Jorge Pereira Filho

Patricia Lizarraga

 

En el año en que completa 30 años de la realización de su primer Congreso en la ciudad de Mons, Bélgica, la Via Campesina enfrenta una realidad cada vez más desafiante: a la vez que el comercio internacional de commodities continuó avanzando globalmente año tras año, los precios de los alimentos alcanzaron su máximo histórico en el año 2022.  En este mes de abril, la organización que reúne a 182 movimientos campesinos en 81 países realiza acciones en todo el planeta para denunciar esta situación y defender la Soberanía Alimentaria. Concepto que fue incorporado por la Via Campesina como principal bandera de lucha en abril de 1996 cuando realizaba su segunda conferencia en México. En ese mismo momento, en el sur del continente, Brasil, ocurría la masacre de Eldorado de Carajás. Policías militares asesinaron a sangre fría a 21 campesinos sin tierra que se manifestaban a favor de la Reforma Agraria.  Esta fecha fue definida como el “Día Internacional de la Lucha Campesina”, y en este año, 2023, las acciones de la Via Campesina son marcadas por el lema “Frente a las crisis mundiales, ¡construimos Soberanía Alimentaria para asegurar un futuro a la humanidad!”

 

 

 

Jaime Amorim, de la coordinación política de la Via Campesina e integrante de la Dirección Nacional del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), plantea que el desafío de los movimientos campesinos hoy, va mas allá de lo que se imaginaban hace tres décadas. Y que enfrentar las diversas crisis que vivimos, desde la explosión del hambre hasta el cambio climático, pasando por la creciente desigualdad social, necesariamente requiere transformar el modelo de producción em el campo. 

 

A lo largo de 2022, varios organismos de la ONU han alertado sobre el agravamiento del problema del hambre en el mundo. ¿Cómo analiza La Vía Campesina este escenario? 

 

La Vía Campesina lleva trabajando sobre la posibilidad de que se produzca una crisis alimentaria en todo el mundo desde 2020. Durante la pandemia, asumimos que era esencial, como campesinos, seguir produciendo alimentos. Teníamos una condición diferente a la de los que viven en la ciudad. Podíamos aislarnos y producir alimentos, y así demostrar en la práctica el papel que tenemos ante la sociedad. Hemos cumplido esta tarea, incluso promoviendo la transición hacia una agricultura comprometida con la producción de alimentos más sanos. Sabemos que tenemos un problema en el mundo con una población cada vez más frágil, en situación de baja inmunidad, y esto tiene que ver con nuestro modelo alimentario. También es consecuencia de un modelo capitalista que impone una estandarización de los alimentos en todo el mundo. Si te dedicas a la producción de alimentos, naturalmente vas a dar prioridad a la cultura alimentaria local. Y la Soberanía Alimentaria no es más que un país que recurre a la producción para garantizar que su población no pase hambre. Esto refuerza la cultura local porque sólo producirías lo que las condiciones climáticas, geográficas y tradicionales hacen posible. A lo largo de este mes de abril queremos mantener este debate, para poner de relieve que la soberanía alimentaria es una cuestión fundamental en todo el mundo. El hambre es una consecuencia de este modelo, de la codicia, en el que se suman varias crisis: la crisis medioambiental, la crisis económica, la crisis ideológica. En la periferia del mundo aumenta la pobreza. En 2016, unos 50 millones estaban por debajo del umbral de la pobreza en Brasil, por ejemplo; hoy son 62,5 millones. Y alrededor de 33 millones de personas pasan hambre. Lo mismo ha ocurrido en los países de América Latina, África y Asia.

 

 

¿Cómo combatir este modelo en la práctica?

 

En primer lugar, la Reforma Agraria Popular es decisiva si queremos cambiar este modelo. Cabe en cualquier parte del mundo, incluso donde ya ha habido un proceso de distribución de la tierra, porque es necesario resolver el problema del modelo de desarrollo agrícola. Y de eso se trata la Reforma Agraria Popular: garantizar la asistencia técnica, las semillas orgánicas, la producción de insumos orgánicos, es necesario cambiar toda la economía. Hoy la economía agrícola está orientada a la producción a gran escala, al monocultivo, con uso extensivo de venenos, insumos químicos y transgénicos. La producción de alimentos sanos requiere un nuevo proceso de aprendizaje y dominio de la producción ecológica.

 

Un paso importante en esta dirección fue la aprobación de la Declaración sobre los Derechos de los Campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales (UNDROP)…

 

Esta declaración contribuye a este objetivo más amplio de La Vía Campesina y tenemos el reto de aplicarla en la práctica. Su aprobación fue un momento histórico en 2018. Reconoce a los campesinos como sujetos de derecho, incluidos a pescadores y pueblos indígenas. Pero no basta con tener la ley si no se lleva a la práctica. El primer reto tras la aprobación de la declaración es darla a conocer a las organizaciones campesinas de todo el mundo. Y luego viene un periodo de estudio, comprensión y puesta en común para que entiendan cuáles son las consecuencias de esta declaración, qué implica. Y luego el reto es conseguir que los países reconozcan estos derechos recogidos en la declaración, como ha hecho Bolivia. Dependerá no sólo de las acciones de la ONU, sino también de nuestra capacidad para presionar a los parlamentos nacionales, muchos de los cuales están dominados por los conservadores. Ahora tenemos una carta que nos da unidad a escala nacional e internacional, que nos reconoce como campesinos, y, de todos modos, en última instancia, en los casos más graves de violaciones, tenemos un respaldo jurídico para apelar a los organismos internacionales. Es un instrumento de articulación fantástico. Es un instrumento jurídico, pero es un instrumento de lucha.

 

 

¿Es éste uno de los principales logros de La Vía Campesina en estos treinta años? 

 

Bueno, este año celebraremos nuestra octava conferencia. Cuando nació La Vía, el avance del monocultivo agroexportador era nuestro gran problema, que se convirtió en el modelo del agronegocio transnacional. El mundo se estaba organizando en bloques económicos. Existía la amenaza del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y la Organización Mundial del Comercio (OMC) se hizo cargo del proceso de negociación alimentaria. Se desarrolla un mercado mundial de alimentos, que se convierte en una mercancía negociada en la Bolsa, en mercados de futuros, sin ningún control sobre los agricultores que producen los alimentos. Y ante el avance del neoliberalismo, surge nuestra primera consigna. En lugar de globalizar la economía, globalicemos la lucha. «Globalizar la esperanza», la defensa de que los alimentos no pueden ser una mercancía, el derecho de los países a definir la soberanía alimentaria local. Lo primero que conseguimos, como Vía Campesina, fue mostrar al mundo que hay una contraposición a este proceso. 

 

Otra cuestión que destaco es el cuestionamiento del concepto de seguridad alimentaria, utilizado por la ONU y que fue importante después de la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, todas las personas tienen derecho a la alimentación. Pero La Vía Campesina empezó a cuestionar: ¿a qué tipo de alimentos se tiene acceso? La seguridad alimentaria no discute el tipo de alimentos, ni las condiciones en las que se producen los productos alimentarios, a menudo a costa de la explotación del trabajo infantil; del trabajo esclavo; de la destrucción del medio ambiente, de la expulsión de las familias campesinas de sus tierras. La soberanía alimentaria debate la idea de que no basta con que los alimentos lleguen a las personas. Provoca que discutamos qué tipo de alimentos, cuáles son las condiciones de producción, cuál es la relación entre esos alimentos y el proceso de producción, con el trabajo, con el medio ambiente y con las comunidades locales y originarias. Y tenemos la crisis medioambiental. Hace 30 años no imaginábamos las dimensiones de la crisis que vivimos hoy. Hoy la soberanía alimentaria es importante no sólo para salvar a los campesinos, es crucial para salvar el planeta. Así que me parece que es una tarea que hemos asumido. Significa plantar árboles, defender las zonas de reserva, recuperar las riberas de los ríos, presionar a cada país para que tenga leyes que prohíban la deforestación y las quemas. Ya tenemos tierra suficiente para alimentar al mundo. El problema es quién produce en esa tierra, qué se produce y cuáles son los intereses de quienes producen.

 

 

La Vía Campesina ha publicado recientemente una nota en la que señala los riesgos medioambientales del tratado de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur…

 

El tratado sería un desastre total para los países del Mercosur. Significaría profundizar la reprimarización de la economía. En un primer momento, el acuerdo puede ampliar nuestras exportaciones, pero nos hará cada vez más rehenes de las industrias europeas. Eso sin hablar del reguero de destrucción medioambiental que hemos acumulado aquí con la sobreexplotación de materias primas y minerales. Además, en la medida en que se crea un mercado común, todos los procesos de compra pública se abren también a las empresas europeas. El resultado podría ser la destrucción total de las organizaciones y estructuras locales de comercialización. Las políticas públicas que son cruciales para promover la agricultura campesina, la agricultura familiar, que produce alimentos para las mesas de la gente, se volverán inviables. Es un proceso que excluirá a las cooperativas de pequeños agricultores y asentamientos. En lugar de seguir este camino, Brasil debería ampliar sus relaciones comerciales para no depender de Estados Unidos o Europa. Esto es lo que el país hizo antes del golpe contra Dilma Rousseff en 2016, y debería continuar en esta dirección. 

 

Para concluir, si la Vía Campesina surge con las disputas de bloques comerciales y hoy es la guerra en Europa la que centra la atención internacional. 

 

Sobre esta cuestión, la Vía Campesina de Europa tiene una visión ligeramente diferente de la Vía Campesina Internacional. Mientras los europeos tratan el asunto como si se tratara sólo de una maniobra rusa para dominar Ucrania, La Vía Internacional entiende que se trata de una guerra entre intereses capitalistas, una disputa por la hegemonía internacional. Sabemos que este conflicto tiene un claro impacto en la economía agrícola internacional. Rusia y Ucrania son grandes productores de alimentos, con cerca de un tercio de la producción mundial de trigo. Ucrania sigue teniendo una elevada producción de maíz, y Rusia de fertilizantes e insumos agrícolas. Todo ello ha repercutido en el coste de la producción de alimentos en todo el mundo. Al mismo tiempo, es una gran oportunidad para demostrar que los insumos químicos pueden ser superados por los orgánicos. Y a medida que avance la guerra, esta situación será cada vez más acuciante, porque los precios de los alimentos seguirán presionados. Vemos este escenario con preocupación, considerando que Estados Unidos y China avanzan cada vez más en la disputa por la hegemonía en el mundo, y esto no nos ayuda a defender a los países soberanos desde el punto de vista alimentario. El hecho es que la guerra no le interesa a nadie, no les interesa a los pueblos de Ucrania, de Europa, de Rusia ni de ninguna parte del mundo. Por eso La Vía Campesina también asume cada vez más este debate de estar en contra de la guerra, a favor de la paz y por un nuevo modelo de desarrollo a escala internacional.

 

Texto: Fundación Rosa Luxemburgo
Fotos: Felipe Torres Cea

La Fundación Rosa Luxemburgo – oficinas de Buenos Aires y Sao Paulo – presentó el Atlas de los Sistemas Alimentarios del Cono Sur el jueves 13 de abril de 2023 en la Huerta Urbana Agroecológica Anita Broccoli, ubicada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Junto a referentes de organizaciones y movimientos sociales del Cono Sur, se realizó esta presentación en un espacio de debate y reflexión sobre la situación del acceso a los alimentos en la región sur de América. Además, se distribuyeron copias del Atlas para que los presentes puedan llevárselo a sus lugares de trabajo o militancia.

 

 

El Atlas se trata de un material construido con la participación activa de los movimientos populares y campesinos del Cono Sur, en el que presentamos no sólo un diagnóstico de la crisis alimentaria en la región y la radiografía del modelo del agronegocio que enferma, envenena (a las personas y los alimentos) y destruye territorios, sino también alternativas para superarla en manos de los movimientos populares. Estrategias de producción y abastecimiento de alimentos que, desde la semilla al plato, intentan sobre todo producir un alimento sano, soberano y a un precio justo.

La jornada tuvo dos mesas de diálogo. Comenzó el encuentro con la presentación del director de la Oficina Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo, Torge Loeding, quien comentó el valor de la propuesta. “La lucha por la soberanía alimentaria es la lucha por la autodeterminación de los territorios y de los cuerpos”, aclaró. 

 

 

En la primera mesa, titulada “Hambre y organización popular: las respuestas desde abajo contra la inseguridad alimentaria” participaron Marcos Filardi, Cátedras Soberanía Alimentaria. UBA @calisanutricionuba, Dina Sánchez, Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular (@utep_oficial), Ana Paula Perles, Movimiento de Trabajadores sin Techo (mtstbrasil). Brasil, y Patricio Vértiz, FCAyF-UNLP. Instituto Tri-Continental. @tricontinental_ar. Moderó Sarah Zevaco, @baseisparaguay.

 

 

Comenzó el diálogo Patricio, preguntando: “Las grandes multinacionales tienen la capacidad brutal de imponer cómo se produce en los distintos países. ¿Cómo estas dinámicas impactan en Argentina? ¿Por qué suben los precios? Hay aspectos coyunturales y razones estructurales”. El investigador de FCAyF – UNLP y miembro del Instituto Tri Continental sumó datos para ensayar una respuesta: “Argentina en lo que es la distribución de alimentos tiene enormes gastos de logística. Hay un exceso de agentes intermediarios que no necesariamente agregan valor pero sí aumentan el precio”. Luego tomó la palabra Dina Sanchez, quien forma parte de la UTEP. Dina resaltó el rol clave que ocupa la organización en la vida del pueblo: “Si no fuera por los comedores o merenderos populares muchas familias no tendrían qué comer” contó. Y sumó su impresión e indignación: “¡En un país como Argentina, productor de alimentos, no se puede pasar hambre!”. Desde Brasil compartió la mesa Ana Paula Perles, miembro del Movimiento de Trabajadores sin Techo, quienes vienen construyendo el proyecto de Cocinas Comunitarias en varios estados de Brasil, y se encuentran frente al desafío de la transformación de esta iniciativa en política pública. “Se va a tratar el proyecto de ley para la construcción de 10.000 cocinas comunitarias”. Ana cerró planteando la necesidad de aprovechar estos cuatro años de Lula «para que el fascismo como el de Bolsonaro no vuelva, cuatro años para terminar con el hambre en Brasil”. Por su parte, Marcos Filardi, quién sintetizó la idea de la multicausalidad de la crisis alimentaria por la que atraviesa toda la región,  aclaró que “necesitamos otros modos de ser y de habitar nuestros territorios, que vayan de la mano con la agricultura familiar campesina e indigena”.  Marcos, miembro de la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la UBA, aseveró: “La salida es la lucha y la lucha es la soberanía alimentaria”.

La segunda mesa se llamó “El desafío de la soberanía alimentaria en el Cono Sur”. Participaron Anderson Amaro, Movimiento de los Pequeños Agricultores (@mpa.brasil) / Vía Campesina Brasil – Cloc. Brasil, Camila Montecinos, Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas @anamuriag. Chile, Salete Carollo. Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (@movimentosemterra). Brasil y Diego Montón, Movimiento Nacional Campesino Indígena – Somos Tierra @mnci.somostierra. Argentina. Moderó Matías Carámbula, UdelaR. Uruguay.

 

 

Anderson del MPA resaltó el Atlas como herramienta para los movimientos campesinos, cuya potencia es no solo la de dar un diagnóstico del modelo agroalimentario, contener infografías que facilitan el análisis en los espacios de formación de los sectores populares, además consideró que es un Atlas de las alternativas para la construcción de sistemas alimentarios más justos y soberanos que ya están sucediendo. Y uno de los mayores desafíos  al que nos enfrentamos, es lograr que el pueblo acceda en cantidad y calidad a esa alimentación que se produce desde los sectores campesinos. La agroecología no puede ser solo para los sectores de la clase media, mientras los sectores más empobrecidos se quedan con lo que la agroindustria ofrece, productos que enferman. Hay que romper el cerco y llegar con alimentos sanos y precios más justos para todos y todas. 

 

 

“La agricultura indígena, campesina y artesanal debería estar en el centro como garante de la alimentación del pueblo chileno” comenzó diciendo Camila Montecinos, miembro de ANAMURI. Pero, aclaró: “sabemos que la lucha es larga. Necesitamos un sujeto colectivo organizado.” Además, sumó una definición clave en los tiempos que corren: “La lucha por la soberanía alimentaria es una lucha por la democracia”. Luego, desde el MNCI – Somos Tierra, Diego Montón agregó:  en la disputa por el modelo agroalimentario  “tiene que haber una normativa específica para la agricultura familiar campesina” ya que “no puede cobrarse el mismo impuesto que paga un gran empresario que un pequeño productor”. 

Salete Corollo, de la dirección nacional del MST, trayendo la experiencia de Periferia Viva, resaltada en el Atlas, defendió la necesidad de ir más allá de las cocinas comunitarias, hacia la transformación de esos espacios como lugares de formación política y organización popular. Esos espacios y los proyectos de los movimientos campesinos para producir alimentos, deben articularse en una disputa por un proyecto de sociedad.

Una sociedad en la que todos y todas coman, todos los días, alimentos sanos y soberanos. 

En esta hermosa jornada de lucha y reflexión acompañaron  @casaelefantee y @grafica_lavozdelamujer estampando telas y remeras. 

Compartimos videos de las presentaciones registrados por CALISA y publicados en su canal de YouTube. 

La Fundación Rosa Luxemburgo – oficinas de Buenos Aires y Sao Paulo, y Anamuri lanzan el 22/07 el Atlas de los Sistemas Alimentarios del Cono Sur. El acto se celebrará a las 10.00 horas en el Museo de la Educación Gabriela Mistral, Compañía de Jesús 3150, en Santiago de Chile.

El Atlas se construyó a partir de la escucha activa de los movimientos populares y campesinos del Cono Sur. El documento presenta no sólo un diagnóstico de la crisis alimentaria en la región, sino también alternativas para superarla en manos de los movimientos populares.

Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay comparten una realidad contradictoria: aunque tienen condiciones favorables para la producción campesina, no pueden alimentar a sus poblaciones de forma adecuada y saludable.

El punto de partida de este trabajo son las experiencias históricas de resistencia y las diversas prácticas de solidaridad fortalecidas durante la pandemia.

Es un conjunto de iniciativas que apuntan a otro modelo de organización social, garantizando la soberanía alimentaria de los pueblos de la región.

El Atlas se presentará en un espacio de debate y reflexión sobre la situación del acceso a los alimentos en la región más austral de América. En esta ocasión, se distribuirán copias del documento para que los presentes puedan llevárselo a sus lugares de trabajo o a su militancia.

Participar en la presentación:

Alicia Muñoz (Anamuri)
Francisca Rodríguez (Anamuri)
Camila Montecinos (Anamuri)
Anderson Amaro (Movimiento de Pequeños Agricultores / Vía Campesina Brasil – Cloc)
Severino Ramos (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra – MST)
Sarah Zevaco (Base-Is Paraguay)
Diego Montón (Movimiento Nacional Campesino Indígena – Somos Tierra de Argentina)
Matías Carámbula (Universidad de la República de Uruguay)
Patricia Lizarraga (FRL Argentina) y Jorge Pereira Filho (FRL Brasil)

 

Si te interesa participar inscribite en el siguiente link:
Link: https://forms.gle/3F2nzWASEgkc3Y5y6

 

 

Pueden descargar el Atlas aquí.

Compartimos esta serie audiovisual realizada en Sudáfrica que rescata experiencias, saberes y amenazas en torno al resguardo y conservación de semillas en esa región. Pero sobre todo, la inmensa centralidad de las semillas para las comunidades en todo el mundo.


La cultura

«La semilla no es sólo nuestro sustento. La semilla es nuestra cultura, nuestro patrimonio, nuestras historias y el conocimiento que se transmite de generación en generación».

Escucha a Mary Sakala mientras explica su relación con las semillas y la importancia de resistirse a la dependencia y mantener la autosuficiencia.

Apoyemos a los agricultores en su lucha por la soberanía sobre sus semillas, tierras y sistemas alimentarios.


Defender nuestras semillas

«Poco a poco, pero con seguridad, estamos volviendo a la esclavitud de las semillas». «Somos nosotros, como agricultores, como campesinos, los que debemos levantarnos con la misma voz: ayudar a nuestro gobierno para que reconozca la importancia de estas semillas autóctonas». – Lavety Munyimbiri Mulanj

Las semillas son nuestro derecho de nacimiento, que entrelaza nuestra cultura, resistencia, poder y comunidad. Hoy, este derecho está amenazado. Las empresas están despojando a los agricultores africanos de su capacidad de guardar, vender e intercambiar sus semillas.


Sembrando agroecología

Las soluciones a los problemas de nuestro sistema alimentario ya existen desde hace miles de años. Las prácticas agrícolas tradicionales de los agricultores -como la agroecología- favorecen el medio ambiente, son más saludables para todos los implicados y producen rendimientos comparables a los de la agricultura industrial (e incluso mayores en condiciones climáticas extremas).

Debemos apoyar a los agricultores y luchar por su soberanía sobre sus semillas, sus tierras y sus sistemas alimentarios.


Un derecho de nacimiento


Una canción de semillas

El gobierno argentino llega alineado con el agronegocio a la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de Naciones Unidas. Aunque la convocatoria diplomática internacional propone, en lo discursivo, “introducir cambios” en el modelo agropecuario, la Cancillería y el Ministerio de Agricultura adoptaron las propuestas del sector empresario con nula participación de pequeños productores, campesinos e indígenas. Los cambios de Gabinete no modifican la posición.

 

Foto: MNCI-Somos Tierra

Por Nahuel Lag | Agencia Tierra Viva

“Fortalecer los Sistemas Alimentarios para el Desarrollo Sostenible”. Con ese título, la Cancillería, encabezada por el ex canciller Felipe Solá, convocó en mayo pasado a tres jornadas de “diálogos” preparativos para la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios que ocurrirá este jueves 23 de septiembre. El 14 de septiembre, en su último llamado a la acción, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, habló de “introducir cambios en nuestra manera de producir, procesar y consumir los alimentos” y destacó el “notable proceso de participación” del encuentro que ocurrirá en paralelo a la Asamblea General. Las conclusiones de los diálogos ocurridos en la Argentina no se hicieron públicas ni tampoco se conocieron las organizaciones invitadas. A través de un pedido de información pública, Agencia Tierra Viva accedió a los lineamientos surgidos de esos encuentros, que guiarán el debate de la Argentina en la Cumbre: intensificar el modelo agroindustrial con biotecnología y “agtech”; cuestionar el impacto de la ganadería intensiva en la crisis climática y ausencia de las propuestas de los movimientos campesinos e indígenas y de las organizaciones de la sociedad civil que promueven una transición a la agroecología.

A pesar del énfasis puesto en la comunicación oficial de la ONU para señalar a la Cumbre como “culminación de un proceso global inclusivo”, las denuncias sobre la exclusión del debate y falta de transparencia hechas por los movimientos campesinos, indígenas y de la sociedad civil fueron una constante a lo largo del proceso “participativo” iniciado a fin de 2020. La Vía Campesina y el Relator sobre el Derecho a la Alimentación de la ONU, Michael Fakhri, lo hicieron desde un inicio, poco después de que la convocatoria surgiera como parte de un denunciado acuerdo con el Foro Económico Mundial. La otra voz que se alzó contra la organización de la cumbre y decidió desistir de participar de los encuentros oficiales, que se desarrollarán exclusivamente de forma virtual, fue el Mecanismo de la Sociedad Civil y Pueblos Indígenas —que integra la estructura del Comité de Seguridad Alimentaria de la FAO—. En julio pasado, cuando se dio la PreCumbre, lanzó la campaña “Sistemas Alimentarios para los Pueblos”, con un duro posicionamiento. En estos días se continuarán desarrollando actividades en oposición a la cumbre.

La posición de la Argentina —conducida por el ex canciller Felipe Solá hasta el fin de semana pasado— no desentonó con las denuncias globales sobre la cooptación de los actores corporativos del agronegocio. Los “diálogos” convocados en mayo como parte de la organización de la Cumbre fueron anunciados, pero no así las organizaciones que participaron ni las conclusiones alcanzadas como parte de los ejes que el país llevará a la cumbre. Esta Agencia solicitó varias veces esa información a la Cancillería, pero solo tuvo respuesta a través de un pedido de información pública.

El resultado de los diálogos son 13 páginas de apuntes sueltos de las jornadas realizadas los días 18, 19 y 21 de mayo, pero en los que se nota la fuerte impronta del sector del agronegocio en los tres ejes propuestos por la Cancillería, a tono con el “greenwashing” (lavado de imagen) que denuncian quienes han decidido no participar de la cumbre:  «El futuro del sistema agroalimentario argentino: oportunidades y desafios», «Prácticas y experiencias de producción sostenible para compartir con el mundo» y «Sistemas alimentarios sostenibles para dietas saludables».

La lista de invitados para los diálogos se trató de medio centenar de cámaras empresarias del sector agroalimentario —como la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal), la Cámara Argentina de Feedlot, y asociaciones y cámaras de cítricos, yerba y vino, entre otros. También participaron representantes de la Mesa de Enlace —como la Sociedad Rural Argentina (SRA) y la Confederaciones Rurales Argentinas (CRA)—  y asociaciones referentes del actual modelo del agronegocio, como la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), la Asociación de la Cadena de Soja Argentina (Acsoja) y Maizar. El sector cooperativo solo estuvo representado por la Asociación Cooperativas Argentinas (ACA). En la lista de convocados al “diálogo” es total la ausencia de los movimientos campesinos e indígenas, las organizaciones sociales y académicas que impulsan la agroecología.

Los objetivos del mismo desarrollo

 

Según la convocatoria del Secretario General de la ONU, la cumbre debería brindar las soluciones para un cambio en los sistemas alimentarios que permitieran avanzar en la concreción de los Objetivos de Desarrollo 2030 y saltar la crisis alimentaria profundizada por la pandemia de Covid-19. Abordar el hambre, el cambio climático, la pobreza y la desigualdad está en la esencia de los objetivos mencionados. La FAO, en su documento de cara a la Cumbre, reconoció que “el número de personas que padecen hambre ha aumentado en los últimos cinco años y actualmente asciende a 811 millones de personas”.

Sin embargo, y a pesar de emitir un reciente documento para impulsar legislaciones que favorezcan la agroecología en América Latina, la FAO es denunciada por su vínculo con corporaciones como Google, Amazon y Microsoft para acaparar la incorporación de las tecnologías en el agro. “Tecnología, innovación, datos y ‘complementos’”, es la propuesta de la FAP para la Cumbre.

El documento surgido de los “diálogos” en la Cancillería argentina se manifiesta a tono con la defensa del actual modelo y su profundización a través de la incorporación de tecnología. Entre las líneas de acción hacia la cumbre se pueden leer varios fragmentos que rechazan cualquier salida del agronegocio. “El camino que plantea la Cumbre ya lo venimos recorriendo. El proceso empezó en la Argentina a mediados de los años 80, a partir del interés por mejorar los suelos y un progreso importante fue la introducción de la siembra directa (SD) y luego con la sustitución de agroquímicos a través de semillas mejoradas. Hoy, el 90 por ciento de la producción se realiza con SD y un gran porcentaje de la producción con semillas que permiten reducir el uso de agroquímicos”, señala el documento de Argentina.

El análisis sin cuestionamiento al actual modelo planta bandera en el documento surgido de los “diálogos”, a pesar de ser contradictorio con los datos reales sobre sustentabilidad de los suelos, el incremento de uso de agroquímicos y la innovación en semillas como el trigo transgénico HB4, que trae aparejado el uso de agrotóxicos más potentes, como el glufosinato de amonio.

Además el documento plantea una mirada crítica respecto de las posiciones que pueden traer los países europeos, donde se avanza en las prohibiciones del modelo atado al paquete químico, y se pone como objetivo: “Contrarrestar una visión en exceso europea en el marco de la Cumbre y reforzar una visión desde otros contextos geográficos como el que nosotros representamos”.

¿Y cómo sería esa visión? Un modelo agroexportador de commodities que se refleja en apuntes como “consensos públicos-privados que permitan un mejor acceso a los mercados internacionales” y reivindicar las alianzas con países productores de soja como Estados Unidos y Brasil. En este sentido, el documento expone el tono de los diálogos y la defensa del modelo agroexportador por encima del objetivo de paliar el hambre con alimentos saludables.

“El enfoque de Naciones Unidas, en particular de la Cumbre, parece estar orientado a modificar las dietas alimentarias en el mundo. Se considera, en cambio, que la Cumbre debería priorizar el acceso a los alimentos en calidad y cantidad, es decir priorizar la ‘seguridad alimentaria’. Para ello se deben fomentar modos de producción que atiendan la sostenibilidad en los tres pilares: social, económico y ambiental, así como modos de comercialización donde el comercio internacional juega un rol central”, sostiene.

“Nuestra economía necesita dólares. Nuestra producción necesita ser sustentable (siembra directa y producción de bajo impacto)”, insisten en el diálogo del sector del agronegocio, entre otras reflexiones, respecto de un modelo cuestionado sobre su posible sostenibilidad, pero que se defiende sin ocultamientos en el documento: “Se deben eliminar algunos prejuicios sin bases científicas que limitan el desarrollo. Las regulaciones se deben basar en el conocimiento científico y no en cuestiones ideológicas o en intereses sectoriales”.

Y se deja en claro el camino que respaldan las cámaras empresarias para continuar profundizando el actual sistema alimentario: “Incrementar la eficiencia productiva de todo el sistema agroalimentario tanto en lo productivo como en el comercio. Hay que destacar los avances en materia de edición genética y defender el uso de la biotecnología ante los mercados que la cuestionan”. Agricultura digital, con tecnologías blockchain (software para el manejo del campo), para la aplicación de agroquímicos y fertilizantes. Ese es el modelo a futuro que surge de los representantes del agronegocio convocados a los diálogos de la Cancillería de cara la Cumbre.

El ex ministro de Agricultura Luis Basterra sostuvo la postura del agronegocio – Foto: Telam

Una posición oficial previsible a favor del actual sistema alimentario

 

La crisis política generada por el resultado de las elecciones de las PASO decantó en cambios en el Gabinete que inciden en el debate sobre el futuro de los sistemas alimentarios. La Cancillería y el Ministerio de Agricultura son las carteras claves involucradas en estos debates. Felipe Solá fue reemplazado por Santiago Cafiero, tras su salida como jefe de Gabinete; mientras que en Agricultura el nuevo ministro es Julián Domínguez —quien ya ocupó ese rol entre 2009 y 2011— en reemplazo de Luis Basterra. En su primera intervención pública Domínguez anunció “Necesitamos incrementar la producción y calidad con menor huella ambiental, sanidad e inocuidad”.

El objetivo de incrementar la producción fue cifrado en 70 millones de toneladas de soja. El flamante Ministro eligió para su primera aparición pública un conversatorio de la  Asociación de la Cadena de Soja Argentina (Acsoja) —organización presente en los “diálogos” organizados por la Cancillería—. El modelo atado al paquete agroquímico y las semillas transgénicas persiste y Domínguez se encargó ayer de reafirmarlo: «Esta agricultura moderna nos permite mostrar resultados frente al dilema de la seguridad alimentaria, y de atención de múltiples mercados y demandas». La elección de la palabra «seguridad alimentaria» y no «soberanía alimentaría» marca la continuidad de la política agropecuaria.

El Gobierno dejó un camino de pistas sobre su posición. Antes de la Cumbre hubo dos debates claves dentro del sistema ONU. Se trató de la aprobación de las Directrices Voluntarias sobre los Sistemas de Alimentación y Nutrición, un debate de cuatro años en el que la Argentina actuó en bloque con los países agroexportadores para bloquear cualquier posibilidad de cambio. En ese debate, la posición oficial fue solicitar ajustar los parámetros de “inocuidad alimentaria” al sistema de comercio internacional —permisivo con los residuos de agrotóxicos— y minimizar el rol de los mercados de producción local para la agricultura familiar.

El otro debate fue el de las “Recomendaciones políticas sobre enfoques agroecológicos y otros enfoques innovadores”. Allí la oposición de la Argentina también fue en bloque con el resto de los países agroexportadores y se notó desde el título de un documento que debía debatir sobre “agroecología” y se forzó a poner “otros enfoques innovadores”, para poder incorporar allí el mercado de las Agtech (nuevas tecnologías del agronegocio). En mayo pasado, pocos días antes de que la Cancillería convocara a los “diálogos” preparativos para la cumbre, una carta firmada por 2600 organizaciones solicitó a Solá y Basterra un cambio de posición.

Basterra tuvo su último participación en torno a la cumbre en julio pasado, cuando viajó a Roma para la PreCumbre organizada por la ONU. Allí la posición del Ministerio de Agricultura fue otra vez actuar en bloque con los países agroexportadores para mantener el diseño del actual sistema alimentario. La posición se consolidó en una presentación conjunta a través del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). El documento conjunto resalta que en materia de “estrategias de producción y asuntos ambientales” se debe avanzar en el “aprovechamiento de las innovaciones en ciencia y tecnología, la digitalización y la bioeconomía, entre otros aspectos”.

Todas estas negociaciones estuvieron comandadas por el subsecretario de Coordinación Política, Ariel Martínez, y por el embajador argentino ante la FAO, Carlos Cherniak, quienes hasta el momento continúan en sus cargos. Martínez acompañó el viernes pasado a Basterra en su último acto oficial como funcionario. Fue en la cumbre de Ministerio de Agricultura del G20 en Florencia, Italia. En su intervención, el subsecretario de Coordinación Política resumió la posición del Gobierno: «En Argentina, estamos convencidos que nuestros sistemas son parte de la solución, no del problema, aun cuando haya cosas por mejorar.»

Protesta frente a la cancilleria.
Manifestación frente a la Cancillería por sus políticas a favor del agroneogcio – Foto: Subcoop

 

Sin voz para otro modelo

 

Mientras 2600 organizaciones decían presente en una carta pública para pedir al Gobierno un giro hacia la agroecología, la Cancillería no registraba la existencia de esas organizaciones en sus “diálogos” para la Cumbre. En la lista de convocados a las que accedió Agencia Tierra Viva solo se registran dos excepciones a la amplia convocatoria centrada en el actual modelo del agronegocio.

Una es la del Mercado Central de Buenos Aires (MCBA), presidido desde marzo de 2020 por el coordinador nacional de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), Nahuel Levaggi, que impulsa un modelo de producción agroecológico, con acceso a la tierra para los pequeños productores y la creación de mercados de cercanía con alimentos sanos y a precio justo del productor al consumidor. Sin embargo, desde la UTT confirmaron que -a pesar de figurar en la lista- no existió participación en esas jornadas de “diálogo”.

La otra excepción de la lista es la del Movimiento de Productores Orgánicos (MAPO), lo que explica que en solo un párrafo de 13 páginas de conclusiones figure la palabra “Agricultura regenerativa”. La palabra “agroecología” está ausente en todo el documento, a pesar de que el Gobierno creó bajo la órbita del Ministerio de Agricultura, la Dirección de Agroecología.

Entre las pocas concesiones a otros modelos de producción presentes en el documento figura en algunos apuntes como “transición hacia la sostenibilidad en los sistemas productivos”, sobre los que se marca “deben ser graduales” y ponen en el plano de “alternativo” el fomento a las cadenas cortas de comercialización, aunque se reconoce “los aspectos positivos en las dimensiones ambiental, social y económica”.

Al hablar de “dietas saludables”, la impronta marcada por los sectores del agronegocio en el documento otorga esas tareas a la educación y las iniciativas individuales, disociadas de un modelo productivo integral. “Se indicó la importancia de generar huertas en las familias y la capacitación en las escuelas para lograr hábitos saludables para, en alguna medida, complementar la nutrición y la seguridad alimentaria”, concede el documento elaborado por la Cancillería.

Y tampoco se escapa de un debate demorado y transversal a los sistemas alimentarios. “Se remarcó la relevancia de avanzar en un sistema de rotulado frontal en favor de una alimentación saludable”, se reconoce en el documento, donde también se olfatea la presencia de la Copal en aclaraciones cómo “informe adecuadamente sobre las características de los alimentos sin demonizarlos”, frase usado por el lobby de la industria alimenticia que aún resiste la aprobación de la Ley de Etiquetado en el Congreso.

¿Qué Cambió Climático?

 

En otra de sus expresiones al convocar la Cumbre, António Guterres señaló la necesidad de modificar los sistemas alimentarios por tratarse de «una de las principales razones por las que no nos mantenemos dentro de los límites ecológicos de nuestro planeta». Las razones fueron claramente expuestas en el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y enumeradas por Guterres: emiten alrededor de un tercio de los gases de efecto invernadero; causan la deforestación y provocan alrededor del 80 por ciento de la pérdida de biodiversidad. El principal gas de efecto invernadero emitido por los sistemas alimentarios está en la ganadería, en particular, la ganadería intensiva: se trata del metano.

Los representantes del agronegocio argentino convocados por la Cancillería rozan el negacionismo. Los documentos preparativos para la Cumbre cuentan con reflexiones como: “Hay que propugnar en ámbitos internacionales, como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climatico (IPCC), por el uso de sistemas de medición de capturas de carbono y no solo de emisiones, lo que contribuiría a limitar la hostilidad contra el comercio y consumo de carnes. Que el metano no se considere como equivalente a dióxido de carbono”.

La idea de “huella de carbono” y “huella hídrica” propuesta por los representantes del agronegocio ponen como ejemplo a la industria forestal que busca sistemas de compensación, pero no de reducción de emisiones. La política es conocida como el “cero neto” y es una estrategia impulsada por la industria petrolera. Según el último inventario de emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs) local, en la Argentina un 37 por ciento de las emisiones provienen de la agricultura, ganadería, silvicultura y otros usos de la tierra, mientras que el 53 por ciento proviene del sector energético.

“Es necesario que se modifiquen los sistemas de medición en ganadería, que solo consideran emisiones de GEIs y no el secuestro de carbono. En ese caso, el balance sería positivo. Se debe considerar el ecosistema en su conjunto y no solo a la producción animal”, insisten los representantes del agronegocio en el documento de la Cancillería y agregan en otro apartado: “Tenemos muchas demostraciones de que la Argentina tiene muchos servicios ecosistémicos. Lo importante es quién y cómo los miden”.

La misma posición se sostiene en torno a los impactos del modelo de agricultura intensiva atada al paquete agroquímico. “Es necesario revertir una imagen negativa que no tiene fundamentos sólidos, evitando la difusión de falacias o verdades a medias”, señalan. E incluso proponen como objetivo de debate en la Cumbre “armonizar criterios en lo que se considere ‘positivo para la naturaleza’”.

La preocupación por demostrar “sostenibilidad” tuvo un bloque de debate especial a lo largo de las tres jornadas convocadas y se denominó «Prácticas y experiencias de producción sostenible para compartir con el mundo». ¿Qué experiencia se destacaron? La Red de Buenas Prácticas Agropecuarias (PBA), la Plataforma Agroideal y el Acuerdo entre las estatales INTA y Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA) con las asociaciones Aapresid y la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea). Aapresid y Aacrea —pilares del actual modelo de paquete químico— figuran como “referencia” en el documento en los segmentos en los que se puntean las conclusiones respecto de la “producción sostenible para compartir con el mundo”.

Otra referencia particular es una dirección web creada por la ONG estadounidense The Nature Conservancy, que participó de los “diálogos”. La web ofrece datos digitalizados sobre los biomas de la Amazonía y del Chaco argentino para la producción de soja y ganadería. En los últimos 20 años, la Argentina perdió 6,5 millones de hectáreas de bosques nativos por el avance de la frontera sojera y ganadera. El 87 por ciento en la Región Chaqueño, el segundo foco de desmonte más grande de Sudamérica (luego del Amazonas).

El 23 de septiembre será el momento de la cita en la ONU. La promesa es una “cumbre popular y cumbre de soluciones, que ha reconocido que todos, en todas partes, deben actuar y trabajar juntos para transformar la forma en que el mundo produce, consume y piensa sobre los alimentos”. La Argentina no muestra señales para ir hacia ese camino.

 

 

 

* Este artículo forma parte de la serie «Recuperando la narrativa de los sistemas alimentarios», que cuenta con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo.

Por Fernando Frank para Acción por la Biodiversidad

 

El 11 de octubre de 2020, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, por medio de la Resolución 216, aprobó la “Iniciativa doscientos millones (200.000.000) de Toneladas de Cereales, Oleaginosas y Legumbres”, cuyo subtítulo es “Reactivación agropecuaria y agroindustrial para una Argentina de Pie”. El plan consiste en llevar la producción a 200 millones de toneladas antes de 2030 y “sentar las bases de un nuevo escenario nacional de alto dinamismo para la inversión en agregado de valor” que multiplicaría por tres el valor de las exportaciones.

La iniciativa confirma una tendencia de apoyo estatal a los agronegocios, con la confianza en el aumento de los volúmenes de producción como forma de solucionar problemas económicos y sociales.

Con la crisis sistémica que estamos atravesando como excusa, plantean un conjunto de políticas públicas que consideramos preocupantes, ya que implican una serie de amenazas a la Soberanía Alimentaria.

Este informe pertenece a la serie «Amenazas a la soberanía alimentaria en Argentina» realizada por Acción por la Biodiversidad en América Latina y el Caribe con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo.

 

– Para descargar el informe completo (PDF), haga clic aquí


#Podcast

En este tercer episodio de la serie «Amenazas a la soberanía alimentaria en Argentina», dialogamos sobre la “Iniciativa 200 millones de Toneladas de Cereales, Oleaginosas y Legumbres” para dilucidar qué se esconde detrás del discurso de la “reactivación económica” y qué posibles consecuencias traería a la agricultura que sí nos da de comer.

Entrevistamos a Nora Tamagno, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La Plata e integrante de la Multisectorial contra la ley de semillas en Argentina y a Diego Montón, referente del Movimiento Nacional Campesino Indígena – Somos Tierra.

En este episodio, nos explican de qué se trata la iniciativa que pretende producir 200 millones de toneladas de granos antes del año 2030, qué tipo de apoyo estatal se busca desde el Consejo Agroindustrial Argentino, cuáles son sus intereses y las consecuencias que traería en los territorios este aumento descomunal del volumen de producción. Desde diversos espacios, Nora y Diego nos invitan a pensar otro modelo de producción posible y necesario para poder superar la crisis en la que nos encontramos.

Producción: Marcha y Acción por la Biodiversidad.

Edición y entrevistas: María Eugenia Waldhüter.


Animación

En estas animaciones te contamos qué se esconde detrás de la “reactivación agropecuaria», quienes la impulsan, las posibles consecuencias en los territorios campesinos y nuestra alimentación y por qué es necesario el fortalecimiento de la Agroecología y de la Soberanía Alimentaria.

¿Sabías de que se trata la iniciativa doscientos millones (200.000.000) de toneladas de Cereales, Oleaginosas y Legumbres?

La iniciativa surgió del llamado “Consejo Agroindustrial Argentino” que está conformado por muchos sectores de los agronegocios que tienen el objetivo de lograr aplicar políticas públicas que favorezcan sus intereses.

El Consejo Agroindustrial Argentino y la iniciativa 200 MT muestran un optimismo productivista que asume que los problemas económicos, sociales, ambientales y sanitarios son fácilmente resolubles por medio de las tecnologías de la agricultura industrial. Para ello, plantean una serie de demandas del sector muy claras y fuertes, vinculadas con el otorgamiento de subsidios, directos e indirectos.

#SanoSeguroySoberano es una serie de podcasts, una propuesta iniciada durante el 2020, dedicada a la Agroecología realizada por el Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe. En esta Segunda Edición con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo.

Nuestros territorios en ALyC están en disputa permanente. Las grandes empresas de los monocultivos, nacionales y transnacionales, y la mega minería amenazan constantemente la continuidad de las comunidades indígenas, campesinas, de agricultore/as familiares y pescadore/as en la producción, recolección y consumo de alimentos saludables acordes a su cultura de manera sustentable. Aún en esos contextos las organizaciones despliegan acciones de defensa y estrategias de resguardo de nuestra biodiversidad a través de prácticas agroecológicas y solidarias camino a la Soberanía Alimentaría.

Recorriendo el continente, la serie relatará las múltiples amenazas a los pueblos y territorios, y las diversas acciones y estrategias de miles de defensores y defensoras de nuestros bienes comunes.


EP: 01 Defensa del territorio.

El primer episodio «Defensa del Territorio» relata, a través de testimonios de Paraguay, Brasil, Misiones y Corrientes, los múltiples problemas en el acceso a los bienes naturales como la tierra y el agua que impiden y limitan a las y los campesinos, indígenas, agricultores familiares llevar adelante los procesos productivos de manera sustentable, profundizados aún más por la pandemia.

Producción: Movimiento Latinoamericano de Agroecología (MAELA)
Guión y edición: Maria Eugenia Waldhüter
Locución: Flavia Medici
Ilustración: Gabriel Keppl


 EP: 02 Defensa del territorio. Segunda parte

En esta segunda parte del episodio “Defensa del Territorio” continuamos compartiendo las voces de campesinas, campesinos y las comunidades sobre sus estrategias y luchas para defender sus territorios y garantizar una alimentación sana y soberana.

Producción: Movimiento Latinoamericano de Agroecología (MAELA)
Guion y edición: Maria Eugenia Waldhüter
Locución: Flavia Medici
Ilustración: Gabriel Keppl

Agradecemos la participación de las organizaciones campesinas e indígenas que nos brindaron sus testimonios.


 EP: 03 Biodiversidad y semillas. Primera parte

En esta primera parte del episodio: Biodiversidad y semillas, continuamos compartiendo las voces de las campesinas, campesinos,  indígenas y de las comunidades sobre sus estrategias y luchas para defender sus semillas, que son la base para  garantizar una alimentación sana y soberana. 

Guion y Producción: Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe (MAELA)
Realización: María Eugenia Waldhüter
Locución: Flavia Medici
Ilustración: Gabriel Keppl

 Agradecemos la participación de las organizaciones campesinas e indígenas que nos brindaron sus testimonios.


EP:04 Biodiversidad y semillas. Segunda parte 

En esta nueva entrega, compartimos algunas reflexiones de compañeras y compañeros de MAELA que resisten y luchan en defensa de la Pacha Mama, nuestra Madre Tierra y de nuestros derechos como pueblo resguardando y protegiendo nuestras semillas nativas y criollas para garantizar una alimentación sana, segura y soberana.

Guión y Producción: Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe (MAELA)
Realización: María Eugenia Waldhüter
Locución: Flavia Medici
Ilustración: Gabriel Keppl

Agradecemos la participación de las organizaciones campesinas e indígenas que nos brindaron sus testimonios.

 


EP:05 Educación Popular – Agroecología en nuestros territorios

La agroecología da una importancia especial a la educación popular y al diálogo de saberes como herramientas para la transformación. Revaloriza los conocimientos y prácticas de las comunidades, su intercambio y su socialización. Por muchos años las campesinas y los campesinos se han organizado para avanzar con diferentes estrategias, articulando entre las organizaciones, con las universidades o con instituciones del Estado llevando a cabo en los territorios innumerables talleres, seminarios, diplomaturas, pasantías, y experiencias virtuales de formación.

En este episodio contamos diversas experiencias que durante la pandemia, y más allá de ella, buscaron fortalecer los procesos agroecológicos en los territorios a través de la educación.

Guión y Producción: Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe (MAELA)
Realización: María Eugenia Waldhüter
Locución: Flavia Medici
Ilustración: Gabriel Keppl

Agradecemos la participación de las organizaciones campesinas e indígenas que nos brindaron sus testimonios.


EP:06 Educación Popular – Agroecología en nuestros territorios – Segunda parte

Por muchos años las campesinas y los campesinos se han organizado para avanzar con diferentes estrategias educativas que buscan recuper

ar y revalorizar conocimientos ancestrales y prácticas de las comunidades. De esta forma, se busca generar espacios de reflexión e intercambios de experiencias locales y regionales, que ponen en el centro de las prácticas educativas el hacer, el encuentro y la construcción de soberanía sobre nuestros cuerpos, alimentos y territorios.

En este episodio contamos diversas experiencias que durante la pandemia, y más allá de ella, buscaron fortalecer los procesos agroecológicos en los territorios a través de la educación.

Guión y Producción: Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe (MAELA)
Realización: María Eugenia Waldhüter
Locución: Flavia Medici
Ilustración: Gabriel Keppl

Agradecemos la participación de las organizaciones campesinas e indígenas que nos brindaron sus testimonios.

 

 

 


EP:07 Mujeres y Agroecología. Primera parte

Vivimos en una sociedad capitalista, neoliberal y patriarcal que invisibiliza el rol histórico que las mujeres han desarrollado durante muchos años en el cuidado de la vida y la salud de nuestra Madre Tierra. La defensa de la biodiversidad, la preservación de las culturas, de las semillas que garantizan la alimentación saludable ha estado y está en manos de las mujeres. Saberes y haceres que continúan en la actualidad. Por eso, para MAELA y la Fundación Rosa Luxemburgo es muy importante echar luz sobre el trabajo de las mujeres, sus conflictos, sus luchas y sus sueños.

Desde la diversidad de sus experiencias y territorios las compañeras nos comentan por qué es importante la agroecología y cómo es la división  sexual del trabajo en sus sistemas de producción y reproducción de la vida.

 

Guión y Producción: Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe (MAELA)
Realización: María Eugenia Waldhüter
Locución: Flavia Medici
Ilustración: Gabriel Keppl

Agradecemos la participación de las organizaciones campesinas e indígenas que nos brindaron sus testimonios.


EP:08 Mujeres y Agroecología. Segunda parte

En este último capítulo del 2021, seguimos compartiendo experiencias y sentires de las mujeres campesinas-indígenas de nuestra región, quienes defienden la biodiversidad, preservan y multiplican las semillas nativas y criollas, se organizan y resisten contra el avance de los extractivismos en los territorios,  garantizando una alimentación sana, segura y soberana. Saberes y haceres ancestrales,  que continúan en la actualidad.

 

Guión y Producción: Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe (MAELA)
Realización: María Eugenia Waldhüter
Locución: Flavia Medici
Ilustración: Gabriel Keppl

Agradecemos la participación de las organizaciones campesinas e indígenas que nos brindaron sus testimonios.

Las “AgTech” son un paquete  de tecnologías “de punta” que un grupo de empresas, fundaciones, académicos y Estados promueve como grandes soluciones para los problemas actuales de la agricultura y alimentación.En este informe revisaremos, en una primera parte, cuáles son las tecnologías, quiénes las promueven y qué políticas públicas quieren imponer en Argentina. Desde una visión crítica, expondremos y argumentaremos sobre las condiciones de trabajo, el uso de energía y materiales, las regulaciones y subsidios, el papel de la ciencia y los discursos empresariales.Consideramos que los agronegocios proponen falsas soluciones como fachada para aumentar el volumen de su producción e incrementar la concentración corporativa. Para cada uno de los problemas, con la soberanía alimentaria y la agroecología como horizontes, los caminos hacia las soluciones están claros.

Este informe pertenece a la serie «Amenazas a la soberanía alimentaria en Argentina» realizada con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo.

– Para descargar el informe completo (PDF), haga clic aquí. 

 


#Podcast 

En este segundo episodio de la serie «Amenazas a la soberanía alimentaria en Argentina», dialogamos sobre qué son las AgTech, quienes las impulsan y qué intenciones hay detrás de la innovación digital en la cadena agroindustrial.

 

Conversamos sobre este tema con Verónica Villa, miembro del grupo ETC de la oficina de México, y con Fernando Frank, ingeniero agrónomo argentino e integrante de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria y Bioética del Sur (CALISA Biosur) de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL).

En este episodio nos explican qué son las Agtech desde una mirada crítica, quienes son los actores detrás de esta nueva avanzada corporativa, cuáles son las consecuencias en las condiciones de trabajo, las regulaciones estatales y el desarrollo de la ciencia. Desde una mirada global junto a Verónica, y desde la Argentina de la mano de Fernando, abordamos las promesas de las Agtech y las resistencias que se construyen frente a un modelo cada vez más poderoso y concentrado.

Para mayor información sobre qué son las Agtech y qué consecuencias traerán en la producción de alimentos, te invitamos a leer el informe AgTech en Argentina. Nuevas tecnologías, viejas promesas

Producción: Marcha y Acción por la Biodiversidad.

Edición y entrevistas: María Eugenia Waldhüter.

*Este podcast pertenece a la serie «Amenazas a la soberanía alimentaria en Argentina», realizada con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo.


Animación

En estas animaciones te contamos qué son las Agtech, quiénes impulsan estas innovaciones digitales en la agroindustria y sus verdaderas intenciones, por que una vez más, el agronegocio intenta avanzar en el control efectivo de qué y cómo se produce y se consume.

¿Habías escuchado hablar de las AgTech o de agricultura digital?

Las “AgTech” son un paquete  de tecnologías “de punta” que un grupo de empresas, fundaciones, académicos y Estados promueve como grandes soluciones para los problemas actuales de la agricultura y alimentación.

La digitalización del campo y el uso de herramientas de la información parecerían, a simple vista, un paso más en el proceso de automatización de la agroindustria y una mejora en las capacidades de producción y rendimiento. El problema se vislumbra cuando se indaga en quienes promueven estas innovaciones, para qué y qué impactos producen.

Para cada uno de los problemas que el mismo modelo crea, con la soberanía alimentaria y la agroecología como horizontes, los caminos hacia las soluciones están claros.

La activista sueca participó del primer programa radial conducido por Enrique Viale  (Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas), Nicole Becker y Bruno Rodríguez (ambos de Jóvenes por el Clima) que se emite todos los sábados  las 16 hs por Futurock.FM y cuenta con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo.

Permitido pisar el pasto  desarrolla temáticas ambientales que incluyen el objetivo de lograr un futuro más sostenible y socialmente justo. El programa propone disputar sentidos, afirma Viale, porque “nos parece fundamental repensar un montón de cosas que se dan por sentado y que en lo cotidiano, muchas veces no podemos pensarlas. Buscamos, como se dice, dar una vuelta de tuerca entre reflexionar colectivamente y poder informarnos de cosas que sin darnos cuenta nos afectan, y mucho. Pero con dinamismo para que no sea un embole. Son dos horas que nos pasan volando”. (Extraido de «Por un ambientalismo intergeneracional, popular y en movimiento» en Diario Tiempo Argentino)

 

Pueden escuchar el diálogo con Greta aquí:

 

¿Querés conocer más del programa?

Acá te dejamos todos los episodios.

Una mirada tras bambalinas del comercio internacional de los ingredientes activos en plaguicidas

 

Las dos empresas agroquímicas alemanas han desarrollado y comercializado ingredientes activos de plaguicidas altamente peligrosos que causan daños para la salud de las y los agricultores y trabajadores agrícolas en Brasil, México y Sudáfrica.

 

En un nuevo estudio, la Fundación Rosa Luxemburgo, INKOTA-netzwerk y PAN Alemania muestran que Bayer y BASF son responsables de la comercialización y, en algunos casos,  desarrollo de al menos 33 ingredientes activos para la fabricación de plaguicidas que suponen un peligro para la salud humana. Muchos de estos ingredientes activos tinen un efecto letal, incluso en dosis bajas, y otros son probablemente carcinógenos, mutágenos o tóxicos para la reproducción. En Brasil, México y Sudáfrica, se pueden encontrar al menos ocho de estos ingredientes activos en el catálogo de Bayer o BASF. Entre ellos están el glufosinato y el espirodiclofeno.

 

En Sudáfrica, las dos empresas agroquímicas alemanas comercializan en sus propios productos plaguicidas un total de seis ingredientes activos que están prohibidos en la UE debido a sus graves riesgos asociados para la salud. En Brasil y México hay siete y cinco ingredientes activos presentes en los productos de Bayer y BASF, respectivamente. Las ventas se realizan a expensas de la salud de las y los agricultores y trabajadores agrícolas en el sur global. En las regiones vinícolas de la provincia del Cabo Occidental, en Sudáfrica, se utiliza el insecticida Tempo SC de Bayer a gran escala. Este contiene ciflutrina(-beta), un ingrediente activo muy peligroso que es letal a dosis muy bajas. En algunas explotaciones agrícolas, las temporeras son enviadas a los viñedos incluso mientras se rocían y aplican los plaguicidas altamente peligrosos en los campos.

 

Aunque Bayer se comprometió públicamente en 2013 a no comercializar ingredientes activos de toxicidad extrema y muy alta (clases 1A/1B de la OMS), esto aún ocurre. Un ejemplo es que Bayer aún suministra el ingrediente activo fenamifos a Brasil, el cual es procesado allí por otra empresa y comercializado con el nombre de NEMACUR. A pesar de la gran falta de transparencia en el mercado internacional de plaguicidas, los autores y las autoras del estudio lograron demostrar el comercio de este ingrediente activo altamente peligroso de Bayer. Aunque Bayer no vende directamente productos plaguicidas que contienen  fenamifos, este ingrediente activo llega al mercado brasileño a través de los productos plaguicidas de otros fabricantes.

 

Para acabar con los dobles estándares del comercio internacional de los ingredientes activos de plaguicidas, es necesario, entre otras cosas, prohibir la producción, el almacenamiento y el comercio de ingredientes activos altamente peligrosos a nivel global.

 

“Los dobles estándares respecto a los agrotóxicos de Bayer y BASF” es un estudio conjunto de la Fundación Rosa Luxemburgo, INKOTA-netzwerk y PAN Alemania

 

Pueden descargar el PDF aquí.