Nos enseñaron que E=Energía. Pero no nos dijeron qué tipo de Energía ni para quién estaba orientada. Hoy en todo el mundo su producción genera conflictos y el consumo energético reproduce las desigualdades propias del actual sistema económico. A esto se suma la desmedida quema de combustibles fósiles que alimenta la peor crisis que hoy afrontamos: el cambio climático.

Pero de las entrañas a la crítica de este sistema surgen en distintos territorios otras formas de producir, gestionar y consumir la Energía. De eso se trata E, la narración de una serie de experiencias que construyen su propio devenir haciendo un camino soberano hacia ese horizonte que es la transición energética.

 

Amstrong

En Amstrong, Provincia de Santa Fe, una cooperativa eléctrica decidió tomar en sus manos la producción de electricidad y a través de una alianza con organismos del Estado, construyó su propio parque eólico e instaló sistemas de autoproducción en veinte casas de la localidad. Este proceso de generación distribuida acerca los centros de producción con los de consumo de energía, así como lleva a nivel local la decisión de qué energía se produce y para qué.

 

Uruguay

Uruguay inició hace una década una verdadera revolución energética, transformando casi la totalidad de su sistema eléctrico en uno basado principalmente en eólicas e hidroeléctricas. Sin embargo dicho proceso significó el ingreso de diversas empresas privadas que transformaron en un negocio el sistema de generación eléctrica, antes monopolizado por la empresa estatal UTE. ¿La transición energética solo es un recambio de fuentes?

 

Cutral Có

En Cutral Có, un laboratorio del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) realiza mediciones de aerogeneradores de baja potencia al mismo tiempo que ha impulsado la instalación de estos “molinos” en zonas rurales alejadas de las redes eléctricas que cubren las zonas urbanas. La falta de un impulso público más sistemático, sumado a las dificultades de apropiación por parte de las comunidades locales hacen que estos programas aún sean muy reducidos. Sin embargo este proceso muestra que se puede realizar una producción de energía limpia, controlada por el Estado, que llega a poblaciones históricamente marginadas.

 

Comodoro Rivadavia

Comodoro Rivadavia es una ciudad construida sobre un yacimiento hidrocarburífero. Su centenaria historia, recorrida de la mano con la explotación petrolera, muestra que los únicos derrames son de hidrocarburos. Las desigualdades que aparecen en este territorio están latentes, a partir de una industria que ordena la vida de quienes lo habitan. En esas condiciones, Comodoro pareciera ser una metáfora del mundo, en donde los impactos de la combustión de combustibles fósiles está llegando a un punto crítico para el ambiente, y ha generado profundas desigualdades e impactos sociales. ¿Cómo pensar un nuevo modelo energético desde un lugar marcado por el petróleo?

El 26 de julio en Eldorado, Misiones, se realizó un taller de mapeo colectivo junto a compañeres de organizaciones campesinas, académicas, ambientales y activistas. Fueron 50 referentes que, con la coordinación Iconoclasistas, debatieron, reflexionaron sobre la historia y experiencias de agroecología en Misiones, interviniendo mapas y gráficos. La actividad, impulsada por la Red de Agricultura Orgánica de Misiones y la Fundación Rosa Luxemburgo, propuso la construcción de una cartografía colectiva para dar cuenta de los procesos organizativos, resistencias, propuestas productivas, y particularidades de la biodiversidad de la región, para producir con ese conocimiento sistematizado materiales pedagógicos y de difusión para fortalecer a las organizaciones.

Si miramos a Misiones desde arriba, como a vuelo de pájaro, veremos seguramente un verde intenso, monte, mucho más de lo que se puede ver en otras regiones; sin embargo, en ese vuelo panorámico, vamos a encontrar extensiones enormes de deforestación, los cuales crecieron exponencialmente en los últimos años.

Frente a las lógicas de sucesivos gobiernos e intereses corporativos, que van proyectado un territorio para la plantación de monocultivos y el corte de aguas con fines “energéticos”, en detrimento de la agricultura familiar, construimos el mapa que visibiliza las chacras, parajes, barrios, pueblos, con una biodiversidad imponente que resiste a esos proyectos; productores y productoras que sostienen esa diversidad, activistas y organizaciones que hace más de 30 años se organizan y dan pelea frente a la insistencia de llenar la provincia de pinos y represas. Un mapa que da cuenta así del presente, pero también de las luchas históricas.

Y esa historia no es solo la nuestra, es la historia de quienes ya estaban aquí, de los pueblos originarios, entre ellos los mbyaguaraní, en la búsqueda de tierras sin mal para el buen vivir. Diversidad de pueblos que resistimos y habitamos este territorio.

El mapa que tenemos hoy en nuestras manos es todo eso: pasado, presente e intención de futuro; diversamente y colectivamente construido, que convoca y celebra a esa diversidad que se defiende, a ese tejido de resistencia que se hace, haciendo.

RAOM, circulará el mapa por toda Misiones, y también está accesible para su descarga, para que circule, se lo intervenga, y vuelva a circular. Para que sea la base de muchos otros mapas que construyan su propio relato.

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– Mapa central

– Tapa y dorso 

 

 


En la mañana del martes 29 de octubre, en el marco de una serie de actividades propuestas por la Fundación Rosa Luxemburgo con motivo de la inauguración de su nueva casa de la oficina Cono Sur, se realizó una recorrida por las experiencias agroecológicas de la Unión de Trabajadorxs de la Tierra (UTT).

Para abordar la temática de la producción de alimentos y mostrar que alimentarse no solamente es comer se propuso un recorrido que se inició por el último eslabón de la cadena de producción de alimentos: la comercialización. Así fue que la mañana del martes comenzó desde temprano en el almacén de la UTT, situado en el barrio de Almagro, con un desayuno rodeado de las frutas, hortalizas y productos de la tierra de origen regional y cooperativo. Degustar lo que se produce de manera agroecológica, para empezar a pensar en los alimentos que consumimos.

Uno de los trabajadores de la UTT contó sobre la experiencia de organización y comercialización que les permite ir construyendo un precio más justo para el productor y el consumidor. Allí se generó un diálogo con las y los asistentes en donde se explico cómo es posible acceder a verduras y hortalizas frescas y escapar al ciclo de intermediación que, además de integrar la cadena de valor y abuso sobre las y los pequeños productores, incide en otros valores como el nutricional, el sabor y la frescura de los productos que consumimos. Un mate con yerba orgánica, frutas secas de Mendoza, frutas frescas de la quinta, quesos y dulces producidos por cooperativas fueron parte del menú.

Con la tierra aún húmeda llegamos hasta la localidad de El Pato, conurbano bonaerense, donde algunas de las familias de pequeños productores y productoras trabajan la tierra para producir hortalizas y flores de corte. Bernardo Castillo nos recibió en su quinta contando que “teníamos acá una hectárea de donde nació la agroecología y se convirtió en bandera de lucha a nivel nacional”.
La UTT está compuesta por unas 16 mil familias en todo el país, que no solamente son productoras de hortalizas y flores, sino también de chanchos, leche y huevos. En asamblea se discute y se acuerda cómo y qué cosechar y a qué precio vender, sin que esté afectado por las oscilaciones del mercado que perjudican tanto al productor como al consumidor.

Es la confianza en la naturaleza

Bernardo comenzó con la producción de floricultura por la cercanía del Mercado de Flores de Abasto y luego se diversificó con las hortalizas. Es decir, con todos los productos de la tierra que no son frutas: acelga, zanahoria, verdeo, achicoria, papa, frutilla, alcauciles, entre otras. “Trabajamos con la biodiversidad y de una manera agroecológica, que es la única forma de lograr una cosecha segura. Es la confianza en la naturaleza lo que me vale a mí: yo planto lo que la naturaleza me lo va a dar. Es una esperanza para adelante”, agregó Bernardo. Además explicó que la diversidad les asegura la cosecha porque no se dedican a un solo producto.

Qué quiere decir Agroecología

“Por producir agroecológicamente se gana más”, afirma uno de los trabajadores. El Cotepo, Consultorio Técnico Popular, es desde donde se implementan estas prácticas agroecológicas. “Se van formando con el método cubano, de campesino a campesino. Aprender y transmitir lo aprendido a otros compañeros, la solidaridad como herramienta de aprendizaje y de construcción”, explicaron desde el Cotepo. “Pero además es un modo de recuperar nuestros saberes, como producían nuestros padres y abuelos que no necesitaban químicos para producir, y luego devolvemos lo que aprendemos y lo compartimos con otro”, agregaron.
En esa misma línea, una de las trabajadoras de la UTT aseguró que “la agroecología te abraza no te desplaza. Tenemos una red a nivel nacional, damos cursos, recibimos compañeros de todas las regiones. Nuestros insumos son baratísimos en relación a lo que se comercializa en el mercado. Las productoras hablan de la tierra, de curarla para que sus hijos e hijas y lxs nuestrxs puedan comer sanamente y no envenenarse”.

Luchas por el territorio

La lucha no solo es por el acceso a la tierra, una histórica reivindicación de quienes la trabajan. También implica cuidarla para que produzca alimentos sanos en las mejores condiciones para las y los trabajadores y sus familias y, también, para lxs consumidores. “La tierra es un ser vivo, es como un enfermo al que hay que curar. Es una relación de respeto”, explicó uno de los productores respecto a la remediación de la tierra afectada por el uso de agroquímicos. “Para curar la tierra los insumos están en la misma quinta”. Por eso tienen un “kiosco”, donde se almacenan los bioinsumos naturales que ellas y ellos mismos producen recuperando saberes que traen de sus tierras. En ese kiosco se encuentran los preparados naturales para cuidar la tierra y producir en condiciones de cuidado: remediaciones, caldos minerales, fertilizantes naturales, purinas, tinturas madres.

Por su parte, los circuitos de distribución y comercialización no solamente permiten un precio más justo para productorxs y consumidorxs, sino que además les permite producir pensando que tienen asegurada la comercialización de sus productos. Mercados populares, bolsones, venta directa, ferias y almacenes son algunos de los recursos que se fueron inventando para escapar a la avaricia y el abuso de las intermediaciones y las corporaciones y lograr una forma de comercio justo.

Mujeres de la tierra

Las trabajadoras de la tierra levantan su voz para contar que “la mujer también tiene que decidir, porque antes solo era el varón el que decidía”. Ellas también han dejado de estar en el anonimato, salieron del silencio y visibilizaron la cantidad de tareas y responsabilidades que asumen cotidianamente, producto del rol que el patriarcado les impuso. Es por eso que decidieron crear una Secretaría de Género.

Las madres trabajadoras de la tierra también son las que dan de comer, las que se ocupan de educar a sus hijos e hijas, las que bregan para que “puedan comer sanamente y que la agroecología es vida y salud para todos”, explicó Zulma, una de las trabajadoras. Organizaron también un jardín comunitario “para que nuestras compañeras puedan trabajar y que los niños estén seguros y coman bien”.
Las mujeres en el campo no están exentas de las diferentes formas de violencia de género, como lo es la violencia económica y necesitan que sus hijas e hijos estén cuidados para poder salir a trabajar. Frente a estas situaciones además fueron creando una escuela de remedios naturales, donde las mujeres recuperan y comparten saberes y así aprenden a curarse. Encontraron además una fuente de trabajo con la venta de tinturas madres y remedios naturales, porque “la tierra te da todo para curarte”, afirmó Zulma.

Son ellas también las que pusieron en evidencia las necesidades que afectan a niñas y niños del sector con las faltas de vacantes en las escuelas para las y los hijos que intentan acceder a las escuelas medias, por lo que “sueñan con crear escuelas rurales” para cubrir estas necesidades. Hombres y mujeres van aprendiendo a compartir tareas y responsabilidades, mientras ponen en evidencia la disparidad de responsabilidades y la ausencia de las mujeres en la toma de decisiones.

El hermoso día de caminar al sol, tocar las plantas, reconocerlas, escuchar a las y los trabajadores que tienen una relación de trabajo y amor por la tierra, finalizó con un almuerzo con sus productos y comidas bolivianas, de donde son originarios buena parte de quienes producen lo que nos da de comer.

Un campo de disputa

Nahuel Levaggi, coordinador nacional de la UTT, y Diego Montón, referente del Movimiento Nacional Campesino e Indígena (MNCI) – Vía Campesina de Mendoza, estuvieron a cargo del cierre de la actividad.
Levaggi, explicó que la lucha reivindicativa fue el inicio de la organización que demandaba al Estado mejorar la calidad de vida de las y los productores familiares y el acceso a la tierra para quien la trabaja. Le siguieron otras luchas que se fueron construyendo en el camino. Se propusieron visibilizar al sujeto social que produce lo que se consume, sus condiciones de vida y el abuso de los circuitos de intermediación a los que son sometidos, con acciones concretas como los Verdurazos, que además permitió poner en primer plano el hambre de miles de personas que se acercaban. Una acción que se sostuvo durante los cuatro años del macrismo. Tal como lo relató el coordinador de la UTT, “esto permitió ir construyendo alianzas con el pueblo y poner en evidencia ese otro campo lejos del imaginario del campo y la tradicional oligarquía rural más vinculada al Agronegocio, los pooles de siembra y los negocios financieros, para poder construir otro modelo de campo vinculado a la necesidad de construir nuestra soberanía alimentaria”. Una síntesis que también incluye un hito como fue el Primer Foro Agrario Nacional de este año en el que se construyó un Programa Agrario frente a la imposibilidad de proponer la reforma agraria de manera directa.

Levaggi fue preciso al destacar que “el eje de la discusión hoy son los alimentos y a través de eso uno puede interpelar al conjunto de la sociedad. Ese es el eje desde donde discutir el modelo, la matriz productiva, la matriz de comercialización, el modelo agrotóxico, la matriz energética. Eso que une a todos y todas y que entendemos es una de las herramientas para plantear el modelo alternativo”.
Diego Montón, del MNCI, llegado de Mendoza, también pudo trazar una breve semblanza de la historia de una clase ganadera que construyo una cultura dominante basada en el exterminio de indígenas y negrxs que impuso un modelo de consumo alimentario basado en la harina de trigo y la carne de vaca, al tiempo que se fueron destruyendo patrones alimentarios nacionales. “Somos de los países que menos frutas y hortalizas consume, donde se impuso el consumo de la leche de vaca y donde la malnutrición es una impronta cultural”, explicaba.

También aludió a la promulgación de la Declaración de los derechos de campesinos y campesinas que fue aprobada en la ONU a fines del año pasado y que en términos concretos implica obligaciones de los Estados para asegurar efectivamente el acceso a derechos básicos que todavía no habían sido reconocidos. Puntualizó además sobre algunas cuestiones ligadas al modelo productivo, donde la crisis climática parece tener un papel importante en la crisis alimentaria, junto a la desocupación ligada al campo.

Montón afirmo que “el desafío es politizar la discusión en torno a la alimentación”, en una coyuntura que reconoce en el Congreso Nacional la emergencia alimentaria, que condena a miles de personas al hambre y en donde juega un importante papel la definición de la soberanía alimentaria, “que tiene que ser con el protagonismo activo de las organizaciones del sector campesino e indígena”.

En el marco de la inauguración de la nueva casa de la oficina regional Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo, referentes de la agricultura popular, campesina e indígena, de la política y del pensamiento, debatieron en el Centro Cultural Torquato Tasso acerca de la alimentación como política, como modelo alternativo de producción, y esencialmente, como un modo distinto de vivir y acceder a una necesidad básica dignamente.

Promediando las seis y media todas las mesas del Centro Cultural Torquato Tasso estaban llenas. Los y las allí presentes esperaban con expectativa el inicio del debate, integrado por la antropóloga feminista Rita Segato, la legisladora platense Victoria Tolosa Paz del Frente de Todos, Nahuel Levaggi de la Unión de Trabajadorxs de la Tierra (UTT), Diego Montón del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) – Vía Campesina y el abogado y miembro de la Red de Cátedras Libres de Soberanía Alimentaria Marcos Filardi, que estuvo a cargo de la coordinación del panel.

El eje de la cita fue un tema que suele abordarse periférica o parcialmente, pero nunca centralmente. Es que la alimentación, según las y los expositores, no solo es un problema de quienes producen, sino también de toda la sociedad. Es un derecho básico que afecta transversalmente lo social, lo económico, lo demográfico y las políticas de Estado.

Nahuel Levaggi, referente de la UTT, inició la conferencia hablando de las y sujetos históricos que a partir del enorme trabajo de las organizaciones comenzó a visibilizarse: las y los productores. En un país con un porcentaje del casi 90% de población urbana, la sociedad se ocupa mayormente del consumo, sin preguntarse quiénes producen, en qué lugares y en qué condiciones, quiénes se ocupan de la distribución de alimentos y quiénes se llevan las ganancias del valor agregado. En ese sentido, agregó que “hay modelos alternativos que generarían alimentos sanos y accesibles para el pueblo y esto depende de todos y todas nosotras. Tenemos que dar la discusión para que suceda, no alcanza con votar cada 4 años. Seamos protagonistas activos de la historia”.

Esto conduce a uno de los problemas más importantes de la Argentina. Tenemos un modelo agro exportador con una enorme concentración de la tierra, basado en el uso intensivo de la tierra y el uso extensivo de agrotóxicos, en manos de un grupo minoritario de empresas que son las dueñas de todas las marcas que llegan a las góndolas.

Levaggi insistió en los problemas que conlleva nuestra matriz de producción y comercialización de alimentos, que es la que conduce al hambre. En definitiva, consumimos alimentos de mala calidad, contaminados y a precios altísimos. No faltan productores, falta democratizar la venta. En principio, se trata de disputar sentidos en la sociedad para crear la convicción de que otro modelo productivo agroecológico es posible. Las experiencias, como la de la UTT, ya existen y son posibles de multiplicarse.

En la misma línea discursiva, Diego Montón, referente del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) – Vía Campesina, también hizo énfasis en lo perjudicial del actual modelo productivo, al cual nominó como el “Agronegocio”. Además, mencionó las dificultades de la agricultura campesina para generar valor agregado, lo cual necesita del acompañamiento para implementar infraestructuras mínimas.

Montón insistió en restaurar una alianza entre el campo y la ciudad. Es prioritario generar políticas públicas que limiten la concentración de la tierra, que creció de un modo alarmante, arrasando todo tipo de suelos para destinarlos casi exclusivamente al monocultivo. Un diálogo entre el campo y la ciudad podría reparar la asimetría demográfica, ya que la falta de condiciones para vivir en sectores rurales obliga a campesinos e indígenas al desarraigo y a subsistir precariamente en los conglomerados urbanos. Para Montón, “hemos sufrido muchas derrotas como organizaciones del campo por estar aislados. ¿Cómo logramos entender, como pueblo, que los problemas del campo no son solo del campo?”.

La antropóloga y pensadora feminista Rita Segato introdujo el caso de Brasilia para dar cuenta de los límites estructurales que tuvieron los gobiernos progresistas de Latinoamérica. En cuanto a formas de producción, ella planteó tres: la primera consiste en ponerle tope a la concentración de la riqueza; la segunda, que ocurrió durante la primera etapa del Partido de los Trabajadores (PT), se trata de evitar la pérdida de recursos; y la tercera, que terminó siendo en muchos casos la principal estrategia, consiste en la colocación de las commodities en el mercado global.

El uso predominante de esta última estrategia condujo a un cuello de botella, ya que las lógicas de los mercados tienden a atacar otras formas de producción alternativas, no tanto porque representen una amenaza en términos económicos, sino porque proponen un camino diferente. Y el Capital se encarga de descabezar todo proyecto o modelo que pueda llegar a cuestionar su hegemonía, así estén en un estado embrionario.

En relación con esto, Segato señaló la importancia de aquellas prácticas locales y comunitarias que escapan a las lógicas del Capital y que presentan un modelo de arraigo. En sus palabras, “ese arraigo local en un territorio irreductible donde no es posible convertir algunos bienes o formas de producción en beneficio del Capital”. En algunos sectores aún pervive la lógica de la conmutabilidad, aquello que tiene un valor más allá de lo mercantil y que no puede ser reducido a un bien o servicio. Esta lógica persiste en gran medida por las mujeres, que son quienes se ocupan en las huertas de elegir las semillas manualmente, por ejemplo, o de sostener los valores comunitarios en sus territorios.

El rol del Estado

Además de evaluar la problemática alimentaria en relación directa con el hambre, también se instaló el debate acerca de cuál debería ser el rol del Estado y qué rumbo podrá tomar el gobierno entrante, conducido por la fórmula Fernández-Fernández, para reemplazar un modelo que genera desigualdad, mala alimentación, contaminación de la tierra y de los cuerpos, inequidad social y hambre.

Para Victoria Tolosa Paz, legisladora platense del Frente de Todos y co-autora del Plan “Argentina contra el hambre”, la alimentación debe ser tratada como un derecho, ya que la mayor parte de la población en barrios populares padece de déficit nutricional, ya que estos sectores no acceden a alimentos de calidad. El Estado debe garantizar el consumo interno de alimentos y trabajar también desde la comunicación y la educación para contribuir con nuevos hábitos alimenticios. Además, señaló la importancia de que el Estado provea alimentos de calidad nutricional en las escuelas y hospitales públicos, lo cual actualmente no sucede.

El mayor punto de discusión se dio a partir de la posición de Rita Segato en relación al Estado: “El Estado no es confiable porque se mantiene exterior a la vida de las personas. Las personas lo saben y construyen pliegues, refugios. Un ejemplo de esto es la agroecología, otra forma de producción”.  En relación a este punto, que se dio cerca del cierre de la charla y que terminó volviéndose central, Victoria Tolosa Paz sostuvo que esos “pliegues” que mencionó Rita a veces son atacados antes por el Capital que por el Estado. Este último, entonces, no debería ser otro enemigo, sino que debería “regular las asimetrías y asegurar los pliegues y refugios que mencionaba Rita”.

Quienes también se mostraron en desacuerdo con el postulado inicial fueron Diego Montón y Nahuel Levaggi. Para ellos dos, al ser el Estado quien debe garantizar el pleno acceso de los y las ciudadanas a sus derechos, es el primer lugar donde acudir pero esto no implica delegarle la capacidad de acción política, sino que “es solo una de las tantas batallas a dar”. Ante estas observaciones, Segato aclaró que no criticó el acudir al Estado para que garantice los derechos, sino que la “fe estatal para la que fuimos programados” a veces puede generar que deleguemos la agencia política en él: “La gente tiene que tejer comunidades y la agencia tiene que estar siempre en ellas porque el Estado no consigue defenderlas”.

Más allá de las distintas posturas acerca de la función estatal, todos los expositores y las expositoras coincidieron en que es necesario avanzar en una transición para lograr a futuro una Argentina soberana, saludable y equitativa en este aspecto central para nuestras vidas. Resolver, en primera instancia, las urgencias del hambre. Y, mientras tanto, proteger a las agriculturas familiares, cooperativas, campesinas e indígenas, para que puedan acceder a la tierra y competir con sus productos. Brindarles herramientas, infraestructura y oportunidades para que puedan elaborar alimentos con lo cosechado de la tierra.

Será tarea de todas y todos recuperar un debate que articula en definitiva a la economía y el acceso a derechos fundamentales en todo el país. Es posible recuperar nuestra tierra y producir tanto como consumir alimentos sanos, a un precio razonable y libres de agrotóxicos. Y estos derechos deben ser para todos los sectores sociales.

 

Se realizó en la Ciudad de Buenos Aires el 1º Foro Agrario Nacional, organizado por agrupaciones campesinas, indígenas y de la agricultura familiar que trabajaron en la construcción de un Programa Agrario Soberano y Popular.

Por Ignacio Marchini y Camila Parodi
El pasado martes 7 de mayo se inauguró en el microestadio del Club Atlético Ferrocarril Oeste de la Ciudad de Buenos Aires el 1º Foro Nacional Agrario. Una iniciativa superadora que se propone la unidad en acción entre las distintas organizaciones campesinas, indígenas, sindicales, universitarias y de la agricultura familiar de la Argentina. Con el objetivo de construir un Programa Agrario Soberano y Popular, más de 3000 delegados y delegadas que representaban a 80 organizaciones debatieron durante dos días en torno a la problemática del acceso a la tierra y elaboraron propuestas de políticas públicas para quienes asuman el Poder Ejecutivo en diciembre de 2019 por los próximos cuatro años. Participaron, a su vez, referentes de distintas experiencias de luchas por el derecho a la tierra provenientes de Brasil, Paraguay, Venezuela y Bolivia.


 
¿Por qué un Foro Agrario en un año electoral?
Si bien las políticas del modelo agrario y exportador de la Argentina tienen una continuidad desde finales del siglo XIX, esto se ha modificado en las últimas décadas. Por su parte, las políticas de los últimos cuatro años de gobierno de Mauricio Macri profundizaron un modelo económico y productivo que se ubica al servicio de los grandes terratenientes y monopolios cerealeros que concentran el 85% de las tierras productivas. No sólo eso, desde el Foro Nacional Agrario se destacó la complicidad de los terratenientes con el capital financiero, los monopolios exportadores y el agronegocio. A su vez, el vaciamiento de los organismos estatales como el INTA y Agroindustria imposibilita la continuidad de políticas de subsidios a los pequeños núcleos de producción campesina y familiar.
Este accionar da como resultado, por un lado, el deterioro de las producciones regionales, como así también la implementación de políticas de represión, abandono y desalojo de agricultores familiares que inhabilitan su producción y comercialización. Por eso, el debate sobre “otro modelo”, el de la agricultura familiar que tenga una mirada integral sobre el uso de la tierra, las semillas y las personas que las trabajan resulta imprescindible en los tiempos que corren.
En ese sentido, la organización y visibilización de la lucha campesina y de pueblos originarios ha logrado irrumpir tanto en el cotidiano urbano como así también en la agenda política con la implementación de los distintos verdurazos, frutazos, feriazos, cortes de rutas, ocupaciones de tierras y resistencias a los desalojos, tal como lo señalan las organizaciones convocantes al 1° Foro Nacional: “Enfrentamos este modelo para plantear rumbos diferentes y reivindicaciones puntuales”, señalaron en su convocatoria y manifestaron que “nuestras luchas han puesto de manifiesto que no hay un solo campo y que el esquema agroexportador salvaje no es lo mejor para los intereses del pueblo en su conjunto”.

“Un esfuerzo de unidad”
¿Quiénes se adueñan del litio de Catamarca, Salta y Jujuy? ¿Quién se apropia de los minerales a través de la minería a cielo abierto en todo nuestro país? ¿Quiénes se apropian de la renta agraria en la zona pampeana y extra-pampeana? ¿Quiénes tienen el control de la producción y comercialización de la soja en la Argentina, en el sur de Brasil, en las regiones orientales de Bolivia y Paraguay y en el litoral de Uruguay? ¿Quiénes tienen el control absoluto de nuestro mar? Todas esas preguntas se hicieron las y los que soñaron con el 1° Foro Nacional Agrario. Sabiendo que las respuestas encuentran un común denominador que tiene que ver con el actual modelo productivo, financiero, extractivista y que por eso no pueden responderse en soledad sino desde el entramado que se organiza contra todas esas caras.
Que en tiempos de fragmentaciones y egoísmos pre-electorales se realicen procesos de unidad debería ser, desde ya, un motivo de celebración. Sin embargo, la creación del 1° Foro Nacional Agrario fue más allá de la foto esperada y se consolidó con la elaboración de un programa de construcción colectiva. Se trata de una serie de puntos que integra las principales problemáticas de un sector que, lejos de ser integrado en las propuestas de las y los candidatos 2019, es sistemáticamente invisibilizado tanto por los gobiernos de turno como por parte del mismo campo popular.
Mientras el desconcierto electoral aumenta, las y los productores de los alimentos no le tienen miedo a las definiciones ni al largo plazo y exigen la Reforma Agraria, para construir “una política antagónica al modelo agroindustrial concentrado, extranjerizado y expulsivo”, como lo señalaron en un documento construido desde una visión plural, participativa y democrática.
“Estamos convencidos y convencidas de que sobre la base de otro modelo, nuestro modelo agroecológico, se asienta la esperanza de la humanidad y el Buen Vivir con la Madre Tierra, en beneficio de la población, partiendo de las organizaciones de base y desde el impulso de los Estados Nacionales que se enfrentan al neoliberalismo y neocolonialismo”.

Voces protagonistas
Durante la noche del lunes 6 y la misma mañana del día martes 7, cientos de micros y personas de a pie llegaban a las instalaciones del Club ubicado en el barrio porteño de Caballito. Con sus productos, carpas y banderas comenzaron a teñir de organización el espacio. Yerba misionera, leña chaqueña, conservas y mermeladas santiagueñas acompañaban a las distintas producciones de frutas y verduras agroecológicas que eran ordenadas como piezas de museo en la feria. Mística necesaria para la exposición de alimentos sanos y libres de agrotóxicos, esos que escasean y sorprenden en las ciudades.
Para comenzar, las y los distintos referentes de las organizaciones convocantes al Foro realizaron un saludo de bienvenida en un estadio repleto. Antes, Rosalía Pellegrini, integrante de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), había comenzado a arengar a las y los presentes: “Queremos decirle a la clase política que tenemos propuestas, ¿o no compañeros?” preguntó. “¡Sí!”, respondió la multitud en un grito unificado.
“Quienes defendemos la soberanía alimentaria día a día somos las y los pequeños productores, queremos ser escuchados por el Estado que tanta falta nos hace”, afirmó sobre la importancia de la presencia de las y los protagonistas. “Somos miles, nos están matando, por eso tenemos el propósito de unificar, reivindicar todas las luchas que tenemos”, finalizó Pellegrini para dar lugar a la apertura.
A continuación, Ángel Strapazzón, del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), destacó “el esfuerzo de haber viajado desde todo el país” y afirmó que “nunca se había hecho esto, nosotros y nosotras tenemos propuestas y no importa la bandera, acá somos todos pequeños productores, campesinos y hasta trabajadores del Estado, haciendo historia en un año electoral”. A continuación recordó a las y los integrantes de las diversas organizaciones presentes que es tiempo de alzar la voz campesina, ya que “somos los que generamos trabajo en este país”. De ahí la importancia de un programa agrario que la contemple. “Un campesino sin tierra no es nada, vamos a luchar por un plan integral, por la comercialización, por nuestros derechos,” manifestó, y para finalizar desafió “que les quede claro a los políticos que los campesinos y campesinas estamos levantando la cabeza y somos miles en todo el país”.
Por su parte, la trabajadora del cinturón hortícola de La Plata de la UTT, Zulma Molloja, se refirió al actual contexto socioeconómico y exigió que “no decidan estos gobiernos neoliberales por nosotros, nosotros trabajamos en el sol, el frio, calor, lluvia, con nuestros hijos, para alimentar al pueblo argentino”. Y recordó a sus colegas que “hace años que sufrimos la falta de vivienda digna, pagando alquileres carísimos, como los insumos”.
Es por eso que es necesario un acuerdo colectivo en el corto plazo. A su vez, señaló que “queremos cambiar el modelo de producción que nos mata y trabajar agroecológicamente, queremos alimentar al pueblo y no envenenarlo, que sepan qué están comiendo” y reforzó que “tenemos que romper esto y cambiar el modelo de producción”. En ese sentido, para Molloja el 1° Foro Agrario Nacional es “la instancia para decidir entre todas y todos, para ponerse de acuerdo con todas las organizaciones. Necesitamos políticas públicas para nuestro sector”.

Diálogo de saberes
Como las experiencias y problemáticas presentes eran diversas, se priorizó esa caracterización para la metodología del encuentro, de forma tal que el trabajo en comisiones fue central. De esta manera, veintitrés comisiones se llevaron a cabo durante la tarde del martes y la mañana del miércoles. Esta propuesta de diálogo integró a las y los distintos delegados del campo popular que tienen prácticas en torno a la soberanía alimentaria.
Campesinas/os, indígenas, trabajadoras/es rurales, trabajadoras/es del Estado, productores, agricultores familiares, agroquinteros, comerciantes, consumidores y comensales, redes de comercialización, pequeños y medianos empresarios, cooperativas, técnicos, docentes rurales, académicos, científicos, universidades, afectados por las fumigaciones, medios populares, militancia social y política del sector trabajaron en grupos de 60 personas sobre distintas temáticas como mercado interno, tierra, agua, comercialización, modelo productivo, rol del Estado, el lugar de las mujeres y de la juventud, semillas, gestión, logística y también sobre las producciones específicas, ya sea horticultura, pesca, ganadería, lechería, forestal, cereales, entre otras.

La Comisión de Tierra fue central y estuvo integrada por 600 delegados y delegadas. Entre sus debates y propuestas se puntualizó en la importancia de un Programa de emergencia socio-productivo, en el mejoramiento de condiciones de los contratos de alquiler, el reconocimiento de la vivienda inmediata de la ley de agricultura familiar y el acceso a la tierra. Se destacó, también, la centralidad que tiene la producción agroecológica, tanto para la vida sana de sus consumidores como así también para el cotidiano de las y los pequeños productores.

“Nuestra lucha es internacional”
Durante el panel internacional sobre Políticas Públicas Agrarias, Soberanas y Populares, distintos/as referentes de experiencias latinoamericanas saludaron la iniciativa. Por su parte, María Emilia Pacheco, integrante de FASE de Brasil, destacó que “nuestra lucha es internacional, tanto en defensa de los sujetos de derecho como por la soberanía alimentaria y la agroecología”. En ese sentido, señaló la importancia de intercambio entre las organizaciones en defensa de la tierra, poniendo como ejemplo a la situación que actualmente atraviesa el país brasilero.
https://rosalux-ba.org/sin-soberania-alimentaria-no-hay-autodeterminacion-de-los-pueblos/
“Hay un proceso de profundización del neoconservadurismo, una ola conservadora de medias antipopulares” desde las cuales, para Pacheco, se quiere “eliminar la historia y combatir las formas de participación social”. Además resaltó que “queremos políticas de defensa de los campesinos”. Nélida Sifuentes es la Ministra de Desarrollo Productivo del Estado Plurinacional de Bolivia. Desde su experiencia de trabajo en la política pública, y atendiendo a la actual situación de crisis económica y productiva de la Argentina, profundizó en la importancia de generar alianzas entre productores y su ministerio, desde el cual se proponen “garantizar la producción primaria para la seguridad alimentaria de los pueblos”.
Para Pedro Ferreira de Oliveira Neto, del Movimiento de los Trabajadores sin Tierra (MST) de Brasil, “la construcción de políticas públicas para el campo tienen que estar ligadas a un proyecto político para la sociedad en su conjunto”. En esa línea, explicó que existen dos proyectos, “dos modelos de producción que disputan tanto en Brasil, como aquí o en cualquier lugar del mundo: el del capital representado por las trasnacionales y el del campesinado que representan todos ustedes”, de forma tal que para el militante “necesitamos construir una agenda política que ponga en acción eso que queremos para la vida de nuestros compañeros y  compañeras, que dispute contra el otro modelo”, destacando la importancia del Foro como potenciador de esa iniciativa de disputa.
También estuvo presente Belén Romero de la Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (CONAMURI) de Paraguay, quien señaló la importancia de plantear a las organizaciones como feministas, campesinas y populares. “Vemos necesaria la organización de las mujeres para poner nuestra mirada, desde lo que padecemos y sufrimos, porque somos doblemente excluidas y violentadas” afirmó, y en esa línea Romero expresó que “el patriarcado es un elemento fundamental en el capitalismo”. Como respuesta, encuentra en el rescate de las semillas nativas y criollas, como así también en la práctica de la agroecología, “propuestas políticas para que las mujeres puedan luchar por la tierra como una forma de emancipación en el territorio-cuerpo”, incentivando a las campesinas y pequeñas productoras presentes.

2020: para una Política Agropecuaria, Nacional, Soberana y Popular
En torno a las comisiones realizadas durante las jornadas del 7 y 8 de mayo se realizó un primer esbozo del Programa Agrario, Soberano y Popular, con propuestas de gobierno para el sector agropecuario tras el proceso electoral de este año. El mismo fue organizado tanto con propuestas de realización a corto como a largo plazo. A su vez, fueron integraron de forma trasversal los conceptos de soberanía alimentaria, tierra como territorio y hábitat y la construcción de un modelo productivo no extractivista. Se insistió, también, en la construcción de ideas desde una visión plural, participativa y democrática.


Entre las propuestas generales para una Política Agropecuaria, Nacional, Soberana y Popular, enumeraron:
1- Ley de reparación histórica de la agricultura familiar. Reglamentación y aplicación de la ley con participación de organizaciones de productores/as familiares, campesinos e indígenas con asignación presupuestaria suficiente. Adhesión de las provincias a la Ley de RhdeAF.
2- Democratización de las estructuras del sector público agropecuario con integración de las organizaciones y toma de decisiones vinculantes en sus intervenciones. Participación de las organizaciones del pueblo en el diseño, implementación y control de las políticas públicas agropecuarias.
3- Realización de foros en las 24 provincias para impulsar una ley nacional de presupuestos mínimos de aplicación de agrotóxicos.
4- Convocatoria a Foros Federales de discusión, análisis e implementación de una Reforma Agraria Integral.
5- Regulaciones que impidan prácticas monopólicas en todas las cadenas agroalimentarias (leyes como observatorio de precios, ley antimonopólica y ley de góndolas).
6- Mejoramiento de la infraestructura rural: caminos, servicios, comunicación.
7- Acceso a la tierra: Tierra para quien la trabaja, Tierra como hábitat.
8- Fomento a la agroecología como política de Estado.
9- Compra pública. Un Estado que privilegie los productos del sector y de PyMEs, proveyéndose de la producción de la agricultura familiar, y de las diferentes expresiones asociativas.
10- Fomento del Arraigo Rural.
11- Fomento de las cadenas cortas de comercialización para todas las cadenas productivas agropecuarias. como política de Estado.

PRIMERASS CONCLUSIONES DEL FORO AGRARIO

Fotos: Marcha Noticias

En el marco del 1° Foro Agrario Nacional que se llevó a cabo los días 7 y 8 de mayo en la Ciudad de Buenos Aires, estuvo presente María Emilia Pacheco, asesora da la Federação de Órgãos para Assistência Social e Educacional (FASE) e integrante de la Articulação Nacional de Agroecología (ANA). Como expresidenta del Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (CONSEA), que si bien recientemente restituido como tal por el Congreso Nacional, había sido disuelto el 1ero de enero de este año como una de las primeras medidas del actual presidente Jair Bolsonaro, Pacheco es una referente en relación a la agroecología y la defensa de la soberanía alimentaria.

Entrevista por Ignacio Marchini y Camila Parodi

¿Qué importancia le das al primer Foro Agrario Nacional de la Argentina?
Es muy importante porque es la primera vez que se hace un encuentro unitario. Hay un esfuerzo muy grande de hablar y dejar de lado las diferencias para enfrentar al neoliberalismo. La situación acá es muy grave, de total despojo y desprotección. Hoy, por ejemplo, dijeron que este es el país más urbano del mundo, con 8% de población agropecuaria. Por eso me parece importante este Foro, con muchas organizaciones, universidades y consumidores presentes. Es importante también para Brasil porque da la esperanza de un intercambio internacional, de solidaridad. Brasil hoy en día vive una gravísima crisis.
¿Cuál es la situación de Brasil?
El caso brasileño está ante una profundización del neoliberalismo, producto de la nueva ola conservadora de toda la región. Muchas conquistas de años anteriores están siendo desmontadas. Hay un riesgo muy grande sobre la democracia, hay varias medidas de persecución y criminalización de los movimientos sociales, de los maestros e incluso también la interrupción de la participación social. La Constitución brasileña de 1988 garantizó las formas de participación directa como los Consejos pero ahora están directamente extintos. El Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria fue el primero en ser disuelto mediante un decreto del 1ero de enero. Fue lo primero que hizo Jair Bolsonaro.
¿Por qué te parece que fue la primera medida que tomó?
Es muy simbólico porque el programa “Hambre Cero” de Lula tuvo una repercusión muy grande en Brasil y en el mundo. Es una medida política grave y de mucho contenido simbólico. Generó una desestructuración muy fuerte de lo poco que había de políticas para los pueblos indígenas y también para la regulación de las tierras. Concentraron el poder en el Ministerio de Agricultura, que es el Ministerio del Agronegocio.
¿Por qué te parece que se ataca a la soberanía alimentaria y cuál es su vínculo con la autodeterminación de los pueblos?
Sin soberanía alimentaria no hay autodeterminación de los pueblos. El alimento es básico para la vida. En Brasil consideramos muy importante que conseguimos incluir en la Constitución brasileña el derecho humano a la alimentación, que no antes estaba. Está en el mismo artículo que habla del derecho a la vivienda y al trabajo. Tuvimos conquistas en Brasil pero estamos aún muy lejos de la soberanía alimentaria cuando el pueblo no puede decidir qué producir, cuando el pueblo no tiene sus semillas, cuando el modelo agrícola está basado en la exportación de commodities.
En Brasil tenemos una reducción del consumo de varios alimentos básicos. Eso no es soberanía. Hay crecimiento del consumo de los alimentos ultra procesados como las gaseosas, las galletitas, alimentos semi listos, etc. Hay que enfatizar la defensa de la calidad de la comida. Teníamos un lema que era «comida de verdad, en el campo y la ciudad». Elegimos ese lema para llamar la atención sobre las culturas alimentarias, la calidad de la comida y el derecho al gusto.
Hoy en día estamos volviendo al mapa del hambre, que lo habíamos superado con los programas de transferencia de rentas y el apoyo a la agricultura familiar, también con la política de valorización del salario mínimo y del crecimiento del empleo. Ahora todo marcha para atrás, también crecen los índices de obesidad y sobrepeso, eso es muy grave. No hay soberanía alimentaria con hambre, no hay soberanía alimentaria con obesidad y no hay soberanía alimentaria con el alimento contaminado.
¿Qué implica la soberanía alimentaria?
En Brasil tenemos el debate de que hay que tratar todos los puntos, desde la producción hasta el consumo. Incluso la ley de Seguridad Alimentaria y Nutricional habla tanto del acceso al alimento como de la calidad del acceso a la salud. Es muy importante. Hay, yo creo, una conciencia creciente en Brasil sobre la relación entre alimentación y salud y es muy importante. Pero las empresas, la industria alimenticia, las compañías que producen suplementos se aprovechan de esto. Hay que tener mucho cuidado porque hay una tendencia a la medicalización de la alimentación.
¿En qué sentido?
En el sentido de que dicen que hay que ponerle toda la atención a los nutrientes, como si fuera una mera suma, o la sustitución del alimento por alimentos sintéticos, hechos en laboratorios. Son varios problemas que convergen en la contra corriente de la Soberanía Alimentaria. Todavía no conseguimos una regulación de los alimentos, por ejemplo, y eso es muy grave, sobre todo para los niños. La publicidad en Brasil en la TV, la radio, asocia el producto ultra procesado con un premio. Crean la ilusión de que con comer ese producto vas a conseguir un beneficio.
¿Cuáles son las diferencias más importantes entre la agroecología y el agronegocio?
Lo primero es que la agroecología busca garantizar la tierra para quien la trabaja. Esta es una premisa básica, hay que reconocer a todos los sujetos de derecho, a todas las formas de campesinado. Hay pueblo originarios, hay afrodescendientes, inmigrantes. Es muy diverso el campesinado y cada expresión tiene sus propias formas de uso de la tierra. En Brasil decimos que hay una lucha anticapitalista en busca de garantizar los Bienes Comunes.
Por eso es que estamos muy preocupados con la posibilidad del cambio del sistema nacional de unidad de conservación ambiental, porque en Brasil ese sistema incluye el uso colectivo de la tierra, en una propuesta surgidas de los recolectores de caucho. Chico Mendes fue asesinado por eso. Otros quieren crear parques u otras formas de preservación ambiental donde no haya personas, de «protección integral». Es una nueva forma de apropiación capitalista de la tierra que quieren disfrazar de servicio ambiental.
Otra forma de apropiación es mediante las mal llamadas «emancipaciones» de los asentamientos, es decir, atribuir un título individual de tenencia de la tierra, de tal forma que el campesino con dificultades pueda vender su tierra. Los presionan a vender, a privatizar su tierra y romper con los asentamientos colectivos. Cuando están organizados no pasa pero en muchos casos de campesinados desorganizados hay una presión muy grande para que liberen la tierra para el mercado.
¿Hay experiencias exitosas en Brasil de agroecología?
Hay muchas, en todos los biomas. El año pasado hicimos un encuentro de dos mil personas de todo el país, de pueblos indígenas, en una plaza pública. Esa es nuestra estrategia, hay que ocupar las calles. Tuvimos varias iniciativas, como las construcciones alternativas, el aprovechamiento de los alimentos, sin desperdicio. Se debatió mucho, desde una perspectiva agroecológica. Así es la metodología de la articulación nacional de agroecología. Siempre partimos de las experiencias de cada lugar en particular. En vez de hacer un debate general, partimos de la práctica y después debatimos.
Después de ese encuentro hubo un banquete público, para que todas las personas en la plaza pudieran ver que es posible una alimentación sana. Hay cada vez más ferias agroecológicas, que llegaron incluso hasta las universidades. Hay un programa muy importante que es la creación de núcleos de encuestas y estudios sobre agroecología en los institutos universitarios. Permitió una articulación del movimiento con la universidad. Varias casas de altos estudios tienen hoy en día lugares para las ferias.
¿El Estado acompaña estas experiencias?
Hay muchas contradicciones. Hay municipalidades que incluso estimulan las ferias agroecológicas. Pero también hay situaciones, como en el sur de Brasil, donde se concentran grandes empresas de embutidos y fiambres que abogan por la criminalización de las ferias y los pequeños productores. Por eso seguimos luchando por una ley que contemple la especificidad de la producción artesanal. Tuvimos una pequeña victoria. Hay una norma que reconoce cierto nivel de producción artesanal pero es confusa. Cada alimento al que se le agrega valor va a un lugar de la administración pública. Los jugos, por ejemplo, van a un ministerio. Los embutidos van a otro. Entonces no tenés todos los productos en todos lados. Además, para conseguir la certificación es muy difícil.
Con la comercialización directa casi no hay problema. Pero para incluir un alimento agroecológico en el menú de la escuela, por ejemplo, hay barreras. En algunas municipalidades lo lográs pero hay trabas. Es muy grave porque hay escuelas que sirven un paquete de jugo en polvo como comida. Por eso es importante que tengamos la Ley de Alimentación Escolar que garantiza, por lo menos, la compra del 30% de los alimentos para las escuelas a las ferias agroecológicas. Esto fue una conquista durante el gobierno de Lula.
Estos productos tienen aún más problemas para llegar a las góndolas de los supermercados ¿Por qué sucede eso?
Por el interés de las empresas. Para que tengan una idea, en Brasil tenemos un guía alimentaria de la población brasileña que fue hecha por el Ministerio de la Salud en 2012, 2013. Fue un problema el lanzamiento, durante el gobierno de Dilma. Las empresas presionaron para que no se hiciera. ¿Por qué? Un nutricionista de Brasil, Carlos Monteiro, estuvo acá en un Congreso Internacional en Argentina donde habló sobre la clasificación vigente de alimentos naturales, semiprocesados, ultra procesados. Dijo que no tenía nada de científico esa clasificación. Las empresas no quieren rótulos nutricionales, no quieren regulaciones sobre la publicidad, quieren todo el poder. Hablar de soberanía alimentaria es luchar contra las empresas alimentarias, el agronegocio y la minería.
Y las empresas se apropian de ese discurso que ustedes defienden, ¿no? Usando conceptos como “producto agroecológico” o “producción orgánica”…
Sí, y nosotros diferenciamos entre producción orgánica y agroecológica. El principio de diversidad es básico para la agroecología: diversidad de semillas, de formas de organización, de producción. Lo orgánico puede ser un monocultivo de soja.
¿Cómo se vincula la lucha de los pueblos originarios y los movimientos feministas con la agroecología?
La Constitución brasileña ha garantizado la titulación de tierra para los pueblos indígenas. Hemos tenido algunas conquistas desde 1988. Ahora el presidente (Bolsonaro) dijo que no va a titular ni siquiera un metro de estas tierras. El pueblo afrodescendiente, los quilombolas, tienen tierras bajo su dominio, exigen su reconocimiento por parte del Estado. En el sur de Brasil el agronegocio tiene mucha fuerza.
La visibilidad de la lucha de las mujeres es muy importante. Las mujeres acá en Argentina están muy determinadas, muy firmes. Las políticas públicas tienen que estar atravesadas por la perspectiva de género. La mitad de las tierras tendrían que pertenecer a las mujeres.
¿Qué tendría que contemplar un programa agrario nacional?
En Argentina hay que pensar cómo hacer una vuelta al campo. Yo creo que es posible. Hay que frenar el proceso de urbanización pero necesitamos mucho compromiso de los habitantes de la ciudad, los consumidores y los trabajadores, articulados detrás del eje del derecho a la tierra. Es un triángulo fundamental: el derecho a la tierra, la soberanía alimentaria y el cambio de modelo productivo. Hay que convencer a la sociedad de que históricamente tenemos una gran variedad de alimentos que viene de la domesticación de plantas y el manejo de semillas. No podemos abdicar al derecho a una comida de calidad y variada.
Después tenemos que entender que el mercado interno es fundamental para la soberanía alimentaria, para la soberanía del pueblo, sino caminamos hacia un ecocidio. La salud y el medio ambiente es un puente interesante que puede atraer la atención de la gente de la ciudad, hay una concientización cada vez mayor sobre estas problemáticas.
El consumidor tiene que comprometerse directamente con quien produce. Hay que valorizar no sólo el alimento sino también a quien produce. Por eso hay que intentar llevar a la gente de la ciudad al campo, es una lucha simbólica por la conciencia de la gente sobre el modelo productivo.
¿Cuál debiera ser el rol del Estado en este proceso?
Yo creo que hay que presionar al Estado pero hay que combinar esa presión con iniciativas autogestivas que vengan de la población que no necesariamente se articulen con el Estado. Hay que sobrepasarlo, por eso siempre resalto la lucha por los bienes comunes que no le pertenecen al Estado sino a la comunidad. Hay que dialogar entre la sociedad y el productor para que se apoyen mutuamente.
El Estado sí se tiene que comprometer a que no haya hambre, es una cuestión de un derecho humano fundamental. No puede ser que el Estado haga todo para el agronegocio y no para el pueblo.

Con la presencia de sesenta abogadas y abogados de siete países de América Latina – y la adhesión de cuarenta que no pudieron participar de forma presencial- el pasado 27 de noviembre tuvo lugar un hecho histórico: se conformó la “Red de Abogadas y Abogados por la Soberanía Alimentaria” (REDASA) para trabajar en red y contribuir, desde lo legal, a la lucha colectiva por la soberanía alimentaria de nuestros pueblos. La actividad en Argentina contó con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo.

El actual desmantelamiento de la democracia y los derechos humanos en medio del aumento de regímenes autoritarios y represivos ha sido uno de los principales desafíos para la realización del derecho a una alimentación adecuada y la nutrición (DANA) y para las luchas por la soberanía alimentaria. En este sentido, FIAN International, junto con un grupo de abogadxs de diferentes partes del mundo, iniciaron discusiones estratégicas sobre cómo crear resistencia a dicho escenario. El objetivo es desarrollar marcos políticos y legales que ayuden a hacer realidad el derecho de los pueblos a la alimentación y la nutrición y su justiciabilidad, por lo que se propuso, impulsado por FIAN, realizar tres reuniones regionales, con el objetivo  de discutir y construir de cerca con académicos, abogadxs de esas regiones, una estrategia legal y política correspondiente para fortalecer las iniciativas para reclamar el DANA en el marco de la soberanía alimentaria. Para América Latina, la reunión regional se realizó durante la semana de Acción Global contra el G20 en Buenos Aires.

En una jornada de todo el día en el Museo del Hambre, la reunión se propuso, por un lado, lograr una  mayor comprensión de la situación política de los países de cada región en relación con los derechos humanos en general y la DANA en particular. En especial debido al avance de gobiernos de derecha/extrema-derecha en Latinoamérica, con aplicación de medidas fiscales de austeridad con impacto directo en el DANA,  por otro, visibilizar luchas y estrategias de movimientos campesinos indígenas y académicos, analizando un contexto de creciente criminalización de movimientos de lucha por la tierra, soberanía alimentaria y las estrategias contra el poder del capital del agronegocio; se sumó al análisis la centralidad de la cuestión de género en el DANA, el impacto de los agrotóxicos en la salud de los territorios, y un mapeo de   legislaciones en la región.

En el encuentro se resolvió conformar la REDASA para mantener una comunicación permanente entre lxs integrantes de la Red;  construir y enriquecer colectivamente una base de recursos legales compartidos sobre los distintos aspectos que hacen a la lucha por la soberanía alimentaria de los pueblos, a fin de fortalecer las intervenciones legales en los distintos territorios. Para Argentina, se acordó aunar esfuerzos prioritariamente para defender a las semillas como patrimonio común de los pueblos al servicio de la humanidad frente a la última ofensiva para modificar la ley de semillas vigente.

Finalmente, se resolvió que la próxima asamblea plenaria de la REDASA será en la República Oriental del Uruguay a principios de 2019 y que la REDASA socializará su iniciativa con las reuniones que han de tener lugar el año que viene en Asia y Africa, a fin de conformar una red global de abogadas y abogados por la soberanía alimentaria de los pueblos.

 

lanzamiento REDASA

Fotos de Patricia Rosas

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Compartimos la publicación en su versión online Maldesarrollo: La Argentina del extractivismo y el despojo, de la socióloga y escritora Maristella Svampa y el abogado ambientalista Enrique Viale.

En las últimas décadas, la discusión pública estuvo concentrada en algunos temas clásicos: la dimensión y la presencia del Estado en la sociedad, los niveles de apertura de la economía, las relaciones con el capital trasnacional. Pocos, sin embargo, han ido más allá de esas cuestiones con el objeto de analizar las características mismas del modelo de desarrollo argentino.

 

Maristella Svampa y Enrique Viale proponen, en esta obra, ir justamente más allá, e interrogar aquello que el discurso político ha pasado por alto: los modelos que el capitalismo ha adoptado en nuestro país y que están conduciendo a lo que los autores denominan, con precisión y contundencia, «maldesarrollo»: «Estos modelos -señalan los autores- presentan en común una matriz extractiva que es necesario analizar en detalle, a la vez que alimentan una dinámica de despojo o desposesión de bienes naturales, de territorios y, por ende, de derechos individuales y colectivos».

De la megaminería al modelo sojero, del «extractivismo urbano» al fracking, los autores ponen de manifiesto el rol protagónico que las corporaciones económicas y los grandes propietarios cumplen en la definición de lo que es legítimo e ilegítimo, de lo que es posible realizar y lo que no lo es, de lo justo y de lo injusto en lo que concierne a proyectos urbanos, actividades económicas, estilos de vida e identidades colectivas.

Un libro a la vez desgarrador por lo que muestra pero inspirador por lo que propone, pleno de evidencias y de gran aliento teórico, Maldesarrollo es, sin dudas, una lectura imprescindible para los debates sobre nuestro futuro común.

MALDESARROLLO

La Argentina del extractivismo y el despojo 

Maristella Svampa y Enrique Viale

ISBN Argentina: 978-987-1566-92-1

ISBN España: 978-84-15917-13-7

Katz Editores

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