyes que se cumplan, a la efectiva protección de las mujeres, sino que llegaremos a un cambio de la historia. Porque está el nivel de la reivindicación inmediata, que es el discurso de superficie -«queremos el fin de la violencia”-, pero lo que hay también, es un camino de mancomunamiento de las mujeres, que es festivo, ritual, afectivo y vincular, y que va a llevar a una transformación de la historia y a una nueva comprensión de lo que es y cómo hacer política.

Solo una pregunta más: ¿se vacunó?

No, no consigo, no ha llegado la vacuna. Tengo 69 años, pero la vacunación en la Ciudad de Buenos Aires es lentísima, y es muy difícil entender por qué. Pero me voy a vacunar en la provincia de Jujuy, que es también mi residencia, donde es muy posible que pueda vacunarme antes que en Buenos Aires.

Foto: Gerhard Dilger

https://secureservercdn.net/198.71.233.67/26e.9c9.myftpupload.com/wp-content/uploads/2021/03/ladeudacolor.jpgLuci Cavallero y Verónica Gago son autoras de Una lectura feminista de la deuda, un libro que se produjo al calor de la práctica feminista, y que llega a una edición ampliada por Tinta Limón Ediciones. La consigna que está en el libro es aquella con la que se marchó los últimos tres paros internacionales de mujeres, lesbianas, travestis y trans: “¡Vivas, libres, y desendendeudas nos queremos!”

Luci Cavallero es socióloga e investigadora de la Universidad de Buenos Aires. Habló con Agenda Feminista sobre este libro esclarecedor, una producción en medio de un proceso político que invita a cuestionar y desarmar una problemática cuyos efectos concretos parecieran moverse en las sombras: la deuda.

Entrevista publicada en Agenda Revista Feminista

¿Cómo surge la escritura de Una lectura feminista de la deuda?

La escritura de ese libro es producto de dos procesos simultáneos que tienen que ver, en primer lugar, con el encuentro con compañeras con las mismas inquietudes, particularmente con Verónica Gago, en el proceso de organización de los paros internacionales feministas, donde se da un proceso muy virtuoso en la relación entre el pensamiento y la práctica política. Esas asambleas nos permitieron empezar a pensar cuáles son los modos de explotación contemporáneos, qué rol ocupan las finanzas, mientras organizamos los paros en el medio del peor proceso de endeudamiento de la historia argentina. Entonces, por un lado es producto de la inquietud que genera la práctica política, y por otro, ambas ya veníamos investigando cuestiones relacionadas con el mundo financiero, no desde la misma perspectiva, pero creo que la militancia del movimiento feminista hizo que desarrolláramos una perspectiva común sobre ese tema.

Tratan el tema de la deuda desde una perspectiva que no circula hoy en día en los medios de comunicación, una “lectura feminista”. ¿En qué consiste este acercamiento a la deuda y por qué es feminista?

Nosotras decimos que hay una serie de puntos que la economía feminista propone, estudiada como un conjunto de postulados metodológicos y epistemológicos, para pensar la deuda, nacidos de la práctica política. En primer lugar, nos acercamos al mundo financiero desde un punto de vista diferente al que recibimos de la televisión, que lo presenta como una serie de procesos que que se desenvuelven por sí mismos y que están completamente desligados de la vida cotidiana de las personas. Eso es justamente una operación política: hacernos creer que el mundo financiero se despliega por sí mismo, que no tiene vinculación, por ejemplo, con las horas de trabajo de las personas.

Entonces decimos que hay que hacer el movimiento inverso: empezar a preguntarnos de qué se nutren las finanzas. Y ahí marcamos que, por ejemplo, cuando se habla de deuda externa no se habla de lo que implica la deuda externa en relación al incremento de tareas no remuneradas para las mujeres, lesbianas, travestis y trans, cuando el Estado entra en una serie de acuerdos con los organismos internacionales que le exigen retirarse o privatizar servicios públicos que recaen en más trabajo en la vida cotidiana de las mujeres. Hay un fenómeno, no muy estudiado ni debatido públicamente, que tenía que ver con que el endeudamiento externo se estaba traduciendo, a partir del empobrecimiento generalizado, de la inflación y de la pulverización de los ingresos de subsidios y salarios, en endeudamiento privado: tener que endeudarse para vivir. Este es un fenómeno que empieza a aparecer con mucha fuerza a partir de la última crisis económica de 2017-2018, y que no ha desaparecido. El caso del endeudamiento de las mujeres que cobran beneficiarias de la Asignación Universal  por Hijo es paradigmático. Hay un proceso de endeudamiento de las mujeres muy claro, que tiene que ver con privatizar en cada casa los costos de esa crisis económica. Y eso es lo que nosotras queremos visibilizar, que el endeudamiento externo está relacionado con el endeudamiento de las economías domésticas, y hay que pensar la deuda no únicamente como un problema económico, como una transferencia monetaria, sino también como un problema político que tiene consecuencias en la vida cotidiana, y que es un modo de gobierno.

¿Cómo se da la relación entre violencia financiera y violencia machista?

En el último tiempo el endeudamiento usurario de las mujeres ha explicado en muchos casos por qué estuvieron fijas en hogares en donde hay violencia machista. Hay algo ahí que explorar en relación a cómo afecta la deuda a una persona, si bien esa deuda también puede servir para huir o para financiar un proyecto personal. Pensar la deuda relacionada con la violencia es exactamente el proceso inverso al que nos proponen cuando nos hablan de las finanzas, como si no tuviera nada que ver con lo que pasa en cuerpos concretos.

Es un libro muy hijo del paro feminista, en relación a que nosotras pensamos que fue el paro el que permitió pensar cuales son los entramados entre la violencia machista y la violencia económica, a partir de la idea de parar las actividades productivas. Entonces ahí nosotras tenemos una propuesta de pensar al mundo financiero como un entramado, y también como una condición de posibilidad de esta violencia machista que estamos viviendo.

Por eso tuvimos entrevistas en las que las compañeras cuentan cómo, por ejemplo, estar endeudadas hace que se dañen vínculos cotidianos, tanto en los vínculos del hogar, como en los vínculos barriales, y cómo eso se traduce en situaciones de violencia. Lo que buscábamos era explicar ese modo de gobierno del endeudamiento en gestos cotidianos, y cómo eso está relacionado con la fundación o no de una situación de violencia. Entonces la idea de violencia financiera es poner en evidencia que los procesos económicos que se declaran abstractos en realidad están completamente entramados con los modos en los que hoy se expresa la violencia machista. “Violencia financiera” es un término político que busca decir que hay una violencia de lo financiero que nos sujeta a situaciones violentas en la vida cotidiana.

Estas entrevistas que mencionas conforman la segunda parte del libro: mujeres que cuentan experiencias relacionadas con la deuda. Pareciera haber una intención fuerte de ponerle imágenes a una violencia que permanece oculta. 

Sí, el principal objetivo político del libro es llenar de imágenes, de contenido, de palabras un modo de explotación que se presenta oculto. A diferencia de lo que antes era el jefe, que podíamos decir ahí está el jefe, ahora no lo podemos ver. Sin embargo, tiene acciones concretas sobre nuestras vidas, toma decisiones por nosotras. Por eso, es importante pensar que la deuda también está relacionada con la precarización laboral, porque lo que aparece muy claro en las entrevistas es cómo ante el endeudamiento, una agarra cualquier trabajo aunque sea en malas condiciones. Queremos ponerle imágenes y cuerpos concretos a lo que significa estar endeudada, y más en este contexto histórico, porque no siempre la deuda actúa de esa manera. Ponerle cuerpo a eso que a veces también es una intuición política. Yo hablo con muchas militantes referentes que hablan de cómo hay algo en los modos en que se refinaron las formas de explotación que nosotras todavía no estamos a la altura de conceptualizar.

¿A qué se refieren cuando hablan de la “moral de las buenas pagadoras”?

Lo que nosotras decimos es que no hay un sistema financiero que actúe por fuera de los mandatos de género. Hay una relación ahí, en el sentido en el que el sistema financiero explota esos mandatos, por eso se habla de que las mujeres tienen tasas de devolución de los préstamos más altas. Están seguros de que esa mujer endeudada va a hacer cualquier cosa para pagar la deuda, aún si tiene que trabajar una triple jornada laboral.  Es concretizar aún más esta idea de que no hay finanzas que actúen por fuera de los cuerpos concretos que se endeudan. Las investigaciones sobre “mujeres buenas pagadoras” son anteriores a este libro, ya ha sido estudiado por otras compañeras, pero nosotras lo vimos muy claramente en esta relación entre la asignación universal por hijo y el endeudamiento. Ahí hay algo muy concreto en cómo a esas mujeres a las que, de alguna manera, se les reconocen las tareas de reproducción, al mismo tiempo se las endeuda para que puedan acceder a los bienes más básicos con la convicción de que lo van a devolver.

¿Cuál es la relación que encuentran entre la falta de implementación de la ESI y la discusión sobre una Educación Financiera en las escuelas?

Creo que esa es una de las cosas que más me interesan de todo lo que pusimos en el libro. Fue una investigación en la Ciudad de Buenos Aires, donde suceden tres cosas: por un lado, la educación sexual se comienza a privatizar (siempre estuvo en manos de ONG vinculadas a grupos religiosos); por otro lado,  se empieza a hablar de modificar el plan de estudios para poner en el último tramo de la currícula una especie de educación que prepara para las pasantías; y en tercer lugar, se empieza a instalar cada vez más la idea de la necesidad de una educación financiera para los chicos. Lo que vemos es a qué tipo de modulación de la subjetividad apunta la escuela en el neoliberalismo, sobre todo la escuela de Larreta. Al mismo tiempo que se nos priva de la ESI – bien aplicada, porque también puede ser pensada solo en su dimensión preventiva- que es un espacio para pensar lo que una quiere, los infinitos devenires posibles, se nos enseña a ser buenos usuarios financieros. Ahí vemos una relación, sobre cuáles son las maneras en que se nos modula la capacidad de imaginar un futuro.

Con la frase “las acreedoras somos nosotras” el feminismo plantea un cambio de roles. ¿Son las mujeres en realidad a las que se les debe? ¿A qué llaman prácticas de la desobediencia? 

Es una de las ideas más fuertes del libro. No solo hacer una conceptualización del modo en que funcionan las finanzas, que ya es una forma de desobediencia, porque implica desarmar este modo opaco de funcionar, sino también imaginar formas en las que se pueda pensar en otras maneras de financiamiento, de producción, de reproducción. Y no solo eso, otra de las apuestas del libro es pensar que si las finanzas están relacionadas con tantos aspectos, como la privatización de los servicios públicos, oponerse a todos esos procesos son formas de desobediencia financiera. Pedir servicios públicos es desobedecer el mandato de las finanzas, ya que necesitan la seguridad de que el Estado no va a dar más servicios para poder valorizarse en el hoy, contar con que va a haber cada vez más recursos destinados a pagar la deuda. Oponerse a eso es una manera de confrontar con lo financiero. Y en otro nivel, ponemos en el libro una serie de ejemplos de modos de pensar el autofinanciamiento de proyectos productivos, o de la misma reproducción. Como el caso de las compañeras del barrio de Lugano, la Asamblea de mujeres de la FOB (Federación de Organizaciones de Base), que organizaban una práctica ancestral llamada pasanaku para desendeudar a la que estaba más endeudada. Son varios planos en los que nosotras decimos que se puede pensar una desobediencia, para que no quede todo tan alejado en una idea del “ no pago al FMI”, que es muy importante, pero es importante remarcar a que, a la vez, hay luchas en las que se confronta el mundo financiero en la vida cotidiana.

Entrevista por Julieta Henrique

Arte por Matilde Néspolo

«Los legados, los textos, la obra y la construcción de Rosa Luxemburgo inspiran a las mujeres que aspiramos a ocupar un cargo político para posicionarnos y ser protagonistas de una transformación y de una revolución social», dice Erika Hilton, concejala en la ciudad de San Pablo. Diputadas y militantes de Brasil, Chile y Alemania reflexionan sobre la importancia de Rosa Luxemburgo para su práctica en la actualidad.
Habla:
Erika Hilton, concejala en la ciudad de San Pablo (Brasil).
Jô Cavalcanti, co-diputada por el mandato colectivo de Juntas en el Estado de Pernambuco (Brasil).
Frigga Haug, filósofa (Alemania).
Cornelia Möhring, vocera en materia de política de mujeres del bloque DIE LINKE en el Parlamento alemán (Alemania). Pierina Ferretti, Fundación Nodo XXI (Chile).
Janine Wissler, miembro del Comité Ejecutivo de DIE LINKE y Jefa del bloque parlamentario del partido en el estado federado de Hesse, entretanto, la presidenta del partido (Alemania).

23 Oct 2018 | Silvia Federici volvió a Buenos Aires tras poco más de tres años. Siempre atenta pero sensible, la autora de “Calibán y la bruja”, estuvo dialogando en un encuentro con periodistas feministas y comunicadorxs populares y de esa forma dio inicio a la gira que realizará por Argentina y Chile.

Por Camila Parodi y Laura Salomé Canteros  para Marcha Noticias

Silvia Federici es escritora, docente y militante feminista italiana y llegó a nuestra región para compartir charlas públicas y asambleas, excusa perfecta para presentar otro de sus libros: “El patriarcado del salario. Críticas feministas al marxismo”. Y también para reflexionar, de forma conjunta y en un cálido ida y vuelta en los territorios donde las mujeres y los feminismos construimos teorías y praxis: nuestras alternativas a la imposición de los poderes, la perpetuación de un heteropatriarcado capitalista que agobia, explota y empobrece.

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“Las mujeres politizamos cada experiencia”

Tras su llegada a Buenos Aires y, como primer actividad pública, se realizó un conferencia de prensa en la Fundación Rosa Luxemburgo donde, junto a integrantes de la Editorial Tinta Limón le dieron la bienvenida. Ni bien llegó al espacio comenzó a interactuar con las presentes, saludos, sonrisitas y gestos de complicidad fueron los primeros intercambios con ella.

“Las sociedad capitalista ha hecho una apropiación del trabajo de las mujeres”, dijo al comenzar sus primeras intervenciones yendo a la raíz de sus reflexiones. Y en ese sentido, no fue alejada su relación con el actual momento de lucha del movimiento de mujeres al que se refirió: “la violencia contra las mujeres se da porque estamos en la primera línea” y en ese sentido concluyó su idea manifestando “las mujeres politizamos cada experiencia (…) juntamos lo que el capitalismo ha dividido”.

Las preguntas comenzaron a circular y con una linea continuó delimitando sus teorías. En el año 2014, Federici había realizado un primer recorrido por las organizaciones de mujeres en las villas argentinas, por eso, su necesidad de integrar esas experiencias a sus nuevas reflexiones al calor de un libro nuevo. “En las villas las mujeres con las ollas, la huerta, el teatro y la formación política muestran otra forma de vivir. Rompen los muros entre la casa y las calles”, afirmó, y a continuación explicó: “la calle, por ejemplo, es el espacio colectivo donde continuamos con las redes e intercambio de saberes que comenzamos al interior de los hogares”, y concluyó, “se trata de un proceso de politización que junta lo que el capitalismo separó”.

Fue entonces cuando las preguntas sobre feminismos y marxismo, que tanto entusiasman, no tardaron en llegar. Y tampoco las respuestas de Federici: “La inclusión de las mujeres al mercado laboral es una gran mentira, genera confusión. Somos ya incluidas, pero en relación de dependencia y despojo que beneficia a otros, entonces ese es un discurso que se tiene que denunciar”, es decir “un feminismo institucional, del Estado, que ha usado una agenda feminista dominada para integrar a las mujeres a la máquina del trabajo de la economía global” y concluyó “el capitalismo usó la inclusión para abrir la puerta de los trabajos más baratos”.

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Federici va y viene en los espacios donde las praxis se vuelven teoría, y en lo que respecta a la centralidad del debate sobre las tareas del cuidado expresó: “la escuela, el cuidado, no es otro mundo que la casa. De a poco comprendieron la complejidad de la actividad de la reproducción que es la más importante que existe en una sociedad”, y a continuación explicó “esto se ve en los Estados Unidos, las más endeudadas son las que trabajan fuera de la casa, con dos y tres trabajos. Es más, hay toda una generación de mujeres que trabajan y que no pueden ver en su futuro más que trabajo”.

La masiva respuesta revolucionaria de los feminismos en las calles en el actual contexto de la región -donde los sistemas de representación fascistas avanzan descontrolados- también tuvo su lugar en las reflexiones de la feminista. “La violencia contra las mujeres es una forma de sabotear la lucha, en definitiva, de cualquier forma de cambio social”. Y a continuación el debate sobre la participación de varones en los espacios feministas apareció y junto a Silvia nos preguntamos: “entonces, ¿qué van a hacer los varones? ¿Se van a sumar, acompañar, o van a querer recuperar su lugar de poder?”. Y en ese marco manifestó “los varones tienen que hacer formación política como nosotras hemos hecho. Y en las marchas, donde nosotras decidimos”.

Ya habían pasado las dos horas propuestas pero las temáticas y discusiones seguían apareciendo en las preguntas y respuestas. Decisión sobre los cuerpos, relaciones sexo afectivas y muchas más sobre feminismos. “Históricamente fuimos víctimas del amor romántico”, reconoció con sonrisa cómplice, sin embargo aclaró “hasta que trabajamos con otras mujeres y descubrimos que ese trabajo colectivo entre nosotras entusiasma más”.

Para finalizar, mientras reflexionábamos sobre el control de los cuerpos de las mujeres la discusión sobre el poder y la influencia de las iglesias en las políticas públicas tuvo que realizarse: “La Iglesia no tiene la autoridad moral para decirnos a nosotras cómo nos debemos comportar con nuestros propios cuerpos”, afirmó Federici quién en ese momento afirmó “y si quieren citenme”, y siguío: “que se ocupen de disciplinar a los curas pedófilos”.

Para finalizar Federici volvió a recordar la idea que desde el principio venía abordando “el feminismo ya es un movimiento político. Necesitamos tener un horizonte amplio. Si no es constructivo lo que se hace, no suma. La lucha debe cambiar positivamente tu vida”. Y será por eso que finalizó: “Hay alternativa al capitalismo”.

Por Luci Cavallero y Verónica Gago 

Compartimos un adelanto de la edición ampliada de «Una lectura feminista de la deuda. ¡Vivas, libres y desendeudadas nos queremos!» (Tinta Limón y Fundación Rosa Luxemburgo). Esta investigación impulsa un movimiento de politización y colectivización del problema financiero. Es una herramienta de debate y formación en sindicatos, universidades, ferias de pequeñxs productorxs, organizaciones de base y asambleas feministas.

Emergentes
Emergentes

Interrupción Voluntaria de la Deuda

La asunción del nuevo gobierno de Alberto Fernández (diciembre de 2019) está marcado por dos cuestiones: el impacto del feminismo en los debates y la discusión sobre la “renegociación” de una deuda externa caracterizada socialmente como “impagable”. Proponemos una consigna que enlaza el reclamo feminista multitudinario de la “marea verde” y la deuda: Interrupción Voluntaria de la Deuda. Es una fórmula de síntesis para plantear que además del desendeudamiento es necesario políticas de reconocimiento del valor del trabajo doméstico que nos convierte directamente en “acreedoras” de una riqueza que hemos ya creado gratuitamente. Decimos que es hora de la reapropiación, de una interrupción legal de la deuda.

Hoy, los efectos del endeudamiento recaen sobre áreas de lo más sensibles y políticamente delicadas porque explotan directamente la capacidad de reproducción social: el endeudamiento doméstico y los precios de los alimentos, ambos al galope inflacionario de los últimos años, que sigue sin poder frenarse.

Como una de las primeras medidas de urgencia, el nuevo gobierno lanzó un plan titulado “Argentina contra el hambre”. Tengamos en cuenta que la situación actual es que, en el país que es el cuarto productor mundial de harina de soja, el 48 por ciento de lxs niñxs son pobres.

El plan consiste en la entrega de tarjetas alimentarias que pretenden llegar a dos millones de personas. El ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, a cargo de la medida, al explicar por qué el plan se instrumenta por medio de un sistema de tarjetas alimentarias y no entregando directamente dinero en efectivo, respondió con cruda empiria: cualquier efectivo que ingresara a las familias en la medida en que éstas están completamente endeudadas se usaría para pagar deuda (formal o informal). La conclusión salta a la vista. El modo de garantizar acceso a alimentos está hoy determinado por la deuda de los hogares, que literalmente ha parasitado todo tipo de ingreso: de las jubilaciones a los subsidios, donde las beneficiarias de la asignación universal por hijx cumplen un rol protagónico, de los salarios a los ingresos por changas.

Este vínculo entre deuda y alimentos es clave porque lleva al extremo los efectos destructivos de la precariedad: endeudarse para comer, primero; y, en la otra punta de la cadena, ahorcarse por deudas para llegar a producir alimentos desde las economías populares; finalmente, el embudo monopólico de los supermercados. Vemos así cómo el diagnóstico sobre lo que significa la colonización financiera sobre nuestros territorios es mucho más amplio que la herencia de la deuda externa, aunque está directamente relacionada con ella. La deuda externa se derrama, como sistema capilar de endeudamiento, en la deuda doméstica y se refuerza por la baja del poder de compra de los ingresos y la restricción de servicios públicos. El combo es explosivo. O mejor dicho: sólo alimenta más deuda.

Las luchas de lxs productorxs de la tierra han transformado e impactado sobre el diseño actual de política pública para combatir el hambre. Gracias a ellxs, se ha buscado incluir a la agricultura familiar y campesina y a sus circuitos de ferias en las formas de provisión de alimentos de calidad. “Eso se logró a través de los verdurazos”, dicen desde la Unión de Trabajadorxs de la Tierra (UTT), para referirse a la acción política de descargar enormes cantidades de verduras en las plazas y hacer como acto político su entrega gratuita a la vez que se denunciaba la insostenibilidad económica de lxs pequeñxs productores frente a la inflación.

Aquí el desafío queda dibujado. Si, por un lado, las tarjetas alimentarias son un intento de institucionalizar las ferias populares y de caracterizar el problema del hambre desde el diagnóstico de los movimientos sociales, por otro, el endeudamiento y el sistema de bancarización heredados producen situaciones de equivalencia insostenibles entre los grandes supermercados y las ferias populares.

Las condiciones de producción y de superexplotación que hoy están en la base de la agricultura familiar revelan dos problemas estructurales: los límites que impone no tener acceso a la tierra (y por tanto el pago de arrendamientos caros); y luego el trabajo no reconocido de las campesinas. Un cuádruple nudo angosta posibilidades y complejiza el cuadro: la cuestión tributaria, la propiedad de la tierra, la financierización de los alimentos y la cantidad de trabajo feminizado no reconocido e históricamente desvalorizado que funciona, de hecho, como variable de abaratamiento. Agrega Rosalía Pellegrini, secretaria de Género de la UTT: “Nuestra comida está subsidiada por la autoexplotación de nosotras, que estamos endeudadas para poder competir en un modelo de producción dependiente”.

Hambre y mandatos de género

Hay otra arista en las declaraciones públicas que anunciaron la implementación de la tarjeta alimentaria: la insistente interpelación a la responsabilidad materna en la alimentación de lxs hijxs, aun cuando la tarjeta está destinada a madres o padres. La perspectiva feminista aporta y exige que no se naturalice, en un contexto de crisis extrema, el mandato de género en las políticas sociales. La responsabilización de las madres híper-endeudadas tiene el riesgo de reinstalar formas de merecimiento patriarcal en la ayuda social.

Si los recortes de servicios públicos y la dolarización de las tarifas y de los alimentos durante el gobierno de Mauricio Macri han trasladado a la responsabilidad familiar los “costos” de la reproducción social, es necesario reponer servicio público para desfamiliarizar la obligación de alimentos y cuidados. Sobre todo porque el movimiento feminista ha puesto en debate lo que es la familia cuando se la reduce a su norma heteropatriarcal y porque ha valorizado las redes comunitarias en su capacidad de producir vínculo social y mediación institucional. “La tarjeta alimentaria es una medida importante ante las necesidades extremas en las que están nuestras compañeras, pero no reemplaza la ración de comida que se entrega en cada comedor, ahí donde se hacen las ollas populares, y es sobre ese trabajo comunitario que pedimos reconocimiento”, plantea la dirigente del sindicato de trabajadorxs de la economía popular Jackie Flores (UTEP).

Una lectura feminista de la inflación

La explicación sobre cuál es la causa de la inflación es una batalla política. Distintas autoras han aportado elementos que nos permiten hacer una lectura feminista de la inflación, ese mecanismo que acelera la toma de deuda compulsiva y obligatoria.

A las explicaciones monetaristas (la emisión) de la inflación se le suman históricamente argumentos conservadores que caracterizan la inflación como enfermedad o mal moral de una economía. O sea, no se trata sólo de explicaciones técnicas y economicistas, sino directamente vinculadas a las expectativas de cómo vivir, consumir y trabajar. Así lo argumentó el famoso sociólogo de Harvard, Daniel Bell, quien ubicó al quiebre del orden doméstico de la familia tradicional como la principal causa de la inflación en los Estados Unidos en la década de los años 70. También Paul Volcker, el jefe de la Reserva Federal estadounidense entre 1979 y 1987, conocido por su propuesta de disciplinamiento de la clase trabajadora como método contra la inflación, instaló el tema como una “cuestión moral”.

El análisis que hace de estas explicaciones la investigadora Melinda Cooper, que estudia por qué tanto neoliberales como conservadores se ensañaron contra un programa de poco presupuesto dedicado a las madres afroamericanas solteras, es una pista fundamental: en ese subsidio se concentraba la desobediencia de las expectativas morales de sus beneficiarias. Estas madres afroamericanas solteras producían una imagen que no cuadraba en la estampa de la familia fordista. Es decir, desde la óptica conservadora, quienes recibían ese subsidio eran “premiadas” por su decisión de tener hijxs por fuera de la convivencia heteronormada, y la inflación reflejaba la inflación de sus expectativas de qué hacer de sus vidas, sin ninguna contraprestación obligatoria.

Entonces, al clásico argumento neoliberal de que la inflación se debe al “exceso” de gasto público y al aumento de los salarios cuando hay poder sindical, los conservadores le agregan una torsión: la inflación marca un desplazamiento cualitativo de lo que se desea. Más recientemente, ambos argumentos se han aliado de forma decisiva.

Para nuestro contexto: ¿cómo discutir la inflación desarmando una imagen conservadora del gasto social, muy afín al gobierno saliente, que moraliza a las mujeres, lesbianas, travestis y trans de sectores populares en sus posibles gastos a la vez que perdona a la élite financiera local e internacional haber fugado 9 de cada 10 dólares de la deuda externa?

Si hay unos vínculos que expresan el rechazo (o la fuga de hecho) al contrato familiar, el devenir deudoras es –como argumenta Silvia Federici– un cambio en la forma de explotación que arrastra otra pregunta: ¿cómo se vigila y castiga por fuera del salario y por fuera del matrimonio? Las reformas punitivas de los derechos sociales (como argumentamos en relación a la moratoria jubilatoria) intentan inventar esos dispositivos reponiendo un orden de merecimientos patriarcal por fuera del salario y por fuera del matrimonio.

Booktrailer

Por María Moreno para Página 12

 

A la memoria de Cartulina

 

En la cárcel de Poznan–Wronki, Polonia, escribe que se siente feliz porque, luego de mucho insistir, le han comprado una pequeña regadera y, aunque deba caminar hasta el estanque para llenarla al menos una docena de veces y así dejar regados en su totalidad los jacintos azules que le han permitido cultivar. Escribe también que ha logrado liberar de entre las rejas la que considera la primer avispa del verano “joven y delgada” cuando zumbaba aturdida contra los vidrios sin encontrar las hojas abiertas de la ventana de su celda. Y para escribir, amén de la única pluma y el papel restringido, Rosa Luxemburgo se las arregla con una silla y una madera empotrada en la pared. Al tiempo limitado del cautiverio suele oponerle la libertad del tiempo que hace : bajo la lluvia torrencial y sin paraguas (aclara como si obtenerlo fuera posible al igual que obtuvo la regadera), con su viejo sombrero y envuelta en la capa de la abuela Kautsky (la madre de Karl, dirigente de la Segunda Internacional) , escribe que vaga por el jardín seguida por un pequeño pájaro carbonero que seguramente se refugia bajo su silueta oscura de las gotas de agua y del viento (Con esa imagen Margaret Von Trotta elije comenzar su película Rosa Luxemburgo). Puede que no quiera preocupar a su amante y camarada Hans Diefenbach haciéndole un cuento de flores y de pájaros por correspondencia pero ese cuento que conserva, aún libre y en medio de los más arduos debates ideológicos y avatares políticos –cuando llegan a llamarla “perra rabiosa” o le adjudiquen chorros de veneno sin argumentos– hace pensar que la revolución no es incompatible con una voluntad de felicidad que sólo se encuentra en armonía con la naturaleza y sus criaturas. Para ella “sentirse bien” es casi una obligación militante. En cada prisión, ya sea por insultar al emperador, su militancia clandestina, la antimilitarista, o por ser considerada un peligro para la seguridad pública, prohibido el horizonte, la libertad le suele entrar por los oídos: En Poznan-Wronki, a través del sonido monótono del sacudir de una alfombra que alguna guardiacárceles soltera o tal vez viuda, desea mantener limpia en un cuarto que acostumbra ocupar poco. En Zwickau, es el cuac cuac de los patos que le recuerdan el origen de algún mundo. En Alexanderplatz, donde la noche comienza a las cinco y treinta, es el trepidar de los trenes de cercanías que le impiden dormir hasta que los acalla con su propia voz cantando una área de Las bodas de Figaro, más tarde el grito de alguien que ordena recogerse en la casa a una niña que canta y baila escapándose –puede imaginarla– hasta que sus protestas se apagan hasta el día siguiente. Y lo más conmovedor: en Barnimstrabe, las luces se apagan a las nueve de la noche; a esa hora o unos minutos después un bebé rompe a llorar con esa clásica progresión de vagido in crescendo que, bajo el propio estímulo, suele conducir al aullido vivo. A las diez en punto se oye la voz impaciente de la madre , unos golpecitos no muy fuertes , al mismo tiempo de castigo y de consuelo, y se hace el silencio. “Creeme, Hänschen –le escribe Rosa a Hans Diefenbach–, ese anticuado método para resolver los problemas de la existencia también hizo maravillas en mi alma a través de las palmaditas en el trasero del bebé. Mis nervios se relajaron inmediatamente junto con los del niño y me dormí cada vez simultáneamente con él”.

Estas imágenes poderosas, de radiante vitalidad en medio de toda tiniebla pertenecen al libro Dime cuando vienes, cartas de amor, 1893-1917 de Rosa Luxemburgo que publicó la editorial Banda Propia con prólogo de Diamela Eltit y traducción y selección de Angelo Narváez León. Los corresponsales son Leo Jogiches, Kostja Zetkin, Paul Levi y Hans Diefenbach, amantes, camaradas, “cuadros”, aunque la retórica amorosa los condene a los diminutivos “Niuniu”, ”Bub”, ”Bobus”, “Bub”, “Kukuchna”, ”Ciucia”, “Dziodzio”. Sólo las cartas escritas en prisión deben reprimir esas jocosidades retóricas privadas. Allí, en ausencia de la gata Mimi, especie de compañía y proyección de sí misma (“Ayer por la tarde hizo esto; la estaba buscando por las habitaciones, pero no la encontraba en ninguna parte. Comencé a preocuparme y luego la descubrí en mi cama. Acostada de tal modo que la cubierta quedaba bien colocada justo debajo de su mentón, con la cabeza sobre la almohada de la misma manera en que yo me acuesto”), presencia tan asidua en las cartas como la de un Karl Kauski o una Clara Zetkin, es preciso desdoblarse en lo que la imaginación provee a la lucha que no cesa.

Bolche y felina

Con esa compañía peluda, suele compartir efusiones. “Te beso. Y Mimi también lo hace” y depositar en ella la nostalgia: ”Mimi te buscó en el pasillo y en la habitación, luego me miró inquisitivamente con un prrr”. Y cuando cuenta “Mimi es una sinvergüenza. Saltó hacia mí desde el suelo e intentó morderme. “Parece estar refiriéndose a su propia oscuridad, fácilmente mutable en una violencia que sería necesario deponer». Y, luego de separarse del joven Kostja Zetkin, le escribe , al parecer sin humor pero también sin rencor que se lo comunicará a Mimi: ”Le diré a la pequeña Mimi que ahora estamos solas y la besaré”.

Cuando describe a la gata revolcándose en la alfombra, olisqueando las flores frescas del florero, o bebiendo en dos patas el agua de la canilla, parece retratar su propia voluptuosidad ante lo que la vida ofrece sin la forma de la mercancía. Será por eso que al leer en Mimi, suele hacerlo despojándola de su naturaleza y entonces escribe como al pasar ”Mimi estuvo aullando por dos días y noches seguidas, lo que me puso muy nerviosa. También se puso débil y delgada, pero ahora ya está mejor, hoy incluso jugó un poco conmigo. Pobre querida Mimi”. Hubiera sido sencillo reconocer en ese malestar pasajero pero insistente, el cíclico celo.

Lucía F. Ares

El dos de abril de 1911, Vladimir Ilich Uliánov visita e Rosa Luxemburgo en su habitación de Berlín: ”Hace calor aquí, incluso está algo templado ya por completo primaveral ¡Pobre Mimi, siempre haciendo prrr! Impresionó tremendamente a Lenin, que dijo que solo en Siberia había visto una criatura tan magnífica, dijo que ella era una gata majestuosa. Ella también coqueteó con él, rodó sobre su espalda y se comportó seductoramente, pero cuando intentó acercarse a ella, lo golpeó con una pata y gruñó como un tigre”.

Claro que la gata no había tomando ningún partido. Ignoraba que ese hombre se había embelesado tempranamente con La cabaña del tío Tom, novelón paternalista sobre la esclavitud a través del sometimiento bonachón como valor, mientras que su Humana , formaba parte de un grupo que lleva el nombre del quien levantó en arma a los esclavos romanos. Aunque la escena podría llamarse como una de las obras de la víctima: Un paso adelante, dos pasos atrás. Es que una gata no es nunca una afiliada. Tampoco sabe de “centralismo” salvo de sí misma. Su internacional está dada y consta de una suma de individuos sin alianzas más que el turno en el callejón o el incremento de la temperatura por contacto y cuya lengua es única aunque etiólogos positivistas han pretendido encontrar en los maullidos de cada país, resonancias de las lenguas humanas que se hablan en el mismo. Si Mimi levantó la cola, mostró el ano recién límpio y se refregó ronroneando en esa camisa abotonada hasta el cuello es porque buscaba marcarla con sus feromonas y no demostrar cariño a su portador.

En una de las últimas cartas dirigidas a Hans Diefenbach Rosa Luxemburgo parece aludir a una metáfora adonde, como siempre, no puede faltar Mimi: “Mi residencia en Sudende , como sabes, es como una linterna expuesta al sol en todas las direcciones, que por las horas de la mañana adquiere forma de una manera muy encantadora. Después del desayuno solía tomar el prisma de cristal que dejaba sobre el escritorio como pisapapeles y con sus innumerables ángulos y facetas, lo ponía a la luz del sol para que los rayos se dispersaran de inmediato sobre el piso y las paredes en cientos de pequeñas salpicaduras de luz arco iris. Mimi mantenía fascinada la vista en este juego, especialmente cuando movía el prisma y lograba que los brillantes colores se lanzaran bailando de aquí para allá . Al principio corría y saltaba alto para atraparlos, pero pronto deducía que no había nada ahí, que eran solo una ilusión óptica y luego seguía mirando el baile con sus pequeños ojos alegres sin agitarse“. Era una ilusión que se conduce mediante la voluntad, bajo un principio científico, un movimiento que es el de bailar y que tiene el color del arco iris… como una revolución.

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