Por Redacción Marcha

¿Qué nos depara el futuro en la región? ¿Qué significa el progresismo y el cambio de etapa? ¿Cómo enfrentar las resistencias? ¿Cómo vulnera el capitalismo los cuerpos de las mujeres y los territorios? Disparadores de un panel imperdible con referentes de Latinoamérica
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“Los derechos humanos, derechos de las mujeres y derechos de la naturaleza: ¿Hacia el Buen Vivir?”, tal el nombre del panel que cerró el seminario  “Derechos humanos, ayer y hoy” llevado adelante por la Fundación Rosa Luxemburgo.
En esta mirada sobre el panorama de los progresismos en Nuestra América, el cambio de etapa y los desafíos para los movimientos sociales, las y el participante del panel, Rita Segato, Claudia Korol y Raúl Zibechi se respondieron la pregunta de si el Buen Vivir es el horizonte al que se apunta, y si es posible conseguirlo en el corto plazo.
El panel fue abierto por Raúl Zibechi, periodista e investigador uruguayo, quien avisó desde el vamos: “Voy a hablar de luchas, más allá de los progresismos. Es una mirada desde el conflicto social y las luchas populares”.
Y entonces hizo un raccontto de lo que habían sido los levantamientos populares de la región, que derivaron en futuros gobiernos progresistas. “El Caracazo de 1989 fue el primero, luego Ecuador, la guerra del gas y del agua en Bolivia, el 2001 en la Argentina… luego vino la normalización progresista, como captura de las luchas. Y a partir de 2013 comenzó una etapa nueva, como en Brasil que se movilizaron millones de personas en demanda de menos pobreza y de menos desigualdad. A eso se suma la marcha del Tipnis en Bolivia, y este invierno en Uruguay, Tabaré Vázquez  quiso imponer una suerte de Estado de sitio a las y los docentes que reclamaban por sus derechos y fue una movilización grande”, detalló.
Ante la pregunta de qué representan los gobiernos progresistas,  explicó: “Quiero destacar que la caída al fin de los k y la operación lavallato están demostrando que fue un sector encaramado en la izquierda política para intereses personales. Llegan y a mano llenas se llevan el dinero. Se han convertido en burgueses robando los bienes públicos”.
Sumó su opinión sobre lo que considera fueron estos gobierno en la región: “No son procesos de cambio, incluso se nota en que y cuando hay protestas reculan, aunque podrían sumarse porque son justas, son reclamos que tienen que ver con el bienestar de la gente”.
¿Que tenemos que aprender? Zibechi propone que “hay que separar aguas, porque yo no quiero reproducir que en el próximo ciclo de luchas, nos usen y se monten como una para surfear en la ola popular”. “Yo no quiero un luche y vuelve”, afirmó, en referencia a los sucedido durante la resistencia en la que se peleaba para que perón regresara de su exilio en Puerta de Hierro. Por otro lado, desplegó los temas para discutir en esta propuesta de separar aguas. Y la primera cuestión se refirió a la tan mentada unidad por parte de la izquierda. “¿Es necesaria?”, se preguntó.  “El concepto de unidad está muy metido en la lógica popular, en la militancia, pero tiene sus problemas…”.  Y ejemplificó con lo realizado por los zapatistas: “Plantearon que todo aquel que quisiera un camino electoral que fuera por otro lado; eso significa mayor aislamiento, y entender que el Estado está para servir al capitalismo”. Y continuó: “Separar aguas tiene ventajas, una principal es que podemos tomar un camino propio, no capitalista, no dependiente de los planes sociales o lo que bajen los estados, y tiene la gran ventaja de que de esa manera no nos subordinan”. Y propuso un camino posible: “Lo que tenemos que hacer no es prepararnos para llegar al gobierno, sino construir nuestros poderes, aunque al principio estemos muy aislados”.
Respecto de lo que vislumbra como futuro en la región, cerró: “Habrá que luchar, va a haber que seguir luchando. Pero lo que no podemos permitir es que el pueblo ponga el cuerpo, la sangre, los muertos para que después vengan detrás los lobos a paoderarse de las luchas, del vocabulario y, por supuesto, de los bienes”.
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“La historia de la esfera pública no es otra cosa que la historia del patriarcado”
Luego fue el turno de la antropóloga Rita Segato, quien en sus investigaciones suele profundizar en el avance del capitalismo  sobre los cuerpos y territorios. Primero se refirió a que el Estado como estructura “pone un signo de interrogación en nuestra fe cívica”. Y agregó: “Si ben jamás se ha demostrado que funcione, estamos de acuerdo en que pueda existir un grupo de personas que entra a ese edificio que es el estado y a partir de esa posición (y posesión) pasan a administrar las vidas de las personas y que pueden cambiar el rumbo”.
Segato aportó a la discusión de paneles anteriores sobre la relación que tuvieron las empresas con las dictaduras, cuando comentó que “el Estado tiene además un pacto indisociable con las empresas”. Respecto del “discurso de los derechos humanos”, Segato aclaró que “tiene la idea de la inclusión, en la ciudadanía, en la libertad, pero que ha sido un discurso que intenta colocar una valla de protección entre la presión empresarial y el Estado. Vemos una sociedad cada vez más excluyente y una sociedad cada vez menos portegida”. Entonces puntualizó en la vulnerabilidad que le genera a las mujeres esa relación con el Estado: “Hablo de género porque es un tema que es un síntoma de lo que hablamos aquí, de que esa fe civica no se constata, la historia no lo comprueba porque muestra la desprotección de las mujeres”.
Para ejemplificar lo dicho, puntualizó sobre Bolivia: “Si bien existen mujeres con altos cargos en reparticiones estatales, los asesinatos de mujeres son el 50% de todos los asesinatos del país”. Coincide con Zibechi en que ese “Estado que fue construido para ser apropiado por una elite, tal su apropiabilidad como característica más importante, sea por parte de las dictaduras y/o el  emrpesariado”. “El Estado funciona para las elites y elitiza a lo elitiza a lo que entra”. Por eso “no puede dejar de ser patriarcal y el problema de las mujeres es el termómetro que permite diagnosticar el problema de época: los problemas del Estado (salud, economía, política) opuestos a los problemas ‘minorizados’, afirmó y agregó: “Esa perspectiva binaria es un problema que impide ver el proceso. Así como lo oculta el tema de separar lo público de lo privado”. “La historia de la esfera pública no es otra cosa que la historia del patriarcado”, concluyó.
Respecto de la realidad que se avecina para Nuestra América, Segato opinó: “Los gobiernos que tuvimos, con todos sus defectos, intentaron caminar juntos. Mi mayor miedo es que con la pérdida de ese momento, el país del norte consiga traer la guerra a nuestro continente, porque lo que abunda en los candidatos de derecha son los discursos belicistas”.
Claudia Korol tomó entonces la palabra, como moderadora del panel. “Me toca hacer comentarios, pero voy a hacer provocaciones”, avisó. Y entonces propuso una serie de disparadores para repensar algunos temas. “Primero: De la mano de la discusión del título de esta mesa, ‘¿Hacia el buen vivir?’. ¿A qué nos refiere ese horizonte utópico? ¿A un horizonte anticapitalista, antipatriarcal, socialista, feminista, anticolonial o a qué otra cosa?. Segundo: ¿Se puede generalizar a los gobiernos progresistas? ¿Es lo mismo la experiencia de Brasil de la de Bolivia, o hay diferentes tipos de proyectos estratégicos que se articularon en unos países u otros? ¿No es diferente el proceso de elecciones del 6 de diciembre en Venezuela? ¿Es lo mismo una Venezuela bolivariana que otra en la que avance la derecha revanchista?”.
Y continuó con lo que ella definirera como provocaciones… “¿En que mundos nos queremos parar de acá en adelante y con qué sujetos los vamos a hacer? ¿Cómo salen los movimientos o en qué condiciones podemos avanzar en la construcción, con creatividad ante la derecha? Si los juicios tienen un revés, ¿es lo mismo para nuestras luchas por los derechos humanos en la Argentina, o para los testigos tener un revés?”.
En referencia al horizonte Latinoamericano, sumó: “Es lo mismo con un Mercosur construido que pesarlo en torno al fortalecimiento de las políticas del eje que hacen Colombia, México y Chile, con una estructura de avance de la militarización y puesta al servicio de las empresas internacionales?”.
Para cerrar, nos dejó una pregunta final, con una reflexión a cuestas: “¿Cómo hacemos para que el horizonte utópico se construya no sólo sobre lo que nos gustaría, sino sobre las posibilidades reales de nuestros movimientos sociales”.
 
Foto: Verena Glass FRL

Por Nadia Fink y Francisco Farina, Marcha
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Conversamos con la hermana de Luciano Arruga, siempre con la mirada puesta en la situación de los sectores populares, trabajadores y trabajadoras, vulnerados de sus derechos más básicos.
En el marco del evento “Derechos humanos, ayer y hoy”, organizado por la Fundación Rosa Luxemburgo, conversamos con Vanesa Orieta, hermana de Luciano Arruga, quien fuera secuestrado y desaparecido por la policía bonaerense durante casi seis años y encontrado como NN en el cementerio de la Chacarita. En esta entrevista con Marcha, Vanesa nos cuenta su perspectiva sobre el cambio de gobierno y la relación con los derechos humanos, los desafíos para los movimientos sociales en las luchas y resistencias futuras y actualiza el estado de la causa de Luciano.
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¿Cómo ves el panorama que se viene, ante la elección de un presidente reaccionario, sobre todo en materia de represiones y derechos humanos y teniendo en cuenta la herencia que deja el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires?
Me parece que todo tiene que ver con los derechos humanos, porque desde el lugar que hablo es desde el lugar de las personas que sufren día a día la falta de derechos. Muchas veces se hace muy complejo hablar de a quién una elegiría en un momento muy crucial de la vida de cada uno de nosotros, y sobre todo cuando uno sabe que hasta el momento ni uno ni otro han hecho nada muy profundo en lo que tienen que ver con la pobreza.
Cuando una tiene un acercamiento con familiares y gente que está en organizaciones y que trabaja en los barrios, se da cuenta de que esa deuda de la que hablan los demás tiene que ver con las vidas de las personas. Tiene que ver con personas que no comen, que viven en situación de indignidad, todo esto tiene que ver con vidas humanas. Entonces me parece que tomar una decisión de a quién elegir para alguno se hace realmente difícil, es un dilema moral… yo entiendo igual el contexto y entiendo que un Macri es un cambio rotundo en lo que se venía generando hasta ahora.
Por otro lado, creo que uno siempre va a hablar desde lo que le tocó en la vida y de las experiencias con las cuales decide relacionarse en el ámbito de la militancia. A mí me toca, y voy a elegir siempre, relacionarme con aquellos que necesitan ser escuchados, que son los sectores humildes, los sectores trabajadores, los pueblos originarios, ahí la deuda se siente en una forma muy triste y en ese contexto da la sensación de que ni uno ni otro va a terminar con la pobreza. Por lo tanto, hoy para controlar a esos sectores lo que proponen, abiertamente, la propuesta es controlar los barrios humildes a través de diferentes mecanismos, uno de ellos es la creación de fuerzas represivas.
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¿Y qué estrategias crees que tiene que encarar el movimiento social, por dónde pensás que se vislumbra el camino de lucha o de resistencias?
La pregunta es muy difícil para responder ahora, pero simplemente voy a unirlo con lo que venimos hablando, que tiene que ver con las personas que sufren más la falta de derechos. Me parece que es importante empezar a tener un trabajo en conjunto entre las diferentes organizaciones que sentimos que existe la necesidad de reforzar las cuestiones que tienen que ver con el acceso a los derechos por parte de ese sector de la sociedad, empezar a trabajar, ordenadamente, con respeto, empezar a plantearnos estrategias para pensar claramente qué queremos proponerle a la gente en los barrios y cuál es la forma en la que ellos puedan lograr analizar su situación personal para empezar a pelear cada vez más por sus derechos.
Cuando la gente viene de años y años de opresión, muchas veces cuesta verse a uno, verse en la condición que vive, saberse falto de derechos y pelear para poder lograrlos. Me parece que ahí hay que empezar a hacer un trabajo muy importante, buscar las formas de conectarnos con los jóvenes también, no les podemos seguir dando el espacio a sectores que los utilizan y los maltratan… También las universidades tienen que estar abiertas a una discusión fuerte, integrando todo: el trabajo que se da en las calles y en los barrios y el trabajo intelectual. Uno muchas veces escucha hablar al intelectual del pobre, y la verdad es que yo quiero escuchar al pobre hablando de su situación y de su falta de derechos, y el intelectual acompañando un poco más también en esos lugares donde hay que ver un poco qué pasa para empezar a sentirlo en el alma y enojarte cada vez que decís algo que no pueden ser frases vacías. Porque estás hablando de vidas humanas, que no son un número, no son un tanto porciento de pobres, son un montón de millones de personas que se cagan de hambre, que sufren la violencia. Hay que empezar a tomar el sector de la sociedad que sufre como un sector que tiene derechos a hablar y para lograr que hable tenemos que darle herramientas pero también tenemos que comprometernos como un trabajo que seguramente nos obligue a nosotros a desapegarnos de mucho. Y esta es otra discusión: uno no quiere desapegarse mucho de las comodidades, y si vamos a discutir el capitalismo, discutámoslo sinceramente. Yo creo profundamente en que hay muchas organizaciones que trabajan con mucha seriedad y con mucho respecto, creo que hay que acomodar algunas tuercas y empezar a proponernos un trabajo que nosotros creamos que es realmente revolucionario y empezar a darle el respeto que tienen las palabras: si creemos que podemos, empecemos a accionar para lograrlo. Me parece que trabajar con otros tipos de lazos, no solamente a nivel nacional sino también a nivel internacional, latinoamericano fundamentalmente, nos va permitir lograr tener una idea más global de lo que significa la avanzada de la derecha, la pérdida de los derechos por parte de un sector de la sociedad y esto de encontrarnos todos hermanados como un pueblo latinoamericano que necesitamos esto: empezar a accionar para liberarnos y empezar a vivir todos de la forma que nos merecemos, felices y con derechos.
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¿Cómo sigue la causa de Luciano?
Sigue con una carátula de desaparición forzada, está en una etapa de instrucción, eso quiere decir que todavía se sigue investigando el hecho; no hay ningún policía imputado en esta causa hasta el momento. Esto es un largo recorrido, la situación política también es determinante porque no hay una justicia independiente y existen unos lazos que dan cuenta de cómo se actúa también en una desaparición forzada. Tenemos que encarar otros procesos de justicia que tienen que ver con detenciones anteriores que sufrió Luciano, hasta ahora han llevado sólo a uno de los policías a la cárcel. Por supuesto que eran muchísimos más los que se encontraban trabajando y en funciones, me refiero al 22 de septiembre de 2008, que fue el momento en el que Luciano sufrió la peor detención y en la que fue torturado física y psicológicamente.
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* Foto: Danilo Galgano

Evento de inauguración de la oficina de la Fundación Rosa Luxemburgo en Buenos Aires profundiza debate sobre violaciones de derechos humanos y participación de actores alemanes en las dictaduras
Por Francisco Farina y Nadia Fink 
Empezó martes, 1º de diciembre, el seminario “Derechos Humanos ayer y hoy – memoria – complicidades – disputas territoriales”, que marca la inauguración de la oficina de la Fundación Rosa Luxemburgo en Buenos Aires, Argentina. El evento acontece en hotel en la Avenida Mayo, 1152, en la región central de la ciudad, y prosigue hoy con participación abierta y gratuita (vea la programación).
Vea abajo un resumen de cómo fue el primer día.
Memoria y derechos humanos. Reflexiones de ida y vuelta entre América Latina y Alemania

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Antes de comenzar la exposición, integrantes de la comunidad mapuche Winkul Newen –entre ellos Relmu Ñanku– realizaron un homenaje y reconocimiento a Osvaldo Bayer por su trayectoria y defensa de los pueblos originarios.

El panel contó con la presencia del reconocido Historiador, escritor y periodista argentino Osvaldo Bayer, empezó diciendo: “Voy a hacer un resumen de la crueldad argentina, que es terrible”. Y realizó un breve relato sobre los años de opresión y de dictaduras que atravesaron el país.
Cuando le tocó llegar a la dictadura de 1976, aclaró: “El peor de los crímenes de la historia lo hemos cometido los argentinos y es la desaparición de personas”. Después, leyó un profundo relato sobre Rosa, una beba que parió su madre antes de que la desaparecieran, y así homenajeó a la otra Rosa, Luxemburgo, que da nombre a la Fundación.
Luego tuvo lugar la presentación de Rainer Huhle, del Centro de Derechos Humanos de Núremberg y miembro del Comité contra las desapariciones forzadas de la ONU. El politólogo, especialista en derechos humanos y memoria histórica, centró su exposición en Los procesos de Núremberg (1945/46). Al respecto, contó que “el juicio contra los sriminales de guerra fue parte de una reconversión o ‘reeducación’ de la sociedad alemana”.
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Mientras se proyectaban fotografías que retrataban los diferentes momentos del juzgamiento y Rainer relataba los detalles y las repercusiones en la sociedad, trazó un mapa de la memoria, y explicó: “Me importa preservar la memoria de la memoria” en referencia a “no enfriarla en una foto puntual de un momento, sino en cómo se hizo una evolución de esa memoria”.
 
La relación de las izquierdas con las dictaduras
El segundo panel, “La relación de las izquierdas con las dictaduras” contó con la presencia de Werner Pade, historiador que trabajó en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de Rostock en la República Democrática Alemana y del director del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina (CEDINCI), Horacio Tarcus, con  la coordinación de la historiadora Vera Carnovale.
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Werner Pade focalizó su intervención en la relación entre la RDA y la dictadura cívico-militar en América Latina (1976-1983), puntualizando que “Galtieri recibió deseos para el desarrollo exitoso de las relaciones bilaterales por parte de los alemanes orientales” y que “no existía una política latinoamericana de la RDA”.
Horacio Tarcus expuso acerca de las posturas de las izquierdas frente al golpe militar de marzo de 1976 y la naturaleza de la dictadura que se impuso. El historiador, docente e investigador especialista en la historia de las izquierdas y el marxismo, profundizó en las dificultades teóricas y políticas con las que se enfrentó la izquierda para descifrar el golpe que se avecinaba.
Tarcus planteó el interrogante de porqué las organizaciones de izquierda no tuvieron un papel relevante en las luchas de Derechos Humanos. Además de repasar las especificidades de la última dictadura cívico-militar, caracterizó las posturas de las distintas organizaciones y partidos de izquierda frente al gobierno militar.
En las intervenciones del público se profundizó la cuestión de la guerra de Malvinas en 1982. Tarcus dijo que la guerra “puso en un brete a la izquierda, ya que tenía que aceptar un liderazgo de la dictadura genocida en una guerra antiimperialista”. “La RDA se abstuvo en la votación de Naciones Unidas sobre Malvinas”, puntualizó Pade.
 
Injerencias, impunidad y memoria
Se realizó el panel “Injerencias, impunidad y memoria” con la intención de profundizar la reflexión sobre las herencias y retos en la construcción actual de los derechos humanos y de una política consistente y coherente de memoria; para lo cual se profundizó el análisis de los casos del Plan Cóndor y Colonia Dignidad de Chile.
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Las exposiciones estuvieron a cargo de Jair Krischke, consejero del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos de Brasil; María Stella Cáceres, periodista, educadora, Presidenta de la Fundación Celestina Pérez de Almada y directora del Museo de las Memorias de Asunción y Jan Stehle, miembro del Centro de Investigación y Documentación Chile-Latinoamérica (FDCL). La moderadora del panel fue Luz Palmas Zaldúa, coordinadora del equipo “Memoria, verdad y justicia” del CELS.
Jan Stehle investigó en profundidad y recogió numerosos testimonios sobre el centro de detención Colonia Dignidad, de Chile. Desde su lugar, promueve el levantamiento de un Memorial a las víctimas en el acceso de Colonia Dignidad. En su exposición describió a la Colonia Dignidad como una comunidad sectaria dirigida por el alemán y predicador evangelista Paul Schäfer, donde se desarrolló una organización criminal que cometió crímenes al interior y al exterior de la comunidad”. Explicó que “además, funcionó como un centro de tortura y adiestramiento durante la dictadura militar.
Al respecto, Jan calificó la historia de Colonia Dignidad como una «tragedia de derechos humanos bilateral» que involucra a Chile y Alemania. Actualmente, funciona como un centro turístico y diversos organismos de DD. HH. reclaman la necesidad de que se haga justicia y se repare a las víctimas de los crímenes de las últimas cinco décadas. “Alemania podría haber hecho mucho más por detener el horror muchas décadas antes”, cerró el investigador.
María Stella Cáceres se refirió a la importancia de que se le dé “apoyo a la Campaña contra la impunidad de crímenes de lesa humanidad y genocidio en Paraguay”. En referencia al museo, explicó que “Si bien dictaduras y derechos humanos pueden sonar contradictorios, “la idea es mostrar las múltiples visiones respecto de la época. Es decir, cómo las múltiples memorias coinciden en el mismo tiempo”.
Por su parte, Jair Krischke se expresó sobre el Plan Cóndor y la relación de Brasil. Refirió que para las fechas que se considera su creación es tardía, “bautizaron una criatura que ya existía”. Además, “el próximo 11 de diciembre se cumplen 45 años de la primera operación Cóndor”, especificó. Jair tiene una trayectoria de defensa de militantes políticos, entre las décadas de 1960 y 1980, su labor incluyó la protección a perseguidos políticos por las dictaduras en Latinoamérica. En la actualidad, centra su trabajo en la investigación y la denuncia de las violaciones de los derechos humanos en todo el cono sur. También, explicó que “el aparato represivo brasilero fue el creador del Plan Cóndor”.
 
Narrativas del presente, reescrituras del pasado

El último panel de la jornada del martes estuvo dedicado a presentar la reedición del libro Argentina originaria, del periodista Darío Aranda, que fue coeditado por la Fundación.
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En ese marco, se realizó una entrevista con Relmu Ñamku, integrante de la comunidad mapuche Winkul Newen, quien recientemente fue sobreseída por la justicia de Neuquén de la acusación por tentativa de homicidio, que se había dado en el marco de la defensa del territorio frente al avance de empresas petroleras.
El panel fue coordinado por Marcelo Zelic, vice presidente del Grupo Tortura Nunca Mais de San Pablo; grupo que nació de familiares de víctimas de la Dictadura de 1964, y coordinador del proyecto “Armazén Memoria”, que promueve el acceso público a la memoria histórica a través de las bibliotecas virtuales.
Marcelo inició contando sobre el libro: “Trata sobre la violencia originaria, pero porta la violencia actual (territorios, avance de la soja, grupos económicos poderosos)”. Luego de algunas semejanzas con lo que sucede en Brasil, analizó: “No hay ‘Nunca Más’ mientras no se incluya a los pueblos originarios en el proceso”.
Darío Aranda retomó el tema, y agregó que “ese ‘Nunca Más’ que no existe para los pueblos indígenas se refleja en el acampe Qopiwini a sólo unos metros de acá. Eso es una clara muestra de cómo el gobierno los maltrata, y buena parte de la sociedad”.
Luego fue el turno de presentar a Relmu, y de iniciar una entrevista en vivo que generó una dinámica muy activa. Primero relató su historia: la resistencia de su comunidad al avance sobre el territorio, la acusación, el enjuiciamiento, y cómo fueron tejiendo lazos para lograr que los absolvieran… y contó, desde una mirada de género, “la justicia se ensañó conmigo por ser pobre, india y mujer… esto último porque me acusaron de cargos más altos que a los hombres. Creo que en todos los lugares donde hay luchas las mujeres nos ponemos fuertes, y tenía una carga simbólica judicializarnos”.
Fotos: Daniel Santini y Verena Glass

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Estamos inaugurando nuestra oficina de enlace en Buenos Aires. Con motivo de este evento, las y los invitamos al seminario Derechos humanos, ayer y hoy, el 1 y 2 de diciembre.
En el seminario, la idea de derechos humanos será planteada en relación con las disputas de los sectores populares en diferentes escenarios. A través de los aportes de referentes en materia de derechos humanos y políticas de memoria, realizaremos un recorrido que retome la memoria histórica de nuestro continente hasta la actualidad, resaltando rupturas y continuidades.
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Martes 01/12
09:00-11.00: Memoria y derechos humanos. Reflexiones de ida y vuelta entre América Latina y Alemania

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Osvaldo Bayer, Historiador y escritor, Buenos Aires: Derechos humanos, ayer y hoy
Rainer Huhle, Centro de Derechos Humanos de Núremberg y Comité contra las desapariciones forzadas de la ONU, Núremberg: Los procesos de Núremberg, 70 años después.

Coordina y comenta: Gerhard Dilger, FRL San Pablo

11.30-13.30: La relación de las izquierdas con las dictaduras
Werner Pade, historiador, FRL Mecklenburgo-Antepomerania, Rostock: La relación entre la RDA con la dictadura cívico-militar de la Argentina (1976-1983)
Horacio Tarcus, historiador CEDINCI, Buenos Aires: Las izquierdas y las dictaduras en la región.
Coordina y comenta: Vera Carnovale, Buenos Aires
 
15.30-17.30: Injerencias, impunidad y memoria
Jair Krischke, Movimiento de Justicia y Derechos Humanos, Porto Alegre: El Cóndor empezó a volar en 1971 – el papel de Brasil
María Stella Cáceres, Fundación Celestina Pérez de Almada, Asunción: El caso de la querella contra represores paraguayos en Argentina
Jan Stehle, Centro de investigación y documentación Chile-América Latina, Berlín: La responsabilidad de la RFA por Colonia Dignidad
Coordina y comenta: Luz Palmas Zaldúa, CELS, Buenos Aires
 

18.00-20.00: Narrativas del presente, reescrituras del pasado

-relmuPresentación de la segunda edición del libro “Argentina originaria” de Dario Aranda, por Marcelo Zelic, Tortura Nunca Mais, San Pablo, y entrevista a Relmu Ñamku, por Dario Aranda
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Miércoles 02/12
9.00-10.30: El rol de las empresas transnacionales durante las dictaduras y en la actualidad
Victoria Basualdo, historiadora, Buenos Aires: Empresas y represión a los trabajadores durante la última dictadura argentina – nuevos aportes y aproximaciones
Sebastião Neto, sindicalista, Foro de Trabajadores por la Verdad, San Pablo: El caso Volkswagen de Brasil – la complicidad con la represión estatal y la lucha por reparación, justicia y memoria
Coordina y comenta: Verena Glass, FRL San Pablo
 
11.oo-12.30: Pasados presentes – las dificultades del acceso a la justicia
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Vanesa Orieta, Centro Cultural y Comunitario Luciano Arruga, Villa Itatí, Buenos Aires: La criminalización de la pobreza, estigmatizaciones de jóvenes de barrios populares
Alicia Muñoz Toledo, ANAMURI, Santiago de Chile: El acceso al aborto terapéutico para mujeres rociadas por agrotóxicos
Coordina y comenta: Florencia Puente, FRL Buenos Aires
.9 hs.
19.00-21.00: Derechos humanos, derechos de las mujeres y derechos de la naturaleza: ¿Hacia el Buen Vivir?
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Raúl Zibechi, periodista e investigador, Montevideo: Luchas ecoterritoriales y horizontes más allá de los progresismos reales
Rita Segato, antropóloga y escritora, Brasília: El avance sobre los territorios y los cuerpos en América Latina
Coordina y comenta: Claudia Korol, Pañuelos en Rebeldía, Buenos Aires
 
21.00  Fiesta de cierre. Recital acústico
Amigos/as de la Fundación saludan el inicio del trabajo en Argentina: Nora Cortiñas, Mirta Baravalle, Elia Espen, Martín Almada, Osvaldo Bayer

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Punto de Debate nº2 –  Las trampas del libre comercio

Las trampas del libre comercio

Como ha funcionado ofensiva del capital en América del Sur

Por Antonio Elías

A partir de la crisis de princípio de los años 70 y la fuerte caída de la tasa de ganancia se produce una ofensiva del capital para imponer un nuevo modelo de acumulación. En la misma se pueden identificar varias fases y diferentes formas de dominación política. Las características de cada fase, en tanto, son procesos sociales contradictorios conllevan complejidades, avances y retrocesos propios del desarrollo de las tendencias del capital y de la correlación de fuerzas en cada país.

Los organismos multilaterales imponen una acción deliberada y programada en nuestros países por lo cual se debe analizar la importancia que han tenido en nuestro continente los lineamientos del Consenso de Washington y las reformas de segunda generación del Banco Mundial; así como los cambios institucionales que se incluyen en los tratados de inversión y de libre comercio, en particular los que actualmente impulsan los Estados Unidos.

La integración regional fue concebida por Raúl Prebisch y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) como una herramienta esencial para salir del subdesarrollo a través de la industrialización sustitutiva de importaciones. Se sostenía que para producir bienes intermedios, de capital y de consumo durables, eran necesarios mercados más amplios que los nacionales.

Desde esta perspectiva, la integración latinoamericana, al generar economías de escalas más elevadas, le daría mayor racionalidad a la industrialización, estimulando aún más la sustitución de importaciones. Al mismo tiempo, serviría como instrumento para acumular experiencia exportadora entre países vecinos, lo que a su vez funcionaría como la antesala para conquistar los mercados de los países desarrollados.

Con esos fundamentos conceptuales se crearon la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) en 1961 – que en 1980 fue sustituida por la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) – y se negoció en 1967 el Acuerdo Subregional Andino.

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Punto de debate – Número 2, noviembre de 2015
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Director: Gerhard Dilger
Coordinacion editorial: Ana Rüsche y Daniel Santini
Autor: Antonio Elías
Projeto Gráfico: Fabiano Battaglia
ISSN 2447-3553
 
 
 
 

Por Eduardo Gudynas*, Rebelión

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Eduardo Gudynas durante el encuentro “Democracias en Disputa”, realizado por la oficina andina de la Fundación Rosa Luxemburgo en Bogotá, septiembre de 2015.


Semanas atrás compartí unas reflexiones sobre cómo hay gobiernos e intelectuales progresistas que toman algunas ideas propias de la izquierda global, y aprovechan sus limitaciones o las deforman. Sería un “colonialismo simpático” porque les permite mantener una retórica de izquierda mientras dejan en segundo plano sus contradicciones (1).
Se presentó como ejemplo los usos de ciertos conceptos del geógrafo británico David Harvey, muy promovidos en Ecuador, Bolivia y otros países sudamericanos. Mi preocupación no estaba centrada en la persona, sino en cómo utilizan sus ideas los progresismos sudamericanos. Es un autor muy conocido por sus críticas al capitalismo, pero los progresismos aprovechan algunas limitaciones en sus conceptos para legitimarse.
Se destacaron cuatro problemas. El primero es el alto nivel de abstracción, enfocado criticar al capitalismo globalizado, lo que permite esquivar las contradicciones locales bajo nuestros gobiernos. El segundo es una minimización de la dimensión ecológica local, que es aprovechada para cuestionar al capitalismo pero tolerando la destrucción de la propia Naturaleza. La tercera es la limitada atención a las ideas indígenas, lo que permite decirse anticapitalista mientras se alejan de esas cosmovisiones y hostigan a sus organizaciones. Finalmente, las alternativas al capitalismo son acotadas al enfocarse en el valor de uso sobre valores de cambio, lo que no tiene nada de malo pero es insuficiente, ya que nos deja sin mucho lugar para los derechos de la Naturaleza.
Mi nota despertó unas cuantas respuestas. Agradezco esos aportes al ser muy útiles para mejorar mis argumentos (2). De todos modos creo necesarias algunas precisiones.
En primer lugar, me cuestionaron que señalara que el concepto de Harvey de “acumulación por desposesión” en “sus ideas básicas no es una novedad”. Esto es bastante sorpresivo y pido al lector un poco de paciencia con los detalles. Es que el propio Harvey reconoce que está basado en la idea de Marx de la acumulación primitiva u originaria, y propuso un nuevo término no tanto por diferencias sustanciales sino porque no es ni “primitiva”, ni “originaria”, sino que está actualmente en marcha (3). Harvey dice que se deben “sustituir” aquellos términos de Marx por el vocablo desposesión.
Hay unos cuantos autores que plantean posiciones similares a las de mi artículo. Por ejemplo, Giovanni Arrighi (junto a N. Aschoff y B. Scully), al abordar la situación en Africa del Sur, señalaron que la “acumulación por desposesión” de Harvey es en buena medida un “sinónimo” con el concepto de Marx, y agregan que los procesos a los que se refieren los dos conceptos son los mismos (4). Entonces mis dichos no son muy originales y no deberían llamar a sorpresa.
También entiendo que todos aceptamos que hay una larga lista de autores y militantes latinoamericanos que han denunciado las prácticas predatorias de apropiación de los recursos naturales de América Latina, de la usurpación de sus tierras y sus vidas, y de imponerles condiciones de opresión. Esas son las problemática a las que alude la “acumulación por desposesión”, y no tiene nada de malo reivindicar y privilegiar esos aportes desde nuestro sur (5).
En segundo lugar, el problema del “colonialismo simpático” no es un ataque a Harvey, ni tampoco implica un rechazo a todos los autores del norte, una negación del marxismo o cosas por el estilo. En cambio, mi interés era señalar los usos deformados de ideas del norte académico cuando son aprovechadas por los progresismos del sur para legitimarse. Mi artículo original dice: “No estamos frente a un problema con Harvey, sino ante una limitación en nosotros mismos, latinoamericanos.”
A pesar de todas esas advertencias pasó lo que tenía que pasar: recibí críticas donde insisten en que el foco estaba en cuestionar a Harvey. Y con ello queda por detrás, otra vez, el desempeño de los progresismos. Nuevamente estamos frente a un clásico problema de “comprensión lectora”, donde uno dice “A”, pero recibe críticas como si hubiera dicho “Z”. Señalo esta dinámica porque es muy propia de posturas dogmáticas, y es usada tanto desde tiendas neoliberales como desde el progresismo fanático. Entonces regreso a los dichos de mi artículo: “insisto en que muchas de sus tesis (de Harvey) son compartibles al ofrecer un valioso instrumental para entender el capitalismo global”. Si queda alguna duda, ahora agrego que no tengo ningún interés en un enfrentamiento personalizado.
En tercer lugar, ahora sí podemos abordar mi preocupación: el aprovecharse de las insuficiencias o limitaciones de las ideas de Harvey, como las de otros autores (por ejemplo Toni Negri), para entender la actual América Latina. En esto, el cuestionamiento más duro vino desde un centro de investigación sobre temas de territorio (CENEDET), dentro del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), en Quito (6).
Ellos entienden que mi nota fue una crítica a Harvey, pero una buena parte de su reacción no se enfoca en el problema central de mi artículo, o sea, en cómo los progresismos usan algunas ideas para construir discursos anticapitalistas sin asumir las propias contradicciones ni intentar cambiarlas. Apuntan, en cambio, en defender a Harvey. Aunque tienen esa intensión, su argumento principal no descansa tanto en las cualidades de las ideas de Harvey, sino en denunciar que las posiciones sobre los extractivismos están equivocadas en general (y asumo que sobre todo mis aportes en particular), y que incluso son parte de una mirada burguesa. Sorpresivamente se mezcla en el debate el papel de los “extractivismos”, tales como la explotación minera, petrolera o agrícola, en grandes volúmenes que serán exportados.
Les propongo analizar la cuestión con calma y en dos pasos. El primero es asumir, por un minuto, que los cuestionamientos desde el CENEDET-IAEN acertaron y que todo lo dicho sobre los extractivismos, por ejemplo las alertas ante la megaminería o la explotación petrolera en la Amazonia, son una enorme equivocación o fruto del pensamiento burgués. Si ese fuese el caso, ¿esto convierte al uso que hace ese grupo de las ideas de Harvey en una verdad? ¿Eso convierte a la megaminería en una estrategia anticapitalista? Ciertamente que no. Estamos hablando de cuestiones muy distintas, la acumulación por desposesión y los extractivismos. Son muy diferentes en sus contenidos, propósitos, alcances y marcos conceptuales.
Claramente estamos frente a un error metodológico que se ha vuelto muy común, donde se intenta anular una perspectiva, sin analizarla en sí misma, sino que se critican cuestiones colaterales. Es el mismo error que ocurre cuando las advertencias y alertas sobre los extractivismos no son sopesadas en sí mismas, sino que son tildadas de ser expresiones conservadoras, burguesas o infantiles.
El segundo paso consiste en examinar la validez o rigurosidad de los cuestionamientos de CENEDET-IAEN. Apelaré a un par de ejemplos. Comencemos por el primero. CENEDET-IAEN afirma muy enfáticamente que en mi artículo original digo que el “concepto de valor de uso no tiene aplicación en América Latina”. En ningún lugar de mi artículo se dice eso. Otra vez aparece ese problema de la comprensión lectora.
Lo que en realidad dice mi texto es que las alternativas que desandan la primacía del valor de cambio (como ocurre con la economía financiarizada), hacia los valores de uso, tienen limitaciones. Una vez más aclaro: no es que eso esté mal, y por cierto son aportes muy importantes y necesarios, pero son insuficientes. Eso se debe a que en América Latina hay reflexiones y prácticas ciudadanas que van más allá del valor de uso y de cambio, y entre ellas se destaca al reconocimiento de los derechos de la Naturaleza en Ecuador. Si no se reconocen esas otras pluralidades de valoración, notables avances como los derechos de la Naturaleza incluidos en la Constitución de Ecuador, quedan relegados.
Entiendo que la formulación del asunto sobre los valores, tal como lo hace el CENEDET-IAEN, mostraría que no logran ver o jerarquizar la importancia de valores que no son antropocéntricos, como los derechos de la Naturaleza. Y eso puede ser entendible; no todo el mundo está obligado a aceptar los derechos de la Naturaleza. Pero la cuestión sobre la que llamaba la atención es que poder saltearse esos derechos es algo muy apetecible para los progresismos que quieran, por ejemplo promover la megaminería o la explotación petrolera en zonas de alta biodiversidad. Esa es una de las razones por las cuales los progresismos aprovechan esa limitación o debilidad en ese tipo de perspectivas. Y ese era justamente el punto central de mi artículo.
El segundo asunto son los cuestionamientos contra las alertas sobre los extractivismos. Precisemos que un análisis de los extractivismos es esencialmente una crítica a las raíces de modos de desarrollo incompatibles con la justicia social, ambiental y ecológica. En esas advertencias participan muchos académicos y militantes sobre todo sudamericanos. Se abordan muchas dimensiones, de donde sostener que no se atienden las dinámicas globales o el papel del capital tan sólo revela que no se ha leído, o si se leyó fue de manera muy superficial (7). Como ese no ese no el asunto central, basta con indicar que, al menos en mi caso, esas cuestiones ocupan al menos tres capítulos en mi reciente libro “Extractivismos” (8).
En cambio, el equipo del CENEDET-IAEN afirma que un abordaje basado en Harvey es superior al vincular lo local con lo global. Ofrecen como ejemplo el despojo violento de indígenas amazónicos debido a la sobreacumulación de capital en China. Eso está muy bien, puede ser muy útil. Pero es insuficiente, y eso era parte del problema central abordado en mi nota.
La insuficiencia se debe a que entre la Amazonia y Pekín existe un amplio abanico de actores y acciones intermedias. En el despojo también actúan, por ejemplo, nuestros Estados, los gobiernos centrales y municipales, grupos empresariales nacionales, académicos criollos, y muchos más. Hay veces en que los gobiernos progresistas se convierten en uno de los principales factores de la desposesión (siguiendo la terminología de Harvey). Y esa problemática se minimiza bajo la perspectiva que preconiza CENEDET-IAEN.
Me pregunto si, por ejemplo, ¿los cambios normativos para abrir las áreas protegidas a las petroleras o la criminalización de la resistencia indígena, se deben a las necesidades de acumulación de capital de China o Estados Unidos, o no responden también a dinámicas dentro del propio país? Cuestiones recientes, como la clausura de una ONG para que no interfiera con concesiones petroleras en un país, o el megaplan de apoyo financiero de más de 3 500 millones de dólares que otro país otorgará a la exploración de hidrocarburos, ¿fueron decididas en Pekín?
Claro que es importante analizar el papel de Pekín o de Wall Street, pero no alcanza. Y ese era el punto de mi artículo. Esas cuestiones locales y nacionales quedan relegadas bajo el tipo de perspectiva propuesta por el CENEDET-IAEN. Precisamente por esos motivos ese tipo de miradas son alentadas por los progresismos, ya que así esquivan la urticaria de sus propias contradicciones. Paradojalmente la crítica desde el equipo de CENEDET-IAEN deja toda esa limitación en cristalina evidencia.
A mi modo de ver, revelar y discutir esas contradicciones son hoy la cuestión más urgente. Por todas estas razones insisto en que es necesario romper ese tipo de colonialidades y construir una mirada crítica latinoamericana bajo una izquierda independiente, la que siempre debe atender las reales situaciones nacionales y locales (crítica enraizada), considerar las implicancias para nuestras Naturalezas (crítica ecológica), que dialogue y aprenda de los pueblos originarios (critica intercultural), para desde allí promover vías de salida a las variedades de desarrollo (crítica a la Modernidad).
Notas
[1] La necesidad de romper con un «colonialismo simpático», por Eduardo Gudynas. Rebelión 30 setiembre 2015. El texto se basa a su vez en artículos publicados en Animal Político, La Razón (Bolivia) y Plan V (Ecuador).
[2] Como ejemplo, estoy agradecido a Tania Herrera, coincido con muchos de sus puntos, mientras que otros sirvieron para pulir mis posicions. Espíritu crítico universal y alternativas locales: sobre la polémica Gudynas – Harvey. La Mula (Perú), 19 octubre.
[3] “El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión”, por D. Harvey, Socialist Register, 2004.
[4] “Accumulation by Dispossession and Its Limits: The Southern Africa Paradigm Revisited”, por G. Arrighi, N. Aschoff y B. Scully. St Comp Int Dev 45: 410-438, 2010.
[5] Malfred Gerig está muy en desacuerdo con mi señalamiento de la directa analogía entre la acumulación original de Marx y la desposesiva de Harvey, pero como se explicó arriba esa “sustitución” de palabras es reconocida por el propio Harvey. En cuanto a su otra crítica, la de una “decolonialidad naif”, me parece que es abrumadora la evidencia de las trabas, barreras y segregaciones que se hace en el mundo académico sobre los saberes del sur. Y no deja de ser llamativo que se me acuse de “ingenuidad” sobre la colonialidad del saber apelando justamente a un término derivado del francés. Cf. “La disputa por los conceptos adecuados: ¿Colonialismo simpático o decolonialidad naif?”, Rebelión, 20 octubre 2015.
[6] “Ni colonialistas, ni simpáticos: una respuesta a Eduardo Gudynas”, por E. Martínez, V. Morales, C. Simbaña, J. Wilson, N. Fernández, T. Purcell y J. Rayner, Rebelión, 16 octubre 2015.
[7] Aprovecho para comentar otro cuestionamiento, en este caso de L. Gallardo, una estudiante en la Universidad de Barcelona. Ella señala lo que serían ausencias en mi abordaje y brinda una lista de reclamos. Sin embargo, casi todos sus puntos en realidad han sido tratados en los estudios sobre extractivismos. Por ejemplo, reclama entender la función social de la renta, discernir el papel de la derecha y del empresariado (nacional y transnacional), o la configuración y organización (del agro dice ella, pero yo agregaría a otros sectores). Como todo eso ha sido considerado en los estudios sobre extractivismos, su crítica mostraría que no está al tanto de los debates aquí en el sur. Pero además, muchas de las evaluaciones que ella presenta, son muy cercanas, y en algunos casos casi iguales, a las conclusiones de la literatura extractivista. O sea que se cae en la paradoja de criticar una aproximación que en varios casos hace apreciaciones similares. Hay, de todos modos, una diferencia básica explícita: Gallardo afirma que pensar desde la economía es el “único lugar para la viabilidad de cualquier proyecto político”, una idea común entre unos cuantos progresistas. Esta es una afirmación que estimo difícil de sostener (¿el único? ¿la viabilidad política es sólo económica?, etc.).Cf. “¿Puede Gudynas salvarse del colonialismo simpático?”, La Línea de Fuego (Ecuador), 5 noviembre 2015.
[8] “Extractivismos. Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la Naturaleza”, por E. Gudynas. 1a edición CEDIB y CLAES (Bolivia), 2a edición RedGE, CooperAcción y PDTG (Perú). 2015.
*Investigador en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES); twitter: @EGudynas
 
Foto: GD

Por TeleSUR
Mario Ferreiro derrotó al Partido Colorado en uno de sus históricos bastiones electorales.
El abanderado de la Alianza Juntos Podemos, que encabeza el Partido Revolucionario Febrerista, Mario Ferreiro, venció con el 50,99 por ciento de los votos al representante del oficialista Partido Colorado, Arnaldo Saramiego, que obtuvo el 40,56 por ciento.
 

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Mario Ferreiro y Fernando Lugo, en 2012


A través de su página web, el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) emitió los resultados que otorgan al líder opositor la victoria en la Intendencia de Asunción, con el 99,3 por ciento de las mesas escrutadas.
En entrevista con teleSUR, el nuevo Intendente de Asunción alabó el apoyo recibido por los paraguayos.
“Fue una construcción muy inteligente. Nosotros salimos de una situaciónn muy complicada en 2012 (…) la gente quiere la unidad de la oposición para derrotar el proyecto hegemónico. Tenemos una ciudad con muchos problemas pero con muchas oportunidades” sentenció Ferreiro.
Apuntó que sin la unidad de los partidos de oposición era muy difícil quitarle el poder al oficialista Partido Colorado.
“Se agotó un modelo, de grupos que mantienen privilegios. Tenemos grandes desafíos por delante”, aseveró el nuevo mandatario de Asunción.
Para Ferreiro, los paraguayos entendieron que en la entidad era necesario cambiar el modelo, que según su programa de gobierno se haría de manera gradual.
“Se establece a partir de ahora un nuevo escenario político en el país. La oposición tiene que aprender la lección de los electores de (mantener) la unidad (…) el paraguay tiene unos problemas muy concretos. Hay pocos que tienen mucho y pocos que tienen nada. Son señales positivas para la democracia paraguaya”, aseveró.
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El TSJE informó también que la participación electoral fue de un 55,58 por ciento en la capital.
Casi cuatro millones de paraguayos votaron para elegir a Intendentes y Miembros de Juntas Municipales para el periodo 2015-2020.
En total son 250 cargos a Intendentes, dos mil 640 cargos a Concejales Municipales titulares y dos mil 640 cargos a Concejales Suplentes.
En la capital del país los paraguayos votaron para elegir a 24 Concejales Titulares e igual número de suplentes. Mientras que en 124 distritos; nueve concejales con misma cantidad de suplentes y en 125 municipios 12 concejales también con sus respectivos suplentes.
 
 
Lea también: Mario Ferreiro, la alternativa al Partido Colorado en Asunción
Foto: Rafael Alejandro Urzúa Urzúa
 

Por OLCA
downloadLa Secretaría de Economía (SE), de México, publicó el 7 de noviembre la versión en español del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (ATP), documento firmado el 5 de octubre por Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Estados Unidos y Vietnam. El texto divulgado en la página de Internet de la SE contiene 30 apartados, entre los que se encuentran algunos que han causado polémica desde el inicio de las negociaciones del ATP, como Propiedad intelectual, «Coherencia regulatoria» o Solución de diferencias. (Ver aquí la versión en español)
Tal publicación se da después de más de cinco años de negociaciones, durante los cuales el texto del acuerdo se mantuvo en una deplorable opacidad incluso para los legisladores de las naciones involucradas, y sólo tuvieron acceso a él los representantes de las grandes corporaciones trasnacionales. Por ello, hasta el jueves pasado, cuando se dio a conocer la versión en inglés, los únicos fragmentos del texto del ATP conocidos por los ciudadanos de los países involucrados han sido los que Wikileaks ha proporcionado a diversos medios, entre ellos este diario.
Entre los documentos que Wikileaks salvó de este ocultamiento sistemático se encuentra el capítulo referido a Propiedad intelectual, cuyas cláusulas limitan la comercialización de medicamentos genéricos a petición de las firmas farmacéuticas poseedoras de las patentes, lo que en los hechos cancelaría el acceso a medicamentos de bajo costo y mermaría el abasto a las instituciones de salud pública, pues las propias autoridades reconocen que las medicinas genéricas constituyen uno de sus principales insumos. De manera adicional, este apartado afectaría al sector agrícola al limitar el uso de productos químicos.
Otro aspecto preocupante e inaceptable contenido en las partes del acuerdo conocidas antes de su publicación oficial es la referente a Solución de diferencias, por las graves concesiones que conllevaría en materia de soberanía. Si el Senado ratifica lo ya firmado por el gobierno mexicano, los conflictos entre éste y las compañías extranjeras serán dirimidos en cortes privadas, cuya autoridad quedará por encima de la legislación mexicana. Además, dichos tribunales podrían imponer a los países firmantes pagos potencialmente ilimitados a los inversionistas extranjeros que se consideren afectados por cualquier decisión de los gobiernos, medida que significa una gravísima limitación a la democracia.
Ante los mencionados peligros que conllevaría su aplicación, la forma en que se tramitó el Acuerdo Transpacífico es una muestra más de la crisis de representatividad de los gobiernos involucrados –en el caso de México, los de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto–, pues firmaron un documento cuyo contenido era desconocido para sus ciudadanos.
Pero, más allá de la manera en que lo negociaron y aprobaron los gobiernos, esta forma es indicativa del fondo antidemocrático y dañino del acuerdo mismo. Por ello, es urgente que el Senado inicie un debate abierto y plural, de cara a la sociedad, antes de tomar cualquier decisión con respecto al ATP.
publicado por La Jornada

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Escucha y difunde la canción de Ana Tijoux sobre el TPP:

 

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Por OPSurfractura-expuesta
La publicación del cuarto número de la revista nos invita a una reflexión, a mirar el camino recorrido para poder avanzar. La primera edición de Fractura Expuesta, en 2012, tuvo como objetivo darle unidad a una serie de artículos sobre la técnica de fracking y sus impactos y difundir las experiencias de oposición en Francia y el Reino Unido. No se trataba sólo de un primer acercamiento ante la nueva frontera que el descubrimiento de Vaca Muerta anunciaba, era también nuestra respuesta a la necesidad de contar con una herramienta de intervención para promover en el país un debate urgente. La segunda edición, al año siguiente, mantuvo la tónica de reunir notas previamente publicadas y organizarlas bajo un concepto que sintetizara el contexto: Invasión Fracking. Salimos a enfrentar la estrategia de blitzkrieg, para instalar el consenso de los no convencionales, desplegada por empresas, gobiernos y órganos pretendidamente técnicos. En ese número se ahondó tanto en las políticas globales de promoción del shale del gobierno de EE.UU., como el rol de Chevron y el Plan Estratégico de YPF, que recientemente había pasado al control estatal. Indagamos en la experiencia de reforma del marco regulatorio de Ucrania para habilitar la explotación de lutitas y seguimos atentos las repercusiones de la prohibición del fracking en Francia.
La tercera edición, Última Gota, introdujo un elemento nuevo, por primera vez Fractura Expuesta fue pensada como una revista, es decir, hubo una discusión del sumario previa a la redacción de las notas. En esa oportunidad el objetivo fue poner a los no convencionales en perspectiva latinoamericana; y al mismo tiempo, a partir del trabajo en conjunto, fortalecer las redes de resistencias tejidas con las organizaciones que hicieron posible ese número. Si Vaca Muerta se había transformado en laboratorio para promover el shale en la región, la oposición al fracking forjada en la diversidad de organizaciones y espacios, también debía trascender las fronteras nacionales.

Creemos necesario mirar más allá del shale y de las arenas compactas, ver el bosque y no tan sólo el árbol

En esta oportunidad volvemos con Horizontes Extremos, apostando una vez más a que la revista sea una herramienta para el debate y la acción, y también una construcción colectiva. En esta edición ampliamos la mirada hacia las energías extremas, sin perderle pisada a los proyectos de lutitas y a las iniciativas nacionales y supranacionales para promover su desarrollo en América Latina. También indagamos en los proyectos de transformación del espacio a partir de la planificación de ciudades funcionales a la explotación de yacimientos no convencionales, y cruzamos el Atlántico para hacer foco en la avanzada frackinera sobre el norte de África. Pero creemos necesario mirar más allá del shale y de las arenas compactas, ver el bosque y no tan sólo el árbol. Por eso consideramos imprescindible hablar de energías extremas. Más allá de las promesas de abundancia con que se promueven los diferentes proyectos, estamos ingresando a un contexto donde la extracción de hidrocarburos entraña mayores riesgos geológicos, ambientales, sociales y económicos.
Nos referimos al avance sobre reservorios poco estudiados, que durante décadas fueron desestimados por diferentes motivos, o incluso por la suma de ellos: se encuentran a grandes profundidades, alojan hidrocarburos de baja calidad, su extracción requiere importantes y exclusivos desarrollos tecnológicos -son técnicas experimentales-, los costos operativos son mayores, en muchos casos los trabajos se realizan en condiciones muy rigurosas -como en el Ártico y las aguas profundas en general, donde las inclemencias climáticas son permanentes. Además, el rendimiento energético de los barriles equivalentes de crudo proveniente de estos reservorios complejos es cada vez menor, dada la logística e infraestructura que debe desplegarse para su extracción. Y, por otra parte, en la ampliación de la frontera extractiva también se encuentra la profundización, e incluso la causa, de sistemáticas violaciones de los derechos humanos tanto de poblaciones rurales como urbanas y periurbanas.

Faute de logements suffisants a A?elo, les compagnies petrolieres ont monte des campements de "trailers" (conteneurs habitables) avec cable, Internet et gymnase pour loger leurs travailleurs.
Campamento de trabajadores petroleros en Añelo Foto: Martin Barzilai/ SubCoop

Si bien el contexto internacional de baja sostenida del precio del barril de petróleo plantea a nivel global interrogantes sobre la viabilidad de proyectos de extracción de hidrocarburos extremos, tanto en ámbitos gubernamentales como en sectores empresarios, lejos de dar un golpe de timón, buscan adaptarse al nuevo escenario sin renunciar al gas y al petróleo difícil de extraer. Y esta tendencia se manifiesta en los casos de Argentina y México, que no pierden el interés en el shale y en la insistencia de Brasil, con sus trépanos apuntando hacia los profundos crudos del Presal. También se expresa en las campañas exploratorias en aguas profundas que llevan adelante o se anuncian en países como Colombia y Uruguay, incluso en nuestro país, donde las autoridades de YPF y de la Secretaría de Energía de la Nación presentan al Mar Argentino como la Nueva Frontera a conquistar, que albergaría recursos extraordinarios, a pesar de que de no hay certezas respecto del potencial que se le asigna.
A través de las notas que nutren esta edición se van desarrollando diferentes aristas que hacen a la definición del eje temático de esta edición. En el escenario local analizamos las rupturas y continuidades con el modelo energético neoliberal que se da a partir de la estatización parcial de YPF y de las reformas del marco regulatorio, y la tensión de considerar a los hidrocarburos recursos estratégicos-commodities. En este punto quedan planteadas las dudas sobre el futuro de la política energética actual, que apuesta al desarrollo masivo de Vaca Muerta, a pesar de que sea necesario fijar un precio del crudo interno superior al internacional para poder mantener viva la ilusión de la abundancia. También subrayamos cómo la reforma del marco regulatorio anticipa el ingreso al universo extremo, otorgando excepcionales beneficios tanto a la explotación de yacimientos no convencionales -incluidos los crudos extra pesados- como a los de la plataforma continental; y ante eso, las nulas expectativas que despiertan los candidatos presidenciales con posibilidades de llegar a la Casa Rosada. Todos sostienen un discurso de diversificación energética en abstracto y los escenarios que promueven para complementar a Vaca Muerta no son menos riesgosos que el fracking, como es el caso de la gasificación subterránea de carbón.
Los Horizontes Extremos de Latinoamérica están contorneados por la violencia alarmante que vive México, donde se reformó profundamente el marco jurídico para viabilizar el desembarco del sector petrolero trasnacional y avanzar sobre yacimientos no convencionales. “Las reformas estructurales aprobadas en 2013 y 2014 por el gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto (…) vaticinan que las causas profundas del malestar social existente se profundizarán y expandirán. Con ello se prevé un aumento de la conflictividad y la violencia, en particular de aquella ejercida por el Estado, ya sea a través de su propio actuar o por decidir mirar hacia otro lado cuando otros la ejercen.”
Mexico (2)
El dolor mexicano se conjuga con el dilema que se plantea en Brasil a partir del descubrimiento y explotación del Presal y que se extiende a todos nuestros países. ¿Se puede prometer la abundancia y el bienestar a partir de recursos cuya explotación implican el cercenamiento de derechos y soberanías de pueblos indígenas y comunidades de campesinos, afrodescendientes y pescadores artesanales? El recorrido en torno a este verdadero hito de las energías extremas, se detiene en diferentes aspectos, los desafíos tecnológicos de extraer crudos de aguas ultraprofundas, las reformas del marco regulatorio y las disputas por la renta, las denuncias de corrupción que han abierto una grave crisis política en el país y las resistencias que reclaman el freno de la avanzada extractiva y caminar hacia una sociedad post petrolera.
Las promesas de bienestar ancladas en el potencial de los reservorios presalinos y en las formaciones de lutitas nos invitan a reflexionar sobre la experiencia venezolana, la expansión del modelo de petro-Estado desarrollista y sus males endémicos. Lejos de la panacea, la Revolución Bolivariana enfrenta un importante desafío que se expresa en la tensión entre las estructuras del antiguo modelo petrolero y las diversas experiencias que buscan forjar un futuro más allá del rentismo.
Y en este mar de tensiones para construir otros horizontes, muy diferentes a los extremos, a los hegemónicos, ponemos a discusión la propuesta de Oilwatch, la red del Sur Global de resistencia a las petroleras, de cara a la próxima Convención del Cambio Climático que se realizará en París. En lugar de criminalizar y reprimir a quienes intentan frenar la ampliación de la frontera extractiva, se propone el reconocimiento formal y, por ende, el estímulo a los esfuerzos de pueblos y naciones, provincias, estados, regiones y localidades que dan pasos firmes para no extraer hidrocarburos del subsuelo, ya que están resolviendo las causas del problema: la adicción a los combustibles fósiles.
Que sea movimiento.

Horizontes Extremos
Fractura Expuesta #4/ Año IV/ Septiembre de 2015
Observatório Petrolero Sur
Buenos Aires / Neuquén – Argentina
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9/12/07 Salon Blanco: Banco del Sur.
por Franck Gaudichaud, CADTM

A más de 40 años del golpe de Estado que derrotó a la vía chilena al socialismo y a 30 años de la fundación del mayor movimiento social del continente, el Movimiento de trabajadores rurales Sin Tierra (MST) de Brasil; a 20 años del grito zapatista ¡Ya basta! en Chiapas en contra del neoliberalismo y del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y a más de 15 años de la victoria electoral de Hugo Chávez en Venezuela (y transcurridos más de dos años desde su muerte), los pueblos indo-afro-nuestroamericanos y sus tentativas de construcción de gramáticas emancipadoras parecen encontrarse en un nuevo punto de inflexión.
Un ciclo de mediana duración, social, político y económico parece agotarse paulatinamente, aunque de manera no uniforme, ni para nada lineal. Con sus avances reales (pero relativos), sus dificultades e importantes limitaciones, las experiencias de los diferentes y muy variados gobiernos “progresistas” de la región, sean procesos meramente de centro-izquierda, social-liberales, o -al contrario- nacional-populares más radicales, que se reclamen anti-imperialistas o se descalifiquen en los medios conservadores como “populistas”, sean revoluciones bolivarianas, ando-amazónicas o “ciudadanas” o simples recambios institucionales hacia el progresismo, estos procesos políticos parecen topar ante grandes problemáticas endógenas, fuertes poderes fácticos conservadores (nacionales como también globales) y no pocas indefiniciones o dilemas estratégicos no resueltos.
 
De gobiernos progresistas y posneoliberales
Sin lugar a duda, en los países donde se han consolidado varias y aplastantes victorias electorales de fuerzas de izquierda o antineoliberales, en particular en las naciones donde esas victorias son producto de años de luchas sociales y populares (como en Bolivia) o de una rápida politización-movilización de los de abajo (como en Venezuela), el Estado y sus regulaciones, el crecimiento económico interno, el combate a la pobreza extrema a través de programas específicos de redistribución y la institucionalización de nuevos servicios públicos han ido ganando terreno: una diferencia notable y ningún caso menospreciable con el ciclo infernal de las privatizaciones, fragmentación y la violencia de la desregulación capitalista neoliberal de los años 90.
Allí, apareció de nuevo la fuerza pública como ente regulador del mercado nacional, redistribuidor parcial de las rentas extractivas y de las riquezas del subsuelo hacia los y las más empobrecid@s, con efectos directos e inmediatos para millones de ciudadanos y ciudadanas, un proceso que explica en parte la solidez de la base social y electoral de estas experiencias hasta el día de hoy (y en algunos casos después de más de más de 10 años de gobierno).
Por primera vez –desde hace décadas– varios gobiernos “posneoliberales”, comenzando por Bolivia, Ecuador y Venezuela, demostraron que sí es posible comenzar a retomar el control de los recursos naturales y, al mismo tiempo, hacer retroceder pobreza extrema y desigualdades sociales con reformas de inclusión política de amplios sectores populares, hasta el momento marginados del derecho de decidir, opinar y sobre todo participar.
También volvió a surgir en los imaginarios geopolíticos continentales el sueño de Bolívar y las iniciativas de integración regional alternativa y cooperación entre los pueblos (como el ALBA-TCP), intentando recobrar espacio de soberanía nacional frente a las grandes potencias del Norte, al imperialismo militar y a las nuevas carabelas que son las firmas transnacionales o las órdenes unilaterales de las instituciones financieras mundiales.
En un momento en que el viejo mundo y los pueblos de la Unión Europea están sometidos a la dictadura financiera de la Troika (FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo) y en una profunda crisis económica, política e incluso moral, es importante subrayar la capacidad que han tenido varios movimientos populares y líderes de Nuestra América de resistir y comenzar a reconstruir multilateralismo, democratizar la democracia e incluso reinventar la política, con proyectos que se pensaron como alternativas para el siglo XXI.
Cuando un país como Grecia intenta asomar la cabeza frente a los embates de la deuda y de las clases dominantes europeas, cuando muchos trabajadores, jóvenes y colectivos de esta parte del mundo buscan derroteros emancipadores, mucho se podría aprender de América Latina, de su traumática experiencia con el fundamentalismo capitalista neoliberal y de sus ensayos heroicas de contrarrestarlo desde el sur del sistema-mundo.
 
Los complejos caminos del anticapitalismo y del poder
No obstante, como lo declaraba a principios del 2015 el teólogo y sociólogo François Houtart, secretario ejecutivo del Foro Mundial de Alternativas, el desafío fundamental –en particular para países que más despertaron expectativas de cambio– sigue siendo la definición de caminos de transición profunda hacia un nuevo paradigma civilizatorio poscapitalista. Es decir se trata de no sólo quedar atrapado en un objetivo de modernización posneoliberal y menos aún dentro de un neodesarrollismo asistencialista o un intento de reacomodo entre crecimiento nacional, burguesías regionales y capitales extranjeros: significa apuntar a una transformación de las relaciones sociales de producción y de las formas de propiedad. Sin duda, la tarea es gigantesca y ardua.
En esta perspectiva y en este momento histórico, a pesar de los avances democráticos conquistados (1) con sangre y sudor, afloran las múltiples tensiones y límites de los diversos progresismos latinoamericanos o, más bien, del periodo abierto a principios de los años 2000 en la lucha contra la hegemonía neoliberal. Un intelectual -hoy estadista- como Álvaro García Linera presenta estas tensiones (en particular entre movimientos y gobiernos) como potencialmente “creativas” y “revolucionarias”, como experiencias necesarias para avanzar gradualmente en dirección de un “socialismo comunitario” (2) , tomando en cuenta la relación de fuerzas geopolíticas, políticas y sociales realmente existentes (y, de paso, despreciando sin mucho argumentos como “infantiles” a todas críticas que provengan de su izquierda…).
Dentro de esta orientación, la conquista electoral del gobierno por fuerzas nacional-populares es pensada como una respuesta democrática – y “concreta”- a la emergencia plebeya de los años 90-2000, y el Estado es considerado como instrumento esencial de “administración de lo común” frente al reino de la ley del valor y la disolución anómica neoliberal. En esta defensa de lo conquistado desde los diferentes progresismos gubernamentales, a veces analizados como un todo homogéneo, encontramos también la pluma de intelectuales de renombre como Emir Sader o de la educadora popular y socióloga chilena Marta Harnecker. (3)
Al contrario, no pocos militantes de terreno, algunos movimientos y analistas críticos de horizontes políticos plurales (como Alberto Acosta y Natalia Sierra en Ecuador, Hugo Blanco en Perú, Edgardo Lander en Venezuela, Maristella Svampa en Argentina o Massimo Modenesi en México, entre otros) insisten en la dimensión cada vez más “conservadora” de las políticas estatales del progresismo o nacionalismo posneoliberal (desde Uruguay hasta Nicaragua pasando por Argentina (4)) e incluso en su carácter de “revolución pasiva” (en el sentido de Gramsci): o sea, una transformación “en las alturas” que modificaría efectivamente los espacios políticos, las políticas públicas y la relación Estado-sociedad, pero que va integrando -e in fine neutralizando- la irrupción de las y los de abajo en las redes de la institucionalidad, organizando un brusco reacomodo en el seno de las clases dominantes y del sistema de dominación, frenando la capacidad de autoorganización y control desde debajo de los pueblos movilizados. (5)
Visto así, la “captura” del Estado por fuerza progresistas puede significar la captura de la izquierda… por las fuerzas del Estado profundo, su burocracia y los intereses capitalistas que representa; visto así, la estrategia de la toma del poder para cambiar el mundo puede terminar en una izquierda tomada por el poder, cambiándolo todo para conservar lo principal del mundo actual como tal. Para el escritor uruguayo Raúl Zibechi:
«En la medida que el ciclo progresista latinoamericano se está terminando, parece el momento adecuado para comenzar a trazar balances de largo aliento, que no se detengan en las coyunturas o en datos secundarios, para irnos acercando a diseñar un panorama de conjunto. De más está decir que este fin de ciclo está siendo desastroso para los sectores populares y las personas de izquierda, nos llena de incertidumbres y zozobras por el futuro inmediato, por el corte derechista y represivo que deberemos afrontar». (6)
 
¿Fin de ciclo?
En las últimas semanas una avalancha de artículos de opinión –varios de los cuales ya se han publicado en rebelion.org– debaten de la existencia o no de un “fin de ciclo” progresista, incluso de la existencia de tal “ciclo”, este debate llegando a tal nivel de polarización que unos autores acusan a los otros de hacerle el juego al imperio por ser “diagnosticadores de la capitulación” e “izquierdistas de cafetín” (dixit Garcia Linera), cuando los segundos tildan los primeros de haberse convertidos en intelectuales por encargo y acríticos al servicio de los Estados de la región y de gobiernos ya no progresivos si no que regresivos…
Este diálogo de sordos poco aporta para desentrañar el momento político actual. Seguramente, las ideas en torno a posible “reflujo del cambio de época” (7) o, desde una óptica contraria, la idea de un paulatino “fin de la hegemonía progresista” (8) son seguramente más exactas y complejizadas para comenzar a dar esta discusión de manera constructiva aunque conflictiva. Todo eso reconociendo que este fenómeno se da en condiciones territoriales-nacionales altamente diferenciadas:
«Este deslizamiento es más perceptible en algunos países (por ejemplo Argentina, Brasil y Ecuador) que en otros (Venezuela, Bolivia y Uruguay) ya que en estos últimos se mantienen relativamente compactos los bloques de poder progresistas y no se abrieron fuertes clivajes hacia la izquierda. En particular, Venezuela fue el único país en donde se impulsó la participación generalizada de las clases subalternas con la conformación de las Comunas a partir de 2009 …» (9)
Más allá de la polémica acerca de la dimensión del agotamiento, inflexión o reflujo del periodo en curso, y subrayando la variedad de los procesos analizados, surge que en muchos planos los progresismos gubernamentales parecen haber optado definitivamente, bajo la presión de actores globales como endógenos, por un “realismo modernizador” y la política de la “medida de lo posible”, lo que es a menudo el mejor derrotero para justificar la renuncia a cambios estructurales en una dirección anticapitalista:
Una dinámica que podría ser simbolizada por el encuentro (julio 2015) “fraternal” entre la presidenta brasilera Dilma Rousseff –militante del Partido de los Trabajadores–y el criminal de lesa humanidad Henry Kissinger (ex secretario de Estado de eeuu ), en un momento en que Dilma buscaba un respaldo político imperial frente a una oposición en alza en el seno de la sociedad civil y a una derecha revitalizada por la amplitud de los casos de corrupción en filas oficialistas. Por cierto, el objetivo del ejecutivo de la principal potencia latinoamericana con este tipo de gestos diplomáticos es, ante todo, dar un respaldo a “sus” sectores dominantes y otorgar más “seguridad” para los negocios en Brasil. Desde otra trinchera y otra latitud, el tratado de libre comercio encubierto firmado en 2014 por Ecuador con la Unión Europea recuerda los límites de los anuncios sobre el “fin de la noche neoliberal”, incluso por parte de uno de los gobiernos paragones de esta perspectiva. Hoy, el gobierno Correa enfrentado con la derecha y denunciando los peligros de un “golpe blando” se muestra también en conflicto con movimientos sociales e indígenas (y con una aun débil izquierda), hasta tal punto que según Jeffrey Webber se podría hablar de una situación de “impasse político”, en el sentido desarrollado por el marxista Agustín Cueva, donde la figura cesarista del presidente juega un papel de estabilizador funcional al capital:
«Ha habido momentos recurrentes en la historia de Ecuador donde la intensidad de los conflictos horizontales, intercapitalistas, en combinación con las luchas verticales entre las clases dominantes y populares, resultaban demasiado como para ser soportadas por las formas existentes de dominación. Entre medias, mientras los políticos buscaban nuevas formas más estables de dominación, reinaba la inestabilidad hasta alcanzar un impasse».  (10)
La herencia maldita extractivista
De manera más general, es necesario mencionar, aunque no sea el único problema, la permanencia en todos los países progresistas de un modelo productivo y de acumulación donde se entrelazan, siguiendo varios grados e intensidades, capitalismo de Estado, neodesarrollismo y extractivismo de recursos primarios o energéticos, con sus efectos depredadores sobre comunidades indígenas, trabajadores y ecosistemas… Esa tensión endógena se articula, de manera desigual y combinada, con un contexto financiero globalizado feroz y el hecho central de la actual coyuntura: la crisis económica que ya golpea fuertemente a la región, provocando una brusca caída del precio de las materias primas y en particular del barril de petróleo (que pasó de casi 150 dólares a menos de 50), terminando así con el periodo anterior de bonanzas y desnudando de nuevo la matriz productiva dependiente y neo-colonial de América Latina, herencia maldita de siglos de sometimiento imperialista.
Este contexto corresponde a la vez a con una clara ofensiva del capital transnacional, de Estados del Norte y de algunos gigantes del Sur (comenzando por China) para acaparar más tierras agrícolas, energía, minerales, agua, biodiversidad, mano de obra, en una vorágine que pareciera sin fin… hasta las últimas gotas de vida.
En países como Bolivia o Ecuador donde hay más conciencia política de estos peligros, se defiende desde el gobierno y sus apoyos políticos la táctica –bastante sensata- de pasar por un necesario momento industrializador-extractivista para construir la transición con algo de fuerza económica: eso es algo como un “extractivismo transitorio posneoliberal” que permitiría desarrollar pequeños países con pocos recursos, crear riquezas de acumulación originaria para responder a la inmensa urgencia social que conocen esas naciones empobrecidas y a la vez debutar un lento proceso cambio del modelo de acumulación. No obstante, según Eduardo Gudynas, secretario ejecutivo del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES):
«No hay ninguna evidencia de que eso esté ocurriendo por varias razones: la primera es que la forma en que se usa la riqueza generada por el extractivismo en buena parte se destina a programas que profundizan más el extractivismo, por ejemplo, aumentar las reservas de hidrocarburos o alentar la exploración minera. Segundo, los extractivismos tienen derrames económicos que inhiben procesos de autonomía en otros sectores productivos, tanto en la agricultura como en la industria.
El Gobierno tendría que tomar medidas de precaución para evitar esa deformación y eso no está ocurriendo, de hecho hay una deriva agrícola a promover cultivos de exportación mientras se aumenta la importación de alimentos. Tercero, como los proyectos extractivos generan tanta resistencia social (ejemplos recientes son el de los Guaranís de Yategrenda, Santa Cruz, o la reserva Yasuní en Ecuador), los gobiernos tienen que defenderlos de forma tan intensa que refuerzan la cultura extractivista en amplios sectores de la sociedad y por tanto inhiben la búsqueda de alternativas». (11)
De hecho, no es una casualidad que el ciclo de luchas populares y movilizaciones que está emergiendo en el corazón de América, anunciando –tal vez– un nuevo periodo histórico de luchas de clases, esté directamente ligado a estas depredaciones, represiones y sus consiguientes resistencias socio-territoriales:
«La resistencia está centrada en la minería y los monocultivos, en particular la soja, así como en la especulación urbana, o sea en los diversos modos que asume el extractivismo. Según el Observatorio de Conflictos Mineros en la región hay 197 conflictos activos por la minería que afectan a 296 comunidades. Perú y Chile, con 34 conflictos cada uno, seguidos de Brasil, México y Argentina, son los países más afectados». (12)
 
Crisis económica mundial y nuevas luchas populares
Esta tendencia se manifiesta en el contexto ya descrito de fuertes sombras en relación al crecimiento económico de los últimos años, la profunda crisis del capitalismo mundial que sigue su curso y la permanencia de inmensas desigualdades sociales y asimetrías regionales en todo el continente. Por otra parte, es menester subrayar la importante ofensiva de las diversas derechas empresariales y mediáticas como también de las oligarquías de la región que aprovechan el fin de la hegemonía progresista para retomar el terreno perdido desde hace 15 años frente a los diferentes líderes carismáticos y dirigentes progresistas. Esas derechas conservadoras y neoliberales siguen controlando –en el plano político– ciudades, regiones y países claves (como México y Colombia), amenazando de manera constante los derechos arrancados en la última década y el proceso de nueva integración regional más autónoma de Washington. Sabemos que estas fuerzas regresivas se mostraron, y se muestran, listas para organizar múltiples formas de desestabilización, e incluso golpes de Estado (como lo fue en la última década en Paraguay, Honduras, Venezuela), con el apoyo explícito o indirecto de la agenda imperial de EEUU. (13)
Sin embargo, desde abajo, protestas populares multisectoriales, pueblos originarios, estudiantes y trabajadores ponen también en el tapete su propias agendas y reivindicaciones, realzando los límites de las transformaciones de fondo realizadas en países donde gobiernan fuerzas “posneoliberales” y su absoluta ausencia donde todavía dominan las derechas neoliberales, denunciando las diversas formas de represión, intimidación o cooptación en ambos casos: oposición colectiva a la soja transgénica o huelgas obreras en Argentina; grandes movilizaciones callejeras de la juventud en las principales ciudades brasileñas demandando el derecho a la ciudad y contra la corrupción; crisis profunda del proyecto bolivariano, violencia de la oposición y reorganización del movimiento popular en Venezuela; en Perú, luchas campesinas e indígenas en contra de megaproyectos mineros (como el proyecto Conga); en Chile, Mapuche, asalariados y estudiantes denunciando con fuerza la herencia maldita de la dictadura de Pinochet; en Bolivia, críticas de la Central Obrera Boliviana y de sectores del movimiento indígena hacia la política de “modernización” de Evo Morales; en Ecuador, abandono por parte del presidente Correa del proyecto Yasuní que debía dejar el petróleo bajo tierra y enfrentamiento entre el ejecutivo, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador ( conaie ) y franjas significativas de la sociedad civil organizada; en Colombia, una largaa búsqueda de una paz verdadera, es decir una paz con transformación social, económica y reforma agraria, etc.
 
El topo de la historia y las alternativas
El escenario es tenso y movedizo. Pero, a pesar de todo el “viejo topo de la historia” (en el sentido que lo entendía Marx) sigue cavando y junto con él se despliegan una gran variedad de experiencias de luchas sociales, conflictos de clases y debates políticos acompañados de múltiples ejercicios de poder popular, alternativas radicales y utopías en construcción. (14)
Si algunos intelectuales críticos pudieron creer –y hacer creer–, durante un tiempo, que América Latina –o mejor dicho Abya Yala– alcanzaría el nuevo El Dorado del “socialismo del siglo XXI” gracias a un “giro a la izquierda” gubernamental y victorias electorales democráticas, sabemos que los caminos de la emancipación son más complejos, profundamente sinuosos y que los aparatos de poder (militares, mediáticos, económicos) de las oligarquías latinoamericanas e imperiales son sólidos, resilientes, enquistados, e incluso feroces cuando es necesario. Transformar las relaciones sociales de producción y desbaratar las dominaciones de “raza” y de género en las sociedades de Nuestra América es una dialéctica que tendrá que partir, sin duda y de nuevo, desde abajo y a la izquierda, desde la autonomía y la independencia de clase, pero siempre en clave política, y no desde un ilusorio cambio sin tomar el poder. Eso es sin negar que estos intentos colectivos de poder popular deban continuar apoyándose en avances electorales parciales o puedan considerar la importancia de conquistar espacios institucionales y partidarios dentro del Estado, si -y solo si- el desarrollo de tales nuevas políticas públicas se ponen al servicio de los “comunes” y de los subalternos.
¿Se puede utilizar el Estado para terminar con el Estado… capitalista, usándolo un tiempo como barrera de contención de colosales fuerzas hostiles ajenas? ¿o, como lo constató Marx, el Estado por ser fundamentalmente criatura de los dominantes no puede ser herramienta nuestra sin arriesgar colonizarnos, mente, alma y practicas?
Es evidente que el control del ejecutivo representa “sólo” la conquista de un poder parcial, y aún más limitado si no se posee mayoría parlamentaria y una base social movilizada (15) : recordemos las lecciones de Chile y de cómo se derrotó en 1973 a Salvador Allende y la vía institucional al socialismo de la Unidad Popular…
Por eso un gobierno de izquierda y de los pueblos muestra su verdadero carácter alternativo cuando sirve de palanca y estímulo para las luchas auto-organizadas de los trabajadores y de los movimientos populares o indígenas, favoreciendo dinámicas de empoderamiento real, transformación de la relaciones sociales de producción, construcción de autogestión y caminos emancipatorios desde y para el Buen Vivir.
En el caso contrario, las fuerzas políticas de izquierda están condenadas a gestionar el orden existente, e incluso en momento de inestabilidad a elevarse por encima de la clases sociales de manera bonapartista para perpetuar el leviatán estatal, administrando la dominación de manera más o menos “progresista”, con más o menos roces con las elites locales.
Sin duda, la inflexión y dudas actuales representan peligros y oportunidades; es también el momento de volver a discutir lo nuevo sin olvidar lo “viejo” y debatir sobre las estrategias anticapitalistas y sus herramientas políticas para construir lo que proponemos llamar un ecosocialimo nuestroamericano del siglo XXI : un proyecto que no sea calco ni copia, que rechace dejar agobiarse por las tácticas electorales cortoplacistas, por las luchas de caudillos y de aparatos burocráticos, pero sin tampoco aceptar el arrastre y la ilusión de la construcción de una pluralidad de autonomías sociales sin proyecto político común, un mínimo centralizado.
Con este propósito, es fundamental abrir los ojos, el olfato, los sentidos y los corazones a los experimentaciones colectivas en curso, a menudo existentes por debajo y por encima de los radares mediáticos consensuales, sin duda todavía dispersas o pocos conectadas, pero que conforman una inmenso rio de luchas en permanente transformación, desde lo real y lo concreto, desde sus errores y aciertos. Experiencias que permiten entender dinámicas emancipadoras, tentativas originales colectivas y los peligros que deben enfrentar o sortear.
Por cierto, no nos permiten mostrar una forma ideal de tentativas de sublevación exitosas, sino más bien un mosaico de praxis-saberes-accionares: algunas centradas desde el campo-agrario y lo territorial, otras más desde lo productivo y las fábricas recuperadas, otras desde lo barrial y comunitario urbano, otras también iniciadas desde políticas estatales o institucionales pero controladas por sus usuarios: luchas de las mujeres en contra de la violencia patriarcal, de los sin techo, de los indígenas, de la clase obrera en varios países, ejemplo de la agroecología alternativa en Colombia, de los reclamos de Buen Vivir en Ecuador, de los consejos comunales en Venezuela, de la fábricas sin patrones en Argentina, de los medios comunitarios en Brasil y Chile, de las rondas comunitarias en Perú y México, etc.
«Iniciativas organizativas locales de toma y ejercicio de poder popular, virulentas protestas callejeras de rechazo a decisiones or­questadas desde el poder nacional y transnacional; pero también, asambleas constituyentes de refundación utópica, recuperación de las riendas de la po­lítica por parte de los Estados: los caminos de la emancipación están lejos de ser unívocos. En tanto experimentaciones, suponen ensayos, titubeos y re­pliegues. Pero también, conquistas. Complejas, a veces contradictorias, pero profunda y sinceramente es­peranzadoras, experiencias (que) constituyen un alimento pa­ra quienes participan en la tarea de reinventar las sociedades y la manera de hacer política, sean estos ciudadanos de los países de la región o muje­res y hombres que han emprendido el esforzado camino de la resistencia y la emancipación, desde otras geografías». (16)
Esa pluralidad de voces y de ejemplos posibilita retomar el hilo de una discusión que ya recorre las venas abiertas del continente; permite pensar más allá y más acá de proyectos progresistas gubernamentales, asumiendo que es, al mismo tiempo, indispensable crear frentes socio-políticos para enfrentar las amenazas del regreso masivo de las derechas y del imperialismo en Suramérica. Sobre todo, nos obliga a pensar a contracorriente, en contra de una “izquierda contemplativa, institucional, administrativa, una izquierda de aspirantes a funcionarios y funcionarias, una izquierda sin rebeldía, sin mística, una izquierda sin izquierda”. (17)
Y también saber pensar en contra de nuestros propios mitos desarrollistas y teleológicos, asumiendo la urgencia global de un planeta maltratado al borde del colapso ecológico y climático. Por cierto, es esencial reconocer que estas diversas experiencias y vivencias que mencionamos aquí brevemente sobre cómo cambiar el mundo son contradictorias, incluso divergentes: algunas aisladas, muy localizadas y otras, al contrario, institucionalizadas o dependientes del Estado.
De allí el interés de retomar los grandes debates estratégicos del siglo XX, pero desde los tiempos actuales y con en memoria los balances de las dolorosas derrotas pasadas: ¿Cómo emprender una transición poscapitalista y ecosocialista en el siglo XXI? ¿Cuáles serán el papel de las herramientas político-partidarias y de los movimientos en este tránsito? ¿Qué papel de las fuerzas armadas, del sistema parlamentario, de los sindicatos?
Destruirlos, utilizarlos, transformarlos, evitarlos, fisurarlos… muy bien, pero en cualquier caso: ¿cómo? ¿Y de qué manera reconstruir sentidos comunes, hegemonía cultural y una izquierda anticapitalista desde y para el pueblo? ¿Cómo evitar forjar ilusiones en torno a pequeños grupos de afinidades cerrados sobre ellos mismos y, al mismo tiempo, no repetir el horror burocrático y estadocentrico del siglo XX?
 
Ecosocialismo o Barbarie
La gran Rosa Luxemburgo advertía, en 1915, “avance al socialismo o regresión a la barbarie”. En 2015, sus palabras cobran un sentido aún más catastrófico y premonitorio: “avance al ecosocialismo o ecocidio global” (18). Sin dudas, es desde la “osadía de lo nuevo” que podremos volver a soñar en derribar los muros del capital, del trabajo asalariado, del neocolonialismo y del patriarcado:
«Cambiar el mundo suena muy ambicioso. Es más, parece bastante arriesgado si se toma en cuenta todos los grupos de poder que jamás permitirían que se desmonte la civilización capitalista. Pero en las actuales circunstancias, no hay otra alternativa. Las condiciones de vida de amplios segmentos de la población y de la Tierra misma, se deterioran aceleradamente. Nos acercamos a un punto sin retorno.
Y  la opción de cambiar de planeta no existe. (…) Debemos aceptar el desafío. Debemos ser rebeldes ante el poder (y quizá hasta desear su destrucción). Debemos aceptar nuestras limitaciones como seres humanos dentro de la Naturaleza. Debemos odiar toda forma de explotación. Debemos ser quienes nos levantemos contra las injusticias y contra quienes las cometan. No debemos resignarnos. Tenemos que seguir exigiendo y construyendo lo imposible». (19)
La tarea ya comenzó, es pan de hoy día y seguirá mañana.

 

Notas

[1] Tales como la construcción de Estados plurinacionales, la instalación de derechos sociales más o menos institucionalizados, la creación de asambleas constituyentes y de espacios de participación comunitaria o el impulso integracionista regional.
[2] García Linera, Álvaro, Las tensiones creativas de la Revolución. La quinta fase del Proceso de Cambio, La Paz, Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, 2011. En: http://www.rebelion.org/docs/134332.pdf
[3] Emir Sader, “¿El final de un ciclo (que no existió)?”, Pagina 12, Buenos Aires, 17 de septiembre de 2015 y Marta Harnecker, “Los movimientos sociales y sus nuevos roles frente a los gobiernos progresistas”, Rebelión, 07-09-2015, http://rebelion.org/noticia.php?id=…
[4] Es necesario anotar aquí que, para nosotros, el actual gobierno chileno de Michelle Bachelet se sitúa claramente fuera de esta categoría “progresista posneoliberal suramericana” por ser fundamentalmente una continuidad “reformista” del neoliberalismo de los gobiernos de la Concertación que dirigieron el país entre 1990 y 2010. Cf. F. Gaudichaud, Las fisuras del neoliberalismo. Trabajo, “Democracia protegida” y conflictos de clases , Buenos Aires, CLACSO, abril 2015. En: http://biblioteca.clacso.edu.ar/cla…
[5] Modenesi, Massimo, “Revoluciones pasivas en América Latina. Una aproximación gramsciana a la caracterización de los gobiernos progresistas de inicio de siglo”. En: Modenesi, Massimo (coord.), Horizontes gramscianos. Estudios en torno al pensamiento de Antonio Gramsci , México, fcp y s-unam , 2013.
[6] Zibechi, Raúl, «Hacer balance del progresismo», Resumen latinoamericano, 4 de agosto del 2015. En: www.resumenlatinoamericano.org/2015…
[7] Katu Akornada, “¿Fin del ciclo progresista o reflujo del cambio de época en América Latina? 7 tesis para el debate”, Rebelión, 8 de septiembre del 2015, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203029
[8] Massimo Modenesi, “¿Fin del ciclo o fin de la hegemonía progresista en América Latina?”, La Jornada, 27 de septiembre del 2015.
[9] Massimo Modenesi, “¿Fin del ciclo o fin de la hegemonía progresista en América Latina?”, op. cit.
[10] Jeffery R. Webber, “Ecuador en el impasse político”, Viento Sur, 20 de septiembre de 2015, http://vientosur.info/spip.php?arti…
[11] Ricardo Aguilar Agramont, “Entrevista a Eduardo Gudynas: La derecha y la izquierda no entienden a la naturaleza”, La Razón, 23 de agosto de 2015.
[12] Zibechi, Raúl, “Hacia un nuevo ciclo de luchas en América Latina”, Gara, 3 de noviembre del 2013, http://gara.naiz.info/paperezkoa/20…
[13] Franck Gaudichaud, “El peso de la historia. América Latina y la mano negra de Washington”, Le Monde Diplomatique, edición chilena, julio de 2015.
[14] Pablo Seguel, “América Latina actual. Geopolítica imperial, progresismos gubernamentales y estrategias de poder popular constituyente. Conversación con Franck Gaudichaud”. En: gesp (coord), Movimientos sociales y poder popular en Chile , Tiempo robado editoras, Santiago, 2015, pp. 237-278. En línea: parte 1: http://rebelion.org/noticia.php?id=… y parte 2:http://rebelion.org/noticia.php?id=…
[15] Cf. Marta Harnecker, “Los movimientos sociales y sus nuevos roles…”, op. cit.
[16] Tamia Vercoutère, prólogo a la edición ecuatoriana del libro América Latina. Emancipaciones en construcción (Quitogo, IEAN, 2013).
[17] Pablo Rojas Robledo, “Hay que sembrarse en las experiencias del pueblo”. Fin de ciclo, progresismo e izquierda. Entrevista con Miguel Mazzeo”, Contrahegemonía, septiembre 2015, http://contrahegemoniaweb.com.ar/ha…
[18] Sobre la noción de Ecosocialismo, tal cual como la entendemos: http://www.democraciasocialista.org…
[19] Miriam Lang, Belén Cevallos y Claudia López (comp.), La osadía de lo nuevo. Alternativas de política económica , Quito, Fundación Rosa Luxemburgo/Abya-Yala, 2015, pp. 191-192