Lucía F. Ares

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Pierina Ferretti

Para muchxs de nosotrxs es un verdadero placer conocer pasajes de la vida privada de nuestros personajes favoritos. Celebramos cada vez que se publican diarios íntimos, memorias o cartas que nos permiten acceder a episodios ocultos de sus biografías. Y si se trata de cuestiones amorosas, tanto mejor, pues allí reside buena parte de las historias que más saboreamos. Esto no ocurre solamente con las estrellas del rock, del cine o del deporte, también ciertas figuras políticas despiertan una fascinación parecida y, en algunos casos, se convierten en íconos contraculturales que atraviesan continentes y generaciones. Con Rosa Luxemburgo, la revolucionaria polaca asesinada hace cien años por paramilitares ultraderechistas, sucede algo así. Hoy en día,  y a pesar de las máquinas ideológicas que se propusieron enterrar su legado, sigue despertando una admiración y un interés que desbordan el orden estrictamente político e intelectual. Por eso la publicación de Dime cuando vienes…, nueva compilación de su correspondencia amorosa, es un regalo para quienes quieran conocer el costado íntimo de quien fuera la mujer más importante del movimiento obrero europeo del primer tramo del siglo veinte.

Las cartas seleccionadas, traducidas y anotadas cuidadosamente  por Ángelo Narváez, prologadas por Diamela Eltit y publicadas por Banda Propia editoras, son una puerta de entrada no sólo a los vaivenes y dramas de sus relaciones amorosas, sino, y sobre todo,  a dimensiones menos exploradas de su biografía: sus gustos musicales y literarios, su interés en la pintura y la botánica, sus juicios estéticos, su sensibilidad hacia la naturaleza y su exquisito sentido del humor.

Es cierto que la vida personal de una mujer como Rosa Luxemburgo no puede escindirse de la política, que fue el indiscutible centro de gravedad en torno al que ella decidió hacer girar su vida.  Sin embargo, esta selección privilegia el reverso de su vida pública e invita a aproximarse a la textura afectiva de su escritura, a las inflexiones de la lengua amorosa que inventaba en su correspondencia, y a los claroscuros anímicos que dejaba ver a sus amantes.

Lejos de una imagen monolítica de revolucionaria inexpugnable, en las cartas se aprecia una mujer tironeada por sus deseos personales y las exigencias de la vida militante que ha elegido. Siente ganas de tener tiempo para sus cosas; quiere alcanzar una “vida tranquila y pacífica”, una vida “normal” y constata a cada instante la incompatibilidad entre esos anhelos y su decisión de entregarse por entero a la política. “Cuando me senté a descansar por un momento, tan exhausta que estaba lista para abandonar el trabajo constante por la causa, dejé que mis pensamientos divagaran y tuve la sensación de que no tenía un rincón propio en ninguna parte, y que en ningún lugar existo y vivo por mí misma”, le escribe a uno de sus destinatarios. Las cartas abundan en este tipo de confesiones y quejas por el exceso de trabajo y la falta de tiempo; se repiten también las imágenes de un hipotético futuro familiar más reposado. “Sueño por ejemplo con que en nuestros tiempos libres podamos dedicarnos al estudio de la historia del arte, que tanto me atrae últimamente. Eso sería muy agradable, ¿no te parece? Así podríamos leer juntos historia del arte y visitar galerías y óperas después de nuestro trabajo serio”.

Las cartas guardan pliegues de su vida interior en los que podemos apreciar su empeño por crearse ese rincón propio deseado, planeando, por ejemplo, encuentros clandestinos con sus enamorados y permitiéndose cultivar sus gustos personales. Encuentra refugio en la literatura, la música, la pintura y la botánica. Es una amante de la primavera y del sol, elemento que persigue como si estuviera movida por un heliotropismo innato. Cuando se da esos tiempos para ella, siente la tensión entre las actividades que le brindan placer  y el desgaste que le provoca su trabajo político. “Oh, Dudu -escribe a otro de sus compañeros sentimentales-, si tuviera dos años solo para pintar, me dedicaría por completo […] Pero esos son sueños locos. No puedo permitirme hacerlo porque ni siquiera un perro necesita mis miserables pinturas, aunque la gente sí necesita los artículos que escribo”.

La figura del político como artista frustrado es un tópico de la historia de la cultura que Rosa también encarna. Y no es un dato accesorio. La sensibilidad estética podría ser un buen índice de la sensibilidad política. Es impensable imaginar, por ejemplo, que las purgas de artistas e intelectuales que enturbian la historia de los socialismos reales hubieran contado con la complicidad de alguien como ella, que defendió tempranamente -ante los rasgos autoritarios que observó en los comienzos de la revolución Rusa-, la necesidad de asegurar la libertad de lxs que piensan distinto; la libertad, inalienable, de lxs disidentes. Sus criterios estéticos siguen también una línea coherente con ese espíritu libertario. Su juicio sobre Jean-Cristophe de Romain Rolland es indicativo de ello: “el libro -le comenta a un amante que le había recomendado su lectura- me pareció muy valiente y agradable, pero más un panfleto que una novela, no es una verdadera obra de arte. Soy tan implacablemente sensible con estas cosas que para mí incluso el trabajo tendencioso más bellamente escrito no sustituye la simple y divina calidad de la genialidad”.

En su economía íntima, sus intereses  estéticos operaron como salvavidas. Por ejemplo, ante la enorme decepción que le provoca el que su partido, cediendo al nacionalismo alemán, apoyara la guerra en 1914, escribe: “hoy más que nunca tengo la convicción de que, si el hecho es que las cosas no pueden ir de otra manera, puedo encontrar todavía un encantador consuelo para mis modestas necesidades personales: un buen libro, un paseo por los prados de Südende en el hermoso clima otoñal, como en algún momento caminé contigo, Hannesle, por el rastrojo. ¡Y, por último, hay música también! ¡Ah, la música! ¡Cómo la anhelo, y qué doloroso es que nos la priven”. En la cárcel, lee, confecciona herbolarios y hace pequeños jardines en los espacios que encuentra. Cuando sufre rupturas amorosas, se refugia en la música o se abraza a su gata, Mimí.

Pero además de refugios, las pasiones que cultivó fueron para ella un trabajo interior, una batalla en el frente interno, cuyas conquistas excedían el campo específico de la actividad desarrollada. «Qué contenta estoy -cuenta desde la cárcel- de que hace tres años me sumergiera de repente en la botánica de la misma manera en que hago todo lo demás, de inmediato, con todo fervor, con todo mi ser […] Como resultado, ahora me siento en casa en el mundo de la vegetación. Lo he conquistado por asalto, porque lo que se enfrenta con pasión se arraiga firmemente dentro de uno». Sentirse en casa es lo contrario de vivir a la intemperie, de no tener un rincón propio. Rosa trabajó, y mucho, para construirse esos espacios. Lo que se conquista por asalto, lo que se enfrenta con pasión, se arraiga firme dentro de uno. Debiéramos recitarlo como un mantra.

Rosa Luxemburgo compone su mundo interior con cuidado, no por capricho, ni por distinción, ni para darse barnices culturales o el lujo de tener pasatiempos. Su cultivo interior fue su forma de rodearse de aquellas cosas que le hacían bien y que le ayudaban a recomponer su espíritu, atravesado, como ella misma describía, por una incesante oscilación entre “la esperanza y el desánimo”. Al mismo tiempo, la suya no es una invitación al abandono del mundo, a cambiar la acción política por una vida reposada y dedicada a la contemplación solitaria. Es más bien una invitación a templar la personalidad y el ánimo, y a cultivar la sensibilidad estética, para persistir en la acción política combinando firmeza y sensibilidad, intervención y escucha. Es, en definitiva, una invitación a trabajar hacia adentro el modelo de lo que queremos construir hacia afuera.

Las cartas seleccionadas terminan en 1917, en los albores del ciclo revolucionario que se extendería desde Rusia a varios países europeos en los años siguientes. En ese torbellino de la historia que determinó el derrotero de todo el siglo XX, se zambulló Rosa Luxemburgo apenas fue liberada de la prisión en la que estaba recluida por su encendida prédica contra la guerra. Al poco tiempo, la asesinaron y lanzaron su cuerpo a un canal. Apareció varios meses después.

Las cartas de Rosa Luxemburgo tienen una resonancia física, siguen vibrando en el cuerpo después de haberlas leído, mueven hilos internos, desentumecen el ánimo, como la buena literatura, como la música que nos gusta, como hablar con alguien que contagia pasión. Leer sus cartas hoy, atravesadxs como estamos por la intensidad de este momento excepcional, no es solo un homenaje a la grandeza de su existencia; es, sobre todo, una buena forma de recordarnos que  el cultivo cuidadoso de nuestro rincón propio nos dará la fuerza y la sensibilidad necesarias para construir mundos a la altura del deseo de esas multitudes abigarradas que en distintos puntos del globo saltan torniquetes y se toman las calles. Y el deseo, lo dijo Rosa, se conquista con pasión y por asalto.

 

* Texto publicado en el blog Lobo Suelto (http://lobosuelto.com/conquistar-el-deseo-luxemburgo-pierina-ferretti/) y el en el suplemento literario La Palabra Quebrada (@lapalabraquebrada) de noviembre de 2020.

 

Dime cuándo vienes. Cartas de amor, 1893-1917, Rosa Luxemburgo

Prólogo de Diamela Eltit

Traducción y selección de Ángelo Narváez León

Banda propia editoras, 2020

332 páginas

Publicación realizada con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo – Oficina Cono Sur

Te dejamos la presentación virtual del libro:

La sección Resonancias del último programa de Desordenando Mundos en Radio Pedal estuvo dedicada a conocer en profundidad al colectivo feminista Minervas.

Con la presencia de Lucía Correa y Cecilia Menéndez en el estudio, Victoria Furtado y Diego Castro indagaron en la historia, la dinámica organizativa y las proyecciones de Minervas a partir de sus ocho años de trayectoria común.

Luego de una etapa de autoconciencia, reinvindicando la práctica política feminista de re-conocerse en su contexto y en las múltiples formas de opresión a las que se enfrentan, se produjo un proceso de formación y proyección “hacia afuera” con la irrupción de la movilización feminista pública.

El feminismo popular de Minervas se considera enraizado en las luchas históricas de las mujeres y de los colectivos que apuestan a la transformación de la sociedad.

La pandemia llevó a una enorme población a un proceso acelerado de precarización. A ella están dirigidas mayoritariamente las nuevas formas de inclusión financiera a través del cobro de subsidios de emergencia. Las políticas denominadas de “inclusión financiera” conforman así una segunda ola de financierización de las poblaciones más precarizadas luego de la era de los microcréditos. La inclusión financiera es generalmente de sujetos ya endeudades. La necesidad de generar información de endeudamiento privado con perspectiva de género y diversidad.
Publicado en Página/12
La pandemia generó una explosión de las deudas domésticas. Entonces la inclusión financiera se hace sobre una población que ya se encuentra endeudada.
La pandemia generó una explosión de las deudas domésticas. Entonces la inclusión financiera se hace sobre una población que ya se encuentra endeudada. 

Se escucha una y otra vez, en medio de la crisis, hablar de inclusión financiera. ¿De qué se trata? Durante la pandemia la necesidad de hacer efectivo el pago de subsidios de emergencia puso en el centro de la escena la inclusión financiera como herramienta para llegar a poblaciones de las cuales el Estado no tenía registro.

Esta situación actualiza una serie de debates luego de que, en los últimos años, el sistema financiero haya aparecido como parte del problema más que de la solución.

El planteo es a partir de la crítica teórica y práctica a las finanzas que la perspectiva feminista ha desplegado en los últimos años. Nos situamos como parte de ese proceso que ha propiciado el encuentro de experiencias sindicales, organizaciones populares, académicas, políticas, institucionales. Desde una lectura feminista, el paisaje de los números y las líneas (de pobreza, de deuda, de inflación) involucra cuerpos concretos. Queremos problematizar al menos cuatro puntos.

En primer lugar, las herramientas que se proponen como parte de la llamada “inclusión financiera” en el momento actual se inscriben en un contexto estructurado por cuatro años de endeudamiento externo y doméstico (registrado y no registrado) que, no hay que dejar de decirlo, implican cifras de récord histórico que se traducen en capacidad extrema de chantaje de un modelo de valorización financiera. Por eso preguntamos: ¿no debería cualquier tipo de política financiera tener en cuenta que esa “inclusión” se hace al interior de los mismos circuitos de valorización y deuda que producen la situación de pobreza y despojo?

Luego, constatamos de varias maneras que la pandemia llevó a una enorme población a un proceso acelerado de precarización. A ella están dirigidas mayoritariamente las nuevas formas de inclusión financiera a través del cobro de subsidios de emergencia. Una vez que se deja de cobrar ese subsidio excepcional, ¿en qué consistirá la inclusión financiera? Dicho de manera más directa: el subsidio se suspende, pero la cuenta queda y ¿para qué servirá?. ¿Qué significa la producción de una nueva población con inscripción bancaria pero sin ingresos asegurados?

Un tercer elemento es a la vez local y global. La crisis tiene una dimensión geopolítica: ¿cómo se inscriben este tipo de propuestas, financiadas por organismos multilaterales, respecto de la discusión sobre las causas de la crisis?

Finalmente, parece clave cómo el movimiento feminista ha demostrado y politizado la interconexión de violencias económicas y violencias machistas, con especial énfasis en las violencias financieras del endeudamiento doméstico. En esa línea, es fundamental pensar el encuadre amplio de las herramientas financieras, tomando en cuenta el aumento exponencial en la coyuntura actual de la violencia doméstica.

Política global

La llamada “inclusión financiera”, a la vez que tiene una agenda nacional, hay que enmarcarla en un proceso global que señala a la crisis del 2008 como hito fundamental. De este modo, aún si en la actualidad en Argentina estos términos puedan usarse para nombrar procesos variados que van desde la inscripción bancaria para cobrar subsidios sociales hasta el desarrollo de instrumentos financieros para proyectos autogestivos, es importante conocer la dimensión geopolítica en la que surge esta propuesta.

Las políticas denominadas de “inclusión financiera” conforman así una segunda ola de financierización de las poblaciones más precarizadas luego de la era de los microcréditos. Un hito de este avance se puede leer en el documento del Banco Mundial de 2008 titulado Finance for all  (“Finanzas para todos”). Allí se postula la necesidad del desarrollo de mercados “más inclusivos” y un cambio de paradigma con el desarrollo de productos y servicios financieros que incorporan nuevas tecnologías, de modo de llegar a sectores no bancarizados pero que disponen de algún tipo de conexión digital.

En el 2011, en la “Alianza para la Inclusión Financiera” se renueva la retórica ya conocida de la “Alianza para el Progreso” (la que hablaba de las poblaciones fracasadas del Tercer Mundo), ahora versión high tech. A partir de aquí, algunxs autorxs definen a la “inclusión financiera” como un “nuevo consenso de Washington” para ilustrar la confluencia de actores que van desde los funcionarios y diseñadores de políticas públicas hasta los fondos de inversión, con el apoyo explícito del G20.

En América latina, estas políticas funcionaron en algunos casos como respuestas a exigencias sociales y populares que demandaron recursos y servicios. Es decir, la expansión de políticas de subsidios y ayudas -que se hizo a través de la expansión de la bancarización sobre los sectores más precarizados- estuvieron impulsados por agendas antiausteridad que, sin embargo, encontraron en la mediación financiera su clave. Esta situación exige lecturas para poner en relación los momentos de crisis, las dinámicas de protesta y las lógicas financieras.

Laboratorio financiero

La primera acepción de inclusión financiera que hoy circula es la inscripción de nuevxs usuarixs en el sistema. Esto implica incorporar a quienes están por fuera de todo régimen bancario. Nos interesa problematizar qué pasa con esta situación frente a la pandemia. Aquí hay una coyuntura específica: la extensión de subsidios de emergencia a millones de personas en estos meses, muchas de las cuales han tenido que bancarizarse para obtenerlo. Por lo tanto, en un primer nivel de análisis, se constata que la bancarización permitió el cobro del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) para una amplia población que vio restringidos sus ingresos frente a las medidas del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO). Es decir, que efectivamente la bancarización jugó un rol central en la capacidad del Estado para intervenir en la situación de emergencia y hubo una clara intención del gobierno de favorecer a la banca pública en esta tarea. Sin embargo, a la luz del rol del sistema financiero en el contexto de endeudamiento estructural del que hablamos, hay cuestiones que no pueden pasarse por alto.

La bancarización de les no bancarizades implicó casi 2 millones de personas abrieran por primera vez una cuenta bancaria para poder acceder al pago de IFE. La primera lectura general y con cierto consenso es que estas personas pasaron a estar incluidas financieramente. Aquí no podemos dejar de señalar la aparición de nuevas tecnologías para mediar ese cobro, donde la disputa entre empresas de fintech privadas y bancos públicos es estratégica.

El Banco Provincia y el Banco Nación lanzaron billeteras virtuales sin costo para la población no bancarizada. A su vez, se lanzaron líneas de crédito como política paralela a los ingresos de emergencia (créditos créditos para trabajadorxs registradxs autónomos y monotributistas, para pago de sueldos).

Aquí hay que agregar la medida que tomó el gobierno nacional de suspender el pago de las deudas de Anses y los créditos hipotecarios, lo cual alivia la situación económica de los 5,6 millones de jubiladxs y pensionadxs que tienen deudas con el organismo a la vez que da cuenta de la magnitud del endeudamiento doméstico de los sectores más empobrecidos.

Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, la pandemia generó una explosión de las deudas domésticas como manera de sobrellevar la pérdida de ingresos en esos meses y el encarecimiento de la vida diaria. Aquí entonces es importante destacar que la inclusión muchas veces se hace sobre una población que ya se encuentra endeudada, incluso de maneras no registradas formalmente.

Contextualizar

La llamada inclusión financiera en la pandemia es, en primer lugar, un registro, de quienes se dice que están “por debajo del radar”. Pero, ¿la apertura de una cuenta bancaria es sinónimo de inclusión financiera? El carácter circunstancial de esta medida no garantiza de por sí la “continuidad virtuosa” en el sistema financiero. Si no se corresponde con políticas de servicios públicos gratuitos y de calidad y políticas de transferencias de ingresos mayores que la dinámica inflacionaria, la permanencia en el sistema financiero de una población sin ingresos o con ingresos intermitentes e insuficientes puede convertirse en un mero vehículo para la toma de nuevas deudas personales.

En ese sentido, hay que tener en cuenta que en la mayoría de los casos, el endeudamiento llega antes que la cuenta bancaria. Es decir, que la inclusión financiera es generalmente de sujetos ya endeudades. Por otro lado, la bancarización de mujeres y personas trans y travestis está dada principalmente por cobro de AUH, IFE y/o Potenciar Trabajo. Esto refuerza el dato ya conocido de que la inclusión financiera de las mujeres y personas trans se juega en situaciones laborales de informalidad y precarización.

Por esto, es necesario subrayar y contextualizar esa “inclusión”, ya que:

1. Se inscribe en un momento de empobrecimiento y precarización acelerada.

2. Conecta una población con ingresos insuficientes, o directamente sin ingresos, al interior de circuitos bancarios partícipes del endeudamiento privado a tasas altísimas de lo últimos años.

3. A su vez, pone a disposición datos de esta población recientemente bancarizada que podrían ser comercializados y/o utilizados para direccionar nuevas ofertas crediticias.

En síntesis, queremos problematizar la idea de inclusión por lo menos en tres aspectos: adónde se incluye; en qué contexto se efectúa esa inclusión; y en qué condiciones se asegura la permanencia en el circuito financiero de poblaciones fuertemente empobrecidas a la vez que se extraen sus datos. Estos puntos deben abrirse al debate público, en contraposición a la opacidad y el secretismo que caracteriza al sistema financiero.

«Género» 

La incorporación de cierta agenda de género al interior de la inclusión financiera en esta nueva etapa data de 2013 cuando se publica Oecd/infe policy guidance on addressing women’s and girls’ needs for financial awareness and education que es la base que toma el G20 para asumir en su declaración de ese año la necesidad de educar financieramente a mujeres y niñas. Un año después se organiza el “Primer encuentro de discusión sobre inclusión financiera de mujeres” en el Global Policy Forum que tuvo lugar en Trinidad y Tobago. Así, la Red para la Inclusión Financiera de OCDE es uno de los organismos internacionales que construye la política de inclusión/educación financiera para mujeres.

Para el 2015 ya se crea el W20 teniendo entre sus ejes fundacionales, la inclusión financiera. El Women20 es otra de las usinas que construyen los lineamientos internacionales en materia de inclusión/educación financiera de las mujeres que más alcance tiene por su repercusión en medios de comunicación masivos, lo que la amplifica a sectores no especializados.

En 2016 se organiza la Segunda Conferencia sobre inclusión financiera de la mujer en Tanzania y publica el plan de acción DENARAU, entre cuyas acciones se encuentra alentar a relevar informacion de inclusion financiera desagregada por “sexo” e incluir consideraciones de género en los planes de inclusion financiera. Esta es la tercera organización global con más alcance en materia de inclusión financiera de las mujeres.

En 2018 se realiza en nuestro país la cumbre de líderes del G20 y el W20 tiene lugar con su agenda de inclusión financiera basada en apertura de cuentas para las precarizadas y acceso al crédito para las emprendedoras bajo el lema de que las mujeres son mejores pagadoras. También se lanzan una serie de iniciativas privadas que traman las finanzas con las mujeres: aparece en Argentina “Mujer financiera” con una cartera de cursos y “Mujeres en Carrera” que tiene una plataforma de educación financiera y negocios. Se crea “Mujeres en Finanzas Chile” y “Mujeres en Finanzas México”.

El uso de un lenguaje en clave de género en el ámbito internacional se construye entre la Red internacional de educación financiera de OCDE, la Alianza para la Inclusión Financiera y el Women 20.

Una pedagogía financiera feminista

Queremos proponer algunos ejes para la discusión de lo que prefigurativamente llamamos pedagogía financiera feminista, como parte de la apertura del debate.

* La pregunta a desarrollar es cómo nos desendeudamos y qué otros dispositivos serían útiles y necesarios como herramientas de apoyo a iniciativas para la producción y reproducción social en contextos de despojos generalizados.

* Diseñar herramientas financieras en relación a otras políticas públicas. No hay forma de desendeudamiento sin provisión de servicios públicos gratuitos y de calidad, acceso a la vivienda y redes de provisión de alimento y medicamento desdolarizadas. Este punto se reveló de máxima importancia durante la pandemia cuando el dinero proveniente del IFE y de otros subsidios fue mayormente absorbido por los bancos, supermercados, empresas de telecomunicación, empresas de plataformas y pago de deuda por alquileres, evidenciando que esas suman son no sólo insuficientes, sino que van a parar a los actores económicos más concentrados.

* Producir programas de pedagogía financiera involucrando a lxs actorxs de los territorios, relevando los saberes y estrategias existentes y apuntando a las necesidades de recursos concretos y de desendeudamiento al mismo tiempo. Esto implica, en la práctica, confrontar el modelo del “iletrado financiero” (figura que sostiene la idea de “educación financiera”), a la vez que se denuncian los engaños de las corporaciones en los préstamos, tasas de interés.

* Generar nuevos indicadores de inclusión financiera que no se reduzcan a la inscripción bancaria, que registren los comportamientos financieros de LGBTIQ+ (todos los reportes de inclusión financiera actuales sólo registran de manera binaria a varones y mujeres) y relevar otras herramientas disponibles o futuras (créditos de mutuales, cajas de ahorro solidarias).

* Generar información de endeudamiento privado con perspectiva de género y diversidad. Colocación de créditos para consumo desagregado por género, por rango de edad, por situación laboral (formal/informal), por tipo de ingreso, por tipo de garantía, por condición de vivienda, por lugar de residencia. Es necesario registrar de manera más desagregada el endeudamiento en mujeres en situación de trabajo informal y empezar a registrar el endeudamiento en la población trans y travesti. Sin la información real y exhaustiva de endeudamiento no hay manera de avanzar en dispositivos acordes al estado de situación real.

* Reconocer a les trabajadores bancaries como parte decisiva de los dispositivos de pedagogía financiera. Esto se basa en el dato de la cotidianidad de que generalmente la educación financiera se tramita de manera individual entre les trabajadorxs bancaries y las personas usuarias del sistema financiero cuando se acercan a una entidad bancaria.

* Tramar la pedagogía financiera en la lógica de un servicio público y como medida de prevención de las violencias. El diagnóstico de la violencia económica y financiera como clave de las violencias machistas exige una perspectiva que busque generar autonomía económica con horizontes temporales de largo plazo

* Integrante del GIIF-UBA y docente UNTREF.

** Integrante del GIIF-UBA, investigadora Conicet y docente UNSAM.

*** Militante bancaria. A cargo de la Gerencia de Promoción de Políticas de Género, Resguardo del Respeto y Convivencia Laboral-BCRA.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de las autoras y no se corresponden necesariamente con la visión institucional del BCRA o de sus autoridades.

nómadas comunicación feminista | Entretejido urgente. Estreno de la serie de cortos audiovisuales

El miércoles 9 de diciembre de 2020 realizaremos el lanzamiento del ciclo entretejido urgente. Una producción de nómadas comunicación feminista en colaboración con la Fundación Rosa Luxemburgo, realizada en contexto de aislamiento preventivo y obligatorio por el covid19 entre los meses de marzo y setiembre en puelmapu, lo que hoy se llama patagonia argentina, entre las fronteras de las  provincias de río negro y chubut. 

El proceso de producción implicó encontrarnos con las mujeres mapuche en los territorios, con las colectivas que continuaron acompañando y abrazando  a quienes sufren múltiples violencias, a quienes deciden abortar, quienes  comparten saberes de cuidados. Cada relato, nos comparte  miradas, prácticas y saberes para la defensa de la vida. 

Entretejido urgente consta de cinco cortometrajes audiovisuales y seis programas de radio donde se recuperan y entretejen las voces de quienes protagonizan las luchas y reivindicaciones de los territorios tierra y territorios cuerpo. Los ejes que atraviesan las producciones son las reivindicaciones territoriales, la defensa de la vida en los territorios, las tramas de resistencia, los saberes ancestrales y autonomía en salud, la autonomía del territorio cuerpo y las prácticas políticas de entretejido.

El capítulo “reivindicaciones territoriales” del ciclo audiovisual fue seleccionado en el FAB Festival Audiovisual Bariloche y será proyectado en distintas plataformas en el marco de este evento que se realiza entre el 7 y el 13 de diciembre.

Los programas están sonando en las radios alas, la negra y la continua de el bolsón, en la fogón de el hoyo, sudaca de trelew, el grito de traslasierra, los coihues de bariloche, en tránsito de buenos aires y se están compartiendo libremente a través de la plataforma ivoox nómadas comunicación feminista.

Para el lanzamiento de la serie audiovisual, les invitamos a un conversatorio/encuentro con la participación  de Claudia Korol, educadora popular, comunicadora, integrante del equipo de educación popular pañuelos en rebeldía y de feministas del Abya yala junto a organizaciones feministas, transfeministas, socioambientales, activistas y comunidades del pueblo mapuche que participaron del entretejido. Nos acompañará también Anahí Pereyra, artista que realizó la música original de las producciones.

En este conversatorio se propone dialogar acerca de la comunicación y cómo desde una perspectiva transfeminista aportamos al entretejido político.

Les invitamos para que el encuentro, aunque virtual, permita compartir este momento juntas, juntes, y seguir construyendo esta trama, este entretejido urgente.

Les esperamos el miércoles 9 de diciembre a las 18 hs a través de  la página FB nómadas comunicación feminista https://www.facebook.com/nomadascormarcandina y de la fundación rosa Luxemburgo  https://www.facebook.com/RosaLuxConoSur 

 

Contacto: [email protected]

     

 

 

 

El pasado jueves 19 de noviembre las editoriales Tinta Limón ediciones (Argentina) y Banda Propia editoras (Chile), en colaboración con la Fundación Rosa Luxemburgo, cruzamos la cordillera para «LEER A ROSA HOY» a propósito de la reciente publicación de nuestros libros «Rosa Luxemburgo y el arte de la política» (Tinta Limón/FRL, 2020) de la socióloga marxista y feminista alemana Frigga Haug, y «Dime cuando vienes. Cartas de amor 1893-1917» (Banda Propia/FRL, 2020), de Rosa Luxemburgo.

El evento, que fue transmitido en vivo en nuestro canal de Facebook, contó con la participación de Verónica Gago (Argentina), Paula Valero (España) y Pierina Ferretti (Chile) y con intervenciones grabadas de Frigga Haug, Diamela Eltit y Gabriela Borrelli Azara.

 

 

 

 

 

 

Recién publicado por Tinta Limón y la Fundación Rosa Luxemburgo, un libro de la socióloga y filósofa alemana Frigga Haug, ofrece una revisión del pensamiento de la pensadora polaca más trascendente de la historia y una actualización permanente de sus ideas, justo en el momento en que Polonia estalla por las restricciones que se pretenden imponer al derecho al aborto. Rosa Luxemburgo y el arte de la política habla de las estrategias de la revolución. En exclusiva para Las12, una entrevista a Haug, quien reconoce haber esquivado a Luxemburgo en su formación inicial pero luego haberse volcado con devoción a la autora de la frase “Para la mujer burguesa, su casa es el mundo; para la proletaria, el mundo es su casa”.

Hemos visto estos días las calles de Polonia tomadas por manifestaciones de dimensiones históricas e incluso una nueva huelga feminista. Toda la movilización es contra la restricción al derecho al aborto dictaminada por un fallo del Tribunal Constitucional, el cual prohíbe abortar en casi todas las situaciones incluso ya previstas. Las protestas llevan más de diez días tomando sobre todo Varsovia pero también varias ciudades y hasta pequeños pueblos y aldeas del país, gobernado por la derecha. Hubo intervenciones en iglesias, performances con traje de la serie El cuento de la criada, pero también alianzas con sectores gremiales de taxistas, agricultorxs y mineros. ¿Qué mejor que este levantamiento de las calles para traer a la más famosa militante y pensadora polaca: Rosa Luxemburgo?

Acaba de editarse en Argentina el libro Rosa Luxemburgo y el arte de la política (Tinta Limón Ediciones, Fundación Rosa Luxemburgo). Su autora es Frigga Haug, una militante y teórica alemana, conocida investigadora del Institut für Kritische Theorie y editora del diccionario histórico-crítico del marxismo. Como cuenta en esta entrevista realizada por Sigrun Matthiesen (a partir de preguntas que le mandamos desde acá), llegó al feminismo y a la obra de Rosa Luxemburgo por empuje del movimiento estudiantil, haciendo una suerte de desvío de su propia trayectoria política dentro del movimiento obrero. Ese “encuentro” con la obra de Rosa siembra la semilla de este libro que da pistas para el arte de la política feminista.

En su libro se tratan tanto cuestiones biográficas de Luxemburgo como sus análisis teóricos e intervenciones políticas (artículos periodísticos, discursos en conferencias del partido y congresos sindicales), pero se lo hace sin dividirlos (como si por un lado estuvieran unos datos de color que ilustran lo verdaderamente serio, que sucede por otro lado). Más bien, Haugg pone en marcha una clave de lectura sobre la obra de Rosa, donde la famosa consigna «lo personal es político» se hace método: “poner de relieve su modo de hacer, aprender cómo estudiaba ella los acontecimientos mundiales, cómo informaba sobre ellos, qué método seguía para descomponer los sucesos, cómo unía las doctrinas con los pensamientos habituales entre la población y así los animaba a pensar críticamente por sí mismos”. Se trata, en fin, de destilar cómo conjuga investigación y elaboración colectiva, educación popular y agitación.

En esta entrevista despliega un concepto de Luxemburgo clave para la actualidad: el de una realpolitik revolucionaria que combina objetivos concretos y a corto plazo con un horizonte revolucionario más ambicioso, pero también el “teorema de apropiación de tierras” con que la polaca explicó la voracidad colonial del capitalismo.

Frigga Haug

Entrevista a Frigga Haug

Por Sigrun Matthiesen

¿En qué radica la actualidad de Rosa Luxemburgo?

–La pregunta por su actualidad es electrizante porque espontáneamente responderíamos que no es actual. Esa mujer de sombreros enormes y polleras increíbles, a la que además ya nadie conoce, ¿cómo podría ser actual? Sin embargo, cuando la leemos y nos introducimos en su obra, comprobamos que es de una actualidad absoluta, como si viviera en esta época y se enfrentara a nuestros mismos interrogantes. Voy a dar un ejemplo: ella acuña el concepto de Realpolitik revolucionaria (“política real revolucionaria”). ¿A qué se refiere con eso? Puede que suene un poco complicado. Y la palabra “revolucionaria”… puede resultar difícil hacerse cargo de tal palabra. Cuando presenté esta idea por primera vez, fue inmediatamente traducida y una persona, alguien importante, dijo “mejor hablemos de política radical de reformas y no de Realpolitik revolucionaria”. Pero Rosa Luxemburgo se refiere a que la política debe guiarse por un objetivo distante, que es lo que queremos alcanzar, lo que ansiamos para nuestra sociedad, identificar la opresión y los caminos para superarla. Eso es lo revolucionario, pero es un objetivo a largo plazo. Actualmente no se puede hacer política de esa manera, no se puede ir por las calles –como el movimiento del 68– diciendo “aboliremos la policía, aboliremos todo tipo de orden”, sino que hay que hablar de Realpolitik e ir a los parlamentos, porque esa es hoy la forma de lo político; hay que formular demandas que sean factibles aquí y ahora. Pero, a su vez, Luxemburgo dice que no deben ser “reformistas” en el sentido de darse por satisfechas con lo primero que consiguen, sino que las personas llevan en sí la fuerza de seguir luchando hacia el objetivo distante, y eso es Realpolitik revolucionaria. Luxemburgo emplea el concepto una única vez en todos sus escritos, pensábamos que no era así, pero es así, una única vez, y ella dice que… –cito de memoria– “Fue recién Marx quien nos permitió reconocer los medios para ver hacia dónde queremos llegar, a qué sociedad queremos llegar, es decir, a tener en vista el objetivo último que debe orientar cada uno de los pasos de nuestra política de reformas”. Es una frase muy sencilla, pero si la estudiamos y miramos de cerca lo que hizo, cobra una actualidad absoluta.

Además su tesis del imperialismo es también decisiva para hoy…

–Hoy reviste enorme actualidad el llamado “Teorema de la apropiación de tierras”. Aun si se lo discute completamente separado de Luxemburgo, como si hubiera surgido de otra manera, es ella quien lo desarrolla exhaustivamente en el libro La acumulación del capital, tomo cinco de sus obras completas. Dicho en términos muy sencillos eso significa que es intrínseca al capitalismo la necesidad siempre de más, el modelo de crecimiento requiere siempre más de lo que podemos, no puede existir sin multiplicarse constantemente. Pero esto supone un modo de producción que no es viable porque la tierra es finita, lxs trabajadorxs son finitos, las fuerzas son finitas, y ahora en plena crisis ecológica, climática, en medio de tantas crisis se advierte que esto así no funciona. No es un modelo de administración económica ni sostenible, ni sustentable. Ella presupone en el capitalismo un entorno no capitalista, y el crecimiento consiste justamente en ir “comiéndose” todo alrededor, de modo que el entorno no capitalista se reduce cada vez más. Pero no se puede permitir que los mercados se expandan cada vez más sin subordinarse ni adecuarse a otros modos de producción. Esto podemos reconocerlo de inmediato, cualquiera puede entenderlo, se puede transmitir a las personas, que pueden ponerlo a prueba en sus pequeños jardines. Y al mismo tiempo esto explica lo terrible, catastrófica que es la situación y cómo la finitud de los recursos de la tierra pone todo al borde de una nueva guerra. El momento actual es en cierta manera modélico por la forma en que deja entrever los diferentes elementos. Y también esto se puede estudiar en Rosa Luxemburgo.

Rosa Luxemburgo

¿Cómo empezó tu vínculo con sus ideas?

–Yo no conocía a Rosa Luxemburgo en la época en que el movimiento estudiantil ya estaba en marcha, yo venía del movimiento antinuclear, unos diez años anterior, es decir, ya era madura y estaba politizada pero nunca había leído a Rosa Luxemburgo porque en el movimiento de trabajadores –aunque éramos estudiantes nos sentíamos parte del movimiento de trabajadores–, ella no tenía relevancia. Más bien tenía una imagen negativa porque el juicio generalizado era que no había hecho ningún aporte teórico, y para peor llevaba esos sombreros demodé, así que yo me venía ahorrando leer esos volúmenes de discursos y textos. Como no “había que leerla”, no la leía. Todo empezó por casualidad, en realidad. Corrían los años 70 y las estudiantes de la Universidad de Hamburgo lograron a fuerza de lucha que se creara un seminario de mujeres. Con sus diferencias, todos los grupos se habían unido y habían logrado que se creara ese seminario para que fuera reconocido como parte de la carrera universitaria. Pero no encontraban una profesora que las convenciera o que estuviera dispuesta a hacerse cargo, de modo que un día me tocaron la puerta. Yo no era profesora de la Universidad de Hamburgo sino de la Escuela Superior de Economía y Política, esa que tras la guerra había sido ganada sindicalmente por los trabajadores. Un día se me aparece en la puerta una estudiante de la Universidad de Hamburgo, y mientras estira la espalda, me dice: “La verdad es que usted no nos gusta, sabemos que no es lesbiana, que está casada, tiene un hijo y, como si fuera poco, es marxista, pero igual queremos que usted asuma el seminario”, y después me contó a las apuradas de lo que se trataba. Yo sentí que había que hacerlo, y que yo iba a tener que hacerlo. Así que fui. Era impresionante lo lleno que estaba, hasta los pasillos estaban colmados y yo me preguntaba “¿qué les doy para leer?”. Marx no les podía dar, no podía darles a leer un hombre, Clara Zetkin no me parecía adecuada, entonces me puse a leer a Rosa Luxemburgo. De pronto encontré “La proletaria”, un artículo muy breve. El lenguaje era imposible, todo el tiempo hablaba de “lucha de clases”, de “proletariado”, de “capital”, yo me preguntaba “¿qué hago con esto?”. Pero sin embargo la leímos y fue un aprendizaje increíble también para mí porque contiene algunas frases maravillosas y contundentes como una que todavía sé de memoria: “Para la mujer burguesa, su casa es el mundo; para la proletaria, el mundo es su casa”. Con esas palabras concisas, maravillosas, las mujeres pudieron aprender muy rápidamente sobre Rosa Luxemburgo, pero también sobre el lenguaje en la política, a manejar el lenguaje, a no evitar palabras. Me avergoncé mucho de mí misma por la forma en que había pensado sobre ella.

¿Cuál es la utilidad de Luxemburgo para los feminismos contemporáneos?

–Hay algo que aprendimos muy tardíamente como feministas, y es que se debe trabajar con la contradicción; si pensamos las cosas en movimiento, debemos incorporar las contradicciones y ver adónde conducen, en lugar de confrontar y rechazar todo de plano. Tomemos un ejemplo: el parlamento. Ese parlamento que ya hemos reconocido como burgués, como conquista burguesa frente a la monarquía, ¿realmente queremos estar en el parlamento? Podríamos rechazarlo de plano enfurecidas, pero Rosa Luxemburgo no lo hace sino que nos enseña que el parlamento es el lugar donde podemos dirimir nuestras contradicciones, llevarlas al frente. Si bien estamos en contra del parlamento como tertulia burguesa –como ella dice– al mismo tiempo es el terreno donde se hace pública la cuestión de fondo. En cualquier caso se necesita el parlamento como escenario para interpelar al pueblo. Y con esa palabra estamos ante otro problema, uno de los principales en el feminismo contemporáneo, la palabra “pueblo”, ¿quién habla todavía de pueblo hoy en día? ¿Pero acaso hablamos de “masas”? Tampoco. Pero Rosa Luxemburgo es completamente intransigente, ella les habla a las masas, porque las concibe como personas en movimiento, esa es la masa, las propias personas que se han puesto en marcha. ¿Para qué? Para tomar el gobierno. Pero por supuesto no pueden hacerlo porque nadie les ha enseñado a gobernar. En todos sus textos habla dirigiéndose al pueblo, a cada una de las personas, como si estuvieran en el gobierno y debieran medir la magnitud de los problemas como si los tuvieran que resolver ellas mismas. Y yo no veo que eso sea muy distinto de lo que hacemos nosotras cuando escribimos artículos o realizamos acciones para explicar a las personas de qué se trata en el fondo todo esto, qué intereses están en juego ahora.

¿Y qué necesitamos entender y difundir hoy sobre los intereses en juego?

–Debemos ver qué capitales están ahora asociados con qué parte, con quién, ver quién está tirando de ahí y dónde todo eso termina en guerra, y ver dónde podemos intervenir. Y no podemos hacerlo si no estudiamos los diferentes intereses particulares, las rutas comerciales, qué está pasando con las importaciones y las exportaciones, quién está del otro lado ahora. Así es como estamos en medio de eso, sentadas frente a nuestro escritorio teniendo que tomar posición sobre el conflicto entre China y Estados Unidos, y leemos los periódicos, no solamente lo que están haciendo los nuestros en nuestras pequeñas revistas, y es verdaderamente difícil dilucidarlo, no se puede resolver de manera emocional, no podemos decir simplemente que estamos a favor o en contra de China, o de Rusia, o si preferimos a Joe Biden. ¿Cómo lo resolvemos? En este sentido, el pensamiento de Rosa Luxemburgo es de total actualidad porque ella estudiaba fundamentalmente las rutas comerciales y escribía sobre cuántas toneladas llevaban esos barcos que iban en tal dirección y con qué volvían. Al principio se lee como si no tuviera nada que ver con nosotrxs, pero sí tiene que ver porque nos enseña a percibir la realidad, a los poderosos y sus actos, y a percibir en qué puntos podríamos intervenir. Rosa Luxemburgo hace algo que se ha vuelto demodé: Ella “en-se-ña”, hace escuela de la política y nos enseña cómo se hace política, y eso es totalmente actual. No he leído nada de ella que no sea actual.

Cuando ves que no se avanza como se quisiera en términos de política concreta, ¿te consuela pensar en Rosa Luxemburgo, en sus frustraciones y perseverancias?

–Mucho. Tiene una forma de pensar espontáneamente marxista, como si Marx estuviera en ella pero a ella no la sentimos tan lejana. Al leer a Marx no sentimos que su teoría nos penetre por los poros de la piel; aprendemos mucho, es cierto, nos damos cuenta de que estamos aprendiendo, pero con Luxemburgo es más directo, ella siente el abordaje marxiano en prácticamente cada cosa que ocurre, no como algo extraño a ella sino propio, y eso me resulta extremadamente conmovedor, como si él estuviera en ella. Personalmente no me pregunto “cómo pensaría Rosa Luxemburgo tal cosa” sino que he aprendido a ser muy autocrítica con mis primeras impresiones e ideas, a dar por sentado que llevo en mí el sentido común y que puedo equivocarme por lo cual debo mirar una segunda vez, debo estudiar y eso es laborioso, pero ella lo hizo y yo debo hacerlo, en cada punto. Por lo tanto también yo siento como si ella estuviera dentro de mí y me dijera “encáralo con serenidad, este es un nuevo encargo que debes aceptar y liderar”, como fue el caso de Brecht, que también era seguidor de Luxemburgo, o Peter Weiss, de quien viene la línea Gramsci-Luxemburgo. Y eso nos permite avanzar, advertir las cadenas que cercan el pensamiento en medio de la cotidianidad; leyendo los periódicos, releyendo lo que aprendimos en la universidad, reflexionamos y advertimos que debemos atravesar el cerco y que podemos hacerlo, y el coraje de hacerlo lo he aprendido de Rosa Luxemburgo. A veces podría confundirme y a mucha honra decirme “ahora es Rosa Luxemburgo la que piensa en ti, de modo que adelante, ve y hazlo”.

Por: Hernán Ouviña

Rosa Luxemburgo fue una persona extremadamente amorosa. Su particular sensibilidad, así como el ejercicio de la libertad que desplegó a lo largo de su vida en términos sexo-afectivos, llaman la atención aún hoy en día, porque desentonan ante lo que en su época tendió a ser pura pacatería, tradicionalismo burgués, respeto denodado por la familia nuclear, frío calculo estratégico o mera racionalidad instrumental. Jamás hizo lugar a estos mandatos, por lo que muchos fueron quienes se ensañaron con su actitud de tremenda osadía frente a la hegemonía patriarcal. Rosa nunca se casó ni tuvo hijos. Tampoco convivió con pareja alguna. Su única compañera hogareña fue Mimi, una gata a la que amó como a nadie y con la que sentía la mayor de las afinidades, casi hasta la mímesis. La autonomía era un bien demasiado preciado para ella, ya sea en las calles y plazas como en la cama. Y si bien no se declaró de manera abierta feminista, hoy podríamos caracterizarla como una precursora de esta lucha.

 

Un nuevo libro que acaba de publicarse en territorio chileno bajo el título de Dime cuándo vienes (Banda Propia Editoras y Fundación Rosa Luxemburgo, 2020), recopila precisamente una cuidada selección de las cartas de amor escritas por Rosa entre 1893 y 1917, y permite reconstruir en detalle los estados de ánimo, el clima de época, los debates públicos y ante todo la intimidad de una de las más importantes y originales mujeres del siglo XX. En este caso, la compilación privilegia, dentro de su copiosa correspondencia, aquellas epístolas enviadas a cuatro destinatarios, casi todos signados por un vínculo de clandestinidad amorosa: Leo Jogiches, Kostja Zetkin, Paul Levy y Hans Diefenbach.

 

En cada una de sus cartas, los avatares políticos e intelectuales de Rosa como teórica marxista y militante de izquierda de creciente gravitación en Europa, se entrelazan con sus preocupaciones e intereses personales por la pintura, la literatura, la música y la botánica. La cada vez más tortuosa relación mantenida con quien fuera por mayor tiempo su pareja, Leo Jogiches, conspirador lituano y trashumante revolucionario profesional, resulta particularmente sugerente, y puede leerse desde el presente como un vínculo de amor-odio en el que con recurrencia él parece asumir el papel de un mainsplanning con todas las letras, que para colmo de males tiene a la “Causa” socialista como único motivo y sentido de su ajetreada existencia.

 

Rosa se lo explicita sin medias tintas en más de una ocasión, como cuando le espeta desde Francia: “Realmente me molesta el hecho de que cada vez que tomo una carta en mis manos suceda siempre lo mismo -el próximo número, el folleto, este artículo, o cualquier cosa-. Todo eso estaría bien si al menos pudiese ver un poco de la persona, del alma, del individuo que hay detrás. Pero no hay nada tuyo, absolutamente nada”. A lo cual agrega, ya en un plano estrictamente político (aunque el anterior también para Rosa lo es), una recriminación por su invariante machismo en materia organizativa: “Tomas una decisión e insistes en ella sin considerar mi opinión, sin un intercambio de ideas conmigo”. Este mal hábito de pedantería se deja traslucir una y otra vez, al punto que deba insistir en otra epístola que “no hay una sola cosa que me preocupe y sobre la que te escriba a la que no respondas con lecciones y consejos”, asumiendo “el papel de mentor, por el que te sentiste llamado a instruirme siempre sobre todo”.

 

Amor, desazón y sufrimiento se acumulan en la correspondencia intercambiada con Leo. La falta de ganas o el poco afecto que éste le transmite en sus misivas le “desgarran el alma”. Sin embargo, la relación iniciada en 1893 -un círculo encantado de enigmas lo llega a definir irónicamente la propia Rosa- durará muchos años. Esta experiencia dolorosa, con quien Rosa considera por momentos su “esposo” y hasta alucina tener un hijo suyo, es vivida de manera intensa y plagada de emotividad, aunque en sordina se evidencia un progresivo desencuentro que culmina en franca ruptura en 1907, a pesar de continuar siendo compañeros de militancia hasta el final trágico de sus días.

 

Tras este quiebre, Rosa entabla otros vínculos sentimentales, siempre distantes del amor romántico pero tejidos desde la pasión y la ternura: primero con Kostja Zetkin, 13 años menor que ella e hijo de su amiga Clara Zetkin, feminista sin fronteras con quien libra infinidad de batallas en común; luego con Paul Levi, su abogado personal y referente del ala izquierda del partido en el que militan juntos (relación que, por cierto, se mantuvo por mucho tiempo en secreto); y finalmente con Hans Diefenbach, en sus últimos años de vida que transcurren -salvo por breves interregnos- entre rejas, como presa política, condición que lejos de aplacar su energía vital parece potenciarla desde una férrea convicción ante lo que, en una carta a su enamorado, llama la regla básica: “Simple y llanamente estar bien, eso resuelve y unifica todo, y es mejor que cualquier astucia y razón”.

 

“Me estoy proponiendo una vez más comenzar una nueva vida”, comenta en otra carta a Hans de noviembre de 1914. El contexto en el que la escribe no puede ser más pesimista: desencadenamiento de la primera guerra mundial, un partido socialdemócrata que vota a favor de los créditos destinados a solventar el intervencionismo bélico, una Internacional desgarrada por intereses nacionalistas. Sin embargo -o quizás justamente por ello- Rosa no pierde la esperanza. Su correspondencia puede leerse, también, como un canto a la vida en una coyuntura donde la barbarie dista de ser una posibilidad remota. A pesar de que “de repente el mundo entero se ha convertido en un manicomio”, aún hay “espacio para el pensamiento lúcido y la acción persistente”, dirá.

 

Pero sería un error acotar esa defensa de la vida a sus formas puramente humanas. Rosa reivindica en la correspondencia que elabora -y la hace carne en su cotidianeidad amorosa- una sensibilidad revolucionaria, que involucra también y sobre todo a los seres vivos en un sentido integral. Como en el ojo fotográfico y del cine, hay aquí un campo visual, sonoro y hasta olfativo que, desde una lectura apresurada o una mirada desatenta, se corre el riesgo que quede detrás de escena, desenfocado o fuera de un necesario encuadre senti-pensante.

 

Aquellos y aquellas a las que bien cabe considerar verdaderos/as amantes de Rosa, a quienes con mayor pasión abrazó y quiso en vida, acaso tanto o más que a la causa socialista misma: gorriones, avispas, búfalos, perros, gatas, escarabajos y garzas, pero también flores y plantas medicinales que supo cultivar en su pequeño jardín, coleccionar en su herbario o delinear entre campos y bosques como escenario de ensueño en su imaginación utópica, integrantes todos ellos de un mundo “armónico y pacífico”, donde la violencia estructural y la inseguridad de la existencia no fuesen la regla.

 

Recién salido del horno. Tapa de «Dime cuándo vienes»

 

Salvando las distancias, este amor político por la naturaleza ejercitado por Rosa, tiene notables puntos de contacto con aquellas luchas contra el despojo colonial que, como educadora popular, solía reconstruir y convidar en sus clases de formación, trasladando a quienes asistían a ellas a sociedades periféricas del sur global, en las que primaban relaciones comunitarias y no regía la propiedad privada. Silvia Federici nos recuerda que, como respuesta a la expropiación territorial de los españoles, las mujeres de vastos territorios lo que hoy es América Latina, durante los siglos XVI y XVII escaparon a las montañas y reunieron allí a las poblaciones para resistir a los invasores extranjeros, convirtiéndose en “las defensoras más devotas y acérrimas de las antiguas culturas y religiones, basadas en la adoración de los dioses de la naturaleza”.

 

Rosa Luxemburgo puede ser considerada por lo tanto una de las primeras marxistas que dota de centralidad a la cuestión ecológica y ambiental, en la medida en que hace de la defensa de la totalidad de los seres vivos, así como de la tierra, una bandera fundamental de resistencia frente a la voracidad que el capitalismo impone en su sed de acumulación y constante saqueo. Esta es una faceta poco explorada en Rosa, y cuando lo es, ancla meramente en su simpatía por la botánica, así como por ciertos animales puntuales. Sin duda que un rasgo tan original es de suma relevancia, porque pone en evidencia su profundo amor hacia la vida y su sensibilidad y angustia extrema ante toda injusticia que atente contra ella en cualquier de sus formas, pero por lo general se la desvincula de manera tajante de su proyecto socialista y de su radical humanismo. A contrapelo de estas lecturas, podríamos afirmar que su afición por la naturaleza resulta una arista indisociable de su propuesta anticapitalista, antipatriarcal y anticolonial.

 

La naturaleza es un verdadero bálsamo para Rosa, quien reconoce en más de una epístola “la profunda afinidad” que la une a ella. Oficia de anticuerpo frente a la burocratización de la vida cotidiana en su trajinar militante tan abnegado, constituye un escudo que evita que sea deglutida por esa racionalización y desencantamiento del mundo propio del fetichismo mercantil, contrarresta a un capitalismo desquiciado que todo lo devora y convierte en puro valor de cambio cuantificable. Por eso, tal como sugiere Isabel Loureiro, “en su contacto con la naturaleza, Rosa restaura las energías perdidas en el combate político”. Recolectar hierba húmeda y fresca, acariciar hasta el cansancio a su gata Mimi, regar las flores de su pequeño jardín u oír los tiernos píos de ruiseñores y petirrojos, renueva sus fuerzas.

 

En una carta enviada a Hans desde la prisión de Wroclaw, en Polonia, se maravilla de la fabulosa capacidad de orientación y la memoria que tienen las avispas, a las que les prepara un tazón con todo tipo de golosinas. “Las aves muestran una inteligencia igual de misteriosa en sus migraciones, con las que me he familiarizado hace poco. Hänschen, ¡¿sabes que, en sus vuelos otoñales hacia el sur, las grandes aves como las grullas a menuda llevan a sus espaldas una carga completa de aves más pequeñas como alondras, golondrinas, reyezuelos, etcétera?!”, le comenta a su amante. “¡Y los pequeños gorjean con alegría y conversan en sus asientos de ómnibus!… ¿Sabes que en estas migraciones otoñales a menudo sucede que las aves de rapiña (gavilanes, halcones, aguiluchos) hacen el viaje en una sola bandada junto con pequeños pájaros cantores, de los que bajo otras circunstancias normalmente se alimentarían, pero que durante este viaje está vigente una especie de tregua Dei, un armisticio general?”.

 

A estas hermosas cartas seguramente se le podrían agregar muchas otras, que por estar destinadas a sus amigas -amores más duraderos e intensos, por cierto, basados en la plena confianza y el afecto mutuo- no han sido incluidas en la mencionada edición publicada en Chile. Entre ellas, dos resultan imperecederas y con igual vocación distante del antropocentrismo (es decir, de una concepción propia de la modernidad colonial capitalista, que supone al ser humano, macho, blanco y burgués para más detalles, una especie superior y centro absoluto del universo, con derecho a someter e instrumentalizar a su antojo a los demás seres vivos), que nos reenvían a la perspectiva de totalidad tan defendida por Rosa, aunque en esta ocasión para ampliar la mirada e incluir, dentro de este pluriverso que habitamos, también a los animales y a la naturaleza toda. Ambas misivas son enviadas a la querida Sonia Liebknecht desde la cárcel.

 

En la primera de ellas, de la que vale la pena reproducir un extenso párrafo, responde a la pregunta de Soniuska acerca de qué lee entre rejas: “Ayer leí un libro sobre la desaparición de los pájaros cantores en Alemania; conforme va extendiéndose y racionalizándose, día tras días, el cultivo de los bosques, de las huertas y de las tierras, les resta las posibilidades naturales de construir sus nidos y buscarse el sustento. En efecto el cultivo racional hace desaparecer poco a poco los árboles carcomidos, las tierras de barbecho, los matorrales, las hojas secas caídas al suelo. ¡Qué pena me dio la lectura de este libro! Y no es que me interese por el canto de los pájaros por el placer que esto produce a los hombres, sino que me apena hasta el punto de humedecérseme los ojos, la sola idea de que desaparezcan así, silenciosa e inevitablemente, estas pequeñas criaturas indefensas. Esto me recuerda un libro ruso del profesor Siebert, que trata de la desaparición de los pieles rojas en la América del Norte, libro que leí viviendo en Zurich. Los pieles rojas, exactamente lo mismo que los pájaros, se ven desahuciados paulatinamente de sus dominios por el hombre civilizado y abocados a una muerte silenciosa y cruel”.

 

A continuación, Rosa mezcla en la misma carta la fina ironía con una confesión en la que deja traslucir un excelente estado de salud mental y anímico, a pesar de su prolongado encierro: “Pero seguramente que estoy enferma, cuando ahora experimento emociones tan vivas por todo. A veces, ¿sabe usted?, tengo también la sensación de no ser un verdadero ser humano, sino un pájaro, un animalito cualquiera que hubiese tomado forma humana. Interiormente, me siento mucho más en mi medio en un pedacito de jardín, como ahora, o en un campo, tendida sobre la hierba, rodeada de zumbidos, que en un Congreso del partido. A usted puedo decírselo, pues sé que detrás de esto no acechará una traición a la causa. Bien sabe que yo, a pesar de todo, moriré como lo espero en mi puesto: en una lucha callejera o en el presidio. Pero, en mi fuero interno, la verdad es que me siento más cerca de los petirrojos que de los compañeros”.

 

La otra epístola es aquella que le escribe desde la prisión de Breslau, en vísperas de navidad el 24 de diciembre de 1917. En ella comparte el “agudo dolor” experimentado en el patio de la cárcel ante una situación en la que soldados castigan con animosidad a los búfalos que tiran unos carruajes. Uno de ellos, que sangraba, “dejaba caer su mirada tristemente. Su aspecto y sus grandes ojos, tan dulces, tenían la expresión de un no que hubiera llorado mucho, de un niño que hubiera sido severamente castigado sin saber por qué y que no sabe ya qué hacer para librarse del tormento y de la violencia brutal. Yo estaba frente a la yunta, y el animal herido me miraba; las lágrimas que asomaron a mis ojos eran sus lágrimas. No es posible estremecerse ante el sufrimiento del más querido de los hermanos más dolorosamente de lo que yo me estremecí en mi impotencia ante aquel mudo dolor ¡las vastas y jugosas praderas verdes de Rumania pérdidas para siempre! Allí brillaba el sol, soplaba el viento, cantaban los pájaros de modo muy distinto, y la melodiosa llamada del pastor sonaba a lo lejos. Aquí la horrible calle, el establo asfixiante, el heno mezclado con paja podrida, y, sobre todo, estos feroces hombres desconocidos, y los golpes, la sangre que mana de la abierta herida… ¡Oh, mi pobre búfalo, mi pobrecito y querido hermano! Henos aquí a los dos, a ti y a mí, impotentes y silenciosos, unidos por el dolor, la impotencia y la nostalgia”, se lamenta Rosa en esta carta tan conmovedora.

 

Diversas intelectuales y activistas contemporáneas emparentadas con el ecofeminismo, han llamado la atención sobre la necesidad de volver a partir de la relación con la naturaleza, en el análisis político y la crítica al sistema patriarcal y capitalista. Vandana Shiva, por ejemplo, ha hecho visible los estrechos vínculos entre la opresión del patriarcado, la violencia hacia las mujeres y la destrucción constante de la naturaleza en nombre del “progreso”, al tiempo que Silvia Federici considera que “hoy en día, con la perspectiva de un nuevo proceso de acumulación primitiva, la mujer supone la fuerza de oposición principal en el proceso de mercantilización total de la naturaleza”. Por su parte, María Rosa Dalla Costa ha sugerido que es imprescindible construir una propuesta política teniendo como columna vertebral “el respeto por los equilibrios fundamentales de la naturaleza, de la voluntad de conservar ante todo los poderes autogeneradores/reproductores, del respeto y del amor por todos los seres vivos”.

 

Resulta indudable la conexión de estos planteos con los precursores -y por ello mismo, por lo general incomprendidos- esbozados por Rosa Luxemburgo. En un escrito titulado “Navidad en el asilo de la noche”, publicado en los albores de la primera guerra mundial, da cuenta de la muerte de decenas de personas marginadas, producto de un bacilo desconocido o bien de un probable envenenamiento masivo en vísperas de la noche buena en Berlín. Con una prosa inigualable, Rosa desmenuza las causas más profundas de un hecho tan horroroso, y concluye que el verdadero virus que engendra este tipo de flagelos no es otro que la sociedad capitalista.

 

Más allá del tiempo transcurrido, el enemigo invisible parece seguir siendo el mismo, aunque con ropajes más sofisticados y destructivos. La proliferación de los desmontes, la desarticulación de hábitats de cientos de especies silvestres, la alteración sustancial del clima y la imposición global de los agronegocios, con las megafactorías y cría industrial de animales en las que millones de seres vivos son producidos como mercancía en un contexto de hacinamiento, uso indiscriminado de antibióticos y sufrimiento extremo, tiene como contracara necesaria no solo una evidente debacle socioambiental de dimensiones geológicas, sino la multiplicación de zoonosis, enfermedades y numerosas cepas patógenas que se irradian a escala planetaria, tal como ha ocurrido con el covid19.

 

Releer la correspondencia de Rosa Luxemburgo en plena crisis civilizatoria y a pasitos nomás del abismo, constituye un ejercicio imprescindible para continuar pensando, en palabras de Diamela Eltit, los trazos inagotables entre cuerpo, historia y tiempo. Y a la vez, para sin desestimar aquellas “imágenes del infierno” que de acuerdo a la revolucionaria polaca se palpan a diario, no dejar de apostar por un optimismo de la voluntad acorde a los desafíos que nos deparan estos instantes de peligro, donde “atreverse a admirar el mundo y apreciar su belleza” es más urgente que nunca, y la “embriaguez de las ganas de vivir” se torna el mejor -y acaso el único- de los anticuerpos posible.

 

Quién

Hernán Ouviña
Hernán Ouviña
Politólogo y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA e investigador del Instituto de Estudios de Améri-ca Latina y el Caribe (IEALC-UBA) y del Centro Cultural de la Cooperación. Ha participado de diversas iniciativas de educación popular y coordinado talleres de formación junto a movimientos sociales y sindicatos de base de Argentina y América Latina.

Desde un Chile convulsionado por las revueltas provocadas por el descontento social ante los impactos estructurales del neoliberalismo, y la profundización de la crisis para la clase trabajadora que golpea en particular a las mujeres, precarizando aún más los trabajos productivos y reproductivos. Este artículo, casi un manifiesto, ubica la mirada feminista de la transformación y la necesidad de un internacionalismo que sostenga las luchas.

Por Karina Nohales, Comité de Trabajadoras y Sindicalistas Comité Internacionalista-Coordinadora Feminista 8M, en Lobo Suelto

Recibimos este 1° de mayo en un contexto de crisis global. El impacto planetario del Covid-19 afirma con renovada solidez el internacionalismo de nuestras luchas y de esta fecha. Los y las trabajadoras nos enfrentamos hoy en todos los lugares del mundo a profundos problemas vitales. Mientra las medidas de paralización total o parcial ya afectan a cerca del 81% de la fuerza de trabajo mundial, millones más están expuestas a perder sus ingresos y sus puestos de trabajo de manera permanente.[1] Junto a ello, la crisis de la reproducción de la vida ha intensificado y precarizado aún más los trabajos productivos y reproductivos que realizamos mujeres y disidencias.

Sabemos que las medidas adoptadas por múltiples gobiernos apuntan en un mismo sentido general: proteger las ganancias empresariales en ataque directo a nuestra existencia. Sabemos también que estos ataques y la actual crisis no han comenzado con el virus; más bien el virus expresa la ya larga crisis de la organización capitalista del trabajo y de la vida que coloca a millones de personas ante la incertidumbre total frente al presente y al futuro.

Justamente porque no queremos que el futuro se parezca a este presente; porque no queremos que tener trabajo hoy signifique, para muchxs, exponer su salud y no tenerlo signifique hambre; y porque impugnamos la normalidad violenta que nos quieren imponer, es que los pueblos en Chile decidimos levantarnos en revuelta contra la precarización de la vida y contra quienes con sus políticas la han sostenido por décadas. Nos mantuvimos en las calles cinco meses y sin descanso y venciendo el temor fracturamos la normalidad neoliberal. De la experiencia de 30 años de injusticia nació una consigna-horizonte que abrazamos: luchamos hasta que valga la pena vivir.

Apenas una semana antes de imponerse la necesidad del distanciamiento físico, cuatro de millones de mujeres y disidencias desbordamos las calles del país en un 8 y 9 de marzo históricos. La vitalidad de la revuelta se manifestó allí, en la Huelga General Feminista, cuando juntas y juntes exigimos -como hoy- la salida del gobierno criminal, el fin de la impunidad y del terrorismo de Estado. Nos levantamos en defensa de un programa feminista para transformarlo todo y afirmamos que vamos a la vida, a esa vida que queremos y que nos es negada. El 8 y 9 de marzo, en el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, demostramos que la revuelta le pertenece a los pueblos y que mientras los pueblos no decidan ponerle fin, la revuelta sigue.

Hoy somos esas mismas mujeres y disidencias quienes estamos en la primera línea de los trabajos de cuidados que sostienen la vida, esos trabajos esenciales que no pueden paralizarse, que son precarios, inseguros, mal pagados o derechamente no remunerados. Estamos en la primera línea de los  que nunca han conocido de limitación horaria. Hoy, somos esas mismas mujeres y disidencias las que estamos expuestas, muchas de nosotras, al encierro con nuestros agresores. Nos hemos dicho que nuestras vidas son un problema político y hoy más que nunca lo sostenemos, por eso levantamos un Plan de Emergencia Feminista ante la crisis y junto con otras organizaciones feministas conformamos una Red de Apoyo que recientemente lanzó una campaña para enfrentar la violencia machista en el contexto actual.

Frente a la actual crisis integral, una pregunta recorre el mundo este 1° de mayo: ¿Qué vamos a hacer ahora? Nosotras/es decimos que teníamos razones en octubre para levantarnos y que tenemos más razones hoy.

No nos llamamos a engaño. La transición democrática, más que de dos bloques, se trató de un cogobierno dedicado a administrar un mismo legado dictatorial y, en lo fundamental un mismo programa, el programa de la explotación y el programa de impedir el rearme político y orgánico de los sectores populares. Gobernaron por décadas y siguen gobernando sin haber hecho nada en favor de los y las trabajadoras. En los momentos más clave de nuestra historia reciente, cuando los pueblos decidimos saldar cuentas con ellos, muchos de los partidos que se presentaban a sí mismos como una alternativa a este duopolio de la transición, se cuadraron con la defensa del modelo y en contra de los intereses populares, aprobando las leyes represivas con que intentan aplastar la revuelta e imponiendo a los protagonistas del estallido unos términos que les excluyen del camino constituyente vital que ya hemos emprendido. Todos son responsables.

Afirmamos que antes y ahora los y las trabajadoras nos tenemos les unes a las otras y sólo podemos contar con la confianza en nuestras propias fuerzas para enfrentar y resolver los problemas urgentes que se nos presentan. Nos preparamos para impugnar, una vez más, las políticas con que este gobierno criminal y los partidos que se le subordinan, pretenden hacernos pagar una crisis que no provocamos. Nuestros fondos de cesantía se consumen y nuestros fondos previsionales desaparecen sin que los empresarios tengan que desembolsar ni un solo peso en remuneraciones, sin que nadie detenga este desangrar de los esfuerzos de toda una vida de trabajo. Estas políticas son hambre para hoy y hambre para mañana.

Nos preparamos para combatir la pobreza desde la solidaridad de clase, para sostenernos juntas y para impedir que la competencia se imponga entre nosotras y nos enfrente, porque cuando la pobreza enfrenta a trabajadores contra trabajadores, los ricos ganan terreno para empeorar nuestras condiciones de vida.

El 1° de mayo no ha sido hasta ahora una fecha en la que tradicionalmente las feministas tomemos la palabra, pero llevamos un tiempo reflexionando profundamente y articulando de manera colectiva lo que queremos decir. Lo hemos hecho desde el Comité de Trabajadoras y Sindicalistas de la Coordinadora Feminista 8M en los Encuentros de Feminismo, Trabajo y Seguridad Social y en los Encuentros Plurinacionales de les y las que Luchan y también hace un año realizamos nuestro primer acto de 1° de Mayo Feminista en Santiago. Este año, de manera virtual, nos volveremos a encontrar para decir públicamente que existe una alternativa por la cual luchar y para convocarnos a construirla.

Este 1° de mayo damos un paso adelante, llamándonos a construir una Organización Feminista de las Trabajadoras, una apuesta de unidad en tiempos de fragmentación y precarización del trabajo. Un espacio en que mujeres y disidencias nos agrupemos desde todos los trabajos que realizamos -formales, informales, remunerados o no- y también desde la cesantía. Nos llamamos a crear una espacio en el cual las amplias capas de trabajadoras que no han encontrado en las formas sindicales tradicionales un lugar de participación, de solidaridad y de acción conjunta se encuentren con las sindicalizadas para desarrollar juntas nuestra potencia, todavía dispersa.

Un espacio democrático de y para las bases, desde el cual hacer un balance de las organizaciones de trabajadores de las últimas décadas y también del lugar que mujeres y disidencias, y los trabajos que realizamos, hemos ocupado en ellas. Un espacio para visibilizar los trabajos de cuidados que sostienen la vida y para reivindicar la Huelga General Feminista como método para conquistar su socialización.

Este 1° de mayo también somos memoria feminista y memoria de futuro. Nos convocamos a construir una Organización Feminista de las Trabajadoras que sostenga el hilo rojo de la historia que nos une a las y los obreros de Chicago de 1886, el hilo que bordaban las mujeres en esas primeras huelgas que dieron origen al 8 de marzo, el hilo rojo de los trabajadores en los Cordones Industriales y de las pobladoras en las tomas de terreno en Chile. Hacemos nuestras estas luchas y reclamamos nuestro lugar como protagonistas de nuestros destinos en las luchas presentes y por venir.

Este 1° de mayo también somos internacionalismo, porque nuestras luchas no conocen de fronteras. Nos unimos en articulación Transfronteriza con feministas de múltiples territorios y continentes para afirmar juntas y juntes que la sociedad puede ser organizada sobre nuevas bases, que es posible una vida sin violencia patriarcal, sin racismo y libre de explotación; que las relaciones entre los pueblos pueden ser refundadas desde la solidaridad y desde ya ponemos en ello nuestros esfuerzos.

Desde este país en que pandemia se cruza con revuelta, extendemos hoy nuestro saludo a todos y todas las trabajadoras del mundo, con la certeza de que las revueltas también son contagiosas.

[1] Observatorio de la OIT: El COVID-19 y el mundo del trabajo. Segunda edición

 

Cuatro activistas y referentas sindicales cuentan cómo viven la cuarentena y cómo impacta el aislamiento en mujeres, lesbianas, trans y travestis.

Aldana Somoza para Tiempo Argentino. Fotos: Gala Abramovich

 

La llegada de la pandemia desconfiguró al mundo: detrás de los números de personas muertas e infectadas se abrieron discusiones en torno al rol del Estado, las políticas sanitarias, económicas y sociales, y también sobre quiénes tienen que «poner más» para sortear la crisis. A la hora de discutir la nueva reorganización temporal del mundo, con cuarentena de por medio, se califican los empleos y se expone más que nunca lo obvio: los trabajadores y trabajadoras como garantes de que el mundo siga girando y que todo no colapse. Sin embargo, son ellos y ellas quienes más sufren las consecuencias económicas y sociales de esta crisis.

Para darle dimensión a lo que se espera, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), calcula que se perderán 195 millones puestos de trabajo a causa de la pandemia en todo el mundo. Según un informe del organismo, en “las Américas, el 43,2% del empleo está en situación de riesgo”.

Pero el efecto de la cuarentena no pega igual en todos lados: las mujeres e identidades femeneizadas son las más afectadas. Son ellas quienes desempeñan la mayoría de los trabajos no registrados o enmarcados dentro de la economía popular, -donde el “quedate en casa” implica no poder garantizar la comida del día-, las que tienen peores salarios (ganan en promedio un 29% menos que los varones), y quienes además realizan el 76% de las tareas de cuidado -la llamada “segunda jornada laboral”-, que en contexto de aislamiento y con la suspensión de clases, aumentan.

La angustia, incertidumbre y el desborde son algunas de las muchas emociones compartidas por Jacky Flores, referenta del MTE-UTEP, Carla Gaudensi, secretaria general de la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPREN), Virginia Bouvet, metrodelegada del subte, y Florencia Guimaraes, activista travesti y coordinadora del centro de día “La Casa de Lohana y Diana”. Las cuatro referentas sindicales y activistas cuentan cómo están viviendo la cuarentena y de qué modo impacta en su sector el aislamiento y, en particular, a las mujeres, lesbianas, trans y travestis.

Jacky Flores atiende el teléfono para dar su tercera nota del día: “Acá andamos, esta situación extrema me choca de frente, sin entender mucho”. La referenta del MTE y UTEP representa a un sector donde el 75% son mujeres, y la mayoría jefas de hogar. “La vida de las compañeras se está complicando muchísimo. No tenemos políticas públicas claras en cuanto al reconocimiento del trabajo de la economía popular y el cuidado, las compañeras no tienen nada reconocido, el desahogo era la escuela pública, y ahora con la suspensión de las clases están desbordadas”, cuenta y reclama la necesidad del sector de discutir trabajo. “Las compañeras” de las que habla son las cooperativistas de los barrios populares, las feriantes, las campesinas, las recolectoras. “Son las trabajadoras que sostienen la situación crítica de los barrios populares”, aclara.

Así como Jacky describe la situación de emergencia que se vive en el sector, también analiza la importancia de la organización a través de la cual muchos trabajadores y trabajadoras hoy lograron un reconocimiento y mejores condiciones de trabajo: “En la Ciudad logramos ser parte del sistema de reciclado con inclusión social. A pesar de los intentos que hubo por boicotearlo, pudimos discutir salarios y de alguna manera ahora estamos más resguardados y nos permite estar a disposición del trabajo colectivo”.

Otros de los conflictos que trae el aislamiento es la dificultad para la organización gremial, justo cuando los empresarios, que nunca quieren perder sus ganancias, arremeten contra los trabajadores con despidos, suspensiones, reducción de horarios y pago de salarios en cuotas.

Carla Gaudensi, delegada de Télam y secretaria de FATPREN, lo identifica como un claro problema: “La cuarentena nos afecta a todes, desde la salud, los vínculos, la organización de les trabajadores y en un momento en el cual la situación se empieza a poner complicada porque hay sectores patronales que aún con la medida del ejecutivo para prohibir los despidos y el subsidio a las Pymes para el pago de salarios, quieren generar una crisis en los trabajadores, sin respetar los derechos laborales, propiciando el cierre de medios, la baja de salarios o el pago en cuotas”.

Como vienen denunciando hace años los trabajadores y trabajadoras de prensa, el gremio está fuertemente precarizado, y en contexto de pandemia -donde la actividad es considerada esencial-, se dificulta doblemente llevar adelante la tarea. “En la mayoría de los medios gráficos se está usando la modalidad de teletrabajo, cosa que nosotros entendemos que debe ser excepcional en el marco de la pandemia. Obviamente el teletrabajo hace que uno trabaje más por eso muchas empresas antes de la cuarentena ya querían implantarlo, es como una disposición full time, una relación individual del trabajador con el empresario”, apunta Carla.

En relación a las trabajadoras, señala que el aislamiento las afecta más que a los hombres, y más aún a quien tienen hijos e hijas, porque las tareas de cuidado recaen más sobre las mujeres. “Si bien hay algunas familias que asumen tareas compartidas, las tareas reproductivas siempre recae sobre nosotras, muchas no dejamos de realizar nuestro trabajo y con los chicos y chicas en casa se complejiza más el escenario”.

“Estoy en mi casa, con mi hijo y mi nuera. Con un poco de ansiedad por el encierro y porque se vienen las semanas más complicadas en cuanto a los contagios”, cuenta la metrodelegada Virginia Bouvet a Tiempo a través de un mensaje de WhatsApp. Virginia, como todas las trabajadoras y trabajadores de actividades esenciales, continúa yendo a su lugar de trabajo dos veces por semana, donde realiza tareas gremiales mientras el subte presta un servicio mínimo para seguir trasladando al resto de empleados y empleadas a sus respectivos trabajos exceptuados de la cuarentena.

El período de aislamiento obligatorio encuentra a los trabajadores y trabajadoras del subte con un saldo organizativo acumulado con el que enfrentan este contexto de un piso medianamente alto en relación a otros sectores: “Nuestro sindicato logró reducir al mínimo la exposición, consensuando con la empresa un sistema de francos extras que permiten que no haya amontonamientos de personal en los lugares de trabajo. Logramos que la empresa reconozca las licencias extraordinarias que resultaron de la cuarentena y a los que prestan servicio se les va a pagar normalmente”, explica Virginia, y agrega la preocupación en relación a otros trabajos “sabemos que no es la realidad de todas las actividades, hay despidos y rebajas salariales, lamentablemente avaladas por un sector de la CGT; que nosotros no compartimos, ni en el Subte ni desde la CTA”.

Virginia agrega que, producto de la organización, las trabajadoras del subte lograron obtener la licencia por cuidado de sus hijos e hijas. “El resto se enfrenta a la misma problemática que los varones: discutir en cada puesto para que nos garanticen los materiales de higiene como guantes y alcohol”. Y agrega: “Creo que las mujeres resultamos más afectadas por situaciones de violencia de género, agudizados en este aislamiento obligatorio”. En lo que va de la cuarentena hubo al menos 20 femicidios, 21 travesticidios (en lo que va del 2020), mientras que los llamados a la línea 144 aumentaron un 30%.

En la cadena de la precarización de las vidas, las personas travestis y trans son quienes enfrentan una situación aún más crítica: «Hoy queda expuesto para gran parte de la sociedad lo que realmente pasa con nuestra comunidad. La mayoría con el aislamiento no tiene ni para comer, porque el 90% está en situación de prostitución, y el sustento diario pasa por pararse en una esquina todas las noches», cuenta a través del teléfono Florencia Guimaraes, quien cumple la cuarentena «a rajatabla» en su hogar en La Matanza y solo sale una vez por semana a llevar mercadería al centro de día donde milita. El hogar, destinado a alojar a personas travestis y trans hoy se encuentra cerrado por la cuarentena pero lo abren para repartir bolsones de comidas y viandas. “Por lo menos nos miramos a los ojos, ya vendrán los abrazos”, dice.

Expulsadas a los márgenes de la sociedad, las personas travestis y trans ni siquiera son pensadas como trabajadoras: «Nunca se nos ve como fuerzas productoras de trabajo, ni siquiera como parte de la clase trabajadora», explica Florencia, y apunta a un reclamo clave e histórico para la comunidad: la ley de cupo laboral trans, impulsada por la activista travesti Diana Sacayán, asesinada brutalmente en octubre de 2015. «Necesitamos acceso al trabajo. Si tuviésemos la ley de cupo sería muy diferente el contexto de la comunidad. Hoy tendríamos una cuenta sueldo, una obra social, los derechos de cualquier persona trabajadora, pero el único espacio en donde se nos piensa es en una esquina».

Hacia el final de la charla, Florencia comparte su anhelo de que todo esto sirva como un quiebre y cambio de paradigma: «En este contexto aflora la miseria humana, la gente se transforma en policía. Esperemos que eso cambie y esto nos fortalezca como sociedad. Yo siempre apuesto a un mundo mejor, a que todo sea transformado».

Fotos: Gala Abramovich

El movimiento feminista en Chile ha sido, junto a les estudiantes, una punta de lanza para la reactivación de la movilización popular y la conceptualización de una critica sistémica al modelo neoliberal. Las genealogías del 8M y el estallido de octubre, una historia que se entrelaza.

Por Macarena Segovia para El Mostrador

Foto: Coordinadora Feminista 8M

 

En el 2016, las estudiantas, impulsadas por el movimiento Me Too, se movilizaron en contra del acoso y el abuso en las aulas, formaron secretarías de género, que años más tarde se traducirían en el Mayo Feminista de 2018. Al mismo tiempo se masificó la demanda por el aborto libre, legal y seguro, cruzando la frontera y tendiendo lazos con las feministas argentinas. Las mujeres se levantaron contra la violencia de género, los femicidios, gritaron “Ni una menos”, y el 8M de 2019 protagonizaron la marcha más multitudinaria –hasta entonces– para visualizar el trabajo doméstico y la violencia del patriarcado. Una serie de movimientos que dieron vida a un nuevo tejido social, la antesala del estallido en octubre y que este domingo protestaron contra el “terrorismo de Estado”.

El movimiento feminista ha copado las calles de nuestro país los últimos años. Desde el movimiento por el aborto libre, el Me Too en 2015, las estudiantas movilizadas contra el abuso y acoso en 2016, las históricas manifestaciones y tomas estudiantiles en el Mayo Feminista de 2018 y la gran marcha en la convocatoria a Huelga del 8M de 2019, que reivindicó el reconocimiento al trabajo doméstico, el fin de la violencia contra la mujer y la autodeterminación del cuerpo, han desdibujado la historia que arrastra nuestro país en los últimos años, trazando nuevas demandas, líneas y propuestas contra el sistema político.

Un estallido feminista que desbordó las calles y se convirtió en movimiento y articulación, dando origen a distintas organizaciones de mujeres, a nivel vecinal, estudiantil, sectoriales y de profesionales. Un tejido social nuevo que se movilizó, como una antesala al estallido del 18 de octubre, y se hizo parte de la Revuelta con el canto contra la violencia de Las Tesis, performance que dio la vuelta al mundo con la frase “El violador eres tú”, apuntando directamente contra la violencia ejercida por hombres y por el Estado.

Este domingo 8 de marzo, el movimiento feminista vivió una jornada clave. Más que una prueba –recalcan sus activistas–, lo ven como un momento histórico de un proceso de años, que para este domingo conmemora a la mujer trabajadora, pero también a las violentadas y víctimas de femicidio, que reivindica el valor del trabajo doméstico, que protesta contra la desigualdad y violencia estructural, y que este 2020 llama a manifestarse  “Contra el terrorismo de Estado”.

“Las demandas son propias de la vida cotidiana, se habla de trabajo productivo y reproductivo, la autonomía de los cuerpos, se empiezan a evidenciar los derechos políticos y culturales, justamente porque son las mujeres las más precarizadas, que necesitan del derecho a la vivienda, a la salud, al territorio, de ver a nuestros cuerpos como un territorio”, explica la escritora feminista Sofía Brito.

Una prueba de fuego, que ven con “temor”, reconocen en el gobierno del Presidente Sebastián Piñera. Cabe recordar que el Mandatario, junto con la ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Isabel Plá, han sido flancos de críticas y hasta se les ha pedido la renuncia desde el movimiento feminista. A pesar de las advertencias, el Mandatario empezó la semana cometiendo un grave error, al otorgarle parte de la responsabilidad para denunciar a las mujeres víctimas de violencia, en plena promulgación de la Ley Grabriela, que amplía la definición de femicidio, una acción que según personeros de la derecha “encendió la mecha previo al 8M”.

Para Antonia Orellana, parte de la Coordinadora feminista del Frente Amplio, lo que no entienden en estos sectores es que “el 8M ya era contra el Presidente”. Orellana destaca que Las Tesis interpelaron directamente al Estado y a Sebastián Piñera y que las demandas del programa del “II Encuentro Plurinacional de las que Luchan -que sentó las bases para este 8M, son un programa antineoliberal”.

“Las feministas siempre han sido opositoras a Piñera, desde su primer Gobierno, pero la particularidad de este 8M es que se inserta en un proceso creciente de masividad del feminismo y hay que ver cómo eso se consolida en la convocatoria, o en que se estabilicen las coordinadoras feministas, que en la última década suelen implotar en un par de años”, agrega.

 

Foto: Coordinadora Feminista 8M

 

El primer estallido

En mayo del 2018, una furia en contra de la violencia de género se tomó las principales calles, universidades y colegios del país, un mar de capuchas moradas y rojas salieron con los senos libres a protestar. Meses después, miles de mujeres se dieron cita para preparar el 8 de marzo de 2019, en donde académicas, madres, abuelas y estudiantas se encontraron en la –hasta entonces– marcha más grande desde el retorno a la democracia. Fueron la antesala de cómo se encendía una mecha que estallaría en octubre, luego de que estudiantas y estudiantes secundarios protestaran contra el alza del pasaje, convocando a evasiones masivas en las estaciones de las distintas líneas del Metro en Santiago, desatando las jornadas de protesta nacional más grandes en los últimos 30 años.

“Tuvimos ese primer impulso”, destaca Sofía Brito. Según la escritora, la base del movimiento feminista y su rol en el marco de la Revuelta de Octubre está en la lucha del feminismo en contra del sistema neoliberal. “La masividad del feminismo ha logrado interpelar al neoliberalismo en una forma ampliada a cómo se reproduce la vida misma (…). Y este 8 de marzo es un rugido contra la violencia y terrorismo de Estado y la violencia político-sexual que ha ejercido durante años”, agrega.

Línea con la que coincide la abogada feminista Daniela López, quien señala que “el movimiento feminista venía anunciando hace un par de años esta crisis social”, debido a la mercantilización y precarización de la “vida cotidiana, la salud, la vivienda, la vejez, la educación, el agua. Si no tienes cómo pagar, no puedes acceder al mercado de los servicios públicos”.

A juicio de la directora de Nodo XXI, es en esa área vital de la vida en donde “se ubica socialmente a las mujeres, a las cuales se les asigna el trabajo reproductivo (doméstico y de cuidados) no remunerado como una atributo ‘natural’ femenino”. A esto, de acuerdo a López, se suma la división sexual del trabajo y la baja valoración de los trabajos “feminizados”

“Eso cruje hoy: la mayoritaria precarización y endeudamiento versus la extrema riqueza. Esa brutal desigualdad que se agudiza en las mujeres es lo que se impugna en la revuelta del 18 de octubre, donde las mujeres son protagonistas en contra del statu quo”, agrega la abogada.

Paola Palacios, vocera de la Coordinadora Feminista 8 de Marzo, resalta que “el feminismo tiene todo que ver con el despertar de conciencia colectivo que tuvo el país desde octubre, pero, antes de eso, las mujeres y disidencias hemos estado históricamente en confrontación con el sistema. De hecho, cabe recordar que quienes iniciaron la revuelta fueron mujeres secundarias que saltaron el torniquete”. Y agrega que las feministas “nunca hemos dejado de lado la lucha contra el sistema capitalista-neoliberal que precariza nuestras existencias, y la causa primaria y base del estallido social es precisamente esa precarización de la vida en todos los sectores sociales”.

La vocera de la Coordinadora 8M subraya que “estamos en un momento histórico de la historia latinoamericana, estamos cambiando el rumbo y soltando nuestras cadenas”, por esta razón la Huelga General Feminista del 8M y 9M se caracteriza como Antirracista,Transfeminista, Lesbofeminista, Disidente , Plurinacional, Intergeneracional, Inclusiva, Anticarcelaria, Internacionalista, Antipatriarcal, Anticapitalista, Antiimperialista, Decolonial y “la particularidad de este año salta a la vista con la revuelta popular que estamos viviendo desde octubre pasado”.

 

En perspectiva feminista

Todas las activistas y teóricas consultadas coinciden en que el movimiento feminista está en una etapa de crecimiento y consolidación en nuestro país, el cual está marcado por el impulso hacia el feminismo interseccional y la disputa por el momento constituyente, más allá de lo definido el 15 de noviembre en el “Acuerdo por una Nueva Constitución”.

Reconocen que el proceso chileno es observado a nivel internacional y que la disputa feminista en América Latina se da de manera colectiva. Antonia Orellana destaca que “el feminismo latinoamericano tiene nexos profundos que se consolidan desde el primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en 1981. Desde el «Ni una menos» del 2015, además, se desarrolla una dinámica latinoamericana en que, sin que haya necesariamente una planificación, las luchas de cada país repercuten muy rápidamente en las feministas de otros países. Pienso en ‘Ni una menos’, la marea verde, Marielle Franco, y desde Chile, por ejemplo, recibimos mucha solidaridad desde octubre en adelante. El anuncio del envío de un proyecto de aborto por Alberto Fernández en Argentina es también un hecho latinoamericano”.

Una potencialidad que se vio con la performance de Las Tesis y “Un violador en tu camino”, una canción que, en el marco de la Revuelta de Octubre y ante los hechos de violación de los Derechos Humanos por parte de agentes del Estado, denunciados por organismos internacionales y el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), instaló el rol del feminismo en medio del estallido, hasta para algunos “dio un segundo aire al movimiento” desatado desde octubre. Marcando el encuentro entre mujeres de todas las generaciones y que se replicó en diversos países a nivel mundial.

Respecto a las perspectivas del movimiento, Orellana hace hincapié en que “no existe un movimiento feminista unificado y, por lo tanto, quien pretenda dictar desde un espacio cuáles son las prioridades, lo hace en vano. Lo que sí creo debiera ser prioridad, es recuperar la consigna de unidad en la diferencia, buscando los puntos de acuerdo para avanzar en las necesidades urgentes de las mujeres más allá de los matices de organizaciones que, pese al auge, continúan siendo pequeñas en relación con la cantidad de mujeres que se sienten convocadas por el feminismo”.

Partiendo desde esta diversidad, en el feminismo actualmente se encuentra la discusión por la disputa o no del proceso constituyente. Sofía Brito es una de las autoras del libro Por una Constitución Feminista y hace la distinción entre las feministas que disputan la institucionalidad y aquellas que abogan por la autonomía del movimiento, asegura que “considerando los estrechos márgenes que tiene el acuerdo del 15 de noviembre, es efectivo que las feministas vamos a tener posiciones diversas (…). Ambas posturas son importantes, tanto mantener la autonomía de un movimiento social que puja o condiciona para que se puedan dar cambios institucionales, así como que haya compañeras”.

La directora de Nodo XXI, Daniela López, puntualiza que “sin duda se busca incidir en el proceso constituyente (…). La posibilidad de que nosotras rompamos con ese pacto sexual y que efectivamente abramos un proceso de transformaciones se juega ahora, y en ese ‘ahora’ entra en debate la posibilidad de tener un poder constituyente feminista, dispuesto a pelear no solo la conformación paritaria sino el contenido constituyente”.

Paola Palacio asegura que “buscamos que se redacte una nueva Constitución en clave feminista, plurinacional, antirracista, que esté al servicio de la mejoría de la sociedad y no en amparo de unos pocos. El llamado es a salir a votar Apruebo y Convención Constituyente, a ejercer el legítimo derecho al voto, también p eleado y defendido por una generación anterior de valientes mujeres”.